Sálvame.
No ignore este mensaje, es importante para mí:
No sé cómo explicarlo, no sé si pueda entenderme. Hay alguien allí afuera, me quiere matar.
Hace tres horas, quizás más, que he estado encerrado. No pregunte donde estoy, no podría decirle. No conozco este lugar, no conozco el nombre ni su ubicación. Solo sé que es un hotel, de poco lujo, al parecer. La habitación que me asignaron es repulsiva, como si fuera hecha solo para suicidas, o peor, para sujetos prófugos, como yo.
En la recepción del hotel, coloqué un nombre inexistente. Nadie sabe dónde estoy. No puedo dejar huellas a mí alrededor. Ellos son muy perspicaces. Conocen todas las estrategias, conocen el juego más que nadie. Ellos siempre ganan, porque son quienes ponen las leyes.
Déjeme explicarle, no soy peligroso, no soy un loco ni mucho menos. Soy un hombre normal, como tú, como cualquiera. Pero con una única excepción:
Yo vi lo prohibido en la red. En una noche de investigación, en internet, encontré un video que me cambió. En él confesaba cómo actúan, narraba los hechos más atroces jamás contados, describía sus métodos, los trucos más sutiles. Llegando al final de la representación, un claro mensaje se escribió en la pantalla, en él decía: ”Prepárate. Ahora que lo sabes, irán por ti”.
En menos de una semana comencé a sentir los cambios. Fueron sucediendo progresivamente, uno detrás de otro, de manera lenta y dolorosa. Al principio lo dudé, tal vez, solo era producto de mi propia paranoia, pero luego todo se volvió muy evidente. Los podía ver en todas partes, con esa mirada acosadora, propia de asesinos dementes. Ellos sabían que yo notaba su presencia, era lo que querían lograr: Que me sienta continuamente custodiado.
Sin que pudiera impedirlo, mi vida cambió cruelmente, ellos ya eran parte importante de la misma. Controlaban todos mis movimientos, gobernaban mi ser. Yo era solo una víctima total de sus caprichos, en un juego sádico y siniestro que parecía no tener fin. Pero de hecho, lo tenía y, créanme, todo terminaría con mi propia muerte.
Intente escapar incontables veces de este suplicio, pero cada intento, solo me enterraba más y más en mi propia tumba. Mis padres, de hecho, fueron manipulados por ellos. Les contaron sobre una enfermedad, esquizofrenia la llamaban, les dijeron que necesitaba ayuda, los prometieron que ya no volvería a molestar. Mis padres, ingenuos, aceptaron, y perdí su apoyo total, desde entonces. Creen que perdí la razón, que soy un demente cualquiera. Ellos también me están buscando y, indirectamente, también me van a matar.
Hay alguien allá afuera, puedo verlo por la abertura de mi persiana. Parado en la esquina, fumando un cigarro cubano con una temible serenidad. Un impermeable negro extremadamente grande envuelve su torso y, un gorro tipo gánster, su cabeza. No necesito pesquisa, sé que me está buscando o, quizás, ya me haya encontrado.
No sé si me explico, estoy en una habitación sombría por excelencia. Me encuentro completamente a oscuras, para no levantar sospechas. Solo pueden apreciarse tres reflectores, el primero parte desde la ventana, pequeños focos de luz ingresan a la habitación interrumpidos por los listones de la persiana. El segundo entra por debajo de la puerta, ese es, precisamente, el que vigilo; Si una persona se dispone a entrar a la habitación, podré preverlo por la sombra que se dibujará debajo de la puerta. El tercer foco, lo tengo en mis manos, es la linterna con la que alumbro este papel. Solo la prendo cuando voy a escribir ya que, como dije, no quiero levantar sospechas.
Volví a mirar por la ventana, el hombre con sombrero de gánster ya no está. Se fue y no sé dónde. Quizás ya me descubrieron, quizás la huida terminó. No quiero que pase, pero puede que estos sean mis últimos renglones. Ellos vienen por mí.
El Doctor Rossell es, quizás, el líder supremo de todo esto. Él dice ser médico psiquiatra, él es quien engañó a mis padres y quién pone todo su empeño en capturarme. El hombre de impermeable negro y sombrero de gánster le pertenece, trabaja para él, como un agente secreto, o algo parecido. Todos los que me han estado siguiendo, hasta ahora, son miembros de su secta.
El doctor Rossell es el líder, me matará si me encuentra, por favor, si le habla, no lo escuche. No preste su atención.
Intentarán persuadirlo, ya lo han hecho antes. Le dirán que estoy loco, que necesito un psiquiátrico, le contarán una historia falsa, en la que seguro estará involucrado el doctor Rossel. Fingirán preocupación, interés. Pero todo es mentira. No soy un chiflado, soy un hombre común, como tú, como cualquiera. Pero que sabe un poco más. Ellos no quieren que se oiga la verdad. Yo la sé. Por eso me buscan.
Es un juego retorcido el que plantean. Su única intención es jugar con tu mente. Ellos se encuentran en todas partes, y en ningún lugar a la vez. Ellos te vigilan, vigilan todo lo que haces y lo que harás, vigilan tu comportamiento y el de todas las personas a quién conoces. Día tras día, te observan cuidadosamente, sin que tú te percates de su presencia. Te estudian, para que ya nunca puedas escapar de sus garras. Y si te eligen, es allí, cuando todo comienza. Ya no existe vuelta atrás.
Ahora que lo sabes, irán por ti.
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¡Buenas Noches!
Andy Vaam.