Varon24
Usuario (Argentina)
El objetivo de este post es para hacer un poco de historia y reconocer los orígenes de muchos de nosotros en la inmigración europea de principios del siglo 20. Mis abuelos, que habían padecido la primera guerra mundial (en la guerra están todas las desgracias juntas, no le falta ninguna -, solían repetirnos) decidieron dejar a la Europa (Italia en mi caso) y darle un futuro de paz para sus hijos. Cuentan que en una noche que mi abuelo no se podía dormir, le pregunto a mi abuela ¿Nueva York, San Paulo o Buenos Aires? Para bien o para mal, mi abuela se decidió por Buenos Aires. Viajaron en 1927 en el Vapore Belvedere en tercera clase y con seis hijos (ella estaba embarazada). Siempre nos contaba con fascinación del viaje de 30 días en el barco, el color de las aguas, las ciudades que vieron y su llegada a Buenos Aires. El boleto de embarque que aquí les muestro, es el mudo testigo lejano de aquellos días. Y la foto del buque que los trajo: Vapore BELVEDERE - Construido en 1913 por Cantieri Navali, habitantes de Trieste, Monfalcone, Italia. 7.420 toneladas de registro bruto, 437 metros de largo, 51 pies de ancho. Tres máquinas de vapor. Velocidad de servicio de 13 nudos. 1.544 pasajeros (144 en primera clase y 1.400 de tercera clase excelente.) Dos mástiles y dos cubiertas, además del puente de recuperación. Construido para la Línea Austro-Americana, bandera de Austria, para el servicio-Trieste- América del Sur y York-Trieste. Vendido en Cosulich Line, bandera italiana, en 1919. Prisionero del Gobierno de los Estados Unidos, en 1941, cambió su nombre a USS Audaz.
El Vaticano, anuncia la salida del nuevo buscador para almas creyentes. Ateos, abstenerse. Tenéis la opción de elegir el botón "Dios me ayuda", el cual hace milagros... brasilero, brasilero que amargado se te ve tenemos a pancho primero que es mas grande que pele... lo dice el Vaticano lo gritan en las canchas, francisco es argentiiiiiino y el Papa, no se mancha ....
Al contrario de la historieta que se construye con múltiples viñetas, el humor gráfico debe ser representado en un solo cuadro, debiendo tener todos los condimentos de una historia; introducción, clímax, desenlace y remate. Fallar en alguno de estos puntos, determina que el lector no entienda el mensaje (cosa que lamentablemente pasa demasiado a menudo, porque el autor da por sobreentendido algunas de esos items) Gracias por pasar a mirar. Estoy de acuerdo que algunos son mejores que otros, o mejor dicho, lo que a algunos les causa risa y a otros no. Y viceversa... En fin el humor se vincula a lo que nos causa sorpresa por suspender por un instante la lógica del universo. De nuevo, gracias.

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Al Patronato de la REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LAS LETRAS Presidencia de Honor. S.M. Juan Carlos I Presidencia Luis María Linde y de Castro Vicepresidencia José Manuel Blecua Perdices Secretaría General Ricardo Martí Fluxá Gerencia Montserrat Sendagorta Gomendio Ref: incorporación de dos palabras De mi mayor consideración: Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a fin de solicitarle, quiera tener a bien, se tenga en cuenta una serie de dificultades idiomáticas que se me presentaron durante el desempeño de mi trabajo, para lo cual deseo ilustrarlo. Téngase en cuenta además, que un idioma se supera a si mismo cuando con una sola palabra, se define a toda una situación. Y también se supera, cuando no requiere apropiarse de palabras extranjeras. He observado que hay personas con coeficiente intelectual normal (y en algunos casos hasta con coeficiente intelectual elevado) que en algunas circunstancias, y por razones exclusivamente emocionales, actúan como si lo tuviesen bajo. Como llamar a estas personas ¿inhibidos? No. ¿Tímidos? Tampoco… Creo que el término que mejor los define es el de “BOLUDOS”. Una palabra que está compuesta por consonantes y vocales suaves, y que encierra es sus tres silabas, como una melodía tierna y comprensiva de la debilidad humana. Boludo no es agresivo como palabra y solo suena como una pequeña advertencia, como una llamada de atención inofensiva. PRIMERA PROPUESTA: retirar la palabra “Boludo” del léxico de malas palabras y aplicarla como definición exacta de “persona que teniendo un coeficiente intelectual normal o alto, en determinadas situaciones y por razones exclusivamente emocionales, actúa como si lo tuviese bajo”. Otra palabra que deseamos sea incorporada es aquella que mejor defina a las personas que teniendo un coeficiente intelectual normal o alto, y que luego de ser advertidos en reiteradas oportunidades, persisten en conductas erróneas, o desadaptadas, incluso con explicaciones carentes de lógica. Estimo que la palabra que mejor lo definiría, es “PELOTUDO”. La reincidencia en la conducta, crea en el observador una cierta indignación, que encuentra su desahogo en una palabra con silabas chocantes, vibrantes e impactantes. SEGUNDA PROPUESTA: retirar la palabra “Pelotudo” del léxico de malas palabras y aplicarla como definición exacta de “persona que teniendo un coeficiente intelectual normal o elevado, persiste y defiende actitudes reñidas con la lógica más elemental” El origen etimológico de las palabras Boludo y Pelotudo, se encuentran perfectamente adaptados a esta definición que proponemos. En las guerras gauchas estaba la primera línea de ataque, formada por los "boludos" y los "pelotudos". Los Boludos portaban en sus manos una especie de boleadora y generalmente eran los primeros en morir, en tanto que los pelotudos llevaban una bola de hierro agarrada a una cadena y sostenida por un soporte de madera, demasiado corto, y por lo cual debían acercarse demasiado al enemigo para efectuar el golpe y era más probable que recibieran ellos una lesión mortal. Como vemos, el destino era el mismo para BOLUDOS Y PELOTUDOS. Sin más, pláceme saludarlo con mi consideración más distinguida. Mr. Pipo Taringa link: http://www.youtube.com/watch?v=aRb4Ej7Cc_c
El "Cuento del tío" es el nombre que recibe en algunos países como Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia ) un tipo de estafa, en la que se aprovechan de la confianza y ambición de las personas por obtener grandes beneficios fácilmente, lo cual torna prácticamente imposible que la victima pueda denunciar al delincuente, ya que de alguna manera está consciente que la transacción no es del todo legal. El cuento del tío tiene muchas variantes, pero sin embargo, la esencia es la misma: aprovecharse de la inocencia y codicia de la víctima y una gran capacidad del estafador de actuar y contar una historia creíble. Básicamente consiste en estafar a una persona haciéndole creer que está realizando un buen negocio al intercambiar su dinero por un objeto que presumiblemente tiene mayor valor, pero que en realidad es falso o carece del valor indicado. Por ejemplo cambiar dinero por un boleto de la lotería, gran cantidad de dinero en efectivo, un cheque, una herencia, un reloj, un paquete o un premio. El nombre viene de la historia que cuenta el estafador de que ha recibido una abundante herencia de un tío lejano. El estafador pide dinero a su víctima para poder hacer un viaje, con la promesa de que se lo devolverá en una cantidad varias veces superior al monto prestado. El estafador se va y nunca más aparece. A principios de 1900 comenzaron a aparecer en la estación de Constitución innumerables paisanos recién llegados del campo. Estos personajes, asombrados ante los brillos de la gran ciudad, eran objeto de fraudes realizados por estafadores profesionales que los esperaban con los brazos abiertos para hacerles el "cuento del tío". Uno de estos cuentos del tío más famosos, fue la venta de buzones. Básicamente la operación consistía en pararse el delincuente en una esquina que contase con un buzón y entablar conversación con uno de estos campechanos recién llegados a la gran ciudad. Mientras hablaban, los cómplices del que estaba parado al lado del buzón, llegaban con cartas para enviar y le abonaban importantes sumas de dinero. El campechano abría sorprendido los ojos, tras lo cual el delincuente le explicaba que era un trabajo que reportaba mucho dinero, pero que ya había acumulado una pequeña fortuna y anhelaba retirarse para vivir descansado. Mientras tanto, aparecían nuevas personas que para poder dejar las cartas, abonaban cifras astronómicas, y cada tanto aparecía alguien totalmente ajeno a la operación que no pagaba. A esto el delincuente lo arreglaba muy fácil, saludando a la persona y diciéndole al gil, mientras le guiñaba un ojo – a esta no le cobro, porque me paga con un servicio especial. A esta altura del cuento del tio, es fácil imaginar que la codicia del campechano estaba por las nubes. Según hay constancia en los registros policiales de la época, las cifras pagadas equivalían algunas veces a lo que se hubiese pagado por una propiedad grande en los mejores barrios de la ciudad porteña. Otras, simplemente terminaban con todos los ahorros que traian los incautos. El final era predecible, con ciudadanos comunes tratando de depositar su correspondencia en el buzón y un “pajüerano del interior del país, tratando de cobrarles por el servicio”. A veces terminaban en feroces peleas callejeras hasta que llegaba la policía, y otras, llegando directamente la policía a detener al campechano por las denuncias recibidas. Mientras los delincuentes celebraban el éxito de la operación y se preparaban para desplumar al siguiente gil, este último a veces con suerte conseguía volverse gratis en tren a su pago de origen, mediante la gestión del comisario ante las autoridades del ferrocarril.

¿De donde provienen las palabras "pelotudo" y "boludo"? Si bien es cierto que está información ha sido posteada varias veces, no está demás repasarla. En las Guerras de la Independencia, nuestros gauchos peleaban contra un ejército que en aquella época era del Primer Mundo. Una maquinaria de guerra con disciplina de las mejores academias militares, armas de fuego, artillería, corazas, caballería, el mejor acero toledano, etc. Nuestros gauchos (los montoneros), de calzoncillo cribado y botas de potro con los dedos al aire, sólo tenían para oponerles pelotas (piedras grandes con un surco por donde ataban un tiento), bolas (las boleadoras) y facones, que algunos amarraban a una caña tacuara y hacían una lanza precaria o chuza. Pocos tenían armas de fuego: algún trabuco naranjero o arma larga desactualizada. ¿Cuál era la técnica para oponerse a semejante maquinaria bélica como la que traían los realistas? Nuestros gauchos formaban en tres filas: La primera era la de los “pelotudos”, que portaban las pelotas de piedra grande amarradas con un tiento; la segunda era la de los “lanceros”, de facón y tacuara, y la tercer fila la integraban los “boludos” con sus boleadoras o “bolas” y facón. Cuando los españoles cargaban con su caballería, los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía, los esperaban a pie firme y les pegaban a los caballos en la cabeza o el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás. Los lanceros aprovechaban esta circunstancia y lanceaban a los caídos. Entonces, los boludos los rematan en el piso. Allá por la década del ’90 (1890) un Diputado de la Nación aludiendo a lo que hoy llamaríamos “perejiles”, dijo que no había que ser pelotudo en referencia a que no había que ir al frente y hacerse matar. Fue algo así como decir “no hay que ser estúpido”. Esta fue la segunda acepción que se le dio al término: 1º aguerrido 2º estúpido o similar. Con el tiempo se sumó a esta última clasificación la palabra boludo y el imaginario popular lo fue incorporando como al que los genitales grandes le impedían moverse con facilidad, y prácticamente se perdió el significado original. Con el correr del tiempo el imaginario popular le adjudico distintas acepciones, a veces dicho en forma despectiva, otras como insulto, y hasta en forma afectuosa, usado inclusive intercalado en las frases a modo de “muletilla”.Otra acepción de la palabra “pelotudo”, se debe el hecho que, cuando las tropas cruzaban un río, muchos lo hacían nadando a par de su propio caballo, tomados de los aperos, o nadando atrás tomados de la cola del caballo. Los que no tenían caballo y veníam “de a pie”, armaban pelotas de cuero o vejigas infladas, que le hacían de flotadores y al mismo tiempo protegían su ropa del agua. De ahí la palabra “pelotudos”. Pero más allá del significado con que actualmente se utiliza el término, es evidente que los gauchos de antes tenían flor de "bolas" y "pelotas".
… y un rayo misterioso hará nido en tu pelo, luciérnaga curiosa que verá... (El día que me quieras, de Alfredo Lepera) Durante estos días hemos leído páginas enteras sobre interpretaciones del significado oculto o no tan oculto del rayo que – efectivamente – cayó sobre la cúpula del vaticano. Creo que Dios no necesita de “efectos especiales” para anunciar su presencia. Estoy convencido que aunque “el barba” se manifestase en el cielo, los que no creen seguirían no creyendo. El ser o no creyente no pasa por lo concreto y matemático del hemisferio izquierdo. Hay infinidad de pruebas lógicas que demuestran la existencia de Dios, pero que nunca convencerán a los que quieren no creer… y hay otra infinidad de pruebas lógicas que también demuestran la no existencia de Dios, que tampoco jamás moverán un milímetro a los que si creen en él. Quizá sea porque el conocimiento y la certeza de la presencia de Dios, está arraigado en el hemisferio derecho, en ese conjunto de neuronas que nos permite apreciar la música, la belleza, la intuición. ¿Como explicarle a quien no comparte el gusto de una música clásica, a alguien que no logra ponerse en empatía con la misma? ¿Cómo explicarle a alguien lo que sentimos por una persona y la hace absolutamente única y diferente a todas las demás? ¿Cómo explicarle a un matemático el rechazo que nos produce tal o cual persona? Hablemos de los relámpagos ¿Como se originan los rayos en las tormentas? Constantemente, en la atmósfera se están produciendo descargas por tormentas eléctricas. Se exteriorizan como truenos y relámpagos. Se ha detectado últimamente, que junto a los relámpagos, hay una emisión de rayos X, lo que parece confirmar la hipótesis que el fenómeno no sólo depende de la atmósfera terrestre, sino que se inicia desde el espacio. El relámpago es la resultante de la liberación de una carga eléctrica acumulada. En una tormenta, el campo eléctrico se genera por la colisión entre las partículas de hielo existentes en las nubes. La masa de la carga generada es negativa, lo que a su vez induce abajo en la tierra, una carga opuesta positiva. Eventualmente el aire se ioniza y conduce la carga negativa, ya sea de nube a nube, o de la nube a la tierra. En tal caso, el contacto con la carga positiva libera la carga eléctrica, lo que se exterioriza en un rayo. Sobre cualquier iglesia, basílica o catedral que tenga pararrayos, durante todo el año se descargan alguno que otro rayo, ayudando a que no se produzcan daños mayores en la zonas urbanizadas. La cúpula del vaticano no es la excepción. No confundamos entonces un fenómeno natural, que simplemente coincide con una declaración significativa para la iglesia, con algún mensaje metafísico del tipo "rayos del Olimpo" de las tragedias griegas... Repito, “Dios no necesita efectos especiales”
MI abogado me aseguró que ahora si, que ahora puedo contarlo... igual me da miedo. Yo no entiendo demasiado eso de que pasó el tiempo, y que ya prescribió. Que pasó el tiempo, estoy seguro que si, mi falta de memoria es la mejor prueba... Calle Brandsen al dos mil quinientos, en pleno barrio de Barracas, en esa verdadera torre de Babel que es la complicada y misteriosa Ciudad de Buenos Aires... El centenario hospicio, erguido como un abuelo artrósico lanzado por afuera de los tiempos, luchaba por mostrarse ante el mundo con una imagen más moderna, más actual y quizás, menos espantosa y menos tétrica. Pero hay cosas que jamás podrán cambiar a pesar de los esfuerzos valerosos... quizás sean esas miles y miles de historias que albergan para siempre, sus paredes viejas y sus pasillos desgastados por el uso. Son historias de amor y de dolor, de ausencias y de olvidos, que viven entre una mezcla de sabores y colores, pegoteándose al recuerdo... a la emoción profunda, allí donde se reviven los recuerdos y vuelven a doler. A doler... muy demasiado. - Un loquero es un loquero... - me dijo resignado el parco taxista de pelo blanco y bigotes chamuscados de tanta nicotina, mientras aguardaba que yo le abonase el precio de aquel viaje, emprendido un rato antes en la Terminal de Ómnibus y finalizado - sin finalizar - en la puerta anónima del viejo hospital neuropsiquiátrico Dr. Braulio Moyano. Siempre pensé que el modo en que una ciudad trataba a sus individuos más débiles, era un claro y sólido exponente de su cultura y de su solidaridad. Y mirando más allá de la fachada del antiguo Moyano, tenía que reconocer que ante mis ojos, solo pasaban desfilando, mucho más esfuerzos y sudores individuales, que magros y parcos resultados de un Estado hipócrita. Gobiernos y gobiernos de escuálidos resultados, que parecían demasiado alejados, de todo lo que no tuviese conexión directa con las urnas y sufragios de políticos ampliamente cuestionados... Cuando entró al Moyano, Alcira era un ser demasiado frágil y endeble, extremadamente parco y tímido, atiborrado de miedos fantasiosos y tan poco atractiva, que su exterior parecía reflejar exactamente el torbellino arrasador que soplaba en su interior. Se escondía temerosa debajo de unas ropas holgadas, hasta dos o tres números más grandes que su talla, en un muestrario patético de telas sucias, grises y gastadas, que colgando ridículas la afeaban aun más, sobre todo cuando alzando ella su enmarañada cabeza, pretendía mirar algo del mundo que aun giraba, detrás de unos gruesos y sucios anteojos de carey. Al principio le costaba horrores el hablar y cuando conseguía hacerlo, tartamudeaba continuamente, en una mezcla de palabras pisoteadas y sonidos guturales. Había llegado a vivir casi como un perro abandonado en su propia casa, despreciada por su indiferente esposo desde que ella, había comenzado con su trastorno mental invalidante... Alcira, a lo sumo se dedicaba alguna vez y cada tanto, al cuidado simple de las plantas del jardín de la que fue su casa... Pero Alcira era plenamente consciente de su locura cuando llegó para tratarse. Detrás de su desquicio tenía esa clarividencia, ese toque de intuición que paradójicamente manifiestan algunas personas marcadas por un desequilibrio mental... Hasta había momentos en que era brillante e incluso, escribía y escribía... hasta de matemáticas. Alcira antes del suceso que la marcó como una puñalada, había sido una mujer brillante, hasta especial. Decía a sus más íntimos, que se sentía una elegida, pues a los ocho años había recibido el mensaje personal de un ángel celestial y cuando fue más grande, su inteligencia le permitía entender procesos que muchos no lograban acercarse... Quizás a causa de esa misma inteligencia, se avergonzaba ahora de su locura y de su estado... y lloraba amargamente. Y a veces estallaba. Estallaba en comportamientos altamente destructivos. Arañaba con sus uñas transformadas en rabiosas garras, o maltrataba y golpeaba al que se interpusiese en su camino, sin detenerse ante el sufrimiento de ella misma, ni ante el dolor del resto de la gente. No era raro ver sangrar profusamente a las fornidas y expertas enfermeras o enfermeros, confundidos y agotados en el medio de un mar embravecido de agresión. Algunos juraban que el castigo por esas desobediencias, era el manguerazo prolongado de agua fría entre los azulejos ocres - antiguamente blancos - de las duchas de los enormes pabellones... Alcira no decía nada cuando se le preguntaba si se lo habían hecho, confirmando con su resignado silencio, el atropello inhumano que se vive en esos lugares insufribles, de espalda a una ciudad que afirmaba defender los derechos del más débil. Con la medicación que recibió, también fue venciendo poco a poco, esas alucinaciones grotescas que desintegraban su cerebro, pues a veces se imaginaba peluda y encarnando a un cuerpo de animal - como un lobo sanguinario - o llegaba a sentirse el mismo diablo, coronada con dos cabezas que escupiendo espuma y sangre, se agredían entre ellas ferozmente. Sufría y sufría de horrendas pesadillas, en las que seres desconocidos y malevos, se apropiaban caprichosamente de su cuerpo y de su mente. Raulito murió antes de cumplir sus primeros diez años de vida. Lo atropelló una camioneta, justo en la esquina de su casa, una mañana fría de un sábado de agosto, de esos agostos malditos que te matan con gripe o sin gripe. Raulito estaba demasiado excitado, orgulloso de su alegre barrilete multicolor, que el mismo se había fabricado. Raulito se había pasado toda la tarde entre cañitas, papel de barrilete, cola de pegar, tijeras y ovillos de hilo. Ni siquiera había podido dormir más de una hora, durante esa larga noche - abrazado al barrilete -, esperando el sol de la mañana para salir a remontar su sueño de papel. Despertó con ansias de convertirse en el único dueño de los cielos y las nubes. Y se tragó en un segundo, el enorme vaso de leche que le sirvió su madre. Todavía resonaba el eco de las últimas palabras de Raulito: - Mama, yo ya soy grande... y puedo ir a remontar el barrilete solo a la plaza..., cuando un golpe seco y una interminable frenada, le confirmaron a Alcira que Raulito - su único y adorado hijo - estaba definitivamente muerto... Todo pasó, justo un año antes que a ella la internaran en el Moyano, con su primer brote de locura... Todo parecía normal en la vida de Alcira, hasta que su Raulito se fue, así, de golpe... inexplicablemente y para siempre. Se volvió loca, deambulando perdida dentro de su casa, entre los restos de papel de barrilete, zapatillas, guardapolvos y un álbum de figuritas, que quedó para siempre sin llenar... Ayer le dijeron a Alcira que estaba en condiciones de alta - una verdadera utopía -, pues afuera, ella ahora no poseía ni un mínimo espacio físico, ni un solo centímetro cuadrado donde tirar sus agotados huesos, y hasta había perdido definidamente su lugar dentro de la familia, aquella que alguna vez había tenido. De su ex marido, solo se sabía que emigró a Europa cuando a ella la internaron. Los padres de ella fallecieron y hermanos, no tenía... Y en el seno de la indiferente sociedad, ahora seguramente la mirarían desconfiando, pues era una marcada - estigmatizada - por el vergonzoso antecedente de haber sido "una mina que estuvo en el Moyano". Mientras estuvo internada, la musicoterapia para Alcira era una madre cariñosa que intentaba crearle un cómodo espacio virtual, donde ella pudiese servirse de la magia de la música, para expresar su esencia intacta de persona y así elaborar, el terremoto de emociones que bullía y bullía en su interior. En la música y la danza, ella lograba canalizar su reprimida hostilidad y elevaba su autoestima. Sobre todo cuando el apretado y numeroso conjunto de palmas, la aplaudía anunciándole que en eso y en ese lugar, era socialmente aceptada por sus pares - las otras locas, tan locas como ella -. Las enfermas siquiátricas - un exigente público que a nadie aplaudía fácilmente - la curaban o la ayudaban, al decirle "entre nosotras... eres alguien" y así, ella tenia una percepción más adecuada de sí misma y de su mundo, mejorando sus filiformes y desgastados vínculos. Aunque sea, con las otras locas... Incluso cuando estaba cercano al alta, ella fue invitada a resumir su experiencia de enfermedad mental, a través de algún recurso expresivo - el que quisiese, le dijeron -. Al principio pensó en una canción, pero luego eligió escribir un poema. Un poema que empezaba precisamente así... “Una mina que estaba en el Moyano...” Cualquiera se daba cuenta en los primeros tiempos, cuando recién acababan de internarla, del deterioro global de su persona. Pero poco a poco, día a día, ante ella comenzó a ofrecerse el trabajo seductor de la expresión artística, que casi sin que ella se enterase, la ayudaba a encontrarle un sentido a su maltrecha vida y a soportar el sentimiento desgarrante de una pérdida tan súbita y atroz. A su Raulito lo esperaba en cada niño que corría por el patio, en los horarios de visita... Pero como decía alguien por ahí, todo aquello que se ha muerto, puede renacer glorioso en el interior de la obra de un artista... Yo firmé y me hice responsable de ella. Alcira solo "era una mina que estaba en el Moyano..." y yo... yo solamente "era un ex novio de ella", que todavía la seguía amando como en el primer día en que le declaré mi amor, cuando ambos éramos estudiantes del Colegio Secundario, allá, en nuestro pequeño pueblo. La seguía amando y mucho, cada vez más, aunque ella hacia muchos años que me había abandonado para casarse con el padre de Raulito... y aunque ahora estuviese perdida, dentro de su propio cerebro... ¿Como iba yo a poder dejarla sola, si aun la sigo amando tanto...? Y además... aunque el Juez me dejó en libertad, nunca entendí porqué no pude frenar mi camioneta... cuando se me cruzó el Raulito con su barrilete. Fin
