INSOMNIO
Las agujas del reloj marcan las tres y cinco de la mañana. Estoy en la cama, fumando. Beatriz, mi esposa, duerme con la cabeza apoyada en mi pecho. Yo tengo el brazo izquierdo estirado sobre el borde superior de la almohada; comienzo a sentir los primeros pinchazos de un calambre. Apago el cigarrillo, empujo con suavidad el torso de Beatriz y me levanto. Con el pie tanteo el piso en busca de mis calzoncillos; los encuentro bajo la mesa de luz. Me los pongo y abandono la habitación.
La farola del jardín apenas ilumina el pasillo que, a un lado, comunica con el baño y, al otro, con la cocina. Camino hasta el ventanal del comedor y observo la casa de enfrente: es la de nuestros amigos, los Gastaldi. Ignacio es cirujano plástico; Ana, su esposa, pertenece a la Asociación de Mujeres Cristianas. ¿Lo sabrá Ana? Yo creí que no me interesaría conocer las razones, pero hoy, antes de que hiciéramos el amor, le pregunté a Beatriz: “¿Por qué?”.
Quizá, dentro de cuatro o cinco horas, llame al banco para dar parte de enfermo. El trabajo de cajero requiere mucha tranquilidad, y después de una noche de insomnio y de soportar este calambre creo que será mejor no ir. Hubiera sido más conveniente quedarme callado. Ignacio me consiguió el puesto en el banco, y me alquiló esta casa sin pedirme adelanto de dinero ni garantía propietaria. Pienso en Beatriz. También pienso en Ignacio.
Masajeándome el brazo izquierdo, giro y me dirijo al baño. Abro las llaves de la ducha y espero a que se entibie el agua. Me paro delante del espejo y, con una mueca estúpida, pregunto: “¿Por qué?”. Sorprendido, siento que el dolor del calambre se agudiza y amenaza con inmovilizarme medio cuerpo. Me apoyo en el botiquín; un frasco de colonia cae y estalla contra el piso. Escucho la voz intrigada de Beatriz, que desde la cama quiere saber si estoy bien. Permanezco en silencio, al igual que ella antes de besarme el cuello, quitarme los calzoncillos y patearlos debajo de la mesa de luz.
Del libro Relatos agónicos
relatosagonicos.blogspot.com