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pradita98

Usuario (Colombia)

Primer post: 10 abr 2011
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La Caida de Babilonia Parte 1
La Caida de Babilonia Parte 1
InfoporAnónimoFecha desconocida

BABILONIA EN LA HISTORIA Babilonia data de los principios de la civilización en la antigua Mesopotamia. Fue fundada por Nimrod como centro de su gobierno, y fue el lugar donde seconstruyó la torre de Babel. De acuerdo con Génesis 11:9, el nombre Babelsignifica confusion, y probablemente se deriva del hebreo Balal. Laciudad fue el centro de gobierno de varias dinastías, incluyendo a los amontaso amorreos, a la que perteneció Hamurabi, autor de un famoso código legal.Continuó siendo un importante centro religioso y cultural durante el tiempo delimperio de Asiria y luego volvió a ser una monarquía independiente y la cabezade un poderoso imperio durante el tiempo de Nabopolasar y Nabucodonosor.Durante el reinado de este último, quien construyó los famosos jardinescolgantes, Babilonia llegó a tener un perímetro de unos 16 km, convirtiéndoseposiblemente en la ciudad más grande de la antiguedad En el 597 a. C.,Nabucodonosor y sus ejércitos invadieron Palestina y capturaron la ciudad deJerusalén. Tomaron agran parte de la población como prisioneros y los sometieron al exilio enBabilonia. En el 586, once años más tarde, los babilonios regresaron aJerusalén para poner fin a las rebeliones de los judíos y de su monarca ydestruyeron el templo, el palacio real y asesinaron o deportaron a la mayoríade los habitantes que quedaban en la ciudad. BABILONIA EN LAS ESCRITURAS En laBiblia, la palabra Babilonia aparece mayormente en el Génesis, en las profecíasescritas en el tiempo de Nabucodonosor y en el Apocalipsis. El capítulo 11 de Génesisdestaca los motivos que influyeron en la edificación de la torre de Babel'Vamos -dijeron los antiguos-, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuyacúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuésemos esparcidossobre la faz de toda la tierra" Fue claramente notoria su intención decolocar toda su confianza en las obras humanas y de rebelarse contra el deseode Dios de que se esparcieran y poblaran la Tierra. Isaías 14:4 se refiere al"opresor... la ciudad codiciosa de oro" y alude al rey de Babiloniaen términos que claramente se refieren también a Satanás (ver versículos 12 al14). Jeremíasprofetizó su destrucción: "He aquí que será la última de las naciones;desierto, sequedal y páramo... porque pecó contra Jehová". Haciendo eco alas palabras de Jeremías, Apocalipsis 14:8 proclama: "Ha caído, ha caídoBabilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vinodel furor de su fornicación". Más adelante, Babilonia aparece como la"gran ramera", "Babilonia la grande, la madre de las rameras yde las abominaciones de la tierra", representada por una mujer vestida depúrpura y escarlata. En el Apocalipsis, Babilonia adquiere un significadosimbólico que va claramente más allá de la realidad histórica. Cuando se escribieronestas profecías sólo quedaban las ruinas de Babilonia. Las imágenes que sepresentan hablan de una influencia pecaminosa que corrompe a todas las nacionesde la tierra. "Salid de ella, pueblo mío -se nos invita-, paraque no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porquesus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades". Este es un llamado de misericordia de Dios: una invitación a abandonar elerror y abrazar la verdad; a desistir del pecado y buscar la santidad. Dios amaa aquellos a quienes llama, y él llama a todos. Laprofecía alude a Babilonia como la fuente de una influencia contaminante que seopone a Dios y a su verdad. Parece ser también un sistema de salvación ajeno alde Dios que ha persistido desde el comienzo de la historia. Es posibleidentificar instituciones humanas de antaño y de la actualidad, especialmentede carácter religioso, que se han ajustado a las características de laBabilonia simbólica de la profecía, pero el "concepto" de Babiloniano se limita a esto. Los invito a ver mis otros post. Los puntos se le agradecen... Comenten...!!!

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2ª Lección sobre Santuario: Cristo el Cordero de Dios
2ª Lección sobre Santuario: Cristo el Cordero de Dios
InfoporAnónimo6/27/2012

Cierto pastor estaba profundamente preocupado acerca de su propia lucha con el pecado. Por alguna razón a él le faltaba la fuerza moral para obtener la victoria. La lucha se hizo tan severa que una noche cuando él se acostó tuvo una pesadilla en la que vio a un hombre azotando a Cristo en el tribunal de Poncio Pilato. Al ver cómo se hundía el látigo en la espalda sangrante de Cristo, no podía entender cómo alguien se atreviese a herirlo. En su sueño, se abalanzó sobre el hombre que azotaba a Cristo y empezó a forcejear con él. De súbito, aquel hombre grande y hosco dio una vuelta y lo miró de frente. El pastor gritó aterrorizado y de repente se despertó. La cara de aquel sujeto que azotaba a Jesús no era otra sino la del mismo pastor. AI permitir que el pecado dominara su vida, hería al Señor Jesucristo. Fue una experiencia que él jamás pudo olvidar. Esta historia verídica ilumina el siguiente pasaje de las Sagradas Escrituras: "Mirarán hacia mí, a quien traspasaron... " (Zacarías 12:10). Apenas nos damos cuenta del dolor que le ocasionamos al Señor Jesús cuando permanecemos en el pecado. Apenas nos damos cuenta de como chasqueamos o decepcionamos al Señor cuando no ganamos una victoria. En verdad no somos dignos de su gran amor. El profeta Isaías también expresó el pesar que nuestro proceder pecaminoso le ocasiona a nuestro Señor: "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimiento; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡ pero nosotros le tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero... "(Isaías 53: 3-7). ¡Qué tremenda descripción! Fijémonos bien en estas palabras: despreciado, desechado, menospreciado, herido, afligido, molido, angustiado, y después en esta expresión "... mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros". AI meditar sobre el grandioso sacrificio de Cristo, el apóstol San Pablo se quedaba maravillado y atónito. Y si nosotros también mirásemos a la cruz, diríamos juntamente con él: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro"(Romanos 8:38). Cuando el Señor Jesús se presentó para ser bautizado, Juan el Bautista declaró al verlo: "¡ Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" (Juan 1:29). Desde ese momento en adelante, la gente empezó a fijar su vista en Jesús. Cada palabra que pronunció y todas las obras que hizo durante sus tres años y medio de ministerio que culminaron en el Calvario, comprobaron que verdaderamente él era el Cordero de Dios. Pero, en un sentido, el sacrificio de Jesús no comenzó en el Calvario. Leemos en el libro de Apocalipsis, que Cristo era "el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apocalipsis 13:8, ReinaValera 1960). De antemano, antes de la creación del mundo y de que el pecado existiera, Dios en su gran amor ideó un plan de salvación. En el instante que el pecado entró en el Huerto del Edén, todo el cielo se puso de luto porque parecía que los habitantes de este mundo estaban condenados a muerte. No obstante, el plan de Dios para redimir a la raza humana ya estaba en pleno vigor. En el momento que la Ley divina fue quebrantada par el ser humano, Cristo estaba preparado para hacer expiación por la transgresión humana. Él llevaría sobre sí el pecado de la humanidad para redimirla. He aquí como se desarrolló el misterio de la redención: "Entonces Cristo informó a la hueste angelical que se había encontrado una vía de escape para el hombre perdido. Les dijo que había suplicado a su Padre y que había ofrecido su vida en rescate para que la sentencia de muerte recayese sobre él para que por su intermedio el hombre pudiera encontrar perdón para que por los méritos de su sangre y como resultado de su obediencia a la Ley de Dios, el hombre pudiera gozar del favor del Señor, volver al hermoso jardín, y comer del fruto del árbol de la vida"(La historia de la redención, pág. 43). Es casi imposible explicar cabalmente este gran plan de amor. Es un misterio que por los siglos de la eternidad los redimidos en la tierra nueva procurarán entender. De modo que en este estudio breve, solamente daremos el primer paso en la comprensión de ese profundo amor que Dios escogió expresar a través del ritual del santuario, el cual empleó como una especie de ilustración a nivel de jardín de infancia, por así decirlo, para facilitar nuestra estudio. Muy bien, ahora pongámonos a pensar. ¿Por qué vino Cristo a morir a la tierra? En la descripción del santuario celestial dada en el Nuevo Testamento, no se menciona el atrio exterior. Es solamente en el Antiguo Testamento que encontramos la mención de un atrio exterior relacionado con el santuario. El atrio exterior existía solamente en el santuario terrenal. Para esto había una razón. El sacrificio de Cristo no se había de llevar a cabo en el cielo por cuanto no puede haber muerte allá. Por lo tanto, Cristo debía venir al atrio del santuario terrenal para convertirse en el cordero que moriría par el pecado. El apóstol Pablo describe esta experiencia de Cristo de la siguiente manera: "ÉI, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como una cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". (Filipenses 2: 6-8). ¿Está claro? ¡Qué maravilloso! Cristo, que era igual a Dios, descendió del ambiente puro del cielo a un nivel inferior al de los ángeles, asumió forma humana, y nació como un bebé indefenso en un pesebre. No, no apareció como un Adán creado en toda su perfección, sino más bien como un ser humano, y esto después de haber experimentado la raza humana las consecuencias de miles de años de pecado. Nació en un mundo lleno de sufrimiento, miseria, dolencia, muerte, y toda suerte de tentaciones. A1 cumplir su misión, tuvo que someterse a cuanto insulto y tormento que a Satanás le fuera posible concebir. Murió la muerte de un pecador culpable. Las últimas horas de su vida fueron tan terribles que aun los ángeles del cielo cubrieron sus rostros para no contemplarlo. Por último, como portador de nuestros pecados, tuvo que soportar la angustia de los perdidos. Se vio separado del amor de su Padre porque la culpa de la humanidad entera pesaba sobre él. Elena G. de White nos presenta un cuadro conmovedor de lo que ocurrió. Escuchad: "El inmaculado Hijo de Dios pendía de la cruz: su carne estaba lacerada por los azotes; aquellas manos que tantas veces se habían extendido para bendecir, estaban clavadas en el madero; aquellos pies tan incansables en los ministerios de amor estaban también clavados a la cruz; esa cabeza real estaba herida por la corona de espinas; aquellos labios temblorosos formulaban clamores de dolor. Y todo lo que sufrió: las gotas de sangre que cayeron de su cabeza, sus manos y sus pies, la agonía que torturó su cuerpo y la inefable angustia que llenó su alma al ocultarse el rostro de su Padre, habla a cada hijo de la humanidad y declara: Por ti consiente el Hijo de Dios en llevar esta carga de culpabilidad; por ti saquea el dominio de la muerte y abre las puertas del Paraíso. El que calmó las airadas ondas y anduvo sobre la cresta espumosa de las olas, el que hizo temblar a los demonios y huir a la enfermedad, el que abrió los ojos de los ciegos y devolvió la vida a los muertos, se ofrece como sacrificio en la cruz, y esto por amor a ti". (El Deseado de todas las gentes, pág. 703, 704). ¡Qué hermosas palabras! ¡Ojalá nos fuera posible entenderlas cabalmente! Y ahora surge la siguiente pregunta: ¿Cómo se aplica la preciosa sangre de Cristo, el Cordero a ti y a mi individualmente? Volvamos al libro de Levítico, el capítulo 4, empezando con los versículos 27 y 28. Sólo el santuario nos explica en detalle como la sangre de Cristo nos puede ser aplicada a nosotros como individuos: "Si alguna persona del pueblo peca involuntariamente, cometiendo una falta contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, es culpable... " (vers. 27) "presentará como ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por el pecado que cometió" (vers. 28). AI traerse un sacrificio, bien fuese de un macho cabrío, un cordero o cualquier otro animal, tengamos en mente una cosa: que el sacrificio representaba al Señor Jesucristo. En segundo lugar, era necesario que el pecador transfiriese su pecado sobre el holocausto. Nótese el versículo 29: "Pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiación... ". Entiéndase que la imposición de las manos sobre la cabeza del animal significaba la confesión y la transferencia del pecado sobre el animal que era el sustituto del pecador. Luego viene el tercer paso: después de haberse transferido el pecado sobre el holocausto, la víctima debe sacrificarse. ¿Por qué? Porque la paga del pecado es muerte. La Ley de Dios, quebrantada por el hombre, exige la pena de muerte. "Pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiación... " Después añade la Escritura, "y la degollará en el lugar del holocausto... " (Levítico 4:20). Este era el método empleado por Dios para enseñar a la humanidad que había una vía de escape del pecado; a saber, que un Sustituto, el Cordero de Dios, moriría por nuestros pecados. Pero no olvidemos que era la propia mano del pecador la que siempre degollaba el holocausto de expiación. Es preciso que todo pecador entienda esta gran verdad para que pueda vencer el pecado en su vida. ¡ La paga del pecado es la muerte ! Por cuanto Cristo es nuestro Sustituto, es menester que comprendamos que nuestros pecados fueron la causa de su muerte. Cuando nos demos cuenta de la enormidad del costo del pecado, determinaremos vencer el pecado con un odio semejante al que siente Dios por él. Solamente entonces estaremos preparados para vivir en un mundo donde no habrá más pecado. Es sumamente triste que tan pocas personas parecen captar esta lección. Hemos visto que las ofrendas de holocaustos fueron ordenadas por Dios para enseñarle a todo pecador deseoso de perdón que debe reconocer su pecado, arrepentirse de él, y traerlo a los pies de Cristo, pidiéndole que se lo quite. Es preciso que reconozca su parte en la crucifixión de Cristo y que se dé cuenta de que el pecado acarrea la muerte. Ha de aceptar a Cristo por fe y depender de su divino poder, el cual le infundirá odio por el pecado y lo capacitará para dejar de pecar. Entonces experimentará el gozo de la redención. Este plan divino basado en sacrificios tiene un propósito mayor que el de la salvación de la humanidad. Cristo vino al mundo a morir, no sólo para salvar al hombre y rescatar al mundo, sino también para vindicar el carácter de Dios ante el universo. ¿Por qué? Porque el gran conflicto entre el bien y el mal se inició en el cielo cuando el enemigo de las almas se opuso a la Ley de Dios, lo cual fue causa de una gran batalla: "Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él" (Apocalipsis 12: 7, 8). Todos los habitantes del vasto universo de Dios estaban interesados en los resultados del sacrificio expiatorio de Cristo porque éste determinaría quién ganaría la victoria, él o Satanás. Es por esta razón que el Salvador contemplaba de antemano su crucifixión y decía: "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mi mismo" (Juan 12:31). Fue de este modo que la muerte de Cristo en el Calvario no sólo le hizo posible al hombre el perdón, poniendo el cielo a su alcance, sino que también vindicó a Dios ante todo el universo no caído. Su sacrificio afirmó la Ley de Dios para siempre y demostró que el pecado es muerte. Cuando Adán y Eva aceptaron la propuesta de Satanás , éste declaró que el mundo era suyo porque ellos lo habían escogido a él como su soberano. El diablo no creía posible que Dios perdonase a la humanidad. No obstante, Dios en su gran amor ya había ideado el plan de entregar a su Hijo unigénito para sufrir el castigo de muerte por nuestros pecados. De este modo el Cordero de Dios se convirtió en la vía de escape para la humanidad. La misma tierra de la cual Satanás se creía dueño se convirtió en el escenario dentro del cual Dios escogió redimir a la humanidad y vindicarse ante el universo entero. Este es el significado de las palabras de Cristo sobre la cruz: "¡Consumado es!" (Juan 19:30). En ocasión de su muerte, hubo un fuerte grito de triunfo en el cielo que repercutió a través de todos los mundos habitados del universo. La contienda quedó decidida una vez que Jesús hubo ganado la victoria. Satanás quedó expuesto como mentiroso y homicida. Cristo, en carne humana, demostró que el hombre es capaz de guardar la Ley de Dios. No es de extrañarse que el momento de mayor emoción para el universo haya sido el triunfo de Cristo sobre Satanás obtenido al morir en la cruz del Calvario. Y algún día, más pronto de lo que nos imaginamos, Jesús volverá a esta tierra otra vez y pondrá punto final a la controversia entre él y Satanás. ¿Estás tu listo para la mejor aventura de tu vida? ¿Estás preparado para vivir con Cristo en el cielo, donde el pecado ya no existirá más; ni habrá más muerte, y donde cada instante estará repleto de gozo, paz y felicidad? ¿Estás preparado para experimentar una vida sin pecado por toda la eternidad? Si es así, es preciso que ganes la victoria sobre el pecado aquí y ahora, tal como se enseña en el sistema del santuario instituido por el mismo Dios. Hace algún tiempo, los periódicos reportaron la historia de una niñita que había estado jugando en el garaje de su casa donde había lo que a ella le pareció ser una botella de soda. Tenía la apariencia exacta de una de las botellas que contenía la clase de bebida que su madre guardaba en el refrigerador y que le servía de vez en cuando. Tomó la botella y se bebió todo el contenido. El sabor del líquido no era lo que ella esperaba, pero en su mente de niña se imaginó que era una especie de bebida nueva. Pronto empezó a padecer un terrible dolor de estómago. Acudió a su madre y se quejó. Su madre la llevo de prisa al hospital para que la atendieran, pero ya era demasiado tarde. La pobre niñita pagó con su vida. La sustancia que había en la botella no era una bebida gaseosa. ¡Era un herbicida sumamente venenoso! El pecado es algo así como un herbicida. Tal parece que muchos de nosotros no nos damos cuenta de que ya hemos sido envenenados por el pecado y que su veneno es mortífero, pero Dios tiene el antídoto a la mano. "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4: 12). Nunca olvidemos que Dios ha provisto una vía de escape. Y esa vía mis amados amigos, es el Señor Jesucristo, el Cordero. Él está dispuesto a ayudarte en este mismo momento. Nos dice: "Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3:20). Cristo, el Cordero está llamando a la puerta de tu corazón. Ansía entrar. ¿Le permitirás ser tu Cordero para que quite todo pecado de tu vida?

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1ª Lección sobre Santuario: Cristo es el Camino
InfoporAnónimo6/26/2012

Comencemos proclamando una buena noticia: ¡Dios te ama! Te ama de tal manera que desea llevarte a vivir con él. A menudo, cuando nos vemos con amigos que queremos de veras, nos da gusto decir. "¿ Y porqué no vienen a quedarse con nosotros un par de días? Tenemos una habitación disponible para ustedes. Vengan a quedarse una semana o más si desean". Sin embargo, esto no significa lo mismo que si les dijéramos, "¿Por qué no se vienen a vivir con nosotros?" Este es un pedido de carácter permanente. Es por eso que el Señor Jesucristo pronunció las siguientes palabras en Juan 14: 1-3: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté vosotros también estéis". Dios nos ama tanto que anhela el día en que nosotros podamos vivir con él eternamente. Esto nos lleva a la primera pregunta importante: ¿Porqué no estamos ya en el cielo? ¿Porqué es que Cristo no ha regresado ya tal como lo prometió? ¿Será un problema de distancia? Yo no lo creo así porque es un hecho que Cristo ha visitado esta tierra numerosas veces. Recordaréis que él pasó siete días aquí durante la semana de la creación y que frecuentemente visitaba a Adán y Eva en el Huerto de Edén. De hecho, él solía salir a caminar con Enoc. Visitó al antiguo patriarca Abraham y comió con él en su tienda. Habló con Moisés sobre el Monte Sinaí. Y durante años habitó en una columna de nube que se detenía sobre la entrada del Tabernáculo en el desierto. Leemos cómo Jesús vino al mundo en la forma de un bebé nacido en Belén y vivió entre la humanidad por espacio de treinta y un años. De manera que las Sagradas Escrituras establecen claramente que Cristo ha estado aquí numerosas veces. ¡ La distancia no constituye un obstáculo para él! Enfoquemos el asunto de otra manera. ¿Será tal vez un problema de tiempo? Puede ser que todavía no sea el tiempo propio para el regreso de Jesús. Pero esto es imposible debido a que casi todas las señales de los eventos finales anunciadas por él ya se han cumplido, o están en proceso de cumplirse ante nuestros propios ojos. Los escépticos, ateos y políticos todos están de acuerdo que algo portentoso está a punto de suceder. ¿ Cuál pues será el problema? ¿Porqué no ha venido Cristo? Yo creo que puedo expresar la razón en estas palabras breves y sencillas: ¡Dios encara un gran problema! ¿Cómo ha de salvar al pecador sin salvar su pecado? ¿ Cómo ha de destruir el pecado sin destruir a los pecadores? En términos bien francos, ¿cómo ha de eliminar el pecado sin eliminarte a ti y a mí? ¿ Cómo ha de llevarnos al cielo sin transportar también nuestra miasma de pecado? Eso propagaría la muerte por todo el universo. Sin duda alguna, Dios encara un problema de lo más serio. Ahora bien, algunos teólogos alegan tener la respuesta al problema que Dios encara. Son semejantes a aquellos padres consentidores que piensan que sus hijos por su cuenta se apartarán de sus malos caminos al hacerse adultos, y sostienen que todo lo que es preciso hacer es manifestarles bastante amor. No obstante, la experiencia nos demuestra que ellos están totalmente equivocados. De igual manera, existen algunos teólogos consentidores que enseñan que sí sólo se predica suficientemente el amor, la gente creerá en Dios y aceptará la salvación. Al fin y al cabo -razonan ellos- Dios sobreabunda en misericordia, gracia y perdón y no le exige a nadie una obediencia estricta. Dichos teólogos aseveran que Cristo le otorgó una salvación incondicional en la cruz a toda la humanidad y que todo lo que tiene que hacer el ser humano es solamente "creer". Dicen que el pecador no debe preocuparse sí sigue en el pecado y que, al fin y al cabo, el ser humano nació para pecar y le es imposible dejar de pecar en esta vida. Algunos hasta enseñan que cuando Jesús regrese por segunda vez implantará al instante en todo pecador un nuevo corazón o mente para que jamás vuelvan a pecar. De esta manera quedará solucionado el problema del pecado. ¡No creáis tal cosa! Dicha enseñanza es un invento del mismo diablo. La sierva del Señor ha escrito: "La religión liviana que hace del pecado algo de poca gravedad y que constantemente se detiene en el amor de Dios hacia el pecador, anima a éste a creer que Dios lo salvará mientras continúa en el pecado, sabiendo que es pecado. Esta es la forma en que muchos proceden mientras profesan creer la verdad presente. La verdad está separada de sus vidas, y esa es la razón por la cual no tienen más poder para convencer y convertir el alma". Mensajes Selectos, Tomo 3, pág. 175. Pensemos esto bien. Si fuera verdad que al venir por segunda vez Cristo obra el singular milagro de cambiar la mente y el carácter de pecado a santidad en un instante, entonces los ateos tendrían razón en culpar a Dios por todos los males que existen en este mundo. ¿Acaso no era capaz Dios, aun desde la época de Adán, de hacer inmediatamente impecables a sus seguidores que creían en él? No os dejéis engañar por estas falsas enseñanzas de la nueva teología. Definitivamente, Dios tiene una manera de solucionar el problema del pecado y es la de salvar a su pueblo de sus pecados y no en sus pecados. Esto está ampliamente demostrado en los servicios del santuario mediante el rito del derramamiento de la sangre de un cordero sin mancha. Recordemos que Jesús dijo, "Yo soy el camino, la verdad y la vida"(Juan 94:6). Y si nosotros le seguimos al santuario donde él lleva a cabo su ministerio hoy, entenderemos bien su método. Esto es verdaderamente una buena noticia porque Jesús puede resolver el problema del pecado, haciendo posible la vida eterna a todo pecador que acepte el sacrificio de Cristo y siga su método de apartar de nosotros el pecado. ¡Alabado sea Dios! "Dios, santo es tu camino"(Salmo 77: 13). Veamos ahora algunos pasajes de las Sagradas Escrituras que nos revelan que existe hoy día un santuario en el cielo y que en los tiempos del Antiguo Testamento había un santuario en la tierra. Leamos primero Hebreos 8: 1 y 2. Nótese que es un pasaje que se refiere al santuario celestial. ". . tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos: Él es ministro del santuario y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre". Pasemos ahora a Hebreos 9: 1 y 2 donde leemos acerca del santuario terrenal: "Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal, pues el Tabernáculo estaba dispuesto así... " Hemos, pues, descubierto que el Nuevo Testamento declara que hay un santuario en el cielo, y que también existió un santuario terrenal. Por lo tanto, pasemos al Antiguo Testamento y leamos acerca del santuario que había en la tierra. En Éxodo 25:8 el Señor declaró: “Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos". Por medio de símbolos, el santuario terrenal nos enseña cómo es que Dios resuelve el problema del pecado desde su santuario celestial. Esto nos capacita para entender cómo es que Dios hace la separación entre el pecado y el pecador, que es precisamente la obra que se efectúa allí. De hecho, el santuario terrenal consistía de tres partes: el atrio exterior, el lugar santo y el lugar santísimo. En cada una de estos sitios se llevaba a cabo un servicio por separado, uno en el atrio exterior, uno en el lugar santo, y uno dentro del lugar santísimo. Estudiaremos cada uno de estos tres servicios para que entendamos cómo cooperar con Cristo mientras él se dedica a resolver nuestro problema de pecado. Cuando Cristo finalmente haya separado el pecado de nosotros, podremos con el tiempo reunirnos con nuestro Salvador en el cielo y vivir con él donde no habrá más pecado. Yo sé que todos nosotros anhelamos estar con nuestro Salvador en el cielo. Pero, ¿cómo se logrará esto? El acto final que determina la separación entre el pecado y el pecador no se llevó a cabo sobre la cruz, como lo enseñan y lo creen muchas personas. Este acto final de expiación del pecado se realiza más bien dentro del lugar santísimo del santuario celestial. Por esta razón leemos en El conflicto de los siglos, pág. 543: "La intercesión de Cristo por el hombre en el santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz. Con su muerte dio principio a aquella obra para cuya conclusión ascendió al cielo después de su resurrección”. El asunto no puede ser explicado con mayor claridad. Se está llevando a cabo ahora mismo en el santuario celestial una obra que es esencial para la expiación final de nuestros pecados. El sacrificio de la cruz no obró la separación entre el pecado y el pecador individual, sino que hizo una "provisión" mediante la cual Cristo paga el precio del pecado de todo aquel que se aprovecha de ella. Así que, la resolución determinante o eterna del pecado que se lleva a cabo en el segundo departamento del santuario no se podrá lograr sino hasta cuando se haya completado la obra del primero. De la misma manera, la obra del primer departamento no puede realizarse hasta después de haber sido ofrecido el sacrificio sobre el altar del atrio exterior. Por lo tanto, es de suma importancia recordar que estos tres pasos distintos son necesarios para obrar una separación eterna entre el pecado y el pecador. Cuando Dios le dio instrucciones a Moisés para la construcción del santuario terrenal, le ordenó: "Conforme a todo lo que yo te muestre, así haréis el diseño del Tabernáculo..." ; Éxodo 25:9. Sin embargo, hubo una excepción. En lo que a escribir la Ley se refería, Dios dijo, en efecto, "Moisés, esto es algo que me toca a mí". Fijémonos bien en las palabras de Dios en Éxodo 31: 18: "Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios". Todo el mobiliario y los accesorios del santuario terrenal eran de hechura humana, excepto los Diez Mandamientos. Estos fueron grabados en piedra por el dedo inmortal del Dios Todopoderoso. La importancia de este acto quedó subrayada cuando Moisés quebró las tablas de piedra en demostración de su desagrado por la idolatría de Israel. Dios no dijo, "Moisés hazte otra copia y colócala dentro del Arca ". ¡No! Dios dijo, "Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube hasta mi al monte. Hazte también un arca de madera. Yo escribiré en esas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste, y tú las pondrás en el Arca" (Deuteronomio 10: 1, 2). Fue Dios quien escribió la Ley por segunda vez con su dedo divino. Por lo tanto, los Diez Mandamientos se destacan por encima del resto de la Biblia debido a que fue Dios mismo quien los escribió. Los sesenta y seis libros que componen la Palabra de Dios fueron escritos por hombres que estaban bajo la inspiración del Espíritu Santo, pero los Diez Mandamientos fueron escritos directamente por el mismo Dios. ¿Por qué? Porque Dios no quería que ninguna influencia humana deformara su divina Ley. Los Diez Mandamientos son una copia de la Ley del cielo la cual es un trasunto del carácter santo de Dios. Por eso, al leerlos, estamos frente a un gran documento original: la Ley de Dios la cual está seguramente guardada en el seno del santuario celestial. Recordemos que unos sesenta años después de Cristo haber sido crucificado y de haber resucitado y ascendido al cielo, Dios le reveló el santuario celestial a Juan en visión. ¿Y qué fue lo que vio? Declara Juan: "El templo de Dios fue abierto en el cielo, y el Arca de su pacto se dejó ver en el templo" (Apocalipsis 11: 19). Después de la cruz, hemos de fijar la vista en el santuario celestial en el cual está la Ley de Dios. ¿Por qué razón? Porque Dios quiere que los que estamos viviendo en estos últimos días sepamos que hay una buena y una mala manera de vivir. Se nos ha dicho, "... por medio de la Ley es el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20). En una traducción inglesa, la de Phillips, este pasaje se expresa más o menos así: "Es el filo recto de la Ley lo que nos demuestra cuán torcidos estamos". La Ley es realmente un trasunto del carácter de Dios. En libro La historia de la redención, pág. 19, leemos que Dios ha hecho las leyes que ha promulgado iguales a si mismo. Luego, en El Deseado de todas las gentes, pág. 215, leemos lo siguiente concerniente a la Ley de Dios: "... los preceptos del Decálogo son tan inmutables como el trono de Dios". Son una viva expresión de su carácter. De manera que cuando contemplamos y estudiamos la Ley de Dios, estamos estudiando el carácter mismo de Dios. En el lugar santísimo del santuario nos ponemos en relación directa con la Ley de Dios porque allí se encuentra dentro del Arca como representación del carácter de Dios y como norma divina de conducta. En Eclesiastés 12:13 y 14 tenemos la siguiente declaración: "El fin de todo el discurso que has oído es: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre. Pues Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa oculta, sea buena o sea mala ". El apóstol Santiago dice claramente: "... porque cualquiera que guarda toda la Ley, pero ofende en un punto, se hace culpable de todos, pues el que dijo: 'No cometerás adulterio', también ha dicho: 'No matarás'. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la Ley. Así hablad y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad" (Santiago 2: 10-12). Si, hay un castigo para la transgresión de la Ley, y ese castigo es la muerte. Dios declara : "El alma que peque, esa morirá" (Ezequiel 18 :4). Según vamos leyendo las Escrituras, nos damos cuenta de que esta verdad se enfatiza en muchos otros versículos, como por ejemplo: ".., porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6: 23) y "... por cuanto todos pecaron" (Romanos 3: 23). Ante la Ley de Dios, todos aparecemos como pecadores. Esto nos trae de vuelta a la consideración del problema del pecado, ¿verdad? En vista de que todos hemos pecado, ¿cómo será posible que Dios separe nuestros pecados de nosotros para que podamos ir al cielo a vivir con Jesús, en lugar de morir por causa de nuestros pecados tal como lo exige la Ley? Para conseguir la respuesta, regresemos al santuario y descubramos cuál sea el primer paso en este proceso de obrar una separación entre el pecado y el pecador. Es una obra que se realizaba en el atrio del santuario. Dios describe lo que se efectuaba allí: "Si alguna persona del pueblo peca involuntariamente, cometiendo una falta contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, es culpable. Luego que se le dé a conocer el pecado cometido presentará como ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por el pecado que cometió" (Levítico 4:27, 28). ¿Qué hacía el pecador después? "Pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiación y la degollará en el lugar del holocausto. Luego el sacerdote tomará con su dedo de la sangre, la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Después le quitará toda su grasa, de la manera que le fue quitada la grasa al sacrificio de paz y el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová. Así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado (vers. 29-31). ¿Cómo se llevaba a cabo esto? Leamos los versículos 5 y 6 de este mismo capítulo: "Después el sacerdote ungido tomará parte de la sangre del becerro y la traerá al Tabernáculo de reunión". De modo que el sacerdote lleva esta sangre dentro del santuario. "Mojará el sacerdote su dedo en la sangre, y rociará con aquella sangre siete veces delante de Jehová tiente al velo del santuario". Volvemos una vez más a toparnos con los tres requisitos que habían de cumplirse. Imaginémonos a un hombre que ha pecado; ha quebrantado la Ley y merece morir por su pecado. Pero Dios no quiere que él muera; por lo tanto, el Espíritu Santo le convence de su pecado. El hombre se arrepiente y acude al Señor en busca del perdón. No quiere morir, sino vivir. Cree en Cristo y le acepta como su Salvador. Dios en su infinita misericordia ha provisto una manera mediante la cual el pecador puede estar libre de culpa ante él, como si nunca hubiera pecado. Pero el pecador debe seguir fielmente el plan divino para hacerse merecedor de dicho perdón y ser separado de su pecado. En primer lugar, ha de traer un cordero al atrio del santuario como holocausto. Luego, el pecador ha de poner sus manos sobre la cabeza del cordero y confesar su pecado. Al hacer esto, transfieren su pecado sobre el cordero, el cual se convierte en su sustituto. Después toma el cordero, lo coloca sobre el altar de sacrificio y con un cuchillo él mismo degüella la víctima inocente. De este modo, en vez de morir él mismo por su propio pecado, el cordero muere en su lugar. Luego, la sangre se vierte en una vasija. El sacerdote lleva la sangre dentro del lugar santo del santuario y la rocía delante de la Ley. Tal vez nos preguntemos por qué era necesario llevar la sangre dentro del santuario. La razón es que la sangre representa la vida de la víctima. Recordemos que en Levítico 17:11 dice claramente: "... porque la vida de la carne en la sangre está". Y es necesario que se ofrezca la vida de la víctima inocente ante el Señor y su Ley para cumplir con este requisito. Entonces, en vista de que el culpable ha transferido su pecado al cordero, el sustituto ahora lleva la carga de culpa y debe morir por causa del pecado que fue transferido sobre él. ¿No habrá otra manera mediante la cual Dios pueda retirar el pecado de nosotros? ¡Definitivamente no ! Dios ha declarado que "sin derramamiento de sangre no hay remisión" (Hebreos 9:22). ¿Estamos analizando esto detenidamente? Que quede claramente establecido que el sustituto tiene que morir. ¿ Y quién es la persona que debe degollar el sustituto? ¡El pecador mismo, porque es su propio pecado lo que hace necesaria la muerte de la víctima! Veamos la realidad de este plan de salvación. ¿Qué representa el cordero? Juan el Bautista explicó esto en lenguaje inconfundible cuando Jesús vino a él para ser bautizado: "¡ Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo !" (Juan 1:29). Y esta es la razón por la cual Jesús vino al mundo. Vino a salvarnos, a morir por nosotros. Ahora se nos hace posible entender que debido a que el pecado acarrea la muerte, yo debo morir, o debe morir un sustituto por mi propia mano. Esta es, pues, la lección básica que aprendemos al estudiar el método que Dios emplea para separar o apartar el pecado de nosotros. Permítaseme, por favor, representar una vez más la escena de un pecador que toma un cuchillo en la mano y degüella la víctima inocente. Venid conmigo y observad cómo el cordero se estremece y muere. El inocente muere por el pecador; muere por causa del pecado de otro. Luego, mirad con los ojos de la fe al Cordero de Dios. Contemplad a Jesucristo el Cordero agonizando sobre la cruz del Calvario por causa de nuestros pecados. Recordad lo que escribió San Pedro: "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!" (1 Pedro 2:24). ¿ Qué ocurrió con aquel cordero que fue puesto sobre el altar? Pues, ¡murió! ¿ Cuál fue el efecto de nuestros pecados sobre Jesús en el Monte Calvario? Fueron la causa de su muerte. ¡Nosotros mismos fuimos los que le quitamos la vida al Señor Jesucristo! Millones de personas saben que el Calvario fue un suceso verídico. Les gusta viajar a la "Tierra Santa" y visitar el lugar donde Cristo murió. Sin embargo, muy pocos se dan cuenta de que fue su pecado lo que llevó a la cruz al Cordero de Dios. Nunca han comprendido las siguientes palabras del profeta Zacarías: "Mirarán hacia mí, a quien traspasaron" (Zacarías 12: 10). ¿Haz ido por fe al Calvario donde Cristo murió en tu lugar a causa de tus pecados? Dime con franqueza, ¿no te has sentido culpable por la muerte de Cristo? ¿Te has imaginado alguna vez a Cristo, tu Sustituto, muriendo en. tu lugar sobre la cruz? El relato de uno de los funerales más tristes que me haya tocado dirigir nos ayudará a comprender los resultados de la muerte de Cristo en la cruz. En el ataúd reposaba el cuerpo de un niño muy pequeño, único hijo de sus padres. Había muerto en un accidente causado por su padre quien ignoraba que su hijito le había seguido hasta el garaje de la casa. Cuando el padre hizo retroceder el carro, atropelló al niño matándolo al instante. Aunque fue un accidente, a mí se me hace dificil describir el dolor que observé en el rostro de aquel padre. Cuando meditamos sobre el Calvario, no podemos menos que ver a Cristo el Cordero padeciendo la muerte que en realidad nos tocaba a nosotros. Sabemos por seguro que su muerte no fue un accidente porque fue causada por nuestros malditos pecados. El ver a Cristo morir sobre la cruz como nuestro Sustituto, llevando sobre si nuestros pecados, nos ayuda a entender mejor el significado del Calvario. No podemos menos que exclamar, "Dios santo, ¿es esto lo que yo le he causado a tu querido Hijo? ¿Es este el precio pagado por mi salvación?" Decidme, si aquel padre que accidentalmente mató a su amado hijito algún día tuviese otro hijo, ¿ pensáis que él tendría más cuidado en el futuro cuando saque su auto del garaje? Podéis estar bien seguros de que el nunca querrá que se vuelva a repetir una tragedia semejante. Asimismo, cuando nosotros visitamos el Calvario en alas de nuestra imaginación y vemos a Jesús entregando su vida en nuestro lugar, crucificado por nuestros pecados, se nos rompe el corazón. Es porque nos damos cuenta de que fue nuestro pecado lo que lo llevó a la cruz, y no queremos que este pecado se vuelva a repetir. No podemos menos que exclamar. "Dios mío, quita de mi este pecado, y permite que el Calvario me infunda tal odio por el pecado que yo jamás quiera volver a pecar". Es sólo mediante Cristo que el pecado puede ser separado del pecador. "Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío" (Génesis 22: 8)

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El camino a Cristo Capitulo 2
El camino a Cristo Capitulo 2
InfoporAnónimo4/10/2011

EL CAMINO A CRISTO CAPITULO 2 LA MAS URGENTE NECESIDAD DEL HOMBRE [align=left]El hombre estaba dotado originalmente de facultades nobles y de un entendimiento bien equilibrado. Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros, sus designios santos. Pero por la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo sustituyó al amor. Su naturaleza se hizo tan débil por la transgresión, que le fue imposible, por su propia fuerza, resistir el poder del mal. Fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial. El propósito del tentador era contrariar el plan que Dios había tenido al crear al hombre y llenar la tierra de miseria y desolación. Quería señalar todo este mal como el resultado de la obra de Dios al crear al hombre. El hombre, en su estado de inocencia, gozaba de completa comunión con Aquel "en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Colosenses 2: 3.) Mas después de su caída, no pudo encontrar gozo en la santidad y procuró ocultarse de la presencia de Dios. Y tal es aún la condición del corazón no renovado. No está en armonía con Dios, ni encuentra gozo en la comunión con él. El pecador no podría ser feliz en la presencia de Dios; le desagradaría la compañía de los seres santos. Y si se le pudiese permitir entrar en el cielo, no hallaría alegría en aquel lugar. El espíritu de amor puro que reina allí donde responde cada corazón al corazón del Amor Infinito, no haría vibrar en su alma cuerda alguna de simpatía. Sus pensamientos, sus intereses, sus móviles, serían distintos de los que mueven a los moradores celestiales. Sería una nota discordante en la melodía del cielo. El cielo sería para él un lugar de tortura. Ansiaría ocultarse de la presencia de Aquel que es su luz y el centro de su gozo. No es un decreto arbitrario de parte de Dios el que excluye del cielo a los malvados: ellos mismos se han cerrado las puertas por su propia ineptitud para aquella compañía. La gloria de Dios sería para ellos un fuego consumidor. Desearían ser destruidos para esconderse del rostro de Aquel que murió por salvarlos. Es imposible que escapemos por nosotros mismos del abismo del pecado en que estamos sumidos. Nuestro corazón es malo y no lo podemos cambiar. "¿Quién podrá sacar cosa limpia de inmunda? Ninguno" (Job 14: 4 )"Por cuanto el ánimo carnal es enemistad contra Dios; pues no está sujeto a la ley de Dios, ni a la verdad lo puede estar" (Romanos 8: 7). La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano todos tienen su propia esfera, pero para esto no tienen ningún poder. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre en el interior, una vida nueva de lo alto, antes de que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Solamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraerlas a Dios, a la santidad. El Salvador dijo: "A menos que el hombre naciere de nuevo", a menos que reciba un corazón nuevo, nuevos deseos, designios y móviles que lo guíen a una nueva vida, "no puede ver el reino de Dios" (S. Juan 3: 3). La idea de que solamente es necesario desarrollar lo bueno que existe en el hombre por naturaleza, es un engaño fatal. "El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente" (1 Corintios 2: 14). "No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo" (S. Juan 3: 7.) De Cristo está escrito: "En él estaba la vida; y la vida era la luz de los hombres" (S. Juan 1: 4), el único "nombre debajo del cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos" (Hechos 4: 12). No basta comprender la bondad amorosa de Dios, ni percibir la benevolencia y ternura paternal de su carácter. No basta discernir la sabiduría y justicia de su ley, ver que está fundada sobre el eterno principio del amor. El apóstol Pablo veía todo esto cuando exclamó: "Consiento en que la ley es buena", "la ley es santa, y el mandamiento, santo y justo y bueno". Mas él añadió en la amargura de su alma agonizante y desesperada: "Soy carnal, vendido bajo el poder del pecado" (Romanos 7: 12, 14). Ansiaba la pureza, la justicia que no podía alcanzar por sí mismo, y dijo: "¡Oh hombre infeliz que soy! ¿quién me libertará de este cuerpo de muerte?" (Romanos 7: 24). La misma exclamación ha subido en todas partes y en todo tiempo, de corazones sobrecargados. No hay más que una contestación para todos: "'¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" (S. Juan 1: 29). Muchas son las figuras por las cuales el Espíritu de Dios ha procurado ilustrar esta verdad y hacerla clara a las almas que desean verse libres de la carga del pecado. Cuando Jacob pecó, engañando a Esaú, y huyó de la casa de su padre, estaba abrumado por el conocimiento de su culpa. Solo y abandonado como estaba, separado de todo lo que le hacía preciosa la vida, el único pensamiento que sobre todos los otros oprimía su alma, era el temor de que su pecado lo hubiese apartado de Dios, que fuese abandonado del cielo. En medio de su tristeza, se recostó para descansar sobre la tierra desnuda. Rodeábanlo solamente las solitarias montañas, y cubríalo la bóveda celeste con su manto de estrellas. Habiéndose dormido, una luz extraordinaria se le apareció en su sueño; y he aquí, de la llanura donde estaba recostado, una inmensa escalera simbólica parecía conducir a lo alto, hasta las mismas puertas del cielo, y los ángeles de Dios subían y descendían por ella; al paso que de la gloria de las alturas se oyó la voz divina que pronunciaba un mensaje de consuelo y esperanza. Así hizo Dios conocer a Jacob aquello que satisfacía la necesidad y el ansia de su alma: un Salvador. Con gozo y gratitud vio revelado un camino por el cual él, como p ecador, podía ser restaurado a la comunión con Dios. La mística escalera de su sueño representaba a Jesús, el único medio de comunicación entre Dios y el hombre. Esta es la misma figura a la cual Cristo se refirió en su conversación con Natanael, cuando dijo: "Veréis abierto el cielo, y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre" (S. Juan 1: 51). Al caer, el hombre se apartó de Dios: la tierra fue cortada del cielo. A través del abismo existente entre ambos no podía haber ninguna comunión. Mas mediante Cristo, el mundo está unido otra vez con el cielo. Con sus propios méritos, Cristo ha salvado el abismo que el pecado había hecho, de tal manera que los hombres pueden tener comunión con los ángeles ministradores. Cristo une al hombre caído, débil y miserable, con la Fuente del poder Infinito. Mas vanos son los sueños de progreso de los hombres, vanos todos sus esfuerzos por elevar a la humanidad, si menosprecian la única fuente de esperanza y amparo para la raza caída. "Toda dádiva buena y todo don perfecto" (Santiago 1: 17) es de Dios. No hay verdadera excelencia de carácter fuera de él. Y el único camino para ir a Dios es Cristo, quien dice: "Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí". (S. Juan 14: 6) El corazón de Dios suspira por sus hijos terrenales con un amor más fuerte que la muerte. Al dar a su Hijo nos ha vertido todo el cielo en un don. La vida, la muerte y la intercesión del Salvador, el ministerio de los ángeles, la imploración del Espíritu Santo, el Padre que obra sobre todo y por todo, el interés incesante de los seres celestiales: todos están empeñados en la redención del hombre. ¡Oh, contemplemos el sacrificio asombroso que ha sido hecho por nosotros! Procuremos apreciar el trabajo y la energía que el cielo está empleando para rescatar al perdido y traerlo de nuevo a la casa de su Padre. Jamás podrían haberse puesto en acción motivos más fuertes y energías más poderosas: los grandiosos galardones por el bien hacer, el goce del cielo, la compañía de los ángeles, la comunión y el amor de Dios y de su Hijo, la elevación y el acrecentamiento de todas nuestras facultades por las edades eternas, ¿no son éstos incentivos y estímulos poderosos que nos instan a dedicar a nuestro Creador y Salvador el amante servicio de nuestro corazón? Y por otra parte, los juicios de Dios pronunciados contra el pecado, la retribución inevitable, la degradación de nuestro carácter y la destrucción final, se presentan en la Palabra de Dios para amonestarnos contra el servicio de Satanás. ¿No apreciaremos la misericordia de Dios? ¿Qué más podía hacer? Pongámonos en perfecta relación con Aquel que nos ha amado con estupendo amor. Aprovechemos los medios que nos han sido provistos para que seamos transformados conforme a su semejanza y restituidos a la comunión de los ángeles ministradores, a la armonía y comunión del Padre y el Hijo. Pueden ver mis otros post La caida de Babilonia Parte 1 La caida de Babilonia Parte 2 http://www.taringa.net/posts/info/9936123/La-Caida-de-Babilonia-Parte-2.html La caida de Babilonia Parte 3 Los 7 Sellos El Camino a Cristo Capitulo 1 Los puntos se le agradecen[/align]

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La verdad sobre Mateo 28:19 Parte 2
InfoporAnónimo8/2/2011

La verdad sobre Mateo 28:19 Parte 2 4) La Didake: a)Mateo 28:19 en la Didake Es el nombre más conocido de una obra de la literatura cristiana primitiva llamada, en su título corto que pudo ser compuesta en la segunda mitad del siglo I acaso antes de la destrucción del templo (70 d.C.), por uno o varios autores, los «didaquistas» Desde que fuera encontrada en 1873 y publicada en 1883, la Didaché ha sido una fuente inagotable de estudios y, asimismo, objeto de numerosas controversias. La principal de ellas atañe al tiempo de su composición. De ser cierta la datación más temprana que se ha propuesto, la Didaché podría ser la regla u ordenanza religiosa utilizada por algunas comunidades cristianas, más bien judeocristianas, unas pocas décadas después de la muerte de Jesus. Tenia dos títulos de estudio: el primero Enseñanza de los doce apóstoles y el segundo: Enseñanza del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles. El marco sobre el que los investigadores han interpretado este doble título lo provee un pasaje del evangelio de san mateo, en concreto Mt 28,19, que viene a ser el colofón con el que concluye. Se dice allí que, estando reunidos los discípulos después de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret aparece el Señor resucitado y les da la encomienda: Mat 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo La encomienda tiene dos partes. Primero, la transmisión de la enseñanza del Señor a las naciones o gentiles, cuyo contenido recogería, presuntamente, la Didaché. Después, la formulación trinitaria del bautismo (Padre, Hijo y Espíritu Santo) que acompaña esa enseñanza como una especie de sello. Ambos elementos son típicamente mateanos y forman parte de las similitudes que relacionan el evangelio de mateo y la Didaché. b) El Bautismo en la Didake El bautismo era una práctica central en el cristianismo primitivo y su huella puede encontrarse en toda la literatura cristiana de la época. Su importancia es destacada por todos los evangelistas. La Didaché, es el primer texto conocido que ofrece instrucciones concretas para su celebración. En este sentido es un documento clave para estudiar los orígenes del bautismo en el cristianismo. A diferencia del bautismo vigente hoy, aquél era un bautismo para adultos. Antes de la ceremonia, se prescribía un ayuno de uno o dos días para el bautizando y el que bautizaba (Did 7,4). Llegado el día debía buscarse un lugar con agua viva (Did 7,2)porque el bautismo se realizaba por inmersión, es decir, el bautizando sufría una inmersión total en el agua durante la ceremonia. La celebración del bautismo debía entrañar cierta dificultad en las estaciones invernales por la propia gelidez de las aguas. De ahí, tal vez, la recomendación ulterior. Si no puedes utilizar agua fría, utiliza agua caliente (Did 7,3). La dependencia con el Evangelio de Mateo aparece atestiguada en este pasaje pues el didaquista prescribe el uso de la fórmula trinitaria: Bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Did 7,1) Justino escribió en el siglo II: "Luego los conducimos a un sitio donde hay agua (...). Toman en el agua el baño en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo y del Espíritu Santo". (Apolo. 1:61). 5)Escritos de Ellen White sobre Mateo 28:19 Ellen White utilizó solamente una vez dicho pasaje en sus escritos, pero dejó otros argumentos inspirados en los cuales ella deja ver claramente la existencia de tres seres: "El hecho de que haya sido bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es una seguridad de que así usted pide su ayuda, estos poderes le ayudaran en cada emergencia. 6T 99 Ese escrito es suficiente para comprender que Ellen White si creía y aceptaba la formula bautismal. Pero veamos otros escritos que demuestran la existencia de tres seres: "cuando usted abiertamente renuncia al pecado y a Satanás, los tres Grandes Poderes del cielo se comprometen a ayudarlo para que usted sea un vencedor" signs of the times 12/o2/1902 "el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están comprometidos a cooperar con los santificados instrumentos humanos" review and herald 17/05/1906 "la divinidad estaba conmovida de piedad por la raza y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a Si mismos para llevar a cabo el plan de la redención" review and herald 02/05/1912. CONCLUSION Como puede notarse en las evidencias bíblicas, históricas e inspiradas la enseñanza de la existencia de tres seres(Padre, Hijo y Espíritu Santo) es una de las doctrinas enseñadas por los primeros cristianos. Argumentar que san mateo 28:19 es un texto interpolado o agregado y que no aparece en escritos hebreos es totalmente falso porque desde los primeros siglos la formula bautismal es enseñada y porque no hay un solo escrito original hebreo que argumente la falsedad de dicho texto. DIOS LES BENDIGA Y LES GUARDE!!!! Mis otros post http://www.taringa.net/perfil/pradita98/post Los puntos se le agradecen!!!!!

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