Después de tantas señales milagrosas que Jesús había hecho delante de ellos, los judíos no creyeron en él. Tenía que cumplirse lo escrito por Isaías: Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién descubriste los secretos de nuestra salvación?
Así es que no se pudieron convencer: Isaías lo dice en otro lugar:
<<Se cegaron sus ojos y se endureció su corazón, para no ver ni comprender; no quieren convertirse a Mí, ni que yo los sane.
Esto dijo Isaías porque vio su Gloria y de Él habló.
A pesar de todo, muchos creyeron en él, aun entre los jefes; pero no se atrevían a profesar en público su fe por miedo a que los fariseos los echaran fuera. Prefirieron ser considerados por los hombres antes que glorificados por Dios.
Jesús clamó con voz fuerte: <<El que cree en mí, en realidad no cree en mí sino en aquel que me ha enviado. El que me ve, ve al que me envía.
Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. Al que escucha mi Palabra pero no obedece, no seré yo quien lo condene, porque yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo.
El que me desprecia y no hace caso de mi Palabra, tiene quien lo juzgue y condene: será mi propia Palabra; ella lo juzgará el último día.
Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su decreto es vida eterna, y entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre.>>
Juan 12 37-50
Así es que no se pudieron convencer: Isaías lo dice en otro lugar:
<<Se cegaron sus ojos y se endureció su corazón, para no ver ni comprender; no quieren convertirse a Mí, ni que yo los sane.
Esto dijo Isaías porque vio su Gloria y de Él habló.
A pesar de todo, muchos creyeron en él, aun entre los jefes; pero no se atrevían a profesar en público su fe por miedo a que los fariseos los echaran fuera. Prefirieron ser considerados por los hombres antes que glorificados por Dios.
Jesús clamó con voz fuerte: <<El que cree en mí, en realidad no cree en mí sino en aquel que me ha enviado. El que me ve, ve al que me envía.
Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. Al que escucha mi Palabra pero no obedece, no seré yo quien lo condene, porque yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo.
El que me desprecia y no hace caso de mi Palabra, tiene quien lo juzgue y condene: será mi propia Palabra; ella lo juzgará el último día.
Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su decreto es vida eterna, y entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre.>>
Juan 12 37-50