AndyVaam
Usuario (Argentina)

El templo del pueblo. Jim Warren Jones, nacido en Indiana (EEUU) en el año 1931, fue un pastor de la iglesia metodista reconocido por haber fundado una secta religiosa que él mismo llamaría “El templo del Pueblo” y que pasaría a la historia años más tarde. Esta “pseudoreligión” fue reconocida por promulgar abiertamente ideas que, para la época, eran demasiado avanzadas y revolucionarias. Esta congregación dirigía obras de beneficencia en favor de drogadictos y personas sin hogar y apoyaba el movimiento de derechos civiles en favor de la población negra. Con el tiempo, “El templo” de Jim Jones, comenzaría a ganarse su respeto entre la comunidad y conseguiría, así, nuevos adeptos y seguidores. Pero el horror no se hizo esperar. La secta, no solo entró en pugna por entremezclar fe y religión, con política e ideologías pertenecientes al comunismo, sino que, con el tiempo, los adeptos al templo del pueblo, comenzaron a rechazar a todo aquel que no pensara de igual manera y que, sobretodo, se atreviera a cuestionar la supremacía de Jim Jones. Los sectarios rechazaban a la biblia y alababan a Jones a tal punto que, para ellos, no era un simple pastor sino que, además, era el propio mesías, el salvador del pueblo que llevaría a todos, la paz eterna que tanto anhelaban. La secta comenzaba a volverse perversa. Jim Jones obligaba a sus adeptos a divorciarse de sus parejas para unirse en matrimonio con los miembros de la religión, fomentaba la procreación en la comunidad, el trabajo dentro del templo y “evangelización” para conseguir más seguidores. La prensa comenzó a presionar a Jones, acusándolo de explotación laboral contra sus seguidores, golpizas feroces y amenazas para las familias o individuos que intentasen abandonar la comunidad. Sin embargo, importantes líderes locales, como el alcalde George Moscone y el concejal Harvey Milk, manifestaron su apoyo a Jim Jones alegando la firme lucha de Jones contra el racismo y la discriminación. La alocada decisión de fugarse a Guyana. Al hacerse más crítica la opinión pública contra Jones, este decidió actuar de una manera poco común. Con el fin de desprenderse completamente de las leyes estadunidenses, partió apresuradamente a Guyana en junio de 1977, y obligó a más de 900 feligreses a seguirlo y fundar su iglesia en Centroamérica. Guyana fue solo el inicio de lo que sería una gran catástrofe. Los miembros del grupo siguieron a Jim Jones desde Estados Unidos hasta la selva de Guyana, donde, según la doctrina de salvación de su líder, se edificaría un paraíso en la Tierra, lejos de Estados Unidos y de la sociedad capitalista. Allí Jones compró al gobierno de Guyana una amplia propiedad rural donde edificó una comunidad llamada Jonestown (ciudad de Jones o algo asi), recibiendo allí a casi 900 seguidores suyos llegados desde Estados Unidos. Jones, quien hacía tiempo que había creado una atmósfera de miedo y permanente amenaza externa, empezó a fomentar entre sus adeptos una sensación del “fin de mundo” sosteniendo que el Apocalipsis era un evento cercano y que el Anticristo estaba encarnado en el capitalismo que ansiaba destruir la congregación. Pero el verdadero calvario comenzaría cuando, en noviembre de 1978, el congresista estadounidense Leo J. Ryan, acompañado de periodistas y algunos disidentes de la secta, viajó a Guyana con el fin de investigar si eran ciertas las noticias sobre abusos sexuales de mujeres de la secta por parte de Jones, golpizas a los descontentos, explotación laboral, esclavitud y torturas a niños. Jones intentó fingir lo más que pudo, para evitar desastres, pero Ryan tenía un plan que nadie se esperaba. En plena ceremonia, Ryan se levantó de su asiento y consultó si algunos feligreses de Jones deseaban abandonar la secta. Algunos pocos seguidores pidieron abandonar la comunidad junto con Ryan. El reverendo Jones lo consideró una traición imperdonable y, al notar que los descontentos se retiraban hacia la pista de aterrizaje para seguir a Ryan, un miembro de la secta atacó a Ryan con un cuchillo, y los hombres de confianza de Jones abrieron fuego contra el político y sus acompañantes cuando se disponían a abordar un pequeño avión. Cinco personas fueron asesinadas a balazos, algunos de ellos a quemarropa. Los seguidores descontentos fueron forzados a volver a Jonestown. Ese fue el principio del fin. Las autoridades de Estados Unidos, no tardaron en enterarse de lo sucedido y fue por eso, precisamente, que decidieron enviar fuerzas armadas para investigar, pero Jones respondió con un hecho que cambiaría la historia para siempre. Esa misma mañana del 18 de noviembre, Jones reunió a los líderes de la congregación y advirtió que, tras el asesinato del congresista Ryan, las fuerzas del fascismo destruirían inevitablemente al Templo del Pueblo. Por lo cual, ordenó la muerte de todos los integrantes de la secta que se hallaran en Jonestown. Pero los miembros no serían asesinados, sino que la historia sería aún más horrorosa, todos y cada uno de los seguidores, decidieron suicidarse para evitar ser encontrados con vida por las autoridades estadounidenses. En total, fueron 912 personas las que murieron aquella mañana de 1978, víctimas de una mezcla de cianuro y valium para dormir. Tim Carter, un exmiembro de la secta, en la película “Jonestown”, de Stanley Nelson, decía que, por lo menos, no hay duda de que los aproximadamente 250 bebés, niños y jóvenes fueron asesinados. Este suceso ha sido catalogado, como el suicidio en masa más grande que haya sucedido y, además, como uno de los hechos más escalofriantes de la historia que demuestra, una vez más, que la mente humana, puede llegar a lugares inimaginables y que ciertas personalidades, pueden ser verdaderamente perturbadoras. Entre las frases más conocidas y trascendentales de James, están: «La muerte solo era el tránsito a otro nivel.» «Esto no es un suicidio, es un acto revolucionario.» «La muerte no es algo de lo que se tenga que temer.» «Vas a arrepentirte toda tu vida si no mueres hoy.» ] ¿Te gusta lo que escribo? ¿Quieres más? Entra aqui: Andyvaam.tk También puedes seguirme en facebook "Las cronicas de Andy Vaam" donde publico a diario. Puedes seguirme aqui, en Taringa y te avisará cada vez que suba una nueva historia. ¡Buenas Noches! Andy Vaam.

Atardecía, la luz del sol poniente que apenas entraba por la ventana fastidiaba sus ojos. Fernando Salas se hallaba de pie en una habitación oscura y siniestra, con su mano izquierda sostenía una linterna y con la derecha, un calibre 38 listo para ser utilizado. A sus pies, la víctima de un asesinato, vagamente reclamaba ayuda. Pero nadie lo oiría, era su fin. Fernando estaba inmóvil, un sudor helado recorría su frente, pero lo que más le aterraba, era la mirada fría y psicopática de Javier, su cómplice, que, de manera casi enfermiza le susurraba: “¿Qué estas esperando?”. - Las malas decisiones elegidas en la vida pueden ser tan trágicas como enigmáticas. Hay quienes dicen que cada hecho irracional en este mundo esconde, en su profundidad, una razón sumamente comprensible dependiendo del punto en que sea observado. Es que, resulta sumamente misterioso, entender las razones de aquel que comete un homicidio. Mucho mayor aún, si ni siquiera él mismo se imaginó, alguna vez, portando un arma y, mucho menos, un cadáver. La soledad de Fernando, comenzó a tornarse preocupante al poco tiempo de haber empezado la primaria. La inmensa capacidad del niño para resolver los problemas de carácter académico, se mostraban altamente desproporcionales a la actitud de compañerismo. De niño, mientras todos jugueteaban por el patio, él, solía sentarse en los recreos a leer, declinando propuestas que, sin siquiera imaginarlo, lo llevarían lentamente al aislamiento, al rechazo, al desprecio infernal por parte de sus compañeros, quienes, con el paso de los años, se convertirían en sus peores enemigos. Pero, como todo hecho típico de la humanidad, la soledad de Fernando presentaba una excepción. Javier, su único amigo, se acercó a su vida mucho antes de comenzar el prescolar. Desde muy pequeños, los niños conformaron una amistad que los uniría por el resto de sus vidas. Fernando y Javier no se conocieron, como muchos niños, por intervención de adultos (por el contrario, sus padres nunca tuvieron relación entre sí), no se conocieron en el jardín de infantes ni, tampoco, por un amigo en común. Simplemente, se encontraron en el barrio una mañana en que Fernando acompañaba a su madre en las compras diarias. Desde ese día, y para siempre, Javier visitaba a su amigo en casa, lo acompañaba, jugaban, pasaban el tiempo. Una hermosa amistad que cualquier niño desearía. Pero el tiempo fue pasando y, aunque, la amistad nunca se deterioró, la vida de Fernando, por el contrario, sí lo hizo. Pocos años después de haber comenzado la escuela primaria, sus padres comenzaron a poner muchas restricciones, cambios estructurales y, por supuesto, disciplinares. El psicopedagogo del colegio entendía que Fernando pasaba demasiado tiempo con su único amigo, intensificando su soledad y, consecuentemente, la exclusión por parte de sus compañeros. Con solo ocho años de edad, Fernando fue obligado a asistir a un psicólogo infantil quién trabajaba demasiado en la incorporación del niño al grupo escolar. Se le obligó a practicar, al menos, dos deportes y, además, se le prohibió juntarse con Javier. Sin embargo, todos y cada uno de los intentos de integrar al niño a sus pares, resultó ineficaz. Por el contrario, la incapacidad de Fernando para incorporarse llevó, rápidamente, a que la brecha entre él y sus compañeros, se abriera más y más, convirtiéndolo, así, en el atormentado de la clase. Víctima de toda burla, Fernando sufrió acoso por parte de sus compañeros de infancia, durante toda su niñez. De más está decir, que los adultos nunca se enteraron. - La sirena podía escucharse desde donde ellos estaban. Fernando dejó caer la pistola al suelo y llevó sus manos a la boca, aun no podía entender lo sucedido. Javier, por su parte, parecía irritable. Corrió hacia la puerta, la abrió suavemente y miró a través de ella. -Viene la policía- Dijo. Pero Fernando no contestó. -¡Tenemos que sacar esa mierda de acá o irnos ya! – Agregó luego, señalando los cadáveres. Fernando permanecía inmóvil, estaba paralizado y casi no escuchaba lo que planteaba su amigo. Su camisa estaba cubierta de sangre, sus manos también. Observaba una y otra vez el cuerpo de su antiguo compañero de clases con el rostro desfigurado. Dijo algo, pero casi no pudo oírse. Se le hacía casi imposible articular frases cuando estaba perturbado, algo común en los miedosos. Javier gritó y, en ese momento, un policía abrió bruscamente la puerta de una patada y lo despertó de su pesadilla. Fernando, levantó la vista y buscó a su amigo, pero este ya no estaba. - Hacía, solo, unas horas que había comenzado el cumpleaños número 17 que, por supuesto, Fernando pasaría solo. Llegó a su casa llorando, con la mochila en mano, y la camisa completamente manchada de huevos podridos. Ya era frecuente, una más de las tantas burlas que sus compañeros llamaban “simples bromas”. Estaba acostumbrado, claro está, pero eso no significaba que les comenzaran a gustar. Subió las escaleras, evitando encontrarse con sus padres, se dirigió a su pieza, tiró la mochila en el rincón donde siempre la dejaba, abrió la ventana, prendió la pc y se dirigió a la ducha, para sacarse la peste. Cuando volvió, su sorpresa fue enorme. Javier, a quién no veía hace más de diez años, había vuelto a aparecer. Fernando sintió una felicidad que hacía tiempo no concebía, miró a su amigo y, antes de que pudiera hablar, lo abrazó con gran fuerza. Su alegría era formidable, hacía varias semanas que estaba pensando en él, en cuanto lo necesitaba para salir adelante. Quiso hablar, pero su viejo amigo se adelantó: -¿Me extrañabas?- -Por supuesto que sí. ¿Qué haces acá?- -¡No podía olvidarme el cumpleaños de mi mejor amigo! Además escuché ciertas cosas sobre vos, cosas poco agradables. Me preocupé y, luego de pensarlo unos pocos segundos, decidí que ya estábamos un poco grandes para restricciones de adultos. ¿No te parece?- Javier sonrió, pero Fernando no le devolvió la alegría, por el contrario, su rostro se desfiguró por completo, la sonrisa desapareció, sus pupilas se dilataron notablemente y, casi temblando, preguntó: -¿Qué te dijeron?- El panorama se volvió estrictamente desagradable desde ese momento. Dos mejores amigos que se reencuentran luego de diez años, por lo general, viven una hermosa reunión. Risas, chistes, experiencias, chismeríos, suelen predominar este tipo de encontronazos. Fernando, por el contrario, pasó la mayor parte de la noche, desahogando penas pertenecientes a una década, en una persona que estaba más cerca de ser un completo desconocido que un confidente esencial. Pero Javier no falló, escuchó a su amigo toda la noche, atendiendo de manera madura a cada circunstancia que se planteaba, escuchando y aconsejando detrás de un distinguido nivel de empatía. Pero, lejos de los de un buen psicólogo, los consejos de los amigos, a veces, solo a veces, pueden llegar a fallar. Y, en este caso en particular, tristemente, fracasó. - Este es el plan. El lunes será un día normal, entrarás a la escuela con la cabeza gacha como siempre, intentarás evitarlos, esquivar sus risas, sus burlas, y todo lo demás. Durante el horario de clases nada habrá cambiado, no podemos levantar sospechas en absoluto. Según me dijiste, ellos se juntan todas las tardes, a la salida del colegio, en una fábrica abandonada, a tomar cervezas y demás. Ahí es donde te esperaré. Cuando toque la campana, ese mismo lunes a las 7 PM, los seguirás hasta la fábrica. Una vez allí, nos encontramos, yo te daré la pistola de tu papá, entrarás y, antes de que puedan reaccionar, empezarás a disparar. ¡Sin pretextos! El plan es bueno, pero muy delicado, nada puede salir mal, o iremos presos. Así que escúchame bien. Los matarás y los rematarás, nadie puede quedar vivo, o habrá testigos que nos condenen. Una vez logrado el trabajo, correremos, hasta tu casa o la mía. Nos esconderemos allí y cuando pase la tormenta, iremos al baldío y enterraremos el arma. No habrá huellas, no habrá culpables y ya nadie te volverá a molestar. ¿Entendido? - El año había pasado muy rápido, ya casi toda la ciudad comenzaba a olvidar el terrible caso del adolescente que asesinó a sus compañeros de clases. Pero Fernando, el autor principal del hecho, todavía podía recordarlo con lujos de detalles. La puerta se cerró. Un hombre robusto y con cabellera blanca acababa de salir de la habitación. Fernando estaba recostado en su lecho, después de una larga charla, tenía demasiado en que pensar. En la otra cama, Javier lo miraba con una enorme sonrisa en su rostro. -Que tipo raro, ¿No?- Dijo Javier. (Silencio) -A veces pienso que este lugar está lleno de locos. Fernando permanecía sin respuesta, intentando ignorar a quien le hablaba. -¿No me vas a contestar?- Insistió – Tantos años de amistad… -Yo no soy tu amigo- Fernando interrumpió fuertemente- Callate, por favor. -Ha, ¿No?- Javier soltó una risita irónica y, luego, con cierto enojo agregó- Al final, uno arriesga su vida por hacer favores y, ¿Qué recibe a cambio? Que lo insulten. Es una injusticia. Fernando escondió su rostro entre sus piernas y comenzó a gritar: -Vos no existís, dejame en paz, ¡Por favor! -¿Yo no existo?- Soltó una carcajada exageradamente ofensiva. El enfado prematuro, ya se había convertido en una realidad. Javier se paró y, gritando, habló - ¿No escuchaste nada lo que te dijo ese doctor? Yo existo y siempre existí, porque vos me creaste y me diste forma, me inventaste un nombre, una historia, una manera de conocernos, una identidad. Vos me necesitabas, necesitabas de mi colaboración. Por eso existo. Porque vos solo no podías. Sos un cobarde. Por eso creaste un amigo, alguien que hiciera por vos, lo que no te animabas a hacer. Creaste un psicópata, una mente maestra. Alguien que solo se interese por vos y nadie más. Yo siempre existí, incluso cuando estaba lejos existí. Siempre estuve ahí, en lo más recóndito de tu miseria. Observando todo. Y cuando más me necesitabas, fue cuando entré en acción. Fernando comenzó a llorar, se tapaba sus oídos con desesperación. Gritaba lo más fuerte que podía, gritaba para no escuchar esa voz enfermiza, para no dejarse engañar. Pero, lo que no sabía, lo que realmente ignoraba, era que todo transcurría en su propia mente y que, por más que quisiera, de ella, nunca podría escapar. -¡Vamos!- Continuó Javier- No seas inmaduro. ¿Vas a decirme que no sabías nada de todo esto? ¿O no te diste cuenta que tus padres nunca me vieron? ¿Fue tan difícil darte cuenta que nunca nadie habló conmigo ni me quiso conocer cuando nos obligaron a distanciarnos? ¡Sabían que estabas loco Fernando! Por eso te separaron de mí, porque a los ocho años nadie tiene amigos imaginarios. ¿No te pareció raro, acaso, que haya aparecido, después de diez años, justo la tarde que ibas a desbordar? Fue tu mente, fue tu mente la que ideó todo. Fue tu mente la que me creó, también la que me olvidó. Y fue tu mente la que, cuando todo parecía desmoronarse, me devolvió al mundo para concretar lo que, inconscientemente, ya tenías planeado hacía tiempo. Fue todo producto de tu imaginación Fernando. Yo soy un producto de tu imaginación. -¡BASTA!- Fernando gritó, ya no podía aguantar más esta tortura que, su propia mente le estaba generando. Se arrodilló en la cama y comenzó a rasguñar sus rostro, cortando, con sus uñas, parte del mismo. En ese momento, su psiquiatra, el hombre robusto y de cabellera blanca que, hasta entonces, había estado observando la conversación inexistente, entró a la habitación y, acompañado de dos enfermeras, intentó sostener a Fernando que, literalmente, comenzaba a desfigurarse la cara. Lo sostuvieron, intentaron calmarlo y, luego de controlarlo con una camisa de fuerza, lo llevaron para curarle las heridas. Mientras se iban, Fernando no quitaba los ojos de los de su viejo amigo que, con una mirada fría y psicopática, le decía: “Vete, ¡Cobarde!” ¿Te gustó? ¿Quieres más terror? Entra aqui: ¡Buenas Noches! Andy Vaam.
Sálvame. No ignore este mensaje, es importante para mí: No sé cómo explicarlo, no sé si pueda entenderme. Hay alguien allí afuera, me quiere matar. Hace tres horas, quizás más, que he estado encerrado. No pregunte donde estoy, no podría decirle. No conozco este lugar, no conozco el nombre ni su ubicación. Solo sé que es un hotel, de poco lujo, al parecer. La habitación que me asignaron es repulsiva, como si fuera hecha solo para suicidas, o peor, para sujetos prófugos, como yo. En la recepción del hotel, coloqué un nombre inexistente. Nadie sabe dónde estoy. No puedo dejar huellas a mí alrededor. Ellos son muy perspicaces. Conocen todas las estrategias, conocen el juego más que nadie. Ellos siempre ganan, porque son quienes ponen las leyes. Déjeme explicarle, no soy peligroso, no soy un loco ni mucho menos. Soy un hombre normal, como tú, como cualquiera. Pero con una única excepción: Yo vi lo prohibido en la red. En una noche de investigación, en internet, encontré un video que me cambió. En él confesaba cómo actúan, narraba los hechos más atroces jamás contados, describía sus métodos, los trucos más sutiles. Llegando al final de la representación, un claro mensaje se escribió en la pantalla, en él decía: ”Prepárate. Ahora que lo sabes, irán por ti”. En menos de una semana comencé a sentir los cambios. Fueron sucediendo progresivamente, uno detrás de otro, de manera lenta y dolorosa. Al principio lo dudé, tal vez, solo era producto de mi propia paranoia, pero luego todo se volvió muy evidente. Los podía ver en todas partes, con esa mirada acosadora, propia de asesinos dementes. Ellos sabían que yo notaba su presencia, era lo que querían lograr: Que me sienta continuamente custodiado. Sin que pudiera impedirlo, mi vida cambió cruelmente, ellos ya eran parte importante de la misma. Controlaban todos mis movimientos, gobernaban mi ser. Yo era solo una víctima total de sus caprichos, en un juego sádico y siniestro que parecía no tener fin. Pero de hecho, lo tenía y, créanme, todo terminaría con mi propia muerte. Intente escapar incontables veces de este suplicio, pero cada intento, solo me enterraba más y más en mi propia tumba. Mis padres, de hecho, fueron manipulados por ellos. Les contaron sobre una enfermedad, esquizofrenia la llamaban, les dijeron que necesitaba ayuda, los prometieron que ya no volvería a molestar. Mis padres, ingenuos, aceptaron, y perdí su apoyo total, desde entonces. Creen que perdí la razón, que soy un demente cualquiera. Ellos también me están buscando y, indirectamente, también me van a matar. Hay alguien allá afuera, puedo verlo por la abertura de mi persiana. Parado en la esquina, fumando un cigarro cubano con una temible serenidad. Un impermeable negro extremadamente grande envuelve su torso y, un gorro tipo gánster, su cabeza. No necesito pesquisa, sé que me está buscando o, quizás, ya me haya encontrado. No sé si me explico, estoy en una habitación sombría por excelencia. Me encuentro completamente a oscuras, para no levantar sospechas. Solo pueden apreciarse tres reflectores, el primero parte desde la ventana, pequeños focos de luz ingresan a la habitación interrumpidos por los listones de la persiana. El segundo entra por debajo de la puerta, ese es, precisamente, el que vigilo; Si una persona se dispone a entrar a la habitación, podré preverlo por la sombra que se dibujará debajo de la puerta. El tercer foco, lo tengo en mis manos, es la linterna con la que alumbro este papel. Solo la prendo cuando voy a escribir ya que, como dije, no quiero levantar sospechas. Volví a mirar por la ventana, el hombre con sombrero de gánster ya no está. Se fue y no sé dónde. Quizás ya me descubrieron, quizás la huida terminó. No quiero que pase, pero puede que estos sean mis últimos renglones. Ellos vienen por mí. El Doctor Rossell es, quizás, el líder supremo de todo esto. Él dice ser médico psiquiatra, él es quien engañó a mis padres y quién pone todo su empeño en capturarme. El hombre de impermeable negro y sombrero de gánster le pertenece, trabaja para él, como un agente secreto, o algo parecido. Todos los que me han estado siguiendo, hasta ahora, son miembros de su secta. El doctor Rossell es el líder, me matará si me encuentra, por favor, si le habla, no lo escuche. No preste su atención. Intentarán persuadirlo, ya lo han hecho antes. Le dirán que estoy loco, que necesito un psiquiátrico, le contarán una historia falsa, en la que seguro estará involucrado el doctor Rossel. Fingirán preocupación, interés. Pero todo es mentira. No soy un chiflado, soy un hombre común, como tú, como cualquiera. Pero que sabe un poco más. Ellos no quieren que se oiga la verdad. Yo la sé. Por eso me buscan. Es un juego retorcido el que plantean. Su única intención es jugar con tu mente. Ellos se encuentran en todas partes, y en ningún lugar a la vez. Ellos te vigilan, vigilan todo lo que haces y lo que harás, vigilan tu comportamiento y el de todas las personas a quién conoces. Día tras día, te observan cuidadosamente, sin que tú te percates de su presencia. Te estudian, para que ya nunca puedas escapar de sus garras. Y si te eligen, es allí, cuando todo comienza. Ya no existe vuelta atrás. Ahora que lo sabes, irán por ti. ¿Te gustó? ¿Quieres más terror? Entra aqui: ¡Buenas Noches! Andy Vaam.

Puedo asegurar, bajo un gran abanico de certezas, que he visto un incalculable número de hechos espantosos en mi vida, quizás, mucho más aterradores de lo que la mayoría de la población pueda imaginarse. Y es que, trabajando como investigador parapsicológico, suelo recibir visita de sujetos que acuden a mí, debido al miedo o impotencia que pueda generar la presencia de un espectro, fantasma, duende, monstruo o la que fuere, en sus vidas. Sin embargo, en mi larga vida de labor, nunca conocí nada más espeluznante, vil y aterrador como los ojos de Lady Mound. La historia data de una pintura, procedente de una mansión abandonada en las afueras del gran buenos aires, a la que encontraron llena de polvo y olvido. Nadie sabe muy bien a quién pertenecía la casa, ni quién habitó en ella. Nadie sabe su procedencia ni la razón del abandono. La mansión es un misterio, todo en ella lo es. Pero, lo más atractivo no es la historia en sí, sino, la escultura, obra de arte o boceto que se hallaba en el hall principal, la cual, generó tantos rumores en las localidades cercanas que, en poco tiempo, todos sabían de ella o, al menos, habían escuchado de su existir. Conocí el caso, un tiempo antes de que saliera a la luz en los medios de comunicación y se hiciera conocido al mundo entero. Esa mañana recibí un sobre en mi despacho cubierta con una envoltura grande y de color marrón. Ante la rutina, esperaba una carta común y corriente en la que diga cosas simples como “necesitamos ayuda” o, “estamos desesperados”, pero, en vez de eso, encontré un papel roto y arrugado que, en su interior, contenía un manuscrito desprolijo que rezaba: “No mire los ojos de Lady Mound”. Sentí más curiosidad que terror, al fin y al cabo, era solo un escrito, e, incluso, podría significar una tonta broma. Sin embargo, decidí investigar. Lo primero que hice fue buscar información en internet. En un buscador elegido al azar, presioné: Lady Mound, esperando encontrarme con una reina famosa o una historia de procedencia real. Sin embargo, para mi asombro, solo encontré menudencias sin sentido; a excepción de una noticia procedente de un diario local de poco éxito, cuyo título apuntaba: “La casa del Horror”. Leí con atención toda la crónica, en ella informaba la ubicación, la historia y la necesidad de un parapsicólogo especializado. Especulé que la casa del horror postulada en la noticia, podía llegar a guardar una pequeña relación con la carta recibida, y, a pesar de que mis hipótesis no eran certezas, decidí viajar. Era martes, no recuerdo exactamente la fecha. Llegué a la residencia cuando empezaba a oscurecer, la puesta del sol detrás de la mansión, los árboles secos y el pastizal insípido y desabrido generaban una sensación de desagrado a cualquiera que pasara por allí y suministrara atención. Por un segundo, sentí miedo, me mantuve parado frente a la casa y vacilé sobre el ingreso. Pero había llegado hasta allí y no podía retractarme. Me armé de valor, inhalé profundo y, antes de que pudiera pensarlo, ya me estaba dirigiendo hacia mi perdición. Probé la puerta, no tenía seguro. La abrí lentamente, oyéndola chillar. Pude ver la mansión sombría y austera. Hacía frio en su interior, mucho más de lo que podía imaginar. Sentía el miedo apoderándose de mí, subir lentamente por mis vertebras. Examiné la habitación de un lado a otro y, justo en el medio de la misma estaba mi objetivo. A pesar de ser la primera vez que la veía, por alguna razón, que escapa de mis conocimientos, supe inmediatamente que aquella pintura que exponía el rostro apagado y distante de una mujer, era la que yo había venido a buscar; era “Lady Mound”. En un principio, la imagen trasmitía un rechazo enorme hacia todo aquel que desee verla, simplemente, era desagradable. El rostro de la mujer no trasladaba nada, absolutamente nada. Pero no me resigne con eso; continué mirándola, centrándome cada vez más y más en los detalles, juzgándola detalladamente, sin obtener respuestas. Comencé a pensar que se trataba de un fraude, solo una manera más de perder el tiempo. Pero, cuando me hallaba a punto de dar media vuelta, su rostro me sedujo. Como si pidiera a gritos que me quede, pero sin hablar. Me acerqué lentamente a la pintura, sin perder de vista sus ojos, la única zona que aun parecía tener vida. Antes de darme cuenta, me hallaba parado frente a la muchacha, paralizado por sus ojos, más precisamente, por lo que ellos me trasmitían. Nunca supe bien que intentaban decir, pero puedo jurarles, que nunca había vivido algo así; estaba perplejo, casi fascinado, embelesado por su belleza. Una desagradable sensación de mareo me invadió. Sentí, por un instante, gente murmurando a mí alrededor, un fuerte zumbido en mi oído, un dolor de cabeza infernal. Pero mi vista seguía clavada en los ojos de Lady Mound. Una luz, al principio tenue, luego, mucho más deslumbrante, se asomaba por la ventana que, en un principio, se hallaba muerta. Supe que algo estaba cambiando a mí alrededor, pero no podía distinguirlo, pues, mis ojos, seguían sumergidos en la pintura. El calor se agigantó. Se volvió altamente insoportable, una sensación similar a… ¿Dónde había sentido esto, antes? …Al que solo puede hallarse en los primeros días del verano europeo. Pude deducir entonces, lo que efectivamente estaba sucediendo. Y, déjame decirte, no fue nada agradable. Procuré un pantallazo general con mí vista hacia la habitación y mi cuerpo se estremeció. Sentí, de repente, un escalofrío imprevisto subir, lenta y desgarradoramente por mi espina dorsal. Estaba asustado. Todo, en la habitación, había cambiado. Quizás fue un viaje al pasado, quizás a otra dimensión. No supe entenderlo. Pero, esta vez, el cuadro estaba a medio hacer y -vaya paradoja- no parecía turbulento, sino, todo lo contrario; era indiscutiblemente bello, casi una maravilla artística y, la mujer en él, ¡Oh, por dios, era hermosa! Levanté la vista y la vi allí, parada frente a mí, mirándome, era la imagen viva de la mujer que sería inmortalizada en el cuadro, era Lady Mound. Me inquieté y creo que ella pudo notarlo. Dijo algo, pero no entendí, hablaba en otro idioma, creo que en francés. Estuve a punto de contestarle, cuando un fuerte sonido me sobresaltó, era la puerta, que había sido golpeada con fuerza por alguien, o algo. La mujer que se hallaba frente a mí se espantó, pero antes de que pudiera hacer algo, la puerta se abrió bruscamente y tres, cuatro o cinco soldados entraron a la habitación y la tomaron por sorpresa, llevándosela forzosamente. La muchacha se resistió, pero sus intentos fueron inútiles. Casi por arrebato, intente ayudarla, pero antes de que pudiera moverme, uno de los guardias me dedico un fuerte golpe en el estómago que me deshizo. Caí al suelo y, desde ahí, pude ver, para mi desdicha, como se llevaban a esa hermosa mujer. Con las pocas fuerzas que me quedaban grité: “Isabelle”. Quedé solo en la habitación un tiempo prolongado, hasta que pude recuperarme de mi dolor. Logré pararme cuando ya todo se hallaba en silencio y, decidido, salí a buscar desesperadamente a la mujer que, ahora sabía, se llamaba Isabelle Mound. La sensación en mi psiquis era, por excelencia, sumamente extraña. Por un lado, siempre fui yo, el investigador privado de parapsicología, pero, por el otro, era el amante de Isabelle Mound, artista y pintor que, de manera inaudita, me brindaba todos sus conocimientos, recuerdos y sentimientos: Isabelle Mound no era miembro de una dinastía (Lady era el apodo por el cual, el artista, se refería a su amada), era una joven adinerada maltratada por su esposo (muchos años mayor), que compartía amoríos con este pintor, su verdadero amor. Pero, como muchas de las paradojas que ofrece el destino, Isabelle nació y vivió en la época equivocada. Aquí, el adulterio por parte femenino era delito de muerte y Lady no fue exenta. Corrí casi diez cuadras y, cuando llegué a la plaza principal, donde la gente esperaba ansiosa la apertura de un homicidio, Isabelle ya estaba colgada en el poste donde padecería su tormento. Corrí lo más que pude, pero antes de que pudiera llegar, el verdugo a cargo, con una insensibilidad aterradora, prendió una antorcha y la destinó directamente al pajar que se hallaba proporcionalmente debajo de Isabelle, incendiando, en menos de un segundo, todo lo que se hallaba a su paso, incluyéndola. Quedé paralizado. Mis piernas temblaron y, perdiendo el control total, caí sobre ellas, de rodillas. Sentí un nudo en mi garganta que subía lentamente, pidiendo salir, por mis ojos, disfrazado de lágrimas. Temblaba. No era para menos. El amor de mi vida, o al menos de quien yo representaba en ese momento, estaba siendo quemada viva frente a mí, víctima de un suplicio injusto y patético. Vi al verdugo prenderla fuego frente a una multitud, la vi quemándose viva, la oí gritando, suplicando piedad, pero nadie parecía escucharla. La vi morir de manera cruel frente a mis ojos, y no pude evitarlo. Antes de que todo acabara me paré, con furia di media vuelta sobre mi eje y corrí, corrí sin destino aparente, solo corrí. No sé muy bien si para rematar mi ira, o para reducir el dolor. Solo corrí. Llegué a la casa donde todo había comenzado. Me paré frente a ella, la observé solo un minuto y entré. La puerta estaba todavía, entreabierta. Adentro, todo estaba desordenado, tal como lo habían dejado los guardias. Solo una cosa había quedado ilesa. Allí, en un rincón de la habitación, permanecía intacta, posada sobre su pedestal, la pintura a medio hacer de Lady Mound. Me acerqué lentamente, tomé un pincel y, lenta y delicadamente comencé a pintar lo único que faltaba para ser terminada: Sus ojos. Ese día, sin saberlo, el artista y amante de Isabelle Mound estaba dando vida al retrato que me perturbaría por siempre y que cambiaría la vida de todo aquel que se atreva a mirar los ojos de Lady Mound. Parpadeé, y en un abrir y cerrar de ojos que pareció eterno, me encontré nuevamente en la casa deshabitada, parado frente a la pintura, solo que, esta vez, pude dar media vuelta y alejarme lentamente de ella, dándole la espalda, con la intención de perderla y no volver a verla nunca más. ¿Te gustó? ¿Quieres más terror? Entra aqui: ¡Buenas Noches! Andy Vaam.
San Malaquias fue un obispo irlandés del siglo XII que, tras su muerte, dejó escrita una serie de divisas que, a lo largo de los años, fueron objeto de estudio de teólogos, historiadores y amantes de simbolismo debido a que, en ellas, postulaba algunas predicciones sobre los sumos pontífices que lo sucederían. Estos escritos hablan de cómo será la persona en sí, cuál es su blasón y lo que su pontificado supondrá para el momento concreto en que ocupe el cargo (Nada extraño). Lo curioso y aterrador es que, de alguna manera, todas y cada una de estas predicciones que San Malaquias presentaba, fueron cumpliéndose de manera perfecta. Estas son solo algunas de las profecías que este monje irlandés nos dejó: Al Papa que coincidiría con Juan Pablo II lo llama “De Labore Solis”, traducido como “Del trabajo del sol”. A Clemente XIII, lo llama “Rosa Umbriae”, traducido como “La rosa de Umbría”. Y curiosamente, el nombre de este Papa era Carlo della Torre Rezzonico, y “rezzo” en italiano significa ‘umbría‘. Juan XXIII, por su parte, está ligado a la curiosa divisa de “Pastor et Nauta”, traducida como “Pastor y viajero, o astronauta, o incluso navegante”. Este papa fue el patriarca de Venecia, ciudad de navegantes. Además, fue precisamente durante su pontificado cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer cosmonauta a bordo de la nave Vostok I. Pero, ¿Qué tienen en relación estas profecías con Francisco 1 ? San Malaquias llegó a listar la profecía de 111 Papas. Culminando en el que habría de ser el último, alguien que se conocería como “Pedro el romano, un hombre que protegerá a su pueblo en sus peores momentos. Hasta el instante en que Dios no pueda más y castigue al ser humano por todos los pecados cometidos”. El número 112 sería, según este pastor, el último Papa que nuestra humanidad conocería... Francisco I. Pero, hay más… San Malaquias no fue el único en hablar sobre el ultimo papa. Otro profeta ya conocido, coincidía en que existiría un papa apocalíptico y que, después de él, dejará de existir el mundo o, al menos, éste mundo tal y como lo conocemos. Nostradamus predijo, que el último Papa sería negro. Bien, tal vez podamos respirar aliviados puesto que Bergoglio es blanco. Pero hemos de matizar un aspecto: El Papa Francisco pertenece a la orden de los jesuitas, (famosos por sus negras vestimentas). En cierta época, la orden jesuita tuvo tanto poder dentro de la iglesia que algunos teólogos afirmaban que su superior tenía tanta autoridad como el mismísimo papa. Por este motivo se llegó a pensar que existían dos sumos pontifices: El papa blanco y el superior dentro de la orden jesuita… El “Papa Negro”. Según Nostradamus, el apocalipsis llegaría cuando un “papa negro” llegue a ser sumo pontífice y, lo curioso es que, en toda la historia, solo hubo un papa perteneciente a la orden Jesuita: Francisco I. ¿Te gustó? ¿Quieres más enigmas? Entra aqui: ¡Buenas Noches! Andy Vaam.
¿Conoces Silent Hill? ¿Lo has jugado alguna vez? Estoy seguro que si... Silent Hill es un juego de horror, ambientado a una terrible ciudad que, a primera vista, inspira horror, pánico, escalofríos. La niebla y la oscuridad que envuelven al protagonista sólo le permite ver a pocos metros de distancia. Durante el juego, el protagonista solo cuenta con una linterna que le permite ver a través de la niebla y, asi, descubrir las atrocidades que esta ciudad presenta. Pero, ¿Qué dirías si te cuento que Silent Hill, en realidad, esta inspirado en un pueblo real? Asi es, como ya es habitual, la realidad supera a la ficción y en EEUU, más exactamente en Pensilvania, existe un pueblo que encaja perfectamente con la descripción de la ciudad, solo que, en este caso, no fue obra de una mente disparatada sino, del propio morbo del mundo que nos rodea. Conoce a Centralia: Centralia era una pequeña ciudad perteneciente al estado de Pensilvania desde 1866. Era una ciudad tan próspera como cualquier otra en aquellos años. Una ciudad más de Estados Unidos que centraba su economía en una cosa: su fructífera mina de carbón. En pocos años, la ciudad empezó a tener escuelas, bancos, tabernas, parques e infinidad de sencillas casas donde sus habitantes vivían con normalidad, tranquilos al disponer de una mina que garantizaba plenamente su futuro, y el de la propia Centralia. Pero no siempre reinó la paz en esta pequeña ciudad. A mediados de los años 60, Centralia no podía ser más próspera. Tenía su propio colegio de primaria y secundaria, siete iglesias, dos teatros, una oficina de correos, cinco hoteles, veintisiete salones, múltiples almacenes y varios pequeños negocios asociados a la minería. En simples palabras, Centralia era, sin lugar a dudas, un buen lugar para vivir. Hasta que algo cambió… Fue algo casual, algo sin demasiada importancia. Tal vez fue un cigarrillo mal apagado, el efecto del sol o, incluso, un fuego olvidado por parte de unos excursionistas. Quién sabe. El caso es que la chispa se prendió aquella mañana de 1962 en un pequeño vertedero a las afueras de Centralia. En un basurero que comunicaba con una de las fosas de la propia mina de carbón, una fosa abandonada que, poco a poco, las llamas fueron expandiendose. Por si te lo estas preguntando, todo el subsuelo de Centralia está comunicado mediante una extensa y compleja red de carbón, un hecho que nos hace entender por qué fue encendiéndose tan poco a poco pero de modo imparable. Puede que te parezca asombroso, pero la gente siguió viviendo aquí hasta 1979. Se hicieron varios intentos por sofocar ese fuego subterráneo que iba prendiendo calladamente las entrañas de la ciudad y emergiendo por pequeñas vetas, por agujeros en la carretera, en los suelos de las casas, en los parques… Las llamas no se veían todos los días, pero ese infierno crecía y crecía en el propio vientre de la ciudad de Centralia. Sin siquiera imaginarlo, las personas estaban inhalando monóxido de carbono por la quema subterránea de carbón y las consecuencias se tradujeron en serios problemas de salud. Todo esfuerzo por sofocar el incendio era inútil. Cualquier idea, cualquier propuesta para sofocar aquel enemigo no servía absolutamente de nada. En 1979, un empleado de la gasolinera de Centralia introdujo una vara en sus tanques de gasolina para averiguar la cantidad de combustible que le quedaba. Cuando sacó dicha varilla, el resultado lo dejó atónito. La temperatura era de 78º grados centígrados. En simples palabras, ardía a fuego vivo. Muchos empezaron ya a abandonar la ciudad, pero no fue hasta 1984 cuando el gobierno estadounidense aprobó un presupuesto de 40 millones de dólares y sus habitantes fueron trasladados a poblaciones vecinas donde iniciar una nueva vida lejos del peligro. Hoy, en día esta ciudad sigue siendo un infierno en llamas. Un infierno que arde desde el subsuelo y que arroja su aliento caliente a través de grietas, a través de la tierra del bosque y de ese cementerio, donde habitan los restos de la mayoría de sus vecinos. Centralia es la auténtica Silent Hill y, según nos indican los expertos, existe aún suficiente carbón para arder 250 años más. Entonces, aquí lo tienes, tu posibilidad de conocer Silent Hill, aunque, ¿Te atreverías? ¿Te gustó? ¿Quieres más enigmas? Entra aqui: ¡Buenas Noches! Andy Vaam.
Martes por la madrugada. Vuelves a tu casa, como de costumbre, solo por una excepción. Caminas a pasos agigantados, oyendo el crujir de las hojas bajo tus pies, sientes un silencio abrumador, algo sumamente extraño en la gran ciudad, incluso en las noches. Pero hoy no es un día cualquiera -No, al menos, en tu barrio- la ciudad se vio atemorizada por la noticia de la fuga de Joe Mack, el temible asesino serial. La paranoia merodea por la ciudad, todo el mundo se encuentra en su hogar, escuchando, de los reporteros de radio, rumores acerca del prófugo homicida. Tú no te hayas ajeno a la situación, empeñaste tus cinco sentidos en vigilarte, sientes miedo, mucho miedo. Pero faltan solo cinco cuadras para llegar. Te acercas a la esquina y, como de costumbre, vigilas lo más profundo del horizonte, con la intención de advertir la presencia de algún intruso. Pero, esta vez, no tuviste suerte. Una silueta humana se encuentra parada en la calle siguiente, aquella que se encuentra paralelamente ubicada al otro lado de la que tú estás transitando. El hombre te mira, de la misma manera que tú lo estás haciendo con él. Tu corazón se estremece, tus piernas parecen perder fuerza, lo que sientes, es puro terror. Miras a tu alrededor, buscando la más miserable ayuda que te saque de aprietos, pero estas completamente solo. Vuelves a mirar la silueta; sigue parado, en la misma posición, y sigue mirándote. Intentas mantener la calma, aunque no lo estas logrando. Cruzas la calle simulando indiferencia, pero lo miras de reojo. La silueta te imita y, al igual que tú, te mira disimuladamente. La paciencia comienza a irse y, a la par, la tranquilidad. El primer edificio de la manzana, tapa al hombre que te acompaña, eso, lejos de ser favorecedor, provoca incertidumbre. Ahora, todo lo que este hombre haga, será un misterio para ti. La cuadra a seguir, será la más larga de tu vida. Pero intentas no acelerar el paso. La serenidad, ya casi extinta, debe ser tu arma primordial. Mientras la transitas, la imagen aterradora de Joe Mack no puede quitarse de tu mente, solo piensas en él. Intentas relajarte a través de la razón, pero esta, solo genera duda en ti. Intentas consolarte: “Tranquilo amigo, es solo un espejismo”. Pero eso, únicamente te inquieta más y más. Solo quedan cuatro cuadras. El final de la manzana está llegando, tu paranoia imagina a Joe Mack girando la esquina, una y otra y otra vez. Pero eso no sucedió. Llegas a la intercepción. Inmediatamente, casi por instinto, miras al horizonte y ves lo peor. La silueta, ese mismo hombre que viste anteriormente, vuelve a acecharte. Y, al igual que la primera vez, te está mirando. Tu corazón se detiene un milisegundo, solo para volver a latir, pero esta vez, a una velocidad exagerada. Tu piel se eriza y se vuelve pálida inmediatamente después. Te quedas boquiabierto, totalmente paralizado. El hombre no se mueve, sigue ahí, inactivo, con la vista sumergida en ti. Te aterra, realmente te aterra. Comienzas a caminar, otra vez. Y el hombre lo hace también, paralelamente. Como copiándote. Intentas mantener la calma, caminar despacio, para no levantar sospechas. Pero déjame decirte que lo estás haciendo terriblemente mal, cualquier persona, en kilómetros podría darse cuenta que estas asustado. Cualquier persona, en kilómetros, podría darse cuenta que eres el blanco perfecto para un asesino en serie. Tus piernas tiemblan, tus brazos también. El frio ya no parece ser un problema para ti –Lamentablemente-. Las hojas crujientes propias del otoño, pretenden delatarte, pero ya nada de eso importa ahora, pues, te encuentras cara a cara con la muerte. -Tranquilo amigo, es solo un espejismo.- La tercera manzana comenzó y, con ella, el peor horror de tu vida. Ya no importa Joe Mack, la policía, el frio, el crujir de las hojas, el soplar del viento helado. Solo importa tu vida, el llegar a casa tranquilo. Pero, ¡Por dios! faltan tres cuadras, toda una eternidad. En cualquier momento, Joe Mack puede doblar la esquina y situarse frente a ti, puede acabar tu vida. No quieres correr, eso es comprensible. Pero el pánico se apodera lentamente de ti, te consume. Ya has pensado, una idea sutil podría ser pedir ayuda en cualquier casa. Pero no olvides que la ciudad está en alerta, no precisamente en un toque de queda, pero si algo similar. Nadie se atreve a salir y mucho menos atender a un extraño. Esperar comprensión significaría una pérdida de tiempo. Llegando a la intercepción. Una luz parece salvar tu vida. La reconoces enseguida, es un carro de policía. Corres hacia él, creyéndote liberado. Pero, cuando llegas a la esquina, tu ilusión se desvanece, tanto o más rápido que cuando despiertas del mejor sueño de tu vida. Bienvenido al mundo real, el carro siguió de largo, ignorándote por completo. Dejándote, nuevamente, a la deriva. Miras al horizonte, no hay nadie, esa silueta atemorizante ya no está. Pero si hay algo que tu experiencia en películas de terror te ha enseñado es que, eso, nunca es buen síntoma. Sabes que algo peor se aproxima. No lo dudas, miras sobre tu hombro, detrás de ti. Y, lo que tanto temías se vuelve real. -Tranquilo amigo, es solo un espejismo- Si el terror que sentías al tenerlo a una cuadra de distancia era insoportable, imagínate ahora que está a menos de 50 metros de tu presencia. Lo que sientes en este momento no tiene apodo, nunca nadie lo sintió, solo aquel que ha presenciado la muerte tan de cerca puede entenderte, solo aquel que no ha vivido para contarlo. Ya no dudas, comienzas a correr. No importa lo absurdo que te veas ni lo débil que parezcas ante una mirada asesina. Sabes que correr es la única manera de salvar tu vida y, por eso, solo por eso, lo haces sin vacilar. Solo dos cuadras. Sabes que tu vida está en riesgo, sabes que no te puedes equivocar. Corres lo más rápido que puedes hasta que, quizás una grieta, quizás una roca o, quizás, el propio destino homicida, se atraviesa en tu camino. Te hace caer, rodando por el suelo, dejándote sumamente vulnerable y desprotegido. Te paras rápidamente, intentando volver a comenzar, pero tus piernas ya no responden. Vuelves a tropezar. Miras sobre tu hombro y ya no está. Se ha ido. Esa silueta infernal que te acosaba ya no te persigue, ya no te acecha, ya no te incomoda. ¡Oh, por dios! Eres libre. Te levantas del suelo. Tu pierna izquierda te castiga extraordinariamente, la mueves a duras penas. Probablemente esté quebrada. No importa ahora. Solo estas a media cuadra de tu casa. Levantas la vista y tu rostro se paraliza. Casi de sorpresa, como burlándose de ti, la silueta retorna. Pero, ahora, frente a tu mirada. Te quedas perplejo, inmovilizado. Esta vez, a diferencia de las anteriores, puedes reconocer al hombre detrás de la sombra. No es Joe Mack, no es un policía ni un acosador. La respuesta es mucho más terrorífica de lo que pensabas: Eres tú mismo, mirándote fijamente, como si te hallaras frente a un espejo, como si el reflejo de tu inocencia obsesiva te estuviera jugando una mala pasada. Todo en él es igual a ti, su ropa, su pierna rota, su mirada desconcertante, sus gestos. Se mueve de la misma manera que lo estás haciendo tú ahora mismo. -Tranquilo amigo, es solo un espejismo- Pero, de repente, su mirada cambia por completo, ya no trasmite espanto, sino malestar, horror y mucho sufrimiento. Ya no te imita, sino que actúa por sí solo, como si tuviera vida propia o, peor, como si te estuviera advirtiendo algo. Tu semejante, se lleva la mano al cuello y deja ver, en sus dedos, un baño de sangre que te perturba. Él mismo se examina y luego te mira a los ojos, como pidiendo ayuda. De pronto, su cuello se inunda en sangre y, seguidamente, su remera también. Tu reflejo vivo está muriendo decapitado frente a ti. Puedes ver el tajo, en su cuello, que lo llevará a la tumba… Que te llevará a ti también. Cae de rodillas al suelo y tu retrocedes un paso. Estás confuso todavía cuando escuchas hojas crujir detrás de ti. Giras la cabeza y lo ves: Joe Mack te encontró. Y no digas que no te advertí. -Tranquilo amigo, es solo un espejismo- ¿Te gustó? ¿Quieres más terror? Entra aqui: ¡Buenas Noches! Andy Vaam.

Fin de juego. El sol en tu ventana los sábados por la mañana, la pizza, la charla con amigos, la briza primaveral, el futbol, el básquet o tu deporte preferido… Un día, todo acabará. El aroma inconfundible de las hojas que constituyen un libro nuevo, su voz, que tanto placer te generaba, el goce incomparable de una decisión bien tomada… Todo será polvo. ¿Puedes entenderlo? Es que, es nuestra condición de humano, aquella que tanto nos diferencia de los animales, aquella que nos permite sentirnos superiores las que, al mismo tiempo, no nutre de agonía, de terror hacia el olvido, de angustia existencial. Puesto que los animales no la necesitan, les basta vivir y ya. Pero somos nosotros, mortales que pretenden ser dioses, quienes nos preguntamos, al menos una vez en la vida: ¿Qué queda al final? ¿Qué queda si no es olvido? ¿Qué queda si no es polvo? Si la vida es un juego que merece ser jugado, ¿Qué sucede cuando este acaba? No hay ganadores ni perdedores, no hay revanchas, no hay botón de “reset”, simplemente, el juego se termina. Cada logro obtenido, cada lagrima derramada, cada libro leído, cada historia contada. Todo, absolutamente todo, reducido a la nada. A la inmunda nada. Al vacío cósmico. No habrá más frio ni calor, no habrá sonido ni silencio, no habrá luces, no habrá oscuridad, no habrá razón que valga, no habrá amor, no habrá odio, no habrá dolor, pero tampoco placer, no habrá sentidos, no habrá estímulos, no habrá filosofía, no habrá ignorancia, no habrá sopa en invierno, no habrá, siquiera, invierno. No habrá nada. No importa lo que hagas en vida, no importa cuanta fortuna llegues a cosechar, no importa lo sabio que seas, ni lo habilidoso que puedas llegar a ser, no importa cuánto hayas ejercitado tu destreza, ni que tan feliz fuiste alguna vez. Nada de eso existirá allá, donde todos vamos. Y un día, cuando tus hijos hayan muerto, cuando los hijos de tus hijos se hayan extinto, cuando la última persona que escuchó tu voz, haya cerrado los ojos para siempre, tu existencia desaparecerá por completo. Ya nadie sabrá quién fuiste, ni que fue de ti en este mundo. Pronto, mucho antes de que puedas imaginarlo, tu sola imagen se verá, simplemente, extinta. Y todo lo que fuiste, todo lo que alguna vez sentiste, todos tus recuerdos y emociones, serán borrados por completo de la realidad, y asi, al igual que tu, serán reducidos a la nada. ¿Puedes entenderlo? ¿Recuerdas lo que hacías antes de nacer? ¿Recuerdas esa escena tan graciosa que sucedió en tu infancia, pero que no recuerdas y que nunca nadie te contó? En eso mismo se reduce la nada. En que todo aquello que hayas vivido alguna vez, ya nunca más tendrá valor. Porque nunca nadie podrá percibirlo ni idealizarlo. En eso, precisamente en eso, se reducirá nuestra existencia. ¿Puedes entenderlo ahora? Andy Vaam Y, para terminar, les comparto una excelente canción de Zambayonny que habla sobre el tema: link: https://www.youtube.com/watch?v=ZxrEDmAfhuM ¿Te gusta lo que escribo? ¿Quieres más? Entra aqui: Andyvaam.tk También puedes seguirme en facebook "Las cronicas de Andy Vaam" donde publico a diario. Puedes seguirme aqui, en Taringa y te avisará cada vez que suba una nueva historia. ¡Buenas Noches! Andy Vaam.

Durante toda la historia, ha existido una cuestión que, al hombre promedio, nunca le fue fácil de responder: Si pudieras ser inmortal ¿Lo harías? A primera vista, la respuesta parece fácil. ¡Por supuesto que sería perfecto no morir jamás! Poder ver a tus amigos y familiares por siempre, eliminar los velorios y las penas de duelo, disfrutar a esa mascota que tanto amaste por el resto de la humanidad, etc. Pero es cuando empezamos a imaginarnos el método que sería necesario para ser inmortales, donde todo comienza a volverse un tanto siniestro. La razón de la muerte es simple: Morimos porque nuestro cuerpo está conformado por materia y la materia, SIEMPRE, está destinada a la morir. Entonces, ¿Qué hacer para evitar la muerte? La respuesta es tan simple como inquietante: Para eliminar la muerte es necesario, primero, eliminar la vida. Iniciativa 2045. Dimitry Itskov es un multimillonario ruso que tiene la intención de dedicar todos sus recursos a, en el año 2045, alcanzar los niveles científicos necesarios para alcanzar, nada más y nada menos que, la inmortalidad humana. Itskov envió una carta a los miembros de la lista Forbes (las 1.266 personas más acaudaladas del planeta) invitándoles a unirse al proyecto que él mismo llama: “La iniciativa 2045”. Y este fue el comienzo que, a priori, puede ser un gran avance para la ciencia, pero algo terrible para la humanidad. El multimillonario asegura haber reclutado a 30 científicos que ya han empezado a estudiar cómo lograr la meta del proyecto. También abrirá una oficina en San Francisco con el fin de informar sobre los progresos de su plan. Pero ¿Cuál es el plan? Simplemente, escalofriante. Para el 2020, Itskov pretende haber logrado crear una copia robótica de un ser humano que pueda ser controlado directamente mediante un interfaz BCI (Brain Computer Interface). Para el 2025, la iniciativa espera poder extirpar un cerebro humano y mantenerlo vivo, conectándolo directamente al avatar robótico que, para ese entonces, ya se habrá mejorado. Esto significa, simplemente, que el cerebro humano podrá funcionar sin la necesidad de un cuerpo vivo en el cual actuar. Ya que, este, será reemplazado por un organismo frio y sinsentido que no tiene ninguna diferencia con una computadora o con un lavarropas. (Recuerden, si la han visto, la película “Robocop”) Para el año 2035, el proyecto de Itskov pretende haber encontrado una manera de descargar el contenido de una mente humana en un cerebro artificial por el que la persona pasaría a ser, por completo, una máquina. El último paso es, literalmente, desprenderse del cuerpo físico y convertirse en energía. Esto quiere decir, no volver a sentir una brisa, no volver a disfrutar el placer de reir, no poder apreciar el aroma de tu comida preferida, no poder escuchar la voz de un amigo o vecino que te diga “buenos días”, porque tu vida ya no apreciará los días y las noches. Seremos solo energía, energía incorpórea, que no apreciará el tiempo ni el espacio, que no sentirá el dolor ni el placer. Ya no seremos, ni siquiera, robocops. Seremos, más bien, como fantasmas que sobrevuelan una dimensión desconocida y en eso, solo en eso, se resumirá nuestra vida. ¿Qué dices ahora? ¿Te gustaría ser inmortal? Solo debes esperar 30 años y el proyecto “ Avatar 2045”, para bien, o para mal te lo concederá. La ciencia no piensa en la humanidad, la piensa solo piensa en ciencia. ¿Te gusta lo que escribo? ¿Quieres más? Entra aqui: También puedes seguirme en facebook "Las cronicas de Andy Vaam" donde publico a diario. Puedes seguirme aqui, en Taringa y te avisará cada vez que suba una nueva historia. ¡Buenas Noches! Andy Vaam.

Localizada en el estado de Rajasthan, en India. Bhangarh es una de las ciudades más emblemáticas y turísticas de éste país por dos razones: La primera es que en ella se encuentran los restos del fuerte Bhangarh, una ciudad construida en 1573 y abandonada por completo después de la devastadora hambruna de 1783; la segunda (la que nos trae hasta aquí hoy) es que es la única ciudad en todo India, reconocida por el gobierno como “oficialmente encantada”. Bhangarh nació en 1573 bajo el reinado de Bhagwant Das, un poderoso maharajá de la zona, para su segundo hijo. A éste, le sucedió Chhatr Singh como gobernante y, luego de su muerte, la ciudad comenzó a deteriorarse lentamente hacia su fin. Pero fue, en realidad, la gran hambruna de 1783 la que llevó a que los habitantes de Bhangarh comenzaran a morir poco a poco y que, los sobrevivientes, escaparan de estas tierras en busca de una vida mejor, Dejando los edificios de piedra intacta tras ellos. Asi, Bhangarh, dejó de ser una gran ciudad y se transformó en un inmenso cementerio de templos majestuosos y un laberinto de ruinas históricas y desconcertantes. Convirtiéndose, así, en uno de los puntos turísticos más hermosos del gran país oriental. Pero tanta belleza entre ruinas, esconde, a su vez, una contracara tan espeluznante como cierta. Bhangarh no solo se ha convertido en hogar de reliquias y escombros, sino, también, de almas en penas, presas del hambre y la desesperación, de muertos en vida, de espectros incorpóreos, de mucha, mucha energía negativa. Las supersticiones que se tienen sobre este lugar son tales, que el gobierno de India ha bautizado esta ciudad, como una de los centros turísticos más grandes pero, en contraposición, ha concretado una ley en la que se prohíbe el ingreso a estas tierras entre el ocaso y el amanecer. Sin embargo, existen algunos pocos que han logrado ingresar y conocer la ciudad por las noches (como es el caso de ésta foto) y es precisamente por ellos, que podemos saber qué sucede en estas ruinas. Los visitantes afirman que, por las noches, la vieja ciudad de Bhangarh recobra vida y, entre sus paredes, pueden oírse niños llorando, gritos desaforados en signo de desesperación, risas extrañas, entre otros tantos sonidos y visiones perturbadores. Las almas perdidas en el pasado parecieran renacer entre los escombros para recobrar venganza por haber perdido la esperanza sobre una ciudad que prometía eterna felicidad y que, por el contrario, solo generó pánico y horror. Dicen los supersticiosos que, todo aquel, que decida entrar por las noches y conocer las ruinas convertidas en criptas y catatumbas, corre el riesgo de perder la razón, no volver a ser el mismo de antes y, sobretodo, de no volver a ver el sol salir. Dicen los que saben que, aquel que entra en la ciudad por las noches, corre el riesgo de, nunca más, volver a salir. ¿Te gusta lo que escribo? ¿Quieres más? Entra aqui: También puedes seguirme en facebook "Las cronicas de Andy Vaam" donde publico a diario. Puedes seguirme aqui, en Taringa y te avisará cada vez que suba una nueva historia. ¡Buenas Noches! Andy Vaam.