Cuantas veces un desplante, un saludo a toda prisa nos hace sentir mal y aunque sabemos todo lo que somos, sentimos que no nos quieren, que no tenemos amor. Pero, aquí viene la pregunta; ¿nos hemos ganado ese amor o será que esperamos gozar de simpatías, esperamos cariño y estimación cuando nosotros no lo damos y no permitimos que nos lo entreguen?
Ahora, explicamos lo anterior. Muchas veces vamos por la vida sin mirar a nuestro alrededor, porque el aprecio, la amabilidad el don de gentes, una palabra adecuada, la escatimamos una y otra vez, sin tomar en cuenta que estos dones son más valiosos que las posesiones materiales, pero que si juntamos ambas cosas, tendremos un mejor ambiente para propiciar nuestra felicidad.
Mire usted, es completamente diferente gritarle a alguien ¡Lárgate y cierra la puerta¡ que decir con toda calma, “si quieres, puedes regresar más tarde y por favor, cuando salgas, ¿tendrías la amabilidad de cerrar la puerta?”.
No olvidemos nunca que para sonreir se utilizan muchos menos músculos que para poner cara de enfado y como dice un antiguo refrán, “Una sonrisa en los labios es igual a un mundo en las manos”.
No nos damos cuenta de que la felicidad pasa a nuestro lado y tan solo por no querer sonreir, por no querer saludar, por no ceder un asiento, por negar un apretón de manos o un abrazo cálido no la propiciamos. No quereos dar la mano, porque también tenemos miedo de entregarnos, de hacer contacto con otras personas. Recordemos que un buen apretón de manos un abrazo dado con toda naturalidad abren muchas puertas y despiertan muchas simpatías y aumentan el carisma. El calor, la amistad, la entrega sincera, la sonrisa son cosas que todos podemos poseemos y podemos prodigar, solo tenemos que utilizarlas y compartirlas.
Muchas veces vamos por la vida sin mirar a nuestro alrededor, porque el aprecio, la amabilidad el don de gentes, una palabra adecuada, la escatimamos una y otra vez.
Revista Mundo Natural http://revistamundonatural.com/noticia.cfm?n=696#ixzz2ED8KD43h