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Usuario (Argentina)

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Voy a bajar la buzarda y te lo cuento: semana 1
InfoporAnónimo10/7/2015

Buenas linces, maquinolas y demas fauna taringuera, paso a contarles este proyecto personal que nació hace una semana y lo seguire hasta llegar a mi meta (o hasta que me olvide). Como todos sabemos, ser taringuero no es precisamente un buen deporte. Y me estoy cansando de que las minusas me ignoren. *dramatizacion Ademas, para noviembre tengo que entrar en el traje de la recepcion. Así que desde hace una semana estoy comiendo bien (creo) y hago ejercicio. Ahora mi dieta es algo así: * desayuno: Leche con avena. * media mañana: Mate y tostadas con mermeladas. * almuerzo: Milanezas con ensalada de tomate o fideos. * merienda: mate y lo que encuentre. * cena: arroz con manteca. Despues (solo los martes y jueves a la mañana), hago 15 kilometros en bici y sigo el ejercicio en casa, el ejercicio lo hago usualmente antes de morfar, se me hace algo complicado por que no tengo pesas : * hago 200 repeticiones de este ejercicio, improviso con un perchero de hierro que no pesara mas de 10 kilos. * 10 lagartijas. * 100 de cada una de estas, excepto de la primera que hago 10 y me acalambro jajaa (uso como pesa un amplificador chiquito de 3 o 4 Kg). * 50 repeticiones de algun ejercicio para abdominales (dia por medio 100) esta es la prueba de control, de momento así tengo la sapan Bueno eso es todo, cada viernes voy a ir subiendo otro post (si me acuerdo) de como sigue la cosa. El objetivo es llegar a estar asi mas o menos.

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Mitos sobre las espadas
InfoporAnónimo2/2/2016

Para maridar el post. Mito 1: EL PESO DE LAS ARMAS. Está extendido y es generalmente aceptado el concepto de que las espadas y demás armas medievales pesaban muchísimo, y que tan sólo los hombres más fuertes podían ser guerreros y manejarlas con soltura. He llegado a oír que la famosa Tizona, la espada del Cid, pesaba 11 kilos, y que sólo él podía manejarla. Si las espadas auténticas fuesen realmente así de pesadas, no las habría usado nadie. Pensemos en que a la guerra iban toda clase de hombres, de muy variada condición física, y que todos ellos podían portar espadas, sin ser necesariamente fisicoculturistas (que por cierto era imposible con la alimentación de la época). Todos estos hombres tenían que servirse de un arma que les permitiera un manejo suelto y flexible, además de rápido. Además el arma debe permitir que se la use durante un espacio de tiempo razonablemente largo sin agotar a su dueño, pues un guerrero agotado es un guerrero muerto, y si no se usaba escudo, la espada debía cumplir tanto la función de ataque como la de defensa, permitiendo pasar de un estado al otro con rapidez. Si las espadas pesasen lo que la gente cree, sólo la podrían usar unos cuantos prodigios de la naturaleza, que a los dos minutos ya se habrían agotado y que es probable que no durasen en la batalla más de medio minuto porque llevaban un arma que sólo les permitía atacar, sin apenas posibilidad de defenderse. Los armeros medievales eran excelentes artesanos que experimentaban hasta conseguir espadas que combinaban a la perfección las cualidades de poder de corte, resistencia, equilibrio y ligereza, que no son nada fáciles de conseguir. Las hojas de las espadas estaban dotadas de acanaladuras o costillas para rebajar el peso, y además las hojas disminuían su grosor según se iban aproximando a la punta para aligerar aún más y dotar de un correcto equilibrado la espada. Las espadas estaban muy bien hechas, y eran muy caras también. En ocasiones, por necesidades de la guerra, se fabricaban armas de inferior calidad en masa, para poder dotar a algún ejército con rapidez, pero permitían que se las manejase con corrección en todo caso. El peso de las espadas que se usan a una mano está entre un kilo 300 gramos y un kilo 600. Las espadas de mano y media, un kilo 600 gramos y dos kilos, las grandes espadas de guerra, unos tres kilos, y los espadones de dos manos usados en el renacimiento rondaban los cuatro kilos y medio. Por cierto, la espada del Cid era una Jineta árabe, que se usaba a una mano y cuyo peso no superará el kilo 700 gramos. Por extensión, podemos incluir en lo antes mencionado a todas las demás armas medievales, incluyendo los escudos. También se tiende a creer que los escudos medievales eran grandes y de acero, muy pesados y resistentes. Las Hachas y lanzas, los martillos, las mazas, las armas de asta y demás nunca fueron artefactos demasiado pesados como para impedir su correcto manejo por parte de un hombre normal, y los escudos eran de madera, si acaso con la piel de un buey curtida y tensada encima. Si el escudo pesase demasiado al guerrero se le cansaría el brazo y al poco rato no podría alzarlo para defenderse de los ataques, aparte de que un escudo de madera bien construido se basta para detener los golpes de casi cualquier arma. Se hicieron escudos enteramente de metal, pero siempre eran modelos pequeños , como los broqueles, o versiones más pequeñas de los escudos heráldicos o de lágrima. Los escudos que usaban los ballesteros para guarecerse de las flechas enemigas mientras recargaban sus lentas pero potentes ballestas, se llamaban Paveses, y estaban hechos de mimbre. Mito 2: LAS ESPADAS ROPERAS. Este mito está relacionado con el primero, pero al revés. La idea general es asociar las roperas del siglo 17, cuyo manejo se basaba en pelear con la punta del arma, con la esgrima deportiva moderna, que si bien también se basa en tocar con la punta difiere notablemente con la esgrima histórica de las espadas roperas. Las espadas de esgrima deportiva, el florete, el sable y la espada, están todas inspiradas en armas más modernas (siglos 18 - 19) y aunque sus dimensiones imitan las de las armas originales, su peso está lejos de llegar al de lo que podría considerarse una auténtica arma. Estas espadas no llegan en ningún caso a los 600 gramos, mientras que las espadas roperas del 17 podían pesar entre un kilo 500 gramos, las más antiguas, y 900 gramos las espadas más evolucionadas y dotadas de hojas de verduguillo. Las roperas estaban dotadas de una hoja de la misma forma que la de una espada de guerra, solo que alargada y afinada, para permitir también los ataques de corte, y acababan en una punta muy aguda y reforzada que debía ser capaz de atravesar limpiamente a un hombre de parte a parte aunque se encontrara algún hueso en el camino. Estas hojas solían medir más de un metro de largo, normalmente entre 1.05 y 1.15m. Por su parte, las empuñaduras estaban provistas de guardias de lazo o cazoletas, formadas por varios gavilanes o brazos que se entrelazaban entre sí para tratar de conseguir la protección más perfecta posible para la mano del usuario, que normalmente no iba protegida. Estos gavilanes pesaban considerablemente, ayudando también a equilibrar la enorme hoja. Una estocada de arma tan poderosa y aguda era potente casi sin poner fuerza en el empeño, y demostraba que nos encontramos ante un auténtica arma diseñada no para lograr tocados, sino para matar con efectividad. El manejo de tales espadas difiere notablemente del de las espadas deportivas modernas, y tiene sus propias técnicas adaptadas al peso , equilibrio y dimensiones de sus armas. Mito 3: LA ABUNDANCIA DE LAS ESPADAS EN LAS BATALLAS. Se cree que en las batallas del medioevo abundaban las espadas, y es cosa común ver en las películas que los ejércitos medievales están formados sobre todo por infantes con espadas, aunque éstos sean una tribu o clan de desharrapados pueblerinos reclutados en última instancia. Esto es también falso. Como todos sabemos, ningún arma ha alcanzado el simbolismo y romanticismo de la espada; La espada es un arma, pero también un símbolo; La espada representaba el honor, la rectitud en el combate, el simbolismo del poder y otras cualidades caballerescas precisamente porque los que siempre solían portar espadas eran los adinerados caballeros. Las espadas son sin duda las más difíciles de construir de todas las armas blancas, y los espaderos expertos siempre han sido tenidos en la más alta estima, considerándose su arte como algo secreto, complicado y casi esotérico, que es transmitido de padres a hijos como el más valioso de los tesoros. Todo esto evidentemente era por algo, y es precisamente porque forjar una buena espada es algo tremendamente complicado, y el resultado tenía que ser muy caro por fuerza. Sólo los caballeros o guerreros con cierto poder adquisitivo, o bien los soldados pertenecientes a un ejército profesional y no de levas, podían permitirse tener una espada, a menos que la hubiesen rapiñado del cadáver de algún soldado enemigo, y éstas no eran ni mucho menos las armas predominantes en una batalla. Las hachas, las lanzas, las mazas y garrotes, martillos y segurones, las alabardas y picas eran mucho más abundantes, funcionaban igual de bien e incluso mejor para abatir a un hombre y eran mucho más baratas y fáciles de fabricar que las espadas, y accesibles para el hombre de a pie del medioevo . La espada era la más valiosa posesión de su dueño precisamente por lo caras que eran, no por lo bonitas. Mito 4: LAS ESPADAS-JOYA. Este mito está relacionado con el anterior. Las denominadas espadas-joya eran unas armas magníficas que estaban adornadas con metales preciosos, pedrería, incrustaciones, grabados, pavonados y ocres al fuego, damasquinados, bluetooth, mp3 (bueno, quizás estas ultimas no) que las hacían ser prácticamente tesoros. Existe la idea de que sus dueños se servían de ellas para combatir en la guerra, pues sus cualidades superiores las hacían más efectivas en la batalla, pero esto tampoco es cierto. En primer lugar, a nadie se le ocurriría fastidiar el tesoro de la familia empleándolo para combatir y echando a perder así gran parte de su valor intrínseco, y en segundo lugar estas espadas eran "mírame y no me toques". Solían ser encargos particulares o premios concedidos por algún monarca, noble o autoridad religiosa, y su valor como armas era nulo, pues se fabricaban poniendo atención en la riqueza y exquisitez de sus adornos, que requerían un tiempo y coste de fabricación muy superior al de una espada de guerra, y sus propiedades como arma se descuidaban. Estas espadas sólo iban a ser usadas para ceremonias, desfiles o como símbolo de poder y posición, y por tanto su peso, dimensiones y equilibrado no tenían por qué ser los correctos. Las guardias y empuñaduras resultaban incómodas, y llagarían rápidamente las manos de cualquiera que pretendiera usarlas, y en resumen, no servían para nada más que para exponerlas o atesorarlas y a nadie se le vio en una batalla portando una espada semejante. Mito 5: LAS ESPADAS INDESTRUCTIBLES. Otro bulo promovido por las películas, que lleva a creer que las espadas son objetos indestructibles que no se rompen o ni siquiera se mellan al golpear con ellas barras de metal, verjas, piedras, troncos, columnas de hormigón armado, etc, etc...Cualquiera que haya blandido una espada se dará cuenta rápidamente de que si se le ocurre golpear con ella algo igual o más duro que el acero de su hoja tendrá muchas posibilidades de estropearla irremisiblemente, y si insiste acabará por partirla. Las hojas de las espadas se crearon siempre con el objetivo de poder cortar un cuerpo humano, y como mucho poder penetrar en determinados tipos de armadura, que no en todas. Algunas espadas son capaces de cortar a través de una armadura de cuero, otras, con puntas reforzadas y muy agudas, eran capaces de perforar una cota de mallas, y ninguna podía cortar una coraza de acero templado. Para derribar a un guerrero con Arnés Blanco se necesitaba un potente lanza, una ballesta, un enorme hacha, un martillo de guerra o mucha suerte y puntería para acertarle en alguna parte descubierta, como las axilas o las aberturas del yelmo. La carne también es más consistente de lo que se piensa, sobre todo porque los huesos no son fáciles de cortar. Una espada puede llegar a amputar miembros, pero para ello se requiere una gran fuerza y una técnica depurada, aparte de no encontrarse en el camino una pieza de armadura. Es habitual ver en las películas que los protagonistas cortan cabezas como si nada, aunque éstas tuvieran el cuello protegido por una gola o un ventalle de malla. Para dar una medida de lo difícil que era poder seccionar una cabeza podemos ir a un museo y contemplar alguna espada de verdugo, que eran diseñadas para tal fin. Comprobaremos que poseen unas hojas muy anchas y largas, dotadas de un considerable masa e inercia, y con todo los verdugos debían ser diestros en su oficio para poder tener éxito al primer tajo, pues en muchas ocasiones no conseguían cortar totalmente la cabeza del reo. Lo dicho, ninguna espada es indestructible, ni puede cortar a través de objetos duros como si fuera un sable láser de Jedi. Mito 6: LAS KATANAS. Este mito también está relacionado con el anterior, y efectivamente consiste en creer que las Katanas, las famosas espadas Samurai, podían cortar absolutamente de todo de un solo golpe, incluyendo las hojas de las espadas del enemigo, las armaduras, y lo que se les ponga por delante. si, voy a usar escenas de Kill Bill a lo loco. Efectivamente, los sables japoneses están dotados de un tremendo poder de corte, pero en este caso, lo que cortan bien es la carne, y nada más. Las katanas están diseñadas específicamente para cortar por encima de todo. Son de un solo filo y hoja curva, para poder seguir cortando al deslizar la hoja por el cuerpo una vez alcanzado, tienen una empuñadura extraordinariamente larga que les permite un brazo de palanca considerable, y su punto de equilibrio está situado más adelante que en las armas europeas medievales, para potenciar la inercia en el momento del golpe y hacerlo más poderoso. Aparte de todo esto, los japoneses templan de una forma particular y única en el mundo sus espadas para conseguir un filo extremadamente duro. Todo esto combinado con las técnicas de esgrima japonesa, en las que priman los cortes circulares y el poder acabar con el enfrentamiento usando un solo corte con absoluta maestría, da como resultado la leyenda del poder de corte de las katanas. Aclaremos que efectivamente una Katana no es capaz de cortar una armadura ni otra espada, pero que su poder puramente cortante es superior al de las hojas rectas Europeas, y la técnica que usaban para cortar es más depurada y efectiva. Otro mito asegura que los sables japoneses estaban afilados como navajas barberas, y esto tampoco es totalmente cierto. A partir del año1600, en el que Ieyasu Tokugawa se hizo con el poder convirtiéndose en Shogun, comienza a cambiar el estilo de fabricar los sables japoneses. Hasta ese momento las Katanas han sido armas de guerra, y los forjadores son conscientes de que sus espadas se las tendrán que ver con armaduras de todas clases, por lo que no se dota a los sables de filos muy agudos, por resultar éstos demasiado frágiles. A partir de la fecha antes señalada, Japón vive una era de paz que durará 250 años, en los cuales las Katanas cambian la forma de su filo porque si se las usaba solía ser para duelos en los que los contendientes sólo llevaban la ropa, y es en este momento cuando cobran sentido los filos más agudos y cortantes, que han pasado a la fama. Mito 7 COMBATES INTERMINABLES. Estamos hartos de ver películas en las que los protagonistas se enzarzan en combates a espada que consisten en una larga serie de golpes, paradas y contragolpes que se resuelven al cuarto de hora cuando el malvado de turno, tras haber comentado al héroe sobre sus planes de futuro, lanza un ataque clarísimo y muy lento, que el héroe aprovecha para despacharlo de la misma manera que lo podía haber hecho a los cinco segundos de empezar la pelea. Como en otras ocasiones, también se ha aceptado esta manera de "combatir" como cierta. En la vida real, lo primero, no se charla con el contrincante, segundo, se aprovechan todas las oportunidades, no como en las películas en las que se ven decenas de puntos abiertos por donde atacar sin que ninguno de los "guerreros" los aprovechen. Si tú no aprovechas una abertura de ésas, tu adversario sí lo hará. Para que nos hagamos una idea más certera de qué es un combate a espada auténtico, diremos que en la realidad la media de tiempo que dura un combate es de unos 4 segundos, más o menos, y eso si uno no está inmerso en una batalla. En el caso de las batallas, los combates duran lo que se tarda en lanzar un ataque, a lo sumo dos. Si en este lance no se ha alcanzado al enemigo, se ha sido alcanzado por él, sin más. En los duelos, la cosa se alargaba bastante más, pero porque los contrincantes se pasaban varios minutos observándose, y probando cambios de guardia o tocando hierro para ver las posibles reacciones del oponente. Luego, una vez lanzados al combate, la cosa se resolvía en pocos segundos. Mito 8: LOS ESPADONES DE DOS MANOS. Pocas armas están tan mitificadas como ésta, que ciertamente es imponente y lleva a pensar al que contempla una que debía ser casi imposible usarla. Bien, en primer lugar, y en contra de lo que casi todo el mundo cree, los auténticos mandobles no son medievales, pues no existieron hasta pasado el siglo XV, ya en el renacimiento. Me refiero a las espadas que todos conocemos y más espectaculares resultan, que miden entre 1,60 y 2 metros, con una empuñadura extraordinariamente larga, gavilanes amplios y dotados de arcos para la protección de las manos, púas a los lados de la hoja, recazo recubierto de cuero y hoja de doble filo y a veces serpenteante. Estas impresionantes armas pesaban entre 4 y 5 kilos y, efectivamente, se necesitaba un hombre fuerte y a ser posible alto para manejarlas, pero no porque alguien más débil no pudiera. Se necesitaba fuerza para manejarlas DEPRISA. Al contrario de lo que se supone, una de estas armas se puede mover con una velocidad bastante respetable, sin que medie demasiado tiempo entre tajo y tajo. Si se tira un golpe directo sujetando la espada por la empuñadura sí que cuesta recuperarlo, pero la cuestión es que un guerrero experto en el uso de estas espadas nunca hacía eso a no ser que estuviera seguro de que el ataque iba a ser detenido por la cabeza de algún infeliz. En caso de necesitar moverse más rápido o de tener que luchar de cerca se recurría a la técnica de coger la espada con la mano derecha en la empuñadura y la izquierda en el recazo de la hoja, que por eso se recubría de cuero. De esta forma el mandoble se puede mover casi como un bastón, al colocar el centro de gravedad del mandoble entre nuestras manos. Las púas que tienen a los lados de la hoja, y que siempre están en el final del recazo, no tienen otra función que la de servir de segunda guardia para cuando tengamos la mano izquierda allí. En siglos anteriores también existían grandes espadas de guerra, que necesitaban de las dos manos para blandirse, como el Claymore Escocés, pero no eran auténticas Mandobles, como entendemos este término, ni su uso estaba tan especializado. Sencillamente eran usadas por los guerreros más capaces para tratar de desmontar jinetes de un golpe, o partir en dos a los enemigos. Los mandobles se usaban para guardar torres y murallas, para la guardia de las puertas, para los asaltos a formaciones de piqueros, y para barrer a la infantería cuando se estuvieran retirando tras la carga de la caballería. Y hasta acá sería todo por hoy, la info la saque de muchos videos desperdigados por internet sobre el tema, la mayoría en ingles. Para mañana si se me canta, va un post sobre armaduras, capas que mas chico. Resumen taringo lvl 5: Dale lee, no seas vago.

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Mitos sobre las espadas
InfoporAnónimo2/2/2016

Para maridar el post. link: https://www.youtube.com/watch?v=ur8l3qDVr84 Mito 1: EL PESO DE LAS ARMAS. Está extendido y es generalmente aceptado el concepto de que las espadas y demás armas medievales pesaban muchísimo, y que tan sólo los hombres más fuertes podían ser guerreros y manejarlas con soltura. He llegado a oír que la famosa Tizona, la espada del Cid, pesaba 11 kilos, y que sólo él podía manejarla. Si las espadas auténticas fuesen realmente así de pesadas, no las habría usado nadie. Pensemos en que a la guerra iban toda clase de hombres, de muy variada condición física, y que todos ellos podían portar espadas, sin ser necesariamente fisicoculturistas (que por cierto era imposible con la alimentación de la época). Todos estos hombres tenían que servirse de un arma que les permitiera un manejo suelto y flexible, además de rápido. Además el arma debe permitir que se la use durante un espacio de tiempo razonablemente largo sin agotar a su dueño, pues un guerrero agotado es un guerrero muerto, y si no se usaba escudo, la espada debía cumplir tanto la función de ataque como la de defensa, permitiendo pasar de un estado al otro con rapidez. Si las espadas pesasen lo que la gente cree, sólo la podrían usar unos cuantos prodigios de la naturaleza, que a los dos minutos ya se habrían agotado y que es probable que no durasen en la batalla más de medio minuto porque llevaban un arma que sólo les permitía atacar, sin apenas posibilidad de defenderse. Los armeros medievales eran excelentes artesanos que experimentaban hasta conseguir espadas que combinaban a la perfección las cualidades de poder de corte, resistencia, equilibrio y ligereza, que no son nada fáciles de conseguir. Las hojas de las espadas estaban dotadas de acanaladuras o costillas para rebajar el peso, y además las hojas disminuían su grosor según se iban aproximando a la punta para aligerar aún más y dotar de un correcto equilibrado la espada. Las espadas estaban muy bien hechas, y eran muy caras también. En ocasiones, por necesidades de la guerra, se fabricaban armas de inferior calidad en masa, para poder dotar a algún ejército con rapidez, pero permitían que se las manejase con corrección en todo caso. El peso de las espadas que se usan a una mano está entre un kilo 300 gramos y un kilo 600. Las espadas de mano y media, un kilo 600 gramos y dos kilos, las grandes espadas de guerra, unos tres kilos, y los espadones de dos manos usados en el renacimiento rondaban los cuatro kilos y medio. Por cierto, la espada del Cid era una Jineta árabe, que se usaba a una mano y cuyo peso no superará el kilo 700 gramos. Por extensión, podemos incluir en lo antes mencionado a todas las demás armas medievales, incluyendo los escudos. También se tiende a creer que los escudos medievales eran grandes y de acero, muy pesados y resistentes. Las Hachas y lanzas, los martillos, las mazas, las armas de asta y demás nunca fueron artefactos demasiado pesados como para impedir su correcto manejo por parte de un hombre normal, y los escudos eran de madera, si acaso con la piel de un buey curtida y tensada encima. Si el escudo pesase demasiado al guerrero se le cansaría el brazo y al poco rato no podría alzarlo para defenderse de los ataques, aparte de que un escudo de madera bien construido se basta para detener los golpes de casi cualquier arma. Se hicieron escudos enteramente de metal, pero siempre eran modelos pequeños , como los broqueles, o versiones más pequeñas de los escudos heráldicos o de lágrima. Los escudos que usaban los ballesteros para guarecerse de las flechas enemigas mientras recargaban sus lentas pero potentes ballestas, se llamaban Paveses, y estaban hechos de mimbre. Mito 2: LAS ESPADAS ROPERAS. Este mito está relacionado con el primero, pero al revés. La idea general es asociar las roperas del siglo 17, cuyo manejo se basaba en pelear con la punta del arma, con la esgrima deportiva moderna, que si bien también se basa en tocar con la punta difiere notablemente con la esgrima histórica de las espadas roperas. Las espadas de esgrima deportiva, el florete, el sable y la espada, están todas inspiradas en armas más modernas (siglos 18 - 19) y aunque sus dimensiones imitan las de las armas originales, su peso está lejos de llegar al de lo que podría considerarse una auténtica arma. Estas espadas no llegan en ningún caso a los 600 gramos, mientras que las espadas roperas del 17 podían pesar entre un kilo 500 gramos, las más antiguas, y 900 gramos las espadas más evolucionadas y dotadas de hojas de verduguillo. Las roperas estaban dotadas de una hoja de la misma forma que la de una espada de guerra, solo que alargada y afinada, para permitir también los ataques de corte, y acababan en una punta muy aguda y reforzada que debía ser capaz de atravesar limpiamente a un hombre de parte a parte aunque se encontrara algún hueso en el camino. Estas hojas solían medir más de un metro de largo, normalmente entre 1.05 y 1.15m. Por su parte, las empuñaduras estaban provistas de guardias de lazo o cazoletas, formadas por varios gavilanes o brazos que se entrelazaban entre sí para tratar de conseguir la protección más perfecta posible para la mano del usuario, que normalmente no iba protegida. Estos gavilanes pesaban considerablemente, ayudando también a equilibrar la enorme hoja. Una estocada de arma tan poderosa y aguda era potente casi sin poner fuerza en el empeño, y demostraba que nos encontramos ante un auténtica arma diseñada no para lograr tocados, sino para matar con efectividad. El manejo de tales espadas difiere notablemente del de las espadas deportivas modernas, y tiene sus propias técnicas adaptadas al peso , equilibrio y dimensiones de sus armas. Mito 3: LA ABUNDANCIA DE LAS ESPADAS EN LAS BATALLAS. Se cree que en las batallas del medioevo abundaban las espadas, y es cosa común ver en las películas que los ejércitos medievales están formados sobre todo por infantes con espadas, aunque éstos sean una tribu o clan de desharrapados pueblerinos reclutados en última instancia. Esto es también falso. Como todos sabemos, ningún arma ha alcanzado el simbolismo y romanticismo de la espada; La espada es un arma, pero también un símbolo; La espada representaba el honor, la rectitud en el combate, el simbolismo del poder y otras cualidades caballerescas precisamente porque los que siempre solían portar espadas eran los adinerados caballeros. Las espadas son sin duda las más difíciles de construir de todas las armas blancas, y los espaderos expertos siempre han sido tenidos en la más alta estima, considerándose su arte como algo secreto, complicado y casi esotérico, que es transmitido de padres a hijos como el más valioso de los tesoros. Todo esto evidentemente era por algo, y es precisamente porque forjar una buena espada es algo tremendamente complicado, y el resultado tenía que ser muy caro por fuerza. Sólo los caballeros o guerreros con cierto poder adquisitivo, o bien los soldados pertenecientes a un ejército profesional y no de levas, podían permitirse tener una espada, a menos que la hubiesen rapiñado del cadáver de algún soldado enemigo, y éstas no eran ni mucho menos las armas predominantes en una batalla. Las hachas, las lanzas, las mazas y garrotes, martillos y segurones, las alabardas y picas eran mucho más abundantes, funcionaban igual de bien e incluso mejor para abatir a un hombre y eran mucho más baratas y fáciles de fabricar que las espadas, y accesibles para el hombre de a pie del medioevo . La espada era la más valiosa posesión de su dueño precisamente por lo caras que eran, no por lo bonitas. Mito 4: LAS ESPADAS-JOYA. Este mito está relacionado con el anterior. Las denominadas espadas-joya eran unas armas magníficas que estaban adornadas con metales preciosos, pedrería, incrustaciones, grabados, pavonados y ocres al fuego, damasquinados, bluetooth, mp3 (bueno, quizás estas ultimas no) que las hacían ser prácticamente tesoros. Existe la idea de que sus dueños se servían de ellas para combatir en la guerra, pues sus cualidades superiores las hacían más efectivas en la batalla, pero esto tampoco es cierto. En primer lugar, a nadie se le ocurriría fastidiar el tesoro de la familia empleándolo para combatir y echando a perder así gran parte de su valor intrínseco, y en segundo lugar estas espadas eran "mírame y no me toques". Solían ser encargos particulares o premios concedidos por algún monarca, noble o autoridad religiosa, y su valor como armas era nulo, pues se fabricaban poniendo atención en la riqueza y exquisitez de sus adornos, que requerían un tiempo y coste de fabricación muy superior al de una espada de guerra, y sus propiedades como arma se descuidaban. Estas espadas sólo iban a ser usadas para ceremonias, desfiles o como símbolo de poder y posición, y por tanto su peso, dimensiones y equilibrado no tenían por qué ser los correctos. Las guardias y empuñaduras resultaban incómodas, y llagarían rápidamente las manos de cualquiera que pretendiera usarlas, y en resumen, no servían para nada más que para exponerlas o atesorarlas y a nadie se le vio en una batalla portando una espada semejante. Mito 5: LAS ESPADAS INDESTRUCTIBLES. Otro bulo promovido por las películas, que lleva a creer que las espadas son objetos indestructibles que no se rompen o ni siquiera se mellan al golpear con ellas barras de metal, verjas, piedras, troncos, columnas de hormigón armado, etc, etc...Cualquiera que haya blandido una espada se dará cuenta rápidamente de que si se le ocurre golpear con ella algo igual o más duro que el acero de su hoja tendrá muchas posibilidades de estropearla irremisiblemente, y si insiste acabará por partirla. Las hojas de las espadas se crearon siempre con el objetivo de poder cortar un cuerpo humano, y como mucho poder penetrar en determinados tipos de armadura, que no en todas. Algunas espadas son capaces de cortar a través de una armadura de cuero, otras, con puntas reforzadas y muy agudas, eran capaces de perforar una cota de mallas, y ninguna podía cortar una coraza de acero templado. Para derribar a un guerrero con Arnés Blanco se necesitaba un potente lanza, una ballesta, un enorme hacha, un martillo de guerra o mucha suerte y puntería para acertarle en alguna parte descubierta, como las axilas o las aberturas del yelmo. La carne también es más consistente de lo que se piensa, sobre todo porque los huesos no son fáciles de cortar. Una espada puede llegar a amputar miembros, pero para ello se requiere una gran fuerza y una técnica depurada, aparte de no encontrarse en el camino una pieza de armadura. Es habitual ver en las películas que los protagonistas cortan cabezas como si nada, aunque éstas tuvieran el cuello protegido por una gola o un ventalle de malla. Para dar una medida de lo difícil que era poder seccionar una cabeza podemos ir a un museo y contemplar alguna espada de verdugo, que eran diseñadas para tal fin. Comprobaremos que poseen unas hojas muy anchas y largas, dotadas de un considerable masa e inercia, y con todo los verdugos debían ser diestros en su oficio para poder tener éxito al primer tajo, pues en muchas ocasiones no conseguían cortar totalmente la cabeza del reo. Lo dicho, ninguna espada es indestructible, ni puede cortar a través de objetos duros como si fuera un sable láser de Jedi. Mito 6: LAS KATANAS. Este mito también está relacionado con el anterior, y efectivamente consiste en creer que las Katanas, las famosas espadas Samurai, podían cortar absolutamente de todo de un solo golpe, incluyendo las hojas de las espadas del enemigo, las armaduras, y lo que se les ponga por delante. si, voy a usar escenas de Kill Bill a lo loco. Efectivamente, los sables japoneses están dotados de un tremendo poder de corte, pero en este caso, lo que cortan bien es la carne, y nada más. Las katanas están diseñadas específicamente para cortar por encima de todo. Son de un solo filo y hoja curva, para poder seguir cortando al deslizar la hoja por el cuerpo una vez alcanzado, tienen una empuñadura extraordinariamente larga que les permite un brazo de palanca considerable, y su punto de equilibrio está situado más adelante que en las armas europeas medievales, para potenciar la inercia en el momento del golpe y hacerlo más poderoso. Aparte de todo esto, los japoneses templan de una forma particular y única en el mundo sus espadas para conseguir un filo extremadamente duro. Todo esto combinado con las técnicas de esgrima japonesa, en las que priman los cortes circulares y el poder acabar con el enfrentamiento usando un solo corte con absoluta maestría, da como resultado la leyenda del poder de corte de las katanas. Aclaremos que efectivamente una Katana no es capaz de cortar una armadura ni otra espada, pero que su poder puramente cortante es superior al de las hojas rectas Europeas, y la técnica que usaban para cortar es más depurada y efectiva. Otro mito asegura que los sables japoneses estaban afilados como navajas barberas, y esto tampoco es totalmente cierto. A partir del año1600, en el que Ieyasu Tokugawa se hizo con el poder convirtiéndose en Shogun, comienza a cambiar el estilo de fabricar los sables japoneses. Hasta ese momento las Katanas han sido armas de guerra, y los forjadores son conscientes de que sus espadas se las tendrán que ver con armaduras de todas clases, por lo que no se dota a los sables de filos muy agudos, por resultar éstos demasiado frágiles. A partir de la fecha antes señalada, Japón vive una era de paz que durará 250 años, en los cuales las Katanas cambian la forma de su filo porque si se las usaba solía ser para duelos en los que los contendientes sólo llevaban la ropa, y es en este momento cuando cobran sentido los filos más agudos y cortantes, que han pasado a la fama. Mito 7 COMBATES INTERMINABLES. Estamos hartos de ver películas en las que los protagonistas se enzarzan en combates a espada que consisten en una larga serie de golpes, paradas y contragolpes que se resuelven al cuarto de hora cuando el malvado de turno, tras haber comentado al héroe sobre sus planes de futuro, lanza un ataque clarísimo y muy lento, que el héroe aprovecha para despacharlo de la misma manera que lo podía haber hecho a los cinco segundos de empezar la pelea. Como en otras ocasiones, también se ha aceptado esta manera de "combatir" como cierta. En la vida real, lo primero, no se charla con el contrincante, segundo, se aprovechan todas las oportunidades, no como en las películas en las que se ven decenas de puntos abiertos por donde atacar sin que ninguno de los "guerreros" los aprovechen. Si tú no aprovechas una abertura de ésas, tu adversario sí lo hará. Para que nos hagamos una idea más certera de qué es un combate a espada auténtico, diremos que en la realidad la media de tiempo que dura un combate es de unos 4 segundos, más o menos, y eso si uno no está inmerso en una batalla. En el caso de las batallas, los combates duran lo que se tarda en lanzar un ataque, a lo sumo dos. Si en este lance no se ha alcanzado al enemigo, se ha sido alcanzado por él, sin más. En los duelos, la cosa se alargaba bastante más, pero porque los contrincantes se pasaban varios minutos observándose, y probando cambios de guardia o tocando hierro para ver las posibles reacciones del oponente. Luego, una vez lanzados al combate, la cosa se resolvía en pocos segundos. Mito 8: LOS ESPADONES DE DOS MANOS. Pocas armas están tan mitificadas como ésta, que ciertamente es imponente y lleva a pensar al que contempla una que debía ser casi imposible usarla. Bien, en primer lugar, y en contra de lo que casi todo el mundo cree, los auténticos mandobles no son medievales, pues no existieron hasta pasado el siglo XV, ya en el renacimiento. Me refiero a las espadas que todos conocemos y más espectaculares resultan, que miden entre 1,60 y 2 metros, con una empuñadura extraordinariamente larga, gavilanes amplios y dotados de arcos para la protección de las manos, púas a los lados de la hoja, recazo recubierto de cuero y hoja de doble filo y a veces serpenteante. Estas impresionantes armas pesaban entre 4 y 5 kilos y, efectivamente, se necesitaba un hombre fuerte y a ser posible alto para manejarlas, pero no porque alguien más débil no pudiera. Se necesitaba fuerza para manejarlas DEPRISA. Al contrario de lo que se supone, una de estas armas se puede mover con una velocidad bastante respetable, sin que medie demasiado tiempo entre tajo y tajo. Si se tira un golpe directo sujetando la espada por la empuñadura sí que cuesta recuperarlo, pero la cuestión es que un guerrero experto en el uso de estas espadas nunca hacía eso a no ser que estuviera seguro de que el ataque iba a ser detenido por la cabeza de algún infeliz. En caso de necesitar moverse más rápido o de tener que luchar de cerca se recurría a la técnica de coger la espada con la mano derecha en la empuñadura y la izquierda en el recazo de la hoja, que por eso se recubría de cuero. De esta forma el mandoble se puede mover casi como un bastón, al colocar el centro de gravedad del mandoble entre nuestras manos. Las púas que tienen a los lados de la hoja, y que siempre están en el final del recazo, no tienen otra función que la de servir de segunda guardia para cuando tengamos la mano izquierda allí. En siglos anteriores también existían grandes espadas de guerra, que necesitaban de las dos manos para blandirse, como el Claymore Escocés, pero no eran auténticas Mandobles, como entendemos este término, ni su uso estaba tan especializado. Sencillamente eran usadas por los guerreros más capaces para tratar de desmontar jinetes de un golpe, o partir en dos a los enemigos. Los mandobles se usaban para guardar torres y murallas, para la guardia de las puertas, para los asaltos a formaciones de piqueros, y para barrer a la infantería cuando se estuvieran retirando tras la carga de la caballería. Y hasta acá sería todo por hoy, la info la saque de muchos videos desperdigados por internet sobre el tema, la mayoría en ingles. Para mañana si se me canta, va un post sobre armaduras, capas que mas chico. Resumen taringo lvl 5: Dale lee, no seas vago.

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Accidentes ferroviarios. Opinión.
InfoporAnónimo10/25/2013

Exactamente hace una semana, en horas de la mañana nos ¿sorprendió? la noticia de un nuevo accidente ferroviario del sarmiento en la estación de Once, y van tres y digo nos sorprendía con signos de pregunta, ya que en rigor de verdad no fue tan así, ocurre que desgraciadamente ya no es sorpresivo que se produzcan nuevos accidentes de este tipo, habida cuenta lo oportunamente denunciado por los gremialistas del sector y familiares de victimas de las anteriores tragedias en tal sentido, a los que se suman personas que entienden y mucho sobre la cuestión ferroviaria.- falta de inversión del estado, la carencia de mantenimiento de todo el sistema, la inexistencia de idoneidad de parte del estado para manejar empresas y empleados, la corrupción que subsidia a empresarios socios a quienes hizo mas ricos y un variado cóctel de ingredientes hace por ultimo muy previsible este tipo de tragedias en este país.- Indudablemente quienes viajan todos los días en el sistema publico de transporte son las principales victimas, pero antes de transformarse en tales seguramente en algún punto estarán satisfechas ya que viajan "barato" gracias al estado populista, que le proporciona dicha basura y mentira.- Como siempre un poco antes o después la mentira se cae y llega agresiva e intempestuosamente la verdad que irrumpe con violencia como una nueva cachetada, la verdad que duele pero es inexorable e impiadosa. Cuando las cosas se hacen mal, los resultados que se obtienen por lo general llevan el mismo signo, ya que son hijos de esa improvisación, negligencia e intencionalidad.- Muchas, quizas muchisimas veces escuchamos decir " la corrupción mata, hiere, incapacita, deja secuelas de por vida" y esto se hace una vez mas carne entre nosotros. Como siempre algunos dirán "por suerte era un día semilaborable por lo tanto viajaba poca gente y las consecuencias no fueron peores" eso no debe servir de consuelo, ya que por azar sucedió de esa forma. Desde el gobierno nacional son tan previsibles que podría haberse anunciado casi sin lugar a error de personas y tiempos que jugadores aparecían en la sangrienta cancha: primero Sergio Berni, el supersecretario de seguridad que esta ahí en el lugar de los echos "haciéndose cargo del operativo", apuntando a quien sino al maquinista; al cabo de unas horas el Ministro de transporte Florencio Randazzo en camisa aremangada como dejando ver "que estamos poniendo las manos y los brazos en el asunto" arremetiendo también contra el conductor del tren agregando también la posibilidad de un sabotaje y diciendo que el mismo, estando gravemente herido, logro sacar la grabación de la caja negra de la locomotora y guardarla en su mochila. ¿No seria hora ya de dejarnos de dejarnos de tomar a todos por estúpidos? ¿Quien que no esté loco podría causar a propósito un accidente de ésta envergadura, cargar con la responsabilidad penal y social del mismo y para colmo robar las grabaciones de la caja negra estando herido por el accidente? ¿Algo no cierra? ¿O es que nada cierra? Esto es francamente indefendible, es un argumento que se cae por sí solo dado lo infantil de su propio montaje. "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio" dice la canción de Serrat y es así de cierto, la verdad que al gobierno se le esta cayendo encima cada vez con mas contundencia y frecuencia. Pedro Talijancic. Abogado/ docente nivel superior.

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Trigger Runners (demo)
InfoporAnónimo12/9/2013

Acá les traigo este nuevo juego que está en desarrollo. Se llama "Trigger Runners" y está destinado a ser una muestra del potencial del motor 2D Stencyl. link: http://www.youtube.com/watch?v=EJfck9dNvqs link: http://www.youtube.com/watch?v=BDSW1VJ0WFI link del juego: http://www.stencyl.com/game/play/15998 Reseña Jugabilidad: Es muy sencilla, no tenes que andar renegando con mecánicas complicadas. Solo apuntas, disparas y saltas, todo eso mientras vas corriendo infinita y automáticamente, sin ningún signo de fatiga. También tenes una especie de cover sistem, que consiste en quedarte parado detrás de una de las tantas colinas. A me olvidaba, hay algunos enemigos a los que podes matar pisándolos y si te quedas corto con algunos saltos no problem, tenes doble salto. Dificultad: NO TE DEJES ENGAÑAR POR 1° Y 2° NIVEL. Para empezar, basta con que te den tres veces con lo que sea para que te mueras, si a eso le agregas que tenes que estar pendiente de los agujeros sin fondo, de los enemigos voladores y terrestres que van a dificultar las maniobras y que hay enemigos que te empujan bastante lejos en lo poco que he jugado, el 3° y la misión llamada ? son lo mas difícil del juego(por lo menos en la demo y hasta donde llegue). El nivel 3 no es muy diferente a los otros dos, lo único distinto es que tenes que pelear contra un mini-boss, una especie de helicóptero tripulada por dos zutanos que tira bombas y colibríes mechas, un preludio de lo que espera la siguiente misión. En la misión ? te enfrentas a una tortuga-mecha controlada por un mengano, que tira bombas por la boca y por una torreta encima del caparazón del animal. Gráficos: No están nada mal, recuerdan mucho a los juegos de la sega génesis. Música: La música de este titulo es muy buena, te mete dentro del juego pero tampoco resulta invasiva. El titulo está disponible para Windows, Mac y Linux, cuenta con idioma español y es para un solo jugador, la fecha tentativa de salida es para principios del 2014.

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Jorge Obeid: opinión
InfoporAnónimo1/30/2014

Vivió la política con la pasión de los hombres justos. Se propuso vivir su tiempo con intensidad, asumiendo sus riesgos, sus penas y sus júbilos. Desde muy joven decidió ser un protagonista, no un observador. Siempre dio la cara. Si los hombres que valen son los que se ponen a prueba en las situaciones límite, él supo aprobar con dignidad estos desafíos. Más allá de los alineamientos ideológicos, sabemos que hay muchos modos de ejercer la política, modos que definen un estilo y una ética, una manera de estar en el mundo y de relacionarse con los otros. La política puede ser un oficio noble o indigno, una virtud o un vicio, una causa al servicio del hombre o una coartada para el privilegio. Obeid decidió vivir la política desde las convicciones, el compromiso y la pasión. Siempre se esforzó por entender el tiempo en que vivía, aprendió a corregir lo que era necesario corregir y supo cambiar cuando era necesario hacerlo, pero quienes lo conocimos sabemos que en lo que importa, en lo que decide y define una vida, entre el joven apasionado de la militancia universitaria y el hombre mayor, había un hilo conductor, una identidad profunda que trascendía las vicisitudes de la historia No era ingenuo ni desconocía las tramoyas de la política, pero perteneció al linaje de los hombres que cuando se miran en el espejo no desconocen su rostro profundo. Fue Montonero, pero supo decirle adiós a las armas. Nunca se arrepintió de haber luchado por el retorno de Perón, pero se hizo cargo de sus errores y excesos que fueron los errores y excesos de una generación y una época. La historia juzgará sus gestiones como intendente y gobernador. Yo, por lo pronto, nunca lo voté y él lo sabía. Tampoco ahorré criticas a su gestión que él aceptaba, aunque nunca dejó de discutir y defender sus puntos de vista, porque no era un hombre complaciente. Jamás lo voté, y es desde este lugar que digo sin remordimientos, sin pena y con un secreto orgullo que no me avergüenzo de haber vivido en una ciudad y en una provincia en el tiempo en que fue intendente y gobernador. El futuro evaluará sus aciertos y errores, pero el presente nos informa que fue un gobernador decente cuyos errores, si los tuvo, provinieron de sus límites, no de su venalidad. Fue un peronista irreductible y apasionado, pero se las ingenió para ser el gobernador de todos los santafesinos. Hasta sus adversarios más duros admiten que aceptó las reglas de juego de la democracia. El destino, que no es tan arbitrario como parece, lo colocó en el lugar histórico de ser el único gobernador en la historia política de la provincia que entregó los atributos del mando a un gobernador electo de otro partido. ¡Ironías de la política! Ese ejercicio práctico de la alternancia, que para mí es su virtud, para muchos peronistas constituyó un defecto imperdonable, un error que aún hoy no le perdonan. Repito, ya habrá tiempo de escribir sobre sus gestiones; por ahora, desde la conmoción afectiva de su muerte, me importa recordar a un gobernador que salía a caminar por la calle con su mujer del brazo, que asistía a la graduación de su hija sin escoltas y sin protocolos y al que nunca el cargo le impidió celebrar con los amigos el mito de la amistad acompañado de la buena mesa y el buen vino. Denle a un hombre poder y lo conocerán para siempre. Obeid lo tuvo y siempre fue el mismo. Como los verdaderos demócratas no creía en los fuegos de artificio del poder. Bastaba verlo caminar por la calle, saludar a un amigo, mirar a una hermosa mujer, sentarse a la mesa de un bar, para saber que creía en su humanidad y no en el cargo. Le gustaba contar historias y escucharlas. Se reía con ganas e incluso era capaz de reírse de sí mismo. Recibió en vida todos los honores de la política, pero, como se dice en estos casos, nunca se la creyó. Para los amigos y los conocidos fue siempre el Turco Obeid. O el Turco a secas. A nadie le negaba conversación, no establecía distancias ni cercos a su alrededor. Sabía hacerse respetar, y cuando se enojaba era bravo, pero no confundía honor con protocolo. No sé si alguna vez leyó que a un político democrático se lo conoce por su capacidad para reducir al mínimo la distancia entre gobernantes y gobernados. No sé si lo leyó, pero me consta que lo practicó y lo hizo sin alardes ni demagogia. Una noche, en un parador del autopista Santa Fe-Rosario, lo vi haciendo cola con su bandeja para ser atendido. Lo hacía con naturalidad, sin posar de modesto. Yo lo observaba a la distancia y escuchaba el murmullo curioso de la gente. Pidió un café, una media luna y se sentó a una mesa del bar. Era el gobernador de la provincia, pero se movía como si fuera un hombre más, se movía con la soltura y la íntima dignidad de un demócrata. Otra vez yo estaba con un amigo cenando en un pequeño comedor de calle Saavedra. Pasó caminando por la vereda, me vio y se acercó a la mesa. Nos acompañó con un vino y se despidió con un apretón de manos. Estaba vestido con un vaquero y una remera blanca. No estaba posando de demócrata, estaba haciendo lo que le gustaba hacer, ser un hombre que puede darse el gusto de caminar por las calles de su ciudad sin necesidad de estar recordándoles a todos que es el gobernador. Esos gestos, le nacían de la verdad de su cuerpo, de la certeza de sus convicciones íntimas, de su manera de vivir el peronismo. Sería exagerado decir que fui su amigo, pero nos teníamos mucho afecto, un afecto sostenido a lo largo de los años, de las vicisitudes de la política y de la historia. No sé si practicó la transversalidad política o si creía en ella, pero me consta que durante toda su vida ejerció la transversalidad de los afectos. Obeid siempre fue un político y es inútil entenderlo desde otro lugar, pero siempre supo estar más acá y más allá de la política, siempre creyó que la política era importante, decisiva en algunos casos, pero siempre presintió que había algo que iba más allá de la política, y ese “algo” que él percibía como una intuición, lo supo elaborar con los valores del humanismo y la pasión del asombro. Su curiosidad era inagotable, sus ganas de vivir, desbordantes. También su sentido del humor. Gustaba de las paradojas y las pequeñas transgresiones. El peronista de toda la vida decía que el personaje que más admiraba de la historia se llamaba Juan Lavalle. Creía en esas respuestas, pero además se divertía. También se divertía hablando de Borges o recitando los poemas de Pessoa. Los libros ocupaban un lugar importante en su vida y su biblioteca era amplia, con textos ajados, con anotaciones al margen, como corresponde a un hombre culto que recurre a los libros para indagar en los secretos de su tiempo. Sabía lo que yo pensaba del peronismo y más de una vez hemos discutido sobre esas diferencias insalvables. Nunca me dijo “gorila”, porque era respetuoso, pero seguramente lo pensaba o lo comentaba con sus compañeros. Yo nunca le dije “facho”, porque no lo era, pero jamás disimulé las diferencias que teníamos. Nunca desconocimos las exigencias de la política, pero los dos sabíamos que lo más importante que teníamos para decirnos no era político. Creía en los linajes políticos. Él era peronista y yo no lo era, y así debía ser. Una vez me dijo: “Mi hija, Alejandra, es amiga de tu hijo Ignacio; ella está en la Juventud Peronista y el tuyo en Franja Morada. Así debe ser”. Una de las últimas veces que conversamos fue en el velorio del cura Rosso con el que mantenía una intensa relación de amor-odio. En cierto momento me dijo: “Me gustó lo que escribiste de Atilio y yo sé que cuando me muera vas a escribir de mí, porque me querés y vas a tratar de ser justo conmigo”. Esto ocurrió hace más de dos años. Él estaba sano y, si no me equivoco, el que tenía que ir al médico para iniciar un tratamiento era yo. Sin embargo, el que se murió fue él y el que ahora escribe soy yo. Esa noche, antes de separarnos me regaló su libro sobre Fidel Castro. La dedicatoria era sugestiva y aún la guardo: “Al amigo con el que compartimos la debilidad por las buenas novelas, los buenos vinos y las malas mujeres”. Sabía de lo que estaba hablando. Yo también.

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Horda. Opinión.
Horda. Opinión.
InfoporAnónimo4/1/2014

Aclaraciones: A decir verdad, no comparto la mayoría de las cosas que acá dice, pero tampoco es bueno que como sociedad, resignemos la cordura y que el miedo a que nos roben o maten nos convierta en animales. Horda. Sesenta, setenta personas matan a golpes y patadas a un chico de dieciocho años. Era un ratero. Por lo menos eso es lo que aseguran los testigos. Era un ratero, pero nadie, nadie, merece morir así, a patadas. Ni a una bestia cebada se la mata de esa manera. Robó o intentó robar una cartera. Lo despedazaron. La crónica habla de lesiones internas y pérdida de masa encefálica. Las hordas no suelen ser delicadas. Están sedientas de sangre, no de piedad. Del muerto sabemos que se llamaba David; de los asesinos no sabemos nada. El anonimato es el beneficio de la horda y la impunidad su privilegio exclusivo. Linchan, ejecutan, levantan hogueras. Y después desaparecen. Dicen que hacen justicia, pero jamás dan la cara. Es probable que muchos de los que se sumaron a la ejecución de David sean vecinos respetables, padres de familia, devotos de alguna religión piadosa, personas amables y serviciales. ¿En qué momento se transformaron en monstruos? ¿En qué momento decidieron ensuciarse las manos con sangre? Imagino las objeciones: estamos cansados de los ladrones; estamos hartos de que entren por una puerta y salgan por la otra. ¡Basta de defender los derechos humanos de los delincuentes! Imagino estas objeciones, las entiendo y hasta las puedo compartir. ¿Pero, cómo se da el pasaje de la indignación o el miedo al acto criminal? Porque, que quede claro: la horda que mató a David a patadas es una horda criminal y los que se sumaron a ese acto son asesinos. Lo dicen los códigos de cualquier país civilizado, pero también lo dice el más elemental sentido común. Un defensor de la ley del Talión condenaría este crimen por desproporcionado. En Sumeria, Babilonia, Egipto, es decir, en civilizaciones que existieron hace cinco mil años, este comportamiento sería condenado. Todo se puede entender: la indignación, el miedo, la impotencia. Todo. Pero nada justifica que en nombre de esos sentimientos se despedace a una persona. Decía que una horda es algo así como una sociedad anónima. Nadie sabe muy bien quiénes la integran y nadie se hace responsable de lo que hace. Ahora bien, ¿qué pasa por el corazón de una persona que decide sumarse a una carnicería? ¿Qué ocurre con ese tipo que dice actuar en nombre de la justicia, pero después es incapaz de dar la cara? Porque hasta ahora se sabe quién es el muerto, se sabe quién era su cómplice, se sabe el nombre de la chica que le robaron la cartera, pero lo que no se sabe son los nombres de los justicieros. Nadie dio la cara; nadie dijo: yo me hago cargo de esto. La cobardía, el miedo es la contracara de estos supuestos valientes justicieros. No sé nada del muerto ni viene al caso saberlo, porque lo más importante no es su nombre ni su oficio, sino cómo lo mataron. Nunca hay que olvidarlo: a la barbarie se la reconoce no porque mata, sino por cómo mata. David podría haber sido detenido, podría haber ido a la cárcel o a un reformatorio, podría haber recuperado la libertad y reincidir, pero esas vicisitudes de su vida son detalles al lado de la muerte que le infligieron una manga de cobardes. Todos nos equivocamos en la vida. Algunos más, otros menos. Todos cometemos errores, pero todos merecemos una oportunidad. David no la tuvo. En el país que prohíbe la pena de muerte, él fue muerto a patadas, un recurso mucho más bárbaro e injusto que la silla eléctrica o la cámara de gas. Lo mataron sin reconocerle el derecho a la defensa. Para él no hubo alegatos, ni jueces ni fiscales. Mucho menos abogados defensores. Tampoco sentencia. La condena y la ejecución se cumplieron en un solo acto. Un ratero es un ratero, pero asesinado a patadas por una horda de energúmenos lo transforma en víctima. Pregunto a los creyentes: ¿de qué lado hubiera estado Jesús? ¿Del lado de los pateadores y despedazadores o del lado del ladrón de dieciocho años? Pregunto a todos: ¿qué comportamiento le corresponde asumir a un hombre justo en estos casos? ¿Sumarse a la horda o tratar de detenerla? ¿Patear un cuerpo indefenso o protegerlo? ¿Qué significado tiene para una persona, en los tiempos que corren, palabras como clemencia, perdón o piedad? Lo asesinos no respetaron nada, ni siquiera la ley de la calle. “Al que está tirado en el suelo no se le patea la cabeza”, me decía un guapo de la noche que, por esas cosas de la vida, alguna vez llegamos a ser amigos. La violencia existe y los violentos existen. Pero lo que diferencia a un violento de una bestia son las normas que uno se impone y el otro desconoce. ¿A qué normas, a que códigos, a qué ley de la calle responden los carniceros de barrio Azcuénaga? Los héroes de la literatura y del cine, los que defienden el bien contra el mal, la justicia contra la injusticia, la virtud contra el vicio, son héroes porque asumen causas justas y se hacen cargo de sus actos. Matan o mueren. A veces en un mano a mano, o solos contra muchos. No estoy hablando de literatura, estoy hablando de ética. Los autores de novelas o los directores de películas saben que al mal se lo combate con armas justas y con conductas nobles. Exactamente lo opuesto a la horda. En “A la hora señalada”, Gary Cooper enfrenta en absoluta soledad a los asesinos. Esa soledad es virtuosa, es la soledad de un hombre valiente. Recurrió al pueblo para pedir ayuda y le dieron la espalda. Ellos son los mismos que después piden horca y levantan hogueras. Son los ancestros de los asesinos de David. Jamás dan la cara, jamás se juegan, jamás pelean de frente. Sesenta contra uno. Esa es la proporción ideal de estos caballeros, ese es el piso ético y moral de los señores. Como los sicarios de la dictadura militar: matan y no firman. Los malevos de Borges no vacilan. Matan y mueren sin miedo y sin culpas. Pero jamás se permiten una puñalada por la espalda y mucho menos tender emboscadas a un hombre. Silenciosos, discretos, solitarios, ajustan cuentas de frente y sin pedir ni sacar ventajas. Son hombres que se pueden permitir matar, pero respetan las reglas. Tienen códigos que a su manera contienen una ética. ¿Qué reglas, qué normas acataron los asesinos de David? Según los testigos fueron cincuenta o sesenta personas. Ni uno de ellos, ni uno solo, ha tenido el coraje de presentarse y decir: “Yo fui”, “Yo me hago cargo”. Nada. En estos momentos deben estar escondidos, algunos muertos de miedo, otros jactándose en voz baja de la hazaña cometida. Mike Hammer es un detective brutal y reaccionario. Violento, irascible, no cree en el perdón ni en la piedad. A los delincuentes se los mata, dice, pero se los mata de frente. Mike Hammer, ícono de todos los amigos de la mano dura, tiene sus propios códigos y sus propios límites. Es incorruptible e insobornable. Nunca da ventajas, pero nunca saca ventajas. Además, enfrenta a asesinos despiadados. Él sólo contra todos. No mata rateros. Mucho menos se suma a la horda. Lo demás lo entiendo. La inseguridad en la Argentina hace rato que dejó de ser una sensación para transformarse en una realidad cotidiana. Entiendo el miedo, la indignación, la impotencia. Pero nada justifica a la horda. Nada justifica que nos transformemos en horda. Defiendo las garantías porque creo que sin ella volvemos a la ley de la selva y -ya se sabe- en la ley de la selva el que gana es el animal más feroz. Defiendo las garantías, pero no soy garantista. Creo que las garantías jurídicas son necesarias, pero no soy estúpido ni vivo en una burbuja. Creo que los delincuentes deben estar entre rejas y creo que en muchos casos es legítima la violencia. El Estado de Derecho no es un lujo, es una necesidad para una sociedad libre. Y si no funciona hay que hacerlo funcionar. Lo que no podemos permitirnos es retornar a los tiempos del garrote y el taparrabos. Lo siento por algunos, pero entre la civilización y la barbarie, una vez más elijo la civilización. por Rogelio Alaniz.

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Ciudad 17 de Half-Life 2 con Unreal Engine
Ciudad 17 de Half-Life 2 con Unreal Engine
InfoporAnónimo4/3/2014

Impresionantes resultados gráficos, y la promesa del usuario de que "probablemente" hará lo propio en Unreal Engine 4. El usuario Logithx de los foros de Polycount ha presentado a la comunidad un impresionante trabajo de recreación de la mítica Ciudad 17 de Half-Life 2 sobre la base del motor gráfico Unreal Engine. "Estaba trabajando en esta Ciudad 17 en UDK, todavía hay mucho que hacer como crear los exteriores, los interiores del tren y algunos modelos más pequeños, pero entonces Epic Games lanzó Unreal Engine 4 en toda su gloria", advierte el aficionado. "Probablemente abandonaré este proyecto en el UDK y lo convertiré a Unreal Engine 4. No puedo esperar a ponerme a trabajar con ello". De momento las imágenes que ha promocionado, con Unreal Engine, son fantásticas, así que nosotros también tenemos muchas ganas de ver qué logra este aficionado con la nueva herramienta de Epic Games.

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una nebulosa y una estrella crea un anillo de diamantes
InfoporAnónimo4/9/2014

El Observatorio Europeo Austral (ESO) ha captado una imagen de la nebulosa de una estrella en proceso de envejecimiento que, alineada con otra estrella, produce un efecto que se asemeja de forma curiosa a un “anillo de diamantes”. Esta nebulosa planetaria, la PN A66 33, más conocida como Abell 33, se encuentra a 1.500 años luz de la Tierra y ha sido captada por el telescopio VLT (Very Large Telescope) en Chile, según informó hoy la organización. Su forma es perfectamente redonda, algo poco común en estos objetos, ya que normalmente algo perturba la simetría haciendo que la nebulosa planetaria acabe adquiriendo formas irregulares. Además, se encuentra casualmente alineada con la estrella HD 83535, en primer plano y a medio camino entre la Tierra y Abell 33, lo que produce un efecto que se asemeja a un tradicional anillo de compromiso. La mayor parte de las estrellas con masas similares a la del Sol acaban sus vidas como enanas blancas, cuerpos pequeños, calientes y muy densos que se enfrían muy despacio a lo largo de miles de millones de años. En el camino hacia la fase final de sus vidas las estrellas lanzan al espacio sus atmósferas y crean nebulosas planetarias, coloridas nubes brillantes de gas que envuelven a las cada vez más pequeñas estrellas. La Abell 33 aún brilla (es aún más luminosa que el sol) y emite la suficiente cantidad de radiación ultravioleta como para hacer que resplandezca la burbuja de atmósferas expulsadas al espacio. Esta estrella es tan sólo uno de los 86 objetos incluidos en el Catálogo Abell de Nebulosas Planetarias creado por el astrónomo estadounidense George Abell en 1966. Abell también rastreó el cielo en busca de cúmulos de galaxias, recopilando el Catálogo Abell, con unos 4.000 cúmulos, tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur del cielo.

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La agresividad de los jugadores proviene de la "frustra
La agresividad de los jugadores proviene de la "frustra
InfoporAnónimo4/8/2014

Un estudio afirma que la agresividad de los jugadores proviene de la "frustración" y no de los contenidos violentos La universidad de Oxford ha apoyado su tesis en un experimento con Half Life 2. Un reciente estudio elaborado por la Universidad de Oxford asegura que la agresividad de los jugadores provendría de la "frustración" por mecánicas de juego mal implementadas y no por los contenidos violentos de estos programas, como aseguran ciertos sectores de la sociedad. El experimento, que todavía requiere de más pruebas, se ha elaborado usando dos versiones distintas del clásico Half Life 2: la original y una que eliminaba contenidos violentos como la sangre, o los cadáveres de los enemigos, que desaparecían nada más morir. ¿El resultado? Independientemente de los contenidos mostrados en el juego, los usuarios tienden a frustrarse cuando no cumplen sus metas, que por norma suelen ser siempre "terminar en lo más alto" a nivel competitivo. "Quienes jugaron la versión sin contenido violento se mostraron bastante agresivos al no poder dominar las mecánicas o progresar a través de los niveles", asegura el estudio. "Si los jugadores se sienten limitados por los controles, pueden desencadenarse reacciones agresivas". Aun así, insisten los responsables del estudio, todavía deben realizarse más pruebas para descartar totalmente que los contenidos violentos tengan relación directa con la agresividad de ciertos jugadores.

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