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En La Bruma de Lavanda -fragmentos y muestra en Mexico DF-

Arte3/20/2012

Estos son unos fragmentos que escribí para una muestra que realizó un amigo en la galería Labor en México DF el año pasado. Debajo de ellos adjunto el link para que puedan observarla en la web de la galería. También les dejo algunas fotos.

Fragmentos:

***
Y en la humedad y tibieza de aquellos huecos,
a través de la membrana gelatinosa,
oía al gusano que roe el vacío.
-Gemía-
Pero, apuñalando conejos ciegos,
la brisa nos envolvía,
invaginando el desierto previo al desierto.

***
Y estaba aquél hombre
con un agujero en la parte superior del cráneo.
Alrededor de él,
dos conejos sin ojos
escribían con sangre inhumana:
“El mundo ha muerto.”

***
No era ciego: es que jamás había visto, excepto estando despierto.

***
Había un muro que separaba-unía pasado y futuro.
Detrás de él, los chacales
hedían a San La Muerte.
Pero era imposible saber quién estaba fuera
y quién dentro.
Pues el muro se invaginaba
e invaginaba la muerte con él,
como si todo el exterior estuviera dentro
y el afuera no fuera más que una promesa
de lo más difícil.

***
Y cada vez que Clío cantaba,
un chillido inhumano
expelía la muerte del Hombre.

***
Bebía del pubis de Venus
repleto de cangrejos sagrados.
“Es lo que puede conseguirse
en la época de la Muerte de Dios”

***
Y era desastroso morir
pero vivir entre los bifrontes
lo era mucho más.
Y el mundo hablaba por nosotros
y la infamia nos resguardaba
arrojándonos fuera del mundo.

***
¿Por qué las hienas de fuego
eran todo el lenguaje?
Si el seno del lenguaje nos escondía,
nos arrullaba,
como quien destruye.

Lo que veíamos,
las imágenes,
las veíamos sin ojos,
a través de los labios,
para horadar las palabras muertas.

***
Errábamos,
con San La Muerte
a ambos lados de la línea.
Entonces sólo había que torcer el camino
para que todos los conejos cupieran
en el útero de la tierra.

El amor es la repetición,
la noche invaginada.

***
Hay una boca en suelo
que es el útero terrestre.
Hundiéndonos,
llegaríamos tras el muro.
Pero, cuanto más penetrábamos en él,
en lo peor de su estrechez,
el espacio moría.
Nuestros cuerpos-hormiga,
nuestros pliegues de carne,
cavaban y cavaban
sin saber que sólo nos esperaría
la muerte
(o el tiempo).

***
Podría creerme allí:
en la descomposición crónica,
donde habitan los insectos.

Sin embargo,
olía la tormenta a kilómetros,
el fin y el principio.

No es que fuera a morir más de lo necesario:

palpaba el vientre abierto
del caos
y una parte de mí
que no era yo.

Los sentidos no engañan,
perciben lo que ya ha sido
para devolverlo a la tierra
y arrasar el presente.

***
La bruma nos invadía
nos arrasaba
nos devoraba.
Y nuestro deseo no era ceder
sino hacer que su influjo se imponga.

***
“Abri los ojos
frente a lo otro que me miraba
y que no era
y que podía ser tú
yo
un árbol
una piedra
……”

***
el graznido de un pájaro
el fin del desierto
veo reír un pez
y presiento el aleteo del caos
arrancándonos la vista
incesantemente
desuniendo nuestros cuerpos
incesantemente
como una máquina perfecta
impasible
inaudible
invisible
como una máquina perfecta
incesantemente
arrancándonos la vista
veo reír un pez
invisible
como el graznido de un pájaro
impasible
como el fin del desierto

***
Muy cerca
había un elefante devorando patas de buey
haciendo pasar por sus poros
un bloque de tiempo
un mundo-cocodrilo
regado de corazones humanos
arrancados para que el sol no muriera.
Y otro bloque,
más antiguo,
con cabezas sin torsos
y los hierofantes más extraños
y Job
y la práctica ritual del degüello.

Mientras,
era domingo:
Bebíamos sangre
y comíamos el cuerpo de Dios.

Pero el Universo
ya estaba disjunto
y era de noche
para siempre.

***
Debajo de la serpiente
reptaban todas esas bocas
como babosas gordas
lubricadas con palabras muertas
de todos los objetos del mundo

***
Veía los ojos ciegos
de los terneros degollados
la sangre todavía fresca
manando por un ínfimo agujero.
La misma candidez la había observado
en algún momento
en algún lugar
en miles de rostros humanos.
La muerte ya no estaba
pero los muertos estaban ahí
en esos ojos
víctimas
victimarios…
La promesa de recomposición del cosmos
otra vez perdida
por el orden absurdo
de la mano ejecutora.

***
El Amor no ha muerto:
El tiempo arrancará los ojos
de todos esos conejos
para hacer el movimiento falso.
Y, asesinando a Cronos,
sembrará el Caos de estrellas
para que Cipris, la diosa,
respire a través de todos los soles,
que son los poros de la noche.





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