Hola gente, me llamo Alexis y les comento que estoy estudiando Profesorado en Educación Inicial, algo "raro" por así decir... quisiera compartirles este texto que escribí para la materia Campo de la Práctica Docente I.
En el mismo expreso mis sensaciones personales al volver a ingresar a un jardín luego de tanto tiempo (estoy por cumplir 20, saquen cuentas je) y reflexiono acerca de la integración de varones en la docencia del nivel inicial.
El objetivo de compartir este texto es hacer ver a las personas que no existen barreras para elegir una vocación, y que los prejuicios y demás condiciones que la sociedad suele poner no son más que patrones instalados desde hace muchos años y que no dejan ver la verdadera capacidad de aprendizaje que se puede alcanzar con varones en una sala de jardín...
Espero que les guste
La madrugada del 16 de octubre del ’14 no pude dormir. Literalmente no pude dormir. Si lo hice sólo fue por un par de horas, o menos; pero estoy seguro de que no pude dormir.
Entre confusos e intermitentes lapsos de sueño-vigilia se hicieron las 7 am. Sí, el despertador sonaba más fuerte que nunca, y fue el puntapié inicial para levantarme de la cama y comenzar a prepararme para mi primera experiencia pedagógico-didáctica en el nivel inicial.
Y esto no era una cosa común: era la primera vez dentro de muchísimo tiempo en que volvería a entrar a un jardín de infantes, era el primer contacto con los chicos de este nivel; yo lo tomaba algo así como la “confirmación” de la importante decisión de seguir en la carrera o dedicarme a otra cosa.
Y fue así. Esta experiencia superó ampliamente mis expectativas.
Al caminar rumbo al jardín, era inevitable recordar a mi mamá, a mis tíos, a mi tía y a mis abuelos cuando me llevaban al mismo, ya sea en moto, caminando o en bici. Las sonrisas cómplices de viejos recuerdos eran abundantes en aquella situación.
Al llegar, me encontré con mis compañeras, con las que nos saludamos nerviosa y alegremente. Luego de esto vino, para mí, una de las partes más fuertes: cuando comencé a caminar por la entrada hasta el ingreso al jardín, el corazón se me aceleró tan rápidamente como si un demonio hubiese inyectado cierto veneno del infierno más estremecedor, la panza me dolió y mis extremidades temblaron como hacía mucho tiempo no sufría.
Al pasar esto, vino la mejor parte: el primer contacto con los chicos y los demás actores del jardín.
Ya por mi género, sentí que las miradas gradualmente fueron inclinándose sobre mí, y las preguntas sobre “¿estudiás inicial?”, “¿vas a ser jardinero?” no se hicieron esperar. También fue momento para las presentaciones con directoras y las demás maestras por partes de las que yo ya conocía.
Y como batifondo, los chicos. La única razón por la que decidí esta carrera. Ellos, creo yo, son la herramienta para cambiar el futuro y para abrir las puertas de nuevas y mejores oportunidades para todos. Y considero que la educación recibida en el nivel inicial, conjuntamente con la educación de su familia son la base para construir una mejor sociedad.
Luego de la presentación formal de la jornada, en la que se cantó el himno y hablaron las autoridades, procedimos a ingresar en nuestro stand y comenzar a interactuar con los chicos.
El stand encargado para nosotros era el llamado “Instalación Sonora”, el cual consistía de ingeniosos instrumentos hechos con material reciclado por las alumnas del Profesorado de 3ro Inicial del ISFDyT Nº 152. Entre los instrumentos podíamos encontrar un xilofón, llaves colgantes, tubos con un peculiar sonido al soplarlos, un aro medialuna, una placa de cartón con distintos elementos de percusión, entre otros. Pero el más destacado fue “La batería estrellada”, la cual estaba conformada por tachos de aceite de 20 lts. y bidones de agua para el Dispenser reciclados y pintados, y unas chapas de forma redonda que representaban a los platillos.
Al comenzar a interactuar, los chicos manifestaban distintas personalidades: habían algunos que directamente iban a explorar por su cuenta, tomaban los palillos de la batería o del xilófono y exploraban, hacían girar la manivela de un instrumento que hacía sonar unas tapas de latas colgadas por un hilo, o pellizcaban otro que consistía en hacer sonar unos globos parcheados en unos recipientes; otros chicos eran un poco más tímidos e introvertidos, los cuales ingresaban al stand pero sólo miraban los instrumentos y/o a sus compañeros pero no se animaban a explorarlos, y es aquí donde mi rol como “profe” comenzaba a rodar. Con los chicos más introvertidos también debía intervenir, por ejemplo, hubo un chico que no le quería prestar un palillo a su compañera, y fue cuando intervine haciéndole entender que “si compartimos, es mejor”, y el niño respondió. Pero los chicos más tímidos eran los que me daban un poco más de “trabajo”, ya que uno debía animarlos e incentivarlos a jugar, aprender y explorar los instrumentos. También me hizo sentir en mi futuro rol de docente una situación en la que un niño me pidió que lo ayudase acomodando la cinta de un palillo, la cual se había salido. Recuerdo también, en el juego de girar la manivela al cual había que elegirle un nombre, que los chicos elegían su nombre y, muchos se animaban ellos mismos a escribirlo en el papel para la urna, mientras que otros solicitaban la ayuda de uno.
Los niños se veían alegres, felices, sorprendidos al explorar todos estos nuevos sonidos que llegaban a sus oídos. Yo sentía que sus ojos y los míos eran los mismos, a pesar de la gran diferencia de edad. Y creo que eso fue lo mágico, el fenómeno, el sentir que de alguna manera estaba envolviéndome con ellos y volviendo a ser ese niño de 4 a 6 años que supe ser.
Luego, empecé a recorrer los demás stands y me puse a observar cómo actuaban las demás maestras, intentando inconscientemente buscar algún “ejemplo” para saber mejor cómo actuar yo ante los chicos. Había una maestra que sabía entretener y guiar de manera muy satisfactoria a sus alumnos, como ocurría en el juego de pescar a unos peces con imán; mientras también había otras que dejaban que sus alumnos exploren por ellos mismos los juegos y artefactos, dándole un aspecto más individual a cada chico, haciendo que cada uno juegue y explore con lo que éste quisiera.
En el stand en el que los chicos de la sala de 5 representaron una obra de teatro tuve el mayor contacto con los niños del nivel. Al indagarles sobre la obra con preguntas como quiénes eran los personajes o qué hacía cada uno, ellos me respondían y me daban una amplia perspectiva para tener idea acerca de distintas respuestas que pueden realizar, y también las preguntas que pueden hacer ellos.
Un rato más tarde interpretaron la obra, y pude observar el amplio potencial para recordar líneas textuales y para la actuación que tienen los chicos. Los personajes y su alrededor cumplían cada uno muy bien con su rol.
Luego de esto llegó el momento en el que comenzaron a retirarse los distintos cursos, y nosotros ayudamos a acondicionar nuestro stand para el día siguiente, teniendo en cuenta las situaciones que se dieron en este día.
Esta experiencia fue un gran acercamiento personal hacia los chicos del nivel y, hasta el momento, es la actividad más importante con respecto a la carrera que he realizado, ya que esta fue algo así como la “confirmación” para seguir en el Profesorado.
Creo yo que los niños del nivel, teniendo en cuenta que soy varón y que socialmente esta profesión es vista como algo “raro” y “exclusivo para mujeres”, interactuaron de manera muy fructífera conmigo, mimetizándonos ambas partes casi como lo mismo, pero siempre yo desde mi lugar como futuro docente.
Mirando hacia un futuro próximo, en el cual volveremos a tener prácticas en el jardín, creo que me iré afianzando cada vez un poco más y modificando y adecuando mis estrategias pedagógicas hasta estar preparado para poder dar clases, en un futuro un poco más lejano, en el hermoso nivel inicial.
Creo que con esto se romperá un mito social (por lo menos aquí en Las Flores) de que la docencia en este nivel es exclusiva de mujeres. Los varones podemos dar otra mirada, otra perspectiva a los chicos, y ellos se relacionarán de una manera totalmente distinta con este género.
Y esto es así porque los chicos naturalmente no hacen diferencia de género ni de nada, sino que somos los grandes los que imponemos estos estereotipos que lo único que hacen es cerrar el pensamiento, herir a muchas personas y reprimir las distintas oportunidades que el mundo nos puede ofrecer.
"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida"

En el mismo expreso mis sensaciones personales al volver a ingresar a un jardín luego de tanto tiempo (estoy por cumplir 20, saquen cuentas je) y reflexiono acerca de la integración de varones en la docencia del nivel inicial.
El objetivo de compartir este texto es hacer ver a las personas que no existen barreras para elegir una vocación, y que los prejuicios y demás condiciones que la sociedad suele poner no son más que patrones instalados desde hace muchos años y que no dejan ver la verdadera capacidad de aprendizaje que se puede alcanzar con varones en una sala de jardín...
Espero que les guste
La madrugada del 16 de octubre del ’14 no pude dormir. Literalmente no pude dormir. Si lo hice sólo fue por un par de horas, o menos; pero estoy seguro de que no pude dormir.
Entre confusos e intermitentes lapsos de sueño-vigilia se hicieron las 7 am. Sí, el despertador sonaba más fuerte que nunca, y fue el puntapié inicial para levantarme de la cama y comenzar a prepararme para mi primera experiencia pedagógico-didáctica en el nivel inicial.
Y esto no era una cosa común: era la primera vez dentro de muchísimo tiempo en que volvería a entrar a un jardín de infantes, era el primer contacto con los chicos de este nivel; yo lo tomaba algo así como la “confirmación” de la importante decisión de seguir en la carrera o dedicarme a otra cosa.
Y fue así. Esta experiencia superó ampliamente mis expectativas.
Al caminar rumbo al jardín, era inevitable recordar a mi mamá, a mis tíos, a mi tía y a mis abuelos cuando me llevaban al mismo, ya sea en moto, caminando o en bici. Las sonrisas cómplices de viejos recuerdos eran abundantes en aquella situación.
Al llegar, me encontré con mis compañeras, con las que nos saludamos nerviosa y alegremente. Luego de esto vino, para mí, una de las partes más fuertes: cuando comencé a caminar por la entrada hasta el ingreso al jardín, el corazón se me aceleró tan rápidamente como si un demonio hubiese inyectado cierto veneno del infierno más estremecedor, la panza me dolió y mis extremidades temblaron como hacía mucho tiempo no sufría.
Al pasar esto, vino la mejor parte: el primer contacto con los chicos y los demás actores del jardín.
Ya por mi género, sentí que las miradas gradualmente fueron inclinándose sobre mí, y las preguntas sobre “¿estudiás inicial?”, “¿vas a ser jardinero?” no se hicieron esperar. También fue momento para las presentaciones con directoras y las demás maestras por partes de las que yo ya conocía.
Y como batifondo, los chicos. La única razón por la que decidí esta carrera. Ellos, creo yo, son la herramienta para cambiar el futuro y para abrir las puertas de nuevas y mejores oportunidades para todos. Y considero que la educación recibida en el nivel inicial, conjuntamente con la educación de su familia son la base para construir una mejor sociedad.
Luego de la presentación formal de la jornada, en la que se cantó el himno y hablaron las autoridades, procedimos a ingresar en nuestro stand y comenzar a interactuar con los chicos.
El stand encargado para nosotros era el llamado “Instalación Sonora”, el cual consistía de ingeniosos instrumentos hechos con material reciclado por las alumnas del Profesorado de 3ro Inicial del ISFDyT Nº 152. Entre los instrumentos podíamos encontrar un xilofón, llaves colgantes, tubos con un peculiar sonido al soplarlos, un aro medialuna, una placa de cartón con distintos elementos de percusión, entre otros. Pero el más destacado fue “La batería estrellada”, la cual estaba conformada por tachos de aceite de 20 lts. y bidones de agua para el Dispenser reciclados y pintados, y unas chapas de forma redonda que representaban a los platillos.
Al comenzar a interactuar, los chicos manifestaban distintas personalidades: habían algunos que directamente iban a explorar por su cuenta, tomaban los palillos de la batería o del xilófono y exploraban, hacían girar la manivela de un instrumento que hacía sonar unas tapas de latas colgadas por un hilo, o pellizcaban otro que consistía en hacer sonar unos globos parcheados en unos recipientes; otros chicos eran un poco más tímidos e introvertidos, los cuales ingresaban al stand pero sólo miraban los instrumentos y/o a sus compañeros pero no se animaban a explorarlos, y es aquí donde mi rol como “profe” comenzaba a rodar. Con los chicos más introvertidos también debía intervenir, por ejemplo, hubo un chico que no le quería prestar un palillo a su compañera, y fue cuando intervine haciéndole entender que “si compartimos, es mejor”, y el niño respondió. Pero los chicos más tímidos eran los que me daban un poco más de “trabajo”, ya que uno debía animarlos e incentivarlos a jugar, aprender y explorar los instrumentos. También me hizo sentir en mi futuro rol de docente una situación en la que un niño me pidió que lo ayudase acomodando la cinta de un palillo, la cual se había salido. Recuerdo también, en el juego de girar la manivela al cual había que elegirle un nombre, que los chicos elegían su nombre y, muchos se animaban ellos mismos a escribirlo en el papel para la urna, mientras que otros solicitaban la ayuda de uno.
Los niños se veían alegres, felices, sorprendidos al explorar todos estos nuevos sonidos que llegaban a sus oídos. Yo sentía que sus ojos y los míos eran los mismos, a pesar de la gran diferencia de edad. Y creo que eso fue lo mágico, el fenómeno, el sentir que de alguna manera estaba envolviéndome con ellos y volviendo a ser ese niño de 4 a 6 años que supe ser.
Luego, empecé a recorrer los demás stands y me puse a observar cómo actuaban las demás maestras, intentando inconscientemente buscar algún “ejemplo” para saber mejor cómo actuar yo ante los chicos. Había una maestra que sabía entretener y guiar de manera muy satisfactoria a sus alumnos, como ocurría en el juego de pescar a unos peces con imán; mientras también había otras que dejaban que sus alumnos exploren por ellos mismos los juegos y artefactos, dándole un aspecto más individual a cada chico, haciendo que cada uno juegue y explore con lo que éste quisiera.
En el stand en el que los chicos de la sala de 5 representaron una obra de teatro tuve el mayor contacto con los niños del nivel. Al indagarles sobre la obra con preguntas como quiénes eran los personajes o qué hacía cada uno, ellos me respondían y me daban una amplia perspectiva para tener idea acerca de distintas respuestas que pueden realizar, y también las preguntas que pueden hacer ellos.
Un rato más tarde interpretaron la obra, y pude observar el amplio potencial para recordar líneas textuales y para la actuación que tienen los chicos. Los personajes y su alrededor cumplían cada uno muy bien con su rol.
Luego de esto llegó el momento en el que comenzaron a retirarse los distintos cursos, y nosotros ayudamos a acondicionar nuestro stand para el día siguiente, teniendo en cuenta las situaciones que se dieron en este día.
Esta experiencia fue un gran acercamiento personal hacia los chicos del nivel y, hasta el momento, es la actividad más importante con respecto a la carrera que he realizado, ya que esta fue algo así como la “confirmación” para seguir en el Profesorado.
Creo yo que los niños del nivel, teniendo en cuenta que soy varón y que socialmente esta profesión es vista como algo “raro” y “exclusivo para mujeres”, interactuaron de manera muy fructífera conmigo, mimetizándonos ambas partes casi como lo mismo, pero siempre yo desde mi lugar como futuro docente.
Mirando hacia un futuro próximo, en el cual volveremos a tener prácticas en el jardín, creo que me iré afianzando cada vez un poco más y modificando y adecuando mis estrategias pedagógicas hasta estar preparado para poder dar clases, en un futuro un poco más lejano, en el hermoso nivel inicial.
Creo que con esto se romperá un mito social (por lo menos aquí en Las Flores) de que la docencia en este nivel es exclusiva de mujeres. Los varones podemos dar otra mirada, otra perspectiva a los chicos, y ellos se relacionarán de una manera totalmente distinta con este género.
Y esto es así porque los chicos naturalmente no hacen diferencia de género ni de nada, sino que somos los grandes los que imponemos estos estereotipos que lo único que hacen es cerrar el pensamiento, herir a muchas personas y reprimir las distintas oportunidades que el mundo nos puede ofrecer.
"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida"

