“Con este libro deseo ayudar a toda señora amante del arte culinario. Con él la persona más novicia puede confeccionar los platos más exquisitos. Las recetas están explicadas en forma clara y sencilla”. Las palabras pertenecen al prólogo de “El libro de Doña Petrona”, pieza clave en el historial gastronómico hogareño argentino.
Aunque muchas veces fue acusada de realizar comidas demasiado calóricas, la vigencia de Doña Petrona Carrizo de Gandulfo es indiscutible, su libro llegó a las 102 ediciones, Narda Lepes reinventa sus recetas en el canal Utilísima, y lo más extraño, su perfil de facebook supera los mil fanáticos.
La irrupción en la TV de la famosa ecónoma fue durante 1952 en los primeros pasos de canal 7, pero sus inicios como cocinera con público son mucho anteriores y se remontan a la década del 30, etapa en la que comenzó a desarrollarse el trazado de gas domiciliario en la ciudad de Buenos Aires.
Doña Petrona nació en 1896 en Santiago del Estero donde en su juventud trabajó de cocinera en la estancia “Los Quebrachitos”. Con los años se instaló en Buenos Aires junto a su primer marido, de apellido Gandulfo, y consiguió trabajo en La Compañía de Gas, su función era convencer a las amas de casa que las cocinas a gas eran mejores, más cómodas y más limpias que las de leña y que los calentadores Primus a querosén.
Aunque muchas veces fue acusada de realizar comidas demasiado calóricas, la vigencia de Doña Petrona Carrizo de Gandulfo es indiscutible, su libro llegó a las 102 ediciones, Narda Lepes reinventa sus recetas en el canal Utilísima, y lo más extraño, su perfil de facebook supera los mil fanáticos.
La irrupción en la TV de la famosa ecónoma fue durante 1952 en los primeros pasos de canal 7, pero sus inicios como cocinera con público son mucho anteriores y se remontan a la década del 30, etapa en la que comenzó a desarrollarse el trazado de gas domiciliario en la ciudad de Buenos Aires.
Doña Petrona nació en 1896 en Santiago del Estero donde en su juventud trabajó de cocinera en la estancia “Los Quebrachitos”. Con los años se instaló en Buenos Aires junto a su primer marido, de apellido Gandulfo, y consiguió trabajo en La Compañía de Gas, su función era convencer a las amas de casa que las cocinas a gas eran mejores, más cómodas y más limpias que las de leña y que los calentadores Primus a querosén.