He aquí mi último escrito sobre ella. Cada día me vuelvo más loca.
Reencuentro.
Fue una imagen fugaz. Un destello. Una fracción de segundos. Aunque quizás solo fuera producto de mi imaginación, pero juro que la vi.
Estaba en el andén contiguo al mío. Llevaba un vestido de color celeste que le llegaba hasta las rodillas con una rebeca crema. Su pelo se contoneaba suavemente con la brisa de mayo mientras sus ojos sé posaban en los míos.
Me miraba. Me miraba con aquella mirada que yo tanto extrañaba. Aquella mirada que guardaba tantos secretos inconfesables. Aquella mirada del color de los sueños.
Pero solo fue eso. Un instante, un parpadeo, nada más.
Por esa vía pasó en tren a alta velocidad que se llevó aquel espejismo consigo. Aún así no pude evitar quedarme parado mirando fijamente al lugar donde segundos antes había estado ella. Y por extraño que parezca, el aire traía su aroma.
-Cariño, vamos. Nuestro tren ya está al llegar. -dijo mi esposa sacándome del trance.
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