Una nueva versión de un sistema operativo siempre conlleva cambios a los que acostumbrarse. Si entre las dos versiones hay más de una década, como es el caso de Windows XP y Windows 8.1, esos cambios pueden parecer un abismo insalvable. Por eso bien vale la pena repasar algunos detalles y hábitos que nos ayudarán a superar el miedo y adaptarnos rápidamente al nuevo sistema.
Lo primero que debes saber es que bajo esa pantalla de inicio con la que uno se encuentra nada más iniciar Windows 8.1 está el Windows de toda la vida. La pantalla de inicio es una nueva vía de acceso a las aplicaciones y una de ellas es precisamente el escritorio. Si la abrimos retomaremos pronto el entorno que ya conocemos y empezaremos a intuir cómo trabajar en Windows 8.1 tal y como lo hacíamos hasta ahora en Windows XP.
Opciones y configuración el sistema
Windows XP empezó a ordenar el Panel de control de Windows en categorías facilitando la configuración y el manejo de las entrañas del sistema. Windows 8.1 no se aleja de esa idea y mantiene su propio Panel de control al que podemos acceder como si de un programa más se tratase o desde el acceso Configuración al lanzar la barra de charms desde el escritorio. Ordenado igualmente por categorías, acostumbrarse al Panel de control de Windows 8.1 no debería suponer mayores problemas para el usuario de Windows XP.
Hardware y software
Más de una década separan a Windows XP de Windows 8.1, por ese motivo podemos encontrarnos con problemas de compatibilidad en algunos de nuestros programas o periféricos. A pesar de ello, no deberíamos tener problemas para recuperar todo lo que funcionaba en el viejo XP y además, en la mayoría de los casos, tendremos alternativas más actuales.