InicioInfoMitos sobre las espadas
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Mito 1: EL PESO DE LAS ARMAS.



Está extendido y es generalmente aceptado el concepto de que las espadas y demás armas medievales pesaban muchísimo, y que tan sólo los hombres más fuertes podían ser guerreros y manejarlas con soltura. He llegado a oír que la famosa Tizona, la espada del Cid, pesaba 11 kilos, y que sólo él podía manejarla.



Si las espadas auténticas fuesen realmente así de pesadas, no las habría usado nadie. Pensemos en que a la guerra iban toda clase de hombres, de muy variada condición física, y que todos ellos podían portar espadas, sin ser necesariamente fisicoculturistas (que por cierto era imposible con la alimentación de la época). Todos estos hombres tenían que servirse de un arma que les permitiera un manejo suelto y flexible, además de rápido. Además el arma debe permitir que se la use durante un espacio de tiempo razonablemente largo sin agotar a su dueño, pues un guerrero agotado es un guerrero muerto, y si no se usaba escudo, la espada debía cumplir tanto la función de ataque como la de defensa, permitiendo pasar de un estado al otro con rapidez. Si las espadas pesasen lo que la gente cree, sólo la podrían usar unos cuantos prodigios de la naturaleza, que a los dos minutos ya se habrían agotado y que es probable que no durasen en la batalla más de medio minuto porque llevaban un arma que sólo les permitía atacar, sin apenas posibilidad de defenderse.



Los armeros medievales eran excelentes artesanos que experimentaban hasta conseguir espadas que combinaban a la perfección las cualidades de poder de corte, resistencia, equilibrio y ligereza, que no son nada fáciles de conseguir. Las hojas de las espadas estaban dotadas de acanaladuras o costillas para rebajar el peso, y además las hojas disminuían su grosor según se iban aproximando a la punta para aligerar aún más y dotar de un correcto equilibrado la espada. Las espadas estaban muy bien hechas, y eran muy caras también. En ocasiones, por necesidades de la guerra, se fabricaban armas de inferior calidad en masa, para poder dotar a algún ejército con rapidez, pero permitían que se las manejase con corrección en todo caso. El peso de las espadas que se usan a una mano está entre un kilo 300 gramos y un kilo 600. Las espadas de mano y media, un kilo 600 gramos y dos kilos, las grandes espadas de guerra, unos tres kilos, y los espadones de dos manos usados en el renacimiento rondaban los cuatro kilos y medio.
Por cierto, la espada del Cid era una Jineta árabe, que se usaba a una mano y cuyo peso no superará el kilo 700 gramos.

Por extensión, podemos incluir en lo antes mencionado a todas las demás armas medievales, incluyendo los escudos. También se tiende a creer que los escudos medievales eran grandes y de acero, muy pesados y resistentes. Las Hachas y lanzas, los martillos, las mazas, las armas de asta y demás nunca fueron artefactos demasiado pesados como para impedir su correcto manejo por parte de un hombre normal, y los escudos eran de madera, si acaso con la piel de un buey curtida y tensada encima. Si el escudo pesase demasiado al guerrero se le cansaría el brazo y al poco rato no podría alzarlo para defenderse de los ataques, aparte de que un escudo de madera bien construido se basta para detener los golpes de casi cualquier arma. Se hicieron escudos enteramente de metal, pero siempre eran modelos pequeños , como los broqueles, o versiones más pequeñas de los escudos heráldicos o de lágrima. Los escudos que usaban los ballesteros para guarecerse de las flechas enemigas mientras recargaban sus lentas pero potentes ballestas, se llamaban Paveses, y estaban hechos de mimbre.



Mito 2: LAS ESPADAS ROPERAS.



Este mito está relacionado con el primero, pero al revés. La idea general es asociar las roperas del siglo 17, cuyo manejo se basaba en pelear con la punta del arma, con la esgrima deportiva moderna, que si bien también se basa en tocar con la punta difiere notablemente con la esgrima histórica de las espadas roperas.



Las espadas de esgrima deportiva, el florete, el sable y la espada, están todas inspiradas en armas más modernas (siglos 18 - 19) y aunque sus dimensiones imitan las de las armas originales, su peso está lejos de llegar al de lo que podría considerarse una auténtica arma. Estas espadas no llegan en ningún caso a los 600 gramos, mientras que las espadas roperas del 17 podían pesar entre un kilo 500 gramos, las más antiguas, y 900 gramos las espadas más evolucionadas y dotadas de hojas de verduguillo. Las roperas estaban dotadas de una hoja de la misma forma que la de una espada de guerra, solo que alargada y afinada, para permitir también los ataques de corte, y acababan en una punta muy aguda y reforzada que debía ser capaz de atravesar limpiamente a un hombre de parte a parte aunque se encontrara algún hueso en el camino. Estas hojas solían medir más de un metro de largo, normalmente entre 1.05 y 1.15m. Por su parte, las empuñaduras estaban provistas de guardias de lazo o cazoletas, formadas por varios gavilanes o brazos que se entrelazaban entre sí para tratar de conseguir la protección más perfecta posible para la mano del usuario, que normalmente no iba protegida. Estos gavilanes pesaban considerablemente, ayudando también a equilibrar la enorme hoja. Una estocada de arma tan poderosa y aguda era potente casi sin poner fuerza en el empeño, y demostraba que nos encontramos ante un auténtica arma diseñada no para lograr tocados, sino para matar con efectividad. El manejo de tales espadas difiere notablemente del de las espadas deportivas modernas, y tiene sus propias técnicas adaptadas al peso , equilibrio y dimensiones de sus armas.


Mito 3: LA ABUNDANCIA DE LAS ESPADAS EN LAS BATALLAS.



Se cree que en las batallas del medioevo abundaban las espadas, y es cosa común ver en las películas que los ejércitos medievales están formados sobre todo por infantes con espadas, aunque éstos sean una tribu o clan de desharrapados pueblerinos reclutados en última instancia. Esto es también falso. Como todos sabemos, ningún arma ha alcanzado el simbolismo y romanticismo de la espada; La espada es un arma, pero también un símbolo; La espada representaba el honor, la rectitud en el combate, el simbolismo del poder y otras cualidades caballerescas precisamente porque los que siempre solían portar espadas eran los adinerados caballeros. Las espadas son sin duda las más difíciles de construir de todas las armas blancas, y los espaderos expertos siempre han sido tenidos en la más alta estima, considerándose su arte como algo secreto, complicado y casi esotérico, que es transmitido de padres a hijos como el más valioso de los tesoros. Todo esto evidentemente era por algo, y es precisamente porque forjar una buena espada es algo tremendamente complicado, y el resultado tenía que ser muy caro por fuerza. Sólo los caballeros o guerreros con cierto poder adquisitivo, o bien los soldados pertenecientes a un ejército profesional y no de levas, podían permitirse tener una espada, a menos que la hubiesen rapiñado del cadáver de algún soldado enemigo, y éstas no eran ni mucho menos las armas predominantes en una batalla. Las hachas, las lanzas, las mazas y garrotes, martillos y segurones, las alabardas y picas eran mucho más abundantes, funcionaban igual de bien e incluso mejor para abatir a un hombre y eran mucho más baratas y fáciles de fabricar que las espadas, y accesibles para el hombre de a pie del medioevo . La espada era la más valiosa posesión de su dueño precisamente por lo caras que eran, no por lo bonitas.


Mito 4: LAS ESPADAS-JOYA.



Este mito está relacionado con el anterior. Las denominadas espadas-joya eran unas armas magníficas que estaban adornadas con metales preciosos, pedrería, incrustaciones, grabados, pavonados y ocres al fuego, damasquinados, bluetooth, mp3 (bueno, quizás estas ultimas no) que las hacían ser prácticamente tesoros. Existe la idea de que sus dueños se servían de ellas para combatir en la guerra, pues sus cualidades superiores las hacían más efectivas en la batalla, pero esto tampoco es cierto. En primer lugar, a nadie se le ocurriría fastidiar el tesoro de la familia empleándolo para combatir y echando a perder así gran parte de su valor intrínseco, y en segundo lugar estas espadas eran "mírame y no me toques".



Solían ser encargos particulares o premios concedidos por algún monarca, noble o autoridad religiosa, y su valor como armas era nulo, pues se fabricaban poniendo atención en la riqueza y exquisitez de sus adornos, que requerían un tiempo y coste de fabricación muy superior al de una espada de guerra, y sus propiedades como arma se descuidaban. Estas espadas sólo iban a ser usadas para ceremonias, desfiles o como símbolo de poder y posición, y por tanto su peso, dimensiones y equilibrado no tenían por qué ser los correctos. Las guardias y empuñaduras resultaban incómodas, y llagarían rápidamente las manos de cualquiera que pretendiera usarlas, y en resumen, no servían para nada más que para exponerlas o atesorarlas y a nadie se le vio en una batalla portando una espada semejante.

Mito 5: LAS ESPADAS INDESTRUCTIBLES.


Otro bulo promovido por las películas, que lleva a creer que las espadas son objetos indestructibles que no se rompen o ni siquiera se mellan al golpear con ellas barras de metal, verjas, piedras, troncos, columnas de hormigón armado, etc, etc...Cualquiera que haya blandido una espada se dará cuenta rápidamente de que si se le ocurre golpear con ella algo igual o más duro que el acero de su hoja tendrá muchas posibilidades de estropearla irremisiblemente, y si insiste acabará por partirla. Las hojas de las espadas se crearon siempre con el objetivo de poder cortar un cuerpo humano, y como mucho poder penetrar en determinados tipos de armadura, que no en todas. Algunas espadas son capaces de cortar a través de una armadura de cuero, otras, con puntas reforzadas y muy agudas, eran capaces de perforar una cota de mallas, y ninguna podía cortar una coraza de acero templado.



Para derribar a un guerrero con Arnés Blanco se necesitaba un potente lanza, una ballesta, un enorme hacha, un martillo de guerra o mucha suerte y puntería para acertarle en alguna parte descubierta, como las axilas o las aberturas del yelmo. La carne también es más consistente de lo que se piensa, sobre todo porque los huesos no son fáciles de cortar. Una espada puede llegar a amputar miembros, pero para ello se requiere una gran fuerza y una técnica depurada, aparte de no encontrarse en el camino una pieza de armadura. Es habitual ver en las películas que los protagonistas cortan cabezas como si nada, aunque éstas tuvieran el cuello protegido por una gola o un ventalle de malla. Para dar una medida de lo difícil que era poder seccionar una cabeza podemos ir a un museo y contemplar alguna espada de verdugo, que eran diseñadas para tal fin.



Comprobaremos que poseen unas hojas muy anchas y largas, dotadas de un considerable masa e inercia, y con todo los verdugos debían ser diestros en su oficio para poder tener éxito al primer tajo, pues en muchas ocasiones no conseguían cortar totalmente la cabeza del reo.
Lo dicho, ninguna espada es indestructible, ni puede cortar a través de objetos duros como si fuera un sable láser de Jedi.


Mito 6: LAS KATANAS.



Este mito también está relacionado con el anterior, y efectivamente consiste en creer que las Katanas, las famosas espadas Samurai, podían cortar absolutamente de todo de un solo golpe, incluyendo las hojas de las espadas del enemigo, las armaduras, y lo que se les ponga por delante.


si, voy a usar escenas de Kill Bill a lo loco.

Efectivamente, los sables japoneses están dotados de un tremendo poder de corte, pero en este caso, lo que cortan bien es la carne, y nada más. Las katanas están diseñadas específicamente para cortar por encima de todo. Son de un solo filo y hoja curva, para poder seguir cortando al deslizar la hoja por el cuerpo una vez alcanzado, tienen una empuñadura extraordinariamente larga que les permite un brazo de palanca considerable, y su punto de equilibrio está situado más adelante que en las armas europeas medievales, para potenciar la inercia en el momento del golpe y hacerlo más poderoso. Aparte de todo esto, los japoneses templan de una forma particular y única en el mundo sus espadas para conseguir un filo extremadamente duro.



Todo esto combinado con las técnicas de esgrima japonesa, en las que priman los cortes circulares y el poder acabar con el enfrentamiento usando un solo corte con absoluta maestría, da como resultado la leyenda del poder de corte de las katanas. Aclaremos que efectivamente una Katana no es capaz de cortar una armadura ni otra espada, pero que su poder puramente cortante es superior al de las hojas rectas Europeas, y la técnica que usaban para cortar es más depurada y efectiva.



Otro mito asegura que los sables japoneses estaban afilados como navajas barberas, y esto tampoco es totalmente cierto. A partir del año1600, en el que Ieyasu Tokugawa se hizo con el poder convirtiéndose en Shogun, comienza a cambiar el estilo de fabricar los sables japoneses. Hasta ese momento las Katanas han sido armas de guerra, y los forjadores son conscientes de que sus espadas se las tendrán que ver con armaduras de todas clases, por lo que no se dota a los sables de filos muy agudos, por resultar éstos demasiado frágiles. A partir de la fecha antes señalada, Japón vive una era de paz que durará 250 años, en los cuales las Katanas cambian la forma de su filo porque si se las usaba solía ser para duelos en los que los contendientes sólo llevaban la ropa, y es en este momento cuando cobran sentido los filos más agudos y cortantes, que han pasado a la fama.


Mito 7 COMBATES INTERMINABLES.



Estamos hartos de ver películas en las que los protagonistas se enzarzan en combates a espada que consisten en una larga serie de golpes, paradas y contragolpes que se resuelven al cuarto de hora cuando el malvado de turno, tras haber comentado al héroe sobre sus planes de futuro, lanza un ataque clarísimo y muy lento, que el héroe aprovecha para despacharlo de la misma manera que lo podía haber hecho a los cinco segundos de empezar la pelea. Como en otras ocasiones, también se ha aceptado esta manera de "combatir" como cierta. En la vida real, lo primero, no se charla con el contrincante, segundo, se aprovechan todas las oportunidades, no como en las películas en las que se ven decenas de puntos abiertos por donde atacar sin que ninguno de los "guerreros" los aprovechen. Si tú no aprovechas una abertura de ésas, tu adversario sí lo hará. Para que nos hagamos una idea más certera de qué es un combate a espada auténtico, diremos que en la realidad la media de tiempo que dura un combate es de unos 4 segundos, más o menos, y eso si uno no está inmerso en una batalla.



En el caso de las batallas, los combates duran lo que se tarda en lanzar un ataque, a lo sumo dos. Si en este lance no se ha alcanzado al enemigo, se ha sido alcanzado por él, sin más. En los duelos, la cosa se alargaba bastante más, pero porque los contrincantes se pasaban varios minutos observándose, y probando cambios de guardia o tocando hierro para ver las posibles reacciones del oponente. Luego, una vez lanzados al combate, la cosa se resolvía en pocos segundos.


Mito 8: LOS ESPADONES DE DOS MANOS.



Pocas armas están tan mitificadas como ésta, que ciertamente es imponente y lleva a pensar al que contempla una que debía ser casi imposible usarla. Bien, en primer lugar, y en contra de lo que casi todo el mundo cree, los auténticos mandobles no son medievales, pues no existieron hasta pasado el siglo XV, ya en el renacimiento. Me refiero a las espadas que todos conocemos y más espectaculares resultan, que miden entre 1,60 y 2 metros, con una empuñadura extraordinariamente larga, gavilanes amplios y dotados de arcos para la protección de las manos, púas a los lados de la hoja, recazo recubierto de cuero y hoja de doble filo y a veces serpenteante. Estas impresionantes armas pesaban entre 4 y 5 kilos y, efectivamente, se necesitaba un hombre fuerte y a ser posible alto para manejarlas, pero no porque alguien más débil no pudiera. Se necesitaba fuerza para manejarlas DEPRISA. Al contrario de lo que se supone, una de estas armas se puede mover con una velocidad bastante respetable, sin que medie demasiado tiempo entre tajo y tajo. Si se tira un golpe directo sujetando la espada por la empuñadura sí que cuesta recuperarlo, pero la cuestión es que un guerrero experto en el uso de estas espadas nunca hacía eso a no ser que estuviera seguro de que el ataque iba a ser detenido por la cabeza de algún infeliz. En caso de necesitar moverse más rápido o de tener que luchar de cerca se recurría a la técnica de coger la espada con la mano derecha en la empuñadura y la izquierda en el recazo de la hoja, que por eso se recubría de cuero. De esta forma el mandoble se puede mover casi como un bastón, al colocar el centro de gravedad del mandoble entre nuestras manos. Las púas que tienen a los lados de la hoja, y que siempre están en el final del recazo, no tienen otra función que la de servir de segunda guardia para cuando tengamos la mano izquierda allí.



En siglos anteriores también existían grandes espadas de guerra, que necesitaban de las dos manos para blandirse, como el Claymore Escocés, pero no eran auténticas Mandobles, como entendemos este término, ni su uso estaba tan especializado. Sencillamente eran usadas por los guerreros más capaces para tratar de desmontar jinetes de un golpe, o partir en dos a los enemigos. Los mandobles se usaban para guardar torres y murallas, para la guardia de las puertas, para los asaltos a formaciones de piqueros, y para barrer a la infantería cuando se estuvieran retirando tras la carga de la caballería.


Y hasta acá sería todo por hoy, la info la saque de muchos videos desperdigados por internet sobre el tema, la mayoría en ingles. Para mañana si se me canta, va un post sobre armaduras, capas que mas chico.

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