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Evaluación del consumo de frutas en adolescentes

Info11/20/2010
Autor: Lic. Sonia RAMIREZ. Graduada de la Carrera Licenciatura en Nutrición de Universidad Maimónides. Ex Ayudante de Cátedra Técnica Dietoterápica. Responsable del Servicio de Alimentación de la Clínica Modelo de Morón (Pcia. Bs.As, Argentina).

Las dietas tradicionales, basadas en gran parte en alimentos de origen vegetal, han sido reemplazadas rápidamente. Dicha transición nutricional se caracteriza por cambios tanto cuantitativos como cualitativos de la dieta. Los cambios alimentarios adversos incluyen una dieta con mayor densidad energética, lo que significa más grasas y más azúcares añadidos en los alimentos, una mayor ingesta de grasas saturadas (principalmente de origen animal) unida a una disminución de la ingesta de carbohidratos complejos y de fibra y una reducción del consumo de frutas y verduras.

Existe substancial evidencia epidemiológica que establece una fuerte asociación entre el incremento del consumo de frutas y la disminución del riesgo de enfermedades crónicas tales como ciertos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Nuevas investigaciones demuestran el efecto protector de estos alimentos en la prevención de formación de cataratas, diverticulosis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica e hipertensión.

La adolescencia es una etapa clave para la adquisición o modificación de la conducta, en esta última se incluye la vinculada con el alimento, conducta que se refleja en el tipo de comida que se ingiere.

Es importante que el adolescente adquiera hábitos alimentarios saludables, incluyendo una adecuada ingesta de frutas, ya que estos muy probablemente serán sostenidos al llegar a la adultez.

El fin último de la intervención nutricional es establecer buenos hábitos de alimentación. Para ello es importante conocer de manera fehaciente el consumo de ciertos alimentos y así direccionar estrategias que promuevan un mayor o menor consumo dependiendo de las características de los mismos y su relación con la salud.

Debido a la importancia de conocer el consumo de alimentos, a los beneficios relacionados con el consumo adecuado de frutas y al ser la población adolescente una de las más vulnerables debido a sus características particulares, el presente trabajo de investigación tiene como objetivo principal evaluar el consumo de frutas en adolescentes.


OBJETIVO PRINCIPAL

Evaluar el consumo de frutas en alumnos de 3º año de Capital Federal y 1º año de Polimodal del Gran Buenos Aires, Argentina.


OBJETIVO SECUNDARIO

Comprobar si se cubre la recomendación diaria de ingesta de frutas.

Evaluar la diversidad en la selección de las frutas consumidas.

Inferir posibles causas del bajo consumo de frutas si lo hubiera.


MATERIALES Y MÉTODOS

Tipo de estudio: se llevó a cabo un estudio de tipo descriptivo transversal.

Área de estudio: Se han seleccionado escuelas privadas de la zona urbana de Capital Federal y Gran Buenos Aires.

Muestra: Fueron evaluados alumnos de 3º año de escuelas secundarias y de 1º año de Polimodal, de Capital Federal y Gran Buenos Aires respectivamente.


Instrumentos y Método de Recolección de datos:

a)CFCA. Cuestionario de frecuencia de consumo autoadministrado. Consiste en una lista cerrada de catorce (14) frutas sobre la que se solicita la frecuencia de consumo de cada una de ellas. La información brindada por el encuestado, respecto del consumo de frutas, debió corresponder a los últimos nueve meses para evitar diferencias debidas a la estacionalidad.

b)Adjunta a CFCA, se proveyó una Guía de Porciones a fin de que pueda ser tomada como referencia al momento de completar los datos que sirvieron para cuantificar el consumo.

c)Modelo Bidimensional. Para facilitar la cumplimentación del CFCA se utilizó una presentación fotográfica que ayude al encuestado a cuantificar la cantidad de fruta que consume.



RESULTADOS

Se evaluaron doscientos diez (210) alumnos de cuatro colegios diferentes, setenta y nueve (79) pertenecientes a escuelas secundarias de Capital Federal y ciento veintiuno (121) a colegios del Gran Buenos Aires.

Del total de alumnos se obtuvo un 53% de sexo femenino y un 47% de sexo masculino.

Con respecto al consumo de frutas, el 45% cubre la recomendación, mientras que el 55% restante no llega a consumir las dos porciones diarias recomendadas. Con respecto a estos últimos, el 20% consume al menos una porción diaria y un 23% refiere un consumo semanal de frutas. El 12% restante realiza un consumo ocasional (quincenal o mensual).

El porcentaje de cobertura no varió significativamente entre sexos. El 51% de las mujeres y el 60% de los varones no cubren la recomendación, mientras que sólo un 49% y 40% respectivamente, llegan a cubrirla.

Entre las frutas no conocidas, o nunca probadas, figuran en primer lugar el damasco, seguido de melón, pomelo, sandía y kiwi. El resto de las frutas son conocidas.

Entre las seis primeras frutas de menor aceptación (que no le gusta a la mayoría) se encuentran: pomelo y melón, seguidos de kiwi, damasco, sandía y ciruela.

Es importante considerar que el 97% (204) cuenta con algún lugar de abastecimiento cercano (a no más de dos cuadras) para la compra de frutas.

Entre las frutas asociadas con algún malestar (que “caen mal”) se encuentra en primer lugar la mandarina (con un 4%), le siguen en igual proporción, sandía, melón y uva (3%). Otras de las frutas mencionadas fueron kiwi y banana (ambas con un 2,5%), pomelo (2%), ciruela y naranja (1%).


DISCUSIÓN

El análisis de la distribución de la población, según el consumo de frutas, señala que este es bajo. La mayor parte de la población no cubre la recomendación diaria.

El porcentaje que no llega a consumir las dos porciones diarias recomendadas, es menor que el reportado por otros autores. Lo cual ofrecería un panorama alentador, más aún considerando que un 65% del total y un 36% de los que no cubren la recomendación, consumen al menos una porción diaria de frutas.

Con respecto a la selección de las frutas hay una tendencia a limitar la misma de acuerdo a las preferencias y de esta manera se reduce la variedad en el consumo.

La manzana, junto con banana y naranja, ser perfilan como las frutas más consumidas con un 85% de aceptación.

En cuanto a las frutas de menor aceptación, en primer lugar se encuentra el pomelo, le siguen melón, kiwi y damasco, lo cual limita la selección de las mismas.

Con respecto a las frutas que no son compradas en el hogar, hay una fuerte asociación con aquellas que no gustan. La mayoría refiere que las frutas que no son de su agrado, a su vez, no son compradas en la casa por esta razón. De esta forma resulta coherente que, entre las frutas menos compradas se encuentren kiwi, pomelo, damasco y melón. Asimismo, las frutas que figuran como las más compradas son, coincidentemente con las más consumidas, manzana, naranja y banana.

Otras de las asociaciones evidenciadas es que, las frutas desconocidas por un sector de la población, están dentro de las que no son compradas en el hogar y, a su vez ó consecuentemente, figuran entre las de menor aceptación.

Queda evidenciado que la falta de conocimiento produce una menor aceptación, así como también, la no-disponibilidad de las frutas en el hogar puede contribuir con la baja ingesta de las mismas. Esto mismo lo evidenció un estudio al observar que cuando la disponibilidad de frutas en el hogar era baja, los patrones de ingesta no se modificaban y las preferencias se mantenían intactas. En contraste a esto, a pesar de una baja preferencia por las frutas, si estas se encontraban disponibles en el hogar, la ingesta se incrementaba.

Por otra parte, el bajo consumo de frutas no se correspondería con la falta de acceso ya que la gran mayoría refirió tener un lugar cercano para la adquisición de las mismas.

Cabe destacar que el factor económico se tuvo en cuenta al seleccionar colegios de ciertas características, similares, de modo que este no sea considerado como un factor limitante para la adquisición de las mismas.


CONCLUSIONES

Los resultados obtenidos refuerzan la necesidad de implementar una estrategia de acción destinada a incrementar el consumo de frutas.

Se propone comenzar a propiciar las intervenciones pertinentes en el ámbito educativo, debido a que una proporción variable, pero importante, de adolescentes está adscrita a colegios y a su vez, este proporciona un medio adecuado para intervenciones efectivas en término de costo-beneficio.

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