poetica
Usuario (Argentina)
Registrate y eliminá la publicidad! Alma ausente No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre. No te conoce el lomo de la piedra, ni el raso negro donde te destrozas. No te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre. El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque te has muerto para siempre. Porque te has muerto para siempre, como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de perros apagados. No te conoce nadie. No. Pero yo te canto. Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. La madurez insigne de tu conocimiento. Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. La tristeza que tuvo tu valiente alegría. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gimen y recuerdo una brisa triste por los olivos. Federico García Lorca
Registrate y eliminá la publicidad! Romance del prisionero Que por mayo, era por mayo cuando hace la calor cuando los trigos encañan y están los campos en flor cuando canta la calandria y responde el ruiseñor cuando los enamorados van a servir al amor sino yo triste y cuitado que vivo en esta prisión que ni sé cuando es día ni cuando las noches son sino por una avecilla que me cantaba al albor matómela un ballestero dele Dios mal galardón Anónimo
Registrate y eliminá la publicidad! Volverán las oscuras golondrinas Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y, otra vez, con el ala a sus cristales jugando llamarán; pero aquéllas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha al contemplar, aquéllas que aprendieron nuestros nombres... ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde, aun más hermosas, sus flores se abrirán; pero aquellas, cuajadas de rocío, cuyas gotas mirábamos temblar y caer, como lágrimas del día... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón, de su profundo sueño tal vez despertará; pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate: ¡así no te querrán! Gustavo Adolfo Bécquer
Una traición mística He aquí al idiota que recibía cartas del extranjero ÉLUARD Hablo de una traición, hablo de un místico embaucar, de la pasión de la irrealidad y de la realidad de las cartas mortuorias, de los cuerpos en sudarios y de los retratos nupciales. Nada prueba que no clavó agujas en mi imagen, hasta resulta extraño que yo no le haya enviado mi fotografía acompañada de agujas y de un manual de instrucciones. ¿Cómo empezó esta historia? Es lo que quiero indagar pero con voz solamente mía y eliminando todo designio poético. No poesía sino policía. Como una madre que no quiere dejar irse de sí a su niño que ya está nacido, así su absorción silenciosa. Yo me arrojo en su silencio; yo, ebria de presentimientos mágicos acerca de una unión con el silencio. Recuerdo. Una noche de gritos. Yo subía y no tenía posibilidad de arrepentirme; subía cada vez más alto sin saber si llegaría a un encuentro de fusión o si me quedaría toda la vida con la cabeza clavada en un poste. Era como tragar olas de silencio, mis labios se movían como debajo del agua, me ahogaba, era como si estuviera tragando silencio. En mí éramos yo y el silencio. Esa noche me arrojé desde la torre más alta. Y cuando estuvimos en lo alto de la ola, supe que eso era lo mío, y aun lo que he buscado en los poemas, en los cuadros, en la música, era un ser llevado a lo alto de la ola.. No sé cómo me abandoné, pero era como un poema genial: no podía ser escrito. ¿Y por qué no me quedé allí y no morir?. Era el sueño de la más alta muerte, el sueño de morir haciendo el poema en un espacio ceremonial donde palabras como amor, poesía y libertad eran actos en cuerpo vivo. A esto pretende su silencio. Crea un silencio en el que yo reconozca mi lugar de reposo cuando la prueba de fuego de su afección tuvo que haber sido mantenerme lejos del silencio, tuvo que haber sido vedarme el acceso a esa zona de silencio exterminador. Comprendo, de nada sirve comprender, a nadie nunca le ha servido comprender, y sé que ahora necesito remontarme a la raíz de esa fascinación silenciosa, de esa oquedad que se abre para que yo entre, yo el holocausto, yo la víctima propiciatoria. Su persona es menos que un fantasma, que un nombre, que vacío. Alguien me bebe desde la otra orilla, alguien me succiona, me abandona exangüe. Estoy muriendo porque alguien ha creado un silencio para mí. Fue un trabajo magistral, una infiltración retórica, una lenta invasión (tribu de palabras puras, hordas de discursos alados). Voy a intentar desenlazarme, pero no en silencio, pues el silencio es un lugar peligroso. Tengo que escribir mucho, que plasmar expresiones para que poco a poco se calle su silencio y entonces se borre su persona que no quiero amar, ni siquiera se trata de amor sino de fascinación imponderable y en consecuencia indecible (acercarme a la dura, a la blanda niebla de su persona lejana, pero hunde el cuchillo, desgarra, y un espacio circular hecho del silencio de tu poema, el poema que escribirás después, en el lugar de la masacre). No es más que un silencio, pero esta necesidad de enemigos reales y de amores mentales, ¿cómo la comprendió desde mis cartas? Un juego magistral. Ahora mis pasos de loba ansiosa en derredor del círculo de luz donde deslizan la correspondencia. Sus cartas crean un segundo silencio más denso aun que el de sus ojos desde la ventana de su casa frente al puerto. El segundo silencio de sus cartas da lugar a un tercer silencio hecho de faltas de cartas. También hay el silencio que oscila entre el segundo y el tercero: cartas cifradas en las que dice para no decir. Toda la gama de los silencios en tanto de ese lado beben la sangre que siento perder de este lado. No obstante, si no existiera esta correspondencia vampírica, me moriría de falta de una correspondencia así. Alguien que amé en otra vida, en ninguna vida, en todas las vidas. Alguien a quien amar desde mi lugar de reminiscencias, a quien ofrendarme, a quien sacrificarme como si con ello cumpliera una justa devolución o restableciera el equilibrio cósmico. Su silencio es un útero, es la muerte. Una noche soñé una carta cubierta de sangre y heces; era en un páramo y la carta gemía como un gato. No. Voy a romper el hechizo. Voy a escribir como llora un niño, es decir: no llora porque esté triste sino que llora para informar, tranquilamente. La Enamorada Esta lúgubre manía de vivir esta recóndita humorada de vivir te arrastra. Alejandra, no lo niegues. Hoy te miraste en el espejo y te fue triste, estabas sola, la luz rugía, el aire cantaba pero tu amado no volvió. Enviarás mensajes, sonreirás, tremolarán tus manos, así volverá tu amado tan amado. Oyes la demente sirena que lo robó. El barco con barbas de espuma donde murieron las risas, recuerdas el último abrazo. Oh, nada de angustias, ríe en elpañuelo, llora a carcajadas pero cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú. Te remuerden los días, te culpan las noches, te duele la vida tanto, tanto, desesperada ¿adónde vas? desesperada ¡Nada más! Condición del amor Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro –por pasión, por necesidad, como la de respirar– sucede, y de esto te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda. Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes. Alejandra Pizarnik (1936 - 1972)
“Soy tan fantásticamente buena perdiendo cosas que todos podrían beneficiarse de mi experiencia” Un arte No es fácil dominar el arte de perder; hay tantas cosas que parecen colmadas por el deseo de ser perdidas que su pérdida no es un desastre. Pierde algo cada día. Acepta la confusión de las llaves extraviadas, de la hora desperdiciada. No es difícil dominar el arte de perder. Practica después perder más, y más rápido: lugares, y nombres, y las tierras a las que pretendías viajar. Ninguna de estas pérdidas será devastadora. He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última o la penúltima de las tres casas que he amado se perdió. No es difícil dominar el arte de perder. He perdido dos ciudades, hermosas ciudades. Más aún, vastos reinos que poseía, y dos ríos, y un continente. Los añoro, pero no fue un desastre. Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que amo) no habría mentido. Es evidente que no es difícil dominar el arte de perder aunque eso parezca (¡escríbelo!) un desastre. ~~~~~~~~ Llueve hacia el amanecer Llueve amargamente en mi jardín en este declinante otoño. Yo sólo tengo vagos sentimientos poéticos que no logro reunir. Se disipan por entre las oscuras nubes y las hojas rojas. Después del amarillento ocaso la fría luna se despierta entre la niebla melancólica. No descolgaré las persianas de bambú de su gancho de plata. Esta noche mis sueños seguirán al viento soportando el frío, hacia la torre de jade de tu hermoso cuerpo. ~~~~~~ Necesito una música Necesito una música que fluya a través de las yemas de mis dedos inquietas, sensitivas; por mis labios temblorosos, manchados de amargor, con honda melodía, clara, lenta como el fluir de un líquido. ¡Ah, el mecerse salutífero, antiguo, sí, y grave, como una canción que se les canta a los que han muerto, fatigados, para que puedan descansar, una canción que caiga como agua en mi cabeza y mis extremidades, como un sueño que a causa de un rubor resplandeciera. La melodía obra cierta magia: un hechizo de alivio, y calmo aliento, y sosegado corazón, que se hunde, entre colores que se van fundiendo, hondo en la subacuática quietud del mar, y flota para siempre en un estanque que la luz reverdecida de la luna ilumina al reflejarse, en los brazos del ritmo y la modorra. ~~~~~~ El Mapa La tierra yace en el agua; es un verde sombreado. Sombras ¿o son bajíos? que muestran el contorno de extendidos arrecifes llenos de algas marinas por las orillas donde la maleza cuelga desde el verde hasta el simple azul. ¿O acaso la tierra se inclina para levantar el mar por debajo, atrayéndolo, imperturbado, a su alrededor? ¿Está la tierra halando el mar por debajo a lo largo del primoroso y curtido banco de arena? La sombra de Terranova yace plana y amortiguada. La de Labrador es amarilla, donde el soñador esquimal la ha aceitado. Podemos acariciar estas agradables bahías, cubiertas por un cristal como si esperásemos que florecieran, o cual si proveyéramos un limpio recipiente para peces invisibles. Los nombres de los pueblos costeros se precipitan al mar, los nombres de las ciudades cruzan las montañas adyacentes —el impresor experimenta en esto la misma agitación que cuando la emoción excede por mucho su causa—. Estas penínsulas cogen el agua entre el dedo pulgar y el índice como mujeres que palpan la suavidad de las telas. Las aguas de los mapas son más tranquilas que la tierra, otorgándole a ésta la configuración de sus olas: sr la liebre de Noruega corre hacia el sur, agitada los contornos escudriñan el mar, que es donde la tierra yace. ¿Se les imponen o pueden los países escoger sus colores? —Lo que mejor se ajuste al carácter o a las aguas nacionales—. La topografía no tiene preferencias; tan accesible el norte, como el oeste. Más delicados que los de los historiadores son los colores de los cartógrafos. ~~~~~~~ Porfía Días que no pueden o no quieren acercarte a mí, Distancia que pretende parecer todo menos terca porfían y porfian y porfían conmigo incesantemente sin lograr demostrar que te quiero o te deseo menos. Distancia: ¿Recuerdas toda aquella tierra bajo el avión: aquella costa de playas apagadas y rebosantes de arena, extendiéndose borrosas hasta donde mis razones no alcanzan? Días: Y piensa en todos aquellos instrumentos amontonados, cada cual para su uso, anulando mutuamente su experiencia; en cómo se parecían a un horrible calendario «Saludos de Nunca & Siempre, Inc.» El sonido intimidante de estas voces que tenemos que encontrar cada cual por separado puede y debe ser vencido: Días y Distancia derrotados e idos ambos, definitivamente, del apacible campo de batalla. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ El pez Agarré un tremendo pez y lo sostuve al lado del bote medio fuera del agua, mi anzuelo asido firmemente a una comisura de su boca. No dio pelea. No había luchado en lo m mínimo. Colgaba como peso desgarrador, golpeado y venerable y sin pretensiones. En un par de sitios su piel marrón colgaba hecha jirones como un empapelado antiguo, y su diseño de marrón subido se parecía al de un empapelado: formas semejantes a las rosas florecidas, descoloridas y acabadas por el tiempo. Estaba moteado de lapas, admirables rosetas de cal, e infectado de blancos piojillos de mar, y de su parte inferior dos o tres hilachas de algas verdes le colgaban. Mientras sus branquias respiraban el terrible oxígeno —las temibles branquias, avivadas y henchidas de sangre, que pueden producir severas cortaduras— pensé en la ordinaria carne blanca, comprimida como un colchón de plumas, en las espinas grandes y pequeñas, en ios dramáticos rojos y negros de sus relucientes entrañas, y en la vejiga rosada cual una inmensa flor de peonía. Lo miré a los ojos que eran bastante m grandes que los míos pero más chatos y amarillentos, los iris reforzados y comprimidos por papel de aluminio empañado, a través de los lentes de mica vieja y rayada. Se movieron un poco, pero no para devolverme la mirada. —Más bien parecía como cuando un objeto se inclina hacia la luz. Admiré su cara hinchada, el armazón de su quijada, y entonces noté que de su labio inferior —si pudiera llamársele a esto labio— amenazantes, mojados y como armas de guerra, colgaban cinco viejos trozos de cordel, o cuatro y un sedal con el «alacrán» todavía asido, los cinco grandes anzuelos firmemente incrustados en su boca. Un cordel verde, raído hacia el extremo donde lo rompió, dos cordeles más gruesos, y un delgado hilo negro aún torcido por el forcejeo y la dentellada de cuando se partió y él huyó. Como medallas con cintas desgastadas y ondeantes, cinco pelos de una barba de sabio colgando de su adolorida quijada. Lo miré fijamente y la victoria se apoderó del pequeño bote alquilado, desde el charco de la quilla donde el aceite había desparramado un arcoiris alrededor del corroído motor hasta el latón de sacar agua, anaranjado por el óxido, el banco de remar hendido por el sol, la chumacera con sus cuerdas, la borda— ¡todo, todo, todo se transformó en arcoiris! Y dejé escapar el pez. ~~~~~~~~~~~ Insomnio La luna en el espejo de tocador contempla (tal vez orgullosa de sí misma, pero jamás se sonríe) millones de millas en la distancia y más allá del sueño, o quizá duerma de día. Si el Universo la abandonara, ella lo mandaría al infierno y encontraría una extensión de agua, o un espejo, donde morar. Envuelve pues tus cuitas con una telaraña y tíralas en el pozo a ese mundo invertido donde la izquierda es siempre la derecha, donde las sombras son en realidad el cuerpo, donde nos quedamos despiertos toda la noche, donde el cielo es tan llano como el mar es ahora profundo, y donde tú me amas. ~~~~~~~ ~~ Elizabeth Bishop, Worcester, Massachussets, 1911 – Boston, 1979.
link: De: Subcomandante Insurgente Marcos. CCRI-CG del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas. México. Don Sabina: Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un "palomazo" con el Sup (a larga distancia, se entiende). ¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muelas con el "palomazo"? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina. Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres. "Mira muchacho "me dijo", la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fijate que digo `una mujer y no `cualquier mujer. Y por `una mujer, muchacho, me estoy refiriendo a una de `única. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa `una mujer que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la `una mujer que estaba uno buscando..." (...) El viejo carraspeó y me confió: "Si tu le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la `una mujer que andabas buscando...". Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer (...). A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara solo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa "una mujer" me encontrara a mí, que a buscarla yo. (...) A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros. Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo: "Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso, a menos que sean cantantes". "¿Cantantes?" Bueno, esta nueva fórmula les daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas)... Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante (...). Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor, ya que una cosa era ser "cantante" y otra más difícil era ser "cantautor" o "canta-autor" (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música. (...)Resulta que (vos lo sabés, Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sup redactada en los siguientes términos: "Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa): He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (~Vamos, quita ya esa cara de espanto! Ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original. Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y solo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el "hit parade" internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros los artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho). En este caso particular, a mí solo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima (...). El poema dice, más o menos, así: "Como si llegaran a buen puerto/ mis ansias,/ como si hubiera donde/ hacerse fuerte,/ como si hubiera por fin/ destino para mis pasos,/ como si encontrara/ mi verdad primera,/ como traerse al hoy/ cada mañana,/ como un suspiro/ profundo y quedo,/ como un dolor de muelas/ aliviado,/ como lo imposible/ por fin hecho,/ como si alguien/ de veras me quisiera,/ como si, al fin,/ un buen poema me saliera./ Llegar a ti." La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara-tararira-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser "Canción para una muchacha que está demasiado lejos", o "Un dolor de muelas para ella", o "Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup". En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser "Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina", o "Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)" o como quieras. Vale. Salud y ojalá ella entienda. El Sup." Esa podría ser la carta que usted recibiera y aceptara, Don Sabina. Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos (...). Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe... Desde las montañas del sureste mexicano. ~~~~~~~~~ RESPUESTA DE SABINA AL SUB-COMANDANTE MARCOS Al Subcomandante Marcos: ¿Dónde encontrar una excusa para tan terca mudez? Sucede que, cada vez con mayor saña, las musas se vengan de quien abusa del ripio y el do, re, mi. Qué puedo contarte a ti, que no sepas de memoria, si andas cambiando la historia con la tinta y el fusil. Bastaría con que en las actas chiapanecas del dolor, conste que mi corazón es una ciencia inexacta, que a regañadientes pacta, con la razón militante. Ojalá, subcomandante, al cabo de este pregón merezca tu absolución, este afónico cantante. Pero, elige con cuidado a quién diriges tus cartas, porque hay leyendas que infartan al ánimo más templado. ¿Cómo puede merecer corresponsal tan bragado quien desde el mejor hotel de Cancún o de Sevilla oye hablar de la guerrilla como quien oye llover? Y, sin embargo excluido de partidos y banderas, me conmueve tu manera de no darte por vencido, de disputarle al olvido la hoguera del porvenir, de desempolvar la crin del caballo de Zapata, de matar a los que matan, de enseñarnos a vivir. Me encargaste una canción y por décimas te salgo, hace meses que cabalgo sobre la contradicción de restaurar la emoción, en tiempos tan iscariotes, con la mano en el escote del verso a la antigua usanza. Así hablaba Sancho Panza con mi señor Don Quijote. Por lo demás, cuídate, cuando vengan por las malas, que no te rocen las balas, que no te falte papel, ni frijoles, ni mujer, que la virgen lacandona te esconda bajo su lona. Te lo pide un gachupín que se despierta en Madrid soñando con tu persona. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Como Un Dolor De Muelas Como Si Llegaran A Buen Puerto Mis Ansias, Como Si Hubiera Donde Hacerse Fuerte, Como Si Hubiera Poor Fin Destino Para Mis Pasos, Como Si Encontrara Mi Verdad Primera, Como Traerse Al Hoy Cada Mañana, Como Un Suspiro Profundo Y Quedo, Como Un Dolor De Muelas Aliviado, Como Lo Imposible Por Fin Hecho, Como Si Alguien De Veras Me Quisiera, Como Si Al Fin Un Buen Poema Me Saliera... Una Oración. Como Si La Arena Cantara En El Desierto Los Cantos De Sirena Del Mar Muerto, Como Si Para Crecer Sobraran Las Escaleras, Como Si Escribiera Un Ciego Un Libro Abierto. Ven A Poblar El Zócalo De Ojos, Siembra De Migas De Pan Caliente Mis Canas De Alcanfor Adolescente. Ponle Al Sordo Voz Y Alas Al Cojo, Bendice Nuestro Arroz, Nuestro Minuto, Como Si No Fuéramos Cómplices Del Luto... Del Corazón.
Un polvo dura un minuto, y lo has deseado durante meses. Quisiera escribir palabras que te hicieran llorar de admiración. Las pasiones son buenas, pero no en exceso; hacen perder mucho tiempo. Se llegan a hacer cosas hermosas a fuerza de paciencia y de larga energía. La felicidad es una mentira cuya búsqueda causa todas las calamidades de la vida. ¡Qué mecánica supone lo natural, y cuántas artimañas hacen falta para ser auténtico! Me gustan los tipos tajantes y energúmenos. Sin fanatismo no se hace nada grande. Ser tonto, egoísta y tener buena salud, son las tres condiciones requeridas para ser feliz. Todos los grandes voluptuosos son púdicos; hasta ahora no he visto excepciones. La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo. No creo en el remordimiento: es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica. Me gusta agotar las cosas. Y todo se agota; jamás he tenido un sentimiento sin tratar de agotarlo. Por un instante he visto la cima, he comprendido el abismo, y luego el vértigo me ha arrastrado. Así que tú también has sondeado el abismo y has visto el fondo allá donde creías que no lo había. Ahora siento hacia mis semejantes un odio sereno, o una piedad tan inactiva que es lo mismo. Más que galopar, Pegaso suele ir al paso. Todo el talento consiste en tomar el ritmo que uno quiere. Las mujeres confunden el culo con el corazón y creen que la luna está hecha para alumbrar su cuarto. Para aguantar todo lo que precisas, ángel mío, hazte una coraza secreta compuesta de poesía y orgullo. Temo ser frío, seco, egoísta, y Dios sabe bien, sin embargo, lo que sucede en estos momentos dentro de mí. Hay que apoyarse sobre los fuertes y sobre lo eterno, y no sobre nuestras pasiones tornasoladas y cambiantes. Me disgusta profundamente el periódico, es decir, lo efímero, lo pasajero, lo que es importante hoy y no lo será mañana. Cuando uno vale algo, buscar el éxito es estropearse sin motivo, y buscar la gloria es quizá perderse completamente. Lo que vuelve tan hermosas las figuras de la antigüedad es que eran originales: ahí está todo, el sacar de uno mismo. No soy ruiseñor, sino curraca de grito agrio que se oculta en el fondo de los bosques para no ser oída sino por ella misma. Si no me quisieras, me moriría; como me quieres, aquí estoy, escribiéndote que te detengas. Mi propia estupidez me da asco. Cada día me doy cuenta de lo poco que tengo, y la profundidad de mi vacío no iguala sino la paciencia que dedico a contemplarlo. Por mucho que escondo lo más posible mis dolores en mi interior, a veces salen, y desgarran a quienes estrecho entre mis brazos. La felicidad es un usurero que, por un cuarto de hora de dicha que te presta, te hace pagar todo un cargamento de desgracias. Los nudos más sólidos se desatan por sí mismos, porque la cuerda se gasta. Todo se va, todo pasa; el agua corre y el corazón olvida. La comicidad llegada al extremo, la comicidad que no hace reir, el lirismo en la broma es para mí lo que más me seduce como escritor. Esta disposición para planear sobre uno mismo es quizá la fuente de toda virtud. Te arranca de la personalidad, lejos de retenerte en ella. ¡Camina, venga, no mires hacia atrás ni hacia adelante; pica piedras como un peón, con la cabeza gacha, latiéndote el corazón siempre, siempre! Yo soy un arabesco de marquetería; hay trozos de marfil, de oro y de hierro; los hay de cartón pintado; los hay de diamante; los hay de hoja de lata. No presumo de ir hacia un falso ideal de estoicismo, pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas, de las que ya no se vuelve. El amor no es lo primero en la vida, sino lo segundo. Es un lecho en el que acuesta uno su corazón para relajarlo. Y uno no puede pasarse todo el día echado. Las mujeres, que han amado tanto, no conocen el amor, por haber estado demasiado acupadas con él; no tienen un apetito desinteresado por lo Bello. Lo que constituye la fuerza de una obra es el empalme, como se dice vulgarmente, es decir, una larga energía que corre de un extremo a otro y que no flaquea. Al amor le pusieron una venda, pues resultaba embarazoso representar sus ojos. Habría sido algo demasiado feo. Lleva tanto tiempo llorando que han de estar rojos. Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa. El amor, después de todo, no es sino una curiosidad superior, un apetito de lo desconocido que te empuja a la tormenta, a pecho abierto y con la cabeza adelante. Lo que hace dulces los días es la expansión de la mente, la comunión de ideas, el relato confidencial de lo que se ha soñado, de lo que se desea, de todo lo que se piensa. Hay que poner el corazón en el arte, la inteligencia en el comercio del mundo, el cuerpo allá donde se encuentre bien, la bolsa en el bolsillo y la esperanza en parte alguna. Me detesto y me acuso por esa demencia de orgullo que me hace jadear en pos de la quimera. Un cuarto de hora después, todo ha cambiado; el corazón me late de alegría. Que cada uno se contente con ser honesto, quiero decir con cumplir su deber y no fastidiar al prójimo, y entonces todas las utopías virtuosas se verán rápidamente rebasadas. ¡Si me hubieras amada a los diecisiete años, qué cretino sería ahora! La feliclidad es como la sífilis: si se contrae demasiado joven, puede estropear completamente el temperamento. No hay un cretino que no haya soñado ser un gran hombre, ni un burro que, al contemplarse en el arroyo junto al que pasaba, no se mirara con placer, encontrándose aires de caballo. Soy el hermano en Dios en todo lo viviente, de la jirafa y del cocodrilo tanto como del hombre, y conciudadano de todos los inquilinos del gran caserón amueblado que es el Universo. Lo grotesco triste tiene para mí un encanto inaudito; corresponde a las necesidades íntimas de mi naturaleza, que es bufonescamente amarga. No me hace reir sino soñar largamente. Amo el arte, y no creo en él. Me acusan de egoísmo, y no creo en mí más que en otra cosa. Amo la naturaleza, y con frecuencia el campo me parece estúpido. Amo los viajes y detesto menearme. Siempre soy sincero, y no puedes acusarme de haber mentido ni fingido un solo minuto, pues desde la primera hora, desde la primera palabra, dije todo eso; desde el bautismo anuncié el entierro. Yo le había dado el fondo. Usted quiere, además, lo de encima, la apariencia, los mimos, la atención, los desplazamientos, todo lo que me he matado tratando de explicarle que no podía darle. Ya he sido amado antes, y mucho, aunque soy de esos seres a los que se olvida pronto, más aptos para hacer nacer la emoción que para hacerla durar. Siempre me quieren un poco como algo raro. Me parece que tú también tienes tristeza en el corazón, de esa profunda que de nada procede y que, como depende de la sustancia misma de la vida, es tanto mayor cuanto que ésta es más agitada. La gente que medita, o sea, los champiñones intelectuales que se pudren en su sitio, como yo, hacen bien de vez en cuando en acercarse al fuego. Hace que despidan su jugo, luego quedan aún más secos. Es fácil, con una jerga convenida, con dos o tres ideas en boga, hacerse pasar por un escritor socialista, humanitario, renovador y precursor de ese porvenir evangélico soñado por los pobres y por los locos. La idea de dar la vida a alguien me produce horror. Me maldeciría si fuese padre. ¡Un hijo mío! ¡Oh, no, no, no! ¡Perezca toda mi carne, y que no transmita a nadie el hastío y las ignominias de la existencia! El hastío que me entra por los ojos me rompe, desde el punto de vista nervioso, y además, sufrir durante mucho tiempo el espectáculo de la multitud me hunde siempre en ciénagas de tristeza, donde me asfixio! Comprendo como cualquier otro lo que debe de experimentarse viendo dormir a un hijo. Yo no habría sido mal padre; pero ¿para qué hacer salir de la nada lo que duerme? Hacer venir a un ser es traer a un desdichado. No he podido llegar al estoicismo, al que nada afecta, y que no se rebela más ante la estupidez que ante el crimen; pero he conseguido librarme completamente de todo cuanto puede mostrarme la estupidez humana. Ya he vuelto a mi vida chata y monótona, que sólo tiene algún placer en su uniformidad, y alguna grandeza, quizá, sólo en su perseverancia. En cuanto rompo mi ritmo ordinario y quiero volver a él, siento una amargura sin fondo. Todo el talento de escribir no consiste, después de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido. Lo que siento por ti es un fruto de verano de piel lisa, que cae de la rama al menor soplo y derrama en la hierba su jugo bermejo. Se agarra al tronco, tiene la corteza dura como un coco y erizada de pinchos como los higos chumbos. Lo que temo no son los leones ni los sablazos, sino las ratas y los alfilerazos. La habilidad práctica de un ser inteligente consiste en saber preservarse de todo eso. Para ello, como en todo, hace falta arte, y sobre todo paciencia. No ha dado tiempo a su ira para que se enfríe. Una vez más, no se escribe con el corazón, sino con la cabeza, y por bien dotado que esté uno, siempre hace falta esa vieja concentración que da vigor al pensamiento y relieve a la palabra. He perdido a muertos, he perdido a vivos, y he visto toda las estupidez vanidosa de mis dolores, cuando creía que estos afectos eran necesarios para mi vida. Nada es necesario ni útil. Hay cosas más o menos agradables, eso es todo. ¿Por qué has querido entrometerte en una vida que no me pertenece a mí mismo, y cambiar toda esa existencia a capricho de tu amor? Me ha hecho sufrir el ver los esfuerzos inútiles que hacías para mover esa roca que hace sangrar los dedos cuando se roza. De día en día siento operarse en mi corazón un alejamiento de mis semejantes que va ensanchándose, y estoy contento de ello, pues mi facultad de aprehensión hacia lo que me es simpático va en aumento, debido a ese mismo alejamiento. El fondo de mi creencia es no tener ninguna. Ni siquiera creo en mí; no sé si soy idiota o ingenioso, bueno o malo, avaro o pródigo. Como todo el mundo, floto entre todo eso; mi mérito es, quizá, el darme cuenta, y mi defecto, el tener la franqueza de decirlo. Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible, sólo para calmar la irritación de la idea que exige tomar forma, y que se revuelve en nuestro interior hasta que le hemos encontrado una exacta, precisa, adecuada a ella misma. La prueba de que no soy un fanático de los tonos crudos y de las ideas absolutas es que, tanto como me gustan en arte los amores desordenados y las pasiones que gritan, tanto me gustan en la práctica las amistades voluptuosas y los galanteos sentimentales. No son las grandes desgracias las que crean la desgracia, ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejo fino e imperceptible de mil cinscuntancias banales, de mil detalles tenues, que componen toda una vida de paz radiante o de agitación infernal. No son las grandes cenas ni las grandes orgías las que alimentan, sino un régimen seguido, sostenido. Trabaja cada día pacientemente un número igual de horas. Toma el hábito de una vida estudiosa y tanquila; primero saborearás en ella un gran encanto y sacarás fuerza. Lo que a mí me parece lo más elevado del Arte (y lo más difícil) no es hacer reir ni llorar, ni poner cachondo o enfurecer, sino obrar al modo de la naturaleza, es decir, hacer soñar. Por eso las obras más hermosas poseen ese carácter. Son serenas de aspecto e incomprensibles. Me hablas de un terremoto en Livorno. Aunque abriera la boca al respecto, para dejar escapar las frases consagradas en semejante caso: "¡Es lamentable! ¡Qué horrible desastre! ¿Será posible? ¡Ay, Dios mío!", ¿devolvería la vida a los muertos y sus bienes a los pobres? San Vicente de Paúl obedecía a un apetito de caridad, como Calígula a un apetito de crueldad. Cada uno goza a su estilo y para sí solo; unos, reflejando la acción sobre sí mismos, convirtiéndose en su causa, centro y finalidad; otros, convidando al mundo entero al festín de su alma. El éxito no me tienta. Lo que me tienta es lo que puedo darme, mi propia aprobación; y quiza acabaré por prescindir de ella, como habría que tenido que prescindir de la de los demás. Así pues, traslada todo eso a ti, sobre ti, Trabaja, medita, medita sobre todo, condensa tu pensamiento. Eres precisamente la única mujer a la que he querido y que he conseguido. Hasta ahora me iba a calmar con unas los deseos inspirados por otras. Me has hecho mentirle a mi sistema, a mi corazón, quizá a mi naturaleza, que, siendo incompleta en sí misma, busca siempre lo incompleto. El amor no está, y no debe estar, en el primer plano de la vida; debe quedarse en la trastienda. Hay otras cosas antes que él, en el alma, que están, creo, más cerca de la luz, más próximas al sol. Conque, si tomas el amor como plato fuerte de la vida: no. Como condimento: sí. Lo que me impide tomarme en serio, aunque tengo el espíritu bastante grave, es que me encuentro bastante ridículo, no con ese ridículo relativo que es la comicidad teatral, sino con ese ridículo inherente a la propia vida humana, y que brota del acto más sencillo o del gesto más ordinario. Un hombre querrá a su lavandera y sabrá que es tonta, sin gozar menos por ello. Pero si una mujer ama a un patán, es un genio desconocido, un alma de élite, etc., de modo que, debido a esa natural disposición al bizqueo, no ven la verdad cuando aparece, ni la belleza allá donde se encuentra. La patria es la tierra, es el universo, son las estrellas, es el aire, es el propio pensamiento, es decir, lo infinito dentro de nuestro pecho. Pero las querellas de pueblo a pueblo, de municipio a barrio, de hombre a hombre, me interesan poco, y sólo me divierten cuando constituyen grandes lienzos en fondo rojo. Lea y no sueñe. Sumérjase en largos estudios; lo único que hay perennemente bueno es el hábito de un trabajo tozudo. De él se desprende un opio que embota el alma. He pasado por atroces hastíos, y he girado en el vacío, loco de aburrimiento. De eso se salva uno a fuerza de constancia y de orgullo. Déjame quererte a mi aire, al estilo de mi ser, con lo que tú llamas mi originalidad. Compréndeme y no me acuses. Si te considerase ligera y necia, como las demás mujeres, te engañaría con palabras, promesas y juramentos. ¿Qué me costaría? Pero prefiero quedarme por debajo que por encima de la verdad de mi corazón. Si por amor entiendes tener una preocupación exclusiva por el ser amado, no vivir más que por él, no ver más que a él de todo cuanto hay en el mundo, estar lleno de su idea, tener el corazón colmado de él... sentir, en una palabra, que tu vida está ligada a esa vida y que ésta se ha convertido en un órgano particular de tu alma: no. Creo que la noche está hecha para un orden de ideas muy particular, distinto de aquel en que vivimos todo el día; es el momento de los suspiros, de los deseos, del recuerdo y de la esperanza; entonces es cuando, solo y despierto, el pensamiento flota a gusto entre cielo y tierra, como esas aves que viven en las nubes. He nacido hastiado; esa es la lepra que me corroe. Me aburro de la vida, de mí mismo, de los demás, de todo. A fuerza de voluntad he acabado por adquirir el hábito del trabajo; pero cuando lo interrumpo, todo mi hastío vuelve a la superficie, como una carroña hinchada que exhibe su vientre verde y corrompe el aire que respiramos. Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando. El extremo de todos mis sentimientos tiene una punta afilada que hiere a los demás, y también a mí mismo, a veces. No me gusta que mis sentimientos sean conocidos por el público, y que en las visitas me arrojen a la cabeza mis propias pasiones, a modo de conversación. Siento que te amaría de manera más ardiente si nadie supiera que te amo. Nunca hay que pensar en la felicidad, eso atrae al diablo, pues es él quien ha inventado esa idea para hacer enloquecer al género humano. El concepto de paraíso es, en el fondo, más infernal que el de infierno. La hipótesis de una felicidad perfecta es más desesperante que la de un tormento sin descanso, ya que estamos destinados a no encontrarla nunca. A partir de la noche en que me besaste en la frente, me juré a mí mismo no mentirte nunca. Es el procedimiento más rudo, más brutal; ¿dirás, acaso, el menos tierno? Pero creo que obrar de otro modo sería despreciarte, envilecerte incluso. No estás hecha para que se te sirva con un amor falso y lleno de muecas. Preferiría rajarte la cara que burlarme de ti a tus espaldas. Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querría que fuese más fuerte. Cuando ningún estímulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sí mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir. ¡Cuántos amores, entusiasmos, amistades profundas y vivas simpatías no habré tenido ya, para verlas derretirse como la nieve! Me aferro a lo poco que me queda. He llorado a los muertos, a algunos vivos, y me he reído de lástima ante la vanidad de mis mejores sentimientos y de mis creencias más puras. Pero no arrojo a la calle a los que quieren quedarse conmigo, en mi aburrido aislamento. Antes pasé largas horas soñando con triunfos asombrosos para mí, cuyos clamores me hacían estremecerme como si ya los hubiera oído. Pero no sé por qué, una mañana me desperté desembarazado de aquel deseo, incluso más enteramente que si hubiera sido satisfecho. Entonces me vi más pequeño, y dediqué toda mi razón a observar mi naturaleza, su fondo, y sobre todo sus límites. ¿Sabes que es lo que hay de más íntimo, más oculto en todo mi corazón y lo que es más "yo" en mí? Son dos o tres pobres ideas de arte incubadas con amor; eso es todo. Los más grandes acontecimientos de mi vida han sido algunos pensamientos, lecturas, ciertas puestas de sol en Trouville al borde del mar, y charlas de cinco o seis horas consecutivas con un amigo que ahora está casado, y perdido para mí. Para tener talento hay que estar convencido de que se posee, y para conservar la conciencia limpia hay que colocarla por encima de la de todos los demás. El modo de vivir con serenidad y al aire libre es instalarse sobre una pirámide cualquiera, no importa cuál, con tal que sea elevada y su base sólida. ¡Ah!, no siempre es divertido, y se está muy solo; pero se consuela uno escupiendo desde arriba. Si a veces tengo momentos agrios que me hacen casi gritar de rabia, hasta tal punto siento mi impotencia y mi debilidad, hay otros también en que me cuesta contenerme de alegría. Algo profundo y extravoluptuoso desborda de mí a chorros precipitados, como una eyaculación del alma. Me siento transportado y todo ebrio de mi propio pensamiento, como si me llegase, por un tragaluz interior, una bocanada de perfumes cálidos. Hubo un tiempo en que me mirabas como a un egoísta celoso que se complacía rumiando perpetuamente su propia personalidad. Eso es lo que creen quienes ven la superficie. Lo mismo ocurre con ese orgullo que tanto indigna a los demás y que, no obstante, cuesta tamañas miserias. Al contrario, nadie ha aspirado a los demás más que yo. He ido a olfatear estiércoles desconocidos, me he apiadado de muchas cosas ante las que no se enternecían las personas sensibles. ¿Por qué no amarnos como debe uno amarse cuando tiene inteligencia? ¿Por qué no disfrutar simplemente del placer de estar juntos, buscarlo, escribírnoslo de vez en cuando, vernos con el rostro risueño y el corazón abierto, y que todo quede ahí? No merece la pena el no ser perfectos imbéciles, si es para vivir como locos. Cuando se quiere que un río corra más aprisa, se estrecha, se hace más profundo, pero sus aguas son turbias. Cuando se suena uno demasiado fuerte, se sangra. Cuando se zambulle uno demasiado hondo, se rompe la cabeza. Cuando se ama irracionalmente, se sufre desmesuradamente. En cuanto a la idea de la patria, es decir de cierta porción de terreno dibujada en el mapa y separada de las demás por una línea roja o azul, ¡no! La patria es para mí el país que quiero, es decir, con el que sueño, aquel en que me encuentro bien. Soy tan chino como francés, y no me alegro nada de nuestras victorias frente a los árabes, porque me entristecen sus reveses. Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira. Si por amor entiendes querer tomar de ese doble contacto la espuma que flota encima sin remover el pozo que puede estar en el fondo, unirse con una mezcla de ternura y de placer, verse con encanto y separarse sin desesperación... poder vivir uno sin el otro, puesto que uno vive separado de todo cuanto anhela, huérfano de todo lo que ama, viudo de todo aquello con lo que sueña; pero experimentar, no obstante, en estas aproximaciones, desfallecimientos que hacen sonreír, como ante un cosquilleo extraño; sentir, por último, que esto ha ocurrido porque tenía que ocurrir, y que pasará porque todo pasa, jurándose de antemano que no acusará al otro ni a uno mismo, y en medio de esta dicha vivir como uno vive, o un poco mejor, con un sillón más para reclinar en él el corazón los días de cansancio, sin que por ello deje uno de estar mucho más divertido al levantarse cada mañana. Bibliografía Flaubert, Gustave. Cartas a Louise Colet. Madrid: Siruela. 1989. descargar
SEFINÍ basta por esta noche cierro la puerta me pongo el saco guardo los papelitos donde no hago sino hablar de ti mentir sobre tu paradero cuerpo que me has de temblar ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ LO QUE PASA Yo te entregué mi sangre, mis sonidos, mis manos, mi cabeza, y lo que es más, mi soledad, la gran señora, como un día de mayo dulcísimo de otoño, y lo que es más aún, todo mi olvido para que lo deshagas y dures en la noche, en la tormenta, en la desgracia, y más aún, te di mi muerte, veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras, y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ GOTÁN Esa mujer se parecía a la palabra nunca, desde la nuca le subía un encanto particular, una especie de olvido donde guardar los ojos, esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo. Atención atención yo gritaba atención pero ella invadía como el amor, como la noche, las últimas señales que hice para el otoño se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos. Dentro de mí estallaron ruidos secos, caían a pedazos la furia, la tristeza, la señora llovía dulcemente sobre mis huesos parados en la soledad. Cuando se fue yo tiritaba como un condenado, con un cuchillo brusco me maté voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre, él moverá mi boca por la última vez. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ AUSENCIA DE AMOR Cómo será pregunto. Cómo será tocarte a mi costado. Ando de loco por el aire que ando que no ando. Cómo será acostarme en tu país de pechos tan lejano. Ando de pobre cristo a tu recuerdo clavado, reclavado. Será ya como sea. Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado. Me comerás entonces dulcemente pedazo por pedazo. Seré lo que debiera. Tu pie. Tu mano. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ EL TAJO La poesía no hace que algo suceda, dijo W. H. Auden. Apenas sobrevive, dijo. No dijo por qué. Sobrevive como sobrevive la imposibilidad. Es decir, nuestro amor, o el bisonte que hace cruces en la arena olvidado de sus dientes de leche. Es bello eso. Significa que el frío de conocerse puede tener otro destino. Lo que nadie dijo está bajo las máscaras que la verdad necesita. Mis ganas de dar besos y palabras son un cuarto muy grande donde se sienta absurdamente el corazón. Es decir, sobrevive. En el tajo de sus corrientes extrañas. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ SÓLO ESO Media palabra basta para cruzar la puerta de tabaco. Estás sentadita sobre un deseo que cierra los ojos para que no lo lastimen. Como si al abrir la ventana entrara lo que desanda el laberinto. Tanta cosa perdida sin prestarle atención. ¿Será posible eso? ¿Seré yo para mí? No sé dónde escribieron que te iba a ver sentadita en mi imposibilidad. No puedo poner la cabeza en sueños que te abriguen. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ YO NO SABÍA Yo no sabía que no tenerte podía ser dulce como nombrarte para que vengas aunque no vengas y no haya sino tu ausencia tan dura como el golpe que me di en la cara pensando en vos. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Juan Gelman Debí decir te amo Gotan Salarios del Impio. Carta a mi Madre Valer la pena

La poesía es fingir que es verdad lo que es verdad. Frio como en el Infierno ( Roma ,1995) Estamos en invierno y esto es Roma y tú no estás. Yo voy de un lado a otro de tu nombre, lo mismo que un oso en una jaula; marco un número; pongo la radio, escucho una canción de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith igual que un gato en una lavadora. Estamos en invierno y yo busco cuchillos; miro la calle; pienso en Pasolini; cojes una naranja con mi mano. Y esto es Roma . La nieve convierte la ciudad en una parte del cielo, ilumina la noche, deja sobre las casas su ángel multipicado. Y tu no estás. Yo cierro una ventana, miro el televisor, leo a Ungaretti, pienso la distancia es azul, yo soy lo único que hay entre tú y este frío Estamos en invierno y esta ciudad no es Roma ni ninguna otra parte. Miro atrás has cerrado los ojos y sueñas con un bosque; de repente alargas una mano, Buscas una manzana que está en el otro lado de la mujer dormida... Mientras, yo odio este mundo frío como el infierno y el cansancio que caza lentamente mis ojos; odio al lobo que has puesto en la palabra noche y la forma en que llenas la habitación vacia. Odio lo que veré desde hoy y para siempre: tus pisadas en la nieve de Roma , donde nunca has estado. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Lo contrario de un hombre limpio es el agua sucia. Lo contrario del mar es una mujer ciega. El que derriba un puente, construye un precipicio. Las cicatrices son golpes que no se olvidan. Hay verdades sin límite y hay cosas que se acaban: los ríos son Machado; yo te amé a tumba abierta; los alacranes brillan a la luz de la luna y después son, de nuevo, venenosos y oscuros. Es así, tan sencillo. Luchar por las cenizas es renunciar al fuego. Una palabra dicha es un pájaro que se vuela. Tu muerte está debajo de mi piel lo mismo que un insecto en un vaso volcado. ¿Qué más puedo decirte? Que yo te amé de norte a sur, sin fondo, con uñas y con dientes, sin secretos, sin trampas. Que no he querido oír una vez más tu voz, ni mirar nuestras fotos, ni verte acariciando con tus dedos azules a los perros que comen las sombras de tu vida. Yo sólo quiero oscuridad y humo. Yo he venido a decir que te he olvidado, que volveré a olvidarte cada día, cada uno de los días de mi vida. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ La rencorosa Para ti que gobiernas el país del rencor donde todo está inmóvil, donde nada se cura. Para ti que conviertes cada palabra en una cicatriz cada recuerdo en una barricada. Para ti se inventaron la soberbia y la ira. Yo que viví en tu mundo de horas irrevocables y golpes sin regreso, sé que no existe paz para tu guerra, que no hay nada más que pasado en quien nunca habrá olvido. Adónde vas a ir, si a tu sed de venganza no hay agua que la sacie; si no existe victoria que te haga sentir fuerte; si tú vives como quien para huir del fuego sube a la azotea de una torre en llamas. Para ti cuyos ojos abiertos en las sombras son las heridas blancas de la noche. Para ti en cuyas manos se leen los venenos, se clavan para siempre las espinas. Para ti se ha inventado la amargura. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ EL SOBERBIO Yo sé que para ti la vida es un combate; la opinión de los otros un insulto; la sangre, el combustible que la cólera quema en sus motores. Tu amistad es de hierro. Tu compañía, un pozo. Las únicas banderas en que crees son las banderas blancas que llevan los vencidos. Reclamas para ti el poder y la gloria. Y a los demás exiges obediencia, silencio, todo lo que en el hombre son las cenizas de la voluntad. Estar contigo es ir perdiendo muros, ser un papel en blanco, una sombra, un satélite; acatar el lenguaje de las humillaciones, la geometría de las cicatrices. Pobre de ti, que aún crees que es posible lograr a la vez la victoria y el amor de los que has invandido; que no sabes que puede conquistar quien descubre, no el que sólo derrota; y no entiendes que en tierra sometida sólo crecen las flores del desprecio, la fruta venenosa del rencor; por que nadie respeta a aquel que lo domina. De qué te va a servir tanto poder a cambio de tanta soledad. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Es fácil ver el búho que vive en las manzanas, la estrella confundida con los cristales rotos. Es fácil ver la jungla que se esconde en el ramo de azahar de la boda y el otoño que deja al pie del bosque un puzzle de la muerte. Puedo ver todo eso, pero hay días en que no soy capaz de verte a ti. Oigo la luna llena en los perros perdidos. Oigo empezar las islas bajo tus pies descalzos. Oigo palabras de otro mundo que hablan desde el féretro de sus tachaduras. Puedo oír todo eso, pero a veces no puedo oírte a ti. Cavé en tu corazón buscando una luz roja. No sé si te conservo o te has ido. No sé si existes o si te he inventado. Sé que donde tú estás hay espigas azules, hay brújulas que orientan los deseos. Sé que donde tú estás van los delfines y los ángeles tiran sus espadas. Cavé en tu corazón. No sé si te he encontrado o sigo una luz roja que me aparta de ti. ~ ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Es una tarde de verano. Tú hablas de que las noches son extrañas en las islas. Yo pienso de repente -no sé por qué- en la casa de Marga Gil: la torre cerca de la autopista y el desorden salvaje del antiguo jardín abandonado. Empiezo a contarte esa historia, la manera en que aún sigue dentro de mí y tú dices: -Como alguien que anda junto a un río y tiene sobre su piel la sombra de los árboles. Estamos en el año 1932 y Marga se enamora de Juan Ramón Jiménez. Es una chica oscura. Hay un túnel que une su corazón y el ruido de los bosques. Un día entra en la casa. Un día escribe ya nada me separa de ti, salvo la muerte. Luego, todo se termina. Casi podemos verlo: 28 de julio; el cielo es muy azul; puede que unas palomas se escapen del jardín al oírse el disparo. Ahora los dos estamos en silencio. Tú miras la playa, la marea, el sol rojo lo mismo que una fuente en donde un asesino se ha lavado las manos. Yo pienso en Marga Gil. Pienso en su miedo de esa forma en que a veces ves a un hombre que huele una rosa, imaginas cómo esa rosa crece hacia dentro de ese hombre, lo invade poco a poco con su aroma dulce y enfermo. Mucho tiempo después yo entro cada mañana en esa casa, bajo al desván, me muevo por los cuartos vacíos, subo a la torre que veré más tarde, desde un hotel de Nueva York, un día de lluvia en Buenos Aires, un verano en el puerto de Barcelona. El mundo es un lugar muy frío. En el fondo del agua se oye cavar las tumbas. Hay terrazas sin sueño donde el viento devora lentamente los restos de la noche. Tú y yo lo comprendemos. Es un viento que viene del mar, un viento frío que llena el corazón de pequeños arpones y de niños ahogados. Es un viento que dice: -No se puede salir de una casa vacía. Todo lo que ha ocurrido alguna vez ocurre para siempre. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ 34 mentiras más. Benjamín Prado. Ecuador. 3ª edición 1.-La crítica es el lunes del poema. 2.-El despertar es una metáfora del sueño. 3.-Los viajes son fragmentos de destierro. 4.-Con el tiempo las cosas se convierten en lo que fueron a primera vista. 5.-Nombrar el tiempo es apalabrar la muerte. 6.-La tarde es la posguerra de la luz. 7.-Los poemas respiran. 8.-Ser como el humo que huye a la vez del fuego y la ceniza. 9.-No querrás nunca a alguien que te deje mentirle. 10.-Lluvia triste o feliz, según quien mire:corresponsal del mar, judas del hielo. 11.-¿Tendría razón Pasternak, al decir que en la vida es más útil perder que conservar,porque el grano no da su fruto si no muere? 12.-Dentro de un buen poema,quien lo escribió y aquellos que lo leen son la misma persona. 13.-Aprender es descubrir,saber es recordar. 14.-Toda sinceridad,por desgracia,destila su gota de veneno. 15.-Cuando acaba, la música deja un silencio gótico. 16.-Escribir es saber que el blanco será siempre incorregible. 17.-El egoísta cree que dar es lo contrario de recibir, y no su otra mitad. 18.-Oír un río es escribirlo al revés 19.-Las ideas no se aceptan: se estudian. 20.-¿Comprendes que escribir es escalar la idea y dejarse caer en el lenguaje? 21.-El insaciable nunca tiene nada aunque lo tenga todo. 22.-El amor es un juego:si no es a cara o cruz, no merece la pena. 23.-ADIVINANZA. A ver si sabes quién esla mujer que en su apellido sólo está dos tercios sola y tiene un sol, una ola y si lo ves invertido un río Sena al revés. 24.-La gente que se amó y que sólo se quiere y que cuando se mira no se ve: se recuerda. 25.-Cuidado con lo que dices. 26.-No protestes mientras que vas ganando. 27.-Como llegan los lunes a los despertadores,va la interrogación a la certeza. 28.-El tiempo es el lenguaje de la arena;las olas, la aritmética del agua. 29.-Busca en los libros de otros lo que no ha dicho nadie. 30.-Lo que no es una nube es simplemente humo. 31.-La alegría se gana la alegría, la nostalgia financia a la tristeza. 32.-La verdad no se puede dividiry la mentira tiene mil mitades. 33.-Hay gente a quien las lágrimas no le permiten ver por qué o por quiénes lloran. 34.-PARA ÁNGEL GONZÁLEZ Adiós, Ángel. Qué triste es el silencio sin ti. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
explicar con palabras de este mundo que partió de mí un barco llevándome PALABRAS Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable. EN ESTA NOCHE, EN ESTE MUNDO a Martha Isabel Moia en esta noche en este mundo las palabras del sueño de la infancia de la muerte nunca es eso lo que uno quiere decir la lengua natal castra la lengua es un órgano de conocimiento del fracaso de todo poema castrado por su propia lengua que es el órgano de la re-creación del re-conocimiento pero no el de la resurrección de algo a modo de negación de mi horizonte de maldoror con su perro y nada es promesa entre lo decible que equivale a mentir (todo lo que se puede decir es mentira) el resto es silencio sólo que el silencio no existe no las palabras no hacen el amor hacen la ausencia si digo agua ¿beberé? si digo pan ¿comeré? en esta noche en este mundo extraordinario silencio el de esta noche lo que pasa con el alma es que no se ve lo que pasa con la mente es que no se ve lo que pasa con el espíritu es que no se ve ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? ninguna palabra es visible sombras recintos viscosos donde se oculta la piedra de la locura corredores negros los he recorrido todos ¡oh quédate un poco más entre nosotros! mi persona está herida mi primera persona del singular escribo como quien con un cuchillo alzado en la oscuridad escribo como estoy diciendo la sinceridad absoluta continuara siendo lo imposible ¡oh quédate un poco más entre nosotros! los deterioros de las palabras deshabitando el palacio del lenguaje el conocimiento entre las piernas ¿qué hiciste del don del sexo? oh mis muertos me los comí me atraganté no puedo más de no poder más palabras embozadas todo se desliza hacia la negra licuefacción y el perro de maldoror en esta noche en este mundo donde todo es posible salvo el poema hablo sabiendo que no se trata de eso siempre no se trata de eso oh ayúdame a escribir el poema más prescindible el que no sirva ni para ser inservible ayúdame a escribir palabras en esta noche en este mundo Pizarnik ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Palabras que arden palabras que se apagan palabrerío El verbo En el principio era el verbo y el verbo no era dios eran las palabras frágiles transparentes y putas cada una venía con su estuche con su legado de desidia era posible mirarlas al trasluz o volverlas cabeza abajo interrogarlas en calma o en francés ellas respondían con guíños cómplices y corruptos qué suerte unos pocos estábamos en la pomada éramos el resumen la quitaesencia el zumo ellas las contraseñas nos valseaban el orgasmo abanican nuestra modesta vanidad mientras el pueblo ese desconocido con calvaria tristeza decía no entendernos no saber de qué hablábamos ni de qué callábamos hasta nuestros silencios le resultaban complicados porque también integraban la partitura excelsa ellas las palabras se ubicaban y reubicaban eran nuestra vanguardia y cuando alguna caía acribillada por la moda o el sentido común las otras se juntaban solidarias y espléndidas cada derrota las ponía radiantes porque como sostienen los latinoamericanos del boul mich la gran literatura sólo se produce en la infelicidad y solidarias y espléndidas parían adjetivos y gerundios preposiciones y delirios con los cuales decorar el retortijón existencial y convertirlo en oda o nouvelle o manifiesto las revoluciones frustradas tienen eso de bueno provocan angustias de un alto nivel artístico en tanto las triunfantes apenas si alcanzan logros tan prosaicos como la justicia social en el después será el verbo y el verbo tampoco será dios tan solo el grito de varios millones de gargantas capaces de reir y llorar como hombres nuevos y mujeres nuevas y las palabras putas y frágiles se volverán sólidas y artesanas y caso ganen su derecho a ser sembradas a ser regadas por los hechos y las lluvias a abrirse en árboles y frutos a ser por fin alimento y trofeo de un pueblo ya maduro por la revolución y la inocencia LAS PALABRAS No me gaste las palabras no cambie el significado mire que lo que yo quiero lo tengo bastante claro si usted habla de progreso nada más que por hablar mire que todos sabemos que adelante no es atrás si está contra la violencia pero nos apunta bien si la violencia va y vuelve no se me queje después si usted pide garantías sólo para su corral mire que el pueblo conoce lo que hay que garantizar no me gaste las palabras no cambie el significado mire que lo que yo quiero lo tengo bastante claro si habla de paz pero tiene costumbre de torturar mire que hay para ese vicio una cura radical si escribe reforma agraria pero sólo en el papel mire que si el pueblo avanza la tierra viene con él si está entregando el país y habla de soberanía quién va a dudar que usted es soberana porquería no me gaste las palabras no cambie el significado mire que lo que yo quiero lo tengo bastante claro no me ensucie las palabras no les quite su sabor y límpiese bien la boca si dice revolución. Mario Benedetti