Como ya saben (los que no,
aquí la noticia
) la oposición en el Senado (37 senadores de distintas fuerzas) logró quórum y a través de la Comisión de Acuerdos rechazó el pliego de Mercedes Marcó del Pont... ¿Qué significa esto? Que ante la designación de la funcionaria, por parte del Ejecutivo Nacional, al frente del Banco Central, el Congreso debe analizar la idoneidad de la funcionaria, es decir, analizar si la persona puesta al frente de la entidad está capacitada para desempeñar la función. Cosa que hizo, en tiempo récord y sin siquiera oir a la flamante titular del Central defender su designación. ¿Por qué? Les dejo dos notas de opinión más que interesantes sobre quién es Marcó del Pont y por qué la oposición quiere sacarla del juego inmediatamente.
Una larga militancia
Por Héctor Valle
*Presidente de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (FIDE)
Casi tres décadas trabajando juntos, creo, me otorga títulos de sobra para opinar sobre una persona. Más aún cuando esas tareas no consistieron en hacer plata, sino en el día a día de estudiar los problemas nacionales y militar en la construcción de un proyecto nacional. Más aún si debió hacerse casi en soledad, durante la negra noche en que imperó el pensamiento neoliberal. Eso ha sido y seguirá siendo la FIDE, cuya coherencia ideológica es difícil negar. Fuimos contra corriente de Martínez de Hoz, anunciamos el fracaso inevitable del Plan Austral y, con persistente militancia, estuvimos entre los muy poquitos que se atrevieron con la convertibilidad. Con la misma fe en nuestras ideas nos comprometemos con la actual gestión, activamente, sin dobleces ni “apoyos críticos” y desde donde nos toque actuar.
Me pareció necesaria esta quizá demasiado extensa introducción para expresar mi solidaridad con Mercedes. No sólo por sus ya probadas virtudes técnicas, la inteligencia de que está dotada, algo que explica su capacidad didáctica para explicar las cuestiones más complejas de la economía, sino, fundamentalmente, porque es una persona de bien. Y por eso yo pongo las manos en el fuego, algo que no suelo hacer. Paradójicamente, esas virtudes la convierten en un blanco móvil para la oposición. No es fácil ganarle un mano a mano a la hora de discutir ideas, la lógica del amontonamiento opositor prefiere entonces removerla.
Dependiendo del voto del doctor Menem, el 3/03/10 logró prevalecer esta mezcolanza en el Senado que así inició su ansiado regreso a los años ’90, convertibilidad incluida. Ya se relamen esperando bajar a la presidenta del BCRA como parte de esa opción estratégica. No creo que sea tan fácil; Mercedes acredita una larga militancia comprometida con la defensa del interés nacional y ello es fácil probarlo recordando dónde estaba cada uno en cada etapa de nuestra historia reciente. Puede mostrar sus conocimientos técnicos, como ya mencioné, su enorme capacidad de trabajo, su virtud de compañera en la militancia que no se dobla ni se deja tentar cuando vienen los tiempos difíciles. Pero fundamentalmente ahí está la historia de su empecinada coherencia. Y esto es algo que los “Menemdependientes” –hoy la impugnan nada menos que por haber cumplido con la ley que ellos tantas veces violaron–, difícilmente podrán exhibir. Veamos algunos botones de muestra: baste revisar los medios de la época, los documentos del Encuentro de Economistas Argentinos y del Plan Fénix, además de la constante prédica de la Revista FIDE para documentar su permanente oposición a las privatizaciones ejecutadas por quien hoy es la pieza principal e irremplazable de la ofensiva senatorial.
Luego mantuvo una posición critica, irreductible, cuando el Senado votó la vergonzosa Ley Banelco –donde eran mayoría radicales y varios de los hoy peronistas federales–, protagonizando uno de los mayores escándalos de la Alianza entonces gobernante.
Por entonces militaba en el Frenapo, mientras Prat Gay (JP Morgan) y Redrado (Fundación Capital) se beneficiaban de los grandes negocios que el endeudamiento argentino proporcionaba al sistema financiero. Como es sabido, ese endeudamiento es la base de la pobreza en la Argentina. Ahora, en apenas dos años de gestión como presidenta del Banco Nación, pudo hacer realidad la vieja aspiración de que las pequeñas y medianas empresas puedan acceder al crédito a tasas y plazos accesibles.
No debe sorprendernos entonces su adhesión al principio básico de que la autoridad monetaria, sin perder su autarquía, debe estar al servicio del desarrollo económico y no actuar como una embajada virtual de las finanzas globales en territorio argentino.
Al intentar removerla de su cargo, aquellos cuyos predecesores jamás objetaron los pliegos de Roque Fernández o Pedro Pou, actitud que hoy se ratifica en las relaciones carnales que practican con Carlos Menem, lo que están atacando son las ideas de Mercedes más que las formas de los decretos. La saben una ferviente defensora de una autoridad monetaria al servicio de la producción y el trabajo nacional.
Pero no cabe duda de que éstos serían sólo los primeros pasos que dé el conglomerado. Van por todo; van por el gobierno popular, ya lo hicieron en 1955. Por eso, al defender a Mercedes estamos defendiendo al gobierno de Cristina. Que quede claro.
FUENTE
Algo habrá hecho para que no la quieran
Por Raúl Dellatorre
¿Qué es lo que impugna la oposición cuando rechaza el pliego de Mercedes Marcó del Pont? ¿Su idoneidad para el cargo? ¿O su pensamiento en materia de política económica? ¿Será que, como dice esa misma oposición, se condenó sola al haberse prestado a facilitar el uso de las reservas internacionales para el pago de la deuda? En todo caso, hay razones de fondo y profundas convicciones que la llevaron a tomar tal decisión. Quizás allí se encuentren los motivos de tan airada resistencia opositora. Ningún miembro de la oposición se atrevió a poner en duda, en privado o en público, la idoneidad y antecedentes de la funcionaria. Hasta hubo elogios a su capacidad de parte de Carlos Menem, antes de votar en su contra. Además de costarle más de una cargada a la funcionaria –hubo hasta quien le sugirió que el riojano la había confundido con María Julia–, la anécdota refleja el desprecio de la Comisión de Acuerdos del Senado por las facultades que le corresponden: evaluar la idoneidad para el cargo de quien es propuesto por el Ejecutivo.
La mayoría opositora de la comisión rechazó el pliego de Marcó del Pont después de escuchar el discurso crispado de la líder derechista Elisa Carrió y los argumentos del ex directivo de la banca de inversión extranjera Alfonso Prat Gay. Dos representantes de intereses económicos bien concretos. Por la defensa corporativa de los grandes capitales que han asumido en reiteradas veces, se entiende por qué se oponen a que el Gobierno pague con reservas propias los vencimientos de deuda y prefieren que salga a endeudarse pagando comisiones a agentes financieros y altos intereses a la banca acreedora.
Los sectores que acompañan la embestida contra Marcó del Pont constituyen un conjunto heterogéneo pero con afinidades. El Peronismo Federal, el radicalismo y los grupos de derecha vinculados con los negocios con el Estado en épocas de dictadura han demostrado, en igual medida, sumisión al capital financiero cuando éste imponía las reglas en la etapa más floreciente del neoliberalismo. Las distintas refinanciaciones ruinosas para el Estado que ayer repasó Cristina Fernández (Plan Brady en los ’90, megacanje en el 2001, pesificación asimétrica en 2002) y otras anteriores, en las que esos mismos sectores hoy en la oposición estuvieron involucrados, no fueron actos de “maldad” de sus autores, sino el producto del sometimiento de los respectivos gobiernos a los grupos financieros dominantes. Esta diferencia de origen también marca un abismo entre los que piden la destitución de Marcó del Pont y esta economista, militante del Plan Fénix, integrante de la Mesa de Coyuntura de la CTA y meticulosa analista y conocedora, como pocos, de la estructura industrial argentina.
Mercedes cree que la pelea no es por su cargo, sino por el modelo económico. Pagar con reservas disponibles es liberar recursos del Estado para mantener las políticas de transferencias sociales y obra pública. Obligar al Estado a buscar financiamiento por 55 mil millones de pesos es sinónimo de recortes de recursos y políticas de ajuste.
Pero la pelea también es por su cargo: sacar a Mercedes del camino es el paso que necesitan los viejos aliados del capitalismo financiero para iniciar el camino de regreso al poder.
FUENTE
Una larga militancia
Por Héctor Valle
*Presidente de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (FIDE)
Casi tres décadas trabajando juntos, creo, me otorga títulos de sobra para opinar sobre una persona. Más aún cuando esas tareas no consistieron en hacer plata, sino en el día a día de estudiar los problemas nacionales y militar en la construcción de un proyecto nacional. Más aún si debió hacerse casi en soledad, durante la negra noche en que imperó el pensamiento neoliberal. Eso ha sido y seguirá siendo la FIDE, cuya coherencia ideológica es difícil negar. Fuimos contra corriente de Martínez de Hoz, anunciamos el fracaso inevitable del Plan Austral y, con persistente militancia, estuvimos entre los muy poquitos que se atrevieron con la convertibilidad. Con la misma fe en nuestras ideas nos comprometemos con la actual gestión, activamente, sin dobleces ni “apoyos críticos” y desde donde nos toque actuar.
Me pareció necesaria esta quizá demasiado extensa introducción para expresar mi solidaridad con Mercedes. No sólo por sus ya probadas virtudes técnicas, la inteligencia de que está dotada, algo que explica su capacidad didáctica para explicar las cuestiones más complejas de la economía, sino, fundamentalmente, porque es una persona de bien. Y por eso yo pongo las manos en el fuego, algo que no suelo hacer. Paradójicamente, esas virtudes la convierten en un blanco móvil para la oposición. No es fácil ganarle un mano a mano a la hora de discutir ideas, la lógica del amontonamiento opositor prefiere entonces removerla.
Dependiendo del voto del doctor Menem, el 3/03/10 logró prevalecer esta mezcolanza en el Senado que así inició su ansiado regreso a los años ’90, convertibilidad incluida. Ya se relamen esperando bajar a la presidenta del BCRA como parte de esa opción estratégica. No creo que sea tan fácil; Mercedes acredita una larga militancia comprometida con la defensa del interés nacional y ello es fácil probarlo recordando dónde estaba cada uno en cada etapa de nuestra historia reciente. Puede mostrar sus conocimientos técnicos, como ya mencioné, su enorme capacidad de trabajo, su virtud de compañera en la militancia que no se dobla ni se deja tentar cuando vienen los tiempos difíciles. Pero fundamentalmente ahí está la historia de su empecinada coherencia. Y esto es algo que los “Menemdependientes” –hoy la impugnan nada menos que por haber cumplido con la ley que ellos tantas veces violaron–, difícilmente podrán exhibir. Veamos algunos botones de muestra: baste revisar los medios de la época, los documentos del Encuentro de Economistas Argentinos y del Plan Fénix, además de la constante prédica de la Revista FIDE para documentar su permanente oposición a las privatizaciones ejecutadas por quien hoy es la pieza principal e irremplazable de la ofensiva senatorial.
Luego mantuvo una posición critica, irreductible, cuando el Senado votó la vergonzosa Ley Banelco –donde eran mayoría radicales y varios de los hoy peronistas federales–, protagonizando uno de los mayores escándalos de la Alianza entonces gobernante.
Por entonces militaba en el Frenapo, mientras Prat Gay (JP Morgan) y Redrado (Fundación Capital) se beneficiaban de los grandes negocios que el endeudamiento argentino proporcionaba al sistema financiero. Como es sabido, ese endeudamiento es la base de la pobreza en la Argentina. Ahora, en apenas dos años de gestión como presidenta del Banco Nación, pudo hacer realidad la vieja aspiración de que las pequeñas y medianas empresas puedan acceder al crédito a tasas y plazos accesibles.
No debe sorprendernos entonces su adhesión al principio básico de que la autoridad monetaria, sin perder su autarquía, debe estar al servicio del desarrollo económico y no actuar como una embajada virtual de las finanzas globales en territorio argentino.
Al intentar removerla de su cargo, aquellos cuyos predecesores jamás objetaron los pliegos de Roque Fernández o Pedro Pou, actitud que hoy se ratifica en las relaciones carnales que practican con Carlos Menem, lo que están atacando son las ideas de Mercedes más que las formas de los decretos. La saben una ferviente defensora de una autoridad monetaria al servicio de la producción y el trabajo nacional.
Pero no cabe duda de que éstos serían sólo los primeros pasos que dé el conglomerado. Van por todo; van por el gobierno popular, ya lo hicieron en 1955. Por eso, al defender a Mercedes estamos defendiendo al gobierno de Cristina. Que quede claro.
FUENTE
Algo habrá hecho para que no la quieran
Por Raúl Dellatorre
¿Qué es lo que impugna la oposición cuando rechaza el pliego de Mercedes Marcó del Pont? ¿Su idoneidad para el cargo? ¿O su pensamiento en materia de política económica? ¿Será que, como dice esa misma oposición, se condenó sola al haberse prestado a facilitar el uso de las reservas internacionales para el pago de la deuda? En todo caso, hay razones de fondo y profundas convicciones que la llevaron a tomar tal decisión. Quizás allí se encuentren los motivos de tan airada resistencia opositora. Ningún miembro de la oposición se atrevió a poner en duda, en privado o en público, la idoneidad y antecedentes de la funcionaria. Hasta hubo elogios a su capacidad de parte de Carlos Menem, antes de votar en su contra. Además de costarle más de una cargada a la funcionaria –hubo hasta quien le sugirió que el riojano la había confundido con María Julia–, la anécdota refleja el desprecio de la Comisión de Acuerdos del Senado por las facultades que le corresponden: evaluar la idoneidad para el cargo de quien es propuesto por el Ejecutivo.
La mayoría opositora de la comisión rechazó el pliego de Marcó del Pont después de escuchar el discurso crispado de la líder derechista Elisa Carrió y los argumentos del ex directivo de la banca de inversión extranjera Alfonso Prat Gay. Dos representantes de intereses económicos bien concretos. Por la defensa corporativa de los grandes capitales que han asumido en reiteradas veces, se entiende por qué se oponen a que el Gobierno pague con reservas propias los vencimientos de deuda y prefieren que salga a endeudarse pagando comisiones a agentes financieros y altos intereses a la banca acreedora.
Los sectores que acompañan la embestida contra Marcó del Pont constituyen un conjunto heterogéneo pero con afinidades. El Peronismo Federal, el radicalismo y los grupos de derecha vinculados con los negocios con el Estado en épocas de dictadura han demostrado, en igual medida, sumisión al capital financiero cuando éste imponía las reglas en la etapa más floreciente del neoliberalismo. Las distintas refinanciaciones ruinosas para el Estado que ayer repasó Cristina Fernández (Plan Brady en los ’90, megacanje en el 2001, pesificación asimétrica en 2002) y otras anteriores, en las que esos mismos sectores hoy en la oposición estuvieron involucrados, no fueron actos de “maldad” de sus autores, sino el producto del sometimiento de los respectivos gobiernos a los grupos financieros dominantes. Esta diferencia de origen también marca un abismo entre los que piden la destitución de Marcó del Pont y esta economista, militante del Plan Fénix, integrante de la Mesa de Coyuntura de la CTA y meticulosa analista y conocedora, como pocos, de la estructura industrial argentina.
Mercedes cree que la pelea no es por su cargo, sino por el modelo económico. Pagar con reservas disponibles es liberar recursos del Estado para mantener las políticas de transferencias sociales y obra pública. Obligar al Estado a buscar financiamiento por 55 mil millones de pesos es sinónimo de recortes de recursos y políticas de ajuste.
Pero la pelea también es por su cargo: sacar a Mercedes del camino es el paso que necesitan los viejos aliados del capitalismo financiero para iniciar el camino de regreso al poder.
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