InicioParanormal¿Tenes fuego?


Nunca me gustaron estas cosas, tal vez por ser escéptico o tal vez porque en el fondo creía demasiado, pero Martín insistió tanto en jugar y estaban todos con tanta intriga que no quedó otra. El negro fue a la cocina a buscar la copa mientras con Pablito nos dispusimos a armar el diccionario con hojas de un cuaderno olvidado. Era verano, no me acuerdo si finales de Diciembre o Enero, pero agarramos un cuaderno que había quedado a mitad de apuntes del cuatrimestre anterior y pusimos manos a la obra. Al negro le habíamos encomendado una copa, pero vino de yapa con un Fernet y cuatro vasos. Estábamos en la terraza de lo de los viejos de Martín y la noche y el calor pedían alguna bebida espirituosa.

Tincho era el que más ganas le tenía, así que se apresuro en armar el tablero y ni bien los vasos estuvieron llenos ya estábamos listos para jugar. Algunos dicen que hay que prender una o dos velas blancas, pero nosotros decidimos saltear ese paso. Al igual que este verano en Buenos Aires, en ese entonces también había muchos apagones de luz y las velas escaseaban. Los viejos de Martín tenían algunas en el freezer, pero más vale guardarlas para una ocasión que lo amerite y evitarnos una cagada a pedos. Todos más o menos sabíamos lo que teníamos que hacer. Pusimos los dedos en la copa y empezamos con las preguntas típicas.

- ¿Hay algún ente que quiera comunicarse?

La copa no se movió ni un poquito. Estábamos todos un poco nerviosos así que nos distendimos un rato charlando y tomando, dejando el dedo en la copa. Luego de un par de jodas, en las que Pablito se hacia el boludo y movía la copa adrede, nos pusimos serios y probamos de nuevo.

- ¿Hay algún ente que quiera comunicarse?

La copa se movió un poco torpemente y se detuvo sin ir a ninguna letra, retornando al centro. Lo cagamos a pedos al pobre de Pablito, que por la palidez de su cara dedujimos que él no la había movido. Quedamos todos en silencio por un momento hasta que Martín probó una vez más

- Hay alguien que quiera comunicarse con nosotros.

La copa se movio al SI.

- ¿Como te llamás? – Volvió a preguntar Martin.

La copa nuevamente se movía torpemente, deteniéndose por momentos a mitad de camino, pero formo la palabra HUGO. Nos quedamos unos segundos en silencio. Era evidente el cagaso que teníamos todos, apenas nos movíamos para cambiar la posición o tomar un trago, simulando tranquilidad.

- ¿Te llamas Hugo? – Volvió a preguntar Martín. Queriendo distendernos de la situación le hice una broma acerca de la redundancia de la pregunta, pero nadie se inmuto

La copa volvió a moverse al sí.

Empezamos a preguntarles cosas normales. De donde era, que había sido en vida, etc. En realidad, solo preguntaban Martín y el negro, con Pablito nos limitábamos a observar.

El ente –no se como referirme a él- nos contó que había sido obrero, que trabajaba en Pompeya, que había tenido dos hijos. Nunca nos fuimos a lo más oculto del juego. Digamos que nos quedamos en la zona confortable haciendo preguntas tranquilas, lo que nos llevó a relajarnos más, dado que al parecer no estábamos hablando con alguien malo. Sin embargo, nos relajamos demasiado.

La cosa se empezó a poner fea cuando Pablito le pregunto que número iba a salir al otro día en la quiniela y nosotros le seguimos el chiste. La copa empezó a moverse en círculos, lo cual, según nos habían contado no era una buena señal. Yo me empecé a asustar un poco, para ser sincero. Con la mano libre saque un pucho como pude y les pedí fuego a los pibes, ellos no fumaban, salvo en “ocasiones especiales”, me acuerdo que los boludié un poco por hacerse los sanos y le dije a la copa “Hugo vos que sos piola ¿tenes fuego?” la copa empezó a moverse. No esperaba que se mueva, nadie esperaba que se mueva, pero empezó a moverse en círculos nuevamente y más rápido de lo que se movía. Se detuvo en seco y se movió nuevamente al SI. Para ese entonces ya estábamos todos hasta las manos del miedo nuevamente. Nos quedamos un rato callados, mirándonos, hasta que la copa volvió a moverse en círculos, empezó lento pero fue aumentando la velocidad. Todo empeoró cuando la única bombita que había en la terraza se apagó, junto a la luz del pasillo. “Otra vez se cortó”, tiró Pablito, pero desde la terraza podíamos ver como el resto de la manzana seguía con luz. Al toque la copa se detuvo en seco.

El negro, que a veces es medio kamikaze, pregunto “¿Te enojaste?” la copa no se movió. El negro preguntó otra vez si estaba molesto, pero no hubo respuesta. Pablito fue el primero en preguntar si se podía retirar; la copa se movió al SI. Los demás preguntamos lo mismo pero no hubo respuesta. Decidimos cerrar la sesión. Sacamos los dedos, volvimos a llenar los vasos y nos quedamos en silencio un rato. La luz no volvió. Nos distendimos un rato hablando de fútbol, minas y boludeces por el estilo. A eso de las 4 de la mañana empezó a pegar el sueño, al otro día el negro y yo teníamos que laburar así que decidimos cerrar la sesión de boludeo también. Obviamente el cagaso no se nos fue, bajamos de la terraza todos juntitos. Martin se llevo la peor parte, se tenía que quedar en la casa cagado en las patas y sin luz, así que lo acompañamos a buscar un par de velas a la cocina antes de retirarnos.

Nos despedimos y nos tomamos el palo cada uno por su lado. Yo agarre a mi fiel compañera bicicleta y emprendí viaje.

Las calles de parque patricios nunca fueron muy luminosas, lo cual disimulaba bastante los cortes de luz. Paré en una esquina, busqué ese pucho pendiente que vagaba en mi bolsillo cuando veo que una silueta sale por detrás de uno de los arboles y me dice “¿Queres fuego?” alcanzandome un fósforo. Prendí el pucho y le tiré un gracias con el pucho entre los dientes, pudé ver en la oscuridad como me sonreía. Me dispuse a seguir camino, pero cuando me di vuelta para saludarlo, el tipo no estaba más: ni atrás del árbol, ni a mitad de cuadra ni en la esquina. Les voy a ser sinceros, no busque hasta el más recóndito lugar de la cuadra, agarre la bici y pedaleé lo más que pude. No entendí lo que paso esa noche, no se lo conte ni a los pibes –ni me iban a creer- pero que grande, Huguito che, yo sabía que eras piola.





Mientras escribía esta experiencia, con el reproductor en aleatorio sono 3 veces seguidas estas canción (en 3 formatos distintos), por las dudas se las dejo


Datos archivados del Taringa! original
50puntos
500visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
14visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

s
skaskaskaa🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts6
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.