El hombre es incapaz de vivir, por eso corre tanto de un lado a otro. Quiere tener vehículos cada vez más potentes para correr más. Preguntale dónde va, dónde quiere ir, y responderá: “No te lo puedo decir ahora mismo, no tengo tiempo. Tengo que llegar pronto… tenemos que llegar a la Luna; tenemos que llegar a Marte”. Pasamos corriendo toda nuestra vida. ¿De qué huimos? ¿Qué tenemos, por una parte, ser incapaces de vivir plenamente; y, por otra parte, el miedo a la muerte es inminente, está presente? Ambas cosas están conectadas entre sí. El hombre que tiene miedo a la muerte no será capaz de vivir su vida: seguirá con el temor a la muerte. Entonces ¿qué solución hay?.
Me preguntas: “¿Qué solución hay? ¿Qué remedio tenemos?” Yo te digo: acepta la muerte. Invita a la muerte y di: “Adelante, me preocuparé de la vida más tarde: ven tú primero. Deja que termine contigo primero para que pueda dejar resuelta la cuestión de una vez por todas. Después viviré a gusto. Primero voy a ocuparme de ti, y después me asentará a vivir cómodamente”. La meditación es el medio para aceptar la muerte con esta actitud. La meditación es el medio, la meditación es la solución que permite transmitir a la muerte tal invitación. El que acepta la muerte de este modo se detiene inmediatamente.