InicioParanormalEl cuartito del fondo
Los romanos construían sus casas separadas entre si para evitar inconvenientes ya que creían que en las paredes habitaban los antiguos moradores de las viviendas. No siempre son necesarios viejos habitantes para que los ladrillos estén impregnados de emociones ajenas

El cuartito del fondo

-Mamá me quiero mudar al cuartito de atrás, ya tengo 13 y no quiero estar en la pieza de Belén, ella es nena y no quiero. Además el cuartito está vacío, es un quilombo, pero yo lo arreglo, tiro todo y meto la cama – reclamó Matías enérgico señalando a una habitación que separadas del núcleo de la casa había servido de galponcito durante años- Dale vieja, yo me encargo de todo, saco las cosas, además el tío me contó que de chico el durmió ahí un tiempo, quiero poner mis cosas, dale!

La madre lo miró a Matías tratando de que con sólo su mirada lograr convencerlo de desistir en el pedido.

-No seas así vieja, dale, ya pensé todo, saco todo a la mierda de ahí y meto la cama, el equipo, pego posters, mi ropa… vos dormiste un tiempo ahí, dale! Yo me encargo de todo, en serio, yo limpio también.

-Matías sabes que no quiero ni que entres ahí, ni el gato se mete y vos querés dormir ahí?- le contestó la madre frunciendo el ceño y mirando hacia otro lado ahora, como restándole importancia.

- Dale ma, no me jodas, vos ni te enteras, yo me mudo ahí, me armo mi pieza, si vienen los chicos no tengo que rajar a Bele, dale, copate!

La madre, ya mirándolo a los ojos le dio un mate casi mecánicamente, se sentó y lo invito a sentarse a él también. – ¿Te dijo tu tío porque se fue de ahí?

- No, no me dijo, pero el durmió ahí banda de tiempo, y vos también, un montón de años.

-Pero también me fui de ahí – lo interrumpió la madre- ahí pasan cosas raras Mati. Te voy a contar, pero me prometes que no le decís nada a tu hermana que no la quiero asustar.


-Dale. No le digo nada



-Esa habitación la construyó el abuelo cuando creció tu tío, para que él tuviera su pieza y yo la mía. El durmió mucho tiempo ahí, pero cada tanto le pasaba que no podía dormirse y se venía a mi pieza. Una de esas veces, yo me enojé con él. Me molestaba que viniera, me desacomodaba todo. Entonces lo eché, que se volviera a su pieza. Y se fue, cuando llegó a su habitación empezó a los gritos. No había nada, pero estaba la luz prendida y el juraba que la había apagado. Yo lo tildé de miedoso, pero él aseguraba que la había apagado. El abuelo, mi papá, lo mando a dormir igual, pero antes revisó todo y no encontró nada.
Al poco tiempo, tu tío estaba durmiendo y se le prendió la luz de golpe, varias veces le paso eso, con el velador y con la lámpara del techo, entonces tu abuelo llamó a un electricista. Una animalada le cobró, cambió todos los cables pero se seguían prendiendo las luces.





Una vez se me prendieron a mi, tu tío no estaba y yo volvía tarde de no se donde y cuando pasé por la puerta de la habitación, tan! Se prendió la luz. Pero no le di bola, me quería acostar, así que fui y la apague.

Tu tío se cansó de eso y me pidió que le cambiara la pieza y como la de él tenía ventana al patio me mudé. A mi nunca se me prendió la luz, pero si me pasaron otras cosas. Las puertas se habrían, despacio, no era que daban un portazo, pero yo las había cerrado bien. O las ventanas, también todo despacio, como para no asustarse, pero yo me acostaba, y veía como la ventana que terminaba de cerrar se abría despacito, hasta quedar completamente abierta. Nunca le preste atención, pero un día paso algo más raro.




-¿Qué pasó?- preguntó Matías mientras le devolvía el mate, él no tomaba.

-Estaba durmiendo boca abajo, lo mas bien, cuando empecé a sentir que me apretaban desde atrás. Imaginate, yo boca abajo, y sentía como que me apretaban contra la cama, fue poquito, pero me empujó bastante y se fue. Me levante corriendo a buscar a tu tío, vinimos revisamos todo y no había nada, por si las dudas dormí con la luz prendida.
A los pocos días me paso de nuevo, pero mucho más fuerte. Otra vez estaba de espaldas y me empezaron a empujar, sentía como si a mitad de la espalda alguien se me hubiera sentado y cada vez empujaba mas, cada vez pesaba más. Traté de moverme y no podía, trate de gritar y no tenía aire para hacerlo, esto que me empujaba no me dejaba respirar como para tomar aire y llamar a mi papá. Entonces me puse a pensar en mi abuela, ella había muerto hacía poquito, la abuela Tita. Si esta presencia era mala, ella me podía ayudar. Entonces mentalmente, porque no podía ni hablar, la empecé a llamar: “abuela, abuela, vení, decile a esto que tengo encima que se vaya, que me hace mal, abuela, ayudame, abuela…”.
Puerta

Cuando ya me sentía mal, porque no respiraba, eso que me empujaba empezó a aflojarse, se empezó a levantar hasta que se fue, y yo volví a respirar. Igual no me quería mover, estaba muy asustada, era un poco más grande que vos, pero no mucho. Cuando me di vuelta no había nada, pero cuando me paré, la luz se prendió sola y se abrió la puerta, salí corriendo.

Desperté a toda la familia y al otro día empecé a dormir otra vez con tu tío y esa habitación quedó vacía y la llenamos de bártulos, se transformó en galponcito.
Entendés Mati, por eso no quiero que duermas ahí.

Matías miró fijamente a los ojos a su mamá, le tomo una mano y sin soltarla le dijo la frase que dio por terminada la conversación.

-Mamá, yo ya conocía tu historia. ¿Por qué pensas que me quiero mudar ahí?





La historia no es mía
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