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Primer post: 12 sept 2018Último post: 23 oct 2018
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Tentación de Jesús en el desierto
InfoporAnónimo9/12/2018

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió de las orillas del Jordán y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. En todos esos días no comió nada, y al fin tuvo hambre. El diablo le dijo entonces: <<Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.>> Pero Jesús le contestó: <<El hombre no vive solamente de pan.>> Después, el diablo lo llevó a un lugar más alto; en un instante le mostró todas las naciones del mundo, y le dijo: <<Te daré poder sobre estos pueblos y te entregaré sus riquezas, porque me han sido entregadas y las doy a quien quiero. Todo será tuyo si te arrodillas delante de mí.>> Pero Jesús le replicó: <<La Escritura dice: Adorarás al Señor, tu Dios, y a El solo servirás.>> Entonces, lo llevó el diablo a Jerusalén, lo puso sobre la parte más alta del Templo y le dijo: <<Si tú eres Hijo de Dios tírate de aquí para abajo; porque dice la Escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te protejan. Ellos te llevarán en sus manos para que no tropiecen tus pies en alguna piedra.>> Pero Jesús le replicó: <<Dice la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.>> Habiendo agotado todas las formas de tentación, el diablo se alejó de él, para volver en el momento oportuno. Lucas 4 1-13

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Poner su confianza en Dios y no en el dinero
InfoporAnónimo9/15/2018

Ninguno servidor puede quedarse con dos patrones, porque verá con malos ojos al primero y amará al otro, o bien preferirá al primero y no le gustará el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No anden preocupados por su vida: ¿qué vamos a comer?, ni por su cuerpo: ¿qué ropa nos pondremos? ¿No es más la vida que el alimento y el cuerpo más que la ropa. Miren cómo las aves del cielo no siembran, ni cosechan, ni guardan en bodegas, y el Padre celestial, Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes más que las aves? ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede alargar su vida? Y ¿por qué preocuparse por la ropa? ¡Miren cómo crecen los ilirios del campo! No trabajan ni tejen, pero créanme que ni Salomón con todo su lujo se puso traje tan lindo. Y si Dios viste así a la flor del campo que hoy está y mañana se echará al fuego, ¿no hará muchos más por ustedes, hombres de poca fe? ¿Por qué, pues, tantas preocupaciones? ¿Qué vamos a comer?, o ¿qué vamos a beber?, o ¿con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se preocupan por esas cosas. Pero el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y esas cosas vendrán por añadidura. Ni se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo. Basta con las penas del día. Mateo 6 24-34

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El amor al dinero
InfoporAnónimo9/19/2018

Esto es lo que debes enseñar e inculcar. Si alguien enseña en otra forma, en vez de conformarse a estas reglas que son las de Cristo Jesús nuestro Señor, y respetar las enseñanzas auténticas de la fe, ese hombre seguramente es un orgullo y no entiende nada: tiene la enfermedad de ocasionar discusiones y cuestiones inútiles. De ahí provienen envidias, discordias, insultos, desconfianzas, discusiones propias de los que tienen la mente pervertida y andan lejos de la verdad; para ellos la religión es un puro negocio. Pero en otro sentido la religión es una riqueza para quien se conforma con lo que tiene, pues al llegar al mundo no trajimos nada, ni tampoco no llevaremos nada. Quedémonos entonces satisfechos con tener alimento y ropa. En cambio, los que quieren ser ricos caen en tentaciones y trampas; una multitud de ambiciones locas y dañinas los hunden en la ruina hasta perderlos. Está comprobado que la raíz de todos los males es el amor al dinero. Por entregarse a él, algunos se han extraviado lejos de la fe y se han torturado a sí mismo con un sinnúmero de tormentos. Tú, hombre de Dios, huye de todo eso. Procura ser religioso y justo. Vive con fe y amor, constancia y bondad. Da el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y por la que hiciste tu hermosa declaración de fe en presencia de numerosos testigos. Ahora, en presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que, ante Poncio Pilato, dio su magnífico testimonio, te doy una orden: guarda lo mandado; guárdate sin mancha ni reproche hasta la venida gloriosa de Cristo Jesús, nuestro Señor, al que Presentará, cuando sea tiempo, el Bienaventurado y Único Soberano, Rey de reyes y Señor de Señores. Al único inmortal, al que vive en la luz inaccesible y que ningún hombre ha visto ni puede ver, a El sea el honor y el poder por siempre jamás. ¡Amén! Exige de los ricos que no se pongan orgullosos ni confíen en riquezas, que siempre son inseguras. Que más bien confíen en Dios, que nos lo proporciona todo generosamente para que gocemos de ello. Que hagan el bien, que se hagan ricos en buenas obras, que den de buen corazón, que repartan sus bienes. De este modo amontonarán para el porvenir un capital sólido, con el que adquirirán la vida verdadera. Conserva el depósito; evita las palabrerías inútiles y mundanas, tanto como las discusiones procedentes de una falsa ciencia. Algunos se han alejado de la fe por dar crédito a este tipo de ciencia. La gracia sea con todos ustedes. Primera carta Timoteo 6 3-21.

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Los muertos resucitan
InfoporAnónimo9/19/2018

Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Estos son hombres que no creen en la resurrección de los muertos; y le preguntaron: <<Maestro, Moisés nos enseñó lo siguiente: Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar familia, debe casarse con la viuda para darle un hijo que será el heredero del difunto. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero, y murió sin dejar familia. El segundo y después el tercero se casaron con la viuda. Y los siete murieron igualmente, sin dejar familia. Finalmente, murió también la mujer. Esta mujer, si hay resurrección de los muertos, ¿de cuál de ellos va a ser esposa, puesto que los siete la tuvieron por esposa?>> Jesús les respondió: <<En este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero los que sean juzgados dignos de entrar al otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no se casarán. Sepan, además, que no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles. Y son hijos de Dios, pues él los ha resucitado. En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zara, en el que llama al Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; para él todos viven.>> Algunos maestros de la Ley le dijeron: <<Maestro has hablado bien.>> Y no se atrevieron a hacerle más preguntas. Entonces él les dijo: <<¿Cómo se puede decir que el Cristo será hijo de David? En efecto, el mismo David dicen en el Libro de los Salmos: El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como tarima de tus pies. David lo llama Señor, ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?>> Todo el pueblo lo escuchaba cuando dijo a sus discípulos: <<Desconfíen de los maestros de la Ley que gustan de pasearse con largas vestiduras y ser saludados en las plazas, ocupar los primeros puestos en las sinagogas y los primeros lugares en los banquetes. Son gente que devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan tras largas oraciones. Habrá para ellos un juicio sin compasión.>> Lucas 20 27-47

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La mujer adultera
InfoporAnónimo9/20/2018

Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo y toda la multitud venía a él. Entonces se sentó para enseñar. Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: <<Maestro, han sorprendido a esta mujer en pleno adulterio. La Ley de Moisés ordena que mujeres como ésta mueran apedreadas. Tú ¿qué dices?>> Con esto querían ponerlo en dificultades para poder acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como le seguían preguntando, se enderezó y dijo: <<El que no tenga pecado lance la primera piedra.>> Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. Y todos se fueron retirando uno a uno, comenzando por los más viejos. Y dejaron a Jesús solo con la mujer que seguía de pie en el medio. Entonces se enderezó y le dijo: <<Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?>> Ella contesto: <<Ninguno, Señor.>> Jesús le dijo: <<Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar en adelante.>> Juan 8 1-11

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Prefirieron la reputación que viene de los hombres
InfoporAnónimo9/21/2018

Después de tantas señales milagrosas que Jesús había hecho delante de ellos, los judíos no creyeron en él. Tenía que cumplirse lo escrito por Isaías: Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién descubriste los secretos de nuestra salvación? Así es que no se pudieron convencer: Isaías lo dice en otro lugar: <<Se cegaron sus ojos y se endureció su corazón, para no ver ni comprender; no quieren convertirse a Mí, ni que yo los sane. Esto dijo Isaías porque vio su Gloria y de Él habló. A pesar de todo, muchos creyeron en él, aun entre los jefes; pero no se atrevían a profesar en público su fe por miedo a que los fariseos los echaran fuera. Prefirieron ser considerados por los hombres antes que glorificados por Dios. Jesús clamó con voz fuerte: <<El que cree en mí, en realidad no cree en mí sino en aquel que me ha enviado. El que me ve, ve al que me envía. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. Al que escucha mi Palabra pero no obedece, no seré yo quien lo condene, porque yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo. El que me desprecia y no hace caso de mi Palabra, tiene quien lo juzgue y condene: será mi propia Palabra; ella lo juzgará el último día. Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su decreto es vida eterna, y entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre.>> Juan 12 37-50

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Las bienaventuranzas
InfoporAnónimo9/22/2018

Jesús, al ver a toda esa muchedumbre, subió al monte. Allí se sentó y sus discípulos se le acercaron. Comenzó a hablar, les enseñaba así: <<Felices los que lloran, porque recibirán consuelo. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia. Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que ustedes. Mateo 5 1-12

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Época antigua. Historia argentina
InfoporAnónimo9/24/2018

ÉPOCA ANTIGUA Lo que hoy es República argentina estuvo habitado por varias tribus aborígenes puelches, tehuelches o patagones, araucanos, diaguitas, chanás, querandíes, huarpes, pampas, guaraníes y lules, entre otras, que se hallaban dispersos por todo el territorio. Los primeros habitantes de lo que más tarde sería la Argentina En el actual territorio argentino, distintos pueblos indígenas fueron desarrollando a través del tiempo variadas formas de vida, aprovechando los ambientes y conviviendo en forma armónica con la naturaleza. Los grupos que habitaban áreas próximas presentaban rasgos semejantes, promovidos por relaciones de intercambio que, en ocasiones, podían llegar a ser violentas. Hacia principios del siglo XVI, en estos pueblos, que totalizaban aproximadamente 400.000 miembros, eran evidentes los vínculos con otras sociedades indígenas americanas. Esto generaba procesos de transformación, tanto por intentos de sometimiento político y cultural como por el desplazamiento de pueblos para ocupar nuevas áreas. De todo ese universo rico y variado, analizaremos algunos. Los diaguitas: agricultores del Noroeste En los valles y quebradas ubicados al pie de las montañas de las actuales provincias de La Rioja, Tucumán, Catamarca y parte de Salta, vivía un conjunto de pueblos diversos, pero con una lengua en común, a los que se denomina diaguitas. A semejanza de los pueblos andinos, practicaban la agricultura con andenes y riego artificial, complementada con la crianza de llamas y la recolección de frutos de algarroba. Los diaguitas estaban organizados en jefaturas que decidían en materia económica, política, y militar, y representaban la mayor concentración demográfica de nuestro actual territorio: ascendían aproximadamente a 200.000 miembros. Vivían en aldeas que tenían fuertes lazos comunitarios, reafirmados a partir de prácticas religiosas basadas en cultos a elementos naturales, como el Sol, y, especialmente, a la Madre Tierra o Pachamama, a la que ofrendaban el primer trago, bocado o fruto para asegurar la fertilidad y el buen parto de las mujeres. A partir de 1480, esta zona recibió claras influencias de los incas, que difundieron el quechua y construyeron una red de caminos protegidos con fortificaciones de piedra: los pucarás. * INCAS (Imperio de los): Poderoso imperio fundado en el siglo XII por una tribu de lengua quechua procedentes de la región del Titicaca, y que, en su apogeo (siglo XV), llegó a extenderse por la zona andina del S. de Colombia hasta el N. de Argentina y Chile. Los guaraníes: la vida en la selva Desde antes del 1000, un conjunto de pueblos con culturas de la selva y una lengua en común, el guaraní, comenzó a desplazarse desde las regiones amazónicas hasta la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay, a donde llegó hacia el 1100. Considerados en conjunto, los guaraníes eran muy numerosos ya que, hacia principios del siglo XV, ascendían a 1.500.000, divididos en varias tribus instaladas entre selvas y montes, que hoy se reparten la Argentina, Paraguay y Brasil. Eran comunidades de agricultores sedentarios que utilizaban la técnica de roza y quema para cultivar mandioca, batata, maíz, maní, porotos y zapallo. También pescaban con redes y arpones y recolectaban frutos silvestres, palmitos de palmera, miel de avispas y hojas de yerba mate. Estas hojas se molían, se mezclaban con agua fría o caliente en el interior de una calabaza vacía y la bebida obtenida se bebía chupando a través de una cañita hueca. Una idea central de su religión era la existencia de la “Tierra sin Mal”, especie de Paraíso terrenal sin dolor, sufrimiento ni injusticia. La búsqueda de esa tierra brindaba sentido a la vida de los guaraníes. La vida en las tolderías: los tehuelches Los tehuelches vivían en una amplia zona situada entre el sur de la Patagonia y la actual provincia de La Pampa. Armados de arcos y flechas con puntas de piedra y boleadoras, estos expertos cazadores recorrían largas distancias a pie (más de 2.500 km anuales), en un desplazamiento regular desde las costas a la montaña. A lo largo de este recorrido, seguían las huellas de los guanacos y los ñandúes. También atrapaban pumas, zorros y liebres. Como los tehuelches eran nómades, con pieles de guanaco y estacas de madera armaban toldos desmontables para facilitar los frecuentes traslados. Cada familia vivía en su toldo, a veces con los abuelos. Varias familias juntas podían compartir toldos más grandes que, en conjunto con otros, formaban la toldería. Los hombres de la tierra cercana al fin del mundo: onas y yámanas En la isla que en el siglo XVI los españoles llamaron Tierra del Fuego, por las fogatas que en las noches divisaban desde sus barcos, habitaron culturas muy diferentes. Los onas (o selk’nam, como se llamaban a sí mismos) eran parte del grupo tehuelche; se alimentaban con hierbas, huevos de aves y frutos que recolectaban, y cazaban guanacos. Para protegerse del frío, usaban mantos de pieles, desde el cuello hasta los tobillos, y se untaban el cuerpo y la cara con grasa de los animales mezclada con polvos de colores con los que pintaban dibujos que mostraban situaciones particulares de cada persona: si estaba de luto, si se casaba o si iba a la guerra. En el extremo sur de la isla, a orillas del canal de Beagle, se ubicaban los yámanas, que dependían del océano y sus recursos: pescaban diversas especies de peces, cazaban focas con arpones de hueso y recolectaban cangrejos y mejillones. CONTEXTO: *DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA: El hecho es que, en 1486, Cristóbal Colón les presentó el proyecto que había sido rechazado por Juan II de Portugal: llegar al extremo oriental de Asia navegando hacia el oeste. Isabel y Fernando lo escucharon atentamente pero desestimaron su plan. Colón no se dio por vencido y volvió a presentar su proyecto en 1492. En esta oportunidad, los Reyes Católicos decidieron apoyarlo y firmaron con él las llamadas Capitulaciones de Santa Fe, un contrato que establecía los derechos y obligaciones de cada parte. Colón sería almirante, virrey y gobernador de los territorios a los que llegase, y legaría ese título a sus sucesores. Aportaría la octava parte de los gastos de la expedición (el resto lo solventaría la Corona) y se quedaría con la octava parte de las ganancias que se obtuvieran. Conquista y sometimiento de los pueblos indígenas La conquista de la América indígena fue un largo y complejo proceso que, durante el siglo XVI, se caracterizó por los enfrentamientos constantes entre españoles e indígenas. Entre 1492 y 1519, se desarrolló una primera etapa de la Conquista durante la cual los españoles lograron dominar las islas del Caribe y Panamá. A partir de entonces y hasta 1530, grupos de españoles que partieron de Cuba sometieron el Imperio azteca –que cayó en 1521- y las ciudades mayas del Yucatán. Entre 1530 y 1550, se llevo a cabo la conquista del Imperio inca. Desde Panamá partieron Francisco Pizarro y sus hombres, quienes lograron tomar prisionero al emperador inca Atahualpa y, tras cobrar un valioso rescate en oro y plata, no dudaron en ejecutarlo. Poco después, ocuparon la ciudad de Cuzco. Las ocupaciones posteriores se hicieron a un ritmo más pausado, ya que los españoles priorizaron la explotación de las zonas que poseían metales preciosos y gran cantidad de indígenas que pudieran ser utilizados como mano de obra. Comenzó, entonces, el período de fundación de ciudades, a partir de lo cual se buscaba afianzar y reorganizar las zonas conquistadas. Las razones de la victoria española No resulta fácil explicar cómo, en muy poco tiempo, pequeños grupos de españoles lograron someter a sociedades tan complejas y numerosas como los aztecas y los incas. Sin embargo, un primer dato está claro. La dominación española se impuso con mayor rapidez en las sociedades indígenas que tenían un gobierno centralizado y gran diferenciación social con sectores campesinos acostumbrados al trabajo, como en el caso de los incas y los aztecas. Esto sucedía así ya que, una vez sometidos los sectores dominantes y controladas las principales ciudades y vías de comunicación, resultaba más sencillo reducir al resto de la población. En cambio, las comunidades indígenas en las que no existía un poder centralizado y que habitaban en zonas alejadas o de difícil acceso, como los chichimecas del norte de México o los tobas de las selvas chaqueñas, opusieron una mayor resistencia. La superioridad tecnológica de las armas de fuego y el uso del caballo, que ofrecía movilidad y que aterrorizaba a los indígenas, jugaron a favor de los conquistadores, quienes también supieron aprovechar los problemas internos, como en el caso del Imperio inca, en el cual Atahualpa y Huascar luchaban por el poder. Otro factor de peso fueron las creencias religiosas, como en el caso de los aztecas, que consideraban a los españoles como dioses que habían retornado a sus tierras luego de un largo exilio. El declive demográfico La mortandad de indígenas durante y después de la Conquista es un tema muy discutido, pero la mayoría de los investigadores considera que los veinticinco millones que vivían en la región central de México a la llegada de Cortés se redujeron a 1.000.000 de individuos para inicios del siglo XVII. En el caso de Perú, de los nueve o diez millones de habitantes que comprendía el Imperio inca que encontró Pizarro, sólo quedaban 1.600.000 habitantes en 1590. Si bien se conjugaron varios factores para provocar esta catástrofe demográfica, los historiadores sostienen que, en el 75% de los casos, la merma fue provocada por enfermedades contagiosas, como gripe, neumonía, viruela, sarampión y tifoidea, contra las cuales los organismos de los indígenas carecían de defensas. Lo anterior se combinó con la desnutrición y el trabajo forzado que, junto con la propagación del alcoholismo, contribuyeron a romper los vínculos entre cada individuo y su comunidad. Esta situación generó desánimo, falta de ganas de vivir y una merma significativa en el número de nacimientos. La cuestión del trato a los indígenas Durante la primera mitad del siglo XVI, los españoles debatieron reiteradamente acerca del trato que debía brindárseles a los indígenas sometidos en América. Mientras la mayoría sostenía que los indígenas eran inferiores a los europeos, lo que legalizaba su dominación, algunos sacerdotes consideraban necesario un acercamiento afectivo que favoreciera la evangelización, es decir su conversión al catolicismo. En un sermón pronunciado en la isla Española, en 1511, el sacerdote dominico fray Antonio de Montesinos denunció que los conquistadores cometían abusos contra los aborígenes y no cumplían el deber de evangelizarlos. Como una de las bases de la Conquista era la difusión del catolicismo, esta acusación cuestionaba la legitimidad de las acciones españolas en nuestro continente. En varias oportunidades, la Corona española analizó el problema. En 1550, convocó a una reunión para confrontar dos opiniones: la del jurista Ginés de Sepúlveda, que defendía la legitimidad de la Conquista y la esclavitud de los aborígenes, y la de fray Bartolomé de las Casas, quien afirmaba la naturaleza humana de los indígenas y proponía desarrollar una evangelización pacífica sin explotación. Luego de escuchar los argumentos de ambas partes, la Corona reconoció la humanidad de los indígenas. Sin embargo, los consideró en un estado de minoridad, por lo que requerían de la protección y el tutelaje de los españoles. Otros pueblos europeos que conquistaron zonas en América, como los portugueses y los ingleses, no se plantearon cuestionamientos de esta naturaleza. Directamente, consideraron a los indígenas como infieles a los que debían someter y exterminar. La ocupación de nuestro territorio El español Juan Díaz de Solís fue el primero que llegó al Río de la Plata en 1516, y pereció a manos de los indios. En 1520, Hernando de Magallanes exploró las costas y descubrió el estrecho que hoy lleva su nombre. Siguió viaje y murió, pero su compañero Juan S. Elcano completó la primera vuelta al mundo. El veneciano Sebastián Caboto se internó por el Paraná y fundó el fuerte de Sancti Spiritus, este fue el primer establecimiento español en lo que hoy día es la República Argentina. Con la conquista de zonas que corresponden a los actuales territorios chileno y argentino, la Conquista española en América alcanzó los límites que se mantendrían por más de 200 años: en el este, la región del Chaco y, al sur, la Patagonia y la Araucania, áreas que eran consideradas entonces como tierras inhóspitas y que, por eso, quedaron fuera del control hispano. En principio, los españoles intentaron conquistar el Río de la Plata directamente desde España. En 1536, Pedro de Mendoza, con una numerosa expedición, fundó la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, este asentamiento no prosperó debido a los ataques indígenas, la falta de alimentos y el aislamiento respecto de otros centros urbanos. Para 1541, los pocos sobrevivientes que quedaban la abandonaron y se refugiaron en Asunción, fundada en 1537 por Juan de Salazar y Gonzalo de Mendoza, ciudad que llegó a ser el centro de la colonización de toda la zona del Río de la Plata. Al irse, dejaron unos cien caballos y vacas que se multiplicarían en los campos bonaerenses. Desde Chile y Perú A partir de entonces, la ocupación de nuestro actual territorio fue consecuencia de las necesidades de los españoles asentados en las zonas chilena y peruana, especialmente del área minera de Potosí, que empezó a explotarse en 1545. Desde Santiago de Chile, partieron expediciones que, en 1553, fundaron Santiago del Estero, la primera ciudad estable en el actual territorio argentino. Posteriormente, establecieron las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luis. Por caminos construidos por los incas, ingresaron expediciones provenientes del Perú para explorar la región que más tarde se llamó el Tucumán, que comprendía la actual zona centro y noroeste del país. A partir de 1565, fundaron las ciudades de San Miguel de Tucumán y Córdoba. La franja territorial sobre la que se asentaban estos poblados presentaba serias dificultades por los levantamientos indígenas de calchaquíes y diaguitas, pero la fundación de Salta, La Rioja, San Fernando del Valle de Catamarca y San Salvador de Jujuy afianzó el poder español en el área y aseguró la comunicación con la zona andina. Una vez establecido un núcleo importante de ciudades, se hizo necesario conectar las zonas de Tucumán y Paraguay con una salida fácil y segura al océano Atlántico, además de frenar la creciente expansión portuguesa hacia el Río de la Plata. Por esa razón, Juan de Garay, con un grupo de españoles y mestizos provenientes de Asunción, fundó la ciudad de Santa Fe y, nuevamente, la de Buenos Aires, en lo que sería su emplazamiento definitivo. El criollo Hernando Arias de Saavedra, más conocido por Hernandarias, nombrado gobernador de La Asunción, descubrió los ríos Colorado y Negro y guerreó contra los indios de las pampas bonaerenses. Creyó conveniente dividir aquellos extensos territorios en dos gobernaciones: La Asunción o Paraguay y Buenos Aires o Río de la Plata (1617). Entre los gobernadores de Buenos Aires merecen citarse: Bruno Mauricio de Zabala, fundador en 1726 de la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos, que expulsó a los portugueses de la Colonia del Sacramento (1762); Francisco de Paula Bucareli, que arrebató las islas Malvinas a los ingleses que se habían adueñado de ellas. Las resistencias indígenas Durante mucho tiempo, los pueblos indígenas parecían haber desaparecido de los relatos históricos luego de la Conquista. Sin embargo, en los últimos cuarenta años, cambió la perspectiva de análisis. Entonces, se comenzaron a estudiar tanto las formas de resistencia de los indígenas como las transformaciones que registraron estas sociedades durante la dominación colonial. Contrariamente a lo que se tendía a destacar tradicionalmente, la resistencia de los indígenas a la dominación española fue una actitud bastante generalizada que adoptó distintas modalidades: rebeliones y enfrentamientos armados, hostigamientos constantes y sabotajes, y también acciones de resistencia pasiva, como la retirada a lugares inaccesibles de la selva y la negativa a realizar tareas ordenadas por los españoles. Las Guerras Calchaquíes La pérdida de tierras y la pretensión de imponer el trabajo obligatorio a los indígenas en beneficio de los españoles provocó una situación de enfrentamientos prolongados en el noroeste del actual territorio argentino. Estos enfrentamientos recibieron el nombre de Guerras Calchaquíes. Entre 1560 y 1563, tuvo lugar la primera insurrección, liderada por el cacique Juan Calchaquí, que logró ser sofocada por los conquistadores. Años más tarde, entre 1630 y 1643, se produjo un segundo alzamiento indígena, durante el cual los aborígenes atacaron poblados del área. Por último, entre 1656 y 1665, tuvo lugar un levantamiento encabezado por el español Pedro Bohórquez, apodado el falso Inca. Tras la derrota de los indígenas, comenzó a afianzarse el predominio español en la región, ya que más de 10.000 hombres, mujeres y niños del grupo de los Quilmes fueron deportados desde los Valles Calchaquíes hasta una zona ubicada al sur de la ciudad de Buenos Aires, donde se levantó una reducción. Esa reducción fue el origen de la ciudad bonaerense de Quilmes. La Guerra del Arauco Luego de fundar Santiago de Chile, en 1540, los españoles avanzaron cada vez más al sur hasta llegar a la región del Arauco, donde habitaban numerosos grupos indígenas, a los que llamaron araucanos. En 1550, Pedro de Valdivia instaló el fuerte La Concepción a orillas del río Bío Bío y, desde allí, intentó dominar a los araucanos. Si bien algunos grupos se sometieron, otro, el de los denominados mapuches, continuó la resistencia y, dirigido por el cacique Lautaro, llegó incluso a dar muerte a Valdivia en 1553 y en posteriores guerras impidieron el avance extranjero al sur de Chile hasta 1885. Durante el siglo XVII, los mapuches, presionados por los españoles, cruzaron la Cordillera de los Andes y comenzaron a incursionar en la región pampeana y en el norte de la Patagonia. Lo que en un principio fue presencia esporádica, se convirtió, durante el siglo XVII, en una masiva invasión e instalación definitiva.

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Jesús es procesado ante el gobernador romano
InfoporAnónimo9/24/2018

Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Ahí empezaron a acusarlo, diciendo: <<Hemos comprobado que este hombre es un agitador. No quiere que se paguen los impuestos al César y se hace pasar por el rey enviado por Dios.>> Pilato, pues, lo interrogó en estos términos: <<¿Eres tú el rey de los judíos?>>Jesús le contestó: <<Tú eres el que lo dice.>> Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la multitud: <<Yo no veo delito alguno en este hombre.>> Pero ellos insistieron: <<Está alborotando al pueblo y difunde su doctrina por todo el país de los judíos. Comenzó por Galilea y ha llegado hasta aquí.>> Pilato preguntó entonces si el hombre era galileo. Cuando supo que Jesús era de la provincia encargada al rey Herodes, se lo mandó, ya que Herodes se encontraba también en Jerusalén en esos días. Al ver a Jesús, Herodes se alegró mucho, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo por lo que oía hablar de él; y también esperaba que Jesús hiciera algún milagro en su presencia. Por eso le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le contestó nada. Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley estaban presentes y no se cansaban de acusarlo. Herodes con sus guardias los trató con desprecio. Le puso por burla un manto blanco y lo envió de vuelta a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, de enemigos que eran, se quedaron amigos. Pilato reunió a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de los judíos y al pueblo. Les dijo: <<Ustedes me presentaron a este hombre acusándolo de agitador. Lo interrogué personalmente delante de ustedes, pero no lo hallé culpable de ninguno de los crímenes de que lo acusan. Ahora tampoco Herodes lo juzgó culpable, puesto que me lo mandó de vuelta. Como ustedes ven, en todo lo que hizo no hay ningún crimen que merezca la muerte. Así es que, después de castigarlo, lo dejare libre.>> Pero ellos se pusieron a gritar todos juntos: <<Mátalo a él y deja libre a Barrabás.>> Este Barrabás había sido encarcelado por asesinato en un disturbio sucedido en Jerusalén. Pilato, que quería dejar libre a Jesús, les dirigió de nuevo la palabra. Pero ellos le gritaban: <<Crucifícalo, crucifícalo.>> Por tercera vez les dijo: <<Pero ¿qué mal ha hecho este hombre? No encontré nada en su asunto que mereciera la muerte. Por eso no haré más que castigarlo y lo soltaré.>> Pero ellos insistían con grandes gritos pidiendo que fuera crucificado, y el clamor iba en aumento. Entonces Pilato pronunció la sentencia que ellos reclamaban. Luego soltó al que estaba preso por agitador y asesino, según ellos mismos exigían, y dejó que trataran a Jesús como quisieran. Lucas 23 1-24

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Época de los patriotas. Historia argentina p2
InfoporAnónimo9/26/2018

ÉPOCA DE LOS PATRIOTAS Los firmantes del acta La decisiva declaración de la Independencia estuvo en manos de estos hombres. Éstos son los 29 diputados que firmaron el Acta de la Independencia el 9 de julio de 1816: Francisco de Laprida: Diputado por San Juan. Según los turnos mensuales rotativos le tocó ser Presidente del Congreso el mes que se declaró la Independencia. Era abogado. Había vivido varios años en Buenos Aires. Su tendencia era centralista. Manuel Acevedo: Diputado por Catamarca. Era sacerdote. Durante la discusión de la forma de gobierno defendió la monarquía. Apoyó a Belgrano en su propuesta de coronar a un descendiente de los Incas. Tomás de Anchorena: Diputado por Buenos Aires. Era Doctor en Leyes. Se opuso a Belgrano y a Acevedo en cuanto a la forma de gobierno. Él proponía una federación de provincias, porque un poder central y único no podría, según él, gobernar sobre gente tan diversa a lo largo de un país tan grande. Pedro Aráoz: Diputado por Tucumán. Sacerdote y Doctor en Teología. Colaboró con Belgrano en el Ejército del Norte. Fue redactor del primer periódico de su provincia. Mariano Boedo: Diputado por Salta. Era abogado. Fue compañero y amigo de Mariano Moreno en la Universidad de Chuquisaca. Eduardo Pérez Bulnes: Diputado por Córdoba. Cuando el Congreso decidió trasladarse a Buenos Aires él se negó. Por esa razón fue despedido de regreso a su provincia. José Cabrera: Diputado por Córdoba. Licenciado en Derecho. Tampoco se trasladó a Buenos Aires con el Congreso. Pedro Castro Barros: Diputado por La Rioja. Era sacerdote. Fue Rector de la Universidad Córdoba. José Columbres: Diputado por Catamarca. Era sacerdote. En realidad había nacido en Tucumán, donde fue ministro varias veces. José Darregueira: Diputado por Buenos Aires. Doctor en Leyes, recibido en la Universidad Chuquisaca. Pedro Gallo: Diputado por Santiago del Estero. Era sacerdote. Esteban Gascón: Diputado por Buenos Aires. Nació en Oururo, Alto Perú en esa época. Era Doctor en Derecho recibido en Chuquisaca. Tomás Godoy Cruz: Diputado por Mendoza. Tenía 25 años de edad y era el más joven del Congreso. Era bachiller en Filosofía y Leyes. Recibía las cartas que enviaba su amigo San Martín a Tucumán, apoyando la independencia, y las leía ante los congresales. José de Gorriti: Diputado por Salta. Doctor en Derecho. Colaboró con el Ejército del Norte y dio ayuda a Güemes. José Malabia: Diputado por Charcas. Doctor en leyes. Uno de los pocos altoperuano que pudieron llegar al Congreso. Juan Maza: Diputado por Mendoza. Doctor en Derecho. Fue presidente del Congreso en Buenos Aires. Cooperó con San Martín en la formación del Ejército de los Andes. Pedro Medrano: Diputado por Buenos Aires. Doctor en Leyes de la Universidad de Charcas. José Pacheco de Melo: Diputado por Chichas (Alto Perú). Era sacerdote. Compañero y amigo de Güemes. Juan José Paso: Diputado por Buenos Aires. Era abogado. En 1816 tenía 58 años de edad y mucha experiencia política: integró la Primera Junta, la Junta Grande, los dos Triunviratos y la Asamblea del año XIII. Fue Secretario de este Congreso y leyó el Acta de 9 de julio ante los congresales. Pedro de Rivera: Diputado por Mizque (Alto Perú). Doctor en Derecho y militar. Fray José Cayetano Rodríguez: Diputado por Buenos Aires. Era fraile, poeta y periodista. Le encargaron la tarea de redactar todos los días el Diario de Sesiones del Congreso, donde tenía que anotar los temas tratados, el desarrollo de las discusiones y las decisiones. Antonio Sáenz: Diputado por Buenos Aires. Era sacerdote y abogado. Presidió el Congreso durante la sanción de la Constitución del 19. Jerónimo Salguero: Diputado por Córdoba. Doctor en Derecho. Fue Tesorero de la Casa de Moneda de Buenos Aires en 1819. Teodoro Sánchez de Bustamante: Diputado por Jujuy. Doctor en Leyes. Secretario del Ejército del Norte. Mariano Sánchez de Loria: Diputado por Charcas (Alto Perú). Era abogado. Se trasladó a Buenos Aires con el Congreso. Fray Justo Santa María de Oro: Diputado por San Juan. Fraile y Doctor en Teología. Cuando se discutió la forma de gobierno propuso consultar con todas las provincias cuidadosamente. Él, por su parte, defendió el sistema republicano, aunque en posteriores sesiones cambió de opinión y apoyó el monarquismo. José Serrano: Diputado por Charcas. Abogado. Fue miembro de la Asamblea de 1813. José Thames: Diputado por Tucumán. Sacerdote y Doctor en Teología. Pedro Uriarte: Diputado por Santiago del Estero. Sacerdote y Doctor en Teología. Fue diputado de la Junta Grande en 1811. El Libertador El desorden reinaba en las Provincias de la actual Argentina, hasta tal punto, que el día de la muerte de Belgrano (20 de junio 1820) Buenos Aires tuvo tres gobernadores. Por esos días José de San Martín preparaba un ejército destinado a liberar Chile y Perú. Atravesó los Andes, derrotó a los españoles en Chacabuco (1817) y entró victorioso en Santiago de Chile. El pueblo chileno le ofreció el Gobierno del país, pero él declinó el ofrecimiento en la persona de Bernardo O’Higgins. Los realistas continuaban, no obstante, ofreciendo dura resistencia, y en Cancha Rayada infligieron una severa derrota a las huestes argentinochilenas. Pero San Martín supo reorganizar su ejército, y el 5 de abril de 1818 cayó sobre los españoles en Maipú y obtuvo una memorable victoria que selló la independencia definitiva de Chile. Los realistas se retiraron al Perú, último bastión español en el continente. Prosiguió San Martín su campaña libertadora, para lo cual desembarcó en Pisco (Perú) en 1820. Tras sus victorias en Nazca y Pasco, entró en Lima el 9 de julio de 1821 y proclamó la independencia de este país, del cual fue nombrado Protector. El 26 de junio del año siguiente celebró la histórica entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, el Libertador epónimo. Por diversas razones políticas no pudo San Martín residir en Chile ni en Argentina. Se embarcó para Europa, donde permaneció hasta su muerte, ocurrida el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer (Francia). * EN EL CAMPO DE BATALLA: “Chilenos: Uno de aquellos acasos que no es dable al hombre evitar, hizo sufrir a nuestro ejército un contraste. Era natural que este golpe inesperado y la incertidumbre os hicieran vacilar; pero ya es tiempo de volver sobre nosotros mismos y observar que el ejército de la patria se sostiene con la gloria al frente del enemigo; que vuestros compañeros de armas se reúnen apresuradamente y que no son inagotables los recursos del patriotismo. Yo dejo en marcha una fuerza de más de 4.000 hombres, sin contar las milicias. La patria existe y triunfará, y yo empeño mi palabra de honor de dar en breve un día de gloria a la América del Sur”. San Martín. (Arenga al pueblo de Chile después de la derrota de Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818).

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