Belén, símbolo del nacimiento de la esperanza encarnada en un tierno bebé. Geográficamente real en nuestro maravilloso planeta tierra. Belén centro de disputas dolorosas y de amor. Belén, dondé en este espacio temporal brotó el más puro espíritu en la carne.... Y fue este don divino, que nos es otorgado como una de tantas maravillosas lámparas espirituales para encontrar fácilmente nuestro camino, quien nos enseñó que el verdadero Belén está en cada uno de nuestros corazones y por eso no tiene disputas y es atemporal, eterno... Que la luz divina de Jesús nazca en tu propio Belén y en el mío cada día del resto de nuestro viaje y eternamente en cada plano en que nos manifestemos... Namasté, Manuel Herrera
Yoga: Un breve deseo de navidad
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