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Ensayo: Los Pichiciegos - por Alexis Leandro Varela

Buenas, les comparto este ensayo sobre Los Pichiciegos que hice para el profesorado, espero que a alguno le sirva, je.



Introducción
En el siguiente ensayo hablaremos sobre Los Pichiciegos, una novela de ficción escrita por Rodolfo Fogwill publicada en 1983. La historia de esta novela nos sitúa en el 1982, año en tuvo lugar el conflicto armado entre Argentina y Gran Bretaña conocido como “Guerra de Malvinas”. El motivo fue la disputa por la soberanía sobre las Islas Malvinas, territorios que se encuentran en el Océano Atlántico Sur.
Tomando como tema central el hecho de que el Gobierno Militar Argentino, que por ese entonces era de facto, envió a miles de "pibes" a combatir a las islas, Fogwill escribió esta novela en la que se relata de manera ficticia las distintas estrategias que utilizaron un grupo de soldados argentinos autodenominados “pichiciegos”.
El propósito de este ensayo es analizar de manera crítica distintas características de la novela: la representación de los distintos hechos históricos en la misma, la filosofía de vida de los protagonistas, el lenguaje empleado, las estrategias narrativas y la historia en sí, es decir, hasta qué punto se ve reflejada la Guerra de Malvinas en la trama que nos ofrece la novela.
En este ensayo no se intenta ni justificar ni denigrar ningún aspecto de la Guerra. Sólo se analizará la misma a través de los sucesos que transcurren en novela.

Desarrollo
Para comenzar, me gustaría citar a Cristian Jara , periodista y escritor peruano:
Si hay un interés en conocer de cerca la obra de este magistral narrador que podría estar considerado entre lo mejor de la actual narrativa argentina no debe dejar de asomarse por esta trinchera, tan contemporánea como quijotesca que es Los pichiciegos, porque es la historia de algo que no suele ocurrir en una guerra, es la historia no contada, la más imaginada porque todo soldado tiene un bichito adentro que le golpea preguntas. Y es ahí donde la intención funciona porque es audaz, porque así como hay gusanos que se arrastran escondidos bajo tierra, también los pichiciegos miran sin dejarse mirar, corren temerosos de volar como ovejas que al pisar una mina saltan por el aire (1).
Adentrándonos en la historia, comenzamos con una serie de descripciones y diálogos que denotan ya de entrada la situación de los personajes principales: los soldados argentinos en Malvinas. Estos soldados decidieron dejar de combatir con el propósito de volver a sus casas. Es decir, su objetivo ya no era ganar la guerra, sino que ahora se volcaron a sobrevivir, cualquiera sea la manera, para ‘volver al continente’ y reencontrarse con sus familias.
Para poder lograr este nuevo objetivo (no tan nuevo, después de todo ¿qué soldado nunca tiene como objetivo volver a su casa?) este grupo de chicos decidió cavar una trinchera secreta y estratégicamente ubicada, en la que pasarán sus días hasta que termine la guerra. Decidieron autodenominarse “pichiciegos” y, en efecto, el lugar fue denominado “la pichicera”.
Narra la novela: “[…] nadie había oído hablar del pichiciego. El santiagueño les contó: - El pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -una caparazón- y no ve. Anda de noche(2).”, es decir, los pichis (como de ahora en más denominaré a este grupo de soldados argentinos) habían decidido vivir, o mejor dicho sobrevivir, debajo de una trinchera cavada por ellos mismos que, a medida que pasaban los días, fueron adaptando a sus necesidades.
La pichicera tenía una organización que consistía en que “Los Reyes Magos” eran los que mandaban, y los demás pichis obedecían. También consistía de un almacenero que controlaba las provisiones, y de patrullas que se encargaban de conseguir estas últimas.
Podemos decir que los pichiciegos fueron un grupo de soldados que fueron a sobrevivir a las islas: soportando frío, hambre, falta de equipos, de provisiones y padecer el injusto maltrato de los comandantes de alto rango del Ejército Argentino.
Mirando desde el punto de vista de éste último, se podría decir que los pichis son un grupo de desertores que abandonaron cobardemente su puesto por puro egocentrismo. Pero si analizamos la mirada de los propios soldados, podemos decir que con el sólo hecho de haber ido a las islas a soportar el frío y el hambre que les hicieron pasar los militares de alto rango, esos chicos fueron unos héroes y que no merecen ser castigados con ninguna condena, ya sea por parte del Ejército o por parte de la sociedad argentina.
En muchos de los pasajes de la novela, podemos ver que los pichiciegos admiraban a los soldados ingleses, y tenían como espectáculo las maniobras de sus aviones en el aire. También, para poder conseguir provisiones y demás estrategias de supervivencia, los pichis debían “tranzar” con sus “enemigos”. Cristian Jara dice:
Tranzar con el enemigo es tarea imposible pero ellos, muertos de hambre, asumiéndose muertos en vida, salen en busca de alimento o baterías y tienen su pichicera lista para el ataque. La mayor parte ha venido de provincia a conformar ese batallón donde los Reyes Magos desatan el truco que los salva y aman su país y sueñan con regresar a casa pronto, pero admiran la sofisticación del armamento inglés, cuyos soldados bien alimentados, rosados y de ojos grises, miran con lástima al enemigo argentino. El cielo es la fiesta de los Harriers que lanzan proyectiles y calientan el aire con su sobrevuelo y peor aún son los helicópteros que recorren la isla que se ha convertido en una trampa. Pero todo llega, tarde o temprano, como se dice, incluso el día de la rendición, cuando no queda mayor remedio que correr con un papelito en la mano y hacer la cola entre los rendidos.
La miseria humana y la desesperación que podemos ver en la novela hace que estos actos, que algunos podrían tildar de vendepatrias, deshonrosos, cobardes o mercenarios, puedan ser entendidos por el lector; ya que ante situaciones de tales características la persona humana tiende a comportarse de la manera más instintiva que puede, para lograr sobrevivir. Y aquellos que llamen de esa manera a las desesperadas acciones de aquellos muchachos puedo afirmar que es gente que nunca en su vida supo lo que es la justicia y las ganas de vivir.
Mirando otros aspectos, el lenguaje utilizado en la novela tiene una crudeza de gran magnitud. Escuchar las puteadas de los soldados contra ellos mismos nos hace ver el nervioso estado de supervivencia en el que los mismos se encontraban. Las pequeñas historias que éstos cuentan para distenderse nos dan también indicios de la desesperación ante tal situación.
Pero más allá de esto, la manera en que los pichis relatan con admiración y encandilamiento muchas de las características de los ingleses nos hace ver otra cruda realidad: la diferencia entre los argentinos y los británicos era inmensa. Era inmensa en el sentido de preparación militar, de provisión de armas y equipamientos, de comida y abrigo… Pero en lo único en que estaban iguales era en el amor de cada uno por su bandera: unos por defender a una causa que sus gobernantes les hicieron creer justa; y otros por volver a su país, a su cobijo natal, aquel inmenso país en el que pasaron sus cortos años de vida y quisieran quedarse allí para siempre, sin importar la desdicha que en esa tierra se pueda sufrir.
Con respecto a la narración, volvemos a citar a Cristian Jara:
Fogwill se recrea con el lenguaje, hace pausas justas y nos conduce por su inagotable laberinto de palabras, fabula con maestría, sumergiéndonos en paralelismos de los que aflora con casco de soldado e ileso como un pichiciego. […]En los diálogos tan informativos como burlescos donde la canallada y las grandes diferencias logísticas entre uno y otro bando dan por concluida la guerra desde un principio, pero la condición de Pichi a veces es desesperante por el temor de lo que se avecina. Cuando la idea de la supervivencia se ve reducida a un deterioro prolongado es la muerte la que acecha. […] En esa absurda desequilibrada guerra la técnica de Fogwill es un contagio de pericia, como si se tratara de una estrategia de ataque en la que pone sus armas ocultas en un principio para luego mostrarlas de a poco cuando ya es un logro la historia que nos ha narrado, cuando el final se acerca de manera inesperada, en la voz de un narrador que desde un inicio se ha portado como un valiente Aníbal (3).
Creo yo que al finalizar de leer la novela, uno tiene un “giro de rosca” con respecto al tema de los soldados en Malvinas. Más allá de que la sociedad argentina en general sepa fehacientemente que los soldados jóvenes no fueron lo suficientemente preparados ni lo mejor tratados por parte de sus militares de alto rango, la novela hace que uno tenga una mirada cruenta y espeluznante de las situaciones terroríficas que sufrieron esos soldados improvisados en las islas, hayan decidido luchar contra el “enemigo” o luchar con el único objetivo de volver a casa. Considero poner la palabra “enemigo” entre comillas porque en la situación de los pichiciegos los verdaderos actores antagónicos que tuvieron fueron su propio gobierno y su propio ejército, incluso más que los soldados británicos.
Ficticia o no, la historia nos hace ver la crudeza del ser humano, las situaciones a las que el poder y la perversión pueden hacer llegar, haciendo que en momentos nuestros impulsos de supervivencia más bajos salgan a flote.
La historia, al final, nos deja con la incertidumbre de poder saber si fue algo real o algo ficticio.
Si quisiéramos refutar la idea de que la historia es ficticia, más allá de que se nos muestren infinidad de referencias históricas, características de tiempo y espacio acertadas con el contexto bélico, uno de los hechos que nos quita esta idea es, por ejemplo, que en el final solamente quede un pichi solo con vida, el cual nos relata casi toda la novela y, en la penúltima parte nos haga ver un salto en el tiempo hacia el momento en que este supuesto pichi está contando la historia a un supuesto entrevistador.
Pero, ¿quién podría haber sido el entrevistador de un soldado de Malvinas en aquellos, ni bien acababa la guerra? Teniendo en cuenta el contexto sociocultural de la Argentina de aquellos años, en el cual los soldados fueron ocultados y ninguneados por muchos, me atrevo a decir que serían muy pocos los que se hubieran animado a publicar estos hechos que hablan muy mal del reciente gobierno de facto que dejaba la Argentina en 1983.
Es decir, la improbabilidad de la veracidad de los hechos relatados en la novela es grande, pero eso no quiere decir que éstos disten mucho de los verdaderos tristes hechos que sucedieron en las islas, algo tan doloroso para los soldados como para cualquiera.

Conclusión
Como ya he dicho anteriormente, creo que Los Pichiciegos es una obra magistral de carácter realístico y duro, que nos hace sentir literariamente, es decir a través de sus palabras, el sufrimiento de estos soldados enviados a esta guerra.
Y esto, en gran medida, está provocado porque fue el mismo gobierno de facto, aquel que impuso en Argentina durante el período 1976/83 el terrorismo de estado y demás atrocidades, el que envió a estos soldados a luchar. Y yo pienso que lo hicieron (introspectivamente, obvio) bajo la consigna ¿cómo no justificar seguir haciendo estas mismas atrocidades haciendo creer al pueblo que enviamos a jóvenes a “luchar por una causa justa”?
En conclusión, creo que esta historia relata de una manera muy cruda y real los hechos que vivieron este grupo de veintipico de soldados en Malvinas y, por que no, lo que verdaderamente padecieron los chicos, nuestros chicos en esa absurda guerra, pensada por los viejos y sufrida por los jóvenes.
Muchas cosas más se podrán decir. Muchos análisis más podrán surgir. Pero finalizando este ensayo dejo, en el siguiente párrafo, la reflexión más sincera que me inspiró la novela.
Esos chicos, en esta ficción tan bien imaginada, fueron a la guerra. Sí. Pero no a la Guerra por la soberanía de Malvinas, sino que fueron a otra guerra: a la guerra contra sus propios comandantes, a luchar contra las inclemencias del tiempo, a combatir el frío, a negociar con sus “enemigos” para poder sobrevivir, a padecer la miseria humana… esos chicos fueron a la peor de las guerras.

Referencias
(1) Extraído de http://revistareplicante.com/gusanos-bajo-tierra/
(2) Fogwill, R. “Los Pichiciegos”. Pág. 28. Editorial Sudamericana. 2001
(3) En referencia a Aníbal Barca (247 a. c. - 183 a. c.), general y estadista cartaginés, considerado como uno de los más grandes estrategas militares de la Historia.
25/11/14
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