Se encrespa el suspiro murrio mientras las corrientes undívagas de lises endrinos laurean el sendero del héroe envanecido…
RÉQUIEM
-¿Está vivo el hombre?-
Precipitarse por cada posible abismo enfrentando con descaro y gravedad a la infausta inapelable.
Arremeter contra los lindes de lo grotesco y escanciar todos los vinos de lo humanamente retorcido.
-¿Está vivo el hombre?-
No hay goce en el abandono poético, tan sólo sollozos enmascarados con risas de cruel sarcasmo mórbido.
Ser la lumbre perenne que crepita con hermosa divinidad entre los oleajes oscurecidos de la insidiosa necedad humana.
-¿Está vivo el hombre?-
Vagar con ingente soberbia por toda la ciénaga cual Claudio emperador, con el alma realmente infecta y enferma. ¡Pero tras la fatídica enfermedad se abren los jardines sacros de la santidad!
¡Qué sublime metamorfosis!
¡Qué gran valentía la de este héroe guillotinado!
-¿Está vivo el hombre?-
Beldad extraña y umbría de prendas de locura inefable que danza con vehemencia a través de los vientos purpúreos y barbáricos del orbe sobrehumano.
-¿Está vivo el hombre?- grita desaforadamente el poeta desde su áurea cruz. Y arrecia la tormenta lacrimosa en su alma perpetua. Y brotan los pontos de sublime escarlata desde sus insondables heridas. Y se mezclan todas las esencias del dios-hombre, ¡alquimia, egregia alquimia!, para formar el célico discurrir, tal y como siempre debe ser.
¿Está vivo el hombre?
¿Está vivo el hombre?
¿Está vivo el hombre?
L. ESTEBAN TORRES
RÉQUIEM
-¿Está vivo el hombre?-
Precipitarse por cada posible abismo enfrentando con descaro y gravedad a la infausta inapelable.
Arremeter contra los lindes de lo grotesco y escanciar todos los vinos de lo humanamente retorcido.
-¿Está vivo el hombre?-
No hay goce en el abandono poético, tan sólo sollozos enmascarados con risas de cruel sarcasmo mórbido.
Ser la lumbre perenne que crepita con hermosa divinidad entre los oleajes oscurecidos de la insidiosa necedad humana.
-¿Está vivo el hombre?-
Vagar con ingente soberbia por toda la ciénaga cual Claudio emperador, con el alma realmente infecta y enferma. ¡Pero tras la fatídica enfermedad se abren los jardines sacros de la santidad!
¡Qué sublime metamorfosis!
¡Qué gran valentía la de este héroe guillotinado!
-¿Está vivo el hombre?-
Beldad extraña y umbría de prendas de locura inefable que danza con vehemencia a través de los vientos purpúreos y barbáricos del orbe sobrehumano.
-¿Está vivo el hombre?- grita desaforadamente el poeta desde su áurea cruz. Y arrecia la tormenta lacrimosa en su alma perpetua. Y brotan los pontos de sublime escarlata desde sus insondables heridas. Y se mezclan todas las esencias del dios-hombre, ¡alquimia, egregia alquimia!, para formar el célico discurrir, tal y como siempre debe ser.
¿Está vivo el hombre?
¿Está vivo el hombre?
¿Está vivo el hombre?
L. ESTEBAN TORRES