Comparto un texto propio que aporta otro punto de vista en cuanto a las religiones y creencias. ¡Comentar es agradecer!
Todos recuerdan que aquel día fue especial, diferente al ayer y distinto al mañana. El mundo amaneció sin Dioses, quienes sin aviso se tomaron 24 horas de descanso, y en consecuencia, también cesaron las religiones.
A los seres humanos no les quedó otra alternativa: o abandonaban sus creencias por un día o inventaban un Dios y una religión provisoria.
Muchos optaron por creer en ellos mismos, creando, de esta manera, religiones personales e íntimas. En estos casos, los ruegos, las gracias, las esperas y las broncas iban a estar siempre dirigidas a su propia persona.
Un cristiano de Roma que padecía de una grave enfermedad comenzó a orarle a su interior para que su salud mejore. Un judío de Israel que necesitaba un empleo, para poder mantener a su familia, empezó a rezarse y a comprometerse consigo mismo para que el deseo se transforme en realidad.
Un budista de China se enojó con él mismo, no con alguien del más allá, luego de que su inversión económica fallara. Algo similar ocurrió con una islámica de Arabia Saudita, quien se auto culpó por quedar eliminada de un torneo de vóley.
Un hinduista de la India ése día pudo conquistar a la chica que amaba, luego meses y meses de paciencia. El hombre, que se adaptó a la rareza de aquella tarde, gritó: “¡Gracias a mí!”.
Al notar que la vida se desarrolló normalmente, al día siguiente varias de las personas que habían creado su propia religión siguieron con esa doctrina. Abandonaron sus creencias anteriores y se transformaron en sus Dioses definitivos. Pedro dejó de creer en Jesús y empezó a creer en Pedro. Abraham no creyó más en Yahveh y comenzó a creer en él mismo. Y así lo hicieron muchos más, a lo largo y ancho del planeta.
Esa alteración en la rutina, esa anormalidad en lo normal, esa infrecuencia en lo cotidiano, a algunos les sirvió para ver a la vida de otra manera. Entendieron que primero hay que creer en uno mismo y luego, si se quiere, en un tercero. Primero hay pedirse algo que se pretende y después, si se elige, elevar el pedido a otro. Interpretaron que el “gracias a” o el “por culpa de” es sacarse méritos y limpiarse de errores propios, respectivamente.
Otros, sin embargo, volvieron a lo establecido y continuaron, por el resto de sus vidas, dependiendo de alguien del más allá.
Escrito por: Luciano Di Grazia.
Mi pasión es poder encontrar un espejo en tu mentalidad.
Mi Blog:
El día del millón de Dioses
Todos recuerdan que aquel día fue especial, diferente al ayer y distinto al mañana. El mundo amaneció sin Dioses, quienes sin aviso se tomaron 24 horas de descanso, y en consecuencia, también cesaron las religiones.
A los seres humanos no les quedó otra alternativa: o abandonaban sus creencias por un día o inventaban un Dios y una religión provisoria.
Muchos optaron por creer en ellos mismos, creando, de esta manera, religiones personales e íntimas. En estos casos, los ruegos, las gracias, las esperas y las broncas iban a estar siempre dirigidas a su propia persona.
Un cristiano de Roma que padecía de una grave enfermedad comenzó a orarle a su interior para que su salud mejore. Un judío de Israel que necesitaba un empleo, para poder mantener a su familia, empezó a rezarse y a comprometerse consigo mismo para que el deseo se transforme en realidad.
Un budista de China se enojó con él mismo, no con alguien del más allá, luego de que su inversión económica fallara. Algo similar ocurrió con una islámica de Arabia Saudita, quien se auto culpó por quedar eliminada de un torneo de vóley.
Un hinduista de la India ése día pudo conquistar a la chica que amaba, luego meses y meses de paciencia. El hombre, que se adaptó a la rareza de aquella tarde, gritó: “¡Gracias a mí!”.
Al notar que la vida se desarrolló normalmente, al día siguiente varias de las personas que habían creado su propia religión siguieron con esa doctrina. Abandonaron sus creencias anteriores y se transformaron en sus Dioses definitivos. Pedro dejó de creer en Jesús y empezó a creer en Pedro. Abraham no creyó más en Yahveh y comenzó a creer en él mismo. Y así lo hicieron muchos más, a lo largo y ancho del planeta.
Esa alteración en la rutina, esa anormalidad en lo normal, esa infrecuencia en lo cotidiano, a algunos les sirvió para ver a la vida de otra manera. Entendieron que primero hay que creer en uno mismo y luego, si se quiere, en un tercero. Primero hay pedirse algo que se pretende y después, si se elige, elevar el pedido a otro. Interpretaron que el “gracias a” o el “por culpa de” es sacarse méritos y limpiarse de errores propios, respectivamente.
Otros, sin embargo, volvieron a lo establecido y continuaron, por el resto de sus vidas, dependiendo de alguien del más allá.
Escrito por: Luciano Di Grazia.
Mi pasión es poder encontrar un espejo en tu mentalidad.
Mi Blog: