CÓMO ES PERDER 35 KILOS
Por Alessandra Rampolla
Para mí, más que adelgazar y perder 35 kilos, fue ganar
en salud. Era algo que me preocupaba. Fue un
cambio muy radical, evidentemente físico, pero también
en el estilo de vida. El sobrepeso no era un tema
estético para mí. Me sentía muy bien, me gustaban
las curvas, la onda voluptuosa, no me parecía mal.
Estaba muy cómoda, pero el sobrepeso tiene un potencial
de afectar la salud seriamente. Tengo muchas
ganas de ser mamá y hay un sinnúmero de complicaciones
posibles que ni siquiera quería tener la posibilidad
de que me fueran a ocurrir en un embarazo. El
tema de una diabetes me preocupaba mucho. Y básicamente
la dificultad de quedar embarazada porque
se complica el proceso de fertilización. Mi hermana
es ginecóloga. Y me dijo, si algún día tu quieres quedar
embarazada, sabes que tienes que bajar de peso.
Eso me lo había dicho hace mucho tiempo y yo no le
presté atención, pero ahora que estoy casada y con
una intención clara de vida, se convirtió en un tema
muy importante.
El by-pass gástrico es una cirugía, y un cambio muy
radical. Mi forma de relacionarme con la comida es
muy distinta ahora porque el cambio físico es muy
dramático, hay una alteración en la anatomía, y mi
cuerpo no absorbe ni la grasa ni los nutrientes como
lo hacía antes. Me tengo que alimentar pensando
en mi nutrición primero y luego en darme gustos.
No quiero estar mal nutrida y con la operación es
muy fácil que eso suceda. No sigo una dieta estricta,
mantengo mi calidad de vida, pero cuando llega
el momento de comer, lo encaro distinto, pienso en
alimentarme y luego en darme el gusto. Antes era
al revés. Como consecuencia del bay-pass tengo que
tomar vitaminas, durante todos los días, por el resto
de mi vida para poder suplir los nutrientes que mi
cuerpo no absorbe. Lo que sucede es que se achica
el tamaño del estómago y también que, por ejemplo,
si nos juntamos a comer una pizza, usted engordará
más que yo, a mí la comida no me cae en la parte del
intestino que más grasas y carbohidratos absorbe,
pero tampoco absorbe todos los nutrientes. Si usted
y yo comemos un plato de vegetales, usted estará
más nutrido que yo. Por eso debo tener la conciencia
muy clara, más que nada por el tema vanidad:
soy una mujer muy cuidadosa, siempre estoy arreglada,
y a mí me da pánico que se me caiga el pelo o
los dientes, o que se empiece a notar físicamente los
estragos de una mala nutrición.
Eso es muy importante para mí. Mi peso ahora es saludable.
No estoy flaquísima ni parezco una Barbie, nada
que ver, tengo mis rollitos, pero estoy saludable.
Me siento más ligera, más ágil, el movimiento
del cuerpo es distinto. Cuando iba ganando
peso no me daba cuenta de que mi agilidad se iba
afectando. Juraba que era muy enérgica, hasta que
bajé de peso muy rápido. ¡Ahora qué hago con toda
esta energía! Se siente distinto, pero como yo
no siempre fui obesa, es como reconocerme cuando me miro al espejo, como
antes me veía así, a veces pienso que no estoy tan
delgada. Mi esposo no me conoció estando delgada,
sino obesa, y cuando adelgacé, yo decía que estaba
igual, y él me respondía ¿¡qué!? Y entonces me
sacaba una foto para comparar. Siento que ahora
muestro otra parte de lo que ha sido mi historia.
Es raro acostumbrarme a entender que ya no estoy
tan obesa como antes. En términos de sexo, el que
podría decir algo es mi marido. Para mí, el sexo no
es distinto, puede ser que para él sí lo sea. No fue
fácil tomar la decisión.
En mi país este tipo de cirugía tuvo muy mala
fama.
El by-pass gástrico es una cirugía muy
radical. Mi forma de relacionarme
con la comida es muy distinta ahora
porque el cambio físico es dramático.
Me operé en Colombia, en la ciudad
de Cali. Yo no quería ni decirlo antes de hacérmela.
Fue muy pensado y muy estudiado. Los médicos, los
mismos que operaron a Diego Maradona,
fueron cuidadosamente elegidos. Pero yo,
ahora delgada, sigo siendo la misma. Es un versión
actualizada. Ahora, con los kilos de menos y
el pelo corto, la gente ni me conoce por la calle. Es
algo maravilloso. Aun así, me sigo mostrando tal
cual soy.
Por Alessandra Rampolla
Para mí, más que adelgazar y perder 35 kilos, fue ganar
en salud. Era algo que me preocupaba. Fue un
cambio muy radical, evidentemente físico, pero también
en el estilo de vida. El sobrepeso no era un tema
estético para mí. Me sentía muy bien, me gustaban
las curvas, la onda voluptuosa, no me parecía mal.
Estaba muy cómoda, pero el sobrepeso tiene un potencial
de afectar la salud seriamente. Tengo muchas
ganas de ser mamá y hay un sinnúmero de complicaciones
posibles que ni siquiera quería tener la posibilidad
de que me fueran a ocurrir en un embarazo. El
tema de una diabetes me preocupaba mucho. Y básicamente
la dificultad de quedar embarazada porque
se complica el proceso de fertilización. Mi hermana
es ginecóloga. Y me dijo, si algún día tu quieres quedar
embarazada, sabes que tienes que bajar de peso.
Eso me lo había dicho hace mucho tiempo y yo no le
presté atención, pero ahora que estoy casada y con
una intención clara de vida, se convirtió en un tema
muy importante.
El by-pass gástrico es una cirugía, y un cambio muy
radical. Mi forma de relacionarme con la comida es
muy distinta ahora porque el cambio físico es muy
dramático, hay una alteración en la anatomía, y mi
cuerpo no absorbe ni la grasa ni los nutrientes como
lo hacía antes. Me tengo que alimentar pensando
en mi nutrición primero y luego en darme gustos.
No quiero estar mal nutrida y con la operación es
muy fácil que eso suceda. No sigo una dieta estricta,
mantengo mi calidad de vida, pero cuando llega
el momento de comer, lo encaro distinto, pienso en
alimentarme y luego en darme el gusto. Antes era
al revés. Como consecuencia del bay-pass tengo que
tomar vitaminas, durante todos los días, por el resto
de mi vida para poder suplir los nutrientes que mi
cuerpo no absorbe. Lo que sucede es que se achica
el tamaño del estómago y también que, por ejemplo,
si nos juntamos a comer una pizza, usted engordará
más que yo, a mí la comida no me cae en la parte del
intestino que más grasas y carbohidratos absorbe,
pero tampoco absorbe todos los nutrientes. Si usted
y yo comemos un plato de vegetales, usted estará
más nutrido que yo. Por eso debo tener la conciencia
muy clara, más que nada por el tema vanidad:
soy una mujer muy cuidadosa, siempre estoy arreglada,
y a mí me da pánico que se me caiga el pelo o
los dientes, o que se empiece a notar físicamente los
estragos de una mala nutrición.
Eso es muy importante para mí. Mi peso ahora es saludable.
No estoy flaquísima ni parezco una Barbie, nada
que ver, tengo mis rollitos, pero estoy saludable.
Me siento más ligera, más ágil, el movimiento
del cuerpo es distinto. Cuando iba ganando
peso no me daba cuenta de que mi agilidad se iba
afectando. Juraba que era muy enérgica, hasta que
bajé de peso muy rápido. ¡Ahora qué hago con toda
esta energía! Se siente distinto, pero como yo
no siempre fui obesa, es como reconocerme cuando me miro al espejo, como
antes me veía así, a veces pienso que no estoy tan
delgada. Mi esposo no me conoció estando delgada,
sino obesa, y cuando adelgacé, yo decía que estaba
igual, y él me respondía ¿¡qué!? Y entonces me
sacaba una foto para comparar. Siento que ahora
muestro otra parte de lo que ha sido mi historia.
Es raro acostumbrarme a entender que ya no estoy
tan obesa como antes. En términos de sexo, el que
podría decir algo es mi marido. Para mí, el sexo no
es distinto, puede ser que para él sí lo sea. No fue
fácil tomar la decisión.
En mi país este tipo de cirugía tuvo muy mala
fama.
El by-pass gástrico es una cirugía muy
radical. Mi forma de relacionarme
con la comida es muy distinta ahora
porque el cambio físico es dramático.
Me operé en Colombia, en la ciudad
de Cali. Yo no quería ni decirlo antes de hacérmela.
Fue muy pensado y muy estudiado. Los médicos, los
mismos que operaron a Diego Maradona,
fueron cuidadosamente elegidos. Pero yo,
ahora delgada, sigo siendo la misma. Es un versión
actualizada. Ahora, con los kilos de menos y
el pelo corto, la gente ni me conoce por la calle. Es
algo maravilloso. Aun así, me sigo mostrando tal
cual soy.