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WERNER HERZOG HABLA DE UN MALDITO POLICIA EN NUEVA ORLEANS “No tuve tiempo de estudiar las reglas del cine policial” El director de Fitzcarraldo no se burla de la institución hollywoodense desde fuera, sino desde el propio riñón. “El público tendría que darse cuenta de que mi cine fue siempre mucho más humorístico de lo que suele creerse”, afirma Herzog. A pesar de su título, la segunda película que Herzog filmó con dinero estadounidense no tiene mucho que ver con Un maldito policía, de Abel Ferrara. Por Jeff Goldsmith “Es la película más ‘normal’ de Werner Herzog, y al mismo tiempo es la más extraña de todas”, dijo un crítico sobre Un maldito policía en Nueva Orleans. A pesar de su título, la segunda película que el realizador de Fitzcarraldo filmó con dinero estadounidense (la anterior, Rescue Dawn, salió aquí en DVD) no tiene mucho que ver con Un maldito policía, de Abel Ferrara. “Mi película no es una remake”, aclara Herzog (ver recuadro), y eso está a la vista. Más allá de que el escenario se haya trasladado de la Nueva York de los años ’90 a la Nueva Orleans post-Katrina, entre el detective de Harvey Keitel y el que aquí encarna Nicolas Cage no hay otra relación que la placa y el modo poco ortodoxo de llevarla. El teniente McDonagh es capaz de arrestar a una pareja nada más que para robarles un poco de crack y tener un poco de sexo con la chica. Pero no hay ni pizca de culpa católica en él ni de tortura interior, como sucedía con su colega de la película de Ferrara. No hay, sobre todo, la más mínima voluntad de expiar nada en quien está detrás de la cámara sino, tal como el propio Herzog confiesa aquí, de llevar las cosas al límite de la locura, y más allá. Una locura lúdica, corrosiva y contagiosa, que no se posesiona tanto del personaje como de la propia película. El primer indicio de que Un maldito policía en Nueva Orleans no es una película normal son las iguanas. Allá por los 20 minutos o media hora de película, Nicolas Cage llega a un departamento donde unos compañeros están haciendo un operativo y de repente ve sobre una mesa... unas iguanas. “No son iguanas”, aclara Val Kilmer como si nada. Serán una clase de lagartos, lagartijas o axolotls, pero no por eso deja de ser muy raro que esos bichos estén allí en ese momento. Toda una declaración de principios, a partir de su aparición la escena está filmada desde el punto de vista reptílico. Otro tanto sucede poco más tarde, cuando dos caimanes observan con suma atención un operativo policial que tiene lugar en una ruta. De tal manera, cuando en medio de un tremendo tiroteo posterior el alma de un acribillado se pone a bailar breakdance sobre el parquet, al espectador ya no le cabe sorprenderse, sino simplemente ponerse a disfrutar como loco de la que posiblemente sea la película más subversiva vista en mucho tiempo. ¿Qué es lo que subvierte Un maldito policía en Nueva Orleans? El sistema de convenciones al que llamamos “normalidad” cinematográfica, cuyo máximo cliché, el happy end, es llevado aquí a un ridículo triplicado y memorable. Lo más notable de todo es que Herzog no se burla de la institución hollywoodense desde fuera, sino desde el propio riñón. Esta no es una peliculita marginal, sino una producción estadounidense en regla, hablada en inglés y protagonizada por un all star cast (a Cage se le suman Val Kilmer, Brad Dourif y esa bestialidad de mujer llamada Eva Mendes). Sembrando desconciertos y goces desde su estreno mundial en Venecia, en septiembre pasado, Un maldito policía en Nueva Orleans se estrena el próximo jueves en Buenos Aires. En la entrevista que sigue, el autor de Aguirre, la ira de Dios cuenta cómo fue a parar a esta locura americana, por qué el protagonista tenía que ser Cage o Cage, hasta qué punto lo ignoraba todo sobre el género policial, qué hace él con los guiones de hierro, cómo se le ocurrieron las cosas que se le ocurrieron y cómo fue que una iguana (o lagarto, o axolotl) se le colgó de un dedo y no lo soltó más. No fue el único episodio sangriento que Herzog tuvo que afrontar durante el rodaje (ver, en recuadro, las santas maldiciones que Abel Ferrara le lanzó al enterarse de que estaba filmando “su” película). –Esta es la primera vez que aborda un film de género. ¿Cómo se sintió en relación con los códigos del policial? –No estoy muy seguro de que pueda considerarse a esta película un policial. La relación que Un maldito policía en Nueva Orleans tiene con el género es bastante marginal. Igual, no soy la persona indicada para asegurarlo, porque no sé si en toda mi vida vi algún thriller detectivesco, como se supone que es éste... –¿Nunca? –No, nunca. Como por otra parte el tiempo de preproducción fue muy acotado, tampoco es que tuve tiempo de ponerme a investigar las reglas del género antes de filmar. Pero no me importó demasiado. Tengo confianza en que puedo salir del paso incluso haciendo algo que no conozca, como puede haber sido este caso. Le puedo asegurar que fue sumamente placentero filmar esta película, la pasamos muy bien. Creo que todos sabíamos que lo que estábamos haciendo era más bien hilarante. Cada escena que ensayábamos, sabíamos que tarde o temprano iba a desembocar en algo gracioso. –Usted describe la película más como una comedia oscura que como un policial. –Es que creo que eso es lo que es. Mientras la filmaba tenía la sensación de que esta vez, finalmente, el público tendría que darse cuenta de que mi cine fue siempre mucho más humorístico de lo que suele creerse. Y, efectivamente, las veces que la vi con público pude advertir que se reían más que con una de Eddie Murphy. –¿Eso lo complace? –Desde ya. Era lo que buscaba. –¿Y si algunas de esas risas fueran de burla hacia la película? –Yo sé que hice la película que quería hacer. Tal vez pueda haber algún malentendido con respecto a ella, pero sé que a la larga encontrará su público. Aguirre, la ira de Dios tuvo muy malas críticas en el momento del estreno. Pero tiempo después se había convertido en un clásico de las salas de arte y ensayo... –¿Todo ese humor loco de la película estaba ya en el guión? –Mire, yo creo que lo peor que le puede pasar a un cineasta es filmar con un guión de hierro. Eso asesina toda intuición, toda fantasía o creatividad. Es en el momento del rodaje cuando una película define su espíritu, y es allí donde el realizador debe prestarle atención a su intuición y hacer lo que ésta le indique, sin preocuparse demasiado si está siguiendo el guión al pie de la letra o no. En este caso hay escenas que ni por asomo figuraban en el guión y que decidí filmar en el momento mismo del rodaje. –¿Por ejemplo? –La escena de las iguanas y la del “espíritu bailarín”. –¿Usted busca esos momentos “locos” o es algo que se le presenta? –Creo que toda invención es buena. Cuanto más loca, mejor. Siempre que convenga a un plan general, se entiende. Así que cualquier idea loca que se me ocurra mientras estoy rodando, la analizo un poco y si me parece que es buena para la película, la sigo. Lo de las iguanas, por ejemplo, se me ocurrió y pedí que me consiguieran un par de esos bichos. Le pedí al cameraman que me dejara filmarla yo mismo, porque consideré que sólo yo podía filmarla de la manera demente que correspondía. –¿No es muy habitual que usted mismo se ocupe de la cámara, no? –No. Hubo una vez que lo hice, pero hice figurar en los créditos a un director de fotografía muy conocido, para pedirle permiso. –¿Por qué? –Porque yo era el director, productor y guionista de la película. Ser encima el director de fotografía me parecía demasiado. –Sin embargo, en este caso, en los créditos figura que “las escenas con las iguanas y los caimanes fueron fotografiadas por Werner Herzog”. ¿Por qué en aquella ocasión no, y ahora sí? –(Risas.) ¡Porque disfruté como loco filmando esas escenas! ¿Sabe que una de las iguanas me mordió? Bah, en realidad no era exactamente una iguana, sino una especie de lagarto o lagartija. Por eso el personaje de Val Kilmer corrige a Nicolas Cage, cuando él dice que son dos iguanas. Bueno, el tema es que una de ellas (o de ellos) se colgó de mi dedo y no lo soltaba. Mire que esos bichos tienen unas mandíbulas importantes... –Sí, en la película se ve. –Se me colgó del pulgar mientras estaba filmando. Yo empecé a sacudir la mano y a gritar, para sacármela de encima. ¡Y no me soltaba! Fue muy gracioso. –No debe haber sido una actuación fácil para Nicolas Cage. Su personaje llega a niveles de desmadre bastante importantes. –Yo tenía claro que él y sólo él podía ser el protagonista. Nadie más. Siempre supe a quién estaba llamando y para qué. En realidad fue algo recíproco: él también les dijo a los productores que si yo no dirigía la película, él no la filmaba. –¿Cómo encaró el trabajo con él? –En el trabajo con los actores no me gusta todo ese asunto de la motivación, la memoria emotiva y todo eso. Cuando necesitaba que se desmadrara, simplemente le avisaba que en esa escena iba a tener que soltar amarras. La idea era que de pronto todo se fuera completamente al demonio. Yo sabía que él podía hacerlo, y así fue. Igual, tenga en cuenta que estaba bien rodeado. Para él no hubiera sido lo mismo si no hubieran estado Eva Mendes, Val Kilmer, Brad Dourif, Xzibit o cualquier otro de sus compañeros. –Están todos extraordinarios, si me permite que le diga. –Yo sabía a quiénes estaba eligiendo. Con Brad había trabajado antes [N. de la R.: en The Wild Blue Yonder, 2005]. Con los otros no, pero los tenía vistos y sabía lo que podían rendir. –¿En el guión original la historia transcurría en Nueva Orleans? –No, creo que era en Nueva York. Pero sucede que era más barato filmar en Nueva Orleans, y la producción no contaba con mucho dinero. Así que uno de los productores me llamó un día y me preguntó, medio tímidamente, si me molestaría filmarla en Nueva Orleans. Me pareció perfecto, por el tema del Katrina y la ruptura de la civilidad que eso representó. Además, porque los delincuentes fueron de los primeros en volver, en cuanto las aguas empezaron a bajar. –¿Hubo que hacer cambios importantes en el guión al cambiar de ciudad? –Sí. La escena introductoria, sin ir más lejos. En el guión original, el policía rescata a un tipo que se tira a las vías cuando viene el subte. Acá, el rescate es de un preso al que habían perdido de vista, cuando desalojaron una cárcel inundada. Los dos detectives están inspeccionando el desalojo y de repente escuchan el pedido de rescate del preso, al que el agua está por llegarle al cuello. –Su visión de Nueva Orleans no se parece en nada a la de las tarjetas postales. –Eso era precisamente lo que nos propusimos evitar: nada de jazz, nada de French Quarter, nada de vudú, ni Mardi Gras, ni desfiles funerarios, ni nada de eso. No queríamos dejar ni un solo cliché. Esta es la Nueva Orleans real, la de después del Katrina. Una ciudad más auténtica ¿Qué lo llevó a radicarse en Los Angeles? –Me mudé cuando me casé por segunda vez. Mi mujer es siberiana, y a fines de los ’90 estaba en Estados Unidos, con un pasaporte emitido por la Unión Soviética. Pero la Unión Soviética dejó de existir, y ella pasó a ser apátrida. Me perdí... ¿Cuál era la pregunta? –Qué lo llevó a radicarse en Los Angeles. –Ah, sí. Con mi mujer vivimos dos o tres años en San Francisco, hasta que decidimos que no era para nosotros. Es encantadora, bella y muy chic, pero es como un decorado para turistas. Queríamos vivir en una ciudad que tuviera una sustancia. Nueva York no podía ser, porque Nueva York vive, en buena medida, de una cultura europea prestada. El tipo de vida que se lleva es muy europeo: vas al teatro, a una exposición, a la ópera... Queríamos algo más auténtico, más intransferible, y nos pareció que la ciudad que tenía eso era Los Angeles. En Los Angeles nació el cine, el movimiento por la libertad de palabra, las computadoras nacieron en la zona. Pasadena está a media hora y en Pasadena está el control espacial para los vuelos a Marte... Acá viven matemáticos, escritores, compositores y hasta magos. Por supuesto que muchas de las mayores estupideces del mundo contemporáneo también surgieron aquí: la New Age, las clases de yoga, la comida vitamínica, la Cientología, qué sé yo... –¿El hecho de que Hollywood esté en Los Angeles tuvo algo que ver con la elección? –No, nada que ver. No estoy acá por Hollywood. Y ojo que no tengo nada contra Holly- wood... Tampoco es que me guste mucho... Lo seguro es que Hollywood no tiene influencia sobre lo que hago. Traducción, adaptación e introducción: Horacio Bernades. MAS INFO Abel Ferrara, la ira de Dios Cuando se enteró de que existía un proyecto de filmar una remake de Un maldito policía, el director de la original, Abel Ferrara –cuyos arrebatos de furia son célebres–, estalló de ira. “Ojalá toda esa gente arda en el infierno”, declaró Ferrara, que es católico confeso. “Ojalá vayan todos a la filmación en el mismo ómnibus y que el ómnibus se prenda fuego”, varió ligeramente más tarde, algo más agnóstico. “¿Y quién dijo que mi película es una remake?”, respondió Herzog. “Más allá del título y de que el protagonista es un detective loco, Un maldito policía en Nueva Orleans no tiene nada que ver con la original. Por lo que me comentaron (yo no vi Un maldito policía), la película de Abel Ferrara gira sobre la culpa del protagonista, mientras que la mía es sobre la seducción del mal. Yo filmé una vez una remake. Pero no fue ésta, sino Nosferatu. La diferencia es que allí pretendí homenajear al director de la original, F. W. Murnau, y a Ferrara ni lo conozco. No creo que haya visto jamás una película suya... ¿Es italiano, francés? ¿Alguien puede decirme quién es Abel Ferrara?” FUENTE ¿QUERÉS VER LA PELÍCULA? ENTRÁ EN ESTOS POSTS Y DESCARGALA Teniente Corrupto (2009) Dvd-R Ntsc teniente corrupto estreno exelente calidad

fue hace exactamente 9 años, pero sus palabras aún conservan el amor Carta del Subcomandante Marcos a los argentinos con motivo del 24 de Marzo A los niños, niñas, ancianos, ancianas, jóvenes, jóvenas, hombres, mujeres de la Argentina América Latina, Planeta Tierra Hermanos y hermanas: Aquí México Zapatista. Allá la digna Argentina. Les habla el Subcomandante Marcos, a nombre de todos los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Queremos aprovechar que los hermanos y hermanas de Argentina nos dan la oportunidad de decir nuestra palabra en este acto que sirve para darle a la verdad y a la memoria el lugar que merecen. Porque hay y ha habido quien creyó y cree que, asesinando personas, asesina también los pensamientos y los sueños que en veces son palabras y en veces son silencios. Quien así cree en realidad teme. Y su temor adquiere el rostro del autoritarismo y la arbitrariedad. Y en la resaca de la sangre busca la máscara de la impunidad y el olvido. No para que todo quede atrás, sino para asegurarse de que podrá de nuevo hacer actuar su temor sobre los que le son diferentes. Nuestros más antiguos nos enseñaron que la celebración de la memoria es también una celebración del mañana. Ellos nos dijeron que la memoria no es un voltear la cara y el corazón al pasado, no es un recuerdo estéril que habla risas o lágrimas. La memoria, nos dijeron, es una de las siete guías que el corazón humano tiene para andar sus pasos. Las otras seis son la verdad, la vergüenza, la consecuencia, la honestidad, el respeto a uno mismo y al otro, y el amor. Por eso, dicen, la memoria apunta siempre al mañana y esa paradoja es la que permite que en ese mañana no se repitan las pesadillas, y que las alegrías, que también las hay en el inventario de la memoria colectiva, sean nuevas. La memoria es sobre todo, dicen nuestros más primeros, una poderosa vacuna contra la muerte y alimento indispensable para la vida. Por eso, quien cuida y guarda la memoria, guarda y cuida la vida; y quien no tiene memoria está muerto. Quienes arriba fueron poder nos heredaron un montón de pedazos rotos: muertes aquí y allá, impunidades y cinismos, ausencias, rostros e historias emborronadas, desesperanzas. Y ese montón de escombros es el que nos ofrecen como tarjeta de identidad, de modo que decir “soy” y "somos” sea una vergüenza. Pero hubo quienes fueron y son abajo. Ellos y ellas nos heredaron no un mundo nuevo, completo y acabado, pero sí algunas claves y pistas para unir esos fragmentos dispersos y, al armar el rompecabezas del ayer, abrirle una rendija al muro, dibujar una ventana y construir una puerta. Porque es bien sabido que las puertas fueron antes ventanas, y antes fueron rendijas, y antes fueron y son memoria. Tal vez por eso temen los de arriba, porque quien tiene memoria en realidad tiene en su futuro una puerta. Somos muchos y muchas los que al buscar la memoria estamos buscando partes de nuestro rostro. Quien nos pide que olvidemos, nos pide que sigamos incompletos, usando las prótesis que el Poder oferta. Este día, en Argentina, en México y en otras partes del mundo, hay muchos y muchas guardianes de la memoria reuniéndose para una ceremonia tan antigua como la palabra: la del conjuro del olvido y la desmemoria, la de la historia. Hoy, quienes tienen a la Argentina como patria, nos enseñan que quien camina la memoria, en realidad camina la vida. Y queremos que todos y todas ustedes sepan que escuchamos sus pasos y que, al escucharlos, recordamos que el principal atributo del ser humano sigue siendo la dignidad. Digna Argentina: los zapatistas de México te saludan. Vale. Salud y que nunca más la estupidez se permita democratizar el miedo y la muerte Subcomandante Insurgente Marcos México, 24 de marzo del 2001 P.D.- No se acaben el churrasco, porque siempre me dejan la pura salsa chimichurri. Con el mate pueden proceder a discreción, pero no se acaben las empanadas. Nos vemos luego en la calle de Corrientes para echarnos una cascarita de fútbol y tararear un tango, porque la memoria también se guarda con el juego, la música y el baile. TODO ESTA GUARDADO EN LA MEMORIA YO NO ME OLVIDO
Como ya saben (los que no, aquí la noticia ) la oposición en el Senado (37 senadores de distintas fuerzas) logró quórum y a través de la Comisión de Acuerdos rechazó el pliego de Mercedes Marcó del Pont... ¿Qué significa esto? Que ante la designación de la funcionaria, por parte del Ejecutivo Nacional, al frente del Banco Central, el Congreso debe analizar la idoneidad de la funcionaria, es decir, analizar si la persona puesta al frente de la entidad está capacitada para desempeñar la función. Cosa que hizo, en tiempo récord y sin siquiera oir a la flamante titular del Central defender su designación. ¿Por qué? Les dejo dos notas de opinión más que interesantes sobre quién es Marcó del Pont y por qué la oposición quiere sacarla del juego inmediatamente. Una larga militancia Por Héctor Valle *Presidente de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (FIDE) Casi tres décadas trabajando juntos, creo, me otorga títulos de sobra para opinar sobre una persona. Más aún cuando esas tareas no consistieron en hacer plata, sino en el día a día de estudiar los problemas nacionales y militar en la construcción de un proyecto nacional. Más aún si debió hacerse casi en soledad, durante la negra noche en que imperó el pensamiento neoliberal. Eso ha sido y seguirá siendo la FIDE, cuya coherencia ideológica es difícil negar. Fuimos contra corriente de Martínez de Hoz, anunciamos el fracaso inevitable del Plan Austral y, con persistente militancia, estuvimos entre los muy poquitos que se atrevieron con la convertibilidad. Con la misma fe en nuestras ideas nos comprometemos con la actual gestión, activamente, sin dobleces ni “apoyos críticos” y desde donde nos toque actuar. Me pareció necesaria esta quizá demasiado extensa introducción para expresar mi solidaridad con Mercedes. No sólo por sus ya probadas virtudes técnicas, la inteligencia de que está dotada, algo que explica su capacidad didáctica para explicar las cuestiones más complejas de la economía, sino, fundamentalmente, porque es una persona de bien. Y por eso yo pongo las manos en el fuego, algo que no suelo hacer. Paradójicamente, esas virtudes la convierten en un blanco móvil para la oposición. No es fácil ganarle un mano a mano a la hora de discutir ideas, la lógica del amontonamiento opositor prefiere entonces removerla. Dependiendo del voto del doctor Menem, el 3/03/10 logró prevalecer esta mezcolanza en el Senado que así inició su ansiado regreso a los años ’90, convertibilidad incluida. Ya se relamen esperando bajar a la presidenta del BCRA como parte de esa opción estratégica. No creo que sea tan fácil; Mercedes acredita una larga militancia comprometida con la defensa del interés nacional y ello es fácil probarlo recordando dónde estaba cada uno en cada etapa de nuestra historia reciente. Puede mostrar sus conocimientos técnicos, como ya mencioné, su enorme capacidad de trabajo, su virtud de compañera en la militancia que no se dobla ni se deja tentar cuando vienen los tiempos difíciles. Pero fundamentalmente ahí está la historia de su empecinada coherencia. Y esto es algo que los “Menemdependientes” –hoy la impugnan nada menos que por haber cumplido con la ley que ellos tantas veces violaron–, difícilmente podrán exhibir. Veamos algunos botones de muestra: baste revisar los medios de la época, los documentos del Encuentro de Economistas Argentinos y del Plan Fénix, además de la constante prédica de la Revista FIDE para documentar su permanente oposición a las privatizaciones ejecutadas por quien hoy es la pieza principal e irremplazable de la ofensiva senatorial. Luego mantuvo una posición critica, irreductible, cuando el Senado votó la vergonzosa Ley Banelco –donde eran mayoría radicales y varios de los hoy peronistas federales–, protagonizando uno de los mayores escándalos de la Alianza entonces gobernante. Por entonces militaba en el Frenapo, mientras Prat Gay (JP Morgan) y Redrado (Fundación Capital) se beneficiaban de los grandes negocios que el endeudamiento argentino proporcionaba al sistema financiero. Como es sabido, ese endeudamiento es la base de la pobreza en la Argentina. Ahora, en apenas dos años de gestión como presidenta del Banco Nación, pudo hacer realidad la vieja aspiración de que las pequeñas y medianas empresas puedan acceder al crédito a tasas y plazos accesibles. No debe sorprendernos entonces su adhesión al principio básico de que la autoridad monetaria, sin perder su autarquía, debe estar al servicio del desarrollo económico y no actuar como una embajada virtual de las finanzas globales en territorio argentino. Al intentar removerla de su cargo, aquellos cuyos predecesores jamás objetaron los pliegos de Roque Fernández o Pedro Pou, actitud que hoy se ratifica en las relaciones carnales que practican con Carlos Menem, lo que están atacando son las ideas de Mercedes más que las formas de los decretos. La saben una ferviente defensora de una autoridad monetaria al servicio de la producción y el trabajo nacional. Pero no cabe duda de que éstos serían sólo los primeros pasos que dé el conglomerado. Van por todo; van por el gobierno popular, ya lo hicieron en 1955. Por eso, al defender a Mercedes estamos defendiendo al gobierno de Cristina. Que quede claro. FUENTE Algo habrá hecho para que no la quieran Por Raúl Dellatorre ¿Qué es lo que impugna la oposición cuando rechaza el pliego de Mercedes Marcó del Pont? ¿Su idoneidad para el cargo? ¿O su pensamiento en materia de política económica? ¿Será que, como dice esa misma oposición, se condenó sola al haberse prestado a facilitar el uso de las reservas internacionales para el pago de la deuda? En todo caso, hay razones de fondo y profundas convicciones que la llevaron a tomar tal decisión. Quizás allí se encuentren los motivos de tan airada resistencia opositora. Ningún miembro de la oposición se atrevió a poner en duda, en privado o en público, la idoneidad y antecedentes de la funcionaria. Hasta hubo elogios a su capacidad de parte de Carlos Menem, antes de votar en su contra. Además de costarle más de una cargada a la funcionaria –hubo hasta quien le sugirió que el riojano la había confundido con María Julia–, la anécdota refleja el desprecio de la Comisión de Acuerdos del Senado por las facultades que le corresponden: evaluar la idoneidad para el cargo de quien es propuesto por el Ejecutivo. La mayoría opositora de la comisión rechazó el pliego de Marcó del Pont después de escuchar el discurso crispado de la líder derechista Elisa Carrió y los argumentos del ex directivo de la banca de inversión extranjera Alfonso Prat Gay. Dos representantes de intereses económicos bien concretos. Por la defensa corporativa de los grandes capitales que han asumido en reiteradas veces, se entiende por qué se oponen a que el Gobierno pague con reservas propias los vencimientos de deuda y prefieren que salga a endeudarse pagando comisiones a agentes financieros y altos intereses a la banca acreedora. Los sectores que acompañan la embestida contra Marcó del Pont constituyen un conjunto heterogéneo pero con afinidades. El Peronismo Federal, el radicalismo y los grupos de derecha vinculados con los negocios con el Estado en épocas de dictadura han demostrado, en igual medida, sumisión al capital financiero cuando éste imponía las reglas en la etapa más floreciente del neoliberalismo. Las distintas refinanciaciones ruinosas para el Estado que ayer repasó Cristina Fernández (Plan Brady en los ’90, megacanje en el 2001, pesificación asimétrica en 2002) y otras anteriores, en las que esos mismos sectores hoy en la oposición estuvieron involucrados, no fueron actos de “maldad” de sus autores, sino el producto del sometimiento de los respectivos gobiernos a los grupos financieros dominantes. Esta diferencia de origen también marca un abismo entre los que piden la destitución de Marcó del Pont y esta economista, militante del Plan Fénix, integrante de la Mesa de Coyuntura de la CTA y meticulosa analista y conocedora, como pocos, de la estructura industrial argentina. Mercedes cree que la pelea no es por su cargo, sino por el modelo económico. Pagar con reservas disponibles es liberar recursos del Estado para mantener las políticas de transferencias sociales y obra pública. Obligar al Estado a buscar financiamiento por 55 mil millones de pesos es sinónimo de recortes de recursos y políticas de ajuste. Pero la pelea también es por su cargo: sacar a Mercedes del camino es el paso que necesitan los viejos aliados del capitalismo financiero para iniciar el camino de regreso al poder. FUENTE
Millonarios parásitos que bregan por la conservación de un orden social violento e injusto: Hoy Carlos Pedro Blaquier Comunicación Popular inicia un ciclo de identificación de los personajes que constituyen el poder real en la Argentina. Aquellos para quienes indefectiblemente trabaja gran parte del poder político desde hace décadas. Aquellos que se reúnen a puertas cerradas para organizar y decidir políticas estructurales que explican las condiciones de vida en las que vive la mayoria de la sociedad. Aquellos que llegado el caso son capaces de todo para mantener un status quo que a ellos privilegia: Inaugura la sección el empresario Carlos Pedro Blaquier Primero, una nota de color publicada en Perfil en agosto de este año: Carlos Pedro Blaquier reabrió su ciclo de almuerzos Después de una extensa estadía en París, Carlos Pedro Blaquier ya está instalado en Buenos Aires y abrió las puertas de La Torcaza con un almuerzo para unos cuarenta invitados que se ubicaron todos en una larga mesa en el comedor principal. El motivo: agasajar a varios amigos suyos y de su mujer, entre ellos Günter Kniess (embajador de Alemania), Frederic Baleine du Laurens (embajador de Francia) y Stefano Ronca (embajador de Italia), Ramiro Otaño, Gino Bogani, Alexia de Corneille, Patricia y Rossella Della Giovampaola, y Cristiano Rattazzi, que más de una vez tuvo que responder: “Yo no tengo nada que ver”, en referencia a la pregunta obligada sobre su fugaz affaire con Cecilia Bolocco. Fugaz porque sólo duró el fin de semana que ambos pasaron en Buenos Aires y en Los Cardos, el campo que los Rattazzi tienen en Balcarce. La ausencia de políticos, que salvo excepciones no participan de estas habituales tertulias, trasladó las conversaciones a temas internacionales. Si la comida recibió muchos elogios, Otaño, nuevo CEO de Chandon “importado” de España, se fue muy feliz porque le ponderaron las bebidas de su empresa: Dom Perignon ’98 durante la comida, y rosado, para el postre. Como es ya un clásico en las reuniones de La Torcaza, María Cristina Khallouf Estrada, su segunda mujer, entonó piezas de Mozart. Primero acompañada por un pianista y después a dúo con una soprano francesa. La casa que Carlos Pedro Blaquier construyó sólo para organizar comidas, conocer gente influyente y contar chistes. Avenida Sucre, en San Isidro. La casona que se ve en lo alto, cinco veces más grande que cualquiera de las de alrededor, rodeada por un parque, es La Torcaza, del dueño del Ingenio Ledesma. Fuente: Perfil.com Blaquier: La impunidad goza de buena salud [27/04/2009] Carlos Pedro Blaquier integra el lote del bloque dominante desde hace décadas en la Argentina. Propietario, entre otras empresas, del Ingenio Ledesma, Blaquier pasea su impunidad tal como cuadra a un representante del poder real que detentan los que mandan en el país. A veces las leyendas encubren historias reales que sería riesgoso contar como algo más que una fantasía. En las zonas azucareras de Jujuy, Salta y Tucumán dicen que los dueños de los grandes ingenios hicieron fortuna como resultado de un pacto con el demonio. Lucifer es en este caso un enorme perro negro sin cabeza llamado El Familiar que vive escondido en sótanos o galpones abandonados, a la espera de sus víctimas. Quien pacta con El Familiar, a cambio de riqueza deberá alimentarlo con la vida de sus peones. Si no lo hace será el patrón quien se convertirá en alimento del diablo. Por años cuando algún peón desaparecía después de enfrentar al modelo productivo, todos sabían su destino. Había sido devorado por El Familiar. De esta manera, la sangre de peón paga la riqueza del patrón. Dicen los paisanos que los ojos de El Familiar “brillan como tizones en la oscuridad”. Así debieron verse en la madrugada del 27 de julio de 1976 las luces del Ingenio Ledesma que fueron las únicas que permanecieron prendidas, cuando un apagón ahogó en la oscuridad la ciudad de General San Martín y la localidad de Calilegua, en Jujuy. Del establecimiento salieron los vehículos que esa noche secuestraron 400 personas. Trabajadores, estudiantes secundarios y universitarios, mujeres, ancianos fueron maniatados, encapuchados y conducidos a los galpones de mantenimiento de la empresa de Pedro Blaquier. De allí, en tandas los trasladaron hasta la sede de la Gendarmería y la Policía en San Salvador de Jujuy, donde recibieron salvajes torturas. Muchos jamás volvieron. Desaparecieron, como las víctimas de El Familiar. Historia de Luis Uno de los que se llevaron esa madrugada fue el médico Luis Arédez. Su nombre era mala palabra en el Ingenio Ledesma donde había estado empleado. Una y otra vez, se le advirtió que no podía recetar “semejante cantidad de medicamentos caros” a los trabajadores. Que la salud de la peonada no valía tanto para la empresa, ya que sobraba mano de obra, pero fue inútil: hubo que echarlo. “Era un demagogo”, dijo Nelly Arrieta, la esposa de Blaquier, quien hace tres décadas dejo de vivir con él. La gente en cambio, quería cada vez más al médico. Quedó demostrado cuando se presentó como candidato a intendente y fue masivamente votado. En algún sótano del Ingenio de los Blaquier, El Familiar comenzó a caminar inquieto cuando se enteró que Arédez pretendía imponerle al Ingenio Ledesma el pago de impuestos. Todo era de ellos, hasta la vida de los peones. ¡Cómo osaban en imponerles cargas impositivas como a cualquiera!. Quizá porque el secuestro de Arédez fue demasiado obvio en cuanto a su autoría ya que la camioneta en que lo llevaron, además de tener el logo de Ledesma, era conducida por el chofer de la ambulancia del Ingenio, lo liberaron. No fue por mucho tiempo. El 13 de mayo de 1977, cuando se retiraba del Hospital Zegada en la localidad de Fraile Pintado, el médico volvió a ser secuestrado. Nunca más apareció. Su mujer Olga se cubrió con un pañuelo blanco la cabeza y sola comenzó sus rondas de todos los jueves en la plaza de General San Martín. Por mucho tiempo fue “una loca”más. En el documental “Sol de Noche” se ve la dignidad solitaria de esa mujer, caminando contra la impunidad y el olvido. Con el tiempo se sumaron a sus marchas militantes de todo el país y, finalmente, cuando el miedo pasó, la lucha de Olga terminó siendo ampliamente reconocida en la localidad de Libertador General San Martín. La enorme chimenea del Ingenio continúa todas las tardes exhalando hacia el cielo una enorme nube negra producto de la quema del bagazo. En las calles llueven cenizas. La muerte tiene olor dulce como el azúcar. El 17 de marzo del 2004 Olga Arédez, enferma de bagazosis y luego de cáncer de pulmón, fallece en Tucumán. Poco tiempo antes, había presentado un recurso de amparo contra el Ingenio Ledesma, para que deje de contaminar. El proceso sigue abierto. El éxito no perdona De acuerdo a la revista Fortuna, el dueño del Ingenio Ledesma, Pedro Blaquier es uno de los hombres más ricos del país. Su empresa factura 1.500 millones por año y emplea 7.000 personas. Con 81 años, el abogado ha escrito 17 libros, es coleccionista de arte y Premio Konex 2008 (Empresarios de la Industria) y 1988 (Empresarios Rurales). En 1990 recibió el doctorado Honoris Causa en Filosofía de la Universidad Lateranense (Roma) y en el 2005 ingresó en la Academia Argentina de la Historia. Amante de la navegación tiene siete yates, valuados en 50 millones de dólares. Ledesma, no es la única propiedad de Blaquier. Según una investigación del periodista Néstor Restivo, también forman parte de su fortuna plantaciones de cítricos, paltas y mangos, un empaque de frutas y una planta de jugos concentrados. Es dueño de Glocovil, una planta de molienda húmeda de maíz y una fábrica de cuadernos y repuestos. A su fábrica de celulosa y papel, hay que sumarle los establecimientos La Biznaga, La Bellaca, Magdala y Centella con 5.200 hectáreas dedicadas a la producción de carne y granos. Siembra soja en miles de hectáreas de campos arrendados y incursionó en la explotación de petróleo y gas, en sociedad con Repsol, Petrobrás y otras compañías. Tiene una empresa de servicios inmobiliarios y otra de alquiler de embarcaciones. El doctor Carlos Pedro Blaquier es un hombre muy culto pero no por eso deja de hablar claro. Su blog es una muestra de ello: “Leyendo lo que dicen en Internet, comprendo que la gente de extrema izquierda diga cosas muy malas de mí porque ellos, como personas fracasadas en la vida privada, despotrican contra los que tienen éxito. En algunos casos se dedican a la política, donde ni siquiera son capaces de sacar muchos votos. Se consideran arbitrariamente postergados por una sociedad injusta, porque no pueden reconocer que son unos inservibles. Por eso se trata de resentidos incurables que sueñan con invertir el orden social para que los de abajo, como ellos, estén arriba y viceversa”. “No me perdonan que sea un hombre de éxito, tanto como empresario, por haber sido capaz de llevar a Ledesma donde está hoy después de haberla conducido durante más de cuarenta años, como en el orden intelectual donde en virtud de mis publicaciones he sido designado como Miembro de Número de varias Academias de nuestro país”. “Ellos, que nunca han generado ni un puesto de trabajo decente, me dicen que soy un explotador que mata gente”, afirma ofendido Blaquier. No hace mucho, Ledesma cumplió cien años. Estaban los amigos de siempre: José Alfredo Martínez de Hoz, Luciano Miguens, Mario Llambías, Juan Alemann. Las revistas que se encargan de estos eventos no mencionan la presencia de otros amigos, como Mauricio Macri y Daniel Scioli, aunque don Carlos Pedro Blaquier sabe que con ellos siempre se puede contar. En una de esas, esa noche al regresar a su mansión de la avenida Sucre, en San Isidro, Blaquier ayudó a conciliar el sueño de los nietos contándoles historias de Jujuy, leyendas de campesinos brutos como El Familiar. Se sintió satisfecho, conforme con su vida. Su final no será distinto al de otros autores intelectuales del genocidio. Morirá de viejo, en la cama y entre los suyos. Los que dieron las órdenes están a salvo, aún tienen el poder que es sinónimo de impunidad y él lo sabe. Blaquier es uno de los distinguidos integrantes de la selecta galería de los que mandan en la Argentina. por Carlos Saglul FUENTE Una hermosa jornada de ópera en “La Torcaza” MAS INFO: Nelly Blaquier, entre la "cultura", el elitismo y el asesinato de obreros Nueva provoación de Macri: Nombra a terrible hija de puta como embajadora cultural La historia negra de la familia Blaquier Blaquier y la envidia igualitaria: carta a La Nación, enero 2001

Vamos aclarando el panorama La polémica entre Fito Páez y Ricardo Arjona que ocupó horas de reflexiones mediáticas la semana pasada, puso en escena una cuestión que no por marketinera es menos filosófica. ¿Qué es lo que hace que un artista merezca el fervor de las masas? ¿El concepto de calidad es totalmente independiente de los gustos del público? Si admitimos que este último a veces se equivoca, ¿podemos precisar en qué? En este contexto, Las 12, más que avivar el fuego o aclarar algo, propone agregar una incógnita más: ¿Cómo es posible que alguien que le canta a la mujer sin sortear ni uno de los prejuicios más remanidos, los clichés más machistas y retrógrados, cuente con la admiración de un público mayoritariamente femenino? Los atentados al género cobran rima en casi todas sus canciones. Parece que Arjona se ocupara de señalar los presupuestos más denigrantes para luego lamer las heridas de lo que él mismo acaba de poner en verso. ¿Cómo lo hace? En una canción se vanagloria de haberse enamorado de la fea, la inteligente, a la que ni le hacen lugar en el colectivo (?), en otra confiesa de que a pesar de que tuvo sexo mil veces, recién “hace el amor” cuando consigue llevarse una virgen a la cama mientras que en otra arenga a no abortar porque el mundo se pueda quedar sin un trovador como él. Arjona arrasa presentándose como el candiadato ideal para agregarle vida a los años de la señora de las cuatro décadas, y como todo currículum ofrece, que es “un diez años menor”. Conquistar la admiración de las mujeres rimando sobre las manchas de su menstruación, su condición de vientre gestante, insistiendo con aquello de que salieron de una costilla, haciendo un panegírico de su histeria pidiendo que le digan que no y que lo acompañen a estar solo, parece una tarea descabellada o anacrónica. Sin embargo 30 estadios dicen que no lo es. Para tratar de aclarar el panorama, elegimos nuestras canciones favoritas y tratamos de explicar por qué. Mujeres Por Marisa Avigliano Arjona nunca se equivoca, siempre hace lo mismo y siempre lo hace mal. No hay en su repertorio cueva de idiotismos, ningún acierto. Si repito las letras de sus canciones mis amígdalas se almidonan y si lo veo en sus videos, me río. Es gracioso pensar que quiere parecer sensual con su pelo mojado, humedecido por algún rociador de esos que se usan para planchar, corriendo entre los fuegos. Con la camisa arrugada y un poco abierta, con cara de menos mal que la letra se repite bastante, Arjona emprende el combate del cantautor aplaudido sin dejar, rienda suelta, ni arriba ni abajo, una semilla de encanto. En cambio, hay que decirlo, nos ofrece generoso su incontinencia por la rima fácil. Mujeres es el vademecum de los prejuicios: el hombre estaba solo y por suerte alguien (no se sabe quién pero si es útil para que el verso termine, seguro que fue Dios) le entregó un invento formidable, útil para el sexo –hacer el amor en el glosario arjoniano–, coqueta y limpita, porque “después del sexo va derechito al tocador”; el invento además hizo que Neruda escribiera y Picasso pintara. Queda claro, para Arjona, Neruda sólo escribió veinte poemas y Picasso dibujó una paloma. Pero hay más, el machismo y el feminismo son como dos vueltas en una calesita porque abajo se juntan para estar en pareja “...y al final/la historia termina en par/pues de pareja vinimos y en pareja/hay que terminar/terminar... terminar” (sí, las parejas son de hombre y de mujer y como éste es un himno a la mujer sutil y laudatorio, se termina, no se acaba). La poética de Ricardo no descansa, por eso, “si el invento habitara la luna, la fila de astronautas sería interminable”. ¿La luna burdel será su próximo hit? Ahora, hay versos prodigiosos: “Lo que nos pidan podemos/si no podemos no existe/y si no existe lo inventamos/por ustedes/mujeres”. Ah, ¡Ricardo! Ofrece su columna vertebral (una costilla le parece poco) para vernos andar de espaldas (me asusta pensar en una mujer con la columna de Arjona a cuestas), canta gritando, moviendo la cabeza y salpicando lo poco que le queda de agua en su pelo, que los hombres son capaces de inventar nuestra necesidad. Lo dije, un prodigio. Algo más. Gracias a Arjona, tenemos en casa un juego nuevo, basta ya del Scrabble, ahora te juego un Arjona, es sencillo, se da un tema y se empieza a rimar lo obvio, sin pulso, sin desinencia y sin virtud. De vez en mes Por Monica Cabrera * Escribo estas líneas indignada por la condena pública a Ricardo Arjona. No va porque me guste, ni porque venda millones. Miralo a Van Gogh que no vendió un cuadro en toda su triste vida y si se lo denostara por haber manchado con sangre un pañuelo luego de arrancarse la oreja, yo seguiría defendiéndolo. Y sí, Arjona escribe unas líneas sobre las manchas sanguinolentas de la menstruación. ¿Cuál es el gran escándalo? ¿El machista se escandaliza ante la exaltación de unos deshechos que nunca podrá producir? Pues hagan una canción sobre las poluciones nocturnas y santas pascuas. Almas sencillas dirán que es un asqueroso, pero... Y si estuviéramos descalificando a un nuevo Lautréamont, a un Girondo o al mismo Genet? ¿Por qué no se pueden coleccionar paños femeninos? ¿No sería acaso una transformación feminista del método proyectivo de psicodiagnóstivo, el test de Rorschach? Arjona comienza así: “De vez en mes te haces artista dejando un cuadro impresionista debajo del edredón”. Dr. House deduciría que este muchacho tuvo una larga relación con una mina sucia y descuidada, maníaca depresiva, con un hipotiroidismo no atendido lo cual le hacía manchar la sábana, la manta, el colchón. El sujeto, entonces, le habría escrito estos versos alentando al chiquero y el abandono para desde allí poner en marcha algún hábito de limpieza. Lautréamont, lo mismo. Ensalza una maldad minuciosa enfocada en insultar al hombre, y a Dios por haber creado a semejante basura. Arjona elabora minuciosas metáforas para describir lo que nadie desea describir. Poeta del descarte, de lo rechazado, de todo aquello que intentamos ocultar inútilmente... Si alguien dice que el hombre es su obra, también podemos decir como dicen en los laboratorios: “por tus detritos te conocerás”. Los análisis de orina, los estudios de materia fecal, los minuciosos exámenes de la próstata, merecen sin duda alguna metáfora valorativa. Yo propongo, por ejemplo: De ti me despido, querida amiga, Cacona rebelde que así te obstinas. Te niegas a irte por el cañerío, Flotando orgullosa de tu poderío. Y desde mi feminidad me atrevo proponerle a su verba arrasadora: Yo que menstruo, yo que me mancho No por ser mío es menos chancho. Mancha que muestra que bien me cuido Pantalón blanco, ¡te desafío! Lady Macbeth también dijo “aparta maldita mancha”.¿Por qué será imposible que el Bardo haya querido referirse al crimen de no embarazarse aprovechando los simpáticos huevos que cada mes tenemos prontos a germinar? Por otro lado, y no menos digno de valoración, en Arjona demuestra un respeto amoroso por el funcionamiento hormonal, causa del temible síndrome pre menstrual. En lugar de descalificar, como haría cualquier varón, aquí nuestro poeta poetiza: “De vez en mes soy invisible para intentar en lo posible no promover tu mal humor...” ¿Resulta un poquito forzado? Es posible, pero el detalle del mal humor no podía quedar fuera de la canción menstrual. Como tampoco el bonito verso que nos cuenta: “De vez en mes la cigüeña se suicida y ahí estas tú tan deprimida buscándole una explicación”, “No hay más reloj que el de tu cuerpo, no hay más luz que la que das...”, “De vez en mes un detergente se roba el arte intermitente de tu vientre y su creación...” Si me dicen que esto es una berretada, no puedo dejar de pensar en Góngora y Quevedo. Y si esta canción la canta Madonna, en inglés, con unos paños menstruales cayendo desde helicópteros, revoleando tampones, ya la Iglesia le cae encima y todos a aullar por la grande que se reinventa y todos a usar camisetas con manchas menstruales que será topísimo. Verdad que me asquea un poquito, pero no soy la medida universal de todo; yo quiero que haga la segunda parte, en donde, abandonando la rima, describa: “...no batas la mayonesa, mi vida, que si estás con la regla se corta”. * Actriz, directora y dramaturga. Luego de su éxito con el personaje de Rosa en Tratame bien, se encuentra grabando la serie Mal parida para Canal 13. Los viernes en Bataclana, Corrientes 3500 Señora de las cuatro décadas Por Liliana Viola Que no exista la más remota posibilidad de cumplir cuarenta años sin que te canten de memoria o en karaoke “Señora de las cuatro décadas” , ya es razón suficiente para querer pasar a los 50 sin escala, edad dorada por yerma en la poética arjoniana que aún no recala en la falta de lubricación vaginal, la presbicia y los calores. Ganas de vivir, en suma, que se le deben al cantante. Ya el primer verso pone a la cumpleañera en una situación incómoda. Vino dispuesta a cumplir 40 y resulta que le regalan un eufemismo que es peor que la enfermedad. Sí, su edad ya puede desgranarse en decenios, que no son dos ni son tres. Si ayer era una mujer de 39, ahora es la señora de las cuatro décadas, pálido remedo de señores más poéticos como el de los anillos o el de las tinieblas. Que vaya sabiendo la dama que a partir de hoy, si algo la va a definir en esta vida, son las cosas de su edad. Trascartón, lo evidente: “Su figura ya no es la de los quince”. Es cierto y es obvio y hasta bien mirado es bueno. Pero Ricardo necesita recordárselo ahora, si no cómo entra él en esta historia a valorarla y quererla a pesar de todo. Que la señora ensaye su mejor sonrisa porque en el verso siguiente se viene la propuesta: “Permítame descubrir qué hay detrás de sus hilos de plata y esa grasa abdominal que los aeróbicos no saben quitar”. ¡Carne sobrante y colgante! Se sorprende ella gritándose a sí misma en su propio cumpleaños mientras imagina al explorador manoteando tripas buscando quién sabe qué escatológico tesoro. Si no tiene hilos de plata, como la mayoría de las mujeres de 40, se sentirá un poco en deuda, fuera de target. Y si no tiene o no le molesta la panza, a fajarse. La Señora sigue atónita, moviéndose al compás preguntándose si todos se han vuelto locos en esta fiesta o si han estado estos años esperando que llegara Arjona para reírse de ella con una que cantemos todos. El estribillo acude al rescate: “Señora, no le quite años a su vida, póngale vida a los años, que es mejor”. Por fin una buena. Críptica como ninguna, más indescifrable que una máxima zen, este consejo no se entiende pero no es la idea seguirlo al pie de la letra. Ricardo va por más. “Es usted la amalgama perfecta entre experiencia y juventud.” Se trata de un cliché, es cierto, pero no por ello menos comprobable y alentador. La señora, que con defensas bajas se dispone a apagar sus velitas en su vestido nuevo, recibe un correctivo: “Usted no necesita enseñar su figura detrás de un escote, su talento está en manejar con más cuidado el arte de amar. No insista en regresar a los treinta, con sus cuarenta y tantos encima dejan huellas por donde camina”. Que se tape, que no haga papelones. Plop. Cuando la tiene bien convencida de que es una vieja con fuego en la mirada, el candidato le declara su amor oficiándose como única carta de presentación lo siguiente: “Para ver si se enamora de este diez años menor”. Y después que no digan que la edad no importa. Ojalá se anime la señora y se deje llevar por los brazos del joven, que si todo prospera tal vez un día le llegue a cantar: “Señora de medio siglo cuídese la osteoporosis, que usted es muy linda entera, no en dosis, no en dosis”. Dime que no Por Mariana Enriquez ¿Es “Dime que no” la canción más odiosa del trovador? Hay otras más gráficas y muchas más torpes, pero “Dime que no” es retorcida, hasta peligrosa. Veamos. Primero, la recomendación: “Si me dices que sí, piénsalo dos veces; puede que te convenga decirme que no”. ¿Por qué? Ah, es todo para que él se sienta mejor. Para que pueda desplegar sus dotes seductoras. “Yo me daré a la tarea de que me digas que sí.” Y después, para ratonearse. Aunque es mentira: Ricardo quiere recibir una negativa porque la mujer de sí fácil le parece una puta. No importa cuánto lo niegue; se le nota cuando la canción continúa con este penoso chamuyo: “Si me dices que sí dejaré de soñar y me volveré un idiota, Mejor dime que no y dame ese sí, como un cuentagotas”. ¿En serio? Qué risa. Unos versos anodinos abren paso al estribillo, donde se desata (la cita es involuntaria) el problema. “Dime que no y me tendrás pensando todo el día en ti, planeando la estrategia para un sí. Dime que no y lánzame un sí camuflajeado, clávame una duda y me quedaré a tu lado.” Ricardo, seguramente, está cantando una oda a la histeria femenina, que intenta rescatar en un complejo mecanismo de vuelta de tuerca que puede resumirse como “yo amo tanto a las mujeres que hasta celebro sus defectos”. (“Defectos” que acontecen en la mente de Ricardo, claro está). El gran problema, más allá del hartazgo hacia el supuesto atractivo de la mujer difícil –que implica una gran mentira que tranquiliza al hombre machista: a ella no le gusta mucho el sexo, se puede aguantar, de nuevo, “no es una puta”– es que decir que no a los avances de un hombre es una acción que a la mujer le costó mucho –históricamente, y además es la base del elemental contrato entre dos personas que se atraen, que el otro consienta. ¿Cómo sabe Ricardo que ese no es en realidad un sí? ¿Lee la mente? Cuando se dé a la tarea de lograr el sí, ¿hasta dónde va a llegar? ¿Ella va a estar a los gritos diciendo que no y él insistirá en que en realidad son gritos de placer? Y encima, ¿por qué tiene que aguantarse una mujer? ¿Por qué no puede decir que sí a los dos minutos y retozar chocha de la vida? ¿En qué sentido eso no es atractivo? Ah, sucede que Ricardo se quiere enamorar. De verdad: “Siempre lo fácil me duró tan poco, y no lo niego me divertí. Pero la soledad me ha vuelto loco, porque el amor nunca ha pasado por aquí”. Así que para que el caballero se enamore una tiene que decir que no aunque se muera de ganas –porque sólo importa El, no sé si queda claro– y además correr el riesgo de ser mal interpretada (Ricardo, el no significa que no, a ver si te enteras) y acabar violentada en manos del astro. O de cualquier señor que le encuentre gollete a esta balada fanfarrona. PD: De sólo pensar en mujeres cantando esta letra en un Luna Park colmado dan ganas de tirarse abajo del 151. Vientre de cuna Por Ingrid Beck * Querido Ricardo: antes que nada, es importante que sepas que no se pone en duda tu amor, tu sensibilidad, tu ternura. Todo eso está fuera de esta discusión. Aclarado esto, podemos pasar a lo segundo. Detesto hablar de cocina y no me refiero al tema con seriedad, sino con resignación. De hecho, que pienses que disfruto hablar del tema me pone mucho más seria que Gorbachov hablando de lo que fuese. No es que no me guste cocinar, me encanta, pero las milanesas de todos los días y la vianda de las 7 de la mañana del nene, me resultan deplorables. No sé coser. Jamás remendé un pantalón. Cada vez que alguno de mis hijos rompe la ropa, todo eso va directo a la caridad. A la basura, jamás. Lloro cuando estoy triste y me río cuando algo me da gracia (por ejemplo esa letra tuya que dice “Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra”). A lo sumo se me confunden un poco las cosas cuando estoy con las hormonas de punta, pero no mucho más. De hecho, pasé mucho tiempo en el diván de una analista, justamente, para no llorar cuando me tengo que reír y viceversa. Te agradecería que lo tuvieras en cuenta. Honestamente, no logro recordar si el día que quedé embarazada hubo luna llena, pero tiendo a pensar que no tiene ninguna importancia, a juzgar por los cálculos del obstetra y la cantidad de semanas que tuve que cargar el paquete adentro. Y eso que fueron unos cuantos meses de tener sexo día por medio. Otra cosa sobre el tema: no parí con dolor, aunque no te venga bien para la letra. Pedí toda la anestesia que me pudieran dar, cosa de disfrutar del parto. ¿Dolor es igual a amor? No, Ricardo, para nada. Dolor es dolor y amor es amor. Igual para los hombres y para las mujeres. Aunque no es menos cierto que depilarse es dolor y que muchas lo hacemos por amor. Odio ir al supermercado, a lo sumo voy al chino de la esquina, cuando necesito alguna cosita. Si no, hago las compras por Internet, que es más práctico. No busco precios no porque me sobre la guita sino porque me falta el tiempo: con los dos pibes y los ocho trabajos es difícil encontrar el momento para ir al super a hacer la compra. Lo más importante: ¿Sabés cómo queda el abdomen después del embarazo, Ricardo? Se necesita más que albañilería para dejarlo como antes: chapa, pintura y miles y miles de abdominales que jamás haré porque, como te decía en el párrafo anterior, no tengo tiempo ni de ponerme crema para las estrías. ¿Vas a decir lo mismo de la panza cuando la criatura ya esté afuera? ¿Ahí vas a agarrar la amoladora, la pala, la espátula y vas a hormigonar el vientre para que quede lisito? ¿O mejor no? Ah, eso que llamás “swing al caminar”, en mi idioma se traduce como “no doy más, que alguien me acerque ya una silla” o “no sé cómo caminan las ballenas pero debe ser parecido a esto”. ¿Y sabés qué? Durante el embarazo, cada vez que estornudaba, se movía la panza para todos lados y no era para nada divertido. Como si estuviera andando con el auto sobre el empedrado. Nada de todo esto es simpático, la verdad. Es cierto, me encanta que me digan “mamá”, pero preferiría gustarte de todos modos, sin el swing, ni el supermercado, ni el parto con dolor ni el vientre abultado, ni los estornudos ni el llanto y la risa, ni la seriedad de Gorbachov hablando de la comida. Porque soy mucho más que una mamá, ¿sabías, Ricardo? Pensar que si tu vieja le hubiera dicho –como citás en esa oda en contra del aborto– “detente” a “esa estrella” en su “vientre”, como escribiste, “hoy faltaría una... canción”. Ojalá faltara ésta. Querido Ricardo: andá a lavar los platos. * Directora de la revista Barcelona, que presenta su muestra de contratapas en la Legislatura Porteña, entre el 7 y 20 de abril. También integra Radio Barcelona, los sábados de 12 a 13 horas, por Radio Nacional. Y es coautora de Guía Inútil para madres primerizas I y II, de Editorial Sudamericana. Los pingüinos y otras metaforas frias Por Eduardo Aliverti Sí, es cierto, vengo a ser una especie de militante antiArjona. Pero no es que no puedo soportarlo y listo, porque si es por eso uno no tolera a mucha gente y entre ella músicos, solistas, bandas. Sin embargo, lo de este tipo es casi inexplicable. Es un terrorista métricosintáctico. Sus rimas y metáforas son un mamarracho indescriptible, hasta el punto de parecer una estructura cómica, ridícula ex profeso, que usaría para reírse de sí mismo o a fin de mofarse de las chongadas románticas. Pues no. El aclara que no y lo aclara muy en serio. Más todavía: la nota de respuesta que le envía a Fito es tan enroscada, tan pornográficamente adjetivada, tan improbable de seguir sin releer varias veces, que deja claro estar ante alguien que debe creerse Góngora sin joda. Y hay la yapa de que su basamento rítmico tampoco ofrece particularidad alguna y no llega siquiera a ser pegadizo, precisamente porque sus atentados métricos no resisten el encaje con la melodía. Entendámonos: no es chinguichingui, no es una que sepamos todos para pasar el rato, no es que canta mal pero queda disimulado por lo melódico, o no es que esto se subsume en que canta bien. No, no y no: es malísimo de toda maldad. ¿Y entonces? Y entonces no sé. Lo único que se me ocurre, como hipótesis muy doméstica, es que el público que lo sigue encuentra en esas letras bizarras algo así como una sencillez compleja y que, en consecuencia, siente al adefesio como un hecho provocativo, raro pero entendible, o incomprensible pero curioso. Y el resto lo haría que el tipo está fuerte y esa cosa de algunos públicos masivos, capaces de sentir que el cantante dedica los temas al oído y sentimientos particulares de cada quien. De otro modo, a mí por lo menos no me entra en la cabeza que enormes multitudes se enganchen con que hay que aclarar el panorama porque hay pingüinos en la cama; o que algo es más raro que ver a Lady Di en el subte de París. Como también es conocido que no me banco a Calamaro, podría señalárseme que no hay mucha diferencia que digamos entre eso y llevarse la flor y la ceniza para dejar el florero y el cenicero. Por ejemplo. Pero no es lo mismo. Calamaro tiene una historia en su género, y algunos o varios temas muy buenos, de última es tarareable y entra en el rango de los fenómenos o impactos que uno puede no compartir pero sí razonar como descifrables. Arjona no. No cabe en ninguna categoría de calidad mínima, en nada de nada. Supongo, también, que su caso se relaciona con la devaluación que sufre el buen gusto a nivel de este tipo de masividad. Y más específicamente, el crecimiento del desprecio por el buen lenguaje. O, de piso, por las armazones poéticas o de rimas vulgares pero con algún sentido común. Si se escucha “no te vayas corazón/no te vayas ilusión”, o el rimado pega mano con verano y mundo con profundo, uno dice que es grasa, mediocre, barato, fácil mal. Pero, de vuelta: tiene lógica. ¿Cuál es, en cambio, el raciocinio que puede aplicarse a las barbaridades que escribe y compone Arjona? Ninguno, como no sea –para subrayar aquello de la teoría de café– que el tipo encontró un código de lo raro o, mejor, de lo escatológico. Que eso prendió muy fuerte por alguna razón. Y que entre él y su público lo retroalimentan, al código, porque hallaron una suerte de símbolo de pertenencia, de identificación, a través de lo horrible. Como otras tribus urbanas, después de todo. Pero bueno. Mejor voy a fijarme si no hay aves marinas en la cama que aclaren mi perspectiva. FUENTE OTROS POSTS Linchan a pibe de 15 años en Isidro Casanova El ALBA dona más a Haití que EEUU y Europa Caso Silvia Suppo: "Se trata de un asesinato político" La salud en los tiempos del glisofato Causa por espionaje: Macri cada vez más complicado La CIA y sus planes de manipulación de la opinión pública europea El espía Ciro James visitaba a Macri en su casa Evo hizo ley el "no robarás" Sociedad Interamericana de Prensa (SIP): Enemigos de Latinoamérica Grandes multimedios contra Latinoamérica Cayó represor acusado de 600 delitos Estafa a la obra social de los porteños El impuestazo que quiere Macri ¿Qué hace EEUU en Haití? 80 Medios Alternativos de Información