damianbushi
Usuario (Argentina)

Comparto este cuento que escribi acerca de cómo es no creer en nada. Espero comentarios Creer en nada A los cuatro años sabía que algo andaba mal. A los seis, ya había determinado que Dios no existía. Todo era cuestión de tiempo para que concluyera que no había que creer en nada. Así que a los dieciséis llegué a la siguiente tesis: “Todo pensamiento, que por verdad se suponga, implica: restringirse la posibilidad de entender otro que por verdad se le opone.” Por supuesto que me trajo un sin número de problemas. Química. Oral. Pregunta. ¿Cuál es el color de la sustancia pasados los 50º? Creo que antes habría que preguntarse qué es el color, o más bien si la cantidad de luz que refracta esa sustancia podría sinscuscribirsela a una palabra, como amarillo profesora. Uno, dijo. En diciembre dijo uno, también. En marzo dijo dos, por la perseverancia. Con Historia pasó lo mismo, igual que con literatura, aprobé matemática y lógica, pero no fue suficiente. Así que así fue como perdí el año e hice por segunda ves el cuarto año de la secundaria. Entonces concluí que a mi tesis tenía que oponérsele una excepción, tenía que aceptar verdades que por condicionantes que fueran, me ayudarían a resolver situaciones simples. Aquí comenzó el problema, cuáles eran situaciones simples y cuáles no. Así que reformulé mi tesis de la siguiente manera: “Todo pensamiento, que atañe a una situación relevante, que por verdad se suponga implique restringirse posibilidad de entender otro, que por verdad se le opone, debe ser desestimado. Por lo que no hay que aceptar cualquier hecho relevante como verdad, porque supone restringirse la posibilidad de otro.” Por supuesto que me trajo un sin número de problemas. Cinco años de novio. Casamiento. Pregunta ¿Te casarías por iglesia? Siendo este un hecho muy importante, me parece oportuno decir que no creo en el casamiento, tampoco en la iglesia, menos aun en las creencias cristianas. Y ahora me lo decís, pedazo de… dijo. Este era un costo que no estaba dispuesto a pagar solamente por mi metodología para resolver situaciones importantes. Entonces concluí que a mi tesis le faltaba otra excepción más, que me ayudaría a no ser un infeliz. Así que reformule mi tesis de la siguiente manera: “Todo pensamiento que atañe a una situación relevante la cual no implique mi propia felicidad, que por verdad se suponga implique restringirse posibilidad de entender otro, que por verdad se le opone, debe ser desestimado. Por lo que no hay que aceptar cualquier hecho relevante que no implique mi felicidad como verdad, porque supone restringirse la posibilidad de otro.” Por supuesto que no me trajo problemas, todo estaba excluido, de modo que decidí reformular mi tesis de nuevo. Así que a los cuarenta años llegué a la siguiente tesis: “Todo pensamiento, que por verdad se suponga, implica: restringirse la posibilidad de entender otro que por verdad se le opone.” A esto le agregué una metodología práctica que me ayudaría a encontrar el equilibrio. Una cosa es de la boca para afuera, y otra, de la boca para adentro. Damian E. Martín

Este cuento tiene un estilo tipo cine negro, como el primer cuento del Sr, Costanzo. Espero comentarios. Margarita. Estoy en un auto. Definitivamente. Lo sé por el sonido del aire que entra por las ventanas. No estoy amarrado, tampoco vendado, sin embargo sólo me doy cuenta de que estoy en un auto por el sonido del viento. Debo dejar de fumar cuando manejo, me acelero. ¿Y charly? ¿A dónde está Charly? Cuando me subí al auto estaba conmigo, ahora no está. ¿A ver? Sí, sigue ahí. Lo imagino desangrándose. ¿Y si le disparo? Sería una locura. Pero sería como estar en una película. Debo dejar de fumar antes de manejar. Las reuniones con desconocidos me ponen nervioso. Siempre hay que demostrar quien la tiene mas larga. Quería regatear el precio. 5% menos dijo el cabrón. No respondí, nos quedamos mirándonos a los ojos y nadie dijo nada por 5 minutos. Hasta que me di cuenta que llevaba corbata. Le disparé. 5 minutos. Lo que se tarda en sacar un arma sin hacer ruido, ni llamar la atención y cargarla. Me levanté despacio y salí caminando. Paré en una panadería y compré dos facturas de dulce de leche. La tasa está fría, el café también. Mierda debo comprar un microondas. Anteojos, billetera, celular, maletín, arma, chicles. Estoy listo. ¿A dónde están las llaves? Siempre pierdo las malditas llaves. Tener una casa significa tener llaves. Y sin una llave, no tenés casa. Si llamo al cerrajero va a ser la tercera vez en el mes, que vergüenza. Pero no me puedo ir sin cerrar. Patético, patético, soy muy patético. Me debería comprar uno de esos buscadores de llaves. Pip, pip, pip, pipipipi, y listo. Pero si ¿con qué plata? Estoy fregado. Mañana hago horas extras. No, no puedo, tengo que ir al dentista. Me acordé, lo había olvidado, me duele la muela. Las dejé arriba de la heladera. -. Disculpe dejó las luces encendidas del auto. -. Gracias. -. Una vez mi hijo dejó las luces encendidas del auto, y cuando las quiso volver a encender. Señor, señor, señor… No me gustan las corbatas. No me gusta la gente que las usa. Nunca hacen juego con el resto del uniforme. Una vez usé una, me quise estirar al otro lado de la mesa y la metí en un plato con salsa. Charly no usa por eso me cae bien. Además de que su hermana es muy bonita, también por eso me cae muy bien. No entiendo a las mujeres que usan corbata. Nadie las obliga e igual lo hacen. No tengo obra social. Ni nunca la voy a tener. Me gustan las facturas de dulce de leche. Odio las de membrillo. Las de crema no me disgustan. El problema es el azúcar impalpable, mancha todo. No es el único problema. En realidad no me gusta toda la factura de dulce de leche. Me gusta sólo la parte del dulce de leche, todo lo demás es sólo la excusa. Damián E. Martín
Les hago entrega del cuento número 15, que es mas que un cuento un relato, un fragmento... espero comentarios. Percepción de la Marihuana La marihuana, como comúnmente se la llama, tiene propiedades muy particulares. Entre ellas un casco de estancia en la pampa que no figuran en su declaración jurada. Algunos expertos sostienen que solo son propiedades medicinales, entiéndanse: clínicas, consultorios y hasta tiendas clandestinas de cirugía estética. La marihuana, como comúnmente se la llama, se la asocia al rock. Algunos dicen que es sólo una pésima cantante de boleros y que esos grititos que algunos podrían confundir con rock and roll no es más que una grande y profunda desafinación. La marihuana, como comúnmente se la llama, tiene mayor penetración entre los jóvenes, aunque algunos dicen que son los jóvenes los que mayormente la penetran. Sin duda la marihuana, como comúnmente se la llama, tiene atributos placenteros. Entre ellos se cuentan la de ser muy buena cocinera, saber practicar masajes trántricos y ser gauchita en la cama. Algunas personas juzgan a la marihuana, como comúnmente se la llama, sin haberla puesto a prueba. El prejuicio es tal contra ella que algunas personas no pueden dejar de mirarla fijo y con desprecio. Lo que no saben es que con paciencia está planeando su venganza. Damián E. Martín
Este relato es un diálogo delirante que escribí hace un tiempo, si les gusta tengo más de esta secuencia.. Espero comentarios. A y B y Julia Roberts A - ¿Cuándo fue la última vez que te comiste un buen sándwich de mortadela? B - No me acuerdo, quizás en el 78 cuando Galván cabeceó ese corner contra los holandeses. A - ¡Que tiempos aquellos cuando nos veíamos al espejo de costado, sin chocarnos nada! Si parece que fuera ayer que Graciela Alfano hizo ese comercial de jabón. B - ¿No era de shampoo? A - ¡No, no! Estoy seguro de que fue en un corner. Además, ella se refregaba. Y uno no se refriega el shampoo. B -. No sé, soy muy joven para acordarme algo del 78, y qué tiene que ver, si el shampoo hace espuma y te lo podés pasar con una esponja. A - Tenés razón. ¿Un trago? B - Si, pero sin azúcar, que tengo que manejar. A - ¡Tomá! Tomátelo despacio, que la última vez terminaste en el Super Park vomitando. B - Yo te dije que esos choripanes eran una bomba al hígado. Por cierto, que liviano que es este mate. ¿Qué le pusiste? A – Un poco de alcohol Porta, para que pegue más. B – Sos un asesino... ¿Porta? ¿No será mucho? A –No me arrugue de entrada, que cuando veamos el comercial te vas a dar cuenta de que era jabón. Si yo siempre tengo razón, como aquella vez que te dije que esa mina era Julia Robert y nos acercamos y dijo que sí era. B - ¿No ves que Julia Robert no es uruguaya?¿qué va hacer en un recital de Jaime Ross? A - Para mi era ella, es más, te juego el auto. B - Bueno dale, preguntale de nuevo si alguna vez fue a un recital de Jaime Ross. A- ¿Estoy bien peinado? B - Si, si sos un bombonazo. A - Sorry miss, Have you ever go to Jaime Ross concert? Julia - Yes, of course, in 1998. A - Gracias Julia, nos vemos. Julia - ¡Chau cuidate! A - Era ella .¡Si sos vos! Me haces molestarla. B – ¿No te parece raro que vaya a un recital de Jaime Ross? A - Y no sé...si fuimos nosotros porque no va a poder ir ella. Lo que más raro me parece es que venga a este pub. B - Tenés razón, acá viene al que se le da la gana, es un quilombo. A - Si, está re copado. B - Buena onda, si. A - ¡Che! Me parece que Julia te está mirando, andá y decile algo. B - ¿Estoy bien peinado? A – Si, si sos un bombonazo. Dame un beso. B -¡Salí con ese aliento a mandrilio! Andá a lavartelas primero si querés algo. A - Un besito no más, nadie mira. B – Salí, salí, salí... ¡Ufa! Mirá tonto, tanto besuqueo y Julia se fue. A - Debe haber tenido el auto en doble fila, pero bueno no faltará oportunidad. B – Y no, la verdad que no. Damián E. Martín

En vistas de que Franx2 dijo que el 1º cuento corto no era tan corto, comparto este otro, mucho más breve. Espero comentarios. Las lágrimas Las lágrimas son saladas. Saben a agua de mar. El sudor también. Lo único que no sabe a mar, es el mar. El mar sabe a pescado muerto, y el pescado muerto definitivamente sabe a pescado muerto. Pero las lágrimas de mi perro no eran saladas, ni sabían a agua de mar. Eran amargas. El veterinario rió e hizo un comentario acerca de lo amargo que debía ser el perro. Yo lo veía normal. Comía, hacía sus heces por todo el patio y me miraba con cara de estúpido. La verdad es que estaba un poco abandonado. Sólo abría la puerta del patio para alimentarlo y la volvía a cerrar. Comencé entonces a cuestionarme si la falta de cariño era la causa de tan amargas lágrimas. Así que hice lo que tenía que hacer. Lo regalé. Damián E. Martín

Como prometí estoy tratando de subir un cuento por día, para ver si a final de año resulta un libro de todo esto. Aquí les traigo este ensayo sobre destapar una botella. Destapado. Destapar una botella es peligroso. Recuerdo la primera ves que lo hice. Fue alrededor de los cinco años, con una botella plástica con tapa a rosca. Recuerdo haberlo intentado con todas mis fuerzas y que fue inútil. Recuerdo haber recurrido a la fuerza. También haber amenazado a la tapa con un cuchillo dentado, sin suerte alguna. Con una mano sostenía la botella por el pico y con la otra serruchaba la tapa. No recuerdo muy bien, entre tanta sangre y gritos el episodio es yá, muy confuso. Creo que cuando llegamos al hospital, escuché tras la puerta que el médico le decía a mamá que iba a tener que cortarme el brazo. Con un brazo menos, mi segundo intento de abrir una botella se remonta luego de dos años de terapia. Tenía trece años y mi ausencia de extremidad me traía problemas con las muchachas. Mi terapista quería que enfrentara mi miedo a destapar una botella. Así que primero comenzamos con un taper, luego con una lata, terminamos con una botella de vino. -. ¿Sabes cómo usar un sacacorchos? Preguntó. Tomé el sacacorchos en mis manos, mi corazón golpeando cada vez más y más fuerte, temblando lo apoyé sobre el corcho, flash, recuerdos, se cae, se rompe, él se resbala, se corta, sangre, mucha sangre. El funeral de mi terapeuta fue muy triste, así que decidí nunca más ir a uno, o a cualquier cosa que se le asemeje. Cuando me atrevía a salir y mostrarles al mundo lo imperfecto que era, por la ausencia de mi extremidad y mi incapacidad de poder abrir una botella, veía por todas partes como la gente arriesgaba sus vidas. Había una batalla en cada confitería, kiosco, casa de familia, y nadie parecía notarlo. La historia de la tapa para las botellas se remonta hasta nuestros antepasados, con las primeras vasijas de arcilla que se utilizaban para almacenar agua. Dicen que los sumerios fueron los primeros en construir las botellas de vidrio tal como las conocemos hoy. Quién iba a pensar que la destrucción de la civilización humana se iba a deber a uno de sus inventos, la tapa para botella. La historia de la tapa de la botella a acompañado a la de la humanidad. Ahora con sus moderno sistema rosca, sólo una de sus tantas innovaciones para extirpar brazos humanos. Destapar una botella es peligroso. Sin embargo la sociedad me a tratado de psicópata por intentar prohibirlas, ustedes no saben lo difícil que es vivir sólo y creer en la no utilización de las tapas para las botellas. En esta sociedad quien se niega abrir una botella está totalmente excluido. Todo viene en botellas: los medicamentos, la salsa de tomate, la gaseosa, el vino, el agua mineral, el querosén y muchas otras cosas más. Alguna ves ha pensado usted que pasaría si no pudiera abrir una botella. Su vida sería miserable. Damian Martin
Es increíble la cantidad de pequeñas historias de las que fui protagonista mientras usaba el colectivo. Esta es una de tantas. Espero comentarios. Entrevista con el director “22 de marzo, 2005 / 14:30 / Facultad de Arquitectura / Audición Coro” Había tenido esas palabras escritas en su agenda desde navidad, cuando su esposa se la había regalado. En esa ocasión había brindado por eso, y en año nuevo se había repetido la misma operación. Hoy llovió. A veces llueve, y todo conlleva un delay de aproximadamente quince minutos. Treinta me corrigió. Estoy esperando el colectivo desde las 13hs. Nos encontramos en la parada, lo conocía ocasionalmente, padre de un conocido con el que rara vez me tropezaba y saludaba. Tienes abierto el cierre de la mochila, me dijo. Simulamos ser dos extraños que recién nos conocíamos. Frases cortas pero inteligentes. Gracias, hubiera sido un desastre, le dije. Creo que ambos entendimos que me refería a la lluvia. Llevaba un paraguas floreado, no él sino yo. No porque me gusten, es que en casa los paraguas son todo un tema. Papá odia que los preste, cosa que hago a menudo, tanto por servicial como para hacerlo enojar un poco. Esta vez me jugó en contra, solo quedaba el floreado. Intenté con un rompe viento, pero el cierre estaba roto, en realidad yo sabía que lo estaba, pero me resistía a la idea de ir a una entrevista laboral con un paraguas que parecía de mi abuela. Así que en fin, ahí estábamos, yo con mi paraguas floreado y él con un maletín bajo el brazo, fingiendo que recién nos conocíamos. La lluvia caía por el borde del reparo, salpicaba en el piso e inmediatamente el pantalón de mi traje. Me corrí más hacia adentro, más cerca de él. Tanto que pensó que debía hablarme. Esta debe ser una de la ciudades con menor densidad poblacional en el mundo, arriesgó a decir. Me miró. Las empresas de colectivos argumentan que no le es rentable mantener un servicio con mucha frecuencia horaria, sentenció. Ya llevábamos quince minutos esperando, era alrededor de las 13:45. Digo alrededor porque no uso reloj, y nunca lo hice. En China debe haber una persona cada cinco metros cuadrados, continué la charla como si lo que acabara de decir tuviera alguna relación con lo anterior. Treinta por veinte me contestó. Yo lo miré y comencé a medir con mis brazos la superficie alrededor mío. Él me miró y rió, era un chiste aclaró. Yo reí, no se bien por qué. Antes teníamos un buen servicio, pero el anterior intendente dejó a esta empresa fundida, mi afirmación sonó juiciosa y despojada de opinión propia, como una observación propia que había robado trayéndola a colación. Por lo menos por el semblante de su rostro eso debería estar pensado. De pronto bajo la lluvia, mientras todos los que estábamos ubicados bajo el toldo de la despensa esperando, una jauría de perros en celo cruzó la calle rápidamente y despareció en la esquina. Todos reímos, la perra llevaba un gracioso soporte plástico que le protegía las orejas, lo que la hacía ver como una dama antigua. Una señora que también se encontraba con nosotros hizo un comentario acerca de eso, no recuerdo bien, después siguió hablando con mi hombre acerca de las deposiciones de los perros callejeros, pero no le presté demasiada atención. Luego de unos minutos de silencio y contemplación de la llovizna le expliqué. Dentro de diez minutos tengo que estar en una entrevista de trabajo en el centro, parece que voy a llegar tarde. Yo a las dos y media tengo una audición para entrar al coro de la facultad de Arquitectura, me comentó con cara de preocupado. Veintidós de marzo a las catorce y media, hace tres meses que estoy esperando este día. Cuando llegué a la parada se me pasó por diez segundos el anterior. Cómo le explico al directo que salí de mi casa una hora y media antes y llegué tarde, imposible. He sufrido tantas desilusiones en mi vida con estos cincuenta años que no me extrañaría llegar tarde hoy. Es uno de los coros más importantes de la ciudad, el director es muy exigente. No se preocupe, trataba de calmarlo, al director del coro y las demás personas que van hacer la audición también se toman colectivos y le aseguro que a todos les debe haber pasado los mismo. No, yo lo conozco bien al director y nunca llega tarde. Bueno pero el colectivo ya debe estar por venir y el viaje sólo toma treinta minutos, todavía le sobran cinco. Si, pero tengo que caminar hasta allá y yo iba con la idea de llegar cinco minutos antes. De un momento a otro, luego de treinta minutos de espera llegó el colectivo. Yo subí detrás de la vecina que se quejaba de las deposiciones de los perros callejeros en su jardín y él subió detrás de mí. Me senté en uno de los asientos dobles de atrás y creía que él me iba a seguir, pero no fue así, se quedó adelante. Al terminar el viaje nos encontramos en la puerta ya que ambos nos bajaríamos en la misma parada. A correr se ha dicho, bromeó conmigo. No se preocupe le va a ir bien, le dije. Te lo agradezco en serio, porque estoy preocupado. No corra que se va a agitar y no va a poder cantar, le dije mientras bajábamos. Chau, gracias alcancé a escuchar. Damián E. Martín