La serenidad ayuda tanto a la salud física como a la mental. Para lograrla, sobre todo quienes viven inmersos en la hiperactividad, existen algunos ejercicios que son de gran ayuda. Si se tiene la voluntad de hacer un alto para realizarlos, le energía fluirá mejor y la vida se verá con otros ojos.
La respiración no es solo una de las funciones fundamentales del organismo, sino también el modo de realizar una "recarga" de energética.
Para comenzar se le puede dedicar pocos minutos diarios a esta práctica. Pero lo ideal es poder ir incrementando la dedicación de ellos.
1- Esta posición, aparentemente muy simple, es fundamental para superar los estados de tensión y obtener paz mental. Antes de comenzar hay que tomar algunos recaudos, tales como elegir un buen lugar para hacerlo, una superficie lisa, la temperatura y la ropa que se está usando para no pasar ni frío ni calor. Sentarse en el piso con los pies bien extendidas, los pies juntos, con los dedos hacia arriba, aunque sin tensarlos. Las manos se apoyan en el suelo, por detrás del cuerpo. Permanecer así por varios minutos.
2- Estirando la cintura, se van apoyando los brazos en el suelo y se va bajando el cuerpo hacia atrás, hasta llegar a apoyar la cabeza sobre la manta.
3- Extender los brazos hacia los costados, colocando las palmas hacia arriba, al mismo tiempo que se bajan los hombros lo más posible, hasta tocar el piso. Cerrar los ojos y dejarse llevar por la sensación de bienestar. Los pies, de a poco, se irán separando y perderán la posición vertical. Realizar algunas respiraciones profundas y luego volver a la respiración normal. Permanecer así durante unos minutos.
4- Para cerrar la relajación proceder de forma lenta. No hay que levantarse abruptamente, sino que primero se abren los ojos y luego se gira hacia un lateral. Incluso se puede permanecer en esa posición unos minutos para pasar al costado opuesto antes de levantarse.
Además, se trata de una actividad ideal para desarrollar en familia, porque tanto la pueden implementar los padres, como los chicos y los abuelos.
La respiración no es solo una de las funciones fundamentales del organismo, sino también el modo de realizar una "recarga" de energética.
Para comenzar se le puede dedicar pocos minutos diarios a esta práctica. Pero lo ideal es poder ir incrementando la dedicación de ellos.
1- Esta posición, aparentemente muy simple, es fundamental para superar los estados de tensión y obtener paz mental. Antes de comenzar hay que tomar algunos recaudos, tales como elegir un buen lugar para hacerlo, una superficie lisa, la temperatura y la ropa que se está usando para no pasar ni frío ni calor. Sentarse en el piso con los pies bien extendidas, los pies juntos, con los dedos hacia arriba, aunque sin tensarlos. Las manos se apoyan en el suelo, por detrás del cuerpo. Permanecer así por varios minutos.
2- Estirando la cintura, se van apoyando los brazos en el suelo y se va bajando el cuerpo hacia atrás, hasta llegar a apoyar la cabeza sobre la manta.
3- Extender los brazos hacia los costados, colocando las palmas hacia arriba, al mismo tiempo que se bajan los hombros lo más posible, hasta tocar el piso. Cerrar los ojos y dejarse llevar por la sensación de bienestar. Los pies, de a poco, se irán separando y perderán la posición vertical. Realizar algunas respiraciones profundas y luego volver a la respiración normal. Permanecer así durante unos minutos.
4- Para cerrar la relajación proceder de forma lenta. No hay que levantarse abruptamente, sino que primero se abren los ojos y luego se gira hacia un lateral. Incluso se puede permanecer en esa posición unos minutos para pasar al costado opuesto antes de levantarse.
Además, se trata de una actividad ideal para desarrollar en familia, porque tanto la pueden implementar los padres, como los chicos y los abuelos.