La_vida_tombola
Usuario (Argentina)

HOLA A TODOSUn compilado con los que para mi son los 15 mejores discursos de la redDiscursos memorables, tanto de relevancia nacional como mundial... Espero que les guste...Aca les va la recopilaciónNelson Mandela ''Nuestro miedo más profundo''Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?Eres hijo del universo.El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás."Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.Tengo un sueño - Martin Luther King, Jr.link: http://www.youtube.com/v/XlF_4iD9j0oKennedy anuncia que el hombre ira a la Lunalink: http://www.youtube.com/v/cztOgxnTZOU¡No pasarán! Dolores Ibarruri ''La Pasionaria''http://www.youtube.com/v/FMDDjln8qC8Madrid será la tumba del fascismo...Che Guevara ''La esperanza de un mundo mejor''link: http://www.youtube.com/v/I1S7AEnIvWUUltimo Discurso de Salvador Allendelink: http://www.youtube.com/v/xZeEfXjTNu4El discurso del presidente se da mientras se lo intenta despojar del poder, poco después, Allende muere defendiendo el Palacio de la Moneda. En el Golpe que impondra a Pinochet por décadas. Eva Ultimo Discurso link: http://www.youtube.com/v/X88Cg_3CXDUFelices Pascuas... La casa está en ordenlink: http://www.youtube.com/v/D2L0_bZwKJoDeclaracion de La Habanalink: http://www.youtube.com/watch?v=-jVGZUsc92oMalcolm X "Revolución Mundial en marcha"link: http://www.youtube.com/watch?v=bj7ONJzzbiMVladimir Lenin "Nuestro Programa"http://www.retoricas.com/2009/07/nuestro-programa-discurso-lenin-1899.htmlM. Gorvachov ante la ONU anunciando el desarme de Rusia y la defensa de la desmilitarización de las relaciones internacionales (1988)http://constitucionweb.blogspot.com/2010/03/discurso-de-m-gorvachov-ante-la-onu.htmlDiscurso de Golda Meir ''Salvando Israel salvaremos al pueblo judío''Acá la vieja defiende la creación del estado judío... lo pongo por que aporta para entender el problema en Palestina y conocer la postura judíahttp://constitucionweb.blogspot.com/2010/03/discurso-de-golda-meir-en-chicago.htmlKennedy "Una ola de esperanza"link: http://www.youtube.com/watch?v=JC8RlzUG3v0Si querés mas discursos: aca les dejo links GANDHI: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Mahatma%20GandhiMALCOLM X: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Malcolm%20XSALVADOR ALLENDE: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Allende%20Salvador%20-%20Discursos%20Pol%C3%ADticosABRAHAN LINCOLN: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Abraham%20LincolnFIDEL CASTRO: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Fidel%20CastroKENNEDY: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Robert%20F.%20KennedyERNESTO CHE GUEVARA: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Ernesto%20%22Che%22%20GuevaraFERNANDO DE LA RUA: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Fernando%20de%20la%20RuaLENIN: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20LeninMAO: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Mao%20Tse%20TungNELSON MANDELA: http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Mao%20Tse%20TungHUGO CHAVEZ:http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Chavez%20Hugo%20-%20Discursos%20y%20DocumentosJOSEF STALIN:http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Josef%20StalinRAUL ALFONSIN:http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Ra%C3%BAl%20R.%20Alfons%C3%ADnSIMON BOLIVAR:http://constitucionweb.blogspot.com/search/label/Discursos%20Hist%C3%B3ricos:%20Sim%C3%B3n%20Bol%C3%ADvarEL QUE NO COMENTA...RECOMIENDA
Hola a todos!!! aca les traigo una recopilacion hecha con las mejores frases sobre la Guerra, espero que les guste: para pensar... No sé con qué armas se luchara en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y mazas. Albert Einstein La guerra solo es deliciosa para aquellos que no la han experimentado Erasmo de Rotterdam Con el submarino ya no habrá mas batallas navales, y como se seguirán inventando instrumentos de guerra cada vez mas perfeccionados y terroríficos, la guerra misma será imposible. Julio Verne Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren. Jean Paul Sartre El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad. John Fitzgerald Kennedy Una buena causa no hace que la guerra sea justa. Frank Herbert Una guerra nunca resuelve problema alguno. No hace sino plantear otros nuevos. Winston Churchill La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz. Thomas Mann La guerra es desatar con los dientes un nudo político que no se puede deshacer con la lengua. Ambrose Bierce Los patriotas hablan de morir por su pais pero nunca de matar por su pais. Bentrand Russel El patriotismo en el campo de batalla consiste en conseguir que otro desgraciado muera por su país antes de que consiga que tu mueras por el tuyo. George S. Patton La guerra es la mejor escuela del cirujano. Hipócrates La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos. Jean Le Rond D' Alembert Explícame tú quién gana cuando se acaba la guerra. A los muertos los entierran: ganadores, perdedores, da igual del bando que sean. Ismael Serrano EL ARTE DE LA GUERRA Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla. Las armas son instrumentos fatales que solamente deben ser utilizadas cuando no hay otra alternativa. Cuando se está cerca, se debe parecer lejos, cuando se está lejos, se debe parecer cerca. Se muestran carnadas para incitar al enemigo. Se finge desorden y se lo aplasta. Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas. Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti. Sun Tzu. Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados. San Martin Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero. No debes luchar muy a menudo con un enemigo, o le enseñarás todo tu arte bélico Napoleon Bonaparte La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido. Friedrich Nietzsche Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción Isaac Asimov Nunca creeré que los poderosos, los políticos y los capitalistas sean los únicos responsables de la guerra. No, el hombre común y corriente, también se alegra de hacerla. Si así no fuera, hace tiempo que los pueblos se habrían rebelado. Ana Frank Hay un cementerio en el norte de Francia en el que están enterrado todos los chicos del Día D. Las cruces blancas cubren el horizonte de punta a punta. Recuerdo haberlas visto y haber pensado que estaba en un bosque de tumbas. Pero las tumbas estaban colocadas con una geometría perfecta, totalmente rectas, por lo que al fin y al cabo no era un bosque si no un huerto de tumbas. Nada que ver con la naturaleza, salvo que tengas en cuenta la naturaleza humana. Barbara Kingsolver Todas las guerras son guerras civiles, porque todos los hombres son iguales Francois Fenelon "¿Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es Napalm hijo. Nada en el mundo huele así. ¡Me encanta el olor a napalm por la mañana! Un día bombardeamos una colina durante 12 horas. Cuando todo acabó, subí. No encontramos ni uno. Ni un sólo cadáver apestoso de esos jodidos chinos. ¡Ese olor, ese olor a gasolina quemada! Olía a... victoria." Teniente Coronel Bill Kilgore Si los soldados empezaran a pensar, ninguno seguiría en el ejército Una era construye ciudades. Una hora las destruye Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo Las guerras continuarán existiendo mientras el color de la piel sea más importante que el de los ojos La guerra es el fruto de la debilidad y la necedad de los pueblos por que si no...
Guía de estudio para el MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA de C. Marx y F. Engels Lectura preparatoria: Un bosquejo anterior: Principios del Comunismo (noviembre de 1847) I: BURGUESES Y PROLETARIOS Personajes: Metternich, Guizot, Morgan. Términos: Clases y lucha de clases, Sociedad feudal, Burguesía, Proletariado, Libre comercio, Mercado, Comodificación, Capital, Fuerzas productivas. Preguntas para discusión: 1. ¿Por qué y cómo Marx y Engels alaban al Capitalismo en éste capítulo? 2. La palabra "mercantilización" no fue inventada sino recientemente pero, ¿crees que éste capítulo está hablando de mercantilización? 3. ¿Qué nos dice el Manifiesto acerca de cómo cambia el proletariado al desarrollarse el Capitalismo y al hacer la revolución? 4. ¿Qué están diciendo Marx y Engels acerca de la "globalización" en éste capítulo? II: PROLETARIOS Y COMUNISTAS Términos: Partido, Sectarismo, Estado, Propiedad, Propiedad privada, Libertad, Trabajo asalariado, Individualismo, Liberación femenina, Democracia, Socialismo. Preguntas para discusión: 1. ¿Qué quieren decir Marx y Engels con que los comunistas no forman un partido separado? 2. ¿Qué quieren decir Marx y Engels con abolición de la propiedad privada y cómo responden a las varias críticas a éste programa? 3. ¿Qué quiere decir el Manifiesto con "la conquista de la democracia"? 4. Stalin afirmó que el programa de 10 puntos había sido alcanzado en la Unión Soviética a mediados de los 1930s. ¿Crees que es válida ésta afirmación? 5. ¿Cuántos de los 10 puntos del programa han sido alcanzados por la clase obrera de tu país? Si algunos de los puntos han sido logrados bajo el capitalismo, ¿qué te dice éste hecho acerca del Manifiesto Comunista? ¿Por qué es que algunos puntos han sido, por lo menos, parcialmente logrados y otros, sin embargo,parecen tan lejanos como siempre? 6. ¿Qué crees que haría un anarquista o un reformista con la última parte de éste capítulo? ¿Crees que concordarían, y si no, por qué? 7. ¿Cómo describirías el concepto de Libertad propuesto en éste capítulo? III: LITERATURA SOCIALISTA Y COMUNISTA Términos: Reformismo, Clase media, Pequeña burguesía, Utopía, División del trabajo. Preguntas para discusión: 1. ¿Qué tipo de crítica hacían al capitalismo los “socialistas feudales” y cómo reconocerías hoy una crítica de éste tipo? 2. ¿Qué tipo de “Socialismo” se imaginan los “socialistas pequeño-burgueses y cómo reconocerías hoy cualquier partido como éste? 3. ¿Cuáles son los errores del “socialismo verdadero” y cómo reconocerías alguno semejante hoy? IV: ACTITUD DE LOS COMUNISTAS RESPECTO DE LOS DIFERENTES PARTIDOS DE OPOSICION Términos: Cartistas, Socialdemocracia. Preguntas para discusión: 1. ¿Qué cambios importantes se hicieron al Manifiesto en 1872 y qué acontecimiento provocó tal enmienda? 2. ¿Còmo aprecian Marx y Engels las oportunidades del Comunismo en Alemania, Inglaterra, los Estados Unidos y Rusia? PREFACIOS A VARIAS EDICIONES Para mayor lectura: Sobre la época en que se redactó el Manifiesto: La Revolucion de Junio (1848) (en inglés) Un esbozo de la perspéctiva histórica: La ideologia alemana.
IR A LA PRIMERA PARTE El fascismo y el New Deal Hoy día hay dos sistemas que rivalizan en el mundo para salvar al capital históricamente condenado a muerte: son el fascismo y el New Deal (Nuevo Pacto). El fascismo basa su programa en la demolición de las organizaciones obreras, en la destrucción de las reformas sociales y en el aniquilamiento completo de los derechos democráticos, con objeto de impedir la resurrección de la lucha de clases del proletariado. El Estado fascista legaliza oficialmente la degradación de los trabajadores y el empobrecimiento de las clases medias en nombre de la salvación de la "nación" y de la "raza", nombres presuntuosos para designar al capitalismo en decadencia. La política del New Deal, que trata de salvar a la democracia imperialista por medio de regalos a los trabajadores y a la aristocracia rural, sólo es accesible en su gran amplitud a las naciones verdaderamente ricas, y en tal sentido es una política norteamericana por excelencia. El gobierno norteamericano ha tratado de obtener una parte de los gastos de esa política de los bolsillos de los monopolistas, exhortándoles a aumentar los salarios, a disminuir la jornada de trabajo, a aumentar la potencialidad de compra de la población y a extender la producción. León Blum intentó trasladar ese sermón a Francia, pero en vano. El capitalista francés, como el norteamericano, no produce por producir, sino para obtener beneficios. Se halla siempre dispuesto a limitar la producción, e inclusive a destruir los productos manufacturados, si como consecuencia de ello aumenta su parte en la renta nacional. El programa del New Deal muestra su mayor inconsistencia en el hecho de que, mientras predica sermones a los magnates del capital sobre las ventajas de la abundancia sobre la escasez, el gobierno concede premios para reducir la producción. ¿Es posible una confusión mayor? El gobierno refuta a sus críticos con este desafío: ¿Podéis hacerlo mejor? Todo esto significa que en la base del capitalismo ya no hay esperanza alguna. Desde 1933, es decir en el curso de los últimos seis años, el gobierno federal, los diversos estados y las municipalidades de los Estados Unidos han entregado a los desocupados cerca de 15.000 millones de dólares como ayuda, cantidad completamente insuficiente por sí misma y que sólo representa una pequeña parte de la pérdida de salarios, pero al mismo tiempo, teniendo en cuenta la renta nacional en decadencia, una cantidad colosal. Durante 1938, que fue un año de relativa reacción económica, la deuda nacional de los Estados Unidos aumentó en 2.000 millones de dólares, y como ya ascendía a 38.000 millones de dólares, llegó a ser superior en 12.000 millones de dólares a la mayor del final de la guerra. En 1939 pasó muy pronto de los 40.000 millones de dólares. ¿Y entonces, qué? La deuda nacional creciente es, por supuesto, una carga para la posteridad. Pero el mismo New Deal sólo era posible gracias a la tremenda riqueza acumulada por las pasadas generaciones. Únicamente una nación muy rica puede llevar a cabo una política económica tan extravagante. Pero ni siquiera esa nación puede seguir viviendo indefinidamente a expensas de las generaciones anteriores. La política del New Deal, con sus éxitos ficticios y su aumento real de la deuda nacional, tiene que culminar necesariamente en una feroz reacción capitalista y en una explosión devastadora del capitalismo. En otras palabras, marcha por los mismos canales que la política del fascismo. ¿Anomalía o norma? El Secretario del Interior de los Estados Unidos, Mr. Harold L. Ickes, considera como "una de las más extrañas anomalías en toda la historia" que los Estados Unidos, democráticos en la forma, sean autocráticos en sustancia: "América, la tierra de la mayoría fue dirigida, por lo menos hasta 1933 (!) por los monopolios, que a su vez son dirigidos por un pequeño número de accionistas". La diagnosis es correcta, con la excepción de la insinuación de que con el advenimiento de Roosevelt ha cesado o se ha debilitado el gobierno del monopolio. Sin embargo, lo que Ickes llama "una de las más extrañas anomalías de la historia" es en realidad la norma incuestionable del capitalismo. La dominación del débil por el fuerte, de los muchos por los pocos, de los trabajadores por los explotadores es una ley básica de la democracia burguesa. Lo que distingue a los Estados Unidos de los otros países es simplemente el mayor alcance y la mayor perversidad de las contradicciones de su capitalismo. La carencia de un pasado feudal, la riqueza de recursos naturales, un pueblo enérgico y emprendedor, todos los prerrequisitos que auguraban un desarrollo ininterrumpido de la democracia, han traído como consecuencia una concentración fantástica de la riqueza. Con la promesa de emprender la lucha contra los monopolios hasta triunfar sobre ellos, Ickes se vuelve temerariamente hacia Thomas Jefferson, Andrew Jackson, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson como predecesores de Franklin D. Roosevelt. "Prácticamente todas nuestras más grandes figuras históricas —dijo el 30 de diciembre de 1937— son famosas por su lucha persistente y animosa para impedir la superconcentración de la riqueza y el poder en unas pocas manos". Pero de sus mismas palabras se deduce que el fruto de esa "lucha persistente y animosa" es el dominio completo de la democracia por la plutocracia. Por alguna razón inexplicable Ickes piensa que la victoria está asegurada en la actualidad con tal de que el pueblo comprenda que la lucha no es "entre el New Deal y el término medio de los hombres de negocios cultos, sino entre el New Deal y los "Borbones" de las sesenta familias que han mantenido al resto de los hombres de negocios de los Estados Unidos bajo el terror de su dominio". Este orador autorizado no nos explica cómo se arreglaron los "Borbones" para subyugar a todos los hombres de negocios cultos a pesar de la democracia y de los esfuerzos de las "más grandes figuras históricas". Los Rockefeller, los Morgan, los Mellon, los Vanderbilt, los Guggenheim, los Ford y compañía no invadieron a los Estados Unidos desde afuera, como Córtes invadió México; nacieron orgánicamente del pueblo, o más precisamente de la clase de los "industriales y hombres de negocios cultos", y se convirtieron, de acuerdo con el pronóstico de Marx, en la cumbre natural del capitalismo. Desde el momento en que una democracia joven y fuerte en el apogeo de su vitalidad era incapaz de contener la concentración de la riqueza cuando el proceso se hallaba todavía en su comienzo, es imposible creer ni siquiera por un minuto que una democracia en decadencia sea capaz de debilitar los antagonismos de clase que han llegado a su límite máximo. De cualquier modo, la experiencia del New Deal no da pie para semejante optimismo. Al refutrar los cargos del gran comercio contra el gobierno, Robert H. Jackson, alto personaje de los círculos de la administración, demostró con cifras que durante el gobierno de Roosevelt los beneficios de los magnates del capital alcanzaron alturas con las que ellos mismos habían dejado de soñar durante el último período de la presidencia de Hoover, de lo cual se deduce en todo caso que la lucha de Roosevelt contra los monopolios no ha sido coronada con un éxito mayor que la de todos sus predecesores. Traer de vuelta el pasado No se puede menos que estar de acuerdo con el profesor Lewis W. Douglas, el primer Director de Presupuestos en la administración de Roosevelt, cuando condena al gobierno por "atacar el monopolio en un campo mientras fomenta el monopolio en otros muchos". Sin embargo, no puede ser de otra manera dada la naturaleza de las cosas. Según Marx, el gobierno es el comité ejecutivo de la clase gobernante. Hoy día los monopolistas constituyen la sección más poderosa de la clase gobernante. Ningún gobierno se halla en situación de luchar contra el monopolio en general, es decir contra la clase en cuyo nombre gobierna. Mientras ataca a una fase del monopolio se halla obligado a buscar un aliado en otras fases del monopolio. Unido con los bancos y con la industria ligera puede descargar golpes contra los trusts de la industria pesada, los cuales, entre paréntesis, no dejan de cosechar por ese motivo beneficios fantásticos. Lewis Douglas no contrapone la ciencia al charlatanismo oficial, sino simplemente otra clase de charlatanismo. Ve la fuente del monopolio no en el capitalismo sino en el proteccionismo y, de acuerdo con eso, descubre la salvación de la sociedad no en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, sino en la rebaja de los derechos de aduana. "A menos que se restaure la libertad de los mercados —predice— es dudoso que la libertad de todas las instituciones (empresas, discursos, educación, religión) pueda sobrevivir". En otras palabras, sin el restablecimiento de la libertad del comercio internacional, la democracia, dondequiera y en cualquier extensión que haya sobrevivido, debe ceder a una dictadura revolucionaria o fascista. Pero la libertad del comercio internacional es inconcebible sin la libertad de comercio interno, es decir sin la competencia. Y la libertad de la competencia es inconcebible bajo el dominio del monopolio. Por desgracia, Mr. Douglas, lo mismo que Mr. Ickes, lo mismo que Mr. Jackson, no se ha molestado en darnos su receta contra el capitalismo monopolista y en consecuencia contra una revolución o un régimen totalitario. La libertad de comercio, como la libertad de competencia, como la prosperidad de la clase media, pertenecen al pasado irrevocable. Traer de vuelta el pasado es ahora la única prescripción de los reformadores democráticos del capitalismo: traer de vuelta más "libertad" a los industriales y hombres de negocios pequeños y medianos, cambiar en su favor el sistema de crédito y de moneda, liberar el mercado del dominio de los trusts, eliminar a los especuladores profesionales de la Bolsa, restaurar la libertad del comercio internacional, y así por el estilo, ad infinitum. Los reformadores sueñan incluso con limitar el uso de las máquinas y decretar la proscripción de la técnica, que perturba el equilibrio social y causa muchas preocupaciones. Los científicos y el marxismo Hablando en defensa de la ciencia el 7 de diciembre de 1937, el doctor Robert A. Milikan, uno de los principales físicos norteamericanos, observó: "Las estadísticas de los Estados Unidos demuestran que el porcentaje de la población empleada ventajosamente ha aumentado constantemente durante los últimos cincuenta años, en los que la ciencia ha sido aplicada más rápidamente". Esta defensa del capitalismo bajo la apariencia de defender a la ciencia no puede llamarse afortunada. Precisamente durante el último medio siglo es cuando se "ha roto el eslabón de los tiempos" y se ha alterado agudamente la relación entre la economía y la técnica. El período a que se refiere Milikan incluye el comienzo de la declinación capitalista así como la cumbre de la prosperidad capitalista. Ocultar el comienzo de esa declinación, que alcanza al mundo entero, es proceder como un apologista del capitalismo. Rechazando el socialismo de una manera improvisada con la ayuda de argumentos que apenas harían honor inclusive a Henry Ford, el doctor Milikan nos dice que ningún sistema de distribución puede satisfacer las necesidades del hombre sin aumentar la esfera de la producción. ¡Indudablemente! Pero es una lástima que el famoso físico no explique a los millones de norteamericanos desocupados cómo han de participar en el aumento de la fortuna nacional. La predicación abstracta sobre la virtud salvadora de la iniciativa individual y la alta productividad del trabajo, no podrá seguramente proporcionar empleos a los desocupados, no cubrirá el déficit del presupuesto, no sacará a los negocios de la nación del callejón sin salida. Lo que distingue a Marx es la universalidad de su genio, su capacidad para comprender los fenómenos y los procesos de los diversos campos en su relación inherente. Sin ser un especialista en las ciencias naturales, fue uno de los primeros en apreciar la importancia de los grandes descubrimientos en ese terreno: por ejemplo, la teoría del darwinismo. Marx estaba seguro de esa preeminencia no tanto en virtud de su intelecto sino en virtud de su método. Los científicos de mentalidad burguesa pueden pensar que se hallan por encima del socialismo: sin embargo, el caso de Robert Milikan no es sino uno de los muchos que confirman que en la esfera de la sociología sigue habiendo charlatanes incurables. Las posibilidades de produccion y la propiedad privada En su mensaje al Congreso a comienzos de 1937, el presidente Roosevelt expresó su deseo de aumentar las rentas nacionales a 91.000 millones de dólares, sin indicar, sin embargo, cómo. Por sí mismo, ese programa era excesivamente modesto. En 1929, cuando había aproximadamente dos millones de desocupados, la renta nacional alcanzó a 81.000 millones de dólares. Poniendo en movimiento las actuales fuerzas productivas, no debiera bastar con realizar el programa de Roosevelt, sino que habría que superarlo considerablemente. Las máquinas, las materias primas, los trabajadores, todo es aprovechable, por no mencionar la necesidad que tiene la población de los productos. Si a pesar de ello el plan es irrealizable —y es irrealizable— la única razón es el conflicto irreconciliable que se ha desarrollado entre la propiedad capitalista y la necesidad de la sociedad de aumentar su producción. El famoso Examen Nacional de la Capacidad Productiva Potencial, patrocinado por el gobierno, llegó a la conclusión de que el costo de la producción y de los servicios utilizados en 1929 alcanzaba a casi 94.000 millones de dólares, calculados en base a los precios al por menor. No obstante, si fuesen utilizadas todas las verdaderas posibilidades productivas, esa cifra se hubiera elevado a 135.000 millones de dólares, es decir, que hubieran correspondido 4.370 dólares anuales a cada familia, lo suficiente para asegurar una vida decente y cómoda. El Examen Nacional se basa en la actual organización productora de los Estados Unidos tal como ha llegado a ser a consecuencia de la historia anárquica del capitalismo. Si el propio equipo de trabajo fuese reequipado en base a un plan socialista unificado, los cálculos sobre la producción podrían ser superados considerablemente y se podría asegurar a todo el pueblo un nivel de vida alto y cómodo, en base a una jornada de trabajo extremadamente corta. En consecuencia, para salvar a la sociedad no es necesario detener el desarrollo de la técnica, cerrar las fábricas, conceder premios a los agricultores para que saboteen la agricultura, empobrecer a un tercio de los trabajadores ni llamar a los maníacos para que hagan de dictadores. Ninguna de estas medidas, que constituyen una burla horrible para los intereses de la sociedad, es necesaria. Lo que es indispensable y urgente es separar los medios de producción de sus actuales propietarios parásitos y organizar la sociedad de acuerdo con un plan racional. Entonces será realmente posible por primera vez curar a la sociedad de sus males. Todos los que sean capaces de trabajar deben encontrar un empleo. La jornada de trabajo debe disminuir gradualmente. Las necesidades de todos los miembros de la sociedad deben asegurar una satisfacción creciente. Las palabras "pobreza", "crisis", "explotación", deben ser arrojadas de la circulación. La humanidad podrá cruzar finalmente el umbral de la verdadera humanidad. La inevitabilidad del socialismo "Al mismo tiempo que disminuye constantemente el número de los magnates del capital —dice Marx— crece la cantidad de miseria, la opresión, la esclavitud, la degradación, la explotación; pero con ello crece también la revuelta de la clase trabajadora, clase que aumenta siempre en número, disciplinada, unida, organizada por el mismo mecanismo del proceso de la producción capitalista... La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan finalmente un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Esta envoltura es rota en pedazos. Suena el toque de difuntos de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados". Esta es la revolución socialista. Para Marx, el problema de reconstituir la sociedad no surge de mandato alguno motivado por sus predilecciones personales; es una consecuencia —como una necesidad histórica rigurosa— de la potente madurez de fomentar esas fuerzas a merced de la ley del valor por otro lado. Las elucubraciones de ciertos intelectuales sobre el tema de que, prescindiendo de la teoría de Marx, el socialismo no es inevitable sino únicamente posible, están desprovistas de todo contenido. Evidentemente, Marx no quiso decir que el socialismo vendría sin la voluntad y la acción del hombre: semejante idea es sencillamente un absurdo. Marx previó que la socialización de los medios de producción sería la única solución del colapso económico en el que debe culminar, inevitablemente, el desarrollo del capitalismo, colapso que tenemos ante nuestros ojos. Las fuerzas productivas necesitan un nuevo organizador y un nuevo amo, y dado que la exigencia determina la conciencia, Marx no dudó de que la clase trabajadora, a costa de errores y derrotas, llegaría a comprender la verdadera situación y, más pronto o más tarde, extraería las necesarias conclusiones prácticas. Que la socialización de los medios de producción creados por los capitalistas representa un tremendo beneficio económico se puede demostrar hoy día no sólo teóricamente, sino también con el experimento de la Unión de los Soviets, a pesar de las limitaciones de ese experimento. Es verdad que los reaccionarios capitalistas, no sin artificio, utilizan al régimen de Stalin como un espantajo contra las ideas socialistas. En realidad, Marx nunca dijo que el socialismo podía ser alcanzado en un solo país, y, además, en un país atrasado. Las continuas privaciones de las masas en la Unión Soviética, la omnipotencia de la casta privilegiada que se ha levantado sobre la nación y su miseria y, finalmente, la desenfrenada ley de la cachiporra de los burócratas, no son consecuencias del método económico socialista, sino del aislamiento y del atraso de la Rusia soviética, cercada por los países capitalistas. Lo admirable es que en esas circunstancias excepcionalmente desfavorables, la economía planificada se las haya arreglado para demostrar sus beneficios insuperables. Todos los valores del capitalismo, tanto de la clase democrática como de la fascista, pretenden limitar, o por lo menos disimular, el poder de los magnates del capital para impedir "la expropiación de los expropiadores". Todos ellos reconocen, y muchos de ellos lo admiten abiertamente, que el fracaso de sus tentativas reformistas deben llevar inevitablemente a la revolución socialista. Todos ellos se las han arreglado para poner en evidencia que sus métodos para salvar el capitalismo no son más que charlatanería reaccionaria e inútil. El pronóstico de Marx sobre la inevitabilidad del socialismo se confirma así plenamente mediante una prueba negativa. La inevitabilidad de la revolución socialista El programa de la "Tecnocracia", que floreció en el período de la gran crisis de 1929-1932, se fundó en la premisa correcta de que la economía debe ser racionalizada únicamente por medio de la unión de la técnica en la cima de la ciencia y del gobierno al servicio de la sociedad. Semejante unión es posible siempre que la técnica y el gobierno se liberen de la esclavitud de la propiedad privada. Aquí es donde comienza la gran tarea revolucionaria. Para liberar a la técnica de la intriga de los intereses privados y colocar al gobierno al servicio de la sociedad es necesario "expropiar a los expropiadores". Únicamente una clase poderosa, interesada en su propia liberación y opuesta a los expropiadores monopolistas es capaz de realizar esa tarea. Solamente unida a un gobierno proletario, la clase cualificada de los técnicos podrá construir una economía verdaderamente científica y verdaderamente racional, es decir, una economía socialista. Por supuesto, sería mejor alcanzar ese objetivo de una manera pacífica, gradual y democrática. Pero el orden social que se ha sobrevivido a sí mismo no cede nunca su puesto a su sucesor sin resistencia. Si en su época la democracia joven y fuerte demostró ser incapaz de impedir que la plutocracia se apoderase de la riqueza y del poder, ¿es posible esperar que una democracia senil y devastada se muestre capaz de transformar un orden social basado en el dominio sin trabas de sesenta familias? La teoría y la historia enseñan que una sucesión de regímenes sociales presupone la forma más alta de la lucha de clases, es decir la revolución. Ni siquiera la esclavitud pudo ser abolida en los Estados Unidos sin una guerra civil. "La fuerza es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva". Nadie ha sido capaz hasta ahora de refutar este dogma básico de Marx en la sociología de la sociedad de clases. Sólamente una revolución socialista puede abrir el camino al socialismo. El marxismo en los Estados Unidos La república norteamericana ha ido más allá que otros países en la esfera de la técnica y de la organización de la producción. No sólamente los norteamericanos, sino la humanidad entera ha contribuido a ello. Sin embargo, las diversas fases del proceso social en una y la misma nación tienen ritmos diversos que dependen de condiciones históricas especiales. Mientras los Estados Undios gozan de una tremenda superioridad en la tecnología, su pensamiento económico se halla extremadamente atrasado tanto en las derechas como en las izquierdas. John L. Lewis tiene casi las mismas opiniones que Franklin D. Roosevelt. Si tenemos en cuenta la naturaleza de su misión, la función social de Lewis es incomparablemente más conservadora, por no decir reaccionaria, que la de Roosevelt. En ciertos círculos norteamericanos hay una tendencia a repudiar ésta o aquella teoría radical sin el menor asomo de crítica científica, con la simple declaración de que es "antiamericana". ¿Pero dónde puede encontrarse el criterio diferenciador? El cristianismo fue importado en los Estados Unidos juntamente con los logaritmos, la poesía de Shakespeare, las nociones de los derechos del hombre y del ciudadano y otros productos no sin importancia del pensamiento humano. El marxismo se halla hoy día en la misma categoría. El Secretario de Agricultura norteamericano, Henry A. Wallace, imputó al autor de estas líneas "...una estrechez dogmática que es agriamente antiamericana" y contrapuso al dogmatismo ruso el espíritu oportunista de Jefferson, que sabía cómo arreglárselas con sus opositores. Al parecer, nunca se le ha ocurrido a Mr. Wallace que una política de compromisos no es una función de algún espíritu nacional inmaterial, sino un producto de las condiciones materiales. Una nación que se ha hecho rica rápidamente, tiene reservas suficientes para conciliar a las clases y a los partidos hostiles. Cuando, por otro lado, se agudizan las contradicciones sociales, desaparece el terreno para los compromisos. América estaba libre de "estrechez dogmática" únicamente porque tenía una plétora de áreas vírgenes, fuentes de riqueza natural inagotables y según se ha podido ver, oportunidades ilimitadas para enriquecerse. La verdad es que a pesar de esas condiciones, el espíritu de compromiso no prevaleció en la Guerra Civil cuando sonó la hora para él. De todos modos, las condiciones materiales que constituyen la base del "americanismo" son hoy día relegadas cada vez más al pasado. De aquí se deriva la crisis profunda de la ideología americana tradicional. El pensamiento empírico, limitado a la solución de las tareas inmediatas de tiempo en tiempo, parecía bastante adecuado tanto en los círculos obreros como en los burgueses mientras la ley del valor de Marx era el pensamiento de todos. Pero hoy día esa ley produce efectos opuestos. En vez de impulsar a la economía hacia adelante, socava sus fundamentos. El pensamiento ecléctico conciliatorio, que mantiene una actitud desfavorable o desdeñosa con respecto al marxismo como un "dogma" y con su apogeo filosófico, el pragmatismo, se hace completamente inadecuado, cada vez más insustancial, reaccionario y completamente ridículo. Por el contrario, son las ideas tradicionales del "americanismo" las que han perdido su vitalidad y se han convertido en un "dogma petrificado", sin dar lugar más que a errores y confusiones. Al mismo tiempo, la doctrina económica de Marx ha adquirido una viabilidad peculiar y especialmente en lo que respecta a los Estados Unidos. Aunque El Capital se apoya en un material internacional, preponderantemente inglés, en sus fundamentos teóricos es un análisis del capitalismo puro, del capitalismo en general, del capitalismo como tal. Indudablemente, el capitalismo que se ha desarrollado en las tierras vírgenes ya históricas de América es el que más se acerca a ese tipo ideal de capitalismo. Salvo la presencia de Wallace, América se ha desarrollado económicamente no de acuerdo con los principios de Jefferson, sino de acuerdo con las leyes de Marx. Al reconocerlo se ofende tan poco el amor propio nacional como al reconocer que América da vueltas alrededor del sol de acuerdo con las leyes de Copérnico. El Capital ofrece una diagnosis exacta de la enfermedad y un pronóstico irreemplazable. En este sentido la teoría de Marx está mucho más impregnada del nuevo "americanismo" que las ideas de Hoover y Roosevelt, de Green y de Lewis. Es cierto que hay una literatura original muy difundida en los Estados Unidos, consagrada a la crisis de la economía americana. En cuanto esos economistas concienzudos ofrecen una descripción objetiva de las tendencias destructivas del capitalismo norteamericano, sus investigaciones, prescindiendo de sus premisas teóricas, parecen ilustraciones directas de las teorías de Marx. La tradición conservadora se pone en evidencia, sin embargo, cuando esos autores se empeñan tercamente en no sacar conclusiones precisas, limitándose a tristes predicciones o a banalidades tan edificantes como "el país debe comprender", "la opinión pública debe considerar seriamente", etc. Estos libros se asemejan a un cuchillo sin hoja. Es cierto que en el pasado hubo marxistas en los Estados Unidos, pero eran de un extraño tipo de marxistas, o más bien de tres tipos extraños. En primer lugar se hallaba la casta de emigrados de Europa, que hicieron todo lo que pudieron, pero no hallaron respuesta; en segundo lugar, los grupos norteamericanos aislados, como el de los Leonistas, que en el curso de los acontecimientos y a consecuencia de sus propios errores se convirtieron en sectas; en tercer lugar, los aficionados atraídos por la Revolución de Octubre y que simpatizaban con el marxismo como una teoría exótica que tenía muy poco que ver con los Estados Unidos. Ya pasó su tiempo. Ahora amanece la nueva época de un movimiento de clase independiente a cargo del proletariado y al mismo tiempo de un marxismo verdadero. En esto también, los Estados Unidos alcanzarán en muy poco tiempo a Europa y la dejarán atrás. La técnica progresiva y la estructura social progresiva preparan el camino en la esfera doctrinaria. Los mejores teóricos del marxismo aparecerán en suelo americano. Marx será el mentor de los trabajadores norteamericanos avanzados. Para ellos esta exposición abreviada del primer volumen constituirá sólamente el paso inicial hacia el Marx completo. El modelo ideal del capitalismo En la época en que se publicó el primer volumen de El Capital, la denominación mundial de la burguesía británica no tenía todavía rival. Las leyes abstractas de la mercancía y de la economía encontraron, naturalmente, su completa encarnación —es decir, la menor dependencia de las influencias del pasado— en el país en el que el capitalismo había alcanzado su mayor desarrollo. Al basar su análisis principalmente en Inglaterra, Marx tenía en vista no sólamente a Inglaterra, sino a todo el mundo capitalista. Utilizó a la Inglaterra de su época como el mejor modelo contemporáneo del capitalismo. Ahora sólo queda el recuerdo de la hegemonía británica. Las ventajas de la primogenitura capitalista se han convertido en desventajas. La estructura técnica y económica de Inglaterra se ha desgastado. El país sigue dependiendo en su posición mundial del Imperio colonial, herencia del pasado, más bien que de una potencia económica activa. Esto explica incidentalmente la caridad cristiana de Chamberlain con respecto al gangsterismo internacional de los fascistas, que tanto ha sorprendido al mundo entero. La burguesía inglesa no puede dejar de reconocer que su decadencia económica se ha hecho completamente incompatible con su posición en el mundo y que una nueva guerra amenaza con el derrumbamiento del Imperio Británico. Esencialmente similar es la base económica del "pacifismo" francés. Alemania, por el contrario, ha utilizado en su rápida ascensión capitalista las ventajas del atraso histórico, armándose a sí misma con la técnica más completa de Europa. Teniendo una base nacional estrecha e insuficiencia de recursos naturales, el capitalismo dinámico de Alemania, surgido de la necesidad, se ha transformado en el factor más explosivo del llamado equilibrio de las potencias mundiales. La ideología epiléptica de Hitler, es sólo una imagen reflejada de la epilepsia del capitalismo alemán. Además de las numerosas e invalorables ventajas de su carácter histórico, el desarrollo de los Estados Unidos gozó de la preeminencia de un terroritorio inmensamente grande y de una riqueza natural incomparablemente mayor que los de Alemania. Habiendo aventajado considerablemente a Gran Bretaña, la republica norteamericana llegó a ser a comienzos del siglo actual la plaza fuerte de la burguesía mundial. Todas las potencialidades del capitalismo encontraron en ese país su más alta expresión. En parte alguna de nuestro planeta puede la burguesía realizar empresas superiores a las de la "República del Dólar", que se ha convertido en el siglo XX en el modelo más perfecto del capitalismo. Por las mismas razones que tuvo Marx para basar su exposición en las estadísticas inglesas, en los informes parlamentarios ingleses, en los Libros Azules ingleses, etc., nosotros hemos acudido, en nuestra modesta introducción, a la experiencia económica y política de los Estados Unidos. No es necesario decir que no sería difícil citar hechos y cifras análogos, tomándolos de la vida de cualquier otro país capitalista. Pero no añadiría nada esencial. Las conclusiones seguirían siendo las mismas y solamente los ejemplos serían menos sorprendentes La política económica del Frente Popular en Francia era, como señaló perspicazmente uno de sus financieros, una adaptación del New Deal "para liliputienses". Es perfectamente evidente que en un análisis teórico es mucho más conveniente tratar con magnitudes ciclópeas que con magnitudes liliputienses. La misma inmensidad del experimento de Roosevelt nos demuestra que sólamente un milagro puede salvar al sistema capitalista mundial. Pero sucede que el desarrollo de la producción capitalista ha terminado con la producción de milagros. Abundan los encantamientos y las plegarias, pero no se producen los milagros. Sin embargo, es evidente que si se pudiera producir el milagro del rejuvenecimiento del capitalismo, ese milagro sólo se podría producir en los Estados Unidos. Pero ese rejuvenecimiento no se ha realizado. Lo que no pueden alcanzar los cíclopes, mucho menos pueden alcanzarlo los liliputienses. Asentar los fundamentos de esta sencilla conclusión es el objeto de nuestra excursión por el campo de la economía norteamericana. Las metrópolis y las colonias "El país más desarrollado industrialmente —escribió Marx en el prefacio de la primera edición de El Capital— no hace más que mostrar en sí al de menor desarrollo, la imagen de su propio futuro". Este pensamiento no puede ser tomado literalmente en circunstancia alguna. El crecimiento de las fuerzas productivas y la profundización de las inconsistencias sociales son indudablemente el lote que corresponde a todos los países que han tomado el camino de la evolución burguesa. Sin embargo, la desproporción en los "tiempos" y medidas que siempre se produce en la evolución de la humanidad, no sólamente se hace especialmente aguda bajo el capitalismo, sino que da origen a la completa dependencia de la subordinación, la explotación y la opresión entre los países de tipo económico diferente. Sólamente una minoría de países ha realizado completamente esa evolución sistemática y lógica desde la mano de obra, a través de la manufactura doméstica, hasta la fábrica, que Marx sometió a un análisis detallado. El capital comercial, industrial y financiero invadió desde el exterior a los países atrasados, destruyendo en parte las formas primitivas de la economía nativa y en parte sujetándolos al sistema industrial y banquero del Oeste. Bajo el látigo del imperialismo, las colonias y semicolonias se vieron obligadas a prescindir de las etapas intermedias, apoyándose al mismo tiempo artificialmente en un nivel o en otro. El desarrollo de la India no duplicó el desarrollo de Inglaterra; no fue para ella más que un suplemento. Sin embargo, para poder comprender el tipo combinado de desarrollo de los países atrasados y dependientes como la India, es siempre necesario no olvidar el esquema clásico de Marx derivado del desarrollo de Inglaterra. La teoría obrera del valor guía igualmente los cálculos de los especuladores de la City de Londres y las transacciones monetarias en los rincones más remotos de Haiderabad, excepto que en el último caso adquiere formas más sencillas y menos astutas. La desproporción en el desarrollo trajo consigo beneficios tremendos para los países avanzados, los cuales, aunque en grados diversos, siguieron desarrollándose a expensa de los atrasados explotándolos, convirtiéndolos en colonias o, por lo menos, haciéndoles imposible figurar entre la aristocracia capitalista. Las fortunas de España, Holanda, Inglaterra, Francia, fueron obtenidas, no sólamente con el sobretrabajo de su proletariado, no sólamente destrozando a su pequeña burguesía, sino también con el pillaje sistemático de sus posesiones de ultramar. La explotación de clases fue complementada y su potencialidad aumentada con la explotación de las naciones. La burguesía de las metrópolis se halló en situación de asegurar una posición privilegiada para su propio proletariado, especialmente para las capas superiores, mediante el pago de algunos superbeneficios obtenidos con las colonias. Sin eso hubiera sido completamente imposible cualquier clase de régimen democrático estable. En su manifestación más desarrollada la democracia burguesa se hizo, y sigue siendo, una forma de gobierno accesible únicamente a las naciones más aristocráticas y más explotadoras. La antigua democracia se basaba en la esclavitud; la democracia imperialista se basa en la expoliación de las colonias. Los Estados Unidos, que en la forma casi no tienen colonias, son, sin embargo, la nación más privilegiada de la historia. Los activos inmigrantes llegados de Europa tomaron posesión de un continente excesivamente rico, exterminaron a la población nativa, se quedaron con la mejor parte de Méjico y se embolsaron la parte del león de la riqueza mundial. Los depósitos de grasa que acumularon entonces, les siguen siendo útiles todavía en la época de la decadencia pues les sirven para engrasar los engranajes y las ruedas de la democracia. La reciente experiencia histórica tanto como el análisis teórico testimonian que la velocidad del desarrollo de una democracia y su estabilidad están en proporción inversa a la tensión de las contradicciones de clase. En los países capitalistas menos privilegiados (Rusia, por un lado, y Alemania, Italia, etc., por otro) incapaces de engendrar una aristocracia del trabajo numerosa y estable, nunca se desarrolló la democracia en toda su extensión y sucumbió a la dictadura con relativa facilidad. No obstante, la continua parálisis progresiva del capitalismo prepara la misma suerte a las democracias privilegiadas y más ricas. La única diferencia está en la fecha. El deterioro incontenible en las condiciones de vida de los trabajadores hace cada vez menos posible para la burguesía conceder a las masas el derecho a participar en la vida polftica, incluso dentro de la limitada armazón del parlamentarismo burgués. Cualquier otra explicación del proceso manifiesto del desalojo de la democracia por el fascismo es una falsificación idealista de las cosas tales como son, ya sea engaño o autoengaño. Mientras destruye la democracia en las viejas metrópolis del capital, el imperialismo impide al mismo tiempo la ascensión de la democracia en los países atrasados. El hecho de que en la nueva época ni una sola de las colonias o semicolonias haya realizado una revolución democrática —sobre todo en el campo de las relaciones agrarias— se debe por completo al imperialismo, que se ha convertido en el obstáculo principal para el progreso económico y político. Expoliando la riqueza natural de los países atrasados y restringiendo deliberadamente su desarrollo industrial independiente, los magnates monopolistas y sus gobiernos conceden simultáneamente su apoyo financiero, político y militar a los grupos semifeudales más reaccionarios y parásitos de explotadores nativos. La barbarie agraria, artificialmente conservada, es hoy día la plaga más siniestra de la economía mundial contemporánea. La lucha de los pueblos coloniales por su liberación, pasando por encima de las etapas intermedias, se transforma en la necesidad de la lucha contra el imperialismo y de ese modo se pone de acuerdo con la lucha del proletariado en las metrópolis. Los levantamientos y las guerras coloniales hacen oscilar, a su vez, las bases fundamentales del mundo capitalista más que nunca y hacen menos posible que nunca el milagro de su regeneración. La economía mundial planificada El capitalismo tiene el doble mérito histórico de haber elevado la técnica a un alto nivel y de haber ligado a todas las partes del mundo con los lazos económicos. De ese modo ha proporcionado los prerrequisitos materiales para la utilización sistemática de todos los recursos de nuestro planeta. Sin embargo, el capitalismo no se halla en situación de cumplir esa tarea urgente. El núcleo de su expansión siguen siendo los Estados nacionalistas limitados con sus aduanas y sus ejércitos. No obstante, las fuerzas productivas han superado hace tiempo los límites del Estado nacional, transformando en consecuencia lo que era antes un factor histórico progresivo en una restricción insoportable. Las guerras imperialistas no son más que explosiones de las fuerzas productoras contra las fronteras nacionales, que han llegado a ser, para ellas, demasiado limitadas . El programa de la llamada autarquía nada tiene que ver con la marcha hacia atrás de una economía autosuficiente y limitada. Sólo significa que la base nacional se prepara para una nueva guerra. Después de haberse firmado el Tratado de Versalles se creyó generalmente que se había dividido bien el globo terrestre. Pero los acontecimientos más recientes han servido para recordarnos que nuestro planeta sigue conteniendo tierras que todavía no han sido explotadas o, por lo menos, explotadas suficientemente. La lucha por las colonias sigue siendo una parte de la política del capitalismo imperialista. Por mucho que sea dividido el mundo, el proceso nunca termina, sino que coloca una y otra vez a la orden del día la cuestión de la nueva división del mundo de acuerdo con las nuevas relaciones entre las fuerzas imperialistas. Tal es hoy día la verdadera razón de los rearmes, las convulsiones diplomáticas y la guerra. Todos los intentos de presentar la guerra actual como un choque entre ideas de democracia y de fascismo pertenecen al reino del charlatanismo y de la estupidez. Las formas políticas cambian, pero subsisten los apetitos capitalistas. Si a cada lado del Canal de la Mancha se estableciese mañana un régimen fascista —y apenas podría atreverse nadie a negar esa posibilidad— los dictadores de París y Londres serían tan incapaces de renunciar a sus posesiones coloniales como Mussolini y Hitler de renunciar a sus reivindicaciones al respecto. La lucha furiosa y desesperada por una nueva división del mundo es una consecuencia irresistible de la crisis mortal del sistema capitalista. Las reformas parciales y los remiendos para nada servirán. La evolución histórica ha llegado a una de sus etapas decisivas en la que únicamente la intervención directa de las masas es capaz de barrer los obstáculos reaccionarios y de asentar las bases de un nuevo régimen. La abolición de la propiedad privada de los medios de producción es el primer prerrequisito para la economía planificada, es decir para la introducción de la razón en la esfera de las relaciones humanas, primero en una escala nacional y, finalmente, en una escala mundial. Una vez comenzada, la revolución socialista se extenderá de país en país con una fuerza inmensamente mayor que con la que se extiende hoy día el fascismo. Con el ejemplo y la ayuda de las naciones adelantadas, las naciones atrasadas serán también arrastradas por la corriente del socialismo. Caerán las barreras aduaneras completamente carcomidas. Las contradicciones que despedazan a Europa y al mundo entero encontrarán su solución natural y pacífica dentro del marco de los Estados Unidos Socialistas de Europa, así como de otras partes del mundo. La humanidad liberada llegará a su cima más alta. NOTAS 1.– El resumen del primer volumen de El Capital —la base de todo el sistema económico de Marx— fue realizado por Otto Rühle con una profunda comprensión de su tarea. Lo primero que eliminó fueron los ejemplos anticuados, las anotaciones de escritos que hoy día sólo tienen un interés histórico, las polémicas con escritores ahora olvidados y finalmente numerosos documentos que a pesar de su importancia para la comprensión de una época determinada, no tienen lugar en una exposición concisa que se propone objetivos más bien teóricos que históricos. Al mismo tiempo, el Sr. Rühle hizo todo lo posible para conservar la continuidad en el desarrollo del análisis científico. Las deducciones lógicas y las transiciones dialécticas del pensamiento no han sido infringidas en punto alguno. Por estas razones este extracto merece una lectura cuidadosa. 2.– "La competencia como una influencia coartadora —se lamenta el primer fiscal general de los Estados Unidos, Mr. Homer S. Cummings— es desplazada gradualmente y en muchas partes ya no subsiste más que como un pálido recuerdo de las condiciones que antes existieron". 3.– Una comisión del Senado de los Estados Unidos comprobó en febrero de 1937 que durante los veinte años anteriores las decisiones de una docena de las grandes corporaciones habían contrapesado las directivas de la mayor parte de la industria norteamericana. El número de vocales de las juntas directivas de esas corporaciones es casi el mismo que el número de miembros del Gabinete del Presidente de los Estados Unidos, la rama ejecutiva del gobierno republicano. Pero esos vocales de las juntas directivas son inmensamente más poderosos que los miembros del Gabinete. 4.– El escritor norteamericano Ferdinand Lundberg, quien por su equidad didáctica es más bien un economista conservador, escribió en su libro, que produjo conmoción: "Los Estados Unidos son hoy día propiedad y dominio de sesenta de las familias más ricas, apoyadas por no más de noventa familias de riqueza menor". A esto se podría añadir una tercera fila de quizá otras trescientas cincuenta familias con rentas que superan a cien mil dólares por año. La posición predominante corresponde al primer grupo de sesenta familias, las que dominan no sólamente el mercado sino todas las palancas del gobierno. Son el gobierno verdadero, "el gobierno del dinero en una democracia del dólar".
¿Qué ofrecemos al lector? Este libro expone de una manera compacta las doctrinas económicas fundamentales de Marx según las propias palabras de Marx. Después de todo nadie ha sido capaz de exponer la teoría del valor del trabajo mejor que el propio Marx (1). Algunas de las argumentaciones de Marx, especialmente en el capítulo primero, el más difícil de todos, pueden parecer al lector no iniciado demasiado disgresivas, quisquillosas o "metafísicas". En realidad, esta impresión es una consecuencia de la necesidad o de la costumbre de acercarse ante todo de una manera científica a los fenómenos habituales. La mercancía se ha convertido en una parte tan corriente, tan acostumbrada y tan familiar de nuestra vida diaria que ni siquiera se nos ocurre considerar por qué los hombres ceden objetos importantes, necesarios para el sostenimiento de la vida, a cambio de pequeños discos de oro o de plata que no se utilizan en parte alguna de la tierra. El asunto no se limita a la mercancía. Todas y cada una de las categorías de la economía del mercado parecen ser aceptadas sin análisis, como evidentes por sí mismas, y como si fueran las bases naturales de las relaciones humanas. Sin embargo, mientras las realidades del proceso económico son el trabajo humano, las materias primas, las herramientas, las máquinas, la división del trabajo, la necesidad de distribuir los productos terminados entre los participantes en el proceso del trabajo, etc., las categorías como "mercancía", "dinero", "jornales", "capital", "beneficio", "impuesto", etc., son únicamente reflejos semimísticos en las cabezas de los hombres de los diversos aspectos de un proceso económico que no comprenden y que no pueden dominar. Para descifrarlos es indispensable un análisis científico completo. En los Estados Unidos, donde un hombre que posee un millón de dólares se considera que "vale" un millón de dólares, los conceptos con respecto al mercado han caído mucho más bajo que en cualquier otra parte. Hasta una época muy reciente los norteamericanos se preocuparon muy poco por la naturaleza de las relaciones económicas. En la tierra del sistema económico más poderoso, la teoría económica siguió siendo excesivamente estéril. Únicamente la crisis, cada vez más profunda, de la economía norteamericana ha hecho que la opinión pública de este país se haya enfrentado bruscamente con los problemas fundamentales de la sociedad capitalista. En cualquier caso, quienquiera que no haya dominado la costumbre de aceptar sin un examen riguroso las reflexiones ideológicas hechas a la ligera sobre el progreso económico, quienquiera que no haya razonado, siguiendo los pasos de Marx, la naturaleza esencial de la mercancía como célula básica del organismo capitalista, estará incapacitado para comprender científicamente las manifestaciones más importantes de nuestra época. El método de Marx Habiendo definido la ciencia como el conocimiento de los recursos objetivos de la naturaleza, el hombre ha tratado terca y persistentemente de excluirse a sí mismo de la ciencia, reservándose privilegios especiales en la forma de un pretendido intercambio con fuerzas supersensoriales (religión) o con preceptos morales independientes del tiempo (idealismo). Marx privó al hombre definitivamente y para siempre de esos odiosos privilegios, considerándole como un eslabón natural en el proceso evolutivo de la naturaleza material; a la sociedad como la organización para la producción y la distribución; al capitalismo como una etapa en el desarrollo de la sociedad humana. La finalidad de Marx no era descubrir las "leyes eternas" de la economía. Negó la existencia de semejantes leyes. La historia del desarrollo de la sociedad humana es la historia de la sucesión de diversos sistemas económicos, cada uno de los cuales actúa de acuerdo con sus propias leyes. La transición de un sistema a otro ha sido determinada siempre por el aumento de las fuerzas de producción, por ejemplo, de la técnica y de la organización del trabajo. Hasta cierto punto, los cambios sociales son de carácter cuantitativo y no alteran las bases de la sociedad, entre ellas, las formas prevalecientes de la propiedad. Pero se alcanza un nuevo punto cuando las fuerzas productoras maduras ya no pueden contenerse más tiempo dentro de las viejas formas de la propiedad; entonces se produce un cambio radical en el orden social, acompañado de conmociones. La comuna primitiva fue reemplazada o complementada por la esclavitud; la esclavitud fue sucedida por la servidumbre con su superestructura feudal; el desarrollo comercial de las ciudades llevó a Europa, en el siglo XVI, al orden capitalista, el que pasó inmediatamente a través de diversas etapas. Marx no estudia en El Capital la economía en general, sino la economía capitalista, que tiene sus leyes específicas propias. Sólo de pasada se refiere a otros sistemas económicos con el objeto de poner en claro las características del capitalismo. La economía de la familia de agricultores primitiva, que se bastaba a sí misma, no tenía necesidad de la "economía política", pues estaba dominada, por un lado, por las fuerzas de la naturaleza y, por el otro, por las fuerzas de la tradición. La economía natural de los griegos y romanos, completa en sí misma, fundada en el trabajo de los esclavos, dependía de la voluntad del propietario de los esclavos, cuyo "plan" estaba determinado directamente por las leyes de la naturaleza y de la rutina. Lo mismo puede decirse también del Estado medieval con sus siervos campesinos. En todos estos casos las relaciones económicas eran claras y transparentes en su crudeza primitiva. Pero el caso de la sociedad contemporánea es completamente diferente. Ha destruido esas viejas conexiones completas en sí mismas y esos modos de trabajo heredados. Las nuevas relaciones económicas han relacionado entre sí a las ciudades y las villas, a las provincias y las naciones. La división del trabajo ha abarcado a todo el planeta. Habiendo destrozado la tradición y la rutina, esos lazos no se han compuesto de acuerdo con algún plan definido, sino más bien al margen de la conciencia y de la previsión humanas. La interdependencia de los hombres, los grupos, las clases, las naciones, consecuencia de la división del trabajo, no está dirigida por nadie. Los hombres trabajan los unos para los otros sin conocerse entre sí, sin conocer las necesidades de los demás, con la esperanza, e inclusive con la seguridad, de que sus relaciones se regularizarán de algún modo por sí mismas. Y lo hacen así o, más bien, quisieran hacerlo. Es completamente imposible buscar las causas de los fenómenos de la sociedad capitalista en la conciencia subjetiva —en las intenciones o planes— de sus miembros. Los fenómenos objetivos del capitalismo fueron formulados antes de que la ciencia comenzara a pensar seriamente sobre ellos. Hasta hoy día la mayoría preponderante de los hombres nada saben acerca de las leyes que rigen a la economía capitalista. Toda la fuerza del método de Marx reside en su acercamiento a los fenómenos económicos, no desde el punto de vista subjetivo de ciertas personas, sino desde el punto de vista objetivo del desarrollo de la sociedad en su conjunto, del mismo modo que un hombre de ciencia que estudia la naturaleza se acerca a una colmena o a un hormiguero. Para la ciencia económica lo que tiene un significado decisivo es lo que hacen los hombres y cómo lo hacen, no lo que ellos piensan con respecto a sus actos. En la base de la sociedad no se hallan la religión y la moral, sino la naturaleza y el trabajo. El método de Marx es materialista, pues va de la existencia a la conciencia y no en el orden inverso. El método de Marx es dialéctico, pues observa cómo evolucionan la naturaleza y la sociedad y cómo la misma evolución es la lucha constante de las fuerzas en conflicto. El marxismo y la ciencia oficial Marx tuvo predecesores. La economía política clásica —Adam Smith, David Ricardo— floreció antes de que el capitalismo se hubiera desarrollado, antes de que comenzara a temer el futuro. Marx rindió a los grandes clásicos el perfecto tributo de su profunda gratitud. Sin embargo, el error básico de los economistas clásicos era que consideraban al capitalismo como la existencia normal de la humanidad en todas las épocas, en vez de considerarlo simplemente como una etapa histórica en el desarrollo de la sociedad. Marx inició la crítica de esa economía política, expuso sus errores así como las contradicciones del mismo capitalismo, y demostró que era inevitable su colapso. La ciencia no alcanza su meta en el estudio herméticamente sellado del erudito, sino en la sociedad de carne y hueso. Todos los intereses y pasiones que despedazan a la sociedad ejercen su influencia en el desarrollo de la riqueza y de la pobreza. La lucha de los trabajadores contra los capitalistas obligó a los teóricos de la burguesía a volver la espalda al análisis científico del sistema de explotación y a ocuparse en una descripción vacía de los hechos económicos, el estudio del pasado económico y, lo que es inmensamente peor, una falsificación absoluta de las cosas tales como son, con el propósito de justificar el régimen capitalista. La doctrina económica que se ha enseñado hasta el día de hoy en las instituciones oficiales de enseñanza y se ha predicado en la prensa burguesa no está desprovista de materiales importantes relacionados con el trabajo, pero no obstante es completamente incapaz de abarcar el proceso económico en su conjunto y descubrir sus leyes y perspectivas, ni tiene deseo alguno de hacerlo. La economía política oficial ha muerto. La ley de la valorización del trabajo En la sociedad contemporánea el vínculo cardinal entre los hombres es el cambio. Todo producto del trabajo que entra en el proceso del cambio se convierte en mercancía. Marx inició su investigación con la mercancía y dedujo de esa célula fundamental de la sociedad capitalista las relaciones sociales que se han constituido objetivamente como la base del cambio, independientemente de la voluntad del hombre. Únicamente si se sigue este camino es posible resolver el enigma fundamental: cómo en la sociedad capitalista, en la cual cada hombre piensa sólo en sí mismo y nadie piensa en los demás, se han creado las proporciones relativas de las diversas ramas de la economía indispensables para la vida. El obrero vende su fuerza de trabajo, el agricultor lleva su producto al mercado, el prestamista de dinero o el banquero conceden préstamos, el comerciante ofrece un surtido de mercancías, el industrial construye una fábrica, el especulador compra y vende acciones y bonos, y cada uno de ellos tiene en consideración sus propias conveniencias, sus planes privados, su propia opinión sobre los jornales y los beneficios. Sin embargo, de este caos de esfuerzos y de acciones individuales, surge cierto conjunto económico que aunque ciertamente no es armonioso, sino contradictorio, da sin embargo a la sociedad la posibilidad no sólo de existir, sino también de desarrollarse. Esto quiere decir que, después de todo, el caos no es en modo alguno caos, que de algún modo está regulado automáticamente, si no conscientemente. Comprender el mecanismo por el cual los diversos aspectos de la economía llegan a un estado de equilibrio relativo es descubrir las leyes objetivas del capitalismo. Evidentemente, las leyes que rigen las diversas esferas de la economía capitalista —jornales, precios, arrendamiento, beneficio, interés, crédito, bolsa— son numerosas y complejas. Pero en último término todas proceden de una única ley descubierta por Marx y examinada por él hasta el final: es la ley del valor del trabajo, que es ciertamente la que regula básicamente la economía capitalista. La esencia de esa ley es simple. La sociedad tiene a su disposición cierta reserva de fuerza de trabajo viva. Aplicada a la naturaleza, esa fuerza engendra productos necesarios para la satisfacción de las necesidades humanas. Como consecuencia de la división del trabajo entre los productores individuales, los productos toman la forma de mercancías. Las mercancías se cambian entre sí en una proporción determinada: al principio directamente y más tarde por medio del oro o de la moneda. La propiedad esencial de las mercancías, que en cierta relación las iguala entre sí, es el trabajo humano invertido en ellas —trabajo abstracto, trabajo en general—, la base y la medida del valor. La división del trabajo entre millones de productores diseminados no lleva a la desintegración de la sociedad, porque las mercancías son intercambiadas de acuerdo con el tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en ellas. Mediante la aceptación y el rechazo de las mercancías, el mercado, en su calidad de terreno del cambio, decide si contienen o no contienen en sí mismos el trabajo socialmente necesario, con lo cual determina las proporciones de las diversas clases de mercancías necesarias para la sociedad, y en consecuencia también la distribución de la fuerza de trabajo de acuerdo con las diversas clases de comercio. Los procesos reales del mercado son inmensamente más complejos que lo que hemos expuesto aquí en pocas líneas. Así, al girar alrededor del valor del trabajo, los precios fluctúan por encima y por debajo de sus valores. Las causas de estas desviaciones están completamente explicadas en el tercer volumen de El capital de Marx, en el que se describe "el proceso de la producción capitalista considerado en su conjunto". Sin embargo, por grandes que puedan ser las diferencias entre los precios y los valores de las mercancías, en los casos individuales, la suma de todos los precios es igual a la suma de todos los valores, pues en último término únicamente los valores que han sido creados por el trabajo humano se hallan a disposición de la sociedad, y los precios no pueden pasar de estos límites, inclusive si se tiene en cuenta el monopolio de los precios o trust; donde el trabajo no ha creado un valor nuevo, nada puede hacer ni el mismísimo Rockefeller. Desigualdad y explotación Pero si las mercancías se intercambian de acuerdo con la cantidad de trabajo invertido en ellas, ¿cómo se deriva la desigualdad de la igualdad? Marx resolvió este enigma exponiendo la naturaleza peculiar de una de las mercancias, que es la base de todas las demás mercancías: la fuerza del trabajo. El propietario de los medios de producción, el capitalista, compra la fuerza de trabajo. Como todas las otras mercancías, la fuerza de trabajo es valorizada de acuerdo con la cantidad de trabajo invertida en ella, esto es de los medios de subsistencia necesarios para la vida y la reproducción del trabajador. Pero el consumo de esta mercancía —fuerza de trabajo— se produce mediante el trabajo, que crea nuevos valores. La cantidad de esos valores es mayor que los que recibe el propio trabajador y gasta en su conservación. El capitalista compra fuerza de trabajo para explotarla. Esa explotación es la fuente de la desigualdad. A la parte del producto que contribuye a la subsistencia del trabajador la llama Marx producto necesario; a la parte excedente que produce el trabajador le llama sobreproducto o plusvalía. El esclavo tenía que producir plusvalía, pues de otro modo el dueño de esclavos no los hubiera tenido. El siervo tenía que producir plusvalía, pues de otro modo la servidumbre no hubiera tenido utilidad alguna para la clase media hacendada. El obrero asalariado produce también plusvalía, sólo que en una escala mucho mayor, pues de otro modo el capitalista no tendría necesidad de comprar la fuerza de trabajo. La lucha de clases no es otra cosa que la lucha por la plusvalía. Quien posee la plusvalía es el dueño de la situación, posee la riqueza, posee el poder del Estado, tiene la llave de la Iglesia, de los tribunales, de las ciencias y de las artes. Competencia y monopolio Las relaciones entre los capitalistas que explotan a los trabajadores están determinadas por la competencia, que actúa como el resorte principal del progreso capitalista. Las empresas grandes gozan de mayores ventajas técnicas, financieras, de organización, económicas y políticas que las empresas pequeñas. El capital mayor capaz de explotar al mayor número de obreros es inevitablemente el que consigue la victoria en una competencia. Tal es la base inalterable del proceso de concentración y centralización del capital. Al estimular el desarrollo progresivo de la técnica, la competencia no sólo consume gradualmente a las capas intermediarias, sino que se consume también a sí misma. Sobre los cadáveres y semicadáveres de los capitalistas pequeños y medianos surge un número cada vez menor de magnates capitalistas cada vez más poderosos. De este modo, la competencia honesta, democrática y progresiva engendra irrevocablemente el monopolio dañino, parásito y reaccionario. Su predominio comenzó a afirmarse hacia el año 80 del siglo pasado y asumió su forma definida a comienzos del presente siglo. Ahora bien, la victoria del monopolio es reconocida abiertamente por los representantes oficiales de la sociedad burguesa (2). Sin embargo, cuando en el curso de su pronóstico Marx fue el primero en deducir que el monopolio es una consecuencia de las tendencias inherentes al capitalismo, el mundo burgués siguió considerando a la competencia como una ley eterna de la naturaleza. La eliminación de la competencia por el monopolio señala el comienzo de la desintegración de la sociedad capitalista. La competencia era el principal resorte creador del capitalismo y la justificación histórica del capitalista. Por lo mismo, la eliminación de la competencia señala la transformación de los accionistas en parásitos sociales. La competencia necesita de ciertas libertades, una atmósfera liberal, un régimen democrático, un cosmopolitismo comercial. El monopolio necesita en cambio un gobierno todo lo más autoritario que sea posible, murallas aduaneras, sus "propias" fuentes de materias primas y mercados (colonias). La última palabra en la desintegración del capital monopolista es el fascismo. Concentración de la riqueza y aumento de las contradicciones de clase Los capitalistas y sus defensores tratan por todos los medios de ocultar el alcance real de la concentración de la riqueza a los ojos del pueblo, así como a los ojos del cobrador de impuestos. Desafiando a la evidencia, la prensa burguesa intenta todavía mantener la ilusión de una distribución "democrática" de la inversión del capital. The New York Times, para refutar a los marxistas, señala que haya de tres a cinco millones de patronos individuales. Es cierto que las compañías por acciones representan una concentración de capital mayor que tres a cinco millones de patronos individuales, aunque Estados Unidos cuenta con "medio millón de corporaciones". Este modo de jugar con las cifras tiene por objeto, no aclarar, sino ocultar la realidad de las cosas. Desde el comienzo de la guerra hasta 1923 el número de fábricas y factorías existentes en los Estados Unidos descendió del 100 al 98,7%, mientras que la masa de producción industrial ascendió del 100 al 156,3%. Durante los años de una prosperidad sensacional (1923–1929), cuando parecía que todo el mundo se hacía rico, el número de establecimientos descendió de 100 a 93,8 mientras la producción ascendió de 100 a 113. Sin embargo, la concentración de establecimientos comerciales, limitada por su voluminoso cuerpo material, está lejos de la concentración de su alma, la propiedad. En 1929 tenían en realidad más de 300.000 corporaciones, como observa correctamente The New York Times. Lo único que hace falta añadir es que 200 de ellas, es decir el 0,07% del número total, controlaban directamente al 49,2% de los capitales de todas las corporaciones. Cuatro años más tarde el porcentaje había ascendido ya al 56%, en tanto que durante los años de la administración de Roosevelt ha subido indudablemente aún más. Dentro de las principales 200 compañías por acciones el dominio verdadero corresponde a una pequeña minoría (3). El mismo proceso puede observarse en la banca y en los sistemas de seguro. Cinco de las mayores compañías de seguros de los Estados Unidos han absorbido no sólamente a las otras compañías, sino también a muchos bancos. El número total de bancos se ha reducido, principalmente en la forma de las llamadas "combinaciones", esencialmente por medio de la absorción. Este cambio se extiende rápidamente. Por encima de los bancos se eleva la oligarquía de los superbancos. El capital bancario se combina con el capital industrial en el supercapital financiero. Suponiendo que la concentración de la industria y de los bancos se produzca en la misma proporción que durante el último cuarto de siglo —en realidad el tempo de concentración va en aumento— en el curso del próximo cuarto de siglo los monopolistas habrán concentrado en sí mismos toda la economía del país sin dejar nada a los demás. Hemos aducido a las estadísticas de los Estados Unidos porque son más exactas y más sorprendentes. El proceso de concentración es esencialmente de carácter internacional. A través de las diversas etapas del capitalismo, a través de las fases de los ciclos de conexión, a través de todos los regímenes políticos, a través de los períodos de paz tanto como de los períodos de conflictos armados, el proceso de concentración de todas las grandes fortunas en un número de manos cada vez menor ha seguido adelante y continuará sin término. Durante los años de la Gran Guerra, cuando las naciones estaban heridas de muerte, cuando los mismos cuerpos políticos de la burguesía yacían aplastados bajo el peso de las deudas nacionales, cuando los sistemas fiscales rodaban hacia el abismo, arrastrando tras sí a las clases medias, los monopolistas obtenían provechos sin precedentes con la sangre y el barro. Las compañías más poderosas de los Estados Unidos aumentaron sus beneficios durante los años de la guerra dos, tres y hasta cuatro veces y aumentaron sus dividendos hasta el 300, el 400, el 900% y aún más. En 1840, ocho años antes de la publicación por Marx y Engels del Manifiesto del Partido Comunista, el famoso escritor francés Alexis de Tocqueville escribió en su libro La Democracia en América: "La gran riqueza tiende a desaparecer y el número de pequeñas fortunas a aumentar". Este pensamiento ha sido reiterado innumerables veces, al principio con referencia a los Estados Unidos, y luego con referencia a las otras jóvenes democracias: Australia y Nueva Zelanda. Por supuesto, la opinión de Tocqueville ya era errónea en su época. Aún más, la verdadera concentración de la riqueza comenzó únicamente después de la guerra civil norteamericana, en la víspera de la muerte de Tocqueville. A comienzos del siglo presente el 2% de la población de los Estados Unidos poseía ya más de la mitad de toda la riqueza del país; en 1929 ese mismo 2% poseía los tres quintos de la riqueza nacional. Al mismo tiempo, 36.000 familias ricas poseían una renta tan grande como once millones de familias de la clase media y pobre. Durante la crisis de 1929-1933 los establecimientos monopolistas no tenían necesidad de apelar a la caridad pública; por el contrario, se hicieron más poderosos que nunca en medio de la declinación general de la economía nacional. Durante la subsiguiente reacción industrial raquítica producida por la levadura del New Deal los monopolistas consiguieron nuevos beneficios. El número de los desocupados desminuyó en el mejor caso de veinte millones a diez millones; al mismo tiempo la capa superior de la sociedad capitalista —no más de 6.000 adultos— reunió dividendos fantásticos; esto es lo que subsecretario de Justicia Robert H. Jackson demostró con cifras durante su declaración ante la correspondiente comisión investigadora de los Estados Unidos (4). ¿Se ha hecho anticuada la teoría de Marx? Las cuestiones de la competencia, de la concentración de la riqueza y del monopolio llevan naturalmente a la cuestión de si en nuestra época la teoría económica de Marx no tiene más que un simple interés histórico —como, por ejemplo, la teoría de Adam Smith— o si sigue teniendo verdadera importancia. El criterio para responder a esta pregunta es simple: si la teoría estima correctamente el curso de la evolución y prevé el futuro mejor que las otras teorías, sigue siendo la teoría más adelantada de nuestra época, aunque tenga ya muchos años de edad. El famoso economista alemán Werner Sombart, que era virtualmente un marxista al comienzo de su carrera, pero que luego revisó todos los aspectos más revolucionarios de la doctrina de Marx, contradijo El capital de Marx con su Capitalismo, que probablemente es la exposición apologética más conocida de la economía burguesa en los tiempos recientes. Sombart escribió: "Karl Marx profetizó: primero, la miseria creciente de los trabajadores asalariados; segundo, la "concentración" general, con la desaparición de la clase de artesanos y labradores; tercero, el colapso catastrófico del capitalismo. Nada de esto ha ocurrido". A esos pronósticos equivocados Sombart contrapone sus propios pronósticos "estrictamente científicos". "El capitalismo subsistirá —según él— para transformarse internamente en la misma dirección en que ha comenzado ya a transformarse en la época de su apogeo: según se va haciendo viejo se va haciendo más y más tranquilo, sosegado, razonable". Tratemos de verificar, aunque no sea más que en sus líneas generales, quién de los dos está en lo cierto: Marx, con su propósito de la catástrofe, o Sombart, quien en nombre de toda economía burguesa prometió que las cosas se arreglarían de una manera "tranquila, sosegada y razonable". El lector convendrá en que el asunto es digno de estudio. A. La teoría de la miseria creciente "La acumulación de la riqueza en un polo —escribió Marx sesenta años antes que Sombart— es, en consecuencia, al mismo tiempo acumulación de miseria, sufrimiento en el trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación mental en el polo opuesto, es decir en el lado de la clase que produce su producto en la forma de capital". Esa tesis de Marx, bajo el nombre de "Teoría de la miseria creciente", ha sido sometida a ataques constantes por parte de los reformadores democráticos y socialdemócratas, especialmente durante el período de 1896 a 1914, cuando el capitalismo se desarrolló rápidamente e hizo ciertas concesiones a los trabajadores, especialmente a su estrato superior. Después de la Guerra Mundial, cuando la burguesía, asustada por sus propios crímenes y la Revolución de Octubre, tomó el camino de las reformas sociales anunciadas, el valor de las cuales fue anulado simultáneamente por la inflación y la desocupación, la teoría de la transformación progresiva de la sociedad capitalista pareció completamente asegurada a los reformistas y a los profesores burgueses. "La compra de fuerza de trabajo asalariada —nos asegura Sombart en 1928— ha crecido en proporción directa a la expansión de la producción capitalista". En realidad, la contradicción económica entre el proletariado y la burguesía fue agravada durante los períodos más prósperos del desarrollo capitalista, cuando el ascenso del nivel de vida de cierta capa de trabajadores, el cual a veces era más bien extensivo, ocultó la disminución de la participación del proletariado en la fortuna nacional. De este modo, precisamente antes de caer en la postración, la producción industrial de los Estados Unidos, por ejemplo, aumentó en un 50% entre 1920 y 1930, en tanto que la suma pagada por salarios aumentó únicamente en un 30%, lo que significa una tremenda disminución de la participación del trabajo en las rentas nacionales. En 1930 se inició un terrible aumento de la desocupación, y en 1933 una ayuda más o menos sistemática a los desocupados, quienes recibieron en la forma de alivio apenas más de la mitad de lo que habían perdido en la forma de salarios. La alusión del progreso "ininterrumpido" de todas las clases se ha desvanecido sin dejar rastro. La declinación relativa del nivel de vida de las masas ha sido superada por la declinación absoluta. Los trabajadores comenzaron por economizar en sus modestas diversiones, luego en sus vestidos y finalmente en sus alimentos. Los artículos y productos de calidad media han sido substituidos por los de calidad mediocre y los de calidad mediocre por los de calidad francamente mala. Los sindicatos comenzaron a parecerse al hombre que cuelga desesperadamente del pasamanos mientras desciende vertiginosamente en un ascensor. Con el 6% de la población mundial, los Estados Unidos poseen el 40% de la riqueza mundial. Además un tercio de la nación, como lo admite el propio Roosevelt, está mal nutrido, vestido inadecuadamente y vive en condiciones inferiores a las humanas. ¿Qué se podría decir, pues, de los países mucho menos privilegiados? La historia del mundo capitalista desde la última guerra confirma de una manera irrefutable la llamada "teoría de la miseria creciente". El régimen fascista, el cual reduce simplemente al máximo los límites de la decadencia y de la reacción inherentes a todo capitalismo imperialista, se hizo indispensable cuando la degeneración del capitalismo hizo desaparecer toda posibilidad de mantener ilusiones con respecto a la elevación del nivel de vida del proletariado. La dictadura fascista significa el abierto reconocimiento de la tendencia al empobrecimiento, que todavía tratan de ocultar las democracias imperialistas más ricas. Mussolini y Hitler persiguen al marxismo con tanto odio, precisamente, porque su propio régimen es la confirmación más horrible de los pronósticos marxistas. El mundo civilizado se indignó, o pretendió indignarse, cuando Goering, con el tono de verdugo y de bufón que le es peculiar, declaró que los cañones son más importantes que la manteca, o cuando Cagliostro–Casanova–Mussolini advirtió a los trabajadores de Italia que debían apretarse los cinturones de sus camisas negras. ¿Pero acaso no ocurre substancialmente lo mismo en las democracias imperialistas? En todas partes se utiliza la manteca para engrasar los cañones. Los trabajadores de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos aprenden a estrechar sus cinturones sin tener camisas negras. B. El ejército de reserva y la nueva subclase de los desocupados El ejército de reserva industrial forma una parte componente indispensable del mecanismo social del capitalismo, tanto como la reserva de máquinas y de materias primas en las fábricas o de productos manufacturados en los almacenes. Ni la expansión general de la producción ni la adaptación del capital a la marea periódica del ciclo industrial serían posibles sin una reserva de fuerza de trabajo. De la tendencia general de la evolución capitalista —el aumento del capital constante (máquinas y materias primas) a expensas del capital variable (fuerza de trabajo)— Marx saca esta conclusión: "Cuanto mayor es la riqueza social... tanto mayor es el ejército industrial de reserva... Cuanto mayor es la masa de sobrepoblación consolidada... tanto mayor es la pobreza oficial. Esta es la ley general absoluta de la acumulación capitalista". Esta tesis —unida indisolublemente con la "teoría de la miseria creciente" y denunciada durante muchos años como "exagerada", "tendenciosa" y "demagógica"— se ha convertido ahora en la imagen teórica irreprochable de las cosas tales como son. El actual ejército de desocupados ya no puede ser considerado como un "ejército de reserva", pues su masa fundamental no puede tener ya esperanza alguna de volver a ocuparse; por el contrario, está destinada a ser engrosada con una afluencia constante de desocupados adicionales. La desintegración del capital ha traido consigo toda una generación de jóvenes que nunca han tenido un empleo y que no tienen esperanza alguna de conseguirlo. Esta nueva subclase entre el proletariado y el semiproletariado está obligada a vivir a expensas de la sociedad. Se ha calculado que en el curso de nueve años (1930–1938) la desocupación ha privado a la economía de los Estados Unidos de más de 43 millones de años de trabajo humano. Si se considera que en 1929, en el cenit de la prosperidad, había dos millones de desocupados en los Estados Unidos y que durante esos nueve años el número de trabajadores potenciales ha aumentado hasta cinco millones, el número total de años de trabajo humano perdido debe ser incomparablemente mayor. Un régimen social afectado por semejante plaga se halla enfermo de muerte. La diagnosis exacta de esa enfermedad fue hecha hace cerca de ochenta años, cuando la enfermedad misma se hallaba en germen. C. La decadencia de las clases medias Las cifras que demuestran la concentración del capital indican al mismo tiempo que la gravitación específica de la clase media en la producción y su participación en la riqueza nacional han ido decayendo constantemente, en tanto que las pequeñas propiedades han sido completamente absorbidas y reducidas de grado y desprovistas de su independencia, convirtiéndose en un mero símbolo de un trabajo insoportable y de una necesidad desesperada. Al mismo tiempo, es cierto, el desarrollo del capitalismo ha estimulado considerablemente un aumento en el ejército de técnicos, directores, empleados, abogados, médicos: en una palabra, la llamada "nueva clase media". Pero este estrato, cuya existencia no tenía ya misterios para Marx, tiene poco que ver con la vieja clase media, que en la propiedad de sus medios de producción tenía una garantía tangible de independencia económica. La "nueva clase media" depende más directamente de los capitalistas que los trabajadores. Es cierto que la clase media es en gran parte la que señala su tarea. Además se ha advertido en ella una considerable sobreproducción, con su consecuencia: la degradación social. "La información estadística segura —afirma una persona tan alejada del marxismo como el ya citado Mr. Homer S. Commings— demuestra que muchas unidades industriales han desaparecido completamente y que lo que ha ocurrido es una eliminación progresiva de los pequeños hombres de negocios como un factor en la vida norteamericana". Pero según objeta Sombart, "la concentración general, con la desaparición de la clase de artesanos y labradores" no se ha producido todavía. Como todo teórico, Marx comenzó por aislar las tendencias fundamentales en su forma pura; de otro modo hubiera sido completamente imposible comprender el destino de la sociedad capitalista. El propio Marx era, sin embargo, perfectamente capaz de examinar el fenómeno de la vida a la luz del análisis concreto, como un producto de la concatenación de diversos factores históricos. Las leyes de Newton no han sido invalidadas seguramente por el hecho de que la velocidad en la caída de los cuerpos varía bajo condiciones diferentes o de que las órbitas de los planetas están sujetas a perturbaciones. Para comprender la llamada "tenacidad" de las clases medias es bueno recordar que las dos tendencias, la ruina de las clases medias y la transformación de esas clases arruinadas en proletarios, no se producen al mismo ritmo ni con la misma extensión. De la creciente preponderancia de la máquina sobre la fuerza de trabajo se sigue que cuanto más lejos va el proceso de arruinamiento de las clases medias tanto más atrás deja al proceso de su proletarización; en realidad, en una determinada oportunidad, el último puede cesar enteramente e incluso retroceder. Así como la actuación de las leyes fisiológicas produce resultados diferentes en un organismo en crecimiento que en uno en declinación, así también las leyes económicas de la economía marxista actúan de manera distinta en un capitalismo en desarrollo que en un capitalismo en desintegración. Esta diferencia queda patente con especial claridad en las relaciones mutuas entre la ciudad y el campo. La población rural de los Estados Unidos, que crece comparativamente a una velocidad menor que el total de la población, siguió creciendo en cifras absolutas hasta 1910, fecha en que llegó a más de 32 millones. Durante los veinte años siguientes, a pesar del rápido aumento de la población total, la del campo bajó a 30,4 millones, es decir, 1,6 millones. Pero en 1935 se elevó otra vez a 32,8 millones, con un aumento en comparación con 1930 de 2,4 millones. Esta vuelta de la rueda, sorprendente a primera vista, no refuta en lo más mínimo la tendencia de la población urbana a crecer a expensas de la población rural, ni la tendencia de las clases medias a ser atomizadas, mientras que al mismo tiempo demuestra, de la manera más categórica, la desintegración del sistema capitalista en su conjunto. El aumento de la población rural durante el período de crisis aguda de 1930-1935 se explica sencillamente por el hecho de que poco menos de dos millones de pobladores urbanos, o, hablando con más exactitud, dos millones de desocupados hambrientos, se trasladaron al campo, a tierras abandonadas por los labradores o a granjas de sus parientes y amigos, con objeto de emplear su fuerza de trabajo, rechazada por la sociedad, en la economía natural productiva y poder vivir una existencia semihambrienta en vez de morirse totalmente de hambre. De aquí se deduce que no se trata de una cuestión de estabilidad de los labradores, artesanos y comerciantes, sino más bien de la abyecta desesperación de su situación. Lejos de constituir una garantía para el futuro, la clase media es una reliquia infortunada y trágica del pasado. Incapaz de suprimirla por completo, el capitalismo se las ha arreglado para reducirla al mayor grado de degradación y de miseria. Al labrador se le niega no sólamente la renta que se le debe por su lote de terreno y el beneficio del capital que ha invertido en él, sino también una buena porción de su salario. De una manera similar, la pobre gente que reside en la ciudad se inquieta en el reducido espacio que se le concede entre la vida económica y la muerte. La clase media no se proletariza únicamente porque se depaupera. A este respecto es tan difícil encontrar un argumento contra Marx como en favor del capitalismo. D. La crisis industrial El final del siglo pasado y el comienzo del presente se han caracterizado por un progreso tan abrumador debido al capitalismo, que las crisis cíclicas parecían no ser más que molestias "acccidentales". Durante los años de optimismo capitalista casi universal los críticos de Marx nos aseguraban que el desarrollo nacional e internacional de los truts, sindicatos y cárteles introducía en el mercado una organización bien planeada y presagiaba el triunfo final sobre la crisis. Según Sombart, las crisis habían sido ya "abolidas" antes de la guerra por el mecanismo del propio capitalismo, de tal modo que "el problema de las crisis nos deja hoy día virtualmente indiferentes". Ahora bien, sólamente diez años más tarde, esas palabras sonaban a burla, en tanto que el pronóstico de Marx se nos aparece hoy en día en toda la medida de su trágica fuerza lógica. Es notable que la prensa capitalista, que pretende negar a medias la existencia de los monopolios, parta de la afirmación de esos mismos monopolios para negar a medias la anarquía capitalista. Si sesenta familias dirigen la vida económica de los Estados Unidos, The New York Times observa irónicamente: "Esto demostraría que el capitalismo norteamericano, lejos de ser anárquico y sin plan alguno, se halla organizado con gran precisión". Este argumento yerra el blanco. El capitalismo ha sido incapaz de desarrollar una sola de sus tendencias hasta el fin. Así como la concentración de la riqueza no suprime a la clase media, así tampoco suprime el monopolio a la competencia, pues sólo la derriba y la destroza. Ni el "plan" de cada una de las sesenta familias ni las diversas variantes de esos planes se hallan integrados en lo más mínimo en la coordinación de las diferentes ramas de la economía, sino más bien en el aumento de los beneficios de su camarilla monopolista a expensas de otras camarillas y a expensas de toda la nación. En ultimo término, el entrecruzamiento de semejantes planes no hace más que profundizar la anarquía en la economía nacional. La crisis de 1929 se produjo en los Estados Unidos un año después de haber declarado Sombart la completa indiferencia de "ciencia" con respecto al problema de la crisis. Desde la cumbre de una prosperidad sin precedente la economía de los Estados Unidos fue lanzada al abismo de una postración monstruosa. ¡Nadie podía haber concebido en la época de Marx convulsiones de tal magnitud! La renta nacional de los Estados Unidos se había elevado por primera vez en 1920 a sesenta y nueve mil millones de dólares únicamente para caer el año siguiente a ciencuenta mil millones de dólares, es decir, un descenso del 27%. Como consecuencia de la prosperidad de los pocos años siguientes, la renta nacional se elevó de nuevo, en 1929, a su punto máximo de ochenta y un mil millones de dólares, para descender en 1932 a cuarenta mil millones de dólares, es decir a menos de la mitad. Durante los nueve años de 1930 a 1938 se perdieron, aproximadamente, cuarenta y tres millones de años humanos de trabajo y ciento treinta y tres mil millones de dólares de la renta nacional, teniendo en cuenta las normas de trabajo y las rentas de 1929, época en que sólamente había dos millones de desocupados. Si todo esto no es anarquía, ¿cuál puede ser el significado de esa palabra? E. La teoría del colapso Las inteligencias y los corazones de los intelectuales de la clase media y de los burócratas de los sindicatos estuvieron casi completamente dominados por las hazañas logradas por el capitalismo entre la época de la muerte de Marx y el comienzo de la Guerra Mundial. La idea del progreso gradual (evolución) parecía haberse asegurado para siempre, en tanto que la idea de revolución era considerada como una mera reliquia de la barbarie. El pronóstico de Marx era contrastado con el pronóstico cualitativamente contrario sobre la distribución mejor equilibrada de la fortuna nacional con la suavización de las contradicciones de clase, y con la reforma gradual de la sociedad capitalista. Jean Jaurés, el mejor dotado de los socialdemócratas de esa época clásica, esperaba ajustar gradualmente la democracia política a la satisfacción de las necesidades sociales. En eso reside la esencia del reformismo. ¿Qué ha salido de ello? La vida del capitalismo monopolista de nuestra época es una cadena de crisis. Cada una de las crisis es una catástrofe. La necesidad de salvarse de esas catástrofes parciales por medio de murallas aduaneras, de la inflación, del aumento de los gastos del gobierno y de las deudas, prepara el terreno para otras crisis mas profundas y más extensas. La lucha por conseguir mercados, materias primas y colonias hace inevitables las catástrofes militares. Y todo ello prepara las catástrofes revolucionarias. Ciertamente no es fácil convenir con Sombart en que el capitalismo actuante se hace cada vez más "tranquilo, sosegado y razonable". Sería más acertado decir que está perdiendo sus últimos vestigios de razón. En cualquier caso no hay duda de que la "teoría del colapso" ha triunfado sobre la teoría del desarrollo pacífico. La decadencia del capitalismo Por costoso que haya sido el dominio del mercado para la sociedad, hasta cierta etapa, aproximadamente hasta la Guerra Mundial, la humanidad creció, se desarrolló y se enriqueció a través de las crisis parciales y generales. La propiedad privada de los medios de producción siguió siendo en esa época un factor relativamente progresista. Pero ahora el dominio ciego de la ley del valor se niega a prestar más servicios. El progreso humano se ha detenido en un callejón sin salida. A pesar de los últimos triunfos del pensamiento técnico, las fuerzas productoras naturales ya no aumentan. El síntoma más claro de la decadencia es el estancamiento mundial de la industria de la construcción, como consecuencia de la paralización de nuevas inversiones en las ramas básicas de la economía. Los capitalistas ya no son sencillamente capaces de creer en el futuro de su propio sistema. Las construcciones estimuladas por el gobierno significan un aumento en los impuestos y la contracción de la renta nacional "sin trabas", especialmente desde que la parte principal de las nuevas construcciones del gobierno está destinada directamente a objetivos bélicos. El marasmo ha adquirido un carácter particularmente degradante en la esfera más antigua de la actividad humana, en la más estrechamente relacionada con las necesidades vitales del hombre: la agricultura. No satisfechos ya con los obstáculos que la propiedad privada, en su forma más reaccionaria, la de los pequeños terratenientes, opone al desarrollo de la agricultura, los gobiernos capitalistas se ven obligados con frecuencia a limitar la producción artificialmente con la ayuda de medidas legislativas y administrativas que hubieran asustado a los artesanos de los gremios en la época de su decadencia. Deberá ser recordado por la historia que los gobiernos de los países capitalistas más poderosos concedieron premios a los agricultores para que redujeran sus plantaciones, es decir, para disminuir artificialmente la renta nacional ya en disminución. Los resultados son evidentes por sí mismos: a pesar de las grandiosas posibilidades de producción, aseguradas por la experiencia y la ciencia, la economía agraria no sale de una crisis putrescente, mientras que el número de hambrientos, la mayoría predominante de la humanidad, sigue creciendo con mayor rapidez que la población de nuestro planeta. Los conservadores consideran que se trata de una buena política para defender el orden social que ha descendido a una locura tan destructiva y condenan la lucha del socialismo contra semejante locura como una utopía destructiva. IR A LA SEGUNDA PARTE
Comunicado de prensa: VAMOS AL CORTE POR LA REINCORPORACION DE NUESTROS DELEGADOS Y EL PASE A PLANTA PERMANENTE En una Conferencia de Prensa realizada en el día de la fecha, en la Estación de Once, delegados y trabajadores tercerizados del Ferrocarril Sarmiento, anunciaron la realización de una protesta este viernes 14 de septiembre. A las 11 horas, los trabajadores tercerizados del Sarmiento se concentrarán en la Estación de Morón y marcharán desde allí a realizar un corte de vías férreas para reclamar la reincorporación de los delegados Dib y Salas y el cese de la situación irregular en que se encuentran más de 50 tercerizados, reclamando su pase a planta permanente. Hace un año y medio que estos trabajadores trabajan en el Ferrocarril realizando las mismas tareas que ferroviarios de planta permanente, pero… a los tercerizados se les paga un tercio del salario correspondiente y no se les reconocen las conquistas del convenio colectivo de la Unión Ferroviaria. El Ministerio de Trabajo y el de Interior (ahora a cargo de la Secretaría de Transportes) han hecho oídos sordos a sus peticiones, reclamos y tramitaciones. Por el contrario, ahora la patronal JB, testaferra tercerizada, ha lanzado una campaña antisindical con sanciones, intimidaciones, amenazas, retención indebida de salarios y despidos. Los tercerizados ferroviarios con este corte reclaman la URGENTE intervención de las autoridades para que se levanten las sanciones, sean restituidos los tercerizados trasladados a sus lugares de trabajo, se reincorpore a los delegados y compañeros despedidos y se pague normalmente los salarios. Y, lo fundamental, se arbitren los medios para que los tercerizados del Sarmiento pasen a planta permanente. La semana pasada, el ministro Randazzo, anunció –ante le proliferación de accidentes en el Sarmiento- que se tomarían 120 banderilleros nuevos para cubrir los pasos a nivel. ¿Y los tercerizados, señor ministro? Reclamamos su reconocilmiento y pase a planta permanente. Se convoca a TODAS las organizaciones sindicales, estudiantiles, políticas y sociales que respalden nuestro reclamo y a que se sumen a la concentración y corte que realizaremos el día de mañana, a las 11 horas, partiendo de la Estación de Morón. Trabajadores Tercerizados del Ferrocarril Sarmiento (13/9/12) Para comunicarse: Julio Dib: 1564450809 Daniel Salas: 1567819591 Ricardo Torres: 1155175417
La iniciativa oficial de habilitar el voto a partir de los 16 años se produce en el contexto político de una intensa actividad de las organizaciones paraestatales en escuelas y en colegios; en especial, de La Cámpora. Se pretende imponer en la juventud el “modelo” de regimentación que impera en los sindicatos y en las organizaciones sociales -esto con independencia del hecho de que esa regimentación se encuentre hoy en plena crisis, como consecuencia del ascenso de los sectores independientes y combativos, así como de la descomposición de la burocracia sindical. El régimen político actual, que tiende cada vez más al poder personal y al gobierno por decreto, necesita esa regimentación como método político de gobierno. El voto a partir de los 16 años sería la bandera “democrática” que serviría para encubrir esa labor regimentadora. El proyecto llega después de varios escándalos en este sentido -entre ellos, el que denunciaron los compañeros de la UJS de Tandil, donde los “talleres” de La Cámpora intentaron disolver un encuentro de centros de estudiantes, convocado en forma independiente del Estado. Para que adquiera el carácter de una medida realmente democrática, ese voto requiere la libertad de organización de la juventud en los lugares de estudio y de trabajo, y los jóvenes asumirían la responsabilidad de combatir toda tentativa de estatización ideológica y de organizar la confrontación de ideas entre las diversas corrientes políticas. Una posición que no combata a fondo todas y cada una de las tentativas para someter al Estado la organización popular constituiría un completo abandono de todo atisbo de estrategia de independencia obrera y una capitulación ante el bonapartismo. En oposición a esta instrumentación regimentadora del derecho al voto para los mayores de 16 años reclamamos: 1- que se establezca la formación de centros de estudiantes electos en todos los ámbitos educativos, públicos y privados, laicos y confesionales; 2- la reducción de la edad para ser delegado gremial, que es hoy de 18, hasta los 16; 3- libertad de ingreso de los partidos políticos en los lugares de estudio y de trabajo -al menos durante las campañas electorales- para que realicen actividades de propaganda organizadas por los cuerpos de delegados estudiantiles y obreros. La política oficial no es para nada improvisada: tiene un carácter estratégico. Lo revela la actividad febril de La Cámpora para crear una federación universitaria paraestatal -para combatir a la FUA histórica- o el sabotaje que desarrolla contra la Fuba, en función de un objetivo similar. Un elemento adicional, aunque no por ello menos importante, es la “curiosidad” de que el proyecto determine que el voto juvenil tenga un carácter “optativo”, sin la menor fundamentación para este apartamiento de la norma constitucional que establece el carácter obligatorio del sufragio. Para que se pueda implementar un voto voluntario, es necesario crear antes un registro de los ciudadanos que opten por el voto; de lo contrario, se podría crear un “mercado” de documentos de identidad: el alquiler de los DNI. A la luz de todo esto, no es cierto que el kirchnerismo reivindique el voto a partir de los 16 años, el cual tampoco sería obligatorio, sino que desnaturaliza su capacidad para que sirva como un factor de maduración política de la juventud, porque lo convierte en instrumento de regimentación, de coacción y de fraude del poder personal del bonapartismo. Es necesario advertir lo siguiente: la oposición de los socialistas al bonapartismo debe ser estratégica; si -como ocurre con el centroizquierda- tiene un carácter fragmentario u ocasional, se convierte en un “escort” del poder político capitalista realmente existente. La necesidad histórica del voto juvenil No sólo hay una oposición de izquierda y socialista al bonapartismo capitalista, también existe una oposición de derecha y seudoconstitucional. Para esta oposición, los jóvenes de 16 a 18 años carecerían de la capacidad jurídica para votar y, lo que más importa, de la madurez necesaria -aunque no se sabe si se refiere a madurez política o psicológica. Esta oposición derechista al voto juvenil es comprensible: históricamente, ha cedido a regañadientes la ampliación del padrón electoral. Ahora, no quiere incorporar al sector que la crisis capitalista y el derrumbe de los servicios sociales y de la educación ha convertido en la víctima principal y en el sector más golpeado y explotado. ¿Hace falta decir que la madurez política no es un resultado absoluto de la madurez biológica? ¿O advertir que la maduración política es un desarrollo desigual, que depende del lugar que cada uno ocupa en la estructura de la explotación social, de la experiencia que emerge de este hecho y, fundamentalmente, de la que resulta de la participación en la lucha social y política? Los partidos patronales instrumentan el derecho al voto para embrutecer a la población por medio de mentiras y por la desnaturalización de la propaganda política, a la que convierten en tandas de publicidad. Este mismo gobierno, que reivindica la política, se jacta de haber igualado la presencia de los partidos en los medios mediante el otorgamiento de espacios mediáticos, los que sólo alcanzan para una presentación publicitaria y que limitan el desarrollo de una propaganda política. Bonapartistas y seudoconstitucionales ensalzan el voto para ocultar la limitación insuperable de ese derecho, que en la práctica significa una delegación del poder y la proscripción para intervenir cotidianamente en las decisiones políticas. Para los partidos revolucionarios es al revés: se esfuerzan por tomar el derecho al voto para desnudar sus limitaciones y para oponer a la delegación del poder en beneficio de una oligarquía política, el ejercicio directo del poder por medio de métodos asamblearios. Para los revolucionarios, ese derecho al voto, históricamente limitado, es una ocasión para desarrollar una propaganda socialista, para explicar un programa, la oportunidad para que los explotados expresen sus agravios y sus reivindicaciones -y para que se organicen sobre la base de esas reivindicaciones. Para los partidos que tenemos una participación activa en el movimiento de la juventud, el derecho al voto a partir de los 16 años se convertiría, en condiciones democráticas y no regimentadoras y estatizadoras, en un instrumento adicional para desarrollar la maduración política de la juventud explotada y estudiosa. El centroizquierda, por el contrario, pusilánime y mediocre por definición, ha salido a repetir lo que ya hemos escuchado en YPF o en Ciccone; a saber: que apoyan al proyecto oficial, “haciendo reserva” de las intenciones manipuladoras del gobierno. Desconocen el carácter estratégico que debe tener toda oposición real al bonapartismo y son, por supuesto, adversarios de una oposición estratégica al capitalismo y a los regímenes políticos que lo encarnan. De este modo, su voto por la expropiación de Ciccone ha servido para rescatar a Boudou; el voto por la estatización parcial de YPF, en una vía de entrada para la norteamericana Chevron; y el voto a partir de los 16 años, en un instrumento de propaganda de los aparatos paraestatales que trabajan para regimentar a la juventud. En definitiva, ignoran -más precisamente, combaten- el carácter estratégico de la independencia política de los trabajadores y de la juventud -o sea que la emancipación de los trabajadores solamente podrá ser obra de los trabajadores mismos. Nuestro planteo Desde el Partido Obrero, denunciamos políticamente el proyecto oficial como un intento de encubrir la política de estatización de la juventud. A esta tentativa oponemos lo siguiente: 1- El derecho a la organización libre de centros de estudiantes en todos los campos de la educación -secundaria, universitaria, pública o privada, confesionales o no. 2- La libertad de difusión política para todas las tendencias y partidos en el ámbito de las escuelas públicas o privadas, lugares de trabajo, liceos militares, institutos correccionales, etcétera. 3- El derecho a ser electo delegado gremial desde los 16 años (la actual legislación sólo lo permite desde los dieciocho). 4- El voto universal a partir de los 16 años. Llamamos a las federaciones estudiantiles secundarias y universitarias, a los movimientos de artistas jóvenes y a toda la juventud explotada a tomar en sus manos esta lucha, y a denunciar los talleres “oficiales” y todas las tentativas de regulación paraestatal de la juventud.
Rolando Astarita El Gulag de Corea del Norte La República Democrática del Pueblo de Corea tal vez sea el último Estado con rasgos marcadamente stalinistas que queda en el mundo. En Corea del Norte la economía está estatizada, y es controlada férreamente por una burocracia. Hay baja productividad agrícola (un derivado de la industrialización realizada a expensas del campo) y un extenso mercado negro o paralelo. La orientación general es hacia la autarquía y autosuficiencia económica, remedo del viejo “socialismo en un solo país” del stalinismo. Desde el punto de vista político, encontramos el partido único, la supresión de toda disidencia y un amplio dispositivo militar: 1,2 millones de personas están militarizadas, para una población de 24 millones. En lo ideológico, el régimen alienta un marcado nacionalismo, mezclado con xenofobia y racismo. Por ejemplo y con el objetivo de mantener la pureza racial, es una costumbre que mujeres norcoreanas que vuelven embarazadas de China, sean obligadas a abortar. La “pureza” también atañe a la sexualidad: los funcionarios afirman que en su país no existen los homosexuales. Todo esto va acompañado del culto a la personalidad. En su momento Kim Jong-il fue declarado oficialmente “líder supremo”, “primer militar” y guía ideológica de la nación; y hoy Kim Jong-un, es tan “infalible” como lo fuera su padre, y antes su abuelo. Algunos piensan que todavía la RDPC se define en relación a algún proyecto socialista, pero lo cierto es que las referencias al comunismo han desaparecido de los discursos y también de la Constitución reformada en 2009. Lo que prima es el nacionalismo, que encuentra legitimación ante la población por el hostigamiento hacia Corea del Norte por parte de EEUU y otras potencias. Y también por el estado de conflicto permanente con Corea del Sur. A pesar de que el PBI por habitante ubica a la RDPC en un nivel medio de desarrollo, el país está siempre amenazado por la catástrofe alimentaria. Es de notar que hasta principios de los años 1970 Corea del Norte experimentó un fuerte crecimiento, sustentado en la industria pesada, el desarrollo extensivo (baja tecnología) y la planificación burocrática. Pero desde hace décadas la economía se ha estado frenando. En los años 1990 una hambruna provocó (se calcula) un millón de muertos. En los 2000 continuaron los problemas. En 2006, un estudio conjunto de la ONU y del gobierno norcoreano reveló que el 7% de los niños están seriamente desnutridos, y el 37% crónicamente mal alimentados. En 2010, según testimonios recogidos por agencias no gubernamentales, miles de norcoreanos se alimentaban con pasto, raíces y corteza de los árboles, lo que generaba graves enfermedades digestivas (por ejemplo, por consumir hongos venenosos). Tal vez presionado por esta situación, el régimen ha tolerado de manera creciente la economía de mercado paralela, y algunas inversiones, principalmente rusas y chinas. También ha utilizado su programa nuclear para negociar ayuda económica con las potencias. Así, en febrero de 2012 Pyongyang acordó suspender las pruebas con armas nucleares, como parte de un acuerdo para que EEUU entregue ayuda alimentaria. Un gigantesco y escondido gulag Lo anterior explica por qué el régimen norcoreano se sostiene hoy sobre un gigantesco gulag, del que se habla bastante poco en el exterior. Mi objetivo en esta nota es llamar la atención, en especial a la gente de izquierda y progresista, sobre esta terrible y dolorosa realidad. En lo que sigue me baso en informes de Amnistía Internacional, del Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y de la International Coalition to Stop Crimes against Humanity in North Korea (ICNK), formada por más de 40 organizaciones de derechos humanos y activistas. La existencia de campos de concentración en Corea del Norte está largamente confirmada. Los campos están ubicados en áreas montañosas remotas y desoladas, de manera de asegurar el aislamiento casi absoluto de los detenidos. Cada uno es una especie de ciudad cerrada, donde un número de campos están vinculados a través de un camino. En el exterior se conocen seis. Según Amnistía Internacional y otras organizaciones, habría unas 200.000 personas encerradas en ellos. Las personas enviadas a los campos incluyen a los que han criticado al régimen; a funcionarios y cuadros que han fallado en la implementación de políticas; a quienes han entrado en contacto con gente de Corea del Sur (la mayoría de las veces cuando estuvieron en China); a los que pertenecen a grupos anti-gobierno; a los que fueron apresados escuchando transmisiones radiales de Corea del Sur; a los capturados en China luego de cruzar la frontera camino a Corea del Sur; y posiblemente algunos viejos prisioneros desde la guerra. Existen dos tipos de campos. Unos están en las llamadas Zonas de Control Total, en donde permanecen aquellos que han cometido crímenes serios, incluyendo crímenes contra el régimen. Jamás son liberados. Otros están en las llamadas Zonas Revolucionarias, destinadas a los que han cometido crímenes menos serios, incluyendo el ser críticos del gobierno o haber cruzado ilegalmente la frontera. Las sentencias pueden ir desde algunos meses hasta diez años. Muchos están detenidos por ser “culpables por asociación familiar”, esto es, por ser parientes directos de gente que ha sido encontrada culpable. Esta política se practica desde 1972, cuando Kim Il-sun, el fundador del Estado, sentenció que cuando se trata de “los fraccionalistas o enemigos de clase, su semilla debe ser eliminada a lo largo de tres generaciones”. Esto explica que muchos niños puedan ser internados en los campos porque sus abuelos o padres fueron detenidos. Se cree que en Kwanliso 15, Yodok, miles están por este motivo. Yodok es un campo con 50.000 prisioneros y una de sus áreas es para familias “culpables de asociación”. Una característica del régimen es que nadie es detenido por una acusación o juicio. Cuando es arrestado, el detenido es sometido a torturas para que confiese, antes de ser enviado al campo. Luego, al llegar al campo, se le entrega un pico y una pala, utensillos simples de cocina, y una frazada usada. A los internos se les impide todo contacto con el mundo externo; a partir de su ingreso es una “no-persona”; nadie preguntará por él, ni sus familiares ni amigos. A todos se les da una muy baja ración de comida y se los hace trabajar hasta la extenuación. El objetivo es que los prisioneros estén siempre al borde de la inanición. De ahí que estén forzados a ingerir comida de animales, ratas, serpientes, raíces o pasto. Pero si son sorprendidos por los guardias, son duramente castigados. Así, en poco tiempo, se transforman en esqueletos vivientes. Se estima que un 40% muere por malnutrición. Las condiciones climáticas agravan los sufrimientos. En el campo de Kwanliso 15, Yodok, las temperaturas invernales llegan a 20 o 30 grados bajo cero. Las condiciones sanitarias son inhumanas. Por ejemplo, en Kwanliso 15 hay un baño cada 200 personas. No existe acceso adecuado a medicina y las mujeres sufren abortos forzados en manos de doctores sin licencias. Se sabe de bebés recién nacidos que han sido golpeados hasta la muerte. Los internos que se consideran “problemáticos” son arrojados a celdas en las cuales es imposible estar parado o acostado. El período mínimo en esas celdas es una semana. Se practica una tortura que consiste en poner una bolsa de plástico en la cabeza y sumergir a la víctima en agua durante un período de tiempo prolongado. Los prisioneros son golpeados con sus manos y pies atados por detrás de ellos, y sus cuerpos se ahorcan cuando se levantan del suelo. También son colgados con los brazos atados durante períodos de media hora, hasta cinco veces por día. Otras formas de tortura incluyen no dejar dormir; y colocar pedazos de bambú afilados debajo de las uñas. Asimismo se realizan ejecuciones públicas a la vista de los prisioneros. Las ejecuciones son por fusilamiento o colgamiento y se hacen a discreción de las autoridades de las prisiones. Todo ex prisionero que ha sido entrevistado dice haber asistido al menos a una. Hijos e hijas son ejecutados públicamente en frente de sus madres. El número de ejecuciones públicas se ha incrementado fuertemente en los últimos años. Se sabe que en 2010 al menos 60 personas fueron ejecutadas. Testimonios Uno de los más impactantes es el de Shin Dong-hyuk (tiene el nombre cambiado). Shin nació y pasó 23 años en Kwanliso 14. Lo detuvieron luego de que su madre y hermano fueran capturados tratando de escapar. Los interrogadores querían saber si conocía, o había participado, en los planes de escape de su madre y hermano. Shin tenía 13 años de edad en ese momento. El día de su detención fue llamado a presentarse en la escuela. Allí fue esposado, le taparon los ojos y lo condujeron en un auto a un lugar desconocido, donde se le informó que su madre y hermano habían sido detenidos esa mañana tratando de escapar. Se le pidió que admitiera la complicidad de la familia, fue conducido a la cámara de tortura bajo tierra de Kwanliso 14, y alojado en la celda Nº 7, un cuarto pequeño y oscuro, con solo una poca luz eléctrica. Al día siguiente lo llevaron a un cuarto lleno de elementos de tortura. Allí fue desvestido, atado de pies y manos, y colgado del techo. Uno de los interrogadores le dijo que confesara. Shin alegó inocencia. Lo quemaron con carbón encendido. El dolor le hizo perder el conocimiento. Cuando se despertó, estaba en la celda, y apestaba debido a las heces y orina. Encontró heridas y sangre en el abdomen bajo. A medida que pasaron los días, creció el dolor y la piel comenzó a caerse. Olía tan mal que los guardias evitaban la prisión. Su padre también fue torturado. Después de ser torturados durante siete meses, su padre y él fueron llevados a una plaza donde presenciaron, junto a una multitud, la ejecución de su madre y hermano. La madre fue colgada, y el hermano fusilado. Shin más tarde pudo escapar del campo. Escapó gateando por encima del cadáver de un amigo, que había hallado la muerte en el cerco electrificado del campo. Vio por primera vez el mundo exterior a los 25 años. Recientemente se ha editado un libro basado en su vida, Escape from Camp 14, escrito por el periodista Blaine Harden. Allí se cuenta que cuando tenía seis años Shin fue testigo de cómo un maestro castigó a una niña hasta la muerte porque había guardado unos granos de cereal en su bolsillo (reseña de The Economist, 21/04/12). El padre de Shin está preso desde 1965, y muchos creen que pudo haber sido fusilado luego del escape de su hijo. Un caso registrado por Amnistía Internacional es el de Choi Kwang-ho que fue enviado a Kwanliso 15 por decir que no podía seguir viviendo en Corea del Norte. Fue ejecutado públicamente porque, acosado por el hambre, abandonó su grupo de trabajo para juntar bayas el 18 de agosto de 2001. Otro interno, Kim, dice: “Todos en Kwanliso han sido testigo de ejecuciones. Cuando fui interno en Kwanliso asistí a tres. Entre los ejecutados había internos que habían sido atrapados intentando escapar. No hubo fugas exitosas, por lo que conozco, de Kwanliso 15 en Yodok. Todos los que lo intentaron fueron capturados. Fueron interrogados durante dos o tres meses y luego ejecutados”. Kim fue testigo de la ejecución, en 1999, de Dong Chul-mee, de 24 años, a causa de sus creencias religiosas. Un guardia de prisión relató a Amnistía Internacional que los prisioneros cazan ratas o serpientes, y que incluso encontró a algunos alimentándose de comida de cerdos. Otro interno, Shin Dong-hyuk, contó: “Un día de suerte, descubrí algunas médulas de granos en una pequeña pila de estiércol de vaca. Las levanté, y las limpié con mi manga antes de comerlas”. Park In-shik, un detenido en Kwanliso 15, fue sorprendido comiendo miel de una colmena en febrero de 2003. Fue enviado a encierro solitario con una reducción de comida. Murió por falta de alimentación. Tenía 38 años y había sido enviado a Kwanliso 15 por haber criticado la infraestructura del país estando borracho. Un ex detenido en Yodoko cuenta que durante los años de detención nunca pudieron tomar una ducha. Los cuerpos apestaban, estaban cubiertos de piojos lo que provocaba mucha picazón. Con el tiempo la piel de los internos estaba cubierta por una gruesa capa de suciedad; pero no se daban cuenta de que apestaban, porque todos olían mal. En el verano, ocasionalmente, cuando trabajaban junto al arroyo, los guardias los dejaban rociarse con agua del río porque no podían soportar el olor de los internos. Después de la liberación, le llevó meses remover la gruesa capa de suciedad y sacar los piojos. Lee, otro ex detenido en Yodoko, dio testimonio de haber sido torturado. Una de las torturas consistió en atarlo a una mesa y hacerle tomar agua a la fuerza con una pequeña cacerola. Enseguida su boca se llenó de agua y empezó a salir por la nariz. Sofocado, perdió el conocimiento. Luego de un tiempo inconsciente, cuando se recuperó, sintió que los interrogadores saltaban sobre una tabla que habían colocado sobre su estómago hinchado, para forzar la salida del agua. Comenzó a vomitar de manera incontrolable y penosa. No se pudo levantar y fue llevado de vuelta a su celda. Luego sufría de fiebre alta y se desmayaba a menudo. No fue capaz de caminar durante 15 días. En otra sesión de tortura, le ataron los brazos y fue colgado por media hora. Luego era bajado, y vuelto a colgar, así hasta cinco veces en el día. En ocasiones, ponían una bolsa de plástico en su cabeza y era sumergido en agua por períodos prolongados. Fue torturado durante cinco meses; no todos los días, pero con frecuencia. Cuando era torturado, lo era por todo el día. Al final, Lee confesó lo que querían que confesara. Kang Gun, de origen norcoreano pero nacionalizado como surcoreano, fue golpeado y torturado en un centro de detención en Pyongyang y en el centro de detención en Chongjin, en la provincia de Hambyunk donde había sido llevado inicialmente luego de haber sido secuestrado por agentes de Corea del Norte en la provincia de Jilin, en China, el 4 de marzo de 2005. Amnistía Internacional supo que sus piernas habían sido amputadas y que fue trasladado a un Kwanliso no identificado entre 2008 y 2009. Kang Chel-hwan fue detenido siendo un chico, junto con su familia. Teniendo 10 años le mandaban levantar bolsas de tierra de 30 kilos, 30 veces al día. Si se negaba, los maestros le pegaban con varas. Después de las primeras diez rondas, los cuerpos de los niños estaban agotados, pero temían a los castigos de los maestros. Chul Hwan-kang, el primero que pudo escapar, en 1992, de uno de los campos. Estuvo en Yoduk desde los 9 a los 19 años porque su abuelo había sido acusado de criticar al régimen. Kang dijo que los niños eran obligados a trabajos manuales muy duros que empezaban a las 6 de la mañana. Si no se cumplían las cuotas de trabajo asignadas, el castigo era una reducción de las raciones de comida. A la edad de 17 años medía 150 centímetros y pesaba 40 kilos. De hecho, su tamaño corporal era el característico de todos los niños detenidos. Las niñas no eran más altas de 145 centímetros; en realidad, no lucían como niñas. Yong Kim, sobreviviente de un campo de la zona de “control completo”, fue testigo de cómo un guardia golpeó, y luego mató de un tiro, a un interno porque éste había recogido unas nueces del suelo. Una campaña internacional y la izquierda De acuerdo a David Hawk, del Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte, en los últimos tiempos se incrementaron las fugas, incluyendo deserciones de guardias. Alrededor de 23.000 personas escaparon recientemente de los campos, y están viviendo en Corea del Sur. Todos cuentan los mismos horrores de las brutalidades que han sufrido. En estos momentos Amnistía Internacional llama a una campaña por lograr el reconocimiento de la existencia de Yodok y de otros campos de prisión política en Corea del Norte. El cierre inmediato de Yodok y de todos los otros campos de prisión política en Corea del Norte. La libertad inmediata y sin condiciones de todos los prisioneros de conciencia, incluyendo a sus parientes que están presos sobre la base de “culpables por asociación”. Todos los otros internos deberían ser liberados a menos que sean acusados por una ofensa internacionalmente reconocible, y vista por una corte independiente y provisto un juicio justo. Considero que desde la izquierda debemos apoyar la campaña por acabar con los campos de concentración en Corea del Norte. El rechazo y la crítica al bloqueo y hostigamiento de las potencias (EEUU en primer lugar) no debe ser excusa para pasar por alto las atrocidades que está cometiendo el régimen norcoreano contra su pueblo. Ninguna sociedad superadora del capitalismo se puede construir sobre los campos de concentración, sobre el terror generalizado y la barbarie. Pero la mayoría de la izquierda a nivel mundial mira para otro lado y se mantiene en silencio. Más grave incluso, Fidel Castro y Hugo Chávez apoyan abiertamente al régimen de Pyongyang y los Kim. Alguna vez Marx dijo que el comunismo “tosco”, que negaba la personalidad del ser humano, era la negación abstracta de la civilización y la cultura, y el retorno al hombre pobre y carente de necesidades (Manuscritos económicos-filosóficos de 1844). El régimen de Corea del Norte parece superar en vileza y barbarie todo lo que podía haber imaginado Marx. Tal vez solo sea comparable con lo que establecieron en los 1970 los Khmers rojos en Camboya. No solo hay que acabar con el gigantesco y oculto gulag norcoreano, sino también hay que preguntarse por qué y cómo es que desde tantos sectores de la izquierda se siguen defendiendo estas atrocidades. No habrá reconstrucción política e ideológica de las fuerzas socialistas en tanto estos problemas no se encaren de frente, y hasta la raíz. Este modelo de sociedad no es alternativa para ningún ser humano. Nunca más apropiado para recordar aquella divisa de Marx, de “nada de lo humano me es ajeno”. Nadie en la izquierda, o en el pensamiento simplemente progresista, debería ser indiferente a lo que sucede en Corea del Norte. Algunos dirán que lo mío es “propaganda imperialista”. Conozco este tipo de razonamiento del stalinista típico, e incorregible. Pero en esto no hay que ceder a la opinión de la izquierda “políticamente correcta”, nacional y popular, que está acostumbrada a avalar cualquier porquería. Defender al régimen de los Kim no es defender al socialismo, sino todo lo contrario. Como un primer paso, pediría que en este próximo Primero de Mayo, las fuerzas socialistas e internacionalistas incorporen a sus demandas la denuncia de la represión en Corea del Norte y el pedido de acabar con los campos de concentración.
La revolución alemana de 1918-1919 La revolución alemana de 1918, es una de las páginas más vibrantes y heroicas de la historia del proletariado internacional. De haber triunfado hubiera cambiado, muy probablemente, el rumbo de la Historia, evitando la degeneración, producto de su aislamiento, del Estado obrero ruso nacido de la revolución de Octubre. Fue quizás en la revolución alemana de 1918 donde por primera vez quedó en evidencia, hasta las últimas consecuencias, el papel reaccionario de la socialdemocracia en la lucha por cambiar la sociedad. La historia no se repite siempre del mismo modo, pero tampoco empieza siempre desde cero. La asimilación de lecciones de aquella derrota es necesaria hoy para el triunfo de la revolución mañana. Los primeros años del siglo XX fueron convulsos en toda Europa. En el verano de 1914, las principales potencias capitalistas desencadenan la I Guerra Mundial. Los partidos socialdemócratas de Francia, Inglaterra, Alemania... se posicionan junto a sus respectivas burguesías nacionales y con la excusa de "la defensa de la patria" lanzan a la clase obrera europea a una matanza sin precedentes. Pero la histeria patriótica deja paso, en poco tiempo, al descontento de las masas. Pronto los desfiles militares son insuficientes para compensar el hambre, la miseria y el sufrimiento de millones de obreros que morían en el frente o malvivían en las ciudades. La guerra, que se había desencadenado para salvar los beneficios de los capitalistas se convertía, dialécticamente, en la partera de la Revolución. En 1917, las masas rusas, lideradas por el partido bolchevique, habían tomado el poder dando los primeros pasos en la construcción de una nueva sociedad. Aquel acontecimiento entusiasmó a la clase obrera mundial y aterró a la burguesía. La revolución ya había dejado de ser un ideal alcanzable en un futuro incierto, se había convertido en una realidad que podía lograrse "aquí y ahora". En Alemania, la clase obrera llevaba más de dos décadas construyendo sus organizaciones políticas y sindicales. En los sindicatos militaban más de dos millones de obreros y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) contaba en 1914 con más de un millón de afiliados. Si ya ese año obtuvo 4.250.000 votos, en enero de 1919 conseguirían 12.500.000. En los últimos años del siglo XIX Alemania experimentó un acelerado desarrollo industrial. En la primera década del siglo XX, dos tercios de la población vivían en las ciudades. El proceso de concentración de la economía se desarrolló vigorosamente. La gran banca dominaba la actividad industrial y económica. El país estaba entre los primeros productores de hierro y hulla. El desarrollo de esta última actividad le situó también a la cabeza de la producción petroquímica. La población obrera aumentó exponencialmente a medida que hacían su aparición las grandes fábricas que agrupaban a miles de trabajadores. Precisamente este desarrollo de la clase obrera alimentó, por una parte, el rápido crecimiento de la socialdemocracia y, por otra, el temor de la burguesía, que optó por mantener las estructuras monárquicas, mientras las leyes electorales favorecían a los distritos rurales frente a los urbanos. Las organizaciones obreras al comienzo de la revolución El desarrollo del SPD, entre 1875-1914, coincidió con el periodo de auge del capitalismo y esto influyó decisivamente en la configuración de la socialdemocracia alemana, así como de otros partidos de la II internacional. Esto propició que se obtuvieran mejoras sustanciales para la clase obrera, pero también favoreció el fortalecimiento de una gran capa de burócratas que obtenían sus privilegios directamente de su participación en las instituciones burguesas. Este proceso alimentó el ala de derechas organizado en torno al grupo parlamentario del SPD. En este contexto, el sector mayoritario de la dirección desarrolló ilusiones en la posibilidad de "reformar" el capitalismo y de avanzar gradualmente hacia el socialismo, a través de una mayoría parlamentaria obtenida pacíficamente en las urnas. Cuando la crisis capitalista estalló, el abismo que separaba a la dirección socialdemócrata de las necesidades de sus bases era ya insalvable. La revolución desapareció del orden del día del SPD justo cuando se hizo inevitable. Pero, contrariamente a lo que había sucedido en Rusia, el viraje a la derecha de la dirección socialdemócrata no fue contrarrestado por una organización revolucionaria que ofreciera a las masas un programa para conquistar el poder. De esta forma, pese a los intentos heroicos del movimiento obrero por encontrar una salida revolucionaria, una y otra vez el SPD conseguirá controlar la situación y finalmente, descarrilar el proceso revolucionario. Rosa Luxemburgo La oposición comienza a organizarse tímidamente en el seno del SPD. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, entre otros, editarían una revista (La internacional) que se constituirá como portavoz de la oposición. Este sería el núcleo de la Liga Espartaquista. En un principio, Rosa Luxemburgo pretende conquistar a la mayoría de las bases del SPD para las posiciones revolucionarias y se opondrá a una escisión mecánica: "...siempre es posible salir de pequeñas sectas y ponerse a construir nuevas sectas. Pero son sueños irresponsables querer liberar toda la masa del grupo más pesado y peligroso de la burguesía mediante una simple salida". Esta postura no era equivocada, en lo que concernía a la orientación de los trabajadores hacia el SPD. Sin embargo, durante su permanencia en el SPD no organizaron ninguna fracción seria y disciplinada en su seno, que pudiera aprovechar la marea revolucionaria y el giro de los obreros socialdemócratas para fortalecer la organización revolucionaria. Posteriormente, cuando el SPD se rompe, en enero de 1917, y nace el USPD (Partido Socialdemócrata Independiente) los espartaquistas, que deciden adherirse a este último, trasladarán al nuevo partido sus viejos esquemas sobre la organización. Rechazan todo tipo de centralización, reclamando plena autonomía para las organizaciones locales y provinciales. Su tesis era que las masas encontrarían, espontáneamente, las formas adecuadas de organización en el curso de la acción, y que el papel del partido debía limitarse a estimularlas para la acción revolucionaria. Así se "condenaban" inconscientemente a ser meros "propagandistas" durante la Revolución. De hecho, pese al inmenso prestigio y simpatía que despertaban estos dos grandes revolucionarios, en los momentos decisivos se verían impotentes para jugar el papel de dirección que precisaba la revolución alemana. También renunciarían a realizar una propaganda sistemática entre la tropa, con lo que facilitaron que posteriormente esta pudiera ser utilizada por el gobierno contra los revolucionarios. Liga Espartaquista Se desata la revolución Espartaquistas luchando en las calles El curso de la guerra, que había comenzado para Alemania con una serie de victorias arrolladoras, había cambiado radicalmente a finales de 1918. Ante la inevitabilidad de una derrota y temiendo una insurrección popular, la burguesía, a través del jefe adjunto del Estado Mayor, Ludendorff, le ofrece al SPD la entrada en el gobierno. Este acepta y dos de sus principales líderes, Ebert y Scheidemann, entran al nuevo gobierno en coalición con el partido católico de Zentrum. Su principal objetivo debía ser negociar la rendición. Pero el armisticio se demora mientras el descontento crece entre los soldados. El 30 de octubre tendrá lugar un motín de los marineros de la Flota de Alta Mar, quienes se niegan a llevar a cabo una ofensiva suicida ordenada por el Alto Estado Mayor. Este motín, aunque consigue parar la ofensiva es finalmente controlado y los marineros son encarcelados a la espera de un consejo de guerra. Pero el 3 de noviembre un nuevo motín en Kiel exige la liberación de los detenidos. Los estibadores y otros trabajadores se unen a los insurrectos para exigir la liberación. La manifestación es de nuevo reprimida, hay nueve muertos y casi 30 heridos. Esto precipita los acontecimientos. El día 4, los marineros de la Tercera Escuadra eligen sus Consejos, de-sarman a los oficiales e izan la bandera roja, mientras los estibadores proclaman la huelga general. Se libera a los detenidos y se ocupan los edificios públicos. Un enviado del gobierno, el socialdemócrata Noske es nombrado, a su pesar, gobernador por los insurrectos, que creen haber puesto al frente del gobierno de Kiel a un representante fiel de los trabajadores. El día 8, la Revolución tenía bajo su control todas las grandes ciudades del Oeste de Alemania. "Por todas partes sucedía lo mismo: los soldados, los obreros, escogían sus consejos, las autoridades militares capitulaban, se entregaban o huían, y las autoridades civiles, atemorizadas e intimidadas, reconocían tímidamente la nueva soberanía de los consejos de trabajadores y de soldados (...), por todas partes se veían escenas de hermanamiento entre marineros, soldados y civiles extenuados. En todas partes se trataba en primer lugar de liberar a los presos políticos, después se ocupaban los ayuntamientos, las estaciones, las comandancias militares, e incluso a veces las redacciones de los periódicos" (Sebastian Haffner, La revolución alemana de 1918-1919). La burguesía, consciente del peligro que supone la Revolución para sus intereses ofrece a Ebert el cargo de canciller, presumiendo que sólo los socialdemócratas serían ya capaces de controlar la situación. Ebert solicita a su vez la incorporación del USPD al gobierno, para fortalecer su flanco izquierdo y presentar ante las masas un gobierno de la socialdemocracia "unida". El 9 de noviembre se convoca en Berlín la Huelga General. La mayoría del ejército está de parte de los revolucionarios. Ese día el gobierno llama a Berlín al Cuarto Regimiento de Cazadores con la esperanza de poder utilizar las tropas contra los huelguistas. Pero los soldados dudan. Una delegación se dirige a la redacción del Vorwäts (el periódico del SPD) y regresa al cuartel con el diputado y dirigentes del SPD Otto Wels. Éste, viendo la imposibilidad de utilizar a estas tropas contra los trabajadores termina su discurso apelando a "evitar la guerra civil", y lanzando vivas al "Estado Popular Libre". De este modo, aunque el gobierno debía posponer sus intentos de aplastar la revolución consiguen ganarse la confianza de las tropas, a quienes utilizarán posteriormente. Entretanto, los trabajadores comienzan a elegir en las fábricas y cuarteles a sus delegados para crear un Consejo de Obreros y Soldados que, a su vez, nombrara un Gobierno Provisional, el Consejo de los Comisarios del Pueblo. Estos consejos eligen mayoritariamente delegados del SPD. Aunque en las fábricas los delegados revolucionarios alcanzan cierta representatividad, en los cuarteles el SPD copa casi todas las delegaciones. En el Congreso de los Consejos, Ebert es nombrado Comisario del Pueblo, junto con otros miembros del SPD y del USPD. Así, el SPD, que no había alentado los consejos, ni los deseaba, se ve aupado al poder por las masas revolucionarias, que veían en los socialdemócratas a sus dirigentes naturales. Pero Ebert no renunciará a liquidar los consejos, que comienzan a desarrollar un poder paralelo al del Estado burgués. Para ello, traza un plan con el general Groener. Como este último declararía después: "Por el momento se trataba de arrebatar el poder a los consejos de trabajadores y soldados de Berlín. Con este objetivo se planeó el avance sobre la ciudad por parte de diez divisiones. El comisario del pueblo Ebert estuvo plenamente de acuerdo. (...) Sólo puedo decir que los Independientes que formaban parte del gobierno, y creo que también los consejos de soldados exigieron que las tropas entraran desarmadas. Naturalmente, nosotros nos opusimos a ello inmediatamente y el señor Ebert, claro está, estuvo de acuerdo en que las tropas entraran en Berlín con armas. Para llevar a cabo esta ocupación, que simultáneamente debía servir para establecer de nuevo un gobierno firme en Berlín elaboramos un programa militar" (Ibíd.). La socialdemocracia se prepara para liquidar la revolución Friedrich Ebert Este "programa", elaborado con la total conformidad de Ebert, y que no se haría público hasta 1940, disponía, entre otros puntos que: "...quien sin licencia para ello se encuentre en posesión de armas será fusilado. Quien esté en posesión de material bélico, incluidos coches, será juzgado según la ley marcial. Los desertores y marineros deben alistarse en un plazo de diez días en la primera unidad de reserva o en el destacamento territorial más próximo. Quien de forma no autorizada se atribuya la condición de funcionario, será fusilado. La autoridad de los oficiales vuelve a restablecerse totalmente (medallas, saludo obligatorio, condecoraciones, tenencia de armas). Todas las unidades de reserva se disolverán inmediatamente" (Ibíd.). Pero este plan sangriento habría de cosechar nuevamente una derrota estrepitosa. No fueron las vacilaciones de la burguesía ni los escrúpulos de la dirección del SPD los responsables del fracaso, sino nuevamente la imposibilidad de utilizar a las tropas para llevarlo a cabo. Las divisiones "de confianza" que habían entrado armadas en Berlín se disolvieron literalmente al entrar en contacto con los trabajadores revolucionarios. Tras escuchar los discursos de bienvenida del gobierno, los soldados confraternizan con los trabajadores y abandonan sus formaciones. 14 días después, de las diez divisiones que entraron en la capital, sólo quedaban acuartelados 800 hombres. El 16 de diciembre tiene lugar el Congreso de los Consejos del Reich, dominado desde el principio por los delegados "fiables" del SPD. Esta mayoría en el Congreso decidió anticipar la fecha de las elecciones a la Asamblea Nacional, rechazó terminantemente atribuirse los poderes legislativo y ejecutivo, y no concedió al Comité Central de los Consejos ni la capacidad de legislar temporalmente hasta la celebración de la Asamblea Nacional. No obstante, el Congreso no podía enfrentarse frontalmente con la revolución y tuvo que aprobar una resolución que suponía la reforma total del ejército: el mando supremo pasaba a los Comisarios del Pueblo bajo control del Comité Central, la disciplina quedaba en manos de los Consejos de soldados, se establecía la libre elección de los oficiales y desaparecían los distintivos de rango y la obligación del respeto a la jerarquía fuera del servicio. Estas medidas encolerizaron a la burguesía y a la cúpula militar. La Revolución contaba con su propia guardia. La Volksmarinerdivision (División de Marina Popular) que se había constituido a partir del 9 de noviembre por marineros llegados de Kiel. Contra ellos dirige el gobierno sus ataques e inicia una campaña de calumnias acusándoles de saqueos y de "espartaquistas". La situación se hace insostenible y el 23 de noviembre esta guarnición ocupa el Reistag y detiene temporalmente al gobierno. Las tropas leales al gobierno atacan, pero los marinos, junto con grupos de trabajadores, se enfrentarán a ellos derrotándoles. Esto desmoralizará aún más a la burguesía y al Estado Mayor. En una conferencia celebrada inmediatamente después, varios oficiales se pronuncian a favor de disolver el Alto Mando: "No sirve de nada seguir rebelándose por más tiempo contra el destino. Todo el mundo debe marcharse a casa y pensar en como proteger a su familia y salvar la propia piel" (Ibíd.). La Volksmarinerdivision (División de Marina Popular) Por su parte, los miembros del USPD abandonan el gobierno en protesta por el ataque a la Volksmarinerdivision. En sustitución suya entrarán Wisell y Noske, el antiguo gobernador de Kiel, que pronto sería el encargado material de ahogar en sangre la revolución. El gobierno y la burguesía tenían motivos para estar preocupados. El 29 de diciembre, durante el entierro de los marineros asesinados una multitudinaria manifestación de duelo lleva pancartas en las que podía leerse "Acusamos a Ebert, Landsberg y Scheidemann de ser los asesinos de los marineros". Sería el comienzo de una nueva oleada revolucionaria. El 30 de diciembre la Liga Espartaquista y el grupo Comunistas Internacionales de Alemania (IKD) fundan el Partido Comunista (KPD). Rosa Luxemburgo manifiesta hasta el último momento su opinión de que la fundación del KPD era prematura, y que debían continuar todavía en el seno del USPD. Pero los propios militantes espartaquistas rechazan esto. Las tendencias ultraizquierdistas, que no se habían combatido seriamente en el periodo anterior, son ahora mayoritarias. El 5 de enero, el USPD, el KPD y los delegados revolucionarios convocan una manifestación contra el despido del jefe de policía, Eichhorn, militante del USPD. La manifestación desbordó todas las previsiones. Los obreros acudieron por cientos de miles, muchos de ellos iban armados. Durante la tarde se ocupan las redacciones de todos los grandes periódicos y las principales estaciones. Este levantamiento era una expresión de la ira y el hartazgo de la vanguardia más consciente del proletariado berlinés e influyó decisivamente en el estado de ánimo de la mayoría de la dirección del USPD y del KPD. Revolución Espartaquista, Karl Liebknecht dirigiéndose a las masas Sin embargo, la situación no era exactamente igual en los cuarteles. En la reunión convocada por los promotores de la manifestación, los representantes de los soldados se muestran cautos. No era seguro que la mayoría de las tropas apoyaran decididamente un levantamiento contra el gobierno. La dirección del movimiento, formada por el USPD, los delegados obreros, el KPD y la Volkmarinerdivision, era un grupo heterogéneo y dudaban sobre los pasos a seguir. Finalmente, se constituye un Comité Revolucionario Provisional con el objetivo de derribar el gobierno, con la oposición de Rosa, que opina que la acción es precipitada. El lunes dia 5, es convocada una nueva manifestación y de nuevo la respuesta es masiva. Pero durante toda la jornada se esperarán en vano instrucciones del Comité Revolucionario. Este vacila. Las tropas se declaran "neutrales". La orden de ocupar la cancillería no llega. Poco a poco, los obreros van dispersándose. Ebert ofrece una negociación poniendo como condición previa que se desalojen los edificios ocupados. El Comité Revolucionario se niega. La iniciativa queda, de este modo, en manos del gobierno, que había reorganizado una parte del ejército y ordena el ataque a los edificios ocupados. Del 9 al 12 de enero de 1919 se reconquistan las posiciones tomadas por los revolucionarios. El 11 de enero, Noske, al mando de los Freikorps entra en Berlín. Este cuerpo de voluntarios, organizado por el Alto Mando, estaba formado por los sectores más reaccionarios, y durante los meses anteriores se habían agrupado y entrenado con total impunidad y conocimiento del gobierno socialdemócrata en los alrededores de Berlín. Avanza la contrarrevolución La contrarrevolución, que ahora avanzaba victoriosa, amparada por el propio gobierno, fue implacable. Por todas partes se multiplicaban los asesinatos de obreros. El 12 de enero, cae Berlín. El 15 serán asesinados Kart Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Dos días antes, en el boletín informativo de los Freikorps de Berlín podía leerse la siguiente amenaza: "Aumentan las sospechas de que el gobierno podría relajarse en su persecución contra los espartaquistas, (...) nadie va a conformarse con lo alcanzado hasta ahora, hay que proceder también contra los líderes del movimiento con toda la energía. El pueblo berlinés no debe creer que los que se han librado hasta ahora disfrutarán en otra parte de una existencia tranquila. En los próximos días se demostrará que también con ellos se actuará con dureza". Los sucesos del 9 al 15 de abril modificarían radicalmente la correlación de fuerzas a favor de la contrarrevolución y abrirían al periodo de la guerra civil, que aún se prolongaría por unos meses y que culminaría en mayo con la liquidación de la República de los Consejos de Munich. Pero esto no llevó a la constitución del ansiado gobierno reformista que pretendía la dirección socialdemócrata (aunque para lograr este triunfo de la "democracia" no hubieran dudado en masacrar a sus propias bases). Para la reacción, una vez que habían logrado derrotar a estos últimos era necesario ajustar cuentas con los líderes traidores del SPD. El propio Ludendorff había declarado en varias ocasiones: "La tontería más grande de los revolucionarios fue dejarnos con vida. Ahora bien, si vuelvo a subir al poder, no habrá perdón alguno. ¡Con la conciencia bien tranquila, veré como cuelgan y se bambolean Ebert, Scheidemann y sus colegas!" (Ibíd.). Se organiza un nuevo golpe de Estado y por sorprendente que parezca, de nuevo, el extenuado proletariado alemán frenaría este ataque, respondiendo al llamamiento del gobierno a la huelga general. No había ni un átomo de ingenuidad en esta actuación de los trabajadores alemanes. Sabían que el triunfo absoluto de la reacción significaba la total liquidación de las organizaciones del movimiento obrero y la represión más feroz contra los trabajadores. El golpe fracasa, impotente ante la parálisis total de la industria y los transportes. Pero la revolución estaba tocada de muerte. El gobierno, que había huido a Stuttgart, podía regresar a Berlín. Y ahora su mayor preocupación era como terminar con la huelga general que les había salvado el pellejo. Desmovilizaron al sector más combativo con promesas que no tenían intención de cumplir y luego dejaron que la Reichswehr1 "retornada al campo institucional" hiciera el trabajo sucio. Para ello emplearon a las mismas unidades golpistas. Una carta de un miembro de la brigada Epp de los Freikorps revela hasta qué punto desarrollaron con celo este trabajo: "... Por fin estoy en mi compañía. Llegué ayer por la mañana, y a la una del mediodía empezamos el primer asalto. Si os describiera todo lo que pasó diríais que miento. Aquí no hay perdón que valga. Hasta disparamos a los heridos. El entusiasmo es enorme, difícil de describir. En nuestro batallón hubo dos muertos; entre los rojos 200 o 300. A todo el que pasa a nuestro alcance lo despachamos primero con la culata del fusil y luego le disparamos...". La Revolución había sido completamente derrotada. Sin duda, la lección más valiosa que puede extraerse de la lucha heroica de los trabajadores alemanes sigue siendo, precisamente, que, pese a todo el heroísmo y la voluntad revolucionaria de las masas, la dirección revolucionaria es absolutamente decisiva. La Revolución Rusa contiene sorprendentes paralelismos con la Revolución Alemana. Como ésta, desarrolló los Consejos (Sóviets), dio inicialmente la mayoría en estos a los reformistas (los socialistas-revolucionarios de Kerenski) y los aupó al Gobierno Provisional. Igualmente los reformistas intentaron liquidar los Soviets y derrotar la revolución y fueron las masas, con los bolcheviques en primera línea, quienes se organizaron para defenderla del golpe de estado del general Kornílov. También en Rusia, los sectores más radicalizados abogaban por tomar el poder en julio, cuando las condiciones no eran aún favorables. En cada acontecimiento decisivo, los trabajadores encontraron las ideas y el programa bolchevique a su lado, en cada fábrica, en cada cuartel, etc. Sin la existencia de la organización bolchevique, que crecía y se fortalecía más y más a medida que los trabajadores iban sacando sus propias conclusiones, las ideas de su dirección, por más correctas y necesarias que fueran no hubieran podido llegar a la base del movimiento. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht pagaron con su vida el no haber comprendido este aspecto vital para los marxistas. En la primera década del siglo XXI es obligación de todos los revolucionarios conscientes aprender de los que nos precedieron, no sólo de sus éxitos, sino, quizás más importante aún, de sus derrotas para poder alcanzar el éxito en el futuro. Unite a GSI Saludos, y no se olviden de recomendar.

ir a la parte 1Parte 1Qué es el FMIA lo largo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Estados Unidos se fue convirtiendo en la principal potencia imperialista. Recordemos un solo dato: atesoraba en sus reservas tres cuartos de la totalidad del oro mundial. El presidente Roosevelt, para avanzar en la recomposición económica del sistema capitalista, convocó a una conferencia en la pequeña ciudad yanqui de Bretton Woods. Representantes de 44 países, en julio de 1944, fundaron el FMI (Fondo Monetario Internacional). Nacía una poderosa herramienta que ayudaría a las grandes potencias a “monitorear” el mundo en su beneficio. Estados Unidos se quedó con el 26% de los votos e Inglaterra lo siguió con el 12%. El FMI se presentó como una especie de “fondo de ayuda mutua” para favorecer el comercio entre los socios y ayudar a quien tuviera dificultades. Por supuesto, garantizando la libre circulación de sus capitales, para facilitar las inversiones extranjeras en el Tercer Mundo. Cada país depositaba una cuota de acuerdo a su capacidad económica, en una especie de “caja de ahorro” mundial. En caso de problemas, se pide un préstamo. Entonces, este organismo imperialista comienza a “supervisar” el manejo económico del país deudor. En las últimas décadas del siglo XX fue estallando este perverso mecanismo de manipulación económica y sus siniestros “planes de ajuste”. Luego de impulsar el endeudamiento de los países pobres, comenzaron las crisis por falta de fondos para pagar las burbujas de endeudamiento. El caso más célebre fue México en 1982. Para fines de esa década, el FMI sumó a sus exigencias de rebaja de salarios, alzas de tarifas, etcétera, la privatización de las empresas estatales y recursos naturales. La crisis económica capitalista siguió. Al mismo tiempo se fue ampliando cada vez más la brecha entre pobres y ricos, entre los países y toda la población mundial. Para el nuevo milenio, el FMI había mostrado su verdadero rostro. Un demonio del imperialismo para saquear a su servicio, asfixiando a los países más pobres para beneficiar a las multinacionales y grandes bancos.¿Hay un FMI “bueno”?La sucesión de estallidos económicos que acompañaron el cambio de siglo fueron hundiendo al FMI en un enorme desprestigio. Cada vez más movilizaciones y huelgas generales lo tuvieron como blanco. Durante años recibió críticas e insultos de casi todos lados. Pero el imperialismo necesita a su guardián económico. Le lavaron la cara, hubo “autocríticas”, se abrieron “créditos flexibles” y otras modalidades supuestamente beneficiosas para los países más pobres y endeudados. Los plumíferos imperialistas empezaron a hablar de que ahora vendría un “FMI bueno”, para resucitarlo.Veamos algunos ejemplos. La mayoría de los acuerdos firmados desde el 2008 exigen “lo mismo que en los 90: ajuste fiscal, privatizaciones, suba de impuestos, desregulación financiera y flexibilización laboral” (Crítica, 30/8/09). Tras su acuerdo con Bielorrusia por 2.500 millones, el país debió devaluar su moneda en un 25%. En el Salvador, tras la entrega de 1.000 millones, se eliminaron los subsidios a la energía, trasladando esos valores a las tarifas de los usuarios. En México se avanzó en “el recorte de los derechos de los trabajadores para que las empresas aumenten sus ganancias y repunte la inversión”. En Polonia, “el FMI ponderó el aumento de la edad jubilatoria y la necesidad de continuar reformando el régimen previsional, incluyendo el aumento gradual de la edad de retiro laboral y la disolución de los sistemas especiales en el régimen general”. Ahora, con la crisis griega, donde se repite la película, los imperialistas están discutiendo cambiarle la cara: que la presidencia pase de un europeo a un chino.¿Quiénes son los bonistas?Hay quienes dicen que dejar de pagar la deuda terminaría perjudicando a pequeños ahorristas o, incluso, a trabajadores o jubilados argentinos que alguna vez recibieron importes en bonos. La realidad es que hoy la inmensa mayoría de estoas está en manos de bancos o fondos buitres que los compraron por monedas, al 10, 20, o a lo sumo 30% de su valor. En el nuevo canje, los bancos coordinadores, el Barclays, Citi y Deutsche1, ya han reconocido que entre ellos mismos y sus clientes mayoristas han acumulado el 75% del total. Recordemos un caso de nuestro país. A los jubilados y estatales que De la Rúa les había descontado el 13% en julio de 2001, se les “devolvió” ese monto dos años después con un Boden. Los mismos bancos que tenían la tarea de entregarlos habilitaron inmediatamente una ventanilla “al lado”, para comprárselos a menos de la mitad de su valor. ¿Cuántos jubilados o estatales aún tienen “su” Boden? Aquellos que agitan el fantasma de que el no pago perjudicaría a los jubilados, mienten. El no pago es contra los banqueros que han esquilmado a trabajadores y jubilados, ya que son ellos quienes poseen en sus manos los famosos bonos. Y por supuesto, si algún jubilado se quedó con algún bono, corresponde abonárselo.Las mentiras del INDEKEn 2007 el gobierno intervino el Indec para falsear todos los índices, empezando por el de Precios al Consumidor, fundamental para conocer la inflación. Varios funcionarios del gobierno de Cristina lo justificaban diciendo que así “se pagaba menos deuda”, ya que existen bonos que se indexan por el CER (indicador similar a la inflación oficial). El argumento es rotundamente falso: primero, porque esos bonos no cayeron del cielo. Los “inventó” el propio Kirchner en el canje de deuda de 2005. Segundo, porque mientras teóricamente nos “ahorramos” deuda por esos bonos, existen otros que se indexan siguiendo el crecimiento del PBI. Como el gobierno terminó calculando como aumento del PBI real lo que no es más que mayores valores por inflación, por esos bonos se terminó pagando más de lo que correspondía. Es más, el Indec dijo que en 2009 no hubo recesión, sino un 0,9% de crecimiento. Por esa mentira, Argentina deberá pagar 300 millones de dólares más en 2011. Y, por si fuera poco, el fraude del Indec fue tan burdo que en el exterior se lo cobraron a la Argentina aumentando la tasa de interés del dinero que le prestan. Como para seguir pagando deuda el gobierno tuvo que seguir endeudándonos, se terminó aceptando una tasa de interés cada vez más alta. En realidad, la intervención del Indec tenía otros motivos: tirar los sueldos a la baja en las negociaciones salariales y tapar los índices sociales negativos (pobreza, indigencia y desigualdad social).El Club de ParísSe llama así al ámbito en el que un gobierno deudor negocia su deuda con los gobiernos acreedores. No tiene miembros “fijos”, ni una estructura institucional. Es un organismo financiero “informal”, integrado por naciones como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Japón, Italia, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Noruega, Países Bajos, Suecia, Suiza y Rusia. Sus principales patrocinadores son el FMI y el Banco Mundial. Nuestra deuda con el Club de París asciende a casi 7.000 millones de dólares. Aunque Cristina Kirchner dice que es “legítima”, tuvo que reconocer que el 45% fue contraída por la dictadura. Fueron préstamos para la compra de armamentos en la época del conflicto con Chile por el Beagle; una porción importante corresponde a un préstamo a favor de la firma holandesa Nacap B.V., accionista mayoritario de Cognasco, para construir el gasoducto Central-Oeste, dinero que en su mayoría nunca llegó al país; también hizo préstamos a la estatal YPF en el Banco de Tokio, que después alimentaban la bicicleta financiera. Todo esto quedó prolijamente demostrado en la causa Olmos y el fallo posterior de Ballesteros. ¿Qué legitimidad puede tener una deuda impuesta con asesinatos, torturas, secuestros y desapariciones?¿De qué “desendeudamiento” hablan los Kirchner?A partir del canje de 2005, el gobierno comenzó una profusa propaganda: “cada vez debemos menos” y “la deuda ya no es un problema para la Argentina”. Volvió a utilizar este argumento cuando pagó en efectivo los 9.800 millones de dólares por adelantado al FMI -en ese caso no sólo nos “desendeudábamos”, sino incluso nos “liberábamos” de ese organismo-. Contó, para publicitar esos argumentos, con la ayuda de los editoriales económicos de Página 12 y de su Suplemento Económico Cash. Así, este último publica un informe especial titulado Radiografía de la deuda (21/02/2010), con la firma de Roberto Navarro, donde afirma: “En 2003 el total de la deuda bruta nacional representaba el 139% del PBI; a fines de 2009 la deuda cayó hasta el 49,1% … La caída de la relación deuda pública con el PBI, uno de los principales indicadores que revelan la capacidad de cumplimiento de las obligaciones del Estado, se debió al proceso de desendeudamiento comenzado en 2005, y al crecimiento de la economía”. Alfredo Zaiat, economista editorialista de Página 12, sostiene a su vez: “hoy la deuda no es un condicionante central para la economía, ni por magnitud ni por su horizonte de vencimientos… puede afirmarse que la deuda no representa hoy día un obstáculo central para la economía” (Página12, 27/03/2010). Idénticas aseveraciones se encuentran en el documento de los economistas del Grupo Fénix (Deuda Pública y conflicto político, Suplemento Cash, 4/04/2010). Jugando con los númerosEl gobierno y estos economistas nos hacen una trampa estadística. Vamos a explicarla en forma simple. Es la misma que hacía Menem cuando comparaba “sus” números de la economía con el peor momento de la hiperinflación de 1989. Obvio: todo le daba a favor. Los salarios, la desocupación, la pobreza. Nosotros retrucábamos: la comparación debe ser con el conjunto de la década del 80. Ahí se verá que los salarios bajaron, la desocupación y la pobreza creció y la deuda siguió aumentando. Hoy, los kirchneristas hacen lo mismo. Comparan sus números con el peor momento de la crisis de fines de 2001, o los meses posteriores. Obvio, todo les da “para arriba”. Pero la realidad es que los salarios y la pobreza están peor que bajo el anterior gobierno peronista a mediados de los noventa, la desocupación es la misma y la deuda, que es lo que a nosotros nos interesa en este trabajo, está igual que en el momento previo al estallido de fines de 2001. Se sigue destinando, como a mediados de los 90, un promedio del 10% del presupuesto (más que lo que se destina a Salud y Educación juntos) para los pagos de la deuda externa.A su vez, la deuda a fines de 2001 era de 144.453 millones de dólares. Las compensaciones a los bancos por la pesificación y la asunción por el Estado Nacional de las deudas provinciales, llevaron el valor a 189.754 millones. Luego vino el canje de 2005, y supuestamente comenzó el desendeudamiento. Sin embargo, el último dato oficial disponible de diciembre de 2009, dice que la deuda asciende a 147.119 millones de dólares (casi el 50% del PBI, como en el 2001). O sea, el propio gobierno reconoce que el monto total es el mismo que a fines de 2001. Eso, sin contar los 29.000 millones que “quedaron fuera del canje 2005 -llamados “hold outs”-, que ahora “reaparecen” en el nuevo canje. Con cualquier quita en esta operación, todos los analistas aceptan que, de mínima, la deuda aumentará por lo menos unos 12.000 millones más. Y todavía faltan contar algunos ítems que por una cuestión de “cosmética contable” no aparecen -como los cupones PBI de los bonos, al los que el Estado no los llama deuda, sino “pasivos contingentes”-. Y los casi 30.000 millones de dólares de las deudas provinciales. En síntesis, si medimos bien la deuda argentina, esta supera claramente los 200.000 millones de dólares. Y todavía nos faltaría contar 50.000 millones de deuda de los privados (que, sabemos por la historia, más de un vez terminó siendo estatizada). La bola de nieve sigue creciendo y, como a fines de los 90, otra vez adquiere velocidad. ¿De qué “desendeudamiento” hablan los Kirchner?¿Qué pasaría si no pagamos?Para la mayor parte de las personas es chocante la idea de no pagar una deuda. Es comprensible, porque tiene que ver con ser honorable y decente. Pero con la deuda externa, el problema es al revés. Es una deuda fraudulenta e ilegítima, un barril sin fondo que favorece a gente que no es ni honorable ni decente, sino a los grandes empresarios de las multinacionales, a los banqueros, y al imperialismo. Todos ellos se enriquecen mientras hay cada vez mas problemas de empleo, salario, educación y salud para los trabajadores y el pueblo. Por eso, ante el debate y la propuesta de no pagar, apelan a otros argumentos: “Si no pagamos, sufriremos todo tipo de calamidades.” Esto es totalmente falso.Los que se perjudicarían con el no pago de la deuda serían los banqueros, las grandes potencias y el FMI. Por eso son la usina de las amenazas y calamidades, que luego repiten los funcionarios lacayos: quedaríamos aislados, no tendríamos medicamentos, nos podrían bloquear, invadir o incluso mandar la flota estadounidense.Son todas mentiras. El no pago ha sido muy frecuente (como verán a continuación...). Países con muchos menos recursos que el nuestro han tomado medidas contra los acreedores y no les pasó nada. Recordemos algunos casos de estos años Bolivia se retiró del CIADI (el Tribunal Arbitral del Banco Mundial). Ecuador investigó y repudió una parte de su deuda. Y con el Argentinazo se dejó de pagar una parte importante. ¿Nos invadieron? No. Podríamos responder a cualquier bloqueo Si nos bloquearan, Argentina tiene abundancia de carne, cereales y petróleo para subsistir. Para enfrentar posibles sanciones seguramente encontraríamos nuevos mercados, pero fundamentalmente nos deberíamos unir a los países latinoamericanos para comercializar nuestros productos en igualdad de condiciones. Si sufriéramos un embargo, poco y nada habría en el exterior que nos perjudique. Quedarían las sedes de las embajadas y las pocas reservas del Banco Central depositadas en Washington. La respuesta podría ser totalmente favorable a Argentina: embargar las propiedades imperialistas en el país. Si expropiáramos a las multinacionales y grandes empresarios, y se reestatizaran las empresas públicas, ellos perderían mucho más.La calamidad es seguir pagandoLa presidente repite y repite sus discursos diciendo que pagando deuda habrá prosperidad, porque se lograrán inversiones beneficiosas que ahora no vienen. Es mentira. Las inversiones que quiere Cristina ya las conocemos, son las de las grandes empresas que nos saquean y las de los especuladores de siempre. Si no pagamos, en cambio, tendríamos muchísimo dinero para invertirlo en una verdadera prosperidad.En su momento, la suspensión de pagos en 2001-2002 sirvió para aliviar las penurias de la desocupación y la miseria salarial de aquel período. Pero en vez de profundizar las medidas hacia una segunda independencia y la unidad latinoamericana, los gobiernos peronistas de Duhalde y los Kirchner siguieron beneficiando a los empresarios y los banqueros internacionales y reestableciendo el yugo del FMI. Hace ya casi 30 años, en 1983, el fundador de nuestra corriente, Nahuel Moreno, denunciaba este mecanismo perverso. “Si seguimos pagando, no habrá recuperación económica, ni salario, ni trabajo…”*. Esta es la calamidad a la que nos someten el imperialismo y los gobiernos patronales.34 años de entrega y pobrezaLa Argentina es un país rico. Producimos alimentos para 300 millones de habitantes. Tenemos gas y petróleo como para autoabastecernos. Sin embargo, más del 30% de nuestro pueblo vive sumido en la pobreza. Desde hace un par de décadas la desocupación no baja del 10%, alcanzando en los picos de crisis cifras más altas. Los salarios se redujeron aterradoramente: hoy el 70% de los trabajadores gana la mitad de la canasta familiar. La salud y la educación pública se caen a pedazos. Y millones de compatriotas, cada vez más, viven en villas y asentamientos precarios, sin las más mínimas condiciones para una vida digna. Estos cuadros son una muestra de lo que nos está pasando culpa de la dependencia que mantenemos con el imperialismo y las multinacionales, que pegó un salto cualitativo desde la dictadura con los pagos de la deuda externa. Cifras que el gobierno actual quiere ocultar.Muchas veces no se pagaron las deudasAntecedentes históricos del no pago:A lo largo de la historia decenas de países han desconocido sus deudas externas.A continuación les presento varios ejemplos.Estados Unidos 1839-1848: declaró dos veces la mora en el pago de sus deudas con Inglaterra. Entre 1839 y 1842, respecto de préstamos conseguidos para construir una red de canales de transporte fluvial, desconocieron sus compromisos los estados de Mississipi, Lousiana, Maryland y Pennsylvania. En 1868, tras la guerra civil entre Norte y Sur (apoyado por Inglaterra), una enmienda constitucional declaró ilegales todas las deudas contraídas por los estados sureños. Este tipo de medidas las necesitó para poder desarrollarse como gran país capitalista.México 1861: el entonces presidente Benito Juarez, (1858-1864) resolvió suspender por dos años el pago de la deuda contraída con Inglaterra, España y Francia.Ecuador 1889: una escandalosa negociación del gobierno de Flores y Jijón con la banca europea y los EE.UU. provocó una gran movilización popular. En 1895, luego del triunfo de la Revolución Liberal, Eloy Alfaro enfrentó a la banca internacional decretando la suspensión de los pagos.Argentina 1890: el movimiento armado encabezado por Leandro N. Alem, se opuso a Juarez Celman, quien pretendía pagar rematando el país a los ingleses. En sólo cuatro años, la deuda había aumentado el 200%. A raíz de la revolución del ´90, dejamos de pagar por varios años.Venezuela 1901: Cipriano Castro adoptó la resolución de interrumpir el pago.Unión Soviética 1905 y 1917: el Soviet de San Petersburgo –presidido por Trotsky- había adoptado en 1905 la resolución de no pagar la deuda externa. En esta resolución se apoyó el gobierno revolucionario para suspender, en 1919, el pago de la deuda (cerca de 19.000 millones de dólares) contraída durante el régimen zarista.Alemania 1923: dejó de pagar la deuda impuesta por Inglaterra y Francia después de la Primera Guerra Mundial.Inglaterra, Francia e Italia 1933: por la crisis mundial, dejaron de pagar las deudas que tenían con EE.UU., unos 12.000 millones de dólares.Cuba 1959: luego del triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue el desconocimiento de la deuda contraída por el dictador Batista.EE.UU. 1971: el entonces presidente Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar con el oro aduciendo problemas con la inflación, desconociendo compromisos de pago por 50.000 millones de dólares.México 1982: en la década de los ´80, ante las consecuencias terroríficas del endeudamiento impuesto por EE.UU. y el FMI, comenzaron a darse distintas variantes, parciales y coyunturales, de no pago. La mas “legal” y frecuente es la “cesación de pagos” que ese país inauguró en 1982. Bolivia 1984: una huelga general exigió la suspensión de los pagos obligando a declarar una moratoria.Costa Rica 1984: el gobierno prohibió la entrega de divisas para pagar deuda. Los acreedores demandaron en Nueva York, pero la Corte dictaminó que “había procedido como país soberano al intentar impedir un desastre final para su Nación”.Perú 1986: su presidente, Alan García, declaró el no pago y comenzó un enfrentamiento con el FMI, los EE.UU. y la banca. Pero, fiel a su carácter de dirigente burgués, no apeló a la movilización de los trabajadores peruanos ni a la solidaridad latinoamericana y, finalmente, se “rindió” nuevamente ante el FMI en medio del peor desprestigio.Brasil 1987: se convirtió en uno de los tantos países que apelaron al recurso de la moratoria.Rusia 1998: el Estado entra en quiebra y no puede pagar los salarios. Los mineros dejaron de cobrar por seis meses. Acampan en Moscú y obligan al gobierno a declarar la cesación de pagos y pagar con esa plata sus sueldos.Ecuador 1999: en el marco de grandes movilizaciones indígenas que tiraron a varios presidentes, el gobierno ecuatoriano deja de pagar su deuda. Es el primer país que deja de pagar los bonos Brady de la reestructuración de principios de la década de los 90.Argentina 2001: el Argentinazo obligó a declarar la suspensión de los pagos. Ello permitió, por ejemplo, que se otorgaran mas de 2 millones de planes sociales. Después de varios años se empezó a pagar (Kirchner fue el que mas pagó), demostrando la inconsecuencia de los gobiernos empresariales para enfrentar a los usureros.Islandia 2010: mediante un plebiscito donde el 95% de la población se pronunció por no pagar la deuda, obligó a su gobierno a dar marcha atrás con la resolución de abonarle a los beneficiarios de la bicicleta financiera europea.Inglaterra no nos pagó la deudaEn 1947 Gran Bretaña decidió no pagarle a la Argentina la deuda derivada de la compra de carne y cereales durante la Segunda Guerra Mundial. Esta deuda, que ascendía a 150 millones de libras esterlinas, era totalmente legitima y clara, producto de un intercambio comercial, en el cual Argentina dio comida de fiado durante seis años a los ingleses.Estos apelaron a numerosos ardides para no pagar. Primero, en vez de saldarla en efectivo, fueron depositando las libras en sus bancos sin reconocer intereses. Luego, con el respaldo de EE.UU. declararon la inconvertibilidad de la libra y, mientras nos pagaban las carnes a mitad del valor internacional, nos obligaban a comprarles, a precio de oro, máquinas, combustible y gran cantidad de artículos innecesarios. Si no aceptábamos ese acuerdo, no nos pagaban nada. Finalmente, presionaron al gobierno peronista para que comprara los ferrocarriles por el doble de lo que valían a pesar de que al año siguiente se les vencía la concesión.La deuda externa es una de las principales herramientas de dominación del imperialismo. Todo gobierno como el de Cristina Kirchner, que se autoproclame nacionalista y popular y a la vez siga pagándola, sencillamente miente. Los bajos salarios, jubilaciones y pensiones, la inflación, el saqueo del patrimonio nacional vía las privatizaciones, el robo del petróleo, el oro, los bosques, el agua y otras riquezas naturales, son consecuencias de este dominio ejercido por las multinacionales, empresarios y gobernantes de turno a su servicio. Dejar de pagarla es un paso para liberarse, pero no el único. Debe ser parte de un plan de conjunto, elaborado al servicio de los trabajadores y el pueblo, tendiente a liquidar el origen de todos los males: el sistema capitalista. Además de no pagar esa estafa, los socialistas luchamos por:Aumento de salarios, jubilaciones y pensiones. Nadie debe cobrar menos que el costo de la canasta familiar. Plata hay. En el sector privado, debe salir de las ganancias patronales. Para los docentes, médicos, enfermeros y empleados estatales, de la que se destina al pago de la deuda externa.Que se prohíban los despidos. Estatización de toda empresa que cierre o despida, para que siga funcionando bajo control de sus trabajadores. Reparto de las horas de trabajo con igual salario. Basta de trabajo en negro o precarizado. Precios máximos para todos los productos de la canasta familiar.Sanciones a los monopolios que remarcan precios. Eliminación del IVA de la canasta familiar. Aplicación de la Ley de Abastecimiento, que habilita al Estado a expropiar a las empresas que retiren productos de la venta para provocar subas de precios.Plan de obras públicas para generar trabajo genuino, controlado por las organizaciones de desocupados y de trabajadores. Además de reactivar la economía, este plan se enfocaría en la reconstrucción y creación de escuelas y hospitales, obras de cloacas, calles y pavimentos en los barrios humildes, etcéteraReestatización de las empresas estatales privatizadas. El petróleo, el gas, la luz, el agua, los teléfonos, aviones y ferrocarriles deben volver a manos del Estado. Para que funcionen eficientemente y sin corrupción, deben hacerlo bajo el control de sus trabajadores y usuarios. Fuera Repsol, Telefónica-Telecom, TBA y demás empresas que lucran con los servicios públicos.Nacionalización de la banca. El ahorro popular debe destinarse a créditos para emprendimientos productivos y acceso a la vivienda, no para los negociados de los bancos que cobran intereses usureros.Nacionalización del comercio exterior. Hoy el Estado no tiene control sobre las divisas que se van del país, ni sobre los productos exportados o importados. Esta medida serviría para que los beneficios económicos del comercio exterior sean utilizados en beneficio de los trabajadores y el pueblo.Reforma agraria y expropiación de los “pooles de siembra” que ganan con el trabajo de los pequeños productores, encareciendo el precio de los productos agropecuarios. Fuertes impuestos especiales y progresivos tendientes a terminar con los terratenientes