En vistas de que dijo que el 1º cuento corto no era tan corto, comparto este otro, mucho más breve. Espero comentarios.
Las lágrimas
Las lágrimas son saladas. Saben a agua de mar. El sudor también. Lo único que no sabe a mar, es el mar. El mar sabe a pescado muerto, y el pescado muerto definitivamente sabe a pescado muerto. Pero las lágrimas de mi perro no eran saladas, ni sabían a agua de mar. Eran amargas.
El veterinario rió e hizo un comentario acerca de lo amargo que debía ser el perro. Yo lo veía normal. Comía, hacía sus heces por todo el patio y me miraba con cara de estúpido. La verdad es que estaba un poco abandonado. Sólo abría la puerta del patio para alimentarlo y la volvía a cerrar. Comencé entonces a cuestionarme si la falta de cariño era la causa de tan amargas lágrimas.
Así que hice lo que tenía que hacer. Lo regalé.
Damián E. Martín