
- Comer cuando no tienes hambre: Picar entre horas, especialmente por rendirte a la gula, es nocivo, especialmente si tenemos en cuenta que la mayor parte de aperitivos y snacks contienen grasas saturadas, edulcorantes, azúcares y químicos negativos y que pueden provocar diabetes, problemas cardiovasculares y obesidad, entre otras. No comas ante emociones e impulsos o con el fin de paliar el estrés, la tristeza y el enfado. Apuesta por una dieta completa y variada, deshecha los mitos y disfruta de la alimentación en cinco raciones diarias.
- Usar dispositivos electrónicos antes de dormir: Quedarte hasta altas horas de la madrugada con la tablet o el smartphone afecta negativamente a tu sueño y a tus niveñes de productividad, ya que la ciencia señala que las luces de las antallas digitales impiden que el cerebro libere las hormonas que notifican que es la hora de quedarse dormido. Si quieres estar concentrado al día siguiente, abandona el móvil y antes de dormir, coge un buen libro o pon música relajante.
- Quejarte constantemente: Expresar negatividad no de forma puntual, sino todo el tiempo, transmite estrés y pesimismo a los demás y puede incluso resultar perjudicial para tu autoestima, la percepción de ti mismo y tu productividad. Intenta aprender a darle la vuelta a los pensamientos negativos, aprender de los fracasos y ganar en asertividad.
- Ser desorganizado con tu tiempo y espacio: Acondicionar tu espacio de trabajo y respetar aspectos como la luminosidad, el orden o la división entre tu vida profesional y personal es clave para no estresarte, crecer a nivel laboral y cumplir tus objetivos. Si quieres gestionar tu tiempo de forma más adecuada, comienza por marcarte un horario, escribir recordatorios en forma de post-its y dedicar diez minutos al día a dejar todo ordenado y perfecto para el día siguiente.
- Multitarea: El dicho reza que quien mucho abarca, poco aprieta, y numerosos estudios científicos afirman que no es eficaz. No intentes completar más de dos tareas de forma simultánea con éxito. Lo ideal es escribir una lista de objetivos pendientes la noche anterior y completarla de forma sucesiva o por orden de importancia.
- No ahorrar ni un céntimo: Por supuesto, debes moverte dentro de tus propias condiciones económicas, pero despilfarrar u optar por las compras impulsivas no deben tener cabida en tu vida. Ten un pequeño colchón a mano, utiliza aplicaciones móviles específicas de ahorro y si tienes tentaciones, opta por las compras en efectivo, además de contrastar ofertas de antemano.
- Acumular deudas: Los problemas financieros pueden ocasionarte todo tipo de riesgos de salud, desde úlceras y problemas digestivos a dolores de cabeza, depresión, presión arterial o tensión muscular. Crea un presupuesto y planifica un margen de ahorro cada mes en lugar de inclinarte por pedir dinero a diestro y siniestro y estar con el agua al cuello.
- Rumores: Las personas envidiosas o que contagian rumores acerca de otras personas enturbian los ambientes sanos y colaborativos de trabajo, generan problemas interpersonales y pueden herir los sentimientos de los de más. Aunque no lo hagas de forma maliciosa o egoísta, piénsatelo dos veces antes de difundir información no contrastada o privada sobre alguien.
- Fumar: Es complicado dejarlo, pero no le traerá nada bueno a tu salud, ya que los efectos de los cigarrillos van desde las enfermedades respiratorias a los problemas cardiovasculares o el deterioro de la calidad de vida. Tira de fuerza de voluntad, busca el método más apropiado para ti y recurre a la ayuda de un especialista si lo consideras necesario.
- Poner excusas constantes: No siempre podrás alcanzar todos tus plazos o completar las metas que te hayas propuesto. En lugar de mentir sobre tu impuntualidad, carencias o fracasos, revisa tus prioridades, aprende de tus errores y comienza a establecer objetivos realistas y alcanzables. Es mucho mejor reapropiarte de tu responsabilidad y ser consciente de tus fallos y méritos que pasar la vida poniendo excusas.
