Durante procesos de stress prolongado, cansancio extremo, y episodios de jet lag puede que se produzca la parálisis de sueño, la cual consiste en un trastorno que surge en la transición entre el sueño y la vigilia, ya sea en los momentos previos a conciliar el sueño o en el momento del despertar, y que resulta más común de lo que creemos.
Cuando esto sucede, la persona despierta de forma brusca y aunque puede abrir los ojos, no es capaz de moverse, lo cual genera una sensación de angustia como si estuviera atrapado en su propio cuerpo.
Estos episodios que también aparecen de forma periódica en pacientes de ansiedad, trastorno bipolar, depresión y trastorno de estrés postraumático, adicionalmente van acompañados por alucinaciones auditivas y visuales.
La página muyinteresante.es, afirma que los ataques a menudo implican sensaciones de terror, ira y de muerte inminente, ya que las alucinaciones suelen ser de carácter siniestro y malévolo. Es recurrente la visión de un ser grotesco que se sienta sobre el pecho y oprime la respiración.
La causa de la parálisis es el resultado de una intrusión anormal de un estado de REM (movimiento ocular rápido) durante un estado de vigilia: literalmente estás despierto, pero parte de tu cerebro sigue sumido en el sueño, es decir, estás en un limbo entre el sueño y la vigilia.
La parálisis corporal se origina debido a que el cerebro inhibe el movimiento de la mayor parte de los músculos para evitar lesiones producto de representaciones de lo que soñamos.
La forma de evitar que episodios como estos ocurran consiste básicamente en descansar lo suficiente y se recomienda levantarse y moverse una vez despiertos del todo, ya que existe la posibilidad de volver a experimentar un estado de parálisis del sueño de seguir en la misma posición.
A pesar de lo traumático que resulta experimentar una parálisis de sueño, se ha demostrado que no existe riesgo para la vida en ningún sentido, ya que nada de lo que podamos ver, oír e inclusive oler es real.
Cuando esto sucede, la persona despierta de forma brusca y aunque puede abrir los ojos, no es capaz de moverse, lo cual genera una sensación de angustia como si estuviera atrapado en su propio cuerpo.
Estos episodios que también aparecen de forma periódica en pacientes de ansiedad, trastorno bipolar, depresión y trastorno de estrés postraumático, adicionalmente van acompañados por alucinaciones auditivas y visuales.
La página muyinteresante.es, afirma que los ataques a menudo implican sensaciones de terror, ira y de muerte inminente, ya que las alucinaciones suelen ser de carácter siniestro y malévolo. Es recurrente la visión de un ser grotesco que se sienta sobre el pecho y oprime la respiración.
La causa de la parálisis es el resultado de una intrusión anormal de un estado de REM (movimiento ocular rápido) durante un estado de vigilia: literalmente estás despierto, pero parte de tu cerebro sigue sumido en el sueño, es decir, estás en un limbo entre el sueño y la vigilia.
La parálisis corporal se origina debido a que el cerebro inhibe el movimiento de la mayor parte de los músculos para evitar lesiones producto de representaciones de lo que soñamos.
La forma de evitar que episodios como estos ocurran consiste básicamente en descansar lo suficiente y se recomienda levantarse y moverse una vez despiertos del todo, ya que existe la posibilidad de volver a experimentar un estado de parálisis del sueño de seguir en la misma posición.
A pesar de lo traumático que resulta experimentar una parálisis de sueño, se ha demostrado que no existe riesgo para la vida en ningún sentido, ya que nada de lo que podamos ver, oír e inclusive oler es real.