Así pertrechado, montó en su carro tirado por sus corceles favoritos y conducido por su auriga preferido, Aquiles se dirigió hacia la batalla, hasta que vio a Héctor, el único con el que, deseaba encontrarse, corriendo hasta él con un ronco bramido de rabia. El héroe troyano, a la sola visión del odio mortal que brillaba en los ojos de Aquiles, se dispuso a huir. Aquiles lo persiguió y se mofó de su cobardía, hasta que Héctor volvió para luchar con todo el valor y la imprudencia de la desesperación.
Sus golpes cayeron como truenos, una nube de polvo envolvió a los cuerpos en lucha y los angustiados testigos sólo acertaron a oír los apagados ruidos de los golpes y el fragor metálico de las armas chocando. Súbitamente se oyó un fuerte grito, tras lo cual todo se paralizó; cuando la nube de polvo se disipó, los troyanos, desde las murallas donde habían esperado en agonía por la resolución de la lucha, contemplaron a Aquiles arrancando la armadura del cuerpo de su campeón, tras lo cual ató el cadáver a su carro y dio nueve vueltas a las murallas de la ciudad, con la noble cabeza de Héctor siendo arrastrada en el polvo. Príamo, Hécuba y Andrómaca, la esposa de Héctor, presenciaron angustiados este vergonzoso espectáculo, hasta que vieron que Aquiles se dirigía finalmente hacia el lugar donde se encontraba la pira funeraria de Patroclo, donde dejó tirado el cadáver.
Aquiles regresó entonces a su tienda, donde continuó llorando la inoportuna muerte de su amigo por un largo período, rehusando ser consolado.
Los dioses también habían presenciado desde su morada celestial esta desgarradora escena; Zeus envió a Iris hasta Tetis, la cual le ordenó que corriera a la tienda de Aquiles para ordenarle que devolviera el cuerpo de Héctor a su familia en luto. También envió a Hermes para que llevara a Príamo, sin ser visto, hasta la tienda de Aquiles, para reclamar y llevarse el cadáver profanado de su hijo. Tetis, tras buscar a Aquiles en su tienda, le comunicó el deseo de Zeus:
Hermes procedió con su rapidez usual, y pronto guió a Príamo a través del campamento griego, hasta que llegaron a la tienda de Aquiles. El anciano rey cayó a los pies del héroe, suplicando humildemente por el cuerpo de su hijo y ofreciendo un magnífico rescate a cambio.
Aquiles, sin poder seguir negándose a sus ruegos, y conmovido por las lágrimas del padre, le entregó el cadáver de su hijo y le prometió un armisticio de catorce días, para que los ritos funerarios en ambos campamentos pudieran ser celebrados con la pompa y solemnidad debidas.
Al finalizar la tregua, las hostilidades fueron reanudadas y los troyanos se vieron reforzados con la llegada de Pentesilea, reina de las amazonas, la cual, con una selecta tropa de doncellas guerreras, vino a ofrecer su ayuda. La valerosa reina, sin embargo, representó sólo un relevo temporal, pues fue muerta por Aquiles en su primer encuentro.
Sin embargo, también él estaba destinado a morir "en la flor de su juventud y su belleza", y las Moiras casi habían terminado de enrollar la hebra de su vida. En una anterior escaramuza, mientras perseguían de cerca a los troyanos, el hijo de Tetis había llegado a ver a Polixena, la hija de Príamo, y se había dejado seducir profundamente por sus atractivos juveniles. Intentó en vano alcanzar la paz entre las naciones en conflicto, esperando que, cuando la guerra hubiese terminado, pudiera obtener su mano en matrimonio.
Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog:

Sus golpes cayeron como truenos, una nube de polvo envolvió a los cuerpos en lucha y los angustiados testigos sólo acertaron a oír los apagados ruidos de los golpes y el fragor metálico de las armas chocando. Súbitamente se oyó un fuerte grito, tras lo cual todo se paralizó; cuando la nube de polvo se disipó, los troyanos, desde las murallas donde habían esperado en agonía por la resolución de la lucha, contemplaron a Aquiles arrancando la armadura del cuerpo de su campeón, tras lo cual ató el cadáver a su carro y dio nueve vueltas a las murallas de la ciudad, con la noble cabeza de Héctor siendo arrastrada en el polvo. Príamo, Hécuba y Andrómaca, la esposa de Héctor, presenciaron angustiados este vergonzoso espectáculo, hasta que vieron que Aquiles se dirigía finalmente hacia el lugar donde se encontraba la pira funeraria de Patroclo, donde dejó tirado el cadáver.
Aquiles regresó entonces a su tienda, donde continuó llorando la inoportuna muerte de su amigo por un largo período, rehusando ser consolado.
Los dioses también habían presenciado desde su morada celestial esta desgarradora escena; Zeus envió a Iris hasta Tetis, la cual le ordenó que corriera a la tienda de Aquiles para ordenarle que devolviera el cuerpo de Héctor a su familia en luto. También envió a Hermes para que llevara a Príamo, sin ser visto, hasta la tienda de Aquiles, para reclamar y llevarse el cadáver profanado de su hijo. Tetis, tras buscar a Aquiles en su tienda, le comunicó el deseo de Zeus:
"Vino hasta mí
un mensajero de Zeus, que me pide que te comunique
que los inmortales se sienten ofendidos, especialmente
él, pues en tu rencor retienes
el cadáver de Héctor en tus barcos,
rehusando entregarlo. Obedece, pues,
acepta el rescate y devuelve al muerto".
Homero.
un mensajero de Zeus, que me pide que te comunique
que los inmortales se sienten ofendidos, especialmente
él, pues en tu rencor retienes
el cadáver de Héctor en tus barcos,
rehusando entregarlo. Obedece, pues,
acepta el rescate y devuelve al muerto".
Homero.
Hermes procedió con su rapidez usual, y pronto guió a Príamo a través del campamento griego, hasta que llegaron a la tienda de Aquiles. El anciano rey cayó a los pies del héroe, suplicando humildemente por el cuerpo de su hijo y ofreciendo un magnífico rescate a cambio.
Aquiles, sin poder seguir negándose a sus ruegos, y conmovido por las lágrimas del padre, le entregó el cadáver de su hijo y le prometió un armisticio de catorce días, para que los ritos funerarios en ambos campamentos pudieran ser celebrados con la pompa y solemnidad debidas.
Al finalizar la tregua, las hostilidades fueron reanudadas y los troyanos se vieron reforzados con la llegada de Pentesilea, reina de las amazonas, la cual, con una selecta tropa de doncellas guerreras, vino a ofrecer su ayuda. La valerosa reina, sin embargo, representó sólo un relevo temporal, pues fue muerta por Aquiles en su primer encuentro.
Sin embargo, también él estaba destinado a morir "en la flor de su juventud y su belleza", y las Moiras casi habían terminado de enrollar la hebra de su vida. En una anterior escaramuza, mientras perseguían de cerca a los troyanos, el hijo de Tetis había llegado a ver a Polixena, la hija de Príamo, y se había dejado seducir profundamente por sus atractivos juveniles. Intentó en vano alcanzar la paz entre las naciones en conflicto, esperando que, cuando la guerra hubiese terminado, pudiera obtener su mano en matrimonio.
Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog:

