
dijo:
Me paso horas delante del ordenador. Escuchando, perdón,oyendo música, mirando mis redes sociales, descubriendo nuevos cantantes por youtube, buscando piso para mi próximo destino, asignaturas para mi próximo curso, chateando con la gente que me encuentro conectada... siempre pendiente del correo electrónico para comprobar cuando puedo dejar de perder el tiempo en internet, y empezar a usarlo con un real beneficio. Esperando el correo de mi coordinador de estudios que me de paso a decidir sobre lo que estudiar. Esperando el correo de ese compañero de piso que espero encontrar. Esperando el correo de la administración para ver cuando puedo hacer el visado. Últimamente tengo esos días que te los pasas delante del ordenador, para entretenerte, pero al final acabas con un sentimiento de apatía y vagueza que no me ayuda nada. Y sin embargo, se vuelve adictivo. Y el día siguiente se vuelve igual que el anterior. Delante del ordenador sin hacer nada. ¡Si al menos usara el ordenador para hacer algo de provecho! Pero parece que el curso de la vagueza tecnológica se vuelve un ciclo retroalimentativo, y cuanto más vagueo frente a la pantalla, más me apetece no pensar. No hablar. No escuchar. No leer. ¡Que el ruido de la maquinaria aturda mi mente para darme un descanso de este mundo!... y es entonces cuando me convierto en lo que nunca quise ser: un hombre-masa más.
El efecto Zeigarnik, o cómo evitar dejar las cosas para después

Tal vez se hayan dado cuenta que de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda una palabra: procrastinación. Es una forma algo complicada de referirse al diferir un compromiso, a dejar para mañana lo que uno debe hacer hoy. Es todo un problema para quienes carecemos de una autodisciplina férrea. Sin embargo, tiene solución: uno de los métodos más simples para vencer la procrastinación se inspiró en meseros muy ocupados. Sí, meseros.
En 1927, una psicóloga rusa llamada Bluma Zeigarnik estaba un día en Viena y decidió sentarse a tomar algo en un restaurante. Mientras esperaba, notó un hecho curioso: los meseros parecían recordar las órdenes sólo mientras estaban en el proceso de ser servidas. Cuando finalmente los platos llegaban a los comensales, esas órdenes desaparecían de su memoria. Zeigarnik se preguntó qué era lo que estaba pasando y postuló una hipótesis que se dispuso a probar.
Organizó una pequeña investigación y pidió a los participantes realizar unas 20 tareas sencillas en su laboratorio; cosas como resolver rompecabezas o enhebrar cuentas. Pero durante algunas de esas actividades los participantes eran interrumpidos por uno u otro motivo. Al final, luego de preguntar a los participantes qué cosas habían hecho, se descubrió que tendían a recordar dos veces más las actividades en las que fueron interrumpidos que aquellas que fueron finalizadas.
¿Ves la relación entre este resultado y la procrastinación? ¿no?

cosas como un cuarto desordenado, es clasico sintoma de que tienes este mal habito
Sesenta años después, Kenneth McGraw hizo otra prueba sobre e efecto Zeigarnik. En esta prueba, los participantes tuvieron que armar un rompecabezas bastante complicado. Tras un determinado período de tiempo, se les dijo que el tiempo había concluído y la prueba había finalizado. Ninguno de ellos había logrado resolverlo. A pesar de ello, el 90% de los participantes continuó trabajando en el rompecabezas.
¿Te diste cuenta? ¿todavía?
¿Cuál es la herramienta más usada por los productores de TV para mantener al público “pegado” a una serie? el suspenso. En La Ley y el Orden, hay capítulos realmente interesantes que llegan a un punto culmen y de pronto aparece el dichoso anuncio: “Continuará”. Te dejan con la intriga de saber qué va a pasar, y la siguiente semana estarás frente al televisor haciendo que todo el mundo esté en silencio para ver cómo transcurre el siguiente capítulo.

Algo parecido pasa con los libros en serie. ¿O alguien no recuerda lo que pasaba con cada lanzamiento de un libro nuevo de Harry Potter?
Si lo empiezas, lo terminas
Estos ejemplos tienen un punto en común: cuando la gente comienza algo, es más proclive a terminarlo. La procrastinación, el dejar una tarea para después, se vuelve más pesada cuando nos enfrentamos a una gran tarea que estamos evitando comenzar, sea porque no sabemos por dónde empezar o ni siquiera cuándo.
Entonces, el efecto Zeigarnik nos muestra que una excelente arma para vencer nuestra procrastinación es empezar ya. Donde sea y cuando sea.
No hay que empezar por lo más difícil, sino por lo más fácil. Es lo mismo que nos dicen los profesores cuando nos hablan de los exámenes. Si puedes comenzar por la parte más pequeña y sencilla de un proyecto, tenderás a seguir con el resto hasta terminarlo. Una vez que uno comienza, aunque sea en algo trivial, hay algo que nos impulsa a llegar hasta el final en la mayoría de los casos. Se nos aparece un “Continuará” constante que nos lleva a la siguiente etapa de lo que hacemos.
Sí, la técnica es simple pero con frecuencia no la tomamos en cuenta porque tendemos a fijarnos en las partes más complicadas de un proyecto. El estrés por una tarea pesada es un gran motor de la procrastinación.
Pero el efecto Zeigarnik tiene una importante excepción: no funciona bien cuando no estamos particularmente motivados a lograr nuestro objetivo o no esperamos hacerlo bien. Es la regla de las metas, en general: cuando no son atractivas o imposibles, tendemos a querer evitarnos la molestia. Pero si el objetivo tiene valor para nosotros y creemos que es posible, el dar el primer paso puede hacer la diferencia entre el fracaso y el éxito.

No lo deje para mañana... deje este mal hábito hoy