river87lospiojos
Usuario (Argentina)
Buenas, les comparto este ensayo sobre Los Pichiciegos que hice para el profesorado, espero que a alguno le sirva, je. Introducción En el siguiente ensayo hablaremos sobre Los Pichiciegos, una novela de ficción escrita por Rodolfo Fogwill publicada en 1983. La historia de esta novela nos sitúa en el 1982, año en tuvo lugar el conflicto armado entre Argentina y Gran Bretaña conocido como “Guerra de Malvinas”. El motivo fue la disputa por la soberanía sobre las Islas Malvinas, territorios que se encuentran en el Océano Atlántico Sur. Tomando como tema central el hecho de que el Gobierno Militar Argentino, que por ese entonces era de facto, envió a miles de "pibes" a combatir a las islas, Fogwill escribió esta novela en la que se relata de manera ficticia las distintas estrategias que utilizaron un grupo de soldados argentinos autodenominados “pichiciegos”. El propósito de este ensayo es analizar de manera crítica distintas características de la novela: la representación de los distintos hechos históricos en la misma, la filosofía de vida de los protagonistas, el lenguaje empleado, las estrategias narrativas y la historia en sí, es decir, hasta qué punto se ve reflejada la Guerra de Malvinas en la trama que nos ofrece la novela. En este ensayo no se intenta ni justificar ni denigrar ningún aspecto de la Guerra. Sólo se analizará la misma a través de los sucesos que transcurren en novela. Desarrollo Para comenzar, me gustaría citar a Cristian Jara , periodista y escritor peruano: “Si hay un interés en conocer de cerca la obra de este magistral narrador que podría estar considerado entre lo mejor de la actual narrativa argentina no debe dejar de asomarse por esta trinchera, tan contemporánea como quijotesca que es Los pichiciegos, porque es la historia de algo que no suele ocurrir en una guerra, es la historia no contada, la más imaginada porque todo soldado tiene un bichito adentro que le golpea preguntas. Y es ahí donde la intención funciona porque es audaz, porque así como hay gusanos que se arrastran escondidos bajo tierra, también los pichiciegos miran sin dejarse mirar, corren temerosos de volar como ovejas que al pisar una mina saltan por el aire (1).” Adentrándonos en la historia, comenzamos con una serie de descripciones y diálogos que denotan ya de entrada la situación de los personajes principales: los soldados argentinos en Malvinas. Estos soldados decidieron dejar de combatir con el propósito de volver a sus casas. Es decir, su objetivo ya no era ganar la guerra, sino que ahora se volcaron a sobrevivir, cualquiera sea la manera, para ‘volver al continente’ y reencontrarse con sus familias. Para poder lograr este nuevo objetivo (no tan nuevo, después de todo ¿qué soldado nunca tiene como objetivo volver a su casa?) este grupo de chicos decidió cavar una trinchera secreta y estratégicamente ubicada, en la que pasarán sus días hasta que termine la guerra. Decidieron autodenominarse “pichiciegos” y, en efecto, el lugar fue denominado “la pichicera”. Narra la novela: “[…] nadie había oído hablar del pichiciego. El santiagueño les contó: - El pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -una caparazón- y no ve. Anda de noche(2).”, es decir, los pichis (como de ahora en más denominaré a este grupo de soldados argentinos) habían decidido vivir, o mejor dicho sobrevivir, debajo de una trinchera cavada por ellos mismos que, a medida que pasaban los días, fueron adaptando a sus necesidades. La pichicera tenía una organización que consistía en que “Los Reyes Magos” eran los que mandaban, y los demás pichis obedecían. También consistía de un almacenero que controlaba las provisiones, y de patrullas que se encargaban de conseguir estas últimas. Podemos decir que los pichiciegos fueron un grupo de soldados que fueron a sobrevivir a las islas: soportando frío, hambre, falta de equipos, de provisiones y padecer el injusto maltrato de los comandantes de alto rango del Ejército Argentino. Mirando desde el punto de vista de éste último, se podría decir que los pichis son un grupo de desertores que abandonaron cobardemente su puesto por puro egocentrismo. Pero si analizamos la mirada de los propios soldados, podemos decir que con el sólo hecho de haber ido a las islas a soportar el frío y el hambre que les hicieron pasar los militares de alto rango, esos chicos fueron unos héroes y que no merecen ser castigados con ninguna condena, ya sea por parte del Ejército o por parte de la sociedad argentina. En muchos de los pasajes de la novela, podemos ver que los pichiciegos admiraban a los soldados ingleses, y tenían como espectáculo las maniobras de sus aviones en el aire. También, para poder conseguir provisiones y demás estrategias de supervivencia, los pichis debían “tranzar” con sus “enemigos”. Cristian Jara dice: “Tranzar con el enemigo es tarea imposible pero ellos, muertos de hambre, asumiéndose muertos en vida, salen en busca de alimento o baterías y tienen su pichicera lista para el ataque. La mayor parte ha venido de provincia a conformar ese batallón donde los Reyes Magos desatan el truco que los salva y aman su país y sueñan con regresar a casa pronto, pero admiran la sofisticación del armamento inglés, cuyos soldados bien alimentados, rosados y de ojos grises, miran con lástima al enemigo argentino. El cielo es la fiesta de los Harriers que lanzan proyectiles y calientan el aire con su sobrevuelo y peor aún son los helicópteros que recorren la isla que se ha convertido en una trampa. Pero todo llega, tarde o temprano, como se dice, incluso el día de la rendición, cuando no queda mayor remedio que correr con un papelito en la mano y hacer la cola entre los rendidos.“ La miseria humana y la desesperación que podemos ver en la novela hace que estos actos, que algunos podrían tildar de vendepatrias, deshonrosos, cobardes o mercenarios, puedan ser entendidos por el lector; ya que ante situaciones de tales características la persona humana tiende a comportarse de la manera más instintiva que puede, para lograr sobrevivir. Y aquellos que llamen de esa manera a las desesperadas acciones de aquellos muchachos puedo afirmar que es gente que nunca en su vida supo lo que es la justicia y las ganas de vivir. Mirando otros aspectos, el lenguaje utilizado en la novela tiene una crudeza de gran magnitud. Escuchar las puteadas de los soldados contra ellos mismos nos hace ver el nervioso estado de supervivencia en el que los mismos se encontraban. Las pequeñas historias que éstos cuentan para distenderse nos dan también indicios de la desesperación ante tal situación. Pero más allá de esto, la manera en que los pichis relatan con admiración y encandilamiento muchas de las características de los ingleses nos hace ver otra cruda realidad: la diferencia entre los argentinos y los británicos era inmensa. Era inmensa en el sentido de preparación militar, de provisión de armas y equipamientos, de comida y abrigo… Pero en lo único en que estaban iguales era en el amor de cada uno por su bandera: unos por defender a una causa que sus gobernantes les hicieron creer justa; y otros por volver a su país, a su cobijo natal, aquel inmenso país en el que pasaron sus cortos años de vida y quisieran quedarse allí para siempre, sin importar la desdicha que en esa tierra se pueda sufrir. Con respecto a la narración, volvemos a citar a Cristian Jara: “Fogwill se recrea con el lenguaje, hace pausas justas y nos conduce por su inagotable laberinto de palabras, fabula con maestría, sumergiéndonos en paralelismos de los que aflora con casco de soldado e ileso como un pichiciego. […]En los diálogos tan informativos como burlescos donde la canallada y las grandes diferencias logísticas entre uno y otro bando dan por concluida la guerra desde un principio, pero la condición de Pichi a veces es desesperante por el temor de lo que se avecina. Cuando la idea de la supervivencia se ve reducida a un deterioro prolongado es la muerte la que acecha. […] En esa absurda desequilibrada guerra la técnica de Fogwill es un contagio de pericia, como si se tratara de una estrategia de ataque en la que pone sus armas ocultas en un principio para luego mostrarlas de a poco cuando ya es un logro la historia que nos ha narrado, cuando el final se acerca de manera inesperada, en la voz de un narrador que desde un inicio se ha portado como un valiente Aníbal (3).” Creo yo que al finalizar de leer la novela, uno tiene un “giro de rosca” con respecto al tema de los soldados en Malvinas. Más allá de que la sociedad argentina en general sepa fehacientemente que los soldados jóvenes no fueron lo suficientemente preparados ni lo mejor tratados por parte de sus militares de alto rango, la novela hace que uno tenga una mirada cruenta y espeluznante de las situaciones terroríficas que sufrieron esos soldados improvisados en las islas, hayan decidido luchar contra el “enemigo” o luchar con el único objetivo de volver a casa. Considero poner la palabra “enemigo” entre comillas porque en la situación de los pichiciegos los verdaderos actores antagónicos que tuvieron fueron su propio gobierno y su propio ejército, incluso más que los soldados británicos. Ficticia o no, la historia nos hace ver la crudeza del ser humano, las situaciones a las que el poder y la perversión pueden hacer llegar, haciendo que en momentos nuestros impulsos de supervivencia más bajos salgan a flote. La historia, al final, nos deja con la incertidumbre de poder saber si fue algo real o algo ficticio. Si quisiéramos refutar la idea de que la historia es ficticia, más allá de que se nos muestren infinidad de referencias históricas, características de tiempo y espacio acertadas con el contexto bélico, uno de los hechos que nos quita esta idea es, por ejemplo, que en el final solamente quede un pichi solo con vida, el cual nos relata casi toda la novela y, en la penúltima parte nos haga ver un salto en el tiempo hacia el momento en que este supuesto pichi está contando la historia a un supuesto entrevistador. Pero, ¿quién podría haber sido el entrevistador de un soldado de Malvinas en aquellos, ni bien acababa la guerra? Teniendo en cuenta el contexto sociocultural de la Argentina de aquellos años, en el cual los soldados fueron ocultados y ninguneados por muchos, me atrevo a decir que serían muy pocos los que se hubieran animado a publicar estos hechos que hablan muy mal del reciente gobierno de facto que dejaba la Argentina en 1983. Es decir, la improbabilidad de la veracidad de los hechos relatados en la novela es grande, pero eso no quiere decir que éstos disten mucho de los verdaderos tristes hechos que sucedieron en las islas, algo tan doloroso para los soldados como para cualquiera. Conclusión Como ya he dicho anteriormente, creo que Los Pichiciegos es una obra magistral de carácter realístico y duro, que nos hace sentir literariamente, es decir a través de sus palabras, el sufrimiento de estos soldados enviados a esta guerra. Y esto, en gran medida, está provocado porque fue el mismo gobierno de facto, aquel que impuso en Argentina durante el período 1976/83 el terrorismo de estado y demás atrocidades, el que envió a estos soldados a luchar. Y yo pienso que lo hicieron (introspectivamente, obvio) bajo la consigna ¿cómo no justificar seguir haciendo estas mismas atrocidades haciendo creer al pueblo que enviamos a jóvenes a “luchar por una causa justa”? En conclusión, creo que esta historia relata de una manera muy cruda y real los hechos que vivieron este grupo de veintipico de soldados en Malvinas y, por que no, lo que verdaderamente padecieron los chicos, nuestros chicos en esa absurda guerra, pensada por los viejos y sufrida por los jóvenes. Muchas cosas más se podrán decir. Muchos análisis más podrán surgir. Pero finalizando este ensayo dejo, en el siguiente párrafo, la reflexión más sincera que me inspiró la novela. Esos chicos, en esta ficción tan bien imaginada, fueron a la guerra. Sí. Pero no a la Guerra por la soberanía de Malvinas, sino que fueron a otra guerra: a la guerra contra sus propios comandantes, a luchar contra las inclemencias del tiempo, a combatir el frío, a negociar con sus “enemigos” para poder sobrevivir, a padecer la miseria humana… esos chicos fueron a la peor de las guerras. Referencias (1) Extraído de http://revistareplicante.com/gusanos-bajo-tierra/ (2) Fogwill, R. “Los Pichiciegos”. Pág. 28. Editorial Sudamericana. 2001 (3) En referencia a Aníbal Barca (247 a. c. - 183 a. c.), general y estadista cartaginés, considerado como uno de los más grandes estrategas militares de la Historia. 25/11/14

Hola gente, me llamo Alexis y les comento que estoy estudiando Profesorado en Educación Inicial, algo "raro" por así decir... quisiera compartirles este texto que escribí para la materia Campo de la Práctica Docente I. En el mismo expreso mis sensaciones personales al volver a ingresar a un jardín luego de tanto tiempo (estoy por cumplir 20, saquen cuentas je) y reflexiono acerca de la integración de varones en la docencia del nivel inicial. El objetivo de compartir este texto es hacer ver a las personas que no existen barreras para elegir una vocación, y que los prejuicios y demás condiciones que la sociedad suele poner no son más que patrones instalados desde hace muchos años y que no dejan ver la verdadera capacidad de aprendizaje que se puede alcanzar con varones en una sala de jardín... Espero que les guste La madrugada del 16 de octubre del ’14 no pude dormir. Literalmente no pude dormir. Si lo hice sólo fue por un par de horas, o menos; pero estoy seguro de que no pude dormir. Entre confusos e intermitentes lapsos de sueño-vigilia se hicieron las 7 am. Sí, el despertador sonaba más fuerte que nunca, y fue el puntapié inicial para levantarme de la cama y comenzar a prepararme para mi primera experiencia pedagógico-didáctica en el nivel inicial. Y esto no era una cosa común: era la primera vez dentro de muchísimo tiempo en que volvería a entrar a un jardín de infantes, era el primer contacto con los chicos de este nivel; yo lo tomaba algo así como la “confirmación” de la importante decisión de seguir en la carrera o dedicarme a otra cosa. Y fue así. Esta experiencia superó ampliamente mis expectativas. Al caminar rumbo al jardín, era inevitable recordar a mi mamá, a mis tíos, a mi tía y a mis abuelos cuando me llevaban al mismo, ya sea en moto, caminando o en bici. Las sonrisas cómplices de viejos recuerdos eran abundantes en aquella situación. Al llegar, me encontré con mis compañeras, con las que nos saludamos nerviosa y alegremente. Luego de esto vino, para mí, una de las partes más fuertes: cuando comencé a caminar por la entrada hasta el ingreso al jardín, el corazón se me aceleró tan rápidamente como si un demonio hubiese inyectado cierto veneno del infierno más estremecedor, la panza me dolió y mis extremidades temblaron como hacía mucho tiempo no sufría. Al pasar esto, vino la mejor parte: el primer contacto con los chicos y los demás actores del jardín. Ya por mi género, sentí que las miradas gradualmente fueron inclinándose sobre mí, y las preguntas sobre “¿estudiás inicial?”, “¿vas a ser jardinero?” no se hicieron esperar. También fue momento para las presentaciones con directoras y las demás maestras por partes de las que yo ya conocía. Y como batifondo, los chicos. La única razón por la que decidí esta carrera. Ellos, creo yo, son la herramienta para cambiar el futuro y para abrir las puertas de nuevas y mejores oportunidades para todos. Y considero que la educación recibida en el nivel inicial, conjuntamente con la educación de su familia son la base para construir una mejor sociedad. Luego de la presentación formal de la jornada, en la que se cantó el himno y hablaron las autoridades, procedimos a ingresar en nuestro stand y comenzar a interactuar con los chicos. El stand encargado para nosotros era el llamado “Instalación Sonora”, el cual consistía de ingeniosos instrumentos hechos con material reciclado por las alumnas del Profesorado de 3ro Inicial del ISFDyT Nº 152. Entre los instrumentos podíamos encontrar un xilofón, llaves colgantes, tubos con un peculiar sonido al soplarlos, un aro medialuna, una placa de cartón con distintos elementos de percusión, entre otros. Pero el más destacado fue “La batería estrellada”, la cual estaba conformada por tachos de aceite de 20 lts. y bidones de agua para el Dispenser reciclados y pintados, y unas chapas de forma redonda que representaban a los platillos. Al comenzar a interactuar, los chicos manifestaban distintas personalidades: habían algunos que directamente iban a explorar por su cuenta, tomaban los palillos de la batería o del xilófono y exploraban, hacían girar la manivela de un instrumento que hacía sonar unas tapas de latas colgadas por un hilo, o pellizcaban otro que consistía en hacer sonar unos globos parcheados en unos recipientes; otros chicos eran un poco más tímidos e introvertidos, los cuales ingresaban al stand pero sólo miraban los instrumentos y/o a sus compañeros pero no se animaban a explorarlos, y es aquí donde mi rol como “profe” comenzaba a rodar. Con los chicos más introvertidos también debía intervenir, por ejemplo, hubo un chico que no le quería prestar un palillo a su compañera, y fue cuando intervine haciéndole entender que “si compartimos, es mejor”, y el niño respondió. Pero los chicos más tímidos eran los que me daban un poco más de “trabajo”, ya que uno debía animarlos e incentivarlos a jugar, aprender y explorar los instrumentos. También me hizo sentir en mi futuro rol de docente una situación en la que un niño me pidió que lo ayudase acomodando la cinta de un palillo, la cual se había salido. Recuerdo también, en el juego de girar la manivela al cual había que elegirle un nombre, que los chicos elegían su nombre y, muchos se animaban ellos mismos a escribirlo en el papel para la urna, mientras que otros solicitaban la ayuda de uno. Los niños se veían alegres, felices, sorprendidos al explorar todos estos nuevos sonidos que llegaban a sus oídos. Yo sentía que sus ojos y los míos eran los mismos, a pesar de la gran diferencia de edad. Y creo que eso fue lo mágico, el fenómeno, el sentir que de alguna manera estaba envolviéndome con ellos y volviendo a ser ese niño de 4 a 6 años que supe ser. Luego, empecé a recorrer los demás stands y me puse a observar cómo actuaban las demás maestras, intentando inconscientemente buscar algún “ejemplo” para saber mejor cómo actuar yo ante los chicos. Había una maestra que sabía entretener y guiar de manera muy satisfactoria a sus alumnos, como ocurría en el juego de pescar a unos peces con imán; mientras también había otras que dejaban que sus alumnos exploren por ellos mismos los juegos y artefactos, dándole un aspecto más individual a cada chico, haciendo que cada uno juegue y explore con lo que éste quisiera. En el stand en el que los chicos de la sala de 5 representaron una obra de teatro tuve el mayor contacto con los niños del nivel. Al indagarles sobre la obra con preguntas como quiénes eran los personajes o qué hacía cada uno, ellos me respondían y me daban una amplia perspectiva para tener idea acerca de distintas respuestas que pueden realizar, y también las preguntas que pueden hacer ellos. Un rato más tarde interpretaron la obra, y pude observar el amplio potencial para recordar líneas textuales y para la actuación que tienen los chicos. Los personajes y su alrededor cumplían cada uno muy bien con su rol. Luego de esto llegó el momento en el que comenzaron a retirarse los distintos cursos, y nosotros ayudamos a acondicionar nuestro stand para el día siguiente, teniendo en cuenta las situaciones que se dieron en este día. Esta experiencia fue un gran acercamiento personal hacia los chicos del nivel y, hasta el momento, es la actividad más importante con respecto a la carrera que he realizado, ya que esta fue algo así como la “confirmación” para seguir en el Profesorado. Creo yo que los niños del nivel, teniendo en cuenta que soy varón y que socialmente esta profesión es vista como algo “raro” y “exclusivo para mujeres”, interactuaron de manera muy fructífera conmigo, mimetizándonos ambas partes casi como lo mismo, pero siempre yo desde mi lugar como futuro docente. Mirando hacia un futuro próximo, en el cual volveremos a tener prácticas en el jardín, creo que me iré afianzando cada vez un poco más y modificando y adecuando mis estrategias pedagógicas hasta estar preparado para poder dar clases, en un futuro un poco más lejano, en el hermoso nivel inicial. Creo que con esto se romperá un mito social (por lo menos aquí en Las Flores) de que la docencia en este nivel es exclusiva de mujeres. Los varones podemos dar otra mirada, otra perspectiva a los chicos, y ellos se relacionarán de una manera totalmente distinta con este género. Y esto es así porque los chicos naturalmente no hacen diferencia de género ni de nada, sino que somos los grandes los que imponemos estos estereotipos que lo único que hacen es cerrar el pensamiento, herir a muchas personas y reprimir las distintas oportunidades que el mundo nos puede ofrecer. "Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida"

Bueno, anoche me puse en pedo (como me suele pasar) y me puse a investigar algo sobre el tema... Tomar dos cucharadas de aceite o un yogurt antes de consumir alcohol no evita la embriaguez. Tampoco es cierto que la resaca desaparezca bebiendo zumo de tomate o desayunando cerveza. Y mucho menos corriendo para “sudar” las copas de más que hemos ingerido, ya que más del 90% del alcohol que consumimos se metaboliza a través del hígado. Otra errónea creencia popular consiste en afirmar que cada vez que bebemos alcohol un puñado de neuronas muere. Científicos del Hospital de la Universidad de Heildeberg estudiaron los efectos de dos vasos de vino en el cerebro con un escáner y comprobaron que solo 6 minutos después de beber nuestro cerebro empieza a consumir productos de la degradación del alcohol en vez de glucosa y cambia su actividad, lo que explica que perdamos reflejos o la desinhibición. Químicamente disminuyen sustancias como la creatina, implicada en la obtención y gestión de energía, y la colina, componente de la membrana celular. Pero al día siguiente todo vuelve a la normalidad, lo que implica que los cambios son reversibles. El mismo estudio demostró que, en contra de lo que solemos pensar, no hay diferencias en el cerebro de hombres y mujeres tras consumir la misma cantidad de alcohol: a todos se nos sube por igual a la cabeza.