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Primer post: 24 dic 2013Último post: 30 ene 2014
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El cuartito del fondo
El cuartito del fondo
ParanormalporAnónimo12/24/2013

Los romanos construían sus casas separadas entre si para evitar inconvenientes ya que creían que en las paredes habitaban los antiguos moradores de las viviendas. No siempre son necesarios viejos habitantes para que los ladrillos estén impregnados de emociones ajenas -Mamá me quiero mudar al cuartito de atrás, ya tengo 13 y no quiero estar en la pieza de Belén, ella es nena y no quiero. Además el cuartito está vacío, es un quilombo, pero yo lo arreglo, tiro todo y meto la cama – reclamó Matías enérgico señalando a una habitación que separadas del núcleo de la casa había servido de galponcito durante años- Dale vieja, yo me encargo de todo, saco las cosas, además el tío me contó que de chico el durmió ahí un tiempo, quiero poner mis cosas, dale! La madre lo miró a Matías tratando de que con sólo su mirada lograr convencerlo de desistir en el pedido. -No seas así vieja, dale, ya pensé todo, saco todo a la mierda de ahí y meto la cama, el equipo, pego posters, mi ropa… vos dormiste un tiempo ahí, dale! Yo me encargo de todo, en serio, yo limpio también. -Matías sabes que no quiero ni que entres ahí, ni el gato se mete y vos querés dormir ahí?- le contestó la madre frunciendo el ceño y mirando hacia otro lado ahora, como restándole importancia. - Dale ma, no me jodas, vos ni te enteras, yo me mudo ahí, me armo mi pieza, si vienen los chicos no tengo que rajar a Bele, dale, copate! La madre, ya mirándolo a los ojos le dio un mate casi mecánicamente, se sentó y lo invito a sentarse a él también. – ¿Te dijo tu tío porque se fue de ahí? - No, no me dijo, pero el durmió ahí banda de tiempo, y vos también, un montón de años. -Pero también me fui de ahí – lo interrumpió la madre- ahí pasan cosas raras Mati. Te voy a contar, pero me prometes que no le decís nada a tu hermana que no la quiero asustar. -Dale. No le digo nada -Esa habitación la construyó el abuelo cuando creció tu tío, para que él tuviera su pieza y yo la mía. El durmió mucho tiempo ahí, pero cada tanto le pasaba que no podía dormirse y se venía a mi pieza. Una de esas veces, yo me enojé con él. Me molestaba que viniera, me desacomodaba todo. Entonces lo eché, que se volviera a su pieza. Y se fue, cuando llegó a su habitación empezó a los gritos. No había nada, pero estaba la luz prendida y el juraba que la había apagado. Yo lo tildé de miedoso, pero él aseguraba que la había apagado. El abuelo, mi papá, lo mando a dormir igual, pero antes revisó todo y no encontró nada. Al poco tiempo, tu tío estaba durmiendo y se le prendió la luz de golpe, varias veces le paso eso, con el velador y con la lámpara del techo, entonces tu abuelo llamó a un electricista. Una animalada le cobró, cambió todos los cables pero se seguían prendiendo las luces. Una vez se me prendieron a mi, tu tío no estaba y yo volvía tarde de no se donde y cuando pasé por la puerta de la habitación, tan! Se prendió la luz. Pero no le di bola, me quería acostar, así que fui y la apague. Tu tío se cansó de eso y me pidió que le cambiara la pieza y como la de él tenía ventana al patio me mudé. A mi nunca se me prendió la luz, pero si me pasaron otras cosas. Las puertas se habrían, despacio, no era que daban un portazo, pero yo las había cerrado bien. O las ventanas, también todo despacio, como para no asustarse, pero yo me acostaba, y veía como la ventana que terminaba de cerrar se abría despacito, hasta quedar completamente abierta. Nunca le preste atención, pero un día paso algo más raro. -¿Qué pasó?- preguntó Matías mientras le devolvía el mate, él no tomaba. -Estaba durmiendo boca abajo, lo mas bien, cuando empecé a sentir que me apretaban desde atrás. Imaginate, yo boca abajo, y sentía como que me apretaban contra la cama, fue poquito, pero me empujó bastante y se fue. Me levante corriendo a buscar a tu tío, vinimos revisamos todo y no había nada, por si las dudas dormí con la luz prendida. A los pocos días me paso de nuevo, pero mucho más fuerte. Otra vez estaba de espaldas y me empezaron a empujar, sentía como si a mitad de la espalda alguien se me hubiera sentado y cada vez empujaba mas, cada vez pesaba más. Traté de moverme y no podía, trate de gritar y no tenía aire para hacerlo, esto que me empujaba no me dejaba respirar como para tomar aire y llamar a mi papá. Entonces me puse a pensar en mi abuela, ella había muerto hacía poquito, la abuela Tita. Si esta presencia era mala, ella me podía ayudar. Entonces mentalmente, porque no podía ni hablar, la empecé a llamar: “abuela, abuela, vení, decile a esto que tengo encima que se vaya, que me hace mal, abuela, ayudame, abuela…”. Puerta Cuando ya me sentía mal, porque no respiraba, eso que me empujaba empezó a aflojarse, se empezó a levantar hasta que se fue, y yo volví a respirar. Igual no me quería mover, estaba muy asustada, era un poco más grande que vos, pero no mucho. Cuando me di vuelta no había nada, pero cuando me paré, la luz se prendió sola y se abrió la puerta, salí corriendo. Desperté a toda la familia y al otro día empecé a dormir otra vez con tu tío y esa habitación quedó vacía y la llenamos de bártulos, se transformó en galponcito. Entendés Mati, por eso no quiero que duermas ahí. Matías miró fijamente a los ojos a su mamá, le tomo una mano y sin soltarla le dijo la frase que dio por terminada la conversación. -Mamá, yo ya conocía tu historia. ¿Por qué pensas que me quiero mudar ahí? La historia no es mía

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Fantasma en el jardin de Infantes
Fantasma en el jardin de Infantes
ParanormalporAnónimo1/6/2014

Este relato no es mío... Sinceramente no sé cómo comenzar a contarles esta historia por varios motivos. El principal de los motivos es tratar de contar todo sin dar nombres ni detalles específicos, ya que hay una familia que aún llora a su muerto y mucha gente que trabaja en el jardín de infantes de este terrible suceso. Sinceramente lo que me lleva a contarla es que esta vez doy fe de que es totalmente real porque fue partícipe de los hechos… hechos que aún pueden ser comprobados por cualquier alma inquisitiva como la mía. Hace algunos años se suicidó un personaje público en Mendoza, vamos a llamarlo Pedro. Hay varios rumores sobre su suicidio, los cuales no vienen al caso, lo que sí les puedo comentar es que el hecho fue en el primer piso de su casa, que hacía las veces de oficina de trabajo. Pedro era un ferviente radioescucha y amante de los gatos. Felipe (nombre alusivo también) era el gato que lo acompañaba durante sus tarde noches de trabajo con la radio de fondo. El caso conmocionó la provincia, la familia aún hoy no ha hecho público el motivo de tan drástica decisión. Incluso se comenta que previo al suceso hubo un caliente ida y vuelta con un colega suyo. Pedro decidió suicidarse, lo que olvidó fue que los suicidas quedan en el umbral de la vida y la muerte, vagando errantes. La familia al muy poco tiempo vendió la enorme casa, son más que obvios los motivos. Incluso la misma fue vendida a un precio casi irrisorio, como para sacársela de encima rápidamente. En el lugar se abrió un jardín de infantes, el cual al poco tiempo se llenó de alumnos. En el piso de arriba abrieron varias aulas y la oficina de la directora, quien siempre era la primera en entrar y la última en irse. Esta oficina era la habitación donde Pedro se había suicidado. La historia comenzó un día en que una conocida mía me contó que los niños veían a un señor vestido de negro pasando por el pasillo, a mi conocida le vamos a poner el nombre de Alba. Cuando los chicos le decían “Seño, seño, ¿Quién es ese señor?” Alba se daba vuelta y no veía a nadie. Al principio relacionó todo con la imaginación de los niños, hasta ahí no había contado nunca nada. Me vino con la historia el día que desapareció uno de sus alumnitos. Se pueden imaginar los nervios de todo el personal buscando al niño por todos lados. La directora no quería llamar a la policía para no alarmar a los padres y las seños habían colapsado por la situación. A último momento, Alba encontró a su alumnito en el sótano de la casa. Entre retos, llantos y ovarios que descendían de las gargantas a sus respectivos lugares, Alba y la directora le preguntaron al nene como había llegado ahí abajo, cuando la puerta de entrada al sótano estaba cerrada con llave, llave que la directora guardaba en un cajón de su escritorio. El nene contestó que el “señor de negro” lo había llevado de la mano y le había dicho que se quedara a esperarlo que le traería un regalo. Un escalofrío recorrió toda la espalda de Alba, quien al momento fue citada a una reunión en privado en el despacho de la directora. Como era de esperar, se le pidió casi de manera amenazante que el hecho no trascendiera. Las llaves del sótano habían desaparecido del cajón de la directora. Obviamente Alba llegó muy shokeada a su casa y fue al poco tiempo cuando me enteré del suceso. Lo que comenzó a ocurrir después fue que los chicos veían un gato entrar por las ventanas de las aulas. Ya no eran solamente los alumnos de Alba, sino que eran todos los alumnos del jardín. Además, un hombre de negro asustaba a una seño pero no le llamaba la atención a un niño, un gato sí. Alba cuenta que observaba con horror cuando todos sus alumnitos se paraban a ver al gatito en la ventana y lo saludaban al tiempo que ella no veía absolutamente nada. Una mañana de invierno se comenzó a escuchar una radio en la oficina de la directora, comenzó suave, como el ruido de un aparato viejo. Luego el sonido empezó a aumentar, hasta que se hizo bastante molesto para mantener a los alumnos concentrados. Alba me comentó que parecía una especie de discurso lo que se escuchaba, una voz vitoreada por varias voces. Llegó un punto en el que se puso muy fuerte la radio y Alba decidió ir hasta la oficina de la directora para pedirle que bajara el volumen. Al llegar la habitación estaba cerrada. Alba golpeó una vez, volvió a golpear y nada, llamó a la directora y nada, luego de un minuto se asustó, pensando que quizás la directora se podía haber desmayado y comenzó a llamarla fuerte, sin gritar, por miedo a que se asustaran sus alumnos. Las demás seños salieron al pasillo y vieron la cara de nervios de Alba, llamando a la directora y tratando de no gritar al tiempo que les hacía gestos con las manos y la cara. La llamaron al unísono y nada, golpearon más fuerte y no se oían respuestas, la radio ya estaba a un volumen insoportable. De pronto subió un celador que dijo que sentía los ruidos de la radio desde el jardín de afuera. Vio a las seños desesperadas intentando abrir y pensó lo mismo que todas, que algo le podría haber pasado a la directora. Forcejeó un poco la puerta y luego la abrió con el hombro de un golpazo. El ruido se mezcló con el volumen de la radio, el cual se cortó en seco al abrirse la puerta… la habitación estaba vacía. Entraron todas las seños para ver si la directora estaba en el baño privado de la oficina y nada. Estando todos adentro apareció la directora que venía de hacer trámites, desde la calle. Jamás tuvo una radio en la habitación. La siguiente semana la directora puso su oficina en la planta baja, y dejó la habitación donde se suicidó Pedro como una despensa de materiales. Una tarde noche estaba en la casa de Alba y me llamó desesperada. Los papás de un alumno estaban llegando de viaje y estaban un poco demorados, le habían pedido a Alba que se quedara con su hijo a esperarlos en el jardín porque no tenían a nadie que lo pasara a buscar. Luego de una hora de espera la directora le dio las llaves de la entrada a Alba y le pidió que se quedara sola, porque ella tenía que volver a su casa y no se podía quedar más. Alba bajó al hall y se quedó con el nene. Al poco tiempo oscureció y comenzó a escuchar la radio desde arriba de las escaleras. Alzó al nene al tiempo que este señalaba para arriba y decía “mire seño ahí está el señor con el gatito Felipe”, salió al jardín de la casa y me llamó. Por una cuestión legal no pueden esperar a los padres del niño en la vereda del jardín, si pasa algo se les arma tremendo lío profesional. Alba estaba aterrada, todas sus cosas se habían quedado en el piso de arriba y al nene aún no lo pasaban a buscar. En el ínterin entre que llegué yo, pasaron a buscar al nene, pero Alba tenía las llaves de su auto, de su casa y su portafolio en el primer piso. No se había animado a contarles nada a los papás del nene, pero tampoco se había animado a subir ella sola a buscar las cosas. Yo realmente sabía un poco más de la historia. Sabía del suicidio pero jamás se lo quise comentar, para no asustarla, por lo que realmente estaba muerto de miedo. Debo aclarar que soy bastante miedoso, así que no me animé a subir solo. Cerca del jardín vive un amigo mío, así que lo llamé y al toque se vino. Si bien no sentía nada de ruido ni nada, en el ambiente había algo denso y negativo. Llegó mi amigo y le contamos más o menos lo que pasaba, él no entendía porque no me había animado a subir a buscar las cosas. Entonces fuimos los dos, comenzamos a subir las escaleras y nada. Llegamos al pasillo, a la derecha estaba la salita de Alba y al fondo la despensa con la puerta cerrada. Entramos los dos a la sala de Alba a buscar todas sus cosas, no sentíamos ruido ni nada, de pronto se empezó a escuchar un ruidito, como de alguien sintonizando una radio. Las piernas me comenzaron a temblar y le dije a mi amigo que nos fuésemos ya. Lo primero que hicimos al salir de la salita fue mirar hacia la despensa… la puerta estaba abierta. El corazón se me salió por la boca y le grité a mi amigo que nos fuéramos ya. Mi amigo me agarró de la manga de la campera y me dijo “esperá boludo, no seas cagón, no pasa nada, vení vamos a ver”. Le contesté que ni en pedo, que estaba loco, que la cortara y que bajáramos que estaba cagado en las patas. Él no quiso bajar y debo reconocer que el miedo se apoderó de mí. Le dije que no me hiciera eso, por favor, que me sentía un cobarde si me iba pero que estaba muerto de miedo, me vio temblando entero y tuvo algo de piedad. Me dijo “bueno, quedate vos acá y bancame, yo voy a ver”. Yo temblaba como nunca en mi vida, ya era tarde para decirle que no, el muy hijo de puta avanzaba decidido hacia la puerta de la despensa. De pronto la radio paró de sintonizarse y quedó fija en el discurso ese que escuchaban las seños. Entonces llegó a la puerta, miro para adentro y la puerta se cerró de golpe. Salimos los dos al palo… corrí desesperado e incluso no se en qué momento bajé las escaleras. Al llegar al hall mi amigo estaba blanco, Alba nos preguntó de afuera qué había pasado, qué habíamos visto. Mi amigo se apresuró a hablar y me calló, muy relajado dijo que no habíamos visto nada, que me estaba haciendo un chiste. Yo lo miré con cara de orto y le dije que no podía ser tan boludo de hacerme asustar así. Nos despedimos y cada uno se fue a su auto. Me subí al auto y me comenzó a sonar el celu, era mi amigo. “Bomur, llamo para contarte culiado, no te quise asustar porque estaba esta flaca y tenía un pánico tremendo, ella labura ahí y tiene que ir todos los días, pero no voy más a esa casa culiado”, le pregunté que qué había visto. Cabe aclarar que en ningún momento le contamos absolutamente nada de la historia, ni Alba ni yo. “No boludo, no sabés, estaba re oscuro, pero así como en sombras pude ver a un viejo vestido de negro acariciando un gato que tenía en los brazos”. Alba es mi amiga y se lo tuve que contar, ahí pasaba algo feo y no se merecía que le pasase nada raro. A los pocos días renunció. Hoy por hoy han renunciado todas y cada unas de las seños compañeras de Alba, todas por el mismo motivo… y el jardín sigue funcionando en el mismo lugar.

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¿Tenes fuego?
ParanormalporAnónimo1/30/2014

Nunca me gustaron estas cosas, tal vez por ser escéptico o tal vez porque en el fondo creía demasiado, pero Martín insistió tanto en jugar y estaban todos con tanta intriga que no quedó otra. El negro fue a la cocina a buscar la copa mientras con Pablito nos dispusimos a armar el diccionario con hojas de un cuaderno olvidado. Era verano, no me acuerdo si finales de Diciembre o Enero, pero agarramos un cuaderno que había quedado a mitad de apuntes del cuatrimestre anterior y pusimos manos a la obra. Al negro le habíamos encomendado una copa, pero vino de yapa con un Fernet y cuatro vasos. Estábamos en la terraza de lo de los viejos de Martín y la noche y el calor pedían alguna bebida espirituosa. Tincho era el que más ganas le tenía, así que se apresuro en armar el tablero y ni bien los vasos estuvieron llenos ya estábamos listos para jugar. Algunos dicen que hay que prender una o dos velas blancas, pero nosotros decidimos saltear ese paso. Al igual que este verano en Buenos Aires, en ese entonces también había muchos apagones de luz y las velas escaseaban. Los viejos de Martín tenían algunas en el freezer, pero más vale guardarlas para una ocasión que lo amerite y evitarnos una cagada a pedos. Todos más o menos sabíamos lo que teníamos que hacer. Pusimos los dedos en la copa y empezamos con las preguntas típicas. - ¿Hay algún ente que quiera comunicarse? La copa no se movió ni un poquito. Estábamos todos un poco nerviosos así que nos distendimos un rato charlando y tomando, dejando el dedo en la copa. Luego de un par de jodas, en las que Pablito se hacia el boludo y movía la copa adrede, nos pusimos serios y probamos de nuevo. - ¿Hay algún ente que quiera comunicarse? La copa se movió un poco torpemente y se detuvo sin ir a ninguna letra, retornando al centro. Lo cagamos a pedos al pobre de Pablito, que por la palidez de su cara dedujimos que él no la había movido. Quedamos todos en silencio por un momento hasta que Martín probó una vez más - Hay alguien que quiera comunicarse con nosotros. La copa se movio al SI. - ¿Como te llamás? – Volvió a preguntar Martin. La copa nuevamente se movía torpemente, deteniéndose por momentos a mitad de camino, pero formo la palabra HUGO. Nos quedamos unos segundos en silencio. Era evidente el cagaso que teníamos todos, apenas nos movíamos para cambiar la posición o tomar un trago, simulando tranquilidad. - ¿Te llamas Hugo? – Volvió a preguntar Martín. Queriendo distendernos de la situación le hice una broma acerca de la redundancia de la pregunta, pero nadie se inmuto La copa volvió a moverse al sí. Empezamos a preguntarles cosas normales. De donde era, que había sido en vida, etc. En realidad, solo preguntaban Martín y el negro, con Pablito nos limitábamos a observar. El ente –no se como referirme a él- nos contó que había sido obrero, que trabajaba en Pompeya, que había tenido dos hijos. Nunca nos fuimos a lo más oculto del juego. Digamos que nos quedamos en la zona confortable haciendo preguntas tranquilas, lo que nos llevó a relajarnos más, dado que al parecer no estábamos hablando con alguien malo. Sin embargo, nos relajamos demasiado. La cosa se empezó a poner fea cuando Pablito le pregunto que número iba a salir al otro día en la quiniela y nosotros le seguimos el chiste. La copa empezó a moverse en círculos, lo cual, según nos habían contado no era una buena señal. Yo me empecé a asustar un poco, para ser sincero. Con la mano libre saque un pucho como pude y les pedí fuego a los pibes, ellos no fumaban, salvo en “ocasiones especiales”, me acuerdo que los boludié un poco por hacerse los sanos y le dije a la copa “Hugo vos que sos piola ¿tenes fuego?” la copa empezó a moverse. No esperaba que se mueva, nadie esperaba que se mueva, pero empezó a moverse en círculos nuevamente y más rápido de lo que se movía. Se detuvo en seco y se movió nuevamente al SI. Para ese entonces ya estábamos todos hasta las manos del miedo nuevamente. Nos quedamos un rato callados, mirándonos, hasta que la copa volvió a moverse en círculos, empezó lento pero fue aumentando la velocidad. Todo empeoró cuando la única bombita que había en la terraza se apagó, junto a la luz del pasillo. “Otra vez se cortó”, tiró Pablito, pero desde la terraza podíamos ver como el resto de la manzana seguía con luz. Al toque la copa se detuvo en seco. El negro, que a veces es medio kamikaze, pregunto “¿Te enojaste?” la copa no se movió. El negro preguntó otra vez si estaba molesto, pero no hubo respuesta. Pablito fue el primero en preguntar si se podía retirar; la copa se movió al SI. Los demás preguntamos lo mismo pero no hubo respuesta. Decidimos cerrar la sesión. Sacamos los dedos, volvimos a llenar los vasos y nos quedamos en silencio un rato. La luz no volvió. Nos distendimos un rato hablando de fútbol, minas y boludeces por el estilo. A eso de las 4 de la mañana empezó a pegar el sueño, al otro día el negro y yo teníamos que laburar así que decidimos cerrar la sesión de boludeo también. Obviamente el cagaso no se nos fue, bajamos de la terraza todos juntitos. Martin se llevo la peor parte, se tenía que quedar en la casa cagado en las patas y sin luz, así que lo acompañamos a buscar un par de velas a la cocina antes de retirarnos. Nos despedimos y nos tomamos el palo cada uno por su lado. Yo agarre a mi fiel compañera bicicleta y emprendí viaje. Las calles de parque patricios nunca fueron muy luminosas, lo cual disimulaba bastante los cortes de luz. Paré en una esquina, busqué ese pucho pendiente que vagaba en mi bolsillo cuando veo que una silueta sale por detrás de uno de los arboles y me dice “¿Queres fuego?” alcanzandome un fósforo. Prendí el pucho y le tiré un gracias con el pucho entre los dientes, pudé ver en la oscuridad como me sonreía. Me dispuse a seguir camino, pero cuando me di vuelta para saludarlo, el tipo no estaba más: ni atrás del árbol, ni a mitad de cuadra ni en la esquina. Les voy a ser sinceros, no busque hasta el más recóndito lugar de la cuadra, agarre la bici y pedaleé lo más que pude. No entendí lo que paso esa noche, no se lo conte ni a los pibes –ni me iban a creer- pero que grande, Huguito che, yo sabía que eras piola. Mientras escribía esta experiencia, con el reproductor en aleatorio sono 3 veces seguidas estas canción (en 3 formatos distintos), por las dudas se las dejo

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"Espero que me extrañes..."
ParanormalporAnónimo12/26/2013

Dorothy Cooper Forstein había vivido en un estado de pánico durante cinco años, desde la tarde del 25 de enero de 1945. Ella estaba casada con Jules Forstein, un magisrado de la ciudad de Filadelfia, con el que tuvo 3 hijos: Myrna, Marcy y Edward, quien llevaba pocos meses de vida para ese entonces. Vivían en una casa de tres pisos en los suburbios de la ciudad. Aquella tarde de Enero, la señora Forstein dejó sus hijos en la casa de un vecino para que pudiera hacer algunas compras. Al regresar, la noche estaba cayendo. Entró en su casa tranquilamente, cuando de repente alguien salío desde el pequeño cuarto de abajo de la escalera y la atacó, golpeando a la mujer indefensa hasta dejarla inconsciente. Solo pudo gritar una vez. La policía irrumpió por la puerta de entrada de la casa de los Forstein y encontró a Dorothy yaciendo en un charco de sangre. Tenía rota la mandíbula y la nariz, un hombro fracturado y muchas lesiones. Había dinero y joyas en la casa, pero no faltaba nada. El móvil había sido el asesinato, dijo la policía. El agresor había entrado en la casa sin dejar huellas dactilares, ni forzar ninguna puerta o ventana. Y tampoco se encontró el menor indicio de cómo había salido de la casa. Dorothy Forstein solo declaró. "Alguien se me echó encima , no vi quién era. Él solo me golpeaba y golpeaba " , dijo ella con voz temblorosa a la policía. El juez Jules Forstein, su esposo, tenía una coartada irrefutable para la hora de la agresión. Y la señora Forstein no tenía enemigos conocidos. El agresor podía haber sido un enemigo de su marido, pero después de una investigación de varios meses, no se descubrió ningún sospechoso. Dorothy Forstein, aunque físicamente se recuperó lentamente, nunca llegó a reponerse emocionalmente de aquel ataque contra su integridad. Solía comprobar repetidas veces las cerraduras de seguridad que habían puesto en puertas y ventanas. Buscaba constantemente la compañía de parientes y vecinos, y a veces, durante aquellas reuniones, se sumía en un profundo silencio. Todo continuó con relativa calma en la vida de los Forstein, hasta la tarde del 18 de Octubre de 1949. En aquella ocación, el juez Jules Forstein llamó a su esposa para decirle que llegaría tarde, pues tenía que asistir a un banquete político. Ella se quedaría en casa con Marcy y Edward, dado que la mayor, Myrna de 19 años, habia ido a casa de una amiga. –No me retrasaré demasiado –dijo su marido–. ¿Va todo bien? El juez raras veces dejaba solos a su esposa y a sus hijos, debido al incidente acaecido en la casa cinco años antes. Pero en esta ocasión, Dorothy estaba alegre y aseguró a su marido que todo marchaba bien. –Espero que me extrañes –añadió. "Dorothy va mejorando", se dijo el juez Forstein cuando volvió tarde del banquete esa noche, cinco años después de la agresión. Ya dentro de la casa débilmente iluminada, lo primero que oyó fueron los gritos de sus hijos, Edward y Marcy. Les encontró acurrucados juntos en un dormitorio, llorando convulsivamente. –Es mamá –le dijeron–. ¡¡¡Algo estuvo aquí y se llevó a mamá!!! Forstein registró todas las habitaciones de la casa. Allí estaba su bolso, con el dinero y las llaves, pero Dorothy Forstein había desaparecido. No faltaba nada de la casa y la puerta principal aún estaba cerrada con llave. Curiosamente, el juez Forstein se retrazó dos días en hacer la denuncia a la policía. Marcy, de solo 9 años, dió el único testimonio. Contó, entre sollozos, que habían despertado unos fuertes ruidos en la noche y había corrido hacia el pasillo. A través de una rendija de una puerta, vio a un hombre que venía de la parte de arriba junto a su madre tumbada de bruces sobre la alfombra. –Parecía mareada– gimoteó la pequeña. Entonces el intruso había levantado a la madre y la había cargado sobre un hombro, con la cabeza colgando sobre su espalda. Marcy le preguntó al hombre que estaba haciendo. Este solo le contesto: “Vuelve a la cama. Tu madre se ha mareado, pero ahora estará bien”, y le acarició el cabello. Luego bajó la escalera llevándose a Dorothy Forstein, que sólo vestía su pijama rojo de seda y desapareció. Según su testimonio, unos quince minutos más tarde llegó su padre. Marcy declaró que el hombre tenía un sombrero marrón y una chaqueta marrón, que estaba en la edad de su padre, y ella nunca lo había visto antes . El testimonio de la pequeña fue puesto en tela de juicio por las autoridades, aunque ella constantemente lo afirmaba y las pericias psiquiatricas así lo cumprueban. Cuando llegó la policía, no encontraron huellas digitales en ninguna parte. Además, parecía increíble que un hombre que llevaba una mujer a cuestas hubiese podido salir de la casa sin apoyarse en algo. ¿Y por qué nadia había tratado de detenerlo al andar por una calle transitada, transportando una mujer inconsciente y en pijama? ¿Y cómo había entrado en la casa de los Forstein, con sus múltiples cerraduras de seguridad en puertas y ventanas? La policía investigó en todos los hospitales de Philadelfia así como en pensiones, casas de reposo, hoteles y en el depósito de cadáveres. Las pesquisas no revelaron ninguna información sobre Dorothy Forstein y el caso nunca fue resuelto. Con el tiempo, se publicaron libros y reportajes acerca de lo ocurrido. Pero Dorothy Forstein nunca apareció. Fuese quien fuere el hombre que secuestró y seguramente asesinó a Dorothy Forstein, se la llevó para siempre, dejando solamente el recuerdo de aquellas últimas palabras: “Espero que me extrañes” La historia hecha historieta: http://issuu.com/escritosangre/docs/dorothy_forstein__historieta_?e=0/6127697

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Muñeca Maldita en Mendoza
ParanormalporAnónimo1/6/2014

La muñeca poseída del Valle de Uco Extraños eventos marcan los 241 años de historia en San Carlos, un departamento tan tradicional como antiguo. Es de sorpresa y al mismo tiempo predecible para los habitantes, que todos los fines de año, cerca de las fiestas, muchos suicidios se sucedan, sobre todo en jóvenes. Mitos, leyendas, historias paganas de brujas, casas “tomadas” por algún ente, hechos de posesiones demoníacas en personas, son relatos comúnmente conocidos por los vecinos del lugar. Pero hace unos días se dio a conocer un hecho de lo más inusual, tanto, que los vecinos y medios locales tomaron como motivo de charla y noticia. Una mujer de 64 años, que se dedica a embalsamar animales y coleccionista aficionada, se encontró con ésta peculiar muñeca rubia, al ir a arrojar basura a La Salada. Tal fue la impresión que le dio la muñeca, por su pelo y cara angelical, que decidió traerla a su casa, donde sorpresivamente empezó a hablar y a conversar con su nueva dueña. En una entrevista con El mendolotudo, María Elena Coronel, reconocida periodista del Valle de Uco, quien tuvo la oportunidad de charlar con un familiar de la mujer y que además se animó a ir a la casa de la señora para conocer a la muñeca parlante; nos cuenta que todo lo que se habla es verídico, y que en parte, lo vivió en carne propia. “Ella la recogió porque le llamó la atención el pelo rubio, que pensaba recomponer con el pelo de otra muñeca que tenía en su casa. En la cara tenía un corte, como si alguien le hubiese pegado con algo.” Empieza a relatar María Elena, remarcando que la muñeca hablaba alimentada por una pila que tenía detrás. “Hola me llamo Sandrita- Fiorela-Paola. Tengo 5-7-9 años” era la grabación con la que respondía de forma aleatoria a las personas que le hablaban. Pero lo anormal empezó cuando la nueva dueña de la mujer le colocó un vestido, a lo que la muñeca respondió: “No me gusta este vestido mamá”. Sorprendiendo a la mujer, pues también la llamó por su nombre. La grabación solo permitía un margen para que la muñeca “hablara” pero cuando el esposo de la señora le preguntaba algo, la muñeca respondía distorsionando la voz del hombre. “Cuando la mujer se quedaba sola con la muñeca, ésta le decía que se fueran a algún lugar oscuro y lejos. Además iba con la muñeca para todos lados, a comprar, a visitar los vecinos y hasta la llevaba a la casa de los hijos asustando a los nietos, porque también les hablaba y los invitaba a andar en bicicleta llamándolos por su nombre.” Señala nuestra entrevistada. Tal fue la incertidumbre de la hija que convenció a la señora que llevara la muñeca a algún mecánico para que le sacaran la pila, y de esta forma dejase de hablar. Cuando llegaron al mecánico y este hizo fuerza sobre el tornillo para extraer la pila, la muñeca gritó como un niño, fue un grito de dolor. Los mecánicos le dijeron que llevaran a la muñeca porque no era bueno lo que tenía. Sin respuestas, se la llevaron de regreso a la casa, donde el marido de la mujer le decía a su esposa que la fuera a dejar al lugar donde la encontró, a lo que la muñeca siempre le respondía: “iCallate! ¿Qué estás hablando?” Al día siguiente el marido enojado fue a la iglesia a ver al párroco para que le diera una respuesta, si es que la había. El cura le dijo que la llevara urgente al lugar de donde la sacó, y le dio una botella de agua bendita. El hombre llegó a su casa y le esparció el agua sobre la cabeza de la muñeca, lo que provocó que dejara de hablar totalmente. Ya con algo solucionado, la familia decidió llevarla de vuelta al basural. En el camino casi llegando al lugar, sin aviso previo, se le cortaron los frenos a la camioneta del esposo quien decidió dejar la muñeca en el lugar. “Yo más no sé. Lo que me contaron es que el día que decidieron llevarla al basural, todos los vecinos se manifestaron en la casa de la mujer; yo pienso que era una fuerza paranormal que conspiraba para que la muñeca se quedara en la casa de la señora.” La historia no termina aquí, pues María Elena junto a su primo fueron a la casa de la señora para corroborar, pero la muñeca ya había sido devuelta a su lugar. Sin embargo, al entrar a la casa, sintieron olor a muerto, a cuerpo en descomposición. “Te lo juro por lo más sagrado que tengo en mi vida, yo sentí ese olor en la casa.” Cuenta la periodista agitada. “Yo le pregunté a la señora si se sentía bien, y ella me respondió que no, que ahora escucha ruidos en la casa constantemente.” Finaliza el relato. El viernes a la mañana, unos curiosos fueran al basural a buscar a la muñeca y la expusieron al público en la plaza de San Carlos. Apoyada en el mástil de la bandera yacía la muñeca con el vestido rosado que su ex-dueña le había puesto; rodeada de gente intrigada, quienes intentaron iniciar una charla para grabarla en sus dispositivos, pero notaron que todos sus archivos y contactos habían sido borrados de la nada. Los relatos dicen que actualmente la muñeca está en manos de una vecina que ha dicho que va a quemarla y enterrar las cenizas. Mendoza: queman a la "muñeca maldita" que aterrorizó a una familia Una mujer la encontró en un basural y en pocos días la enloqueció. Al parecer, el juguete hablaba y contaba datos reales de varios habitantes de la localidad de San Carlos. ¿Una película de terror? La espeluznante historia que contó una periodista mendocina revolucionó la ciudad de San Carlos y llenó de miedo a los vecinos a partir de los dichos de una mujer de 75 años muy creyente. Según relató, la mujer que habitualmente recicla objetos desechados, la habría encontrado en un basural y le llamó la atención el color rubio de su cabellera. "Te quiero mamá", dijo la muñeca luego de ser lavada y puesta al sol para secarse. Esa fue la primera de las frases que cambiarían su vida por completo. Según relataron los familiares de la mujer tras hacer averiguaciones, la muñeca había sido comprada en Chile junto a otras dos y poseían un sistema de respuestas verbales programadas. Aunque cuando escucharon "vámonos a vivir solas, mamá", supieron que no coincidía con los sonidos predeterminados. "Este vestido no me gusta", comenzó a reclamar el objeto parlanchín que ponía una voz ronca cuando hablaba con la mujer. Esta ama de casa comenzó a compartir todas sus actividades con el juguete de plástico para la preocupación de su familia que pedía terminar la insólita relación. "Vos callate", le escucharon decir cuando el marido le ofreció destruirla y "Sos una mala madre", ante el reclamo de una de sus hijas de carne y hueso. Otro día anunció que les iba a cantar y, aunque probaron mil veces apagando el botón que tenía en su cuerpo, la macabra cantó casi una hora seguida. Su fe la llevó a consultar con un sacerdote de la localidad de Eugenio Bustos, quien bendijo con agua bendita el objeto y aconsejó a la señora devolverla al lugar donde había sido encontrado. Según relataron los testigos, cuando fueron a quemar y enterrar a la muñeca maldita al mismo basural, sufrieron desperfectos mecánicos en el coche y hasta debieron hacerle frente a una tormenta de viento y tierra. Pocos días después, unos chicos cautivados por el relato rescataron a la muñeca para exponerla en la plaza y alimentar las supersticiones de la comunidad. Fue una mujer muy creyente de la villa sancarlina la que cumplió con la destrucción del juguete, quemándolo en el fondo de su casa.

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El misterioso viejo del puesto
El misterioso viejo del puesto
ParanormalporAnónimo1/8/2014

Este relato no es mio... A ver, no soy muy de contar estas cosas por lo típico, no me gusta que después me tilden de loco, pero esta les puede servir, por lo que a mi atañe la primera parte es un hecho verídico ciento por ciento y que paso en mi finca, Concretamente me paso a mí. Tenía unos 20 años (hoy tengo 38) y solía quedarme solo en el campo de mis viejos, una finca bastante grande, que en uno de sus límites tiene la casa donde nos quedábamos a dormir varias veces por semana ya que mi viejo es agricultor y en la temporada le gusta estar ahí, al pie del cañón. Muchas veces se venían al centro y a mí me dejaban solo en esa casa, más que nada para que alguien de la familia quedase encargado de lo que pasaba en la propiedad, esas ausencias de mis viejos podían ser de un solo día o a veces de varios pero hasta ese momento yo no era miedoso así que no me importaba. Es más lo disfrutaba. La casa es bastante grande y tiene un gran jardín y no muy lejos, a unos ciento cincuenta metros, hay otra casa donde vive Pedro, el tractorista y unos perros . Esa noche estaba viendo TV, bastante cansado y con hambre. Tanto como para vencer el cansancio y decidirme a ir al galpón, sacar la camioneta de mi viejo (él siempre me la dejaba y se iba en el auto) e ir al almacén de la zona a comprar algo porque nada de lo que tenía en la casa me gustaba, de paso podía visitar a mi novia (la hija del dueño) y aprovechar para quedarme a cenar (según mi suegro yo ostentaba el cargo de “cenador” vitalicio en su casa). No lo pensé dos veces, el tanque de agua de la casa estaba vacío pero el pozo no, (tenemos una pileta donde cae el agua del pozo de riego, es chiquita, solo para recoger el agua y mandarla por la acequia) así que salí y me di un chapuzón como para no apestar tanto, eran las nueve de la noche y la única luz que había eran las luces exteriores del galpón, a unos diez metros de la pileta y la luz propia del pozo, un foquito miserable que alumbraba menos que una vela, pero bueno, se veía. Me lave lo mejor que se se pudo, teniendo en cuenta la temperatura de la noche y sobre todo la del agua. Salí rápido y cagado de frío, en eso (acá empezó la joda) se cortó la luz, no estaba tan oscuro como para que no se pudiera ver, por lo menos al aire libre. Me seque y pensando como carajo iba a sacar la camioneta del galpón, ya que la oscuridad ahí si era absoluta y hay que abrir varios candados y está lleno de cosas se me iba a complicar un poco. De todas maneras era cuestión de llegar hasta la camioneta nada mas ya que de ahí con las luces de la camioneta se me simplificaba todo. Cambiado y limpio agarre las llaves de la camioneta, cerré la casa, y mientras caminaba hasta el galpón escuche pasos atrás mío, mire, pero no vi nada. Ya bastante inquieto me apure a entrar al galpón, pero mientras lo hacia escuche un murmullo suave, muy claro, me hablaba a mi, me llamo por mi nombre ¡Ni decir que me cague entero! Se me cayeron las llaves y me pegue en la cabeza con el marco, pero ni lo sentí, lo único que hacia era mirar para todos lados. Como pude y tanteando abrí el candado y entre al galpón a los tropezones, otra vez el susurro pero encima mío, como si quien me hablara lo hiciera sobre el hombro, muy cerca “… Ariel … Ariel …” Salí corriendo del galpón, esta vez, no sé ni cómo hice, porque no me tropecé con nada, corrí a la casa, pero había soltado las llaves así que no pude entrar, todo un tema teniendo en cuenta que al galpón no entraba de nuevo ni en pedo. Se me ocurrió ir a la casa del tractorista, total no era tarde, empecé a correr pensando en una excusa para que el tipo me dejara quedarme ahí con él, con los pasos sonando ahí cerca atrás mío… un “incentivo” que me hizo correr como nunca. Cuando llegue, con el miedo que llevaba di unos golpes que casi le tiro la puerta al pobre viejo, que salió más asustado que yo a ver que pasaba, y yo le largue todo tal cual me había pasado sin excusas, le pedí que me dejara quedarme ahí con él y su señora porque solo en la casa yo no me quedaba. Le dije que escuchaba voces… pasos… total, me daba igual lo que pensara. Para mi sorpresa me dijo que a él le pasaba todas las noches y que aparte de voces y pasos sentía que alguien lo miraba e incluso que en un par de ocasiones había sentido que “algo” lo tocaba…. De inmediato me pregunto dónde estaba Sultán, mi perro, que raramente se separaba de mi cuando no estaba en la casa y la verdad ahí recién me di cuenta que no lo había visto desde hacía rato, según me explico era normal, que los de él siempre se escondían cuando le pasaban esas cosas y me dijo que era inútil buscarlo hasta el día siguiente. Estuvimos toda la noche hablando en la cocina de su casa, tomando mate me contó varias cosas que le pasaron a él, no solo escuchar que lo llamaban sino ver “cosas raras” y, a medida que me contaba se iba soltando, hasta que me dijo, que me iba a contar algo, que con lo que me acababa de pasar se lo iba a tener que creer . Según me dijo, casi todos los días aparecía un hombre viejo, del otro lado del alambrado, que todos en la finca lo conocían y se apartaban de él, pero siempre alguno caía y le daba conversación, alambrado de por medio, aprovechando para descansar un poco. Me lo describió como un hombre de unos 70 años, siempre con un cigarro en la boca, rotoso y evidentemente borracho, que preguntaba sobre los dueños de la finca y el trabajo que se hacia allí, cuanto les pagaban y a quien debía pedirle trabajo. Todos al verlo al “pobre viejo” le decían que no había trabajo, porque parecía que de pedo se tenía en pie, a lo cual el tipo saludaba y seguía camino calle arriba, medio rengo. Según Pedro el tipo inspiraba más lástima que miedo y más de una vez el le había dado algo de comer (o de tomar, supongo) y que no se veía raro, más que nada lo evitaban por cansador . Un día, Pedro no tenía nada que hacer, acababa de terminar de lavar el tractor (era sábado) y estaba solo en su casa, a eso de las doce preparándose algo de comer. Cuando sintió que aplaudían afuera de su casa, era el viejo este que le hizo la pregunta de siempre, cuando podía hablar con mi papá para pedirle trabajo, él lo despacho rápido diciéndole cualquier cosa, porque estaba cansado, y quería almorzar, pero se arrepintió ni bien entro, agarro un par de paquetes de mercadería con intención de darle al pobre viejo que se veía peor que nunca, cuando salió no lo vio más, era imposible que hubiese caminado tan rápido, y cerca de esa casa no hay donde esconderse, se cruzó el alambrado saliendo a la calle para ver mejor y ahí nomás se arrepintió. Donde estuvo parado el viejo la calle era de tierra muy suelta, muy fácil de dejar huellas, pero las únicas que había aparte de las de él, eran de un animal, y coincidían perfecto donde había estado parado y en la dirección hacia donde se fue, además se terminaban de golpe unos metros más allá. Medio que no le creí el relato y dije este está aprovechando lo que me paso para tomarme el pelo, él se dio cuenta y me dijo que eso no era lo peor, lo peor es que cuando lo contó en la finca a varios les había pasado lo mismo, por lo que se pusieron de acuerdo y fueron caminando por la calle en la dirección que siempre pasaba el viejo, fueron todos, la calle no llevaba a ningún lado, terminaba entre la maleza… Uno de ellos, en el almacén, de puro bocón, contó lo que pasaba y le preguntaron que como era el viejo, cuando se los describió todos cambiaron la cara. El “viejito” era Don Camilo, un finquero de la zona, que cuando joven fue puestero, pero hizo un trato con “el otro” y se había hecho muy rico de golpe, después de un tiempo perdió todo por malos negocios, así que sus últimos años los paso viviendo medio loco en el monte y buscando trabajo para comer, se decía que todas las noches le reclamaba a los gritos al diablo que no había cumplido su parte del trato… Esto en el almacén lo confirmaron, además me dijeron que cuando salía de noche, llamaba a todos por el nombre, despacio, para no asustarlos…

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