Buenas, gente habida y por haber. He aquí mi primer post. Este texto me llegó por mail hace algunas semanas, y como no lo encontré en Taringa!, decidí hacerme cargo. Quiero aclarar dos cosas: que no estaba firmado, y que lo mío no es lo “solemne”, pero por ser la primera vez decidí hablar un poco en serio.
Y basta de preámbulos.
Y basta de preámbulos.
¿Realmente querés ser MÉDICO?
¿No te cansa estudiar diez horas por día, y que no sea suficiente?
¿No te cansa tomar el café de a litros, y que las ojeras se te junten con el bigote?
¿No te cansa que el fin de semana “ideal” consista en terminar de leer lo que no pudiste leer en la semana?
¿No te frustra que tu meta sea cada vez más lejana, por lo difíciles que se tornan las materias?
Y cuando tu familia te pregunta cómo venís con las clases, ¿no te entristece dudar unos segundos y luego decir “¡Bien!”?
¿No te cansa llorar de impotencia cuando no lográs entender algo, o cuando no llegás con el tiempo?
¿No te enfurece que no puedas lograr lo que te proponés cada inicio de cuatrimestre (aprobar una materia, de ser posible en el primer intento, o simplemente pasar de año)?
¿No te desilusiona haber perdido más de lo que ganaste desde que entraste a esta carrera?
¿No te da rabia que tus compañeros saquen nueves, incluso dieces, vos no seas capaz ni de llegar al seis?
¿Las frases “Me voy a dar de baja” o “Esto no es lo mío” forman parte de tu lenguaje cotidiano?
¿Sí?
Bueno, eso mismo me pasó a mí. Soy un abogado exitoso, no lo niego: mi trabajo me ha brindado muchas oportunidades.
Pensé que me haría feliz haberme cambiado de carrera, pensé que era una decisión inteligente (no cualquiera se anima, por aquello del “Qué dirán”).
¡Pero mucho después comprendí que no!
Porque un día visité a un ex compañero… ¡Que ya era doctor! ¡Que sí tuvo las fuerzas (o lo que fuera necesario) para continuar, y siguió soportando todo a lo que yo renuncié por no creer poder con ello!
¿Será que la recompensa a todo lo sufrido, al final vale la pena?
Entonces le pregunté “¿Qué se siente?”, y me respondió algo que NUNCA voy a olvidar:
“Salvé la vida de cientos de personas, se la hice más fácil a otro tanto, y sané heridas de miles… Fue muy difícil llegar hasta acá, pero creeme que lo volvería a hacer una y mil veces si fuera necesario”
Y yo sólo pensé “Todo ese cansancio, esa frustración… ¿Cómo pudieron hacer que se desvaneciera mi sueño?”
Por eso, vos nunca te des por vencido/a.
Creeme, ¡elegiste la carrera indicada! Porque ser médico no es jugar a “Ser Dios”, ¡Es jugar a ayudarlo!
Y Dios sabe elegir a sus angelitos…
... ¡Y ahora te eligió a vos! Sólo quiere hacerte más fuerte, y por eso te pone esos pequeños obstáculos (y Él mismo te va a ayudar a superarlos).

¿No te cansa estudiar diez horas por día, y que no sea suficiente?
¿No te cansa tomar el café de a litros, y que las ojeras se te junten con el bigote?
¿No te cansa que el fin de semana “ideal” consista en terminar de leer lo que no pudiste leer en la semana?
¿No te frustra que tu meta sea cada vez más lejana, por lo difíciles que se tornan las materias?
Y cuando tu familia te pregunta cómo venís con las clases, ¿no te entristece dudar unos segundos y luego decir “¡Bien!”?
¿No te cansa llorar de impotencia cuando no lográs entender algo, o cuando no llegás con el tiempo?
¿No te enfurece que no puedas lograr lo que te proponés cada inicio de cuatrimestre (aprobar una materia, de ser posible en el primer intento, o simplemente pasar de año)?
¿No te desilusiona haber perdido más de lo que ganaste desde que entraste a esta carrera?
¿No te da rabia que tus compañeros saquen nueves, incluso dieces, vos no seas capaz ni de llegar al seis?
¿Las frases “Me voy a dar de baja” o “Esto no es lo mío” forman parte de tu lenguaje cotidiano?
¿Sí?
Bueno, eso mismo me pasó a mí. Soy un abogado exitoso, no lo niego: mi trabajo me ha brindado muchas oportunidades.
Pensé que me haría feliz haberme cambiado de carrera, pensé que era una decisión inteligente (no cualquiera se anima, por aquello del “Qué dirán”).
¡Pero mucho después comprendí que no!
Porque un día visité a un ex compañero… ¡Que ya era doctor! ¡Que sí tuvo las fuerzas (o lo que fuera necesario) para continuar, y siguió soportando todo a lo que yo renuncié por no creer poder con ello!
¿Será que la recompensa a todo lo sufrido, al final vale la pena?
Entonces le pregunté “¿Qué se siente?”, y me respondió algo que NUNCA voy a olvidar:
“Salvé la vida de cientos de personas, se la hice más fácil a otro tanto, y sané heridas de miles… Fue muy difícil llegar hasta acá, pero creeme que lo volvería a hacer una y mil veces si fuera necesario”
Y yo sólo pensé “Todo ese cansancio, esa frustración… ¿Cómo pudieron hacer que se desvaneciera mi sueño?”
Por eso, vos nunca te des por vencido/a.
Creeme, ¡elegiste la carrera indicada! Porque ser médico no es jugar a “Ser Dios”, ¡Es jugar a ayudarlo!
Y Dios sabe elegir a sus angelitos…
... ¡Y ahora te eligió a vos! Sólo quiere hacerte más fuerte, y por eso te pone esos pequeños obstáculos (y Él mismo te va a ayudar a superarlos).

Dedicado a todos mis colegas estudiantes de Medicina, a los que ya se recibieron y a los que aún no entraron. ¡A no bajar los brazos!