Falsos mitos nutricionales
La triste realidad es que en España no valoramos suficiente la figura del nutricionista. Todos nos prestamos a recomendar dietas rápidas –y supuestamente efectivas– así como alimentos saludables con mucho desparpajo y socarronería. Muy pocos cuentan con argumentos sólidos y se apoyan en estudios clínicos que sustenten sus palabras. La mayoría se limitan a repetir “dimes y diretes” carentes de rigor científico. Como en cualquier otra ciencia, existen falsos mitos, bulos y leyendas que giran en torno a la alimentación y se propagan por el boca a boca.
Aquí empieza una larga lista de interrogantes a los que vamos a tratar de ponerle respuesta sin tecnicismos. “Siempre he escuchado que la fruta es bastante calórica y que tengo que limitar la ingesta a 2 o 3 piezas diarias”. “También me han comentado que la fruta nunca debe tomarse de postre, porque engorda más” ¿Es cierto? Pues no, no lo es. La fruta provoca más sensación de saciedad si la tomamos entre comidas que si la consumimos después de comer, lo cual no indica que engorde más. La fruta aporta las mismas calorías si la tomamos de postre o entre comidas.
“Todo lo integral adelgaza”. “Si quieres sorprender a la báscula consume alimentos integrales”. Es una afirmación falsa. Vamos a explicar el porqué. Los alimentos integrales tienen mayor cantidad de fibra y gracias a la misma absorbemos menos grasa. Aceleran el tránsito intestinal y permanecen menos tiempo en el intestino, por lo que en todo caso ayudarían a reducir el colesterol.
“Si comes rápido y de forma apresurada engordas seguro”. No directamente. Es decir, si una persona come a la velocidad de la luz no experimenta la sensación de saciedad y acaba comiendo más de lo debido. Pero, ¿te has vuelto loca? “No se puede beber un vaso de leche después de comer una naranja, porque se corta la digestión”. Y digo yo, ¿dónde están las pruebas? No hay estudio alguno que lo corrobore, por lo que no tiene ningún fundamento.
“Los huevos aumentan el colesterol”. Hay que saber diferenciar el colesterol que generamos, que produce el hígado para ayudar a digerir las grasas, y el que absorbemos. La yema del huevo tiene bastante colesterol, pero no hay evidencias de que éste eleve el del cuerpo humano.
Y el pan, ¿cómo iba a olvidarme del enemigo de las dietas hipocalóricas? Que “el pan engorda” lo habrás oído hasta la saciedad. ¿Es falso? Pues todo depende de la cantidad de pan que consumas y con qué lo tomes. Si ingieres una comida copiosa en la que predominan los hidratos de carbono, añades pan y no quemas esas calorías, lógicamente se transformarán en grasa. Los hidratos aportan energía directa, pero las grasas son aún más calóricas.
Hasta aquí ha llegado la tanda de preguntas y respuestas sobre falsos mitos nutricionales y creencias arraigadas que condicionan nuestros hábitos alimentarios. Os invito a que nos dejéis una muestra de las falacias más gordas que te hayan intentado vender.