ratakruel
Usuario (Argentina)

Descargar audio: http://lix.in/-34826f YOLLEO Eh vostatacombo soy yo dí no me oyes tataconco soy yo sin vos sin voz aquí yollando con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos lo sé lo sé y tanto, desde el yo mero mínimo al verme yo, harto en todo junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollandoy yoyollando siempre por qué Si sos por qué dí eh vos no me oyes tatatodo por qué tanto yollar responde y hasta cuándo...
Vía láctea Raúl comenzó a lustrar su ojo de vidrio y apuntándolo a sus zapatos le dijo a a su amada: "Perdoname, Yenny, pero afuera hay cien mil lobos babeando sangre y la noche está un poco fría y he bebido suficiente leche para desear degollarlos mañana o pasado mañana." ¡Pobre yenifer! Realmente amaba a Raúl: había estado amamantándolo durante años, lo había encontrado con el corazón roto, encima de un pony, cabalgando a través de un mar fuego. Era la época en la que a yenny le gustaba caminar fuera de la casa porque los mirlos le hablaban y la distraían de las serpientes. Yenifer estaba desnuda, le excitaba ver comó Raúl se lanzaba sobre cualquier cosa viva, le brotaba leche de los pechos y Raúl la bebía hasta quedar ebrio. Todos los amantes son diferentes. Pero ahora a Yenifer le dolían los pechos, los sentía de hormigón y las lámparas atrasaban la llegada del ogro, y Raúl parecía no ofrecerle nada nada más que esperar treinta mil años hasta que el amor volviera. "Deja que los lobos aúllen, dentro de la casa hay miles de insectos quieren quitarnos la vida, hacer que seamos suyos. Quieren comerse mis pechos cuando se caigan. Hay un mandril riéndose de mi dolor ¿no lo ves? está allí, en tu ojo de vidrio. ¿Qué hay en ese hueco en donde lo depositas, Raúl? ¿Por qué le estás dando más cuidados que a mi sexo? ¡Cuántas veces entrará aquél mandril por el hueco húmedo y tibio, por la vagina que usas para no ver!" Pero Raúl no respondía, había un tempestad arrasando su cerebro, su corazón le pertenecía a Yenifer, pero el mandril le había incado los dientes en su glándula pineal. No era la primera vez que sucedía Y Yenifer sabía que se estaba volviendo adicto a ver todos sus yoes repetidos en el círculo vicioso. Al fin, saltó hacia los lobos, que la devoraron. Pero no importaba, ambos sabían que restarían treinta mil años más para que le creciesen los pechos y Raúl admirara nuevamente la vía láctea.

Fuente: http://www.elortiba.org/lambor.html Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria. Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario. El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado. En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario. Stroppani era su nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado! A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos divertíamos en grande. Evidentemente, la sociedad burguesa, se complace en torturar al nino proletario, esa baba, esa larva criada en medio de la idiotez y del terror. Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa. Contrae sífilis y, enseguida que la contrae, siente el irresistible impulso de casarse para perpetuar la enfermedad a través de las generaciones. Como la única herencia que puede dejar es la de sus chancros jamás se abstiene de dejarla. Hace cuantas veces puede la bestia de dos espaldas con su esposa ilícita, y así, gracias a una alquimia que aún no puedo llegar a entender (o que tal vez nunca llegaré a entender), su semen se convierte en venéreos niños proletarios. De esa manera se cierra el círculo, exasperadamente se completa. ¡Estropeado!, con su pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo y los periódicos bajo el brazo, venía sin vernos caminando hacia nosotros, tres niños burgueses: Esteban, Gustavo, yo. La execración de los obreros también nosotros la llevamos en la sangre. Gustavo adelantó la rueda de su bicicleta azul y así ocupó toda la vereda. ¡Estropeado! hubo de parar y nos miró con ojos azorados, inquiriendo con la mirada a qué nueva humillación debía someterse. Nosotros tampoco lo sabíamos aún pero empezamos por incendiarle los periódicos y arrancarle las monedas ganadas del fondo destrozado de sus bolsillos. ¡Estropeado! nos miraba inquiriendo con la cara blanca de terror oh por ese color blanco de terror en las caras odiadas, en las fachas obreras más odiadas, por verlo aparecer sin desaparición nosotros hubiéramos donado nuestros palacios multicolores, la atmósfera que nos envolvía de dorado color. A empujones y patadas zambullimos a ¡Estropeado! en el fondo de una zanja de agua escasa. Chapoteaba de bruces ahí, con la cara manchada de barro, y. Nuestro delirio iba en aumento. La cara de Gustavo aparecía contraída por un espasmo de agónico placer. Esteban alcanzó un pedazo cortante de vidrio triangular. Los tres nos zambullimos en la zanja. Gustavo, con el brazo que le terminaba en un vidrio triangular en alto, se aproximó a ¡Estropeado!, y lo miró. Yo me aferraba a mis testículos por miedo a mi propio placer, temeroso de mi propio ululante, agónico placer. Gustavo le tajeó la cara al niño proletario de arriba hacia abajo y después ahondó lateralmente los labios de la herida. Esteban y yo ululábamos. Gustavo se sostenía el brazo del vidrio con la otra mano para aumentar la fuerza de la incisión. No desfallecer, Gustavo, no desfallecer. Nosotros quisiéramos morir así, cuando el goce y la venganza se penetran y llegan a su culminación. Porque el goce llama al goce, llama a la venganza, llama a la culminación. Porque Gustavo parecía, al sol, exhibir una espada espejeante con destellos que también a nosotros venían a herirnos en los ojos y en los órganos del goce. Porque el goce ya estaba decretado ahí, por decreto, en ese pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo gris, mugriento y desflecado. Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado, y Esteban, Esteban de un solo manotazo, arrancó el sucio tirador. Pero fue Gustavo quien se le echó encima primero, el primero que arremetió contra el cuerpiño de ¡Estropeado!, Gustavo, quien nos lideraría luego en la edad madura, todos estos años de fracasada, estropeada pasión: él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! y prolongó el tajo natural. Salió la sangre esparcida hacia arriba y hacia abajo, iluminada por el sol, y el agujero del ano quedó húmedo sin esfuerzo como para facilitar el acto que preparábamos. Y fue Gustavo, Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor. Esteban y yo nos conteníamos ásperamente, con las gargantas bloqueadas por un silencio de ansiedad, desesperación. Esteban y yo. Con los falos enardecidos en las manos esperábamos y esperábamos, mientras Gustavo daba brincos que taladraban a ¡Estropeado! y ¡Estropeado! no podía gritar, ni siquiera gritar, porque su boca era firmernente hundida en el barro por la mano fuerte militari de Gustavo. A Esteban se le contrajo el estómago a raíz de la ansiedad y luego de la arcada desalojó algo del estómago, algo que cayó a mis pies. Era un espléndido conjunto de objetos brillantes, ricamente ornamentados, espejeantes al sol. Me agaché, lo incorporé a mi estómago, y Esteban entendió mi hermanación. Se arrojó a mis brazos y yo me bajé los pantalones. Por el ano desocupé. Desalojé una masa luminosa que enceguecía con el sol. Esteban la comió y a sus brazos hermanados me arrojé. Mientras tanto ¡Estropeado! se ahogaba en el barro, con su ano opaco rasgado por el falo de Gustavo, quien por fin tuvo su goce con un alarido. La inocencia del justiciero placer. Esteban y yo nos precipitamos sobre el inmundo cuerpo abandonado. Esteban le enterró el falo, recóndito, fecal, y yo le horadé un pie con un punzón a través de la suela de soga de alpargata. Pero no me contentaba tristemente con eso. Le corté uno a uno los dedos mugrientos de los pies, malolientes de los pies, que ya de nada irían a servirle. Nunca más correteos, correteos y saltos de tranvía en tranvía, tranvías amarillos. Promediaba mi turno pero yo no quería penetrarlo por el ano. -Yo quiero succión -crují. Esteban se afanaba en los últimos jadeos. Yo esperaba que Esteban terminara, que la cara de ¡Estropeado! se desuniera del barro para que ¡Estropeado! me lamiera el falo, pero debía entretener la espera, armarme en la tardanza. Entonces todas las cosas que le hice, en la tarde de sol menguante, azul, con el punzón. Le abrí un canal de doble labio en la pierna izquierda hasta que el hueso despreciable y atorrante quedó al desnudo. Era un hueso blanco como todos los demás, pero sus huesos no eran huesos semejantes. Le rebané la mano y vi otro hueso, crispados los nódulosfalanges aferrados, clavados en el barro, mientras Esteban agonizaba a punto de gozar. Con mi corbata roja hice un ensayo en el coello del niño proletario. Cuatro tirones rápidos, dolorosos, sin todavía el prístino argénteo fin de muerte. Todavía escabullirse literalmente en la tardanza. Gustavo pedía a gritos por su parte un fino pañuelo de batista. Quería limpiarse la arremolinada materia fecal conque ¡Estropeado! le ensuciara la punta rósea hiriente de su falo. Parece que ¡Estropeado! se cagó. Era enorme y agresivo entre paréntesis el falo de Gustavo. Con entera independencia y solo se movía, así, y así, cabezadas y embestidas. Tensaba para colmo los labios delgados de su boca como si ya mismo y sin tardanza fuera a aullar. Y el sol se ponía, el sol que se ponía, ponía. Nos iluminaban los últimos rayos en la rompiente tarde azul. Cada cosa que se rompe y adentro que se rompe y afuera que se rompe, adentro y afuera, adentro y afuera, entra y sale que se rompe, lívido Gustavo miraba el sol que se moría y reclamaba aquel pañuelo de batista, bordado y maternal. Yo le di para calmarlo mi pañuelo de batista donde el rostro de mi madre augusta estaba bordado, rodeado por una esplendente aureola como de fingidos rayos, en tanto que tantas veces sequé mis lágrimas en ese mismo pañuelo, y sobre él volqué, años después, mi primera y trémula eyaculación. Porque la venganza llama al goce y el goce a la venganza pero no en cualquier vagina y es preferible que en ninguna. Con mi pañuelo de batista en la mano Gustavo se limpió su punta agresiva y así me lo devolvió rojo sangre y marrón. Mi lengua lo limpió en un segundo, hasta devolverle al paño la cara augusta, el retrato con un collar de perlas en el cuello, eh. Con un collar en el cuello. Justo ahí. Descansaba Esteban mirando el aire después de gozar y era mi turno. Yo me acerqué a la forma de ¡Estropeado! medio sepultada en el barro y la di vuelta con el pie. En la cara brillaba el tajo obra del vidrio triangular. El ombligo de raquítico lucía lívido azulado. Tenía los brazos y las piernas encogidos, como si ahora y todavía, después de la derrota, intentara protegerse del asalto. Reflejo que no pudo tener en su momento condenado por la clase. Con el punzón le alargué el ombligo de otro tajo. Manó la sangre entre los dedos de sus manos. En el estilo más feroz el punzón le vació los ojos con dos y sólo dos golpes exactos. Me felicitó Gustavo y Esteban abandonó el gesto de contemplar el vidrio esférico del sol para felicitar. Me agaché. Conecté el falo a la boca respirante de ¡Estropeado! Con los cinco dedos de la mano imité la forma de la fusta. A fustazos le arranqué tiras de la piel de la cara a ¡Estropeado! y le impartí la parca orden: -Habrás de lamerlo. Succión- ¡Estropeado! se puso a lamerlo. Con escasas fuerzas, como si temiera hacerme daño, aumentándome el placer. A otra cosa. La verdad nunca una muerte logró afectarme. Los que dije querer y que murieron, y si es que alguna vez lo dije, incluso camaradas, al irse me regalaron un claro sentimiento de liberación. Era un espacio en blanco aquel que se extendía para mi crujir. Era un espacio en blanco. Era un espacio en blanco. Era un espacio en blanco. Pero también vendrá por mí. Mi muerte será otro parto solitario del que ni sé siquiera si conservo memoria. Desde la torre fría y de vidrio. Desde donde he contemplado después el trabajo de los jornaleros tendiendo las vías del nuevo ferrocarril. Desde la torre erigida como si yo alguna vez pudiera estar erecto. Los cuerpos se aplanaban con paciencia sobre las labores de encargo. La muerte plana, aplanada, que me dejaba vacío y crispado. Yo soy aquel que ayer nomás decía y eso es lo que digo. La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra. Desde este ángulo de agonía la muerte de un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto. Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!: él me lamía el falo. Impacientes Gustavo y Esteban querían que aquello culminara para de una buena vez por todas: Ejecutar el acto. Empuñé mechones del pelo de ¡Estropeado! y le sacudí la cabeza para acelerar el goce. No podía salir de ahí para entrar al otro acto. Le metí en la boca el punzón para sentir el frío del metal junto a la punta del falo. Hasta que de puro estremecimiento pude gozar. Entonces dejé que se posara sobre el barro la cabeza achatada de animal. -Ahora hay que ahorcarlo rápido -dijo Gustavo. -Con un alambre -dijo Estebanñ en la calle de tierra donde empieza el barrio precario de los desocupados. -Y adiós Stroppani ¡vamos! -dije yo. Remontamos el cuerpo flojo del niño proletario hasta el lugar indicado. Nos proveímos de un alambre. Gustavo lo ahorcó bajo la luna, joyesca, tirando de los extremos del alambre. La lengua quedó colgante de la boca como en todo caso de estrangulación. [De "Sebregondi retrocede", publicado en 1973 © herederos de Osvaldo Lamborghini]
Carta para Estela Me contaron que estuve muerto, Estela. No sé cuánto tiempo, creo que un año o dos. Veía la Rosa de los Vientos clavada en mi frente, girando en dirección a ninguna parte. Me parece que había engendrado el Caos, pero no estoy del todo seguro. Había un abismo entre yo y yo, y un puente de madera, así, sin ojos, pero así: un resquicio de mundo, una demora innecesaria. Las luces estaban apagadas y los planetas explotaban como mandarinas. Y era de día en todo el Universo. Y salía sangre, mucha sangre, Estelita. Como cuando alguien va a nacer, como cuando alguien va a morir. El yacaré que devoraba el alma de mil egipcios, por lo menos, debe haber llevado un vestido gris y una lámpara de lava en el muslo y varios relojes con la inscripción: "DEUS SIVE NATURA". Yo no soy San Jorge. Pero, Estela, los malditos pájaros tienen razón: siempre estuvo todo el Universo, agreguemos un par de automóviles más, si te gusta, pero nada más que eso, a pesar de nosotros. Siempre anduvimos errantes, en el desierto que siempre crecía, perdidos en la distancia que separa tus pechos pequeños.
Burroughs -The Junky's Christmas I link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=tLAboW9-Uss Burroughs -The Junky's Christmas II link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=bSZ7Hq1A_As&NR=1
Quería compartir con ustedes este libro. Me gustaría que lo pudieran descargar, leer y disfrutar con quienes quieran. Es un texto que, si bien está registrado y tiene derechos de autor, puede ser distribuido bajo licencia Creative Commons 2.5 Ar. Es decir, que están permitidos y sugeridos su distribución, fotocopiado, regalo, etc. Aquí abajo les dejo un video con un fragmento y el enlace para su descarga. Muchas gracias. link: http://www.youtube.com/watch?v=xIPpOqH92Mg
Estos son unos fragmentos que escribí para una muestra que realizó un amigo en la galería Labor en México DF el año pasado. Debajo de ellos adjunto el link para que puedan observarla en la web de la galería. También les dejo algunas fotos. Fragmentos: *** Y en la humedad y tibieza de aquellos huecos, a través de la membrana gelatinosa, oía al gusano que roe el vacío. -Gemía- Pero, apuñalando conejos ciegos, la brisa nos envolvía, invaginando el desierto previo al desierto. *** Y estaba aquél hombre con un agujero en la parte superior del cráneo. Alrededor de él, dos conejos sin ojos escribían con sangre inhumana: “El mundo ha muerto.” *** No era ciego: es que jamás había visto, excepto estando despierto. *** Había un muro que separaba-unía pasado y futuro. Detrás de él, los chacales hedían a San La Muerte. Pero era imposible saber quién estaba fuera y quién dentro. Pues el muro se invaginaba e invaginaba la muerte con él, como si todo el exterior estuviera dentro y el afuera no fuera más que una promesa de lo más difícil. *** Y cada vez que Clío cantaba, un chillido inhumano expelía la muerte del Hombre. *** Bebía del pubis de Venus repleto de cangrejos sagrados. “Es lo que puede conseguirse en la época de la Muerte de Dios” *** Y era desastroso morir pero vivir entre los bifrontes lo era mucho más. Y el mundo hablaba por nosotros y la infamia nos resguardaba arrojándonos fuera del mundo. *** ¿Por qué las hienas de fuego eran todo el lenguaje? Si el seno del lenguaje nos escondía, nos arrullaba, como quien destruye. Lo que veíamos, las imágenes, las veíamos sin ojos, a través de los labios, para horadar las palabras muertas. *** Errábamos, con San La Muerte a ambos lados de la línea. Entonces sólo había que torcer el camino para que todos los conejos cupieran en el útero de la tierra. El amor es la repetición, la noche invaginada. *** Hay una boca en suelo que es el útero terrestre. Hundiéndonos, llegaríamos tras el muro. Pero, cuanto más penetrábamos en él, en lo peor de su estrechez, el espacio moría. Nuestros cuerpos-hormiga, nuestros pliegues de carne, cavaban y cavaban sin saber que sólo nos esperaría la muerte (o el tiempo). *** Podría creerme allí: en la descomposición crónica, donde habitan los insectos. Sin embargo, olía la tormenta a kilómetros, el fin y el principio. No es que fuera a morir más de lo necesario: palpaba el vientre abierto del caos y una parte de mí que no era yo. Los sentidos no engañan, perciben lo que ya ha sido para devolverlo a la tierra y arrasar el presente. *** La bruma nos invadía nos arrasaba nos devoraba. Y nuestro deseo no era ceder sino hacer que su influjo se imponga. *** “Abri los ojos frente a lo otro que me miraba y que no era y que podía ser tú yo un árbol una piedra ……” *** el graznido de un pájaro el fin del desierto veo reír un pez y presiento el aleteo del caos arrancándonos la vista incesantemente desuniendo nuestros cuerpos incesantemente como una máquina perfecta impasible inaudible invisible como una máquina perfecta incesantemente arrancándonos la vista veo reír un pez invisible como el graznido de un pájaro impasible como el fin del desierto *** Muy cerca había un elefante devorando patas de buey haciendo pasar por sus poros un bloque de tiempo un mundo-cocodrilo regado de corazones humanos arrancados para que el sol no muriera. Y otro bloque, más antiguo, con cabezas sin torsos y los hierofantes más extraños y Job y la práctica ritual del degüello. Mientras, era domingo: Bebíamos sangre y comíamos el cuerpo de Dios. Pero el Universo ya estaba disjunto y era de noche para siempre. *** Debajo de la serpiente reptaban todas esas bocas como babosas gordas lubricadas con palabras muertas de todos los objetos del mundo *** Veía los ojos ciegos de los terneros degollados la sangre todavía fresca manando por un ínfimo agujero. La misma candidez la había observado en algún momento en algún lugar en miles de rostros humanos. La muerte ya no estaba pero los muertos estaban ahí en esos ojos víctimas victimarios… La promesa de recomposición del cosmos otra vez perdida por el orden absurdo de la mano ejecutora. *** El Amor no ha muerto: El tiempo arrancará los ojos de todos esos conejos para hacer el movimiento falso. Y, asesinando a Cronos, sembrará el Caos de estrellas para que Cipris, la diosa, respire a través de todos los soles, que son los poros de la noche. Enlace

Cuando descendía los Ríos impasibles, no me sentí guiado por los sirgadores: los Pieles Rojas chillones los habían tomado por blancos, habiéndolos clavado desnudos en postes de colores. Me eran indiferentes todas las tripulaciones, carguero de trigos flamencos o algodones ingleses. Cuando con mis sirgadores terminó ese alboroto, adonde yo quería ir me dejaron descender los Ríos. En los chapoteos furiosos de las mareas, yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños, ¡corrí! Y las Penínsulas desamarradas no han sufrido caos más triunfantes. La tempestad ha bendecido mis despertares marítimos. Más ligero que un corcho he bailado sobre las olas a las que llaman rodadoras eternas de víctimas, ¡diez noches, sin añorar el ojo memo de los faros! Más dulce que para los niños la carne de manzanas ácidas, el agua verde penetró en mi cáscara de abeto y de manchas de vinos azules y vómitos me lavó, dispersando timón y rezón. Y desde entonces, me he bañado en el Poema del Mar, infundido de astros, y casi lechoso, devorando los azures verdes; flotación lívida y arrebatadora, un ahogado pensativo a veces desciende. Donde, tintando de golpe las azulinas, delirios y ritmos lentos bajo las rutilancias del día más fuerte que el alcohol, más vastas que nuestras liras, ¡fermentan las rubicundeces amargas del amor! Yo conozco los cielos rajándose en relámpagos, y las trombas y las resacas y las corrientes: yo conozco la tarde, el Alba exaltada como un pueblo de palomas, ¡y he visto algunas veces lo que el hombre ha creído ver! He visto al sol bajo, manchado de horrores místicos, iluminandolargos coágulos violetas, parecidos a actores de dramas antiquísimos ¡las olas rodando a lo lejos sus temblores de álabes! He soñado la noche vrede de nieves delumbrantes, besar subiendo los ojos de los mares con lentitudes, la circulación de sabias inauditas, ¡y el despertar amarillo y azul de fósforos cantores! He seguido, meses enteros, semejante a vaquerías histéricas, al oleaje en el asalto de los arrecifes, ¡sin pensar que los pies luminosos de Marías pudieran forzar el mono de Océanos asmáticos! ¡He chocado, ¿sabéis?, contra increíbles Floridas mezclando a las flores ojos de panteras con pieles de hombres! ¡Arco iris tensos como bridas bajo el horizonte de los mares, en glaucon rebaños! He visto fermentar los marjales enormes, nasas donde se pudre en los juncos ¡todo un Leviatán! ¡Derrumbamientos de aguas en medio de bonanzas, y las lejanías hacia los abismos en cataratas! Glaciares, soles de plata, olas nacaradas, ¡cielos de brasas!, encalladuras ocultas al fondo de golfos oscuros donde las serpientes gigantes devoradas por los chinches caen, ¡árboles torcidos, con negros perfumes! Yo hubiera querido mostrar a los niños estos dorados del oleaje azul, estos peces de oro, estos peces cantantes. -Espumas de flores han mecido mis fugas de las radas e inefables vientos me han alado por instantes. A veces, mártir cansado de los polos y zonas, el mar cuyo sollozo hacía mi balanceo suave, subía hacia mí sus flores de sombra con ventosas amarillas y yo me quedaba, igual que una mujer de rodillas... Casi isla, bamboleando sobre mis bordes las querellas y el estiércol de pájaros ladradores de ojos rubios. Y yo bogaba, cuando a través de mis lazos frágiles los ahogados bajaban a dormir, ¡a reculones! Y yo, barco perdido bajo los cabellos de las ensenadas, arrojado por el huracán en el éter sin pájaro, yo cual los Monitorer y los veleros de las Hanses no hubieran pescado el esqueleto borracho de agua; Libre, humeante, montado por brumas violetas, yo que horadaba el cielo enrojecido como un muro que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas, líquenes de sol y mocos de azur; que corría, salpicado de lúnulas eléctricas, plancha loca, escoltado por hipocampos negros, cuando los julios hacían hundirse a garrotazos los cielos ultramarinos de ardientes entonelamientos; yo que temblaba, oyendo gemir a cincuenta leguas el celo de los Béhémots y los Maelstroms espesos, hilador eterno de inmovilidades azules, ¡añoro la Europa de los antiguos parapetos! ¡Yo he visto archipiélagos siderales! e islas en las que los cielos delirantes están abiertos al remero: -¿es en estas noches sin fondo cuando duermes y te exilas, millón de pájaros de oro, oh futuro Vigor? ¡Pero, cierto, que mucho he llorado! Las Albas son dolorosas. Toda luna es atroz y todo sol amargo: el acre amor me ha hinchado torpores embriagantes. ¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que desaparezca en el mar! Si yo deseo un agua de Europa, es la de la charca negra y fría donde hacia el crepúsculo embalsamado un niño en cuclillas lleno de tristezas, suelta un barco frágil como una mariposa de mayo. Yo ya no puedo, bañado por vuestras languideces, oh olas, seguir la estela de los cargueros de algodones, ni atravesar el orgullo de las banderas y los gallardetes, ni nadar bajo los horribles hojos de los pontones. Jean-Arthur Rimbaud

Les dejo este poema que escribí hace un tiempo. Es largo. Para que no se aburran, lo incluyo en un video que hice con mi celular + openshot + audacity + gimp. El video es un boceto: el audio tiene errores y las escenas que tiene no son todas las que va a tener, pero es lo que hay . Aquí van. Todo es Creative Commons 2.5 y está hecho con software libre. 1) Video link: http://www.youtube.com/watch?v=HoplFF_6mGk 2) Libro http://www.martinayos.com.ar/wp-content/uploads/2012/01/LibroAfrodita1.pdf 3) poema Afrodita Yo, Nix, soy otro. Partí de Dock Sud con Dionisos. Llevábamos vino para unos sufis de Uzbekistán pero nos hundieron mil aviones yanquis comandados por Nestis. Buscaban liberar una nueva ruta para traficar cocaína desde Libia. El Dios nos hizo delfines y vagamos por la costa de la India fumando opio y escuchando mantras que rezaban que éramos gotas de agua en el océano. Crecimos hasta la cresta del Tsunami que barrió la Atlántida y a Platón para bañar de esperma la costa de Chipre donde permanentemente renaces. Nos creímos muertos, pero, ni bien conseguimos deshacernos de nuestra carne, un hoyo se abrió en el cielo, como si se tratase de un augurio. No era un círculo negro ni un remolino ascendente, sino una especie de horror pendular ,como si el horizonte hubiera sido borrado y el tiempo fuera todo el tiempo y cayéramos (¡oh, clinamen!) de ayer a mañana y pasado mañana a través de las capas invisibles de tu piel divina. Deshecho, me perdí en la noche, aspirado por el vórtice de tu sexo y me arranqué los ojos para ver sin ver tus infinitos poros como soles excéntricos y me crecieron branquias para respirar tu medio húmedo y ser el medio y la muerte plegada. Lo real, Cipris, no es lo impercedero; sino lo indestructible. No hay lugar para la verdad. Todo está hecho de tiemp Una mano me sumergía en tu útero. (¡Lo bello es terrible y cruel y absurdo y sagrado!). Detrás de Urano flotaban unos torsos sin cabezas, sin miembros,gritando su angustia a las olas que montábamos. Los había visto antes de partir hacia ningún sitio, mientras me atrapaba el devenir molecular de una mesa y lo sólido desparecía ante mí, mezclado con el ruido y los rayos catódicos de todos los televisores del mundo y sus algoritmos para generar idiotas y la tierra gruñía como un inmenso vientre descompuesto y comprendía, por vez primera, que no era nadie y que emprendería la tarea de anularme: PARA SIEMPRE. Olía el aroma a jazmín de los pechos de Selene. Los hombres dormían sobre periódicos muertos, envueltos en el terror atómico o el cataclismo. Y nadie nadie nadie pensaba nadie soñaba nadie quería parpadear un instante para que el mundo desaparezca; porque a la gente no le gustaban la angustia ni el fin de sus automóviles, así tuvieran que morir Shiva, Quetzalcoatl, Cristo o Spinoza. O la tuviera que quedar el mismísimo Nietzsche, apedreado como una prostituta en medio de ese enjambre de locomotoras repletas de carne rumbo a estrellarse, irremediablemente, contra el fin del último segundo del planeta. Sentía la presión de tus piernas alrededor de mi rostro y el sabor exquisito de tu vulva derramando su elixir sobre mis labios en medio de la noche locamente violeta del polo sur de Venus. Artaud tenía razón: Habían echado un hechizo sobre los seres vivos: Siglos de hermetismo y magia y logias y alquimistas y conspiradores y profetas. Siglos de secretos oscuros y siniestros, de maldiciones y complots y guerras y hogueras y destrucción: TODO para vender fideos o crack o la vacuna contra la peste o algún control remoto para vivir en pos de estar muertos. Pero algo en mí que no era yo, sino un “mí-mismo”, lanzaba mi propio conjuro: Renacía en una espiral infinita que me expulsaba, para ser tú o no ser o estar siendo esa fuerza que eres y no eres huida anaranjada y golpe de azar y océano-tiempo. Y el universo se expandía y los mundos aullaban su soledad a las galaxias perdidas. Adoramos a aquél Dios que se burlaba de los eumólpidas: el Extraño, el Extranjero. Podía observarme cenitalmente: Bebía la Sangre del Diablo en Buenos Aires. La Cruz del Sur iluminaba los techos disjuntos a orillas del Riachuelo. Había una música hipnótica que hablaba de cargueros y sexo y violencia y muerte. Caronte cobraba seis pesos para cruzar a la Isla Maciel. A la otra orilla, en las entrañas de la ballena de Job, N. Perlongher y T. E. Lawrence y Rimbaud y Allen Gisnberg escribían odas para sus marinos amantes. Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia,Talía, Terpsícore y Urania eran nueve hombres de contextura enorme, venidos de Babel, adeptos a la aventura y las bebidas fuertes; sodomitas con olor a tabaco y pescado y transpiración rancia; reos reclutados por Osvaldo Lamborghini; asaltados por travestis de Nuestra Señora del Mar, escuchando a los jaguares de Momo, entregados a Iemanjá, adornados con plumas celestes y unos peines enormes con los que habían derrotado a Poseidón y pies de tambores y manos de sangre y fiebre y orgías y el Apocalipsis que iría a caer y Sileno reía a carcajadas con el signo COCHABAMBA 444 tatuado en el ojo izquierdo y un coro de sátiros y ninfas cantaban al Dios del Caos... y a ti y a mí. Diosa: ¿Quién podría amarte más que este suplicante? Reclamo todo el poder de lo falso, toda máscara, toda apariencia, para mutar tantas veces como tu placer lo quiera. Adonis no ha muerto. El Minotauro derrotó a Teseo. Orfeo recuperó a Eurídice. Mientras perdíamos el tiempo, girando en el vacío del mundo, arrastrándonos dentro, el tiempo, fuera de sí, nos aspiraba. Eros lo ha subvertido todo: AMOR SIVE CHAOS CHAOS SIVE NATURA AMOR SIVE CHAOS SiVE NATURA El mundo, el pequeño capullo perdido entre millones de estrellas ha comenzado a abrirse para expulsar todo el afuera contenido. Sólo existirá la vibración desnuda. Me deslizo por el vértice de tu fruto, dejándome llevar por la pendiente. Cayendo, irremediablemente, a través de sus labios carnoso, de brillo delirante, empapados de ti misma. Siento lo que debe haber sentido el caos al crearnos, lo que deben sentir los soles implosionados. Penetro por el hueco húmedo y fértil hacia donde no hube llegado jamás. Yo también húmedo y erecto. Me derramo, como el sol.

Si alguien me pregunta, creo que la mayoría de las personas de mi edad hacia atrás somos “cortazarianos”. Observen que hablo de “personas” y no de escritores. Y esto es adrede, pues la influencia de Cortázar abarca mucho más que la literatura. Es un modo de pensar, un modo de percibir, un modo de sentir la vida. El modo en el que percibimos las cosas hace que las cosas sean, les da su “estar siendo”, incluso si se trata de nosotros mismos. Y en esto, Cortázar fue un grande, al igual que Arthur Rimbaud: “El poeta debe volverse vidente a través de un razonado desarreglo de los sentidos”, André Breton, Paul Eluard, Antonín Artaud,entre otros. Tengo en mente unas palabras que me gustaría leerles. Se trata de una respuesta que da Cortázar sobre “Rayuela” en una excelente entrevista dada en la televisión española, allá por el setenta y pico: Rayuela, nos dice, “es una tentativa de decir la experiencia de toda una vida”, no se trata de una anti-novela, sino, como aclara el autor, de una “contranovela” que consiste en intentar hacer que la “actitud del lector sea activa, casi en pie de igualdad con el autor”, generando una”polémica en ausencia”. Pero, además, es la “negación de la realidad cotidiana” en pos de admitir “otras posibles realidades”. Es imposible dejar de ver aquí la exigencia del autor, para sí mismo, para con el lector y para con la realidad que lo rodea. Hay un fragmento de los Reyes, escrito antes de Rayuela, que nos ayudará a acercarnos un poco más al objetivo de mi ponencia: “Minotauro: (A Teseo) Llegaré a Ariana antes que tú. Estaré entre ella y tu deseo. Alzado como una luna roja iré en la proa de tu nave. Te aclamarán los hombres del puerto. Yo bajaré a habitar los sueños de sus noches, de sus hijos, del tiempo inevitable de la estirpe. Desde allí cornearé tu trono, el cetro inseguro de tu raza… Desde mi libertad final y ubicua, mi laberinto diminuto y terrible en cada corazón de hombre. (…) MINOTAURO (Al citarista) Ya lo sabrás, una vida te espera para el olvido. No quiero llantos, no quiero imágenes. Solamente el olvido. Y entonces seré más yo. En la crecida noche de la raza, sustancia innominable y duradera. ¡Oh delicada sangre que renuncia! Miradla, su manantial ya ajeno, ya no mío. Infinitas estrellas parecen alentar en su movimiento, naciendo y dispersándose en la granada temblorosa— Así quiero acceder al sueño de los hombres, su cielo secreto y sus estrellas remotas, esas que se invocan cuando el alba y el destino están en juego. Mírame morir y olvida. En una hora alta acudiré a tu voz y lo sabrás como la luz que ciega, cuando el Músico diga en ti los números finales. Mírame callar, Nydia de pelo claro, y danza cuando te alces ya pura de recuerdo. Porque yo estaré allí.” En principio, está la antonimia entre Teseo y el Minotauro, la disputa por Ariadna. El mito, tal como se lo conoce, está invertido. Es decir, que el héroe es el Minotauro. ¿Por qué? Teseo es el héroe convencional, podemos decir la razón, o mejor, puesto que para algunos la razón es el hilo de Ariadna, el sentido común. Aquél a quien los hombres del puerto aclamarán de día. Y no en vano será de día, pues el día es, en este caso, como en “El espacio literario” de Maurice Balnchot, el día de la razón, del trabajo, del sentido común, de las formas. Sin embargo, el día es tan sólo producto de la noche, es decir, no lo que viene después, de una vez y para siempre, sino que procede de la noche. Como el orden procede del Caos, tal y como nos lo hace ver Hesíodo. ¿Pero qué es esa noche? Blanchot nos dice que la noche está en el día. El caos es el motor mismo del orden. Pero si Teseo es el sentido común, Ariadna quien teje el hilo de la Razón y el Minotauro el Caos. ¿En qué queda todo ello una vez invertido el mito tal cual lo conocemos? El mito de Ariadna va más allá de Teseo. Como se sabe, Ariadna es abandonada en una isla por Teseo, es rescatada por Dionisos y ambos son unidos por Afrodita. El Minotauro está identificado con Dionisos en muchísimas versiones mitológicas. Incluso, la cristiandad se ha ocupado de unirlos en contra de Dios, como el demonio mismo. Pero Cortázar nos dice otra cosa. El sacrificio del minotauro es su perpetuación en la noche, en el sueño de los mortales, a través del olvido. Es su viaje triunfal hacia Ariadna. No se trata de una derrota. El caos, Dionisos, el Minotauro, deben destruirse para renacer, y de este modo, unirse a Ariadna. Quien, dicho sea de paso, en la mitología se ahorca antes de que Dionisos la rescate de la abyecta vida que le ofrece Teseo. Por ello el Olvido es la condición sine qua non para ser “otro” que también es concdición fundamental para el eterno retorno. En Rayuela, la relación con La Maga y Olivera es similar a la de Ariadna y el Minotauro o Dionisos. El hilo de Ariadna y el Laberinto no tienen nada que ver con la razón, sino que son el pensamiento mismo. El hecho de que a Cortázar le gusten tantos los laberintos, obedece a que el pensamiento y la realidad misma es laberíntica. No hay una sola realidad. Hay múltiples y todas ellas coexisten. No hay escape del laberinto, pues el laberinto es el afuera mismo, en el sentido que dan Blanchot, Deleuze o estas palabras de Derrida al “Afuera”: “El afuera, aun cuando está muy cerca, es siempre lo que está más allá de un límite.Pero en sí. Tenemos el afuera en el corazón, en el cuerpo. Eso es lo que quiere decir el afuera. El afuera está aquí. Si el afuera estuviese afuera, no sería un afuera.” Y tal vez el Minotauro sea, también, el lenguaje y la literatura en la obra de Cortázar. Ese afuera que lo impulsa a la deconstrucción. Tomemos estas palabras de Blanchot: “De ahí (quizás) el asombro que nos invade cuando nos enteramos, y nos enteramos de ello después de Hölderlin y después de Nietzsche, de que los griegos reconocían en Dionisos al «dios loco». Dicha expresión nos resulta más familiar al interpretarla de este modo: el dios que volvía loco o la locura que vuelve divino. Pero ¿el «dios loco»? ¿Cómo aceptar lo que sobreviene por la fuerza de semejante irregularidad? Un dios, no lejano, responsable de cierta sinrazón general, pero presente, la presencia misma, en su repentina revelación: ¿La presencia del dios loco? El dios loco: la presencia del afuera que, ya siempre, ha suprimido, entredicho, la presencia. Es decir, el enigma del eterno retorno.” Blanchot: “El paso no más allá”. Las consecuencias de la repetición están claras en “Las babas del Diablo” y en muchos otros textos de Cortázar. El guiño que nos hace al comienzo del cuento: “Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada.” y más precisamente, en la frase: “Pero los hilos de la Virgen se llaman también babas del diablo…” nos hacen sentir que no hay nada “dado” que lo que se da en la pared del cuarto hace también irreal la mera realidad del cuarto, repitiendo, de un modo completamente diferente, lo que se ha dado y no se ha dado, allí en la isla pues, “Creo que sé mirar, si es que algo sé, y que todo mirar rezuma falsedad, porque es lo que nos arroja más afuera de nosotros mismos,sin la menor garantía, en tanto que oler… De todas maneras, si de antemano se prevé la probable falsedad, mirar se vuelve posible; basta quizá elegir bien entre el mirar y lo mirado, desnudar a las cosas de tanta ropa ajena. Y. claro, todo esto es más bien difícil.” Esta mirada, similar a la de Orfeo, capta, o mejor, pone en entredicho la presencia, la eternidad de la imagen, la relación proposicional entre el objeto y la palabra. Cortázar tiene grandes lazos con el surrealismo, también con la posibilidad jungiana de un sueño arquetípico. Y es porque su obra nos despoja de la conciencia, nos propone, en algún sentido la fabulación, la posiblidad de generar un inconsciente colectivo diferente, capaz de delirar de otro modo. Como bien observan Deleuze y Guattari, nuestro inconsciente colectivo delira con papá y mamá, con guerras, odios, persecuciones, ficciones cristalizadas denominadas “verdades” últimas o eternas. Toda una teleología tautológica y teológica, en detrimeto de la diferencia. Cuando la realidad es muy otra y tan amplia que permite nuestra relidad mediocre, pueblerina. El orden procede del Caos, no puede suplantarlo. El día procede de la noche y no puede negarla. Se trata de aprehender esas otras realidades o de inventarlas y hacer que coexistan y se enriquezcan unas a otras, de “plegar el afuera”, en sentido deleuziano o foucaultiano. La imagen como juego, la unión entre Apolo y Dionisos, inviertiendo la pretensión platónica de la imagen como idea y de la idea como realidad. En “Continuidad de los parques”, por ejemplo, Los infinitos planos que conforman la realidad se cruzan en un punto en el que el lector muere apuñalado. Se objetará que esto no puede ser real o que más bien es una figuración. Sin embargo, esto ocurre realmente en el cuento. En un punto determinado. Ese punto en el que aquellos dos planos se unen y dan paso a un devenir posible. Negarlo es una necedad, creo que hoy en día la ciencia, despojada de los prejuicios del positivismo, la filosofía y el arte en general coincidirían en que esto no es descabellado. Pero nosotros sí. ¿Por qué? Porque estamos atados a convenciones que nos son fijadas, que creemos eternas, por más que tengan una fecha de nacimiento. Y porque no tenemos el valor político que nos exige semejante salto. Oir la propuesta de Cortázar es oir también la necesidad de ser otros. La revolución de la percepción que nos propone, es una revolución de nosotros mismos. La llamada a “ser más humanos” que el autor nos lanza, implica, también, afrontar las consecuencias políticas que ello requiere. La realidad es fragmentaria. Ello no quiere decir que los fragmentos sean segmentos delimitados. Y En este sentido, “62, modelo para armar” también es la apuesta “Fantomas contra los vampiros multinacionales”. ¿Por qué? Porque comprender la fragmentación es ver que es necesario jugar una dimensión humana en la que podamos ser otros relamente. cortázar vio en América Latina esta “oportunidad” y la defendió con valor y hay pruebas abundantes de ello: en “El libro de Manuel”, en sus participación en el Tribunal Russell, etc. Ello no quiere decir que estuviera o no equivocado respecto del castrismo o el sandinismo. Lo que quiere decir es que estuvo, como siempre, atento al germen de algo nuevo, de la producción de la diferencia. No coincido con ningún regímen político. Sin embargo, no puedo dejar de coincidir con esa pasión revolucionaria. Revolucionar la percepción, revolucionar el tiempo, revolucionar la realidad. Johnny dice en “El perseguidor”: “- Bruno, si un día lo pudieras escribir… No por mí, entiendes, a mí qué me importa. Pero debe ser hermoso, yo siento que debe ser hermoso. Te estaba diciendo que cuando empecé a tocar de chico me di cuenta de que el tiempo cambiaba. Esto se lo conté una vez a Jim y me dijo que todo el mundo se siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae… Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero no,yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se quedó ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir así. No creas que me olvidaba de la hipoteca o de la religión. Solamente que en esos momentos la hipoteca y la religión eran como el traje que uno no tiene puesto; yo sé que el traje está en el ropero, pero a mí no vas a decirme que en este momento ese traje existe. El traje existe cuando me lo pongo, y la hipoteca y la religión existían cuando terminaba de tocar y la vieja entraba con el pelo colgándole en mechones y se quejaba dé que yo le rompía las orejas con esa-música-del-diablo.”