Norilsk, ubicada en Siberia, al norte de Rusia, es considerada una de las diez ciudades más contaminadas del mundo, debido a sus malas condiciones ambientales para habitarla.
La nieve negra, la erosión, el aire con olor azufre y una esperanza de vida de 46 años, son las consecuencias que ha traído la constante contaminación que circunda.
Desde 1953, Norilsk adquirió el status de ciudad, cuando formó parte de un complejo minero-metalúrgico, por lo que invirtieron millones de rublos en equipos especiales.
El níquel se convirtió en el mineral más industrializado, lo cual hizo de esta ciudad el mayor depósito del planeta y la fuente más grande de empleo para quienes allí habitan.
Sin embargo, su atmósfera paga las consecuencias, a tal punto de recibir cada año cerca de cuatro millones de toneladas de cobre, plomo, níquel, arsénico o selenio, y los árboles son escasos, en consecuencia de la lluvia ácida que provoca la fundición de níquel.
Alrededor de 230.000 personas soportan las precarias condiciones de vida, según un censo realizado en el año 2008.
Durante 45 días, los habitantes soportan temperaturas que alcanzan los 50 grados bajo cero y vientos de hasta 25 metros por segundo, debido a las lluvias ácidas.
La nieve negra, la erosión, el aire con olor azufre y una esperanza de vida de 46 años, son las consecuencias que ha traído la constante contaminación que circunda.
Desde 1953, Norilsk adquirió el status de ciudad, cuando formó parte de un complejo minero-metalúrgico, por lo que invirtieron millones de rublos en equipos especiales.
El níquel se convirtió en el mineral más industrializado, lo cual hizo de esta ciudad el mayor depósito del planeta y la fuente más grande de empleo para quienes allí habitan.
Sin embargo, su atmósfera paga las consecuencias, a tal punto de recibir cada año cerca de cuatro millones de toneladas de cobre, plomo, níquel, arsénico o selenio, y los árboles son escasos, en consecuencia de la lluvia ácida que provoca la fundición de níquel.
Alrededor de 230.000 personas soportan las precarias condiciones de vida, según un censo realizado en el año 2008.
Durante 45 días, los habitantes soportan temperaturas que alcanzan los 50 grados bajo cero y vientos de hasta 25 metros por segundo, debido a las lluvias ácidas.