visceral1989
Usuario (Argentina)

Ejecución de una Reforma Agraria radical. La estructura productiva rural fue cambiando profundamente durante la gestión gubernamental de Rodríguez de Francia. La tenencia de la tierra, la organización productiva así como el destino de la producción fueron transformados, en un proceso que White denominó como una radical reforma agraria, con la que logró erradicar el latifundio heredado del periodo colonial. Esta fue una de las principales razones de que la desigualdad económica vaya disminuyendo en el territorio paraguayo, a la par de la incorporación de la población rural activamente a las actividades productivas. Francia utilizó varios métodos para obtener las tierras necesarias para el sistema productivo que buscaba implementar. Luego de la independencia, las tierras que pertenecían al Reino de España pasaron a manos del Estado, entre ellas los antiguos y riquísimos yerbales de Curuguaty, San Pedro de Ykuamandiyú y San Estanislado, entre otros. En 1820 se confiscaron las propiedades de los participantes en la conspiración contra el dictador, quienes en su mayoría eran importantes terratenientes. En 1823 se confiscaron las tierras del Real Seminario de San Carlos, y al año siguiente se expropiaron las extensas propiedades de la iglesia católica, los monasterios y órdenes religiosas. En 1825 se decretó la anulación de las concesiones reales de tierras, que no estaban siendo explotadas. Ese año Francia emitió un decreto por el cual todos los propietarios rurales debían presentar en los siguientes tres meses, los títulos que les concedían la propiedad de tierras, con la intención de regularizar la situación de tenencia y controlar una mayor parte del territorio nacional. Con esta medida muchas propiedades pasaron a manos del Estado, dado que los supuestos propietarios no cumplían el requisito de poblarlas y explotarlas (Areces, González, 2011:60-61). En 1826 la mayoría del territorio de la región Oriental se declaró de propiedad del Estado. En el país, la propiedad estatal se constituyó en la principal forma de tenencia ya en la década del 30. Las tierras del Estado fueron utilizadas de diferentes maneras. Por un lado, eran arrendadas a campesinos, quienes debían abonar una suma muy baja anualmente, que variaba de acuerdo al tamaño de la finca, entre 2 y 4 pesos al año. No obstante, este arrendamiento estaba condicionado a que las tierras sean efectivamente cultivadas o transformadas en pasturas para la producción ganadera. White afirma que, sin ser exacta, se puede establecer una aproximación a la cantidad de lotes arrendados en los últimos años del gobierno francista, “en unos 6.000 lotes. Estas tierras mantenían por lo menos a 49.000 personas, o el 13 % de la población de la nación […]. El gobierno también asistía a los arrendatarios y a otros paraguayos necesitados con frecuentes envíos de ropas, herramientas, así como de animales de las prósperas estancias del Estado” (White, 1976:136-137). Estos lotes en arrendamiento eran en gran parte chacras ubicadas en las cercanías de Asunción, 166 y que se constituían en los principales proveedores de productos agrícolas en las zonas cercanas a la capital del país. Por otro lado se fueron constituyendo grandes establecimientos productivos estatales, conocidos como las Estancias del Estado o Estancias de la Patria, que empezaron a formarse hacia 1816 con las tierras que habían sido confiscadas, con el objetivo de, en un primer momento, proveer alimentos, vestimentas y caballos para el mantenimiento del ejército. De a poco estas estancias fueron aumentando en número, y se fueron convirtiendo en una de las principales fuentes de recursos del gobierno, tanto en productos como en renta. En los últimos años de la década del 20 la disponibilidad de ganado y otros animales había superado los requerimientos del ejército, por lo que se procedió a distribuir entre pequeños propietarios, campesinos pobres, además de venderlos en parte a la población. Se llegó a tener al menos 75 estancias, entre ellas las que figuran en el siguiente listado parcial (White, 1976:313-314): En las estancias predominaba la producción pecuaria, no obstante también había una importante producción agrícola , actividades artesanales y pequeñas industrias. Las estancias contaban con cultivos, aves, tambos, fábricas de almidón, azúcar 167 y tejidos, en algunas se producían dulces, hamacas, ponchos, en otras materos, cántaros, jarras, entre muchos otros bienes. Se cultivaba maíz, trigo, arroz, poroto, mandioca, maní, frutas y hortalizas, además de yerba y tabaco. Las estancias eran aquellas que tenían al menos 1.000 cabezas de ganado, mientras los establecimientos que tenían menos eran denominados Puestos. En estas unidades había un capataz mayor, que tenía a su cargo otros capataces, y estos a su vez coordinaban el trabajo de los peones, quiénes en muchos casos eran soldados del ejército, que por temporadas prestaban servicio en las Estancias (Campos, 2010:72-73). En estos establecimientos prevalecía el trabajo colectivo en las actividades productivas, de tal manera a disminuir los posibles conflictos y aumentar los niveles de producción. Un caso particular constituyó la producción ganadera en esos años. En la época colonial el país dependía de la importación de ganado de las provincias del Río de la Plata para satisfacer las necesidades internas. La economía colonial se había concentrado en la gran producción de yerba y tabaco para la exportación. La tensión creciente en el comercio exterior, hizo que hacia 1815 la importación de ganado disminuya drásticamente, causando una fuerte escasez de carne en el Paraguay. Esta situación tuvo que ser enfrentada con el impulso de la producción nacional, en especial en las estancias estatales, lo que determinó que hacia 1820 el país se auto-abastecía totalmente de este producto, incluso sobrepasando la demanda interna, iniciando la exportación de animales como rubro de renta para el país, especialmente hacia el Brasil. Para fines de esa década, ya la exportación de bovinos, bueyes y toros, entre otros animales, representaba más del 20 % de las exportaciones del Paraguay. Señala White que el negocio se volvió tan rentable, que la mayoría de los propietarios privados se concentraron en la producción ganadera, abandonando o reduciendo al mínimo la actividad agrícola. Esto fue llevando paulatinamente a cierta escasez de alimentos en varias localidades, así como a un aumento artificial del precio de la carne en el mercado interno, dadas las crecientes cantidades canalizadas hacia el comercio exterior. El poder de la demanda externa hizo que los recursos productivos del país se concentraran en la producción del rubro de alta rentabilidad. Ante esta situación, Francia fue tomando medidas correctivas de esta deformación de la estructura productiva: en 1825 exigió que todos los productores debían cultivar al menos en parte sus tierras, se no ser así eran pasibles de penas y multas. Como a pesar de esto el problema persistía, en 1831 el gobierno decretó la inédita prohibición de exportar animales. Con esto se logró limitar la ya excesiva producción ganadera, y se re direccionó la oferta de carne al mercado interno, lo que hizo que el precio baje casi un 50%, de 5 a 3 pesos, entre los años 1829 y 1833. El gobierno de Francia logró que el país diversifique su estructura productiva, y sea auto-suficiente en la producción agrícola y ganadera. Erradicó la economía de monocultivos para la exportación heredada de la colonia, implementó La estructura productiva rural fue cambiando profundamente durante la gestión gubernamental de Rodríguez de Francia. La tenencia de la tierra, la organización productiva así como el destino de la producción fueron transformados, en un proceso que White denominó como una radical reforma agraria, con la que logró erradicar el latifundio heredado del periodo colonial. Esta fue una de las principales razones de que la desigualdad económica vaya disminuyendo en el territorio paraguayo, a la par de la incorporación de la población rural activamente a las actividades productivas. Francia utilizó varios métodos para obtener las tierras necesarias para el sistema productivo que buscaba implementar. Luego de la independencia, las tierras que pertenecían al Reino de España pasaron a manos del Estado, entre ellas los antiguos y riquísimos yerbales de Curuguaty, San Pedro de Ykuamandiyú y San Estanislado, entre otros. En 1820 se confiscaron las propiedades de los participantes en la conspiración contra el dictador, quienes en su mayoría eran importantes terratenientes. En 1823 se confiscaron las tierras del Real Seminario de San Carlos, y al año siguiente se expropiaron las extensas propiedades de la iglesia católica, los monasterios y órdenes religiosas. En 1825 se decretó la anulación de las concesiones reales de tierras, que no estaban siendo explotadas. Ese año Francia emitió un decreto por el cual todos los propietarios rurales debían presentar en los siguientes tres meses, los títulos que les concedían la propiedad de tierras, con la intención de regularizar la situación de tenencia y controlar una mayor parte del territorio nacional. Con esta medida muchas propiedades pasaron a manos del Estado, dado que los supuestos propietarios no cumplían el requisito de poblarlas y explotarlas (Areces, González, 2011:60-61). En 1826 la mayoría del territorio de la región Oriental se declaró de propiedad del Estado. En el país, la propiedad estatal se constituyó en la principal forma de tenencia ya en la década del 30. Las tierras del Estado fueron utilizadas de diferentes maneras. Por un lado, eran arrendadas a campesinos, quienes debían abonar una suma muy baja anualmente, que variaba de acuerdo al tamaño de la finca, entre 2 y 4 pesos al año. No obstante, este arrendamiento estaba condicionado a que las tierras sean efectivamente cultivadas o transformadas en pasturas para la producción ganadera. White afirma que, sin ser exacta, se puede establecer una aproximación a la cantidad de lotes arrendados en los últimos años del gobierno francista, “en unos 6.000 lotes. Estas tierras mantenían por lo menos a 49.000 personas, o el 13 % de la población de la nación […]. El gobierno también asistía a los arrendatarios y a otros paraguayos necesitados con frecuentes envíos de ropas, herramientas, así como de animales de las prósperas estancias del Estado” (White, 1976:136-137). Estos lotes en arrendamiento eran en gran parte chacras ubicadas en las cercanías de Asunción, 166 y que se constituían en los principales proveedores de productos agrícolas en las zonas cercanas a la capital del país. Por otro lado se fueron constituyendo grandes establecimientos productivos estatales, conocidos como las Estancias del Estado o Estancias de la Patria, que empezaron a formarse hacia 1816 con las tierras que habían sido confiscadas, con el objetivo de, en un primer momento, proveer alimentos, vestimentas y caballos para el mantenimiento del ejército. De a poco estas estancias fueron aumentando en número, y se fueron convirtiendo en una de las principales fuentes de recursos del gobierno, tanto en productos como en renta. En los últimos años de la década del 20 la disponibilidad de ganado y otros animales había superado los requerimientos del ejército, por lo que se procedió a distribuir entre pequeños propietarios, campesinos pobres, además de venderlos en parte a la población. Se llegó a tener al menos 75 estancias, entre ellas las que figuran en el siguiente listado parcial (White, 1976:313-314): En las estancias predominaba la producción pecuaria, no obstante también había una importante producción agrícola , actividades artesanales y pequeñas industrias. Las estancias contaban con cultivos, aves, tambos, fábricas de almidón, azúcar 167 y tejidos, en algunas se producían dulces, hamacas, ponchos, en otras materos, cántaros, jarras, entre muchos otros bienes. Se cultivaba maíz, trigo, arroz, poroto, mandioca, maní, frutas y hortalizas, además de yerba y tabaco. Las estancias eran aquellas que tenían al menos 1.000 cabezas de ganado, mientras los establecimientos que tenían menos eran denominados Puestos. En estas unidades había un capataz mayor, que tenía a su cargo otros capataces, y estos a su vez coordinaban el trabajo de los peones, quiénes en muchos casos eran soldados del ejército, que por temporadas prestaban servicio en las Estancias (Campos, 2010:72-73). En estos establecimientos prevalecía el trabajo colectivo en las actividades productivas, de tal manera a disminuir los posibles conflictos y aumentar los niveles de producción. Un caso particular constituyó la producción ganadera en esos años. En la época colonial el país dependía de la importación de ganado de las provincias del Río de la Plata para satisfacer las necesidades internas. La economía colonial se había concentrado en la gran producción de yerba y tabaco para la exportación. La tensión creciente en el comercio exterior, hizo que hacia 1815 la importación de ganado disminuya drásticamente, causando una fuerte escasez de carne en el Paraguay. Esta situación tuvo que ser enfrentada con el impulso de la producción nacional, en especial en las estancias estatales, lo que determinó que hacia 1820 el país se auto-abastecía totalmente de este producto, incluso sobrepasando la demanda interna, iniciando la exportación de animales como rubro de renta para el país, especialmente hacia el Brasil. Para fines de esa década, ya la exportación de bovinos, bueyes y toros, entre otros animales, representaba más del 20 % de las exportaciones del Paraguay. Señala White que el negocio se volvió tan rentable, que la mayoría de los propietarios privados se concentraron en la producción ganadera, abandonando o reduciendo al mínimo la actividad agrícola. Esto fue llevando paulatinamente a cierta escasez de alimentos en varias localidades, así como a un aumento artificial del precio de la carne en el mercado interno, dadas las crecientes cantidades canalizadas hacia el comercio exterior. El poder de la demanda externa hizo que los recursos productivos del país se concentraran en la producción del rubro de alta rentabilidad. Ante esta situación, Francia fue tomando medidas correctivas de esta deformación de la estructura productiva: en 1825 exigió que todos los productores debían cultivar al menos en parte sus tierras, se no ser así eran pasibles de penas y multas. Como a pesar de esto el problema persistía, en 1831 el gobierno decretó la inédita prohibición de exportar animales. Con esto se logró limitar la ya excesiva producción ganadera, y se re direccionó la oferta de carne al mercado interno, lo que hizo que el precio baje casi un 50%, de 5 a 3 pesos, entre los años 1829 y 1833. Estancias del Estado - Hacia mediados de 1830 Del Interior Estancia de • Ytá • Yaguarón • Tobatí • Paraguarí • Tabapy • Mbuyapey • Quyquyó • San Ignacio • Villa de la Encarnación. De costa arriba Estancia de • Altos • Villa del Rosario • Capiipobó • Catiguá • San Joaquín • San Estanislao • Villa de San Pedro • Villa de Concepción • Villa del Salvador. De costa abajo Estancia de • Surubí'y • Villa Oliva • Villa Franca • Yacaré • San Fco. Solano. Puesto de • Isla Umbú • Yabebyry • Desmochadas • Tacuarí. El gobierno de Francia logró que el país diversifique su estructura productiva, y sea auto-suficiente en la producción agrícola y ganadera. Erradicó la economía de monocultivos para la exportación heredada de la colonia, implementó exitosamente las dos cosechas por año a partir de 1819, práctica originaria de los guaraníes, abandonada por los colonizadores. Prácticamente toda la población estaba incluida en actividades productivas, desapareciendo en el país el hambre, la mendicidad y el desempleo. Francia consideraba que la independencia estaba asegurada, “desde que el Paraguay no necesitaba de ellos (los países vecinos) y se bastaba a sí mismo” (White, 1976:142). las dos cosechas por año a partir de 1819, práctica originaria de los guaraníes, abandonada por los colonizadores. Prácticamente toda la población estaba incluida en actividades productivas, desapareciendo en el país el hambre, la mendicidad y el desempleo. Francia consideraba que la independencia estaba asegurada, “desde que el Paraguay no necesitaba de ellos (los países vecinos) y se bastaba a sí mismo” (White, 1976:142). "Proceso histórico de la economía paraguaya" La economía paraguaya independiente.El periodo francista. Luis Rojas Villagra.2012. Cultura.Secretaría Nacional.Presidencia de la República.
La periodista británica Frances Stonor Saunders ha construido mediante textos periodísticos y reflexiones de Virgina Woolf la vida de Violet Albina Gibson (1864 - 1956): la mujer que le disparó al Duce en 1926. Èste es un breve recorrido del producto de su investigación. Diario italiano,7 de Abril de 1926. Era una mañana radiante. El 7 de abril de 1926, Benito Mussolini, Il Duce, debía ofrecer un discurso en la plaza del Campidoglio de Roma. Una multitud se agolpaba a su alrededor. Mucha camisa negra y brazo alzado. Entre la gente, apenas a cinco metros del líder fascista, Violet Gibson, 62 años, de origen norirlandés. Violet Gibson En cuanto lo vio aparecer, Violet no dudó: levantó el brazo, sacó un revólver y le disparó a quemarropa. La bala apenas le rozó en la nariz. Rauda, la guardia que custodiaba a Mussolini se echó sobre ella y la detuvo. Il Duce, mientras tanto, salió de nuevo a la calle con un vendaje en su rostro forjando esa imagen de viril dulzura que tanto cultivó durante su mandato. Era el hombre fuerte y el seductor. Y nadie iba a arrebatarle esa figura. Gibson, tras varios interrogatorios, fue enviada a un asilo mental inglés donde permaneció hasta su muerte, en 1956. De aquel atentado, cometido por una mujer que, curiosamente, procedía de la alta cuna de Irlanda, apenas se han escrito más de un par de líneas en los libros de historia. Pero su misión ha sido recuperada por la periodista británica Frances Stonor Saunders en el libro La mujer que disparó a Mussolini. En él, a través de artículos de prensa, se recorre toda la vida de Gibson y su paralelismo con la de Mussolini, el hombre que comenzó en el socialismo para fundar el fascismo, mientras iba a dejando cadáveres y amantes a su paso. De hecho, el día del atentado había dormido con una mujer que no era Rachele, su esposa. ¿Y qué de interesante tiene Violet Gibson? Cuenta Stonor Saunders que, cuando intentó matar al fascista, era una mujer consumida que había abrazado la fe religiosa católica –pero alejada de los postulados del Papa– y que vivía en un convento. Nada que ver con la niña que había nacido en 1864 en el seno de la familia Ashbourne, nobles irlandeses, conservadores pro Inglaterra y con relación directa con el rey Jorge V. No obstante, era una familia peculiar. Su hermano mayor, Willie, fue un nacionalista que defendió la independencia de Irlanda. Otro de sus hermanos, Víctor, luchó en la Guerra de los Bóers. Y ella, Violet, se lanzó desde muy joven al nuevo misticismo y a la teosofía. Desde luego, no fue una mujer que quisiera seguir el rol al que estaban destinadas entonces las mujeres de su clase. Su conversión al catolicismo, a los 26 años de edad, causó un terremoto en su familia. “Lo de Violet no fue una conversión, sino una perversión, como tomar el camino equivocado”, escribe Saunders. Este hecho la alejó de sus padres, a los que ya apenas volvería a ver. En aquella época, hacia 1909, viajó mucho, se divirtió, acudió a fiestas. La vida bohemia de la clase rica, a pesar de que ella se considerara a sí misma “mala, mundana y sensual”. En ese tiempo se comprometió con un artista del que se desconoce su nombre y que la mala suerte hizo que muriera de forma repentina. “El destino romántico de Violet quedó fijado permanentemente. Tenía treinta y tres años. Ya no iba a haber más sexo, ni maridos ni hijos”, escribe Saunders. Y, efectivamente, según todas las informaciones, ya sólo iba a ver recogimiento y oración. Problemas nerviosos Comienza entonces la vida de Gibson en Roma. Allí sufrió los primeros desórdenes nerviosos y le fue diagnosticado influenza (agotamiento nervioso), una enfermedad “muy común” en la época y que, como recuerda Saunders no sin cierta ironía, también sufrieron, entre otras, Virginia Woolf. Al parecer, un poco de rabia e incomprensión del mundo, y ya estabas fichada en los archivos de los psicólogos. Entre estos años y el intento de asesinato no hay muchas noticias sobre Gibson. Volvió a Inglaterra para llevar una vida solitaria, y después regresaría a Roma en los años veinte. Pero fue en esa década en la que Mussolini, el periodista, el defensor de los trabajadores, se había hecho con el poder, había creado una guardia de matones (que acabaron de forma brutal, entre otros, con el político socialista Giacomo Matteotti en 1924) y había llevado el terror a las calles creando el fascismo. Eso sí, con un poderoso influjo sobre las mujeres. Fueron numerosas las que pasaron por su cama; y muchas adolescentes, como Clara Petacci, que acabó casándose con él, le escribían cartas de amor. Il Duce era lo más parecido a una estrella del rock, un aura que también poseía Adolf Hitler en Alemania, con la diferencia de que el Führer tenía un marchamo de asexualidad del que Mussolini carecía completamente. Cuando Gibson regresó a Italia –al parecer, su primer objetivo era el Papa– y vio aquel país fascistizado, comenzó a forjar la idea de acabar con aquel líder envalentonado. Después de un intento de suicidio –se disparó a sí misma probando la pistola–, tramó el atentado. Ella ya no era joven y, a pesar de su cuadro mental, su soledad, su falta de afectividad hacia el otro, tampoco llamaba demasiado la atención entre las monjas con las que convivía. Mejor enferma mental que agente de la CIA A partir de este momento, lo más interesante de la historia que recrea Stonor Saunders es todo lo que ocurrió tras el atentado. Cómo primero fue diagnosticada como una enferma mental –procedimiento habitual en los Gobiernos para desacreditar al asesino–, ya que nadie en su sano juicio podría querer matar a Il Duce; y cómo, poco después, la estrategia cambió. “El Partido Fascista necesitaba impulsar la teoría de que Violet era parte de un vasto complot internacional. Y, de hecho, los rumores de una conspiración ya se iban extendiendo bastante por Italia”, escribe la periodista. Hasta alguna de las monjas del convento de Violet fue relacionada con los socialistas de Matteotti. Pero entonces apareció de nuevo la figura de Mussolini como El Hombre. No iba a ser una mujer la que encabezara un complot; esa mujer, para él, era una simple enajenada. La virilidad no podía ser subsumida por un revolver en una mano femenina. Violet Gibson estaba loca, y no había más que añadir; conclusión que al final el encargado del caso, Epifanio Pennetta, acabó creyendo. Tampoco podía ser una mujer en sus cabales y que quisiera acabar con el fascismo. Finalmente, Violet Gibson confesó el intento de asesinato. ¿Qué le había llevado a la idea de matar a Mussolini? El relato es sorprendente: “Lo había hecho por amor” a un duque al que había conocido antes de la Primera Guerra Mundial y que después del conflicto se había convertido al fascismo, ideología que ella odiaba con todas sus fuerzas. Su determinación entonces fue matar al líder. Poco después cambiaría su versión y llegaría a decir que aquellos disparos “eran voluntad de Dios”. Gibson fue confinada en un manicomio, y ya nadie le quitó el estigma de la locura. No había formado parte de un complot ni había sido un plan inteligente. Para el fascismo, fue un caso de demencia y así fue archivado. De ahí que apenas se haya escrito nada sobre ella. Sobre este estigma también reflexionó Virginia Woolf: “Las mujeres han servido de espejos que poseen el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre en el doble de su tamaño real [...] Por esto es por lo que Napoleón y Mussolini insistieron ambos tan categóricamente en la inferioridad de las mujeres, para que en el caso de que no fueran inferiores, dejaran de agrandarse”. Quizás a Gibson sólo le quedó una pequeña victoria. Mussolini fue asesinado el 28 de abril de 1945 junto a su fan Clara Petacci. La mujer que había intentado matarlo aún vivió once años más.