SilenceSong
Usuario (España)
![Amor a la muerte. [Relato corto]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2013/05/06/tumblr_ly2gsfxz8W1r9ib9wo1_400.jpg--9OMrhtibJr.webp)
Hoy la muerte vino a visitarme. Vestía de negro, como siempre... Sus labios rojos como la sangre. Su piel blanca como la nieve. Sus ojos negros como el carbón. Y en su espalda, bajo el hombro derecho, una rosa en llamas delicadamente tatuada. Entró en mi casa. Sus encantos me desarmaron. Oh! Maldita muerte, que bella pareces pero que cruel eres. Me acerqué a ella. Sonrió con esa sonrisa tan única que tiene. Me miró a los ojos. Sentí un escalofrío recorrer toda mi espalda, de arriba a abajo. Amo esa sensación que provoca el estar cerca de la muerte. Miré al suelo intentando evitar su mirada, pero tomó mis mejillas con sus frías manos e hizo que nuestros ojos se encontrasen. Lentamente se acercó más a mi y rozó sus labios con los míos. El beso de la muerte. Ese beso del que nunca te podrás olvidar si consigues sobrevivir a él. Primero lento, luego más rápido y pasional. Ese beso hiela la sangre. Agarré a la muerte de la mano y la llevé a mi cuarto. Cerré la puerta y nos volvimos a mirar. Allí estábamos las dos solas otra vez. Caminé hacia ella, le susurré al oido cuanto la amaba y comencé a desnudarla. Le besé, la mordí, la probé hasta saciarme de ella. Y allí nos quedamos dormidas sobre mi cama. Desnudas bajo las sábanas. Abrazadas como si no hubiese un mañana. Aunque puede que para mi no lo halla, pero sé que la muerte me ama y por eso jamás se llevará mi alma.
Esto es el comienzo de una serie corta de microrelatos que quería hacer. Es de fantasía y magia, no es el género en el que suelo escribir pero me apetecía hacerlo, así que si veo que les gusta pues seguiré escribiendo las demás partes. Primera parte. Tres de la mañana ya aún seguía despierta. No tenía sueño, no quería volver al mundo de mis pesadillas. Hacía ya días que intentaba dormir poco por el hecho de que cada vez que cerraba los ojos, los montruos de mi pasado me atormentaban y no me dejaban en paz hasta que me volvía a despertar, como siempre, empapada en sudor y llorando. Me senté en el alfeizar de la ventana. La luna llena me baño con su blanca luz. Miré hacía el exterior, todo era campo y a lo lejos había un pequeño riachuelo.Ese lugar me encantaba, era mágico, por eso decidí pasar unas semanas allí y así alejarme de la ciudad con sus humos, gente apresurada y ruído con la esperanza de poner fin a mis pesadillas. En aquel lugar solo había paz y tranquilidad, o al menos eso pensaba. El destino tenía preparado para mi una extraña sorpresa. Las manecillas del reloj se acercaban a las tres y media cuando a lo lejos comencé a vislumbrar una hilera de farolillos andando en dirección a la casa. Al principio paracía que se movían solos, pero luego conseguí ver que unos pequeños seres eran quienes los llevaban. Cuanto más se acercaban más me daba cuenta de lo absurdo que era todo aquello. No sentía miedo, solo asombro, algo dentro de mi me decía que aquellos seres eran buenos... Y cada vez podía observar mejor su silueta hasta que.. -¡GATOS! - grité en mi propio asombro. En efecto, aquellos seres eran gatos, andando a dos patas y sosteniendo farolillos. Empecé a reir pensando que aquello no era más que producto de mi mente por dormir tan poco y de la propia risa me caí hacia atrás acabando en el suelo de la habitación y golpeándome la cabeza. Me quedé inconsciente por ser tan descuidada y torpe... Al despertar me encontré en mi cama, tapada hasta el cuello, con una bolsa de hielos en el lugar del golpe, y rodeada por muchos gatos. Me incorporé de un salto y todos aquellos felinos me miraron a la vez. El que parecía ser más viejo caminó hacía mi y carraspeó. -Querida Laura, lamento que te encontrásemos en tan mal estado. Espero que estés mejor. -dijo. Mi cara fue pasando por distintas gesticulaciones de fascinación, asombro, incredulidad y otras más... Me pellizque la pierna por si todo aquello no era más que un sueño extraño, pero me dí cuenta de que todo era tan real como que en mi cabeza habían aparecido dos orejas felinas. Para más relatos visiten mi blog personal: http://pensamientosdeunachicaperdida.blogspot.com
![La ciudad de blanco [Relato corto]](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2013/06/26/tumblr_mkciftEyPj1r4tykbo1_500.jpg-vvInold5e7s.webp)
Allí estaba ella. Una escena pintada en blanco... Parada entre la multitud. Rodeada de desconocidos. Caras extrañas. Nadie la miraba. Todos pasaban a su lado indiferentes. -¿Quién... Soy? ¿Qué hago aquí? Perdida en esta ciudad llena de gente sin color comenzó a caminar sin rumbo. Trató de averiguar que era todo eso que la rodeaba. Se paró el algunos escaparates y pudo ver su reflejo. Un jersey que le quedaba enorme cubría casi todo su cuerpo. Su cabello caía sobre sus hombros.Su mirada, triste. Caminaba descalza si saber donde le llevarían sus pasos.Se paró entre toda la multitud y miro al cielo... Si todo era blanco en aquel mundo sin color, ¿por qué el cielo era de un azul brillante? Alzo su mano para alcanzar ese bello color, pero estaba tan alto... Comenzó a correr por las calles. Quería llegar al cielo. Quería volar como los pájaros que estaban allí arriba. -¿Por qué estoy aquí? - no dejaba de repetirse una y otra vez. - ¿Donde están los colores? Le faltaba el aire, le dolían las piernas, necesitaba parar... Pero dentro de ella una voz le gritaba que necesitaba ese color, que no puede vivir en una vida llena de blanco como toda aquella ciudad... Y seguía hacia delante, chocaba con la gente que pasaba cerca suya, se cayó al suelo varias veces, pero igual se levantó y siguió corriendo sin importarle que las rodillas le sangrasen. Tenía que alcanzar el cielo y volar alto. El viento la despeinaba mientras su cabello bailaba. Las lágrimas comenzaron a caer por sus pálidas mejillas.Pero sus ojos comenzaron a brillar con un hermoso color. Mientras más rápido corría más se extendían los colores por su cuerpo. Sus ojos brillaban verdes, su pelo castaño claro, su piel rosada, la sangre de sus heridas roja, su ropa naranja. Y allá por donde pasaba empezaba a cobrar color. Las calles, la gente, los animales, todo. -Ahora ya se quien soy, se por qué estoy aquí. ¡Soy la chispa de color que le hacía falta a este mundo blanco en el que vivimos! Subió a lo alto de un edificio y desde allí saltó tiñendo así el cielo con un gran arco iris y desvaneciéndose en el cielo.
Y aún sigo añorando esos días... Gracias por leer. Recuerdos del pasado. Aún es demasiado difícil para mi contar aquellos días en los que dormí a tu lado viendo como soñabas con mundos azules. Esos días en los que nos refugiamos bajo el almendro en flor viendo las nubes pasar por encima de los suaves pétalos. Cuando subíamos a aquellas montañas solitarias esperando a ver como se teñían de rojo cuando el sol se despedía. Esas noches en las que intentábamos capturar las estrellas del cielo alzando las manos al cielo y saltando. Y tú sonreías con la sonrisa más bella jamás existida mientras tus ojos brillaban fuertemente con la luz del fuego de la hoguera. Esos ojos tuyos guardaban tantos secretos como granos de arena guarda el desierto. Y en los inviernos caminábamos agarradas de la mano bajo ese paraguas rojo que tanto te gustaba, mientras oíamos la lluvia gritar a nuestro al rededor y su perfume inundaba nuestros pulmones con su brisa fresca. Cuando tus manos se congelaban y las ponías sobre mi cuello, bajo esa bufanda que siempre me ponía y que tú tanto odiabas pese a saber que era muy cálida. Esos veranos en los que siempre hacías los castillos de arena más bellos. Y luego te sentabas a mi lado a esperar que subiera la marea para ver como se desvanecían con el agua del mar. Y dejábamos las huellas de nuestros pies sobre la orilla al atardecer. Extraño tanto esos días que duele recordar... Pero después de todo te sigo amando. Pese a que ya han pasado varios años desde que te vi sonreír por última vez aquel frió enero. Más relatos en mi blog personal: http://www.desiertosperdidos.blogspot.com.es/
Este relato esta basado en algo que yo misma viví. Ese libro existe pero con otro nombre. Amo ese libro y por eso decidí escribir este relato. Espero que os guste, gracias por leer. El libro del árbol mágico. Tenía la costumbre de dejar los agujeritos de las persianas abiertos cada noche. Siempre decía que por culpa de la luz de la ciudad no podía ver las estrellas. Por eso dejaba esos agujeritos abiertos, para que se filtrase la luz de la calle e inundase la habitación de pequeños puntitos simulando un cielo estrellado. Ella siempre estaba enfadada con el mundo. Se quejaba de que le habían robado el cielo nocturno, que la luna ya no brillaba como antes porque estaba triste por culpa de las malas personas, que la lluvia ya no cantaba a causa de las calles pavimentadas, que el viento de abril ya no traía noticias de las montañas porque los edificios gigantescos le cortaban el paso y que la nieve ya no era tan fría porque en vez de admirar su blanca belleza nos dedicábamos a esquiar sobre ella o lanzárnosla a modo de bolas. Aun así, ella vivía tranquilamente en su pequeña casita. Tan pequeña que si estirabas las manos tocabas el techo. Pero es como a ella le gustaba y así era feliz. En sus ratos libres se dedicaba a leer y releer siempre el mismo libro sentada en su sillón rojo acompañada de una taza de té blanco. Dicho libro trataba sobre un árbol mágico. Un árbol que era y no era, que a veces estaba y a veces no. Y yo por mucho que leí ese libro varias veces para intentar entenderlo, nunca lo comprendí. Quizás porque ese libro no estaba escrito para alguien como yo. Recuerdo que el último día que estuve con ella me contó la historia de ese árbol... Pero justo cuando iba a comprender el misterioso significado, el destino prefirió dejarlo en secreto. Sus ojos grises se apagaron y nunca me contó el final. Ahora soy yo quien lee y relee ese libro mil veces sentada en este sillón rojo tomando té blanco. Es irónico las vueltas que da la vida. O quizás no. Quizás esto que os he contado es solo el principio de ese libro. Más relatos en mi blog personal: http://www.desiertosperdidos.blogspot.com.es/
Aqui traigo un nuevo relato, esta vez un tanto diferente a lo que acostumbro a escribir. Espero que os guste. La chica y el zorro plateado. Aquella noche, el búho de los sueños me contó la historia de como el zorro plateado se enamoró de la criatura más bella. Vagaba solitario por aquellos bosques de aquel monte que tanto le gustaba. Si, ese monte que estas pensando ahora mismo. El monte donde los sueños se cumplen, donde habita el ser más frágil, donde ocurrió la historia más triste y también donde todo volvía a empezar. Un monte que rebosaba tanta magia que todos querían ir a él. Pero era muy difícil de encontrar. Pese a eso, el zorro plateado siempre encontraba el camino. Entre árbol y árbol se vislumbraba en la alto del cielo una hermosa luz blanca que iluminaba la noche. Y de vez en cuando se podía ver alguna que otra estrella brillar con fuerza. A veces el silencio se rompía con el canto de algunos grillos o el rumor de las hojas danzando con la suave brisa. El zorro avanzaba despacio contemplando cada flor, cada hoja, cada piedra. Disfrutando de la magia que desprendía todo aquello que lo rodeaba. Poco a poco la espesura de aquel bosque fue desapareciendo y llegó a un claro poblado de hierba fresca. El zorro se tumbó en mitad del lugar y miró las estrellas durante un par de horas, perdiendo la noción del tiempo. Cuando sus parpados comenzaron a cerrarse, una tenue luz emergió del bosque y se acercó poco a poco hacia él. El zorro, asustado, se colocó en posición de defensa y gruñó. Pero cuando la luz se encontraba más cerca pudo ver con claridad lo que era. Una bella chica. Su pelo era tan largo que rozaba sus rodillas. Era negro como la propia oscuridad. Su piel era tan blanca como la nieve recién caída. Sus manos, finas y delicadas, al igual que su rostro. Parecía que toda la tristeza del mundo se había encerrado en sus hermosos ojos verdes. El zorro se le acercó curioso. Había en ella algo diferente al resto de los humanos. No tenía olor. Se acercó aun más olfanteándola, casi rozando su nariz con aquella pálida piel, pero nada. -No puedes olerme, ¿verdad? -le dijo la chica al zorro plateado que la miraba intrigado. -Es que yo estoy muerta. Me mataron hace cientos de años justo aquí. El zorro aulló apenado y la chica lo acarició. -Tú eres especial. Ningún animal ha sido capaz de verme hasta ahora. Tienes un corazón puro. Él, lamió su mano en asentimiento y la chica, tras cientos de años llorando cada noche en aquel claro del bosque, volvió a sonreír. Desde entonces, el zorro plateado visitó a la chica cada noche. Y cuando este murió, su espíritu fue a reunirse junto a ella. Por eso, en las noches de luna llena, si tienes un corazón puro, puedes ver a una chica junto a un zorro plateado deambular por aquel bosque mágico. Más relatos en mi blog personal: http://www.desiertosperdidos.blogspot.com.es/

Este es un relato que se me ocurrió así sin más. Espero que os guste. Gracias por leer. Pesadillas. Buscaba una salida. Corría todo lo rápido posible mientras veintinueve locuras me perseguían, y sin darme cuenta entré en un callejón sin salida. Frente a mi un mugriento muro, grisáceo casi negro, se alzaba imponente. Miré a mi alrededor en el desesperado intento de encontrar algún hueco por donde escabullirme, pero estaba enclaustrado en aquel callejón de muros infranqueables. En donde se encontraba mi única salida, el lugar por el cual entré, la manada de locuras me esperaba sedienta de sangre. Eran bestias deformes, de afilados colmillos amarillentos y carentes de ojos. Nunca me había enfrentado a alguna de esas criaturas, y esperaba no tener que hacerlo, pero la situación se tornaba cada vez más complicada y mi vida corría peligro. El cielo, teñido de gris ceniza, presagiaba la llegada de una fuerte tormenta inminente y en la lejanía, grandes truenos partían el cielo con un bello azul eléctrico. Me percaté de que a unos metros de mi, se hallaba tirado en el suelo una gruesa barra de metal. Con cuidado me fui acercando a ella poco a poco para que las locuras no saltasen sobre mi y me hiciesen pedazos en un abrir y cerrar de ojos. Me agaché con total lentitud agarrando la barra con fuerza y me preparé para lo que venía a continuación. Inspiré aire profundamente llenando mis pulmones. El cielo se rompió y comenzó a llover. Frente a mi, las repugnantes locuras babeaban. Un trueno, esta vez mucho más cercano, iluminó todo. La adrenalina se deslizaba por mis venas inundándome de sensaciones. Me preparé y corrí contra aquellas bestias. Con la barra de metal golpeé a varias locuras haciéndome pasó y pudiendo escapar de aquella jaula, pero comenzaron a perseguirme con rapidez. La lluvia dificultaba la visión y tropecé cayendo de bruces al suelo. El sonido del despertador de sacó de aquel sueño como cada noche. Me incorporé en la cama. Deslicé mis pies dentro de las zapatillas y caminé hasta la ventana. Llovía y a lo lejos, truenos partían el cielo con un bello azul eléctrico.

He aquí mi último escrito sobre ella. Cada día me vuelvo más loca. Reencuentro. Fue una imagen fugaz. Un destello. Una fracción de segundos. Aunque quizás solo fuera producto de mi imaginación, pero juro que la vi. Estaba en el andén contiguo al mío. Llevaba un vestido de color celeste que le llegaba hasta las rodillas con una rebeca crema. Su pelo se contoneaba suavemente con la brisa de mayo mientras sus ojos sé posaban en los míos. Me miraba. Me miraba con aquella mirada que yo tanto extrañaba. Aquella mirada que guardaba tantos secretos inconfesables. Aquella mirada del color de los sueños. Pero solo fue eso. Un instante, un parpadeo, nada más. Por esa vía pasó en tren a alta velocidad que se llevó aquel espejismo consigo. Aún así no pude evitar quedarme parado mirando fijamente al lugar donde segundos antes había estado ella. Y por extraño que parezca, el aire traía su aroma. -Cariño, vamos. Nuestro tren ya está al llegar. -dijo mi esposa sacándome del trance. Más relatos en mi blog personal: http://www.desiertosperdidos.blogspot.com.es/
Desierto de Hielo. Me miro al espejo… Ya no veo nada. ¿Dónde estás? Y sigo buscándote en este desierto de hielo. La soledad me besa con ternura… Hiela mis labios con su frío aliento. Me enamora. Me desnuda… Maldita soledad que me hace el amor en este desierto de hielo mientras te busco. Ya no sé a donde ir. He perdido todo lo que me quedaba. Te perdí a ti. Y me siento tan vacía… Solo deseo volver a ver tu sonrisa. Acariciar tu brillante cabello. Fundirme con tu mirada. Rozar tus labios con las yemas de mis dedos. Oír tu voz resonando en mi cabeza. Sentir el calor que desprende tu cuerpo. Agarrar tu mano fuerte y no soltarla jamás. Solo quiero volver a tenerte. Y ahora que no estás, me doy cuenta de lo egoísta que fui. De lo estúpida que soy. Miré el espejo que había colgado en la pared y me sentí tan vacía… Lo lancé contra el suelo y se partió en mil espinas de cristal. Andé descalza sobre ellas cortando las plantas de mis pies… Dejando huellas de sangre como castigo por dejar que te alejaras… Eras mi mundo, mi vida, mi sentido de existencia. Y ahora solo vago perdida en este desierto de hielo… Dejando huellas rojas de las heridas que nunca cicatrizarán. Calada del frío que penetra hasta mis huesos. Temblando como un cachorro recién nacido. Con la piel azulada y los labios violetas… Pronto el hielo me congelará por completo y moriré. Pero tu recuerdo siempre permanecerá flotando en el aire como una suave brisa de abril. Perdóname por hacer que desaparecieras. Perdóname… Aunque sé que ya no lo harás. Desierto de Arena. Arena... Suave y ardiente arena del desierto. El sol quema mi piel. Me seca. Arena... Vago perdida en este desierto sin fin andando hacia ninguna parte. Intentando comprender por qué te fuiste. Por qué me dejaste. Fui muy egoísta. Quise todo un mundo para mi. No quise que vieras la luz por miedo a que te hicieran daño cuando en verdad era yo quien te estaba dañando. Ahora el destino me ha desterrado a este desierto sin final dentro de un reloj de arena. Aquí dentro el tiempo no transcurre y tampoco puedo morir. Este es mi castigo. Una eternidad desterrada en la soledad. Perdida para siempre entre gigantescas dunas.Vagando sedienta, quemada, atormentada por mis pensamientos. Todo fue por mi culpa. Por no darme cuenta de que los pájaros más bellos no deben ser encerrados en jaulas. Deben ser libres para que vuelen sobre el cielo. Y yo corté tus alas sin darme cuenta de lo que hacía. Perdóname por hacer que desaparecieras. Perdóname... Aunque sé que ya no lo harás. Fuente: http://www.pensamientosdeunachicaperdida.blogspot.com (Mi Blog)
Este es un relato que escribí hace un año y lo tenía perdido por ahí... Espero que os guste. Allí lo vi... Sentado en el suelo contra una pared blanca, como siempre. Él había dejado los estudios hace años, él era de calle como solía decir. Su madre no sabía que hacer con él porque tampoco quería trabajar y el dinero que tenia era más que nada sacado de su pequeña plantación de marihuana. Él vivía a su libre albedrío, haciendo lo que quería cuando quería. No tenia problemas con nadie, nunca tubo un enemigo. Vivía sin preocupaciones. Fue mi mejor amigo de la infancia, aun recuerdo cuando jugábamos con la tierra en el parque. Cuando jugábamos con la pelota... Pero esos tiempos pasaron y ya de ello solo queda el recuerdo. Recuerdo el último día que lo vi, allí sentado. Entre sus labios tenia un pequeño porro a medio terminar. Recuerdo el rico olor de la maría quemada y esa espesa nube que salia de su boca. Estaba tranquilo, como siempre. Lo vi desde la otra acera, aun estaba un poco lejos de él como para saludarlo. No se de donde aparecieron, pero de pronto apareció la policía. Lo vi levantarse y salir corriendo, pero estaba demasiado drogado como para dar dos pasos sin tropezar. No lo vio. Cruzo la carretera y no lo vio. Un seat ibiza negro como el carbón paso por encima suya. Mi corazón dio un vuelco cuando vi un reguero de sangre corriendo por el asfalto. Fuí corriendo hasta el coche gritando su nombre. Cuando llegue a su lado su mirada estaba vacía, había perdido todo el brillo que antes tenían esos ojos marrones. Aun le quedaba un aliento. Me miró y en sus últimas palabras me dijo: -Perdóname por no decírtelo antes, te qui... No llego a decirme lo que sentía. Ese día derramé tantas lágrimas como gotas caen en la tormenta. Desde entonces esa pared ya no es blanca. Ahora esta teñida por el color del recuerdo. Gracias por leer. Más relatos en mi blog personal: http://www.pensamientosdeunachicaperdida.blogspot.com.es/