La maldita falta de sueño.
Dormir poco no solo hace que nos levantemos más cansados y de peor humor. También favorece las pesadillas e induce a comer más y, por tanto, engordar.
Insomnio, acostarse tarde y madrugar, preocupaciones, tensión, ansiedad... Todo con un resultado: Dormir poco. Y con muchas consecuencias. Porque la falta de sueño no solo influye en nuestro mal estado de ánimo, en el cansancio y en el rendimiento al día siguiente sino que también provoca pesadillas y engorda, además de aumentar el riesgo de hipertensión. Un completo, vamos. Y más teniendo en cuenta que más del 30% de los españoles sufre trastornos del sueño y un 4% de forma crónica.

El déficit de sueño, la ansiedad y los problemas familiares y laborales favorecen la aparición de pesadillas, normalmente relacionadas con catástrofes, cementerios, fallecidos o situaciones desagradables, según apuntaron desde el Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN) con motivo de la celebración la pasada semana del Día Mundial del Sueño. Estas pesadillas suelen estar relacionadas con lo vivido durante el día y, aunque duran pocos minutos ya que ocurren en la fase REM, si la intensidad es muy elevada y llegan a despertarnos el estado anímico al día siguiente se verá claramente afectado.
Pero además de tener pesadillas, la falta de sueño también engorda porque nos induce a comer más. Según las conclusiones de un estudio realizado por la Universidad de Colorado Boulder (EE UU) al estar más tiempo despierto se requiere más energía, por lo que se ingieren más alimentos para compensar las calorías adicionales quemadas. Y además evidenciaron que comer en exceso durante la noche también engorda más ya que "la fisiología interna no está diseñada para tomar esa comida".
El insomnio, el mal más extendido
El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente. Lo sufre entre el 20 y 30% de la población y parece que es más habitual en mujeres. Aun así, desde el SEN aseguran que la incertidumbre económica y laboral a buen seguro ha elevado estos porcentajes en los últimos años. De hecho, según la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas, en los últimos seis años el consumo de somníferos, tranquilizantes o sedantes se ha duplicado.

Tras el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas -llamado enfermedad de Willis-Ekbom- afecta a un 10% de la población mientras que el síndrome de apneas-hipopneas del sueño lo hace a entre un 2 y un 4% de la población de los países desarrollados y con más incidencia en varones con sobrepeso y mujeres que ya han pasado la menopausia. Otros trastornos extendidos son el bruxismo -el frotar de dientes mientras se duerme asociado por norma general al estrés y la tensión- o el sonambulismo.
Por último y aunque menos habitual, la narcolepsia -quedarse dormido de forma brusca- es otro de los síndromes más conocidos que en España afecta a unas 25.000 personas.
Yo dormiría muy bien... de no ser por mis vecinos que les gusta desvelarse hasta las 2 o 4 de la madrugada.
Mi solución: quedarme conectada en Taringa hasta que ellos se vallan a dormir.
Dormir poco no solo hace que nos levantemos más cansados y de peor humor. También favorece las pesadillas e induce a comer más y, por tanto, engordar.
Insomnio, acostarse tarde y madrugar, preocupaciones, tensión, ansiedad... Todo con un resultado: Dormir poco. Y con muchas consecuencias. Porque la falta de sueño no solo influye en nuestro mal estado de ánimo, en el cansancio y en el rendimiento al día siguiente sino que también provoca pesadillas y engorda, además de aumentar el riesgo de hipertensión. Un completo, vamos. Y más teniendo en cuenta que más del 30% de los españoles sufre trastornos del sueño y un 4% de forma crónica.

El déficit de sueño, la ansiedad y los problemas familiares y laborales favorecen la aparición de pesadillas, normalmente relacionadas con catástrofes, cementerios, fallecidos o situaciones desagradables, según apuntaron desde el Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN) con motivo de la celebración la pasada semana del Día Mundial del Sueño. Estas pesadillas suelen estar relacionadas con lo vivido durante el día y, aunque duran pocos minutos ya que ocurren en la fase REM, si la intensidad es muy elevada y llegan a despertarnos el estado anímico al día siguiente se verá claramente afectado.
Pero además de tener pesadillas, la falta de sueño también engorda porque nos induce a comer más. Según las conclusiones de un estudio realizado por la Universidad de Colorado Boulder (EE UU) al estar más tiempo despierto se requiere más energía, por lo que se ingieren más alimentos para compensar las calorías adicionales quemadas. Y además evidenciaron que comer en exceso durante la noche también engorda más ya que "la fisiología interna no está diseñada para tomar esa comida".
El insomnio, el mal más extendido
El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente. Lo sufre entre el 20 y 30% de la población y parece que es más habitual en mujeres. Aun así, desde el SEN aseguran que la incertidumbre económica y laboral a buen seguro ha elevado estos porcentajes en los últimos años. De hecho, según la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas, en los últimos seis años el consumo de somníferos, tranquilizantes o sedantes se ha duplicado.

Tras el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas -llamado enfermedad de Willis-Ekbom- afecta a un 10% de la población mientras que el síndrome de apneas-hipopneas del sueño lo hace a entre un 2 y un 4% de la población de los países desarrollados y con más incidencia en varones con sobrepeso y mujeres que ya han pasado la menopausia. Otros trastornos extendidos son el bruxismo -el frotar de dientes mientras se duerme asociado por norma general al estrés y la tensión- o el sonambulismo.
Por último y aunque menos habitual, la narcolepsia -quedarse dormido de forma brusca- es otro de los síndromes más conocidos que en España afecta a unas 25.000 personas.
Yo dormiría muy bien... de no ser por mis vecinos que les gusta desvelarse hasta las 2 o 4 de la madrugada.
Mi solución: quedarme conectada en Taringa hasta que ellos se vallan a dormir.

