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pauldanny1

Usuario (Argentina)

Primer post: 7 abr 2012Último post: 5 ago 2012
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Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla)
Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla)
InfoporAnónimo8/5/2012

El Árbol Yggdrassil Después de la creación del Hombre y la Mujer, Allfather (Padre del Todo) creó un enorme Fresno (hay fuentes que citan un Tejo) de nombre Yggdrassil, el árbol del universo, del tiempo o de la vida, y que ocupaba todo el mundo, expandiéndose sus raíces no sólo en las más remotas profundidades de Niflheim, donde burbujeaba el manantial Hvergelmir, sino también en Midgard, cerca del pozo de Mimir (el océano) y en Asgard, cerca de la fuente Urdar. Desde sus tres grandes raíces, el árbol alcanzaba una altura tan formidable que su rama más elevada, llamada Lerald (el pacificador), ensombrecía la sala de Odín, mientras el resto de los brazos arbóreos se alzaban sobre los otros mundos. Un águila, Traga Carroña, fue situada en la rama Lerald, y entre sus ojos se sentó el halcón Vedfolnir, el cual observaba, con su penetrante mirada, el Cielo, la Tierra y Niflheim, e iba informando de todo lo que veía. Como el árbol Yggdrassil se mantenía siempre verde y sus hojas nunca se marchitaban, servía de pasto no sólo para el chivo de Odín, Heidrun, el cual suministraba el aguamiel celestial, la bebida de los dioses, sino también abastecía a los venados Dain, Dvalin, Duneyr y Durathor, de cuyas cornamentas caía el rocío de miel hacia la Tierra, suministrando con agua, todos los ríos del mundo. En la hirviente caldera Hvergelmir, cercana al gran árbol, un horrible dragón llamado Nidhung mordisqueaba continuamente las raíces y era asistido en su tarea de destrucción por innumerables gusanos, y su objetivo era acabar con la vida del gran árbol, conscientes de que su caída sería la señal de la perdición, de la caída de los dioses. En Asgard, la diosa Urd curaba amorosamente las heridas del fresno con un ungüento especial. Correteando continuamente arriba y abajo por las ramas y el tronco, la ardilla Ratatosk (el portador de la rama), la típica criatura entrometida y chismosa, empleaba su tiempo en repetirle al dragón los comentarios del águila y viceversa, con la intención de sembrar la cizaña entre ambos, situados a cada extremo del fresno sagrado. En el manantial de Jotunheim se encontraba la cabeza del dios Mimir, al que Odín consultaba con frecuencia, pues conocía el pasado, el presente y el futuro. El gran Fresno, Yggdrassil, está ligado a los nueve mundos de la cosmología nórdica,y siguiendo la trayectoria del mismo, se dice que están las respuestas a las grandes preguntas de la humanidad. En las leyendas nórdicas, se cuenta que las hojas de Yggdrassil podían traer a personas de vuelta a la vida, y con uno de sus frutos, curar cualquier enfermedad. Los nueve mundos que contiene, son: Asgard - El mundo de los Ases. Aquí moraban poderosos dioses comandados por Odín. Habían maravillosos edificios entre los que se destacaban: Bliskirnir, el castillo de Thor, los salones del Valhala, lugar al que iban los guerreros muertos en combate y Vingolf, centro de reunión de las diosas. Representada en las runas por Gebo, la runa del intercambio. Muspelheim - El mundo de fuego. Su calor, incluso resultaba insoportable para los dioses, hasta el aire ardía. Era el hogar de los gigantes del fuego, el más poderoso era Surtur. Vigilaba la entrada con una espada llameante. En las runas está representado por Sowilo, la runa del sol. Alfheim o Ljusalfheim - El mundo de los elfos de la luz. Se encontraba sobre Midgard. Representado en las runas por Dagaz, la runa del día. Midgard - El mundo de los hombres. Literalmente significa "Tierra Media" . Es el mundo asignado a los hombres pero también vivían los enanos. Tenía forma redonda y lo circundaba un gran océano en el cual habitaba una gigantesca serpiente que impedía que se desbordase rodeándolo con su cuerpo. Representada como Jera, la runa del ciclo anual. Vanaheim - El mundo de los Vanir (o Vanes) dioses de la fertilidad y la prosperidad y que fueron sometidos por los Aesir (o Ases, dioses superiores). Representa este mundo en las runas Ingwaz, la runa de la semilla. Jotunheim - El mundo de los gigantes. Era un mundo prisión donde vivían recluidos los gigantes de hielo y los gigantes de piedra, impedían su fuga impenetrables bosques de hierro y anchos ríos que nunca se helaban. Está representada en las runas por Nauthiz, la runa de la necesidad. Niflheim - El mundo de los hielos eternos. Solitario y eternamente frío, del que brotaba la fuente que alimentaba a todos los manantiales de universo, Hvergelmir. Habían dos nacimientos: Caldera Rugiente y Ondas Gélidas. Representada en las runas por Isa, la runa del hielo. Helheim - El mundo de los muertos. Aquí venían los que no merecían acompañar a los dioses en Asgard, que eran aquellos que habían fallecido de viejos o por enfermedad. Situado bajo Midgard, su centro lo ocupaba la isla Naastrand, sobre la que se levantaba una gran cámara de tortura que esperaba a aquellos que fueron viles en sus vidas. Al lado se construía, con las uñas de los muertos, el Naiafarer Nalfgar, el drakkar o langskip (embarcación escandinava) con el que las hordas del mal asaltarían un día a Asgard, cuando llegara el Ragnarok (El Ocaso de los Dioses), el fin del mundo tal como lo conocemos. En las runas está representado por Hagalaz, la runa del granizo. Svartalfheim - El mundo de los elfos oscuros. Mundo subterráneo donde vivían los maléficos elfos de la oscuridad. Representado en las runas por Elhaz, runa del tejo. Ymir y Audhumla. Fue en tiempos remotos, cuando nada había, ni arena ni mar ni frías olas, ni tierra ni altos cielos, sólo un gran vacío y nada crecía. Así pues, cuando nada había y la oscuridad reinaba en todas partes, existía un poderoso ser llamado Allfather (Padre de Todo), al que imaginaban confusamente tanto no creado como no visto, y todo lo que él deseaba era aprobado. Era una especie de ser invisible que había existido desde siempre, y el cual contaba con once nombres más. En el centro del espacio se encontraba, en el albor del tiempo, un gran abismo llamado Ginnungagap, la grieta de entre las grietas, la sima grandiosa, cuya profundidad no alcanzaba a ver ningún ojo y que estaba cubierto en una constante penumbra. Al norte de este lugar se encontraba un espacio o mundo conocido como Niflheim (el mundo de la niebla y la oscuridad) en el centro del cual burbujeaba el inagotable manantial Hvergelmir (la caldera hirviente), cuyas aguas abastecían doce grandes corrientes conocidas como las Elivagar. Como las aguas de estas corrientes fluían velozmente desde su origen hasta encontrarse con las frías ráfagas de la sima grandiosa (Ginnungagap), se solidificaban pronto en enormes bloques de hielo, que rodaban hacia las inconmensurables profundidades del gran abismo con un continuo estruendo atronador. Al sur de esta oscura fosa, en dirección opuesta al Niflheim, el reino de la niebla, se localiza otro mundo conocido como Muspellsheim (el hogar del fuego elemental), donde todo era calor y luz y cuyas fronteras eran guardadas continuamente por Surtr, el gigante de la llama. Este gigante blandía ferozmente su reluciente espada, lanzando continuamente grandes cantidades de chispas, que caían con un silbido sobre los bloques de hielo en el fondo del abismo, derritiéndolos parcialmente con su calor incandescente. Las nubes de vapor se elevaban y, al encontrarse de nuevo con el frío, se transformaban en escarcha, la cual, capa a capa, rellenaba el espacio central. De esta manera, por la continua acción del frío y el calor, y también debido probablemente a la voluntad de Allfather, una gigantesca criatura llamada Ymir u Olgelmir (arcilla hirviente), la personificación del océano congelado, nació entre los bloques de hielo del Ginnungagap y como fue creado a partir de la escarcha, se le llamó Hrimthurs o el Gigante de Hielo. Andando a tientas en la oscuridad en busca de alimento, Ymir se encontró con una vaca gigantesca llamada Audhumla (la alimentadora), que había sido creada de la misma manera y con los mismos materiales con los que el gigante había sido concebido. Corriendo hasta ella, Ymir observó con placer que de sus ubres fluían cuatro grandes arroyos de leche, que le proporcionarían alimento más que suficiente. Todas sus necesidades fueron satisfechas de esta manera; sin embargo, la vaca, buscando comida a su vez a su alrededor, comenzó a lamer la sal de un bloque de hielo cercano con su áspera lengua. Siguió haciendo esto hasta que primero aparecieron los cabellos, después la cabeza entera de un dios emergió de su helada envoltura y finalmente Buri (el productor) se vio completamente liberado. Mientras la vaca se encontraba ocupada de esta manera, Ymir, el gigante, se había quedado dormido y mientras dormía un hijo y una hija habían nacido de la transpiración bajo sus axilas y sus pies habían producido el gigante de seis cabezas Thrungelmir, el cual, poco después de nacer, dio a luz a su vez al gigante Bergelmir, del cual descienden todos los gigantes malignos helados. Visita también: Mitologia Nórdica Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla) Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra) Mitos Nordicos III (Mani y Sol - Los Lobos Sköll y Hati) Mitos Nordicos IV (Enanos y Elfos - Creacion Hombre y Mujer) Mitos Nordicos V (Puente Bifrost - Vanes - Njord) Mitos Nordicos VI (Ragnarok)

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Mitos Nordicos V (Puente Bifrost - Vanes - Njord)
Mitos Nordicos V (Puente Bifrost - Vanes - Njord)
InfoporAnónimo8/5/2012

El Puente Bifröst. Era, por supuesto, esencial que el árbol Ygdrassil se mantuviera en perfectas condiciones de salud, una labor que realizaban las Nornas o Destinos, que lo rociaban diariamente con las aguas sagradas del manantial Urdar. Esta agua, al deslizarse hasta la tierra a través de las ramas y las hojas, suministraba con miel a las abejas. Desde ambos límites de Niflheim, arqueándose muy por encima de Midgard, se alzaba el puente sagrado, Bifröst (Asatru, el aro iris), hecho de fuego, agua y aire, cuyos palpitantes y cambiantes matices retenía y sobre el cual viajaban los dioses de un lado a otro de la Tierra o hasta el manantial Urdar, al pie del fresno Ygdrassil, donde se reunían diariamente en asamblea. De entre todos los dioses, Thor, el dios del trueno, era el único que nunca pisaba sobre el puente, por miedo a que sus pesados pasos o el calor de sus relámpagos lo destruyera. El dios Heimdall guardaba custodia y vigilancia allí día y noche. Estaba pertrechado con una espada mordaz y portaba una trompeta de nombre Gjallarhorn, con la cual solía soplar generalmente una nota suave para anunciar la venida o la ida de los demás dioses, pero la cual serviría además, para hacer sonar un terrible estruendo cuando Ragnarok, el gigante de hielo y Surtr, llegaran con intención de destruir el mundo. Los Vanes Aunque los habitantes originales del cielo eran los Ases, ellos no eran las únicas divinidades que las razas nórdicas veneraban, pues también reconocían el poder de los dioses del mar y del viento, los Vanes, que vivían en Vanaheim y gobernaban sus dominios a su deseo. En tiempos pasados, antes de que los palacios dorados de Asgard hubiesen sido construidos, hubo una disputa entre los Ases y los Vanes y llegaron a recurrir a las armas, usando rocas, montañas e icebergs como proyectiles en la reyerta. Sin embargo, descubriendo pronto que en la unidad residía la fuerza, arreglaron sus diferencias y acordaron la paz, y para ratificar el tratado intercambiaron prisioneros. Fue de esta manera como Njörd, el Van, vino a Asgard para vivir con sus dos hijos, Frey y Freya, mientras que Hoenir, el As, el mismísimo hermano de Odín, hizo de Vanaheim su morada. Njörd Los Ases y los Vanes intercambiaron prisioneros tras la terrible guerra que habían mantenido entre ellos, y mientras que Hoenir (dios As), hermano de Odín, se había marchado a vivir a Vanaheim (mundo de los dioses Vanes), Njörd (dios Van), junto a sus dos hijos Frey y Freya, establecieron su hogar definitivamente en Asgard (mundo de los dioses Ases). Nörjd se considera por ello, rehén de los Ases, pero como gobernador de los vientos y del mar cercano a la costa, se le concedió el palacio de Noatun, cerca de la costa, desde donde se dice, acallaba las terribles tempestades provocadas por Egir, el dios del mar profundo. Njörd también extendía su protección especial sobre el comercio y la pesca, los dos oficios que podían ser ejercidos ventajosamente sólo durante los cortos meses de verano. Tal vez por eso, él estaba considerado, en cierta medida, su personificación. A Njörd, Dios del Verano, se le representa en el arte como un dios muy bien parecido, en la flor de su vida, vestido con una túnica verde, con una corona de conchas y algas sobre su cabeza o un sombrero de ala marrón adornado con plumas de águila o de garza. Como personificación del verano, se le invocaba para que aquietara las furiosas tormentas que azotaban las costas durante los meses invernales. También se le imploraba para que acelerara el calor primaveral, para así extinguir los fuegos del invierno. Como la agricultura sólo se podía practicar durante los meses de verano, y principalmente entre los fiordos y ensenadas, Njörd también era invocado para que favoreciera las cosechas, pues se decía de él que se deleitaba ayudando a aquellos que confiaban en su protección y ayuda. La primera esposa de Njörd, según algunas fuentes, había sido su hermana Nerthus, la Madre Tierra, que en Alemania se identificaba como Frigg, pero que en Escandinavia era considerada como una divinidad aparte. Sin embargo, Njörd se vio obligado a separarse de ella cuando se le requirió en Asgard, donde pasó a ocupar uno de los once asientos de la gran sala de consejos, estando presente en todas las asambleas de los dioses, retirándose a Noatun sólo cuando los Ases no precisaban de sus servicios. En su casa de la costa, Njörd se deleitaba observando el vuelo de las gaviotas de acá para allá y contemplando los gráciles movimientos de los cisnes, sus aves preferidas y que él consideraba sagradas. También empleaba su tiempo mirando los juegos de las focas, que se acercaban hasta sus pies para tomar el sol. Njörd bendecía las embarcaciones que entraban y salían del puerto, sus templos estaban situados en las costas y era donde se hacían juramentos en su nombre en todos los banquetes, donde era mencionado siempre junto a su hijo Frey. Como se suponía que todas las plantas acuáticas le pertenecían, la esponja marina era conocida como "el guante de Njörd", un nombre que perduró hasta tiempos recientes, cuando la misma planta fue rebautizada como "la mano de la Virgen". La segunda esposa de Njörd fue Skadi, Diosa del Invierno, hija del viejo y feo gigante Hrimthurs. Eligió a Njörd como esposo con los ojos vendados, sólo podía ver los pies de los dioses. Ella vio un par de hermosos pies y pensó que era Balder, el Dios de la Luz, cuyo luminoso rostro ya la había seducido. Cuando se quitó la venda, descubrió su error y vio que había elegido a Njörd. Fueron a vivir a Noatun, pero no fue un matrimonio duradero. Visita también: Mitologia Nórdica Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla) Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra) Mitos Nordicos III (Mani y Sol - Los Lobos Sköll y Hati) Mitos Nordicos IV (Enanos y Elfos - Creacion Hombre y Mujer) Mitos Nordicos V (Puente Bifrost - Vanes - Njord) Mitos Nordicos VI (Ragnarok)

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Mitos Nordicos IV (Enanos y Elfos - Creacion Hombre y Mujer)
Mitos Nordicos IV (Enanos y Elfos - Creacion Hombre y Mujer)
InfoporAnónimo8/5/2012

Enanos y Elfos. Mientras los dioses estaban ocupados en crear la Tierra y proporcionarle iluminación, una horda de criaturas con aspecto de gusano habían estado reproduciéndose en la carne de Ymir. Estas desagradables criaturas terminaron atrayendo la atención divina. Convocándoles ante su presencia, los dioses les dieron primero forma y les dotaron de una inteligencia sobrehumana, después los dividieron en dos grandes clases. Aquellos que eran de naturaleza oscura, traicionera y taimada, fueron desterrados a Svartalfheim, hogar de los enanos negros, lugar situado bajo tierra y de donde no se les permitía salir durante el día, bajo pena de ser transformados en piedra. A éstos seres se les llamaba enanos, trolls, gnomos o kobolds, y empleaban toda su energía y tiempo en explorar los escondrijos secretos de la Tierra. Coleccionaban oro, plata y piedras preciosas, que guardaban en grietas secretas. Al resto de estas pequeñas criaturas, incluyendo todos los que eran hermosos, benignos y provechosos, los dioses les llamaron hados y elfos, y fueron enviados para que moraran en el espacioso reino de Alfheim, hogar de los elfos de luz, situado entre el cielo y la tierra, de donde podían descender siempre que quisieran, para cuidar de las plantas y las flores, jugar con los pájaros y las mariposas o bailar en la hierba a a la luz de la Luna. Odín, que había sido el espíritu líder en todas éstas empresas, ordenó a los dioses, sus descendientes, que le siguieran hasta la vasta llanura conocida como Idawold, que se encontraba muy por encima de la Tierra, al otro lado de la gran corriente Ifing, cuyas aguas nunca se helaban. En el centro del sagrado espacio, que desde el comienzo del mundo había sido reservado para su propia morada y había sido llamado Asgard (hogar de los Dioses), los doce Ases (dioses) y las veinticuatro Asynjur (Diosas) se reunieron en asamblea a la llamada de Odín. Se celebró un gran consejo, en el cuál se decretó que no se derramaría sangre dentro de los límites de su reino, durante el tratado de Paz, pues la armonía debía reinar allí por siempre. Como resultado de la conferencia, los dioses también construyeron una fragua, en la que diseñaron todas sus armas y herramientas requeridas para construir los magníficos palacios de metales preciosos, en los cuales vivieron durante muchos años en un estado de felicidad tan perfecta que este período pasó a llamarse la Edad de Oro. La Creación del Hombre y la Mujer. Aunque los dioses habían diseñado desde el principio Midgard o Manaheim, como la morada del hombre, todavía no existían seres humanos que lo habitaran. Un día, Odín, Vili y Ve, según unas fuentes, o bien Odín, Hoenir y Lodur, iban andando por la orilla del mar y se encontraron con, según fuentes, dos árboles, el fresno (Ask) y el olmo (Embla) o con dos bloques de madera toscamente tallados con forma humana. Los dioses contemplaron en silencio y totalmente asombrados la madera inerte. Odín, percatándose del uso que se le podría dar, les dotó de almas. Vili o Hoenir les concedió el movimiento y los sentidos y Ve o Lodur contribuyó con sangre y una complexión saludable. Dotados así de habla e intelecto, y con poder para amar, esperar y trabajar, y con vida y con muerte, a los recién creados hombre (Ask) y mujer (Embla) se les otorgó la libertad para gobernar Midgard a su deseo. Lo poblaron gradualmente con su descendencia, mientras los dioses, recordando que habían sido ellos los que los habían dotado con vida, se interesaron muy especialmente en todas sus actividades, velando por ellos y concediéndoles con frecuencia su ayuda y protección. Visita también: Mitologia Nórdica Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla) Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra) Mitos Nordicos III (Mani y Sol - Los Lobos Sköll y Hati) Mitos Nordicos IV (Enanos y Elfos - Creacion Hombre y Mujer) Mitos Nordicos V (Puente Bifrost - Vanes - Njord) Mitos Nordicos VI (Ragnarok)

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Mitos Nordicos VI (Ragnarok)
Mitos Nordicos VI (Ragnarok)
InfoporAnónimo8/5/2012

Ragnarok, El Ocaso de los Dioses Uno de los rasgos distintivos de la mitología nórdica es que la gente siempre creyó que sus dioses pertenecían a una raza finita. Los Ases habían tenido un comienzo y, por tanto, se razonaba, debían tener un final y si habían nacido de una mezcla de elementos divino y mortales (los gigantes), su naturaleza era imperfecta. Llevaban dentro el germen de la muerte y estaban, al igual que los hombres, destinados a sufrir la muerte física para obtener de este modo, la inmortalidad espiritual. Todo el esquema de la mitología nórdica era consiguientemente un drama, conduciendo cada paso de su historia, gradualmente, hacia el clímax o final trágico, cuando, con verdadera justicia poética, el castigo y la recompensa serían imparcialmente impuestos sobre todos sus protagonistas. Los Ases toleraron la presencia del mal entre ellos, personificado por Loki. Débilmente se dejaron llevar por sus consejos, permitieron que les involucrara en toda clase de dificultades de las cuales lograban salir sólo al precio de separarse de su virtud o la paz, y poco a poco le fueron permitiendo tener tal dominio a Loki sobre ellos, que no vacilaba en robarles sus más preciadas posesiones, la pureza, o la inocencia, personificada por Balder el Bondadoso. Demasiado tarde se dieron cuenta de lo maligno que era este espíritu, hasta que hubo encontrado un hogar entre ellos y, demasiado tarde, desterraron a Loki a la Tierra, donde los hombres, siguiendo el ejemplo de los dioses, fueron corrompidos por su siniestra influencia. Según los versos de Snorri, sacados e interpretados libremente del Völuspá: Una era de hachas, una era de espadas, de escudos destruidos, una era de tempestades, una era de lobos, antes de que la era de los hombres se derrumbe. El Invierno Fimbul. Viendo que el crimen predominaba y que todo el bien había sido desterrado de la Tierra, los dioses se percataron de que las antiguas profecías estaban a punto de verse cumplidas y que la sombra de Ragnarok, el ocaso de los dioses, ya se cernía sobre ellos. Sol y Mani palidecieron de miedo y condujeron sus carros temblorosos a través de sus caminos señalados, mirando hacia atrás, temerosos de los lobos que les perseguían y que pronto los alcanzarían y los devorarían. Conocían sus destinos, pero aún así continuaron su recorrido y se enfrentaron a su final. Y al desaparecer sus sonrisas, la Tierra se volvió triste y fría y el terrible invierno Fimbul comenzó. Los penetrantes vientos soplaron desde el Norte y toda la tierra fue cubierta con una gruesa capa de hielo. Este severo invierno duró durante tres estaciones completas sin descanso y fue seguido por otros tres, igual de duros, durante los cuales toda la alegría abandonó la Tierra y los crímenes de los hombres aumentaron con pavorosa velocidad, mientras, en la lucha general por la vida, los últimos sentimientos de humanidad y compasión desaparecieron. En los oscuros nichos del Ironwood, la giganta Iarsaxa o Angurboda, alimentaba diligentemente a los lobos Hati, Sköll y Managarm, la progenie de Fenris, con las médulas de los huesos de los asesinos y los adúlteros y tal era el predominio de estos crímenes que nunca se le restringía la comida a los casi insaciables monstruos. Diariamente ganaron fuerzas para perseguir a Sol y a Mani y finalmente, los alcanzaron y los devoraron, inundando la tierra con sangre de sus fauces goteantes. Cuenta el Völuspá: Un lobo engullirá al sol, y los hombres lo verán como una gran catástrofe. El otro lobo capturará a Mani (la luna) y tampoco eso será mejor. Las estrellas caerán del cielo. También esto sucederá: Toda la tierra y las montañas temblarán y todas las cadenas y lazos se quebrarán y romperán. Y entonces el lobo Fenrir quedará libre. Así, pues, ante esta terrible calamidad, toda la tierra tembló y se agitó. Las estrellas, asustadas, cayeron desde sus posiciones y Loki, Fenrir y Garm, renovando sus esfuerzos, hicieron pedazos sus cadenas y se dirigieron a tomar venganza. Al mismo tiempo, el dragón Nidhug logró roer la raíz del fresno Yggdrasil, que se estremeció hasta su rama más alta. El gallo rojo Fialar, posado en lo alto del Valhalla, cacareó en alto la alarma, que fue inmediatamente repetida por Gullinkambi, el gallo en Midgard, y por la rojiza ave de Hel en Niflheim. Heimdall da la Alarma. Heimdall, dándose cuenta de estos ominosos augurios y oyendo el estridente chillido del gallo, puso inmediatamente el cuerno Giallar en sus labios y sopló el toque esperado durante tanto tiempo, que se oyó en todo el mundo. Al primer sonido de esta manifestación, los Ases y los Einheriar se levantaron de sus divanes dorados y salieron valientemente del gran palacio, armados para la contienda venidera y, montando sus corceles impacientes, galoparon sobre el palpitante puente arco iris hasta el extenso campo de Vigrid, donde, como Vafthrundnir había presagiado mucho tiempo atrás, tendría lugar la última batalla. La temible serpiente de Midgar, Iörmungandr, había sido despertada por el alboroto general y con inmensos retorcimientos y conmoción, por lo que los mares fueron azotados con enormes olas como nunca antes habían alterado las profundidades del mar, se arrastró hasta la tierra y se apresuró a unirse a la terrible refriega, en la que iba a jugar un papel importante. Una de las grandes olas, agitadas por los esfuerzos de Iörmungandr, puso a flote a Nagilfar, el funesto barco, que estaba completamente construido con las uñas de aquellos muertos cuyos familiares habían fracasado, a través de los años, en su deber, habiendo olvidado cortar las uñas de los fallecidos antes de que pudieran descansar. Tan pronto como esta embarcación salió a flote, Loki embarcó en ella con el feroz ejército de Muspellheim y lo guió audazmente a través de las agitadas aguas hasta el lugar del conflicto. Éste no era el único barco que se dirigía a Vigrid, pues de un espeso banco de niebla, hacia el Norte, salió otra embarcación, pilotada por Hrym, en la que todos eran gigantes de hielo, armados por completo e impacientes por entrar en batalla contra los Ases, a quienes siempre habían odiado con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo, Hel, la diosa de la muerte, salió por una grieta en la tierra desde su hogar en el inframundo, seguida de cerca por el sabueso de ésta, Garm. Los malhechores de su lúgubre reino y el dragón Nidhug, que sobrevoló el campo de batalla, transportando cadáveres sobre sus alas. Tan pronto como aterrizó, Loki dio la bienvenida a estos refuerzos con alegría y, colocándose en cabeza, marchó con ellos hacia la lucha. Los cielos se partieron súbitamente en dos, y a través de la enorme brecha, cabalgó Surtr con su espada flameante, seguido por sus hijos y, mientras atravesaban el puente Bifröst, con la intención de arrasar Asgard, el glorioso arco se hundió con un estruendo bajo las pisadas de sus caballos. Los dioses sabían muy bien que su fin se encontraba ahora cerca y que su debilidad y falta de previsión les había situado en gran desventaja, pues Odín sólo tenía un ojo, Tyr una mano y Frey nada, excepto un cuerno de venado con el que defenderse, en vez de su invencible espada. Sin embargo, los Ases no mostraron señales de desesperación, sino que, como auténticos dioses de guerra del Norte, se pusieron sus más ricas vestimentas y cabalgaron alegremente hacia el campo de batalla, decididos a poner un alto precio a sus vidas. Mientras reunían sus fuerzas, Odín descendió una vez más hasta el manantial Urdar, donde bajo Yggdrasil derribado, se sentaban aún las Nornas con los rostros cubiertos y guardando un silencio obstinado, con su tela que yacía rasgada a sus pies. El padre de los dioses susurró de nuevo un comunicado misterioso a Mimir, tras lo cual volvió a montar sobre su caballo Sleipnir y se reunió con el ejército que esperaba. La Gran Batalla. Los combatientes se encontraban ahora congregados en las vastas extensiones de Vigrid. A un lado, se alineaban los severos, tranquilos rostros de los Ases, los Vanes y los Einheriar, mientras que en el otro se reunían el abigarrado ejército de Surtr, los sombríos gigantes de hielo, el pálido ejército de Hel y Loki y sus horribles seguidores, Garm, Fenrir e Iörmungandr, estos dos últimos, arrojando fuego y humo, y exhalando nubes de vapores tóxicos y mortales, que llenaban todo el cielo y la tierra con su venenoso aliento. Todo el antagonismo reprimido durante eras fue liberado entonces, en un torrente de odio, cada miembro de las huestes enfrentadas luchando con inflexible determinación, como hicieron nuestros antiguos antepasados, mano con mano, cara a cara. Con un poderoso choque, que se oyó sobre el fragor de la batalla que llenaba el universo, Odín y el lobo Fenrir entraron en impetuoso contacto. Mientras Thor atacaba a la serpiente Iörmungandr y Tyr medía sus fuerzas contra el perro Garm. Frey terminó con Surtr, Heimdall con Loki, a quien ya había derrotado en una ocasión anterior y el resto de los dioses y todos los Einheriar se enfrentaron a enemigos dignos de su coraje. Pero, a pesar de su preparación diaria en al ciudad celestial (Asgard), el anfitrión del Valhalla estaba destinado a sucumbir y Odín estuvo entre los primeros de los seres brillantes que fueron abatidos. Ni siquiera el elevado coraje y los poderosos atributos de Allfather pudieron resistir la oleada de mal que personificaba Fenrir. A cada momento triunfante de la lucha, su tamaño colosal asumía proporciones aún mayores, hasta que finalmente, sus fauces abiertas de par en par abarcaron todo el espacio entre el cielo y la tierra, y el repugnante monstruo se abalanzó furiosamente sobre el padre de los dioses y engulló su cuerpo entero dentro de su horrible estómago. Ninguno de los dioses pudo ayudar a Allfather en el momento crítico, ya que era tiempo de dolorosa adversidad para todos. Frey desplegó esfuerzos heroicos, pero la reluciente espada de Surtr le asestó entonces un golpe mortal. En su lucha contra el archienemigo Loki, Heimdall se desenvolvió mejor, pero su conquista final tuvo un alto precio, ya que también cayó muerto. La contienda entre Tyr y Garm tuvo el mismo final trágico y Thor, tras un terrible encuentro con la serpiente de Midgard y después de matarla con un golpe de Mjölnir, se tambaleó hacia atrás nueve pasos y se ahogó en la corriente de veneno que se derramó de las fauces del monstruo muerto. Vidar llegó entonces rápidamente desde una parte distante de la llanura para vengar la muerte de su padre Odín, y el destino presagiado cayó sobre Fenrir, cuya mandíbula inferior sintió entonces la huella del zapato que había sido reservado para ese día. En el mismo momento, Vidar asió la mandíbula superior del monstruo con sus manos y con un terrible tirón, lo partió en dos, según el relato de Snorri, y según el Völuspá, Vidar mató a Fenrir clavándole un puñal hasta el corazón. El Fuego Devorador. Habiendo perecido los demás dioses que habían tomado parte en la contienda y todos los Einheriar, Surtr arrojó súbitamente sus ardientes tizones sobre el cielo, la tierra y los nueve reinos de Hel. Las furiosas llamas cubrieron el tronco masivo del fresno del mundo, Yggdrasil y alcanzaron los palacios dorados de los dioses, que fueron consumidos por completo. La vegetación sobre la tierra fue destruida de forma similar y el terrible calor hizo que todas las aguas hirvieran. El gran incendio ardió violentamente hasta que todo fue consumido, cuando la tierra, ennegrecida y llena de cicatrices, se hundió lentamente bajo las olas hirvientes del mar. Efectivamente, Ragnarok había llegado. La tragedia mundial había concluido, los protagonistas divinos estaban muertos y el caos parecía haber reanudado su antiguo dominio. Pero los nórdicos creían que, tras haber perecido todo el mal en las llamas de Surtr y haberse hecho justicia, el bien se alzaría de las ruinas para recuperar su dominio sobre la Tierra y que algunos de los dioses regresarían para vivir en los cielos para siempre. Nuestros antepasados creían totalmente en la regeneración y sostenían que, tras cierto espacio de tiempo, la tierra, depurada por el fuego y purificada por su inmersión en el mar, emergió de nuevo en toda su prístina belleza y fue iluminada por el Sol, cuyo carro era conducido por un hijo de éste, nacido antes de que el lobo hubiera devorado a su madre. La nueva orbe del día no tenía imperfecciones como el primer Sol y sus rayos ya no eran tan ardientes como para tener que situar un escudo entre él y la tierra. Estos rayos más beneficiosos, pronto causaron que la tierra renovara su manto verde y crecieran flores y frutas en abundancia. Dos seres humanos, una mujer, Lif, y un hombre, Lifthrasir, emergieron entonces de las profundidades del bosque de Hodmimir ( "de Mimir" ), donde habían huido para refugiarse cuando Surtr había puesto el mundo en llamas. Habían caído en un tranquilo sueño, inconscientes de la destrucción a su alrededor y habían permanecido allí, alimentados por el rocío de la mañana, hasta que era seguro para ellos el volver a salir, cuando tomaron posesión de la tierra regenerada, que sus descendientes poblarían y sobre la cual tendrían un dominio completo. Visita también: Mitologia Nórdica Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla) Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra) Mitos Nordicos III (Mani y Sol - Los Lobos Sköll y Hati) Mitos Nordicos IV (Enanos y Elfos - Creacion Hombre y Mujer) Mitos Nordicos V (Puente Bifrost - Vanes - Njord) Mitos Nordicos VI (Ragnarok)

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Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra)
InfoporAnónimo8/5/2012

Odín, Vili y Ve Cuando los gigantes se dieron cuenta de la existencia del dios Buri (el productor) y de su hijo Börr (nacido), al cual había producido inmediatamente, una guerra surgió entre ellos, ya que al representar dioses y gigantes las fuerzas opuestas del bien y del mal, no cabía la posibilidad de que pudieran vivir juntos en paz. Naturalmente, la lucha continuó durante muchos tiempo sin que ningún bando lograra una decidida ventaja, hasta que Börr se casó con la giganta Bestla, hija de Bolthjorn (la espina del mal). De la pareja nacieron tres poderosos hijos: Odín (espíritu), Vili (voluntad) y Vé (sagrado). Estos tres hijos se unieron inmediatamente a su padre en su lucha contra los gigantes de hielo enemigos y finalmente lograron matar a su rival más devastador, el gran Ymir. Mientras caía sin vida, la sangre manó de sus heridas en cantidades tan grandes que terminó produciendo un gran diluvio en el que pareció toda su raza, a excepción de Bergelmir, el cual logró escapar con su esposa en un bote hasta los confines del mundo. Allí construyó su morada, llamando al lugar Jötunheim (hogar de los gigantes) y allí engendró una nueva raza de gigantes de hielo, los cuales heredaron sus aversiones y continuaron su odio de sangre, estando siempre dispuestos a salir resueltamente de su desolado país para atacar el territorio de los dioses. Los dioses, llamados Ases (pilares y soporte del mundo) en la mitología del Norte, tras haber triunfado sobre sus enemigos y haber terminado de esta manera la guerra, comenzaron entonces a mirar a su alrededor, con la intención de mejorar el aspecto desolado de las cosas y moldear un mundo habitable. Tras la debida consideración, los hijos de Börr arrojaron el enorme cadáver de Ymir al Ginnungagap, poniéndolo en medio, y comenzaron a crear el mundo a partir de las diversas partes que lo componían. La Creación de la Tierra. De su carne moldearon Midgard (el jardín medio), el nombre que se le dio a la Tierra. Éste se situó en el centro exacto del vasto espacio, y fue cubierto con las cejas de Ymir como baluartes o murallas. La porción sólida de Midgard fue rodeada con la sangre o el sudor del gigante, que pasaron a formar el océano, el agua y los mares, mientras que sus huesos pasaron a constituir las montañas, sus dientes los precipicios y sus cabellos rizados los árboles y la vegetación. Bien satisfechos con sus primeros esfuerzos en la creación, los dioses tomaron entonces la abultada calavera del gigante y la equilibraron diestramente para formar los cielos abovedados sobre tierra y mar. Después esparcieron sus sesos a través de sus vastas extensiones para crear de ellos las nubes. Dice Alto (Odín) citando estrofas del poema de preguntas y respuestas Grímnismál: De la carne de Ymir se hizo el mundo, y de su sangre, el mar. De sus huesos, peñascos; de sus cabellos, árboles; y de su cráneo, la bóveda celeste. Y de sus cejas, los dioses geniales hicieron Midgard para la humanidad. Y de sus sesos se crearon todas esas crueles nubes de tormenta. Para sostener la bóveda celestial, los dioses colocaron a los poderosos enanos Nordri, Sudri, Austri y Westri en sus cuatro esquinas, ordenándoles que lo sostuvieran sobre sus hombros. De ellos recibieron los cuatro puntos cardinales sus nombres actuales de Norte, Sur, Este y Oeste. Para iluminar el mundo creado, los dioses sembraron la bóveda celestial con chispas procedentes de Muspellsheim, puntos de luz que brillaban constantemente a través de la oscuridad como estrellas relucientes. Las más luminosas de estas chispas, sin embargo, se reservaron para la forja del Sol y de la Luna, los cuales fueron colocados en bellos carros de oro. Cuando todos los preparativos concluyeron, y los corceles Arvakr (el despertador temprano) y Alsvin (el marchador veloz) fueron enganchados al carro del Sol, los dioses, temiendo que los animales pudieran perjudicarse por su proximidad a la ardiente esfera, colocaron bajo sus crucetas grandes pieles rellenas de aire o alguna sustancia refrigerante. También forjaron el escudo Svalin (el refrigerante) y lo situaron delante del carro para protegerles de los rayos directos del Sol, los cuales, de otra manera, podrían haberles carbonizado a ellos y a la Tierra. De forma similar, el carro de la luna fue provisto con un ágil corcel llamado Alsvider (el más veloz); sin embargo, no se precisó de ningún escudo que le protegiera de los ligeros rayos de la Luna. Visita también: Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra)

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Mitos Griegos - Segunda Parte
InfoporAnónimo4/14/2012

Aqui desarrollare los siguientes Mitos Griegos. Prometeo, Pandora y la raza humana Fineo y las Arpías Teseo y el Minotauro Dédalo e Ícaro Prometeo, Pandora y la raza humana Según la mitología griega, la primera generación mística (las divinidades primordiales) creó la raza de los Titanes. Estos, en la persona de Cronos, el dios del tiempo, destronaron al Cielo (Caelus, Urano). Después, Zeus, hijo de Cronos, sucede a su padre, venciendo a la antigua estirpe después de una guerra sangrienta que lleva a los olímpicos al poder. El nombre “Prometeo” tiene su origen griego y significa el “Pre-Vidente” o que se anticipa a los hechos. Prometeo no es un dios olímpico; es un titán (hijo de Japeto y Climene). Prometeo sabía que en el suelo de la tierra reposaba la simiente de los cielos, por eso recogió arcilla, la mojó con sus lagrimas y la amasó, formando con ella varias imágenes semejantes a los dioses, los Señores del Mundo. “Los Hombres”. Atenea, diosa de la sabiduría, que era su amiga, admiró la obra del hijo de los titanes e insufló en las imágenes el espíritu o soplo divino. Enseguida, les dio a ellos para beber de un néctar mágico para que pudiesen recuperar su pureza, regenerarse, en el caso de que un día la perdiesen. Fue así que surgieron, según la leyenda, los primeros seres humanos, que poblaron la tierra. Aunque por mucho tiempo ellos no supieron hacer uso de la centella divina que habían recibido, no teniendo siquiera conocimiento de cómo trabajar con los materiales de la naturaleza que estaban a su disposición por todas partes. Prometeo entonces se aproximó a sus criaturas y les enseño a controlar el fuego, a subyugar a los animales y usarlos como auxiliares en el trabajo; les mostró como construir barcos y velas para la navegación, les enseño a observar las estrellas a dominar el arte de contar y escribir, a que descubriesen los metales debajo de la tierra y hasta como preparar los alimentos nutritivos, ungüento para los dolores y remedios para curar las dolencias. En cierta ocasión, estalló una disputa sobre que partes de un animal sacrificado debían ser ofrecidas a los dioses y con que partes debían quedarse los hombres. Prometeo fue designado juez en la disputa. El titán sacrificó un animal e hizo dos bolsas con su pellejo, en una depositó la carne del animal tapado por las vísceras y en la otra puso los huesos cubiertos con la grasa atractivamente colocada. Una vez hecho esto, le pidió a Zeus que eligiese una bolsa. Zeus eligió la que contenía los huesos con la grasa, que resultaba más agradable a la vista. A partir de aquel momento se le ofrecieron a los dioses los huesos y la grasa del animal, mientras que los hombres se quedaban con la carne. Zeus tuvo que conformarse con el veredicto, pero enfurecido por la artimaña en la que había caído exclamó "Que coman la carne cruda", quitó el fuego a los hombres y se negó a proporcionárselos. Prometeo decidido a favorecer a los hombres, entró a hurtadillas en el Olimpo, robó el fuego sagrado y se lo entregó a sus protegidos. Esto lo hizo con el palo de una rama seca, se dirigió al carro de Helios (el Sol) donde a escondidas tomó un poco de fuego sagrado, trayéndolo para los seres humanos. Solo cuando por toda la tierra se encendieron las fogatas es que Zeus tomó conocimiento del robo de Prometeo, pero ya era tarde. Puesto que ya no podía confiscar el fuego a los hombres, decidió castigar a los hombres que habían aceptado el regalo de su benefactor, inventa la forma más rápida de destruir el paraíso de los hombres: la mujer. Zeus llama a Hefestos, el habilidoso dios artesano, y le pide confeccione una imagen de bronce. Deberá parecerse al hombre, pero, en alguna cosa deberá diferenciarse, de forma que lo encante y lo conmueva, atrasándole el trabajo y trastornándolo. Atenea que ya no se considera amiga de Prometeo pues éste ha desafiado a sus compañeros divinos, entrega a la mujer recién creada un hermoso vestido bordado, las Gracias la enjoyaron, la Horas la cubrieron de flores, Afrodita le ofrece la belleza infinita y los encantos que serán fatales a los indefensos hombres. Sucesivamente los dioses le fueron otorgando todos los dones, y finalmente Hermes introdujo en ella la semilla de la maldad. La mujer fue llamada Pandora (la que tiene todos los dones). Antes de enviarla, Zeus le dio un cofre y le dijo que contenía muchos bienes y presentes para Prometeo, pero le advirtió que no la abriera (ya que verdaderamente contenía males y pestes). Hermes la condujo hasta Prometeo, quien, astuto y precavido, la rechazó, y advirtió a su hermano Epimeteo (el creador de todos los animales) que, tal como el había hecho, no aceptara regalo alguno de Zeus. Zeus, enfurecido al ver como sus planes fracasaban, castigó a Prometeo, que fue encadenado a unas rocas en el Caucaso, donde un águila iba y le comía el hígado, y al ser inmortal, se regeneraba y se repetía la tortura cada día. Epimeteo se enamoró perdidamente de Pandora, y aceptó la caja como dote. Pandora no pudo contener su curiosidad por la caja, y la abrió. Salieron todos los males y dolores que hoy asechan a la humanidad. Pandora trato de cerrarla, pero no pudo, y al salir todos los males, miró dentro y solo quedaba lo único positivo de la caja, la Esperanza. Zeus observaba la evolución del hombre, y no le gustaba lo que veía. Y temiendo que algún día esa nueva raza lo derrocara, decidió destruirla, y tomó uno de sus rayos para lanzarlo hacia la tierra y así destruir a los hombres mediante el fuego, pero se dio cuenta de que una conflagración así ponía en peligro los propios cielos y al Olimpo. Finalmente decidió borrar a la humanidad mediante un gran diluvio. Provocó una gran tormenta, y llamo a su hermano Poseidón, el que movió su tridente con tal fuerza que provocó olas gigantescas. Castillos, hombres y animales fueron barridos por las aguas embravecidas. Deucalión (hijo de Prometeo y la Oceánide Clímene) que había visitado a su padre en el Caucaso anteriormente, fue advertido por Prometeo que debía construir un arca para sobrevivir a la inundación. Deucalión y su esposa Pirra (hija de Epimeteo y Pandora) sobrevivieron al diluvio, que duró 9 días y 9 noches, el arca se posó en el Monte Parnaso que se levantaba sobre las aguas. Una vez en tierra hicieron sacrificios en honor a Zeus. Satisfecho de su actuación, por mediación de Hermes, Zeus les comunicó que podrían solicitar lo que quisieran, pues les sería concedido. El matrimonio pidió que fuese renovada la raza humana. Entonces Temis (la Titánide de la ley y del orden) se presentó ante ellos diciéndoles "Cubrios la cabeza y arrojad hacia atrás los huesos de vuestra madre". No comprendieron la indicación, ya que ambos poseían distintas madres, y no deseaban profanar los restos de ninguno de sus padres. Después de mucho cavilar, la pareja coincidió en que Temis se refería a Gea, la madre tierra, por lo que empezaron a coger piedras y ha arrojarlas por encima de sus hombros. De las piedras que lanzaba Deucalión surgían hombres, de las de Pirra mujeres. Y así la tierra fue poblada por una nueva raza de hombres. Pasó el tiempo, pasaron siglos, y los gritos de Prometeo seguían llenando los aires. El sufrimiento de éste despertaba compasión, pero nadie se atrevía a aliviarlo. Un día Hércules pasando por allí con los argonautas, al ver al águila devorando el hígado de Prometeo, tomo su flecha lanzándola sobre la misma. Enseguida soltó las cadenas y llevo a Prometeo consigo. Así terminó el castigo del titán que robó el fuego para los hombres. Fineo y las Arpías Las arpías eran hijas de Electra y Taumante y hermanas de Iris. Las consideraban monstruos aberrantes que raptaban almas y niños. Eran despiadadas, crueles y violentas y vivían en las islas Estrófades. Solían ser vistas como personificaciones de la naturaleza destructiva del viento. Cuenta la leyenda que Fineo, un rey de Tracia, era ciego y tenía el don de la profecía. Zeus, furioso con él por haber revelado secretos de los dioses del Olimpo contra la voluntad de éstos, lo castigó confinándole en una isla con un festín del que no podía comer nunca nada, porque las arpías siempre robaban la comida de sus manos justo antes de que pudiera tomarla. Este castigo se prolongó hasta la llegada de Jasón, rey de Corinto y los argonautas, que enviaron a los héroes alados, los Boréadas, Calais y Zetes, tras las arpías. Éstos lograron espantarlas, pero no las mataron a petición de Iris, la diosa del arco-iris, quien prometió que Fineo no volvería a ser molestado por ellas. Agradecido por su ayuda, Fineo contó a los argonautas cómo superar las Simplégades para poder continuar su hazaña. Teseo y el Minotauro Minos: El Rey Minos, de Creta, tenía varios hijos: Ariadna, Fedra, Glauco, Catreo, pero su predilecto era Androgeo, joven fuerte y vencedor en el gimnasio y la palestra. Cuando en Atenas se organizaron los juegos en honor de Palas Atenea, se reunieron los mejores atletas griegos, y allí partió Androgeo, para medirse con los más fuertes paladines de la Hélade, con el beneplácito de Minos, quien esperaba a su hijo regresar con la corona del triunfo. El joven príncipe logró vencer en todas las pruebas a sus rivales, los mejores campeones de la ciudad. Pero los atenienses, en lugar de victorearlo, hicieron recaer su furia sobre él, por haber derrotado a sus luchadores, y esa misma noche le dieron muerte. Al recibir la noticia el Rey Minos, sintió un inmenso dolor, pero inmediatamente se despertó en él un irrefrenable deseo de venganza, y marchó con un numeroso ejército a sitiar a Atenas, hasta que logró que se rindieran incondicionalmente, e impuso condiciones y penas terribles. Entre sus condiciones, estableció que durante nueve años, los atenienses debían enviar a la isla de Creta a siete robustos jóvenes y a siete doncellas, quienes serían las víctimas que se ofrecerían para ser devorados por el minotauro. Minotauro El Minotauro era hijo de Pasífae, reina de Creta, y de un toro blanco como la nieve que el dios Poseidón había enviado al marido de Pasífae, el rey Minos. Cuando Minos se negó a sacrificar el animal, Poseidón hizo que Pasífae se enamorara de él y diera a luz al Minotauro. Después del nacimiento del Minotauro, Minos ordenó al arquitecto e inventor Dédalo que construyera un laberinto tan intrincado que fuera imposible salir de él sin ayuda. Allí fue encerrado el Minotauro. Teseo Hijo de Etra y Egeo, aunque según otra tradición su padre fue Poseidón, el dios del mar, quien habría abusado sexualmente de Etra en el templo de Atenea. Teseo se educó en Trecén A los dieciséis años Teseo fue a Atenas a visitar a Egeo como su hijo. Viajó de Trecén a Atenas por tierra para despejar el camino de bandidos y monstruos e infligir el mismo tipo de muerte que ellos habían dado a sus víctimas. Entre los villanos que mató estaban Escirón, Sinis y Procrustes. Teseo llegó a Atenas con una espada y un par de sandalias que Egeo había dejado a su hijo en Trecén. Medea, la mujer de Egeo, intentó envenenarlo, pero en cuanto Egeo reconoció las prendas familiares, proclamó a Teseo su hijo y heredero y desterró a Medea. Viaje de Teseo a Creta Atenas debía enviar un tributo al rey Minos de Creta, Teseo se presentó voluntariamente en el tercer envío ante su padre para que le permitiera ser parte de la ofrenda y lo dejara acompañar a las víctimas para poder enfrentar al Minotauro. Las naves en las que iban a viajar las personas ofrendadas llevaba velas negras como señal de luto, pero el rey pidió a Teseo que si regresaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas, para que supiera, aún antes de que llegase a puerto, que estaba vivo. Teseo se lo prometió. Teseo y el Minotauro Al llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró de él y propuso a Teseo ayudarlo a derrotar a su hermano (el Minotauro) a cambio de que se la llevara con él de vuelta a Atenas y la convirtiera en su esposa. Teseo aceptó. La ayuda de Ariadna consistió en dar a Teseo un ovillo de hilo que éste ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto. Durante horas recorrió el laberinto hasta enfrentarse con la bestia. Después de ardua lucha, logró atravesar el corazón del monstruo con un puñal que le entregara la bella Ariadna. El minotauro expiró entre convulsiones. Y Teseo rescató a sus compañeros, con los que emprendió el camino de regreso siguiendo el hilo. Fue aclamado por la gente de Cnosos por haberlos liberado del monstruo y del salvaje castigo que año a año debían tributar al minotauro. Teseo, victorioso, regresó a Atenas en su nave con las velas desplegadas. Vuelta a Atenas Cuando los jóvenes atenienses estuvieron dispuestos a reembarcar para volver a sus casas, Teseo llevó a bordo en secreto a Ariadna y también a Fedra, quien no quiso abandonar a su hermana. Durante el viaje de vuelta Teseo decidió desembarcar en la isla de Naxos o en otra isla llamada Día y de allí volvió a partir sin la presencia de Ariadna. El motivo de este abandono es controvertido: algunas versiones señalan que Teseo la abandonó por su propia voluntad, otros dicen que fue por orden de los dioses para que esta pudiera casarse con Dioniso. Al divisar la galera desde el puerto de El Pireo en Atenas, el rey Egeo vio las velas negras puesto que Teseo había olvidado cambiarlas por velas blancas y, creyendo que su hijo había muerto, se suicidó lanzándose al mar, que a partir de entonces recibió el nombre de mar Egeo. Teseo, a partir de entonces, heredó el trono de Atenas y años después se casaría con una hermana de Ariadna llamada Fedra. Dédalo e Ícaro Dédalo era un arquitecto y artesano muy hábil, famoso por haber construido el laberinto de Creta. Dédalo tuvo dos hijos: Ícaro y Yápige. Dédalo y Perdix Dédalo estaba tan orgulloso de sus logros que no podía soportar la idea de tener un rival. Su hermana había dejado a su hijo Perdix a su cargo para que aprendiese las artes mecánicas. El muchacho era un alumno capaz y dio sorprendentes muestras de ingenio. Caminando por la playa encontró una espina de pescado. Imitándola, tomó un pedazo de hierro y lo cortó en el borde, inventando así la sierra. Unió dos trozos de hierro por un extremo con un remache y afiló los extremos opuestos, haciendo así un compás. Dédalo tenía tanta envidia de los logros de su sobrino que cuando un día estaban juntos en lo alto del templo de Atenea en la Acrópolis, aprovechó la oportunidad y lo empujó. Pero la diosa, que favorece al ingenio, le vio caer y cambió su destino transformándole en un pájaro bautizado con su nombre, la perdiz. Este pájaro no hace su nido en los árboles ni vuela alto, sino que anida en los setos y evita los lugares elevados, consciente de su caída. Por este crimen Dédalo fue juzgado y desterrado. El laberinto Tras matar a Perdix, es expulsado de Atenas. Llega al reino de Minos obteniendo trabajos de gran importancia (construcción de Talos, una estatua de bronce como defensa militar). Dédalo construyó una amplia pista de baile para Ariadna y más tarde construyó un laberinto en el que estaba encerrado el Minotauro y del que escapó Teseo gracias al consejo de usar un hilo que le dio Ariadna. El laberinto era un edificio con incontables pasillos y calles sinuosas abriéndose unos a otras, que parecía no tener principio ni final. Dédalo lo construyó para el rey Minos, pero tras ello perdió el favor del rey y fue encerrado con su hijo Ícaro en una torre. El rey Minos quería el laberinto para encerrar en él al Minotauro, el hijo de su esposa Pasífae. Poseidón había maldecido a Pasífae y Dédalo le construyó una vaca de madera hueca para que pudiese aparearse con un toro. Dédalo e Ícaro Dédalo consiguió escapar de su prisión, su propio laberinto, pero no podía abandonar la isla por mar, ya que el rey mantenía una estrecha vigilancia sobre todos los veleros y no permitía que ninguno navegase sin ser cuidadosamente registrado. Dado que Minos controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí empezando por las más pequeñas y añadiendo otras cada vez más largas, para formar así una superficie mayor. Aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro. Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. Entonces padre e hijo echaron a volar. Pasaron Samos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho empezó a ascender como si quisiese llegar al paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y, lamentando amargamente sus artes, llamó a la tierra cercana al lugar dónde Ícaro había caído Icaria, en memoria de su hijo. Dédalo llegó sano y salvo a Sicilia bajo el cuidado del rey Cócalo, donde construyó un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda al dios. Sicilia Mientras tanto, Minos buscaba a Dédalo de ciudad en ciudad, proponiendo un acertijo: ofrecía una caracola espiral y pedía que fuese enhebrada completamente. Cuando llegó a Camico, el rey Cócalo, sabiendo que Dédalo sería capaz de resolver el acertijo, buscó al anciano. Éste ató un hilo a una hormiga que recorrió todo el interior de la concha, enhebrándola completamente. Minos supo entonces que Dédalo estaba en la corte del rey Cócalo y exigió que le fuese entregado. Cócalo logró convencerlo para que tomase primero un baño, y sus hijas lo mataron entonces quemándolo con agua hirviendo. Visita tambien: Mitos Griegos 2º Parte (Prometeo, Pandora y la raza humana - Fineo y las Arpías - Teseo y el Minotauro - Dédalo e Ícaro)

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Mitología Nórdica
Mitología Nórdica
InfoporAnónimo7/9/2012

La creacion En un principio sólo existia el vacío. No había océano que ocupara su vasto imperio, ni árbol que levantase sus ramas o hundiera sus raíces. Más al norte allá donde el abismo, se formó una región de nubes y sombras llamadas Niflheim. En el sur se formó la tierra del fuego, Muspellsheim. Los doce ríos de pura agua glacial que tracurrían desde Niflheim hasta encontrarse con los correspondientes de Muspellsheim llevaban amargo veneno y pronto se solidificaron. Cuando las heladas aguas del norte tocaron sus rígidos cuerpos serpentinos, el abismo se llenó de gélida escarcha. Con el aire cálido que soplaba desde el sur empezó a derretir la escarcha y de las amorfas aguas surgió Ymir, un gigante de escarcha, el primero de todos los seres vivientes. Del hielo surgió una gran vaca llamada Audumla. E Ymir apagó su sed en uno de los cuatro manantiales de leche que fluían de la criatura. Cada uno de estos seres primarios tuvieron hijos de forma asexual: Ymir a partir de su propio sudor y Audumla lamiendo el hielo. El matrimonio de Bestla, hija de Ymir, con Bor, nieto de Audumla, trajo a los tres dioses, Odín, Vili y Va, quienes muy pronto se volvieron en contra de la raza de los gigantes exterminándolos a todos menos a dos, que escaparon para perpetuar la raza. Al calmarse el caos resultante del desbordamiento, al derretirse el hielo, los tres dioses sacaron el cuerpo inerte de Ymir fuera de las aguas y crearon la tierra, a la que llamaron Midgard, la Principal Morada. De los huesos de Ymir se crearon las montañas y su sangre llenó los océanos. Su cuerpo se convirtóo en tierra y sus cabellos en árboles. Con su calavera los dioses formaron la bóveda de cielo, que atestaron de brillantes chispas de los fuegos de Muspellsheim. Estas chispas son las estrellas y los planetas. Del suelo brotó Yggdrasilll, el gran fresno, cuyas poderosas ramas separaban los cielos de la tierra y cuyo tronco constituía el eje del universo. De hecho en algunas leyendas Yggdrasill es el mundo mismo. Nadie podría narrar su grandeza. Sus raíces se hincan en las profundidades, más allá de las raíces de las montañas y sus perennes hojas atrapan las estrellas fugaces según pasan. Son tres sus raíces. La primera llega hasta Nifheim, tierra de sombras o infierno y toca la fuente Hvergelmir de donde mana los doce ríos de la región del Norte. La segunda entra en la tierra de los gigantes helados y bebe de la fuente de Mimir, fuente de toda sabiduría. La tercera se extiende por lo cielos donde discurre la fuente de Urd, el más sabio de los Nornos. Muchas fuerzas atacan al sagrado fresno. Cuatro ciervos mordisquean los nuevos brotes antes de que reverdezcan. El corcel de Odín, Sleipnir, pace en su follaje. La cabra Heidrun se alimenta de sus hojas. Pero lo peor de todo es la serpiente Nidhogg, un enorme monstruo que roe incesantemente sus raíces. Solamente el amor de los Nornos lo mantiene en buen estado. Día a día cogen agua de la fuente de Urd y la vierten en Yggdrasill para mantenerlo floreciente. De los gusanos del cuerpo pútrido de Ymir, los dioses crearon la raza de los enanos, destinados a morar en las profundidades de la tierra durante toda la eternidad. Como todos ellos han sido creados, no pueden procrear. Cuando muere un enano, princesas enanas, creadas para este fin modelan un nuevo enano con piedras y tierra. El hombre y la mujer fueron creados a partir de los troncos de dos árboles inertes. Odín les infundió la vida. El dios Hoenir les dotó de alma y capacidad de juicio. Lodur les dio calor y belleza. El hombre fue llamado Ask (de Ash, ceniza) y la mujer Embla (parra), y de ellos desciende la raza humana. Los nueve mundos Para los antiguos nórdicos, el Universo estaba dividido en nueve mundos, caracterizados por sus habitantes. Asgard Es el mundo de los Ases (Aesir), la principal raza de dioses nórdicos. Es de difícil acceso debido a sus murallas, y está conectado con Midgard (el reino de los hombres) mediante el Bifrost (también llamado Asbru), el puente del arco iris, vigilado por el dios Heimdall. Cada dios tiene una casa diferente en Asgard; la más conocida es Valhalla, la morada de Odín. Los héroes muertos en combate son llevados por las valkirias a Valhalla. Una manera más rápida de ir a Valhalla es ahorcándose, al igual que hizo Odín. Vanaheim Es el mundo de los Vanes (Vanir), la otra raza de dioses nórdicos, que generalmente realizaban funciones de fertilidad. Los Vanes estaban enfrentados a los Ases, pero finalmente se reconciliaron y llegaron a convivir. Alfheim Es el mundo de los elfos de la luz, presidido por el dios Frey. Los elfos no tienen relevancia en las leyendas nórdicas. Midgard Es el reino donde viven los humanos, la Tierra. Fue creado cuando el dios Odín y sus hermanos Vili y Ve mataron al gigante Ymir. En la Mitología Nórdica, el mundo era considerado un árbol gigante, llamado el Mundo Árbol o Yggdrasil, alrededor del que existían nueve reinos, cada uno en diferente nivel. Las raíces aguantaban al árbol y sus ramas le daban sombra al mundo. Las raíces del árbol descendían hasta el inframundo. En la superficie, Midgard está rodeado por una serpiente gigante. Bifrost es un enorme puente que conecta a Midgard con Asgard, la casa de los dioses. Nidavellir Es el reino de los enanos. Algunos enanos de la mitología nórdica son Brokk y Eitri, que realizaron el jabalí dorado para Frey y Mjollnir, el martillo de Thor. Otro enano es Alberich, un rey que custodiaba grandes tesoros y protagoniza la leyenda del Anillo de los Nibelungos, raza de enanos a la que pertenecía. Asociados con las piedras, lo subterráneo, la muerte, la suerte, la magia y la tecnología, especialmente la forja, residen bajo tierra y son espíritus ancestrales que protegen a la gente, si bien pueden también ser amenazadores, especialmente cuando se les trata groseramente. Normalmente intentan evitar la luz, aunque no sean necesariamente subterráneos. Jotunheim Es el país de los gigantes. Los gigantes son generalmente enemigos de los dioses, pero también tuvieron hijos con ellos. Está gobernado por Thrym, el rey de los gigantes de hielo. En Jotunheim, donde también viven gigantes de roca, se encuentra la fortaleza de Utgard. Svartalfheim Es el reino de los elfos oscuros. No tienen un gran protagonismo y a menudo se les confunde con los enanos. Este mundo subterráneo se encuentra entre la esfera más baja de Midgard y la más alta de Helheim, en él habitaban los elfos oscuros, ( negros refiriéndose al color de cabello y no a la piel) denominados también Svartalfar Niflheim Niflheim (También conocido como ‘Nylfheim’ o ‘NielHeim’) significa Hogar de la niebla, Una de las partes más oscuras y tenebrosas del enorme y gélido Niflheim es Helheim, el mundo de los muertos. Gobernado por Hel, la monstruosa hija de Loki y la giganta Angrboda, es un reino melancólico al que acuden los hombres que no han tenido una muerte gloriosa. La creencia de que cuando llegue el Ragnarok, la batalla del fin del mundo, Loki y los gigantes llegarán en un barco construido con las uñas de los muertos donde Hel creó la costumbre de cortarle las uñas a los muertos para retrasar estos acontecimientos. Muspellheim Es el mundo de los gigantes de fuego, enemigos de los dioses. Es un reino lleno de llamas situado en el sur del mundo. Está gobernado por Surt, el rey de los gigantes de fuego. Los dioses Nórdicos Los dioses nórdicos se dividen principalmente en dos razas: los Aesir, procedentes de Asgard, que suelen estar asociados a funciones de gobierno y guerra, y los Vanir, cuyo mundo es Vanaheim, y a los que se les suelen atribuir funciones de fertilidad. Sin embargo, esta división de funciones no se suele cumplir estrictamente en lo relativo a los dioses nórdicos. Los Aesir y los Vanir eran razas enfrentadas, pero tras su reconciliación fueron capaces de convivir entre ellos. Odín Es el rey de los dioses nórdicos. Principalmente es el dios de la guerra, pero también se le atribuyen la muerte, la poesía y la sabiduría. Pertenece a la raza de los Aesir, y es el padre de muchos de ellos. Con una de sus esposas, Jord, tuvo a Thor, con la giganta Gird, a Vidar, y con otra giganta, Rind, a Vali. Sin embargo, la diosa que le dio más hijos fue Frigga, madre de Balder, Hoder, Hermod, Tyr y Bragi. Su residencia en Asgard, Valhalla, era el más bello de todos los palacios divinos. Sentado en su trono era capaz de ver todo el cielo y la tierra pero, además, contaba con la ayuda de sus dos cuervos, Hugin (pensamiento) y Munin (memoria), que, posados en sus hombros, le contaban todo lo que habían visto y oído. Otros animales relacionados con Odín son los lobos Geri y Freki, que yacen a sus pies. El caballo de Odín se llama Sleipnir, y fue un regalo de Loki. Tiene ocho patas y puede cabalgar sobre la tierra y el mar, y también por el aire. Thor Es el hijo mayor de Odín y dios del trueno. Su madre es Jord. Está casado con la diosa Sif, aunque con la giganta Jarnsaxa tuvo a sus hijos Magni y Modi, y a su hija Thrud. Su palacio en Asgard es Bilskirnir, en el reino de Thrudheim. Su sirviente es Thialfi. Thor llegó a ser un dios muy popular entre los nórdicos, en parte porque no exigía sacrificios, y además era considerado su protector. La posesión más preciada de Thor es su martillo, Mjollnir, que fue fabricado por los enanos Brokk y Eitri. Cuando Thor lanzaba su martillo, éste volvía mágicamente a sus manos. Las tormentas se producían cuando Thor viajaba en un carro tirado por las cabras Tanngrisni y Tanngnost; los truenos y relámpagos aparecían cuando Thor lanzaba su martillo. Además, Thor poseía unos guantes que le permitían usar a Mjollnir, y un cinturón de la fuerza. Balder Es el dios de la luz, la belleza y la inocencia. Es hijo de Odín y Frigga. Aunque no era muy poderoso, era sabio y amable, y tenía buen carácter, por lo que era amado por los dioses y los mortales. Estaba casado con la diosa Nanna, con quien tuvo un hijo, Forseti, el dios de la justicia. La residencia de Forseti es Glitnir, que realiza la función de palacio de justicia. Loki Es hijo del gigante Farbauti y la giganta Laufey. A pesar de ello, también forma parte de los Aesir, ya que Odín le eligió como hermano adoptivo. Es descrito como hermoso, pero también como malvado. Le gusta engañar a los dioses e incluso se enfrenta a ellos. Sin embargo, en otras ocasiones es su aliado, y comparte aventuras con Thor. Está relacionado con el fuego y la magia, y puede tomar la forma de varios animales. Frigga Es la diosa del amor, el matrimonio, la fertilidad y la maternidad. Es la esposa de Odín, al que le ha dado muchos hijos: Balder, Hoder, Hermod, Bragi y Tyr. En algunos aspectos, es similar a la diosa Freya. Tiene un palacio propio en Asgard, llamado Fensalir. Su mensajera es Gna, quien viaja por el cielo montada en el caballo Hofvarpnir, que también puede cabalgar sobre el agua. Se dice que Frigga conoce el destino de todos las personas, pero que nunca lo revela. Bragi Es el dios de la poesía, hijo de Odín y Frigga. Inspira a los bardos y sus canciones recuerdan las acciones de los guerreros. Las runas están talladas en su lengua. Idun Es la esposa de Bragi. Es la diosa de la eterna juventud, y guarda en una caja las manzanas de oro que conceden vida y juventud eternas a los dioses. Cuando los dioses sienten que se acerca su envejecimiento, prueban un pequeño trozo de ellas y la juventud regresa a ellos. Heimdall Es el dios de la luz. Su papel es el de centinela de los dioses, ya que, desde los bordes del cielo, vigila Bifrost, el puente del arco iris que constituye la única entrada a Asgard, para evitar que los gigantes entren a la fuerza. Apenas duerme y su vista abarca vastos territorios, que puede ver tan bien de noche como de día. Además, su fino oído le permite escuchar cómo crece la hierba o la lana de las ovejas. Con el nombre de Rig se le atribuye la paternidad de las tres razas de los hombres (sirvientes, campesinos y guerreros). Su cuerno, Gjallar, anunciará a los dioses el Ragnarok, llamándolos para que acudan a la batalla. Tyr Es el dios de la guerra y patrón de la justicia. Su arma, una lanza, también representa la justicia. Originariamente, era el dios más importante entre los germanos, pero con el tiempo fue relegado por Odín, quien pasó a ser su padre (aunque otra versión asegura que es hijo del gigante Hymir). Es el más valiente de los dioses. Njord Es el dios del mar, así como de los vientos y el fuego. Tuvo dos hijos junto a su hermana, cuyo nombre no aparece en lo mitos: Frey y Freya. Pertenece a los Vanir, pero convive con los Aesir desde la reconciliación de las estirpes. Tanto él como sus hijos son considerados sumos sacerdotes, que presiden los sacrificios. Posteriormente, se casó con Skadi. Su palacio marino se llama Noatun. Skadi Es una diosa giganta del invierno. Su padre es Thiazi, quien murió mientras perseguía a Loki (que había recuperado las manzanas doradas) en forma de águila (Loki tenía aspecto de halcón). Los dioses consiguieron quemar las alas de Thiazi, que cayó al suelo, momento aprovechado por los dioses para matarlo. Skadi deseó vengarse, pero los dioses consiguieron reconciliarse con ella: Odín convirtió los ojos de Thiazi en estrellas, y permitió a Skadi casarse con uno de ellos. Sin embargo, sólo se le permitió elegir a su futuro marido mirando a los pies de los candidatos. Ella eligió al poseedor de unos pies que le habían agradado pensando que se trataría de Balder, pero en realidad pertenecían a Njord. El nuevo matrimonio decidió vivir nueves días en Thrymheim (en las montañas), y nueve días en el mar, pero no les fue bien y finalmente Skadi abandonó a Njord por el dios Ull. Frey Es hijo del dios Njord y pertenece a la estirpe de los Vanir, pero guarda una buena relación con los Aesir. Frey está considerado uno de los dioses más hermosos, y su dominio está constituido por el sol, la lluvia y la fertilidad, tanto de los hombres como de los frutos de la tierra. Gobierna a los elfos (que en los mitos nórdicos tienen poco protagonismo). Tiene un carro tirado por un jabalí dorado, Gullinbursti, que fue forjado por los enanos Brokk y Eitri. Está casado con la bella Gerda, a la que conoció el reino de los gigantes. Consiguió que se casase con él gracias a la intervención de su sirviente y mensajero Skirnir, a quien en agradecimiento regaló su espada Freya Es la hermana de Frey. Su palacio en Asgard es Sessrumnir, que está situado en Folkvang. Freya es la diosa del amor y la fertilidad, y se le considera la más bella de las diosas. Le gustan la música, la primavera y las flores, y tiene predilección por los elfos. Se casó con un dios llamado Od que desapareció, y cuando lloró por su desaparición, sus lágrimas se convirtieron en oro. Entre sus posesiones destacan un hermoso collar, una capa hecha con plumas de ave que permite a su portador convertirse en halcón y un carro tirado por dos gatos. Freya es considerada, además, la primera valkiria. Las Nornas Son las tres diosas del destino, similares a las Parcas griegas. Controlan el destino de los dioses y los hombres, que no dejan conocer. Son Urd (que simboliza el pasado), Verdandi (el presente) y Skuld (el futuro). Viven bajo las raíces de Yggdrasil, que protegen para retrasar su destrucción. Según otras versiones, su residencia se sitúa bajo el puente de Bifrost. Los Jotuns Los gigantes o jotuns (jötnar, iotnar, þurs, eotenas, etc.) son seres peligrosos para los hombres. Estos se pueden comparar con los titanes y gigantes de la mitología griega y generalmente se traducen como "gigantes", aunque "trolles" y "demonios" se han sugerido como alternativas útiles. Son seres monstruosos y enormes, pero también sabios (como Mímir) y ricos, de los que se benefician los dioses en ciertas circunstancias. Están en el origen del cosmos (que se forma del cuerpo de Ymir). Algunas gigantes poseen una gran belleza (por ejemplo Gerðr). Las Valquirias Son importantes personajes femeninos. Eran hijas de Odín, y eran hermosas y fuertes guerreras con la capacidad de sanar cualquier lesión. Su tarea consistía en llevar al Valhalla a los héroes caídos en batalla. Allí les atendían sirviéndoles hidromiel y deleitándoles con su belleza. Las valquirias eran vírgenes guerreras (skjaldmö) y su residencia habitual era el Wingolf, situado al lado del Valhalla. Las valquirias eran comandadas por la diosa Freyja. Visita también: Mitos Nordicos I (Yggdrassil - Ymir y Audhumla) Mitos Nordicos II (Odin. Vili y Vel - Creacion de la tierra) Mitos Nordicos III (Mani y Sol - Los Lobos Sköll y Hati)

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Mitos Egipcios
Mitos Egipcios
InfoporAnónimo6/17/2012

Creación del mundo En el principio sólo existía un océano infinito, Nun, que contenía todos los elementos del Universo. No existían ni el Cielo ni la Tierra, y los hombres aún no habían nacido. No había vida ni muerte. El espíritu del mundo se hallaba disperso en el caos, hasta que tomando conciencia se llamó a sí mismo; así nació el dios Ra. Ra estaba solo; creó de su aliento al aire, Shu, y de su saliva a la humedad, Tefnut, y los mandó a vivir al otro lado de Nun. Después hizo emerger una isla donde poder descansar; la llamó Egipto. Y como surgíó de las aguas, viviría gracias al agua; así nació el Nilo. Ra fue creando a las plantas y los animales a partir de Nun. Entretanto, Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, a los que llamaron Geb (Tierra) y Nut (Cielo). Geb y Nut se casaron; así, el cielo yacía sobre la tierra, copulando con ella. Shu, celoso, los maldijo y los separó sosteniendo al cielo sobre su cabeza, y sujetando a la tierra con sus pies; aún así, no pudo evitar que Nun tuviera hijas, las estrellas. Ra había enviado a uno de sus ojos a buscar a Shu y Tefnut. Pero cuando regresó, otro ojo había ocupado su lugar. El primer ojo comenzó a llorar, hasta que Ra lo colocó en su frente, creando así al Sol. De las lágrimas del primer ojo nacieron los hombres y las mujeres, que habitaron en Egipto. Y todas las mañanas, Ra recorría el cielo el cielo en una barca que flotaba sobre Nun, transportando así al Sol. Cada noche, Nut se lo tragaba, y Ra continuaba su viaje por el Infierno; si lo atravesaba, volvía a nacer de Nut, dando origen a un nuevo día. Mito de Ra Ra podía asumir la forma que quisiera. Entonces, tomó la forma de un hombre y se convirtió en el primer faraón de Egipto. Ra gobernó Egipto durante miles de años llevando bienestar y prosperidad a sus habitantes gracias a las fabulosas cosechas y a sus magníficas leyes. Los egipcios solo tenían palabras de agradecimiento y no dejaban de ensalzar su nombre. Pero Ra, había tomado forma humana y por lo tanto envejecía día a día. Un buen día, los egipcios, dejaron de respetarlo, comenzaron a burlarse de su aspecto senil y a desobedecer sus órdenes. Ra no pudo evitar oír las burlas y comentarios y cuando vio que los hombres no obedecían las leyes, se enojó de tal manera que decidió convocar a los dioses que había creado en un lugar secreto para pedir consejo. Allí estaban Shu ,Tefnut, Geb, Nut y Nun escuchando el problema que aquejaba al dios Ra. Nun habló diciendo: Lo que debes hacer es destruirlos con la forma de tu hija, la diosa Sekhmet. Los otros dioses, al ver el mal comportamiento de los hombres, le aconsejaron también destruir a los hombres por intermedio de la diosa Sekhmet. Ra, con su ojo, que despedía una mirada aterradora, creó a la diosa Sekhmet. Feroz y sanguinaria cual leona que persigue su presa y se deleita en la matanza y en la sangre. Siguiendo las órdenes de Ra, desencadenó su furia sobre todos los que ridiculizaron a su padre, sembrando el terror y la desesperación en todo Egipto. Los hombres huían a esconderse, pero la diosa Sekhmet, los perseguía y los asesinaba relamiéndose con la sangre. Cuando Ra vió lo que Sekhmet había hecho la llamó a su presencia para preguntarle si lo había obedecido. Sekhmet le respondió que estaba feliz porque había vengado a su padre Ra, eliminando a todos los hombres que éste le había entregado. Todo Egipto estaba teñido del color de la sangre y era imposible detener la furia de la cruel y sanguinaria Sekhmet. Pero Ra se apiadó de los hombres y decidió hacer algo para frenar la matanza. Envió entonces a mensajeros rápidos y silenciosos en busca de grandes cantidades de ámbar. Luego ordenó preparar mucos litros de cerveza hasta llenar siete mil jarras. Más tarde, mandó mezclar el ámbar con la cerveza. A la luz de la luna, la cerveza adquiría el color rojo de la sangre. Hizo llenar nuevamente las jarras y envió a sus mensajeros a volcarlas en el lugar donde se encontraba Sekhmet. Al salir el sol, Sekhmet estaba preparada para su próxima cacería, cuando vio la tierra inundada de color rojo y creyó que sería sangre real porque no había cerca ningún hombre. Se acercó y bebió alborozada mientras reía y disfrutaba pensando que era sangre. Bebió tanto, que ese día, que presa de la ebriedad, no pudo matar a ningún hombre. Cuando Sekhmet volvió ante la presencia de Ra, el dios la recibió con alegría pues no había matado a ninguna persona y decidió cambiar su nombre por el de Hathor . A partir de ese momento se convirtió en la diosa Hathor fue la diosa de la dulzura, el amor y la pasión. La humanidad fue redimida y Ra continuó reinando en su ancianidad, aunque sabía que había llegado el momento de delegar el gobierno de Egipto en los dioses jóvenes. El nombre secreto de Ra No olvidemos que el poder de Ra estaba en su nombre secreto. Si alguien lo descubría, Ra dejaría de reinar. Ra sabía esto y lo mantenía oculto en su corazón. Solo utilizando grandes poderes mágicos se podría conocer. Isis conocía todos los secretos del cielo y de la tierra, pero lo que no conocía era el nombre secreto de Ra y se propuso descubrirlo. Ra, era muy viejito. Caminaba con dificultad. Su cuerpo entero temblaba. Sus palabras se escuchaban entrecortadas y como la mayoría de los ancianos, babeaba. Isis comenzó a seguirlo a escondias y cuando una gota de la baba de Ra cayó sobre la tierra formando barro, ella lo recogió y modeló una serpiente. Colocó la serpiente cerca del camino y cuando Ra paseaba, la serpiente lo mordió y luego huyó a ocultarse. El veneno corrió rápidamente por el cuerpo de Ra, provocándole un dolor hasta ahora desconocido. Ra gritó con todas sus fueras y los dioses corrieron a su encuentro. Ra estaba desconcertado. Sentía que un fuego lo quemaba por dentro y no encontraba explicación a lo sucedido. Los dioses convocados, lloraban y se lamentaban por lo sucedido. Entre estos dioses, se encontraba la astuta Isis que se acercó preguntando:- ¿Qué sucede padre todopoderoso? ¿Acaso te ha mordido una de las serpientes que has creado? Ra respondió:-Me ha mordido una serpiente que yo no he creado. No puedo dejar de temblar. Siento que un fuego abrasador me quema por dentro y me devora. Isis se acercó con dulzura y le dijo al oído:- Si me dices tu nombre secreto, podré hacer uso de mis poderes mágicos y podré sanarte. Ra respondió: -Yo soy el que hizo el cielo y la tierra. El que creó las aguas, los vientos, la luz, la oscuridad. Soy el creador del gran río Nilo. Yo soy Khepera por la mañana, Ra al mediodía y Tum al atardecer. Isis respondió: - Tú sabes bien, padre todopoderoso, que esos nombres son conocidos por todos. Lo que yo necesito para curarte es tu nombre secreto. Ra la tomó de la mano y le susurró al oído: Antes que mi nombre pase de mi corazón al tuyo, júrame que no se lo dirás a nadie salvo al hijo que tendrás que se llamará Horus. Y Horus deberá jurar que el nombre permanecerá en él por siempre. No se lo debe comunicar ni a otros dioses ni a otros hombres. Isis realizó su juramento y el conocimiento del nombre secreto pasó del corazón de Ra al corazón de Isis. Entonces, Isis haciendo uso de todos su poderes mágicos dijo: Por el nombre que conozco, ordeno que el veneno abandone el cuerpo de Ra para siempre. El veneno desapareció y Ra se sintió bien, pero dejó de reinar sobre Egipto. Encontró un lugar en el cielo donde pasear siguiendo la trayectoria del sol. Por las noches se trasladaba al mundo subterráneo de Amenti, donde habitan los difuntos. En su Barca llevaba las almas de los muertos que conocían a la perfección las plegarias y las palabras que se debían decir para llegar al otro mundo. El Mito del nacimiento de Osiris La joven y bella diosa del cielo, Nut, se enamoró de Geb, dios de la tierra. Ra, dios del sol y padre de Nut, no podía aprobar ese matrimonio, porque un adivino le había dicho que el niño nacido de esa unión gobernaría la humanidad. Rá, elevó una maldición sobre Nut diciendole: - Nut, te prohíbo que tengas un niño con Geb en el término de un año de 360 días. No lo tendrás ni de día ni de noche. Nut, desesperada, corrió a pedirle ayuda a su amigo Thot que era muy astuto. Thot sabía que un mandato del jefe de todos los dioses no podía desobedecerse, pero tramó un plan para ayudar a Nut. Thot se reunió con Selene, la diosa de la luna, con la excusa de jugar a las cartas. Ambos apostaron fuertemente, pero Selene apostó un poco de su luz. La decimoséptima parte de sus iluminaciones, y las perdió. Por esa razón la luz de la luna es más débil en ciertos periodos no pudiendo competir con la luz del sol. Con la luz que Thot le ganó a Selene, creó cinco días más que agregó al año, que por entonces, solo tenía trescientos sesenta días. Esos cinco días no pertenecían a ningún mes y tampoco a ningún año. Nut, mediante ese ardid y sin desobedecer a su padre, pudo tener a sus hijos durante esos días. El primer día tuvo a Osiris, el segundo, a Horus, el tercero a Set, el cuarto a Isis y el quinto a Neftis. Cuenta la leyenda que cuando nació Osiris, se escuchó una voz que desde el cielo proclamaba: ¡Ha nacido el señor de toda la tierra! Osiris y Set Con el paso de los años, Osiris se convirtió en un rey grande por su bondad y su sabiduría. Se dedicó a la tarea de civilizar a su pueblo, que por aquel entonces tenía costumbres primitivas y practicaba el canibalismo. Sus métodos de enseñanza eran tan interesantes y agradables, que a sus súbditos no les costó comprender y adoptar las nuevas normas de comportamiento. Cuando Osiris terminó la tarea civilizadora con su pueblo, viajó a otras tierras con el mismo propósito, ganando el respeto y la admiración de quien lo conocía. Mientras más lo conocían, más lo veneraban. Esto generó una gran envidia en su malvado hermano Set. Mientras Osiris viajó a tierras lejanas, su esposa Isis gobernó Egipto. Set trató de tomar parte en el gobierno sin conseguirlo, pero cuando Osiris finalmente regresó, Set comenzó a pergeñar un plan para deshacerse de su hermano, el rey. Para lograr su objetivo Set consiguió asociarse con Aso, la reina de Etiopía y a un grupo de setenta y dos traidores. Luego, se tomo el trabajo de medir cuidadosamente y en el más absoluto secreto el cuerpo de su hermano y, con esas medidas mandó construir un cofre, ricamente tallado y adornado. Set, entonces, organizó un gran banquete donde invitó a su hermano Osiris y a los setenta y dos conspiradores. En medio de la fiesta, Set dijo divertido:- ¿Ven este riquísimo cofre? Se lo obsequiaré a quien cupiere de cuerpo entero en él. Los traidores formaron rápidamente una larga fila para medirse dentro, pero ninguno cupo. Cuando le llegó el turno a Osiris, que no sospechó en ningún momento de que estaba siendo víctima de una traición, se acostó adentro. Los conspiradores se abalanzaron sobre el cofre, clavaron la tapa y luego arrojaron plomo derretido, para evitar que pudiera quedar alguna abertura por donde Osiris pudiera respirar. Mas tarde cargaron el cofre con su preciosa carga hasta el río Nilo y lo arrojaron a sus aguas en la desembocadura del Tanaitic. Isis, recorre Egipto Cuando Isis se enteró de lo ocurrido, como muestra de dolor se vistió de negro y se cortó un mechón de cabello. Isis estaba convencida de que los muertos no podían descansar hasta que fueran sepultados y se celebraran los funerales con los ritos correspondientes, por esa razón, acompañada de su hijo Horus, también llamado Harpócrates, partió a buscar el cofre con los restos de su marido desaparecido. Al llegar a la isla de Buto, le rogó al rey Uadyet, que cuidara de Horus, ya que temía que el odio de Set, también alcanzara a su hijo. Luego partió a recorrer Egipto tratando de averiguar con cuanta persona se cruzara en su camino si alguien había visto el cofre, pero nadie sabía nada al respecto. Cuando estaba a punto de perder sus esperanzas, se le ocurrió preguntarle a un grupo de niños que jugaban alegremente a orillas del río. Ellos le respondieron que habían visto a Set y otros hombres arrojar un cofre cerca de la desembocadura del Tanaitic. Al enterarse, Isis corrió a visitar a su hermana Neftis para comentarle lo que habían dicho los niños. Al llegar a la casa, Isis vio las ramas de una planta medicinal que su marido Osiris usaba en su corona y que había dejado en casa de Neftis. Así descubrió que su marido había tenido relación con su hermana, confundiéndola con ella, ya que eran muy parecidas. De esa unión ilegítima, nació Anubis, pero Neftis lo mantuvo en secreto ocultándolo al nacer temiendo una posible represalia de Set. Isis, buscó a la criatura con la ayuda de unos perros y cuando lo encontró, lo cuidó y lo alimentó y a partir de ese momento, Anubis la acompaño siempre a todas partes cuidándola como si fuera su verdadero hijo. El árbol Tamarisco Isis, supo donde fue arrojado el cofre, pero no sabía si se había hundido en las aguas del Nilo o si la corriente del río lo había llevado lejos. Continuó recogiendo información y a través de sus poderes mágicos logró saber que el cofre había sido arrastrado por la corriente hasta Biblos y allí quedó depositado junto a un arbusto de tamarisco que creció hasta convertirse en un árbol gigantesco y que en su tronco quedó escondido el preciado cofre. Cuando el rey del lugar, Melcarthus, vio ese árbol tan espléndido, decidió talarlo y utilizar el tronco como columna para sostener el techo de su palacio. De ese modo y sin saberlo, Melcarthus tenía oculto en la columna de su mansión, el cuerpo del desaparecido rey Osiris. Isis, entonces, se dirigió a Biblos. Cuando llegó, se sentó al borde de una fuente mientras trenzaba sus cabellos. Al pasar por el lugar las doncellas de la reina, sintieron curiosidad por esa bella extranjera y se pusieron a conversar. Ella les respondió despidiendo perfume a flores de su boca. Tan subyugadas quedaron las doncellas con ese encuentro que corrieron a comunicárselo a la reina, e inmediatamente les pidió que la trajeran al palacio. Al verla, la reina también quedó impactada por su hermosura y por su gracia y la nombró de inmediato institutriz de su hijo menor. No olvidemos que Isis tenía poderes mágicos. Ella alimentaba al niño dándole a chupar uno de sus dedos. Por las noches, cuando todos dormían, echaba leña al fuego, luego depositaba al niño entre las llamas, sin que sufriera daño alguno. Mientras esto ocurría, Isis se transformaba en golondrina y así transfigurada, se dedicaba a cantar desconsolados lamentos por su marido desaparecido. Las doncellas informaron a la reina acerca de lo que ocurría cada noche y Astarte, procurando conocer la verdad, se escondió tras un cortinado para espiarla. Isis hizo como todas las noches, pero cuando arrojó al niño al fuego, la reina salió despavorida de su escondite para rescatar a su hijo de entre las llamas mientras gritaba:- ¿Que haces con mi hijo? ¿Acaso te has vuelto loca? Isis le respondió:- Tu hijo podría haber sido inmortal. Pero, gracias a tu acción le quitaste ese privilegio. Isis no tuvo más remedio que revelar su verdadera identidad y contar la trágica historia del rey Osiris. Luego le solicitó que le cediera la columna que contenía el cofre con el cuerpo del rey. Melcarthus accedió favorablemente y pronto Isis pudo llorar junto al cofre de su marido. Tiempo después, la diosa decidió llevar el cofre a Egipto por mar, acompañada por el hijo mayor de Melcarthus. Cuando llegó, creyendo estar a solas, abrió el cofre y se puso a llorar y a lamentarse, besando y acariciando el cadáver. Pero el príncipe estaba cerca. Cuando Isis lo descubrió, lo miró de tal modo que el príncipe cayó fulminado como si lo hubiera alcanzado un rayo. Isis, volvió a cerrar el cofre y lo escondió en uno de los pantanos del río Nilo. Set vuelve a atacar Por desgracia. El odio de Set, no conocía límites. Una noche que estaba cazando por los pantanos, descubrió el cofre. Tanta fue su rabia, que lo abrió, corto a su hermano en catorce pedazos y los distribuyó a lo largo del Nilo para que fueran alimento de los cocodrilos. Al descubrir este nuevo agravio hacia los restos de su esposo, Isis comenzó una nueva búsqueda, pero esta vez la acompañaba su hermana Neftis. Se subieron a un barco construido con juncos de pairo y emprendieron la travesía por el Nilo. La acompañaron en el viaje siete escorpiones que se dedicaron a protegerla. Los cocodrilos no tocaron los trozos del rey, que Isis pudo recuperar de a uno por vez, salvo el miembro viril que fue devorado por tres clases de peces, que a partir de entonces quedaron malditos para siempre. Cada vez que Isis recuperaba un trozo de su marido, lo envolvía en cera perfumada y se lo entregaba a los sacerdotes del lugar para que le rindiesen culto, como si estuviese vivo. Con sus poderes mágicos, Isis asemejó el miembro viril y más tarde reconstruyó el cuerpo por completo. Anubis lo embalsamó convirtiéndose en la primea momia de Egipto. Isis volvió a ocultarlo, y nadie hasta el día de hoy ha podido encontrarlo. Horus Luego de que Isis juntara todas las partes de su esposo Osiris, tomo la forma de un gran ave de presa y se posó sobre los despojos, batiendo sus alas hasta que con su aire benefactor insufló una vida renovada en Osiris. El esposo resucitado la tomó y la buena Isis quedó preñada de Horus, el hijo que habría de vengar al padre asesinado y restauraría el orden divino en Egipto. Pero, mientras llegaba el momento del nacimiento de Horus, Isis se ocultó de Set en los pantanosos terrenos del delta del Nilo. Osiris retornó al reino de los muertos, pero ya había dejado su semilla en Isis y de ella nació Horus felizmente en Jemnis. Con la presencia devota de su madre fue educado en el mayor de los secretos, preparándose con esmero y paciencia al sucesor del rey asesinado en su escondite del Delta, mientras la mágica Isis le cubría con la impenetrable coraza de sus conjuros, esperando hasta que llegase la hora de la venganza definitiva. Y esta hora llegó, pero la lucha entre Set y Horus iba a ser larga y angustiosa; una pelea que aparecía no tener fin, en la que uno y otro contendiente inflingían tanto daño como el que recibían de su adversario. Tan penoso era el combate, que Tot, el dios de la Luna y la divinidad del orden y la inteligencia, se apiadó de los combatientes e intervino para mediar en la disputa, llevando a ambos ante el tribunal de los dioses y haciendo comparecer también a Osiris, para que todos puedan oír las razones de uno y otros. El tribunal sentencia que en la causa entre Set y Osiris, sea Osiris quien recupere el reino que tuvo en vida, y añada a su corona la parte del país que originalmente correspondió a su hermano y asesino. En la larga y controvertida vista de la pugna entre Set y Horus, que duró nada menos que ochenta años, los jueces celestiales terminaron por fallar el pleito sobre los derechos sucesorios a favor de Horus. El hijo póstumo de Osiris recuperaba lo que correspondía por su linaje: la sucesión en el trono de Egipto. Así el hijo era reconocido por la divinidad como el soberano indiscutible, dentro de la tradición clásica que adjudicaba a los reyes y a los reinos un sentido de voluntad divina. Por estas dos sentencias Set pierde su poder, conquistado con malas artes, pero no es castigado, sino apartado del mundo; Set pasa a ser también una divinidad necesaria al ser acogido por Ra, divinidad solar, para que se ocupe en los cielos de alternar la noche con el día y deje que sean los reyes los que gobiernen sobre la tierra. Horus, a su vez, engendra cuatro hijos: Amsiti, Hapi, Tuemeft y Kevsnef; aunque no se especifica con exactitud quien puede ser la madre, si es que existe tal (hay quienes dicen que son hijos de Horus y su madre Isis). Estos hijos, que acompañarán a Osiris en los juicios a los muertos, también cuidan de los cuatro puntos cardinales, y se ocupan de velar por las necesidades y la salud de las entrañas de Osiris. Visita tambien:

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Mitología Griega - Primera Parte
InfoporAnónimo4/7/2012

La mitología griega está formada por un conjunto de leyendas que provienen de la religión de esta antigua civilización del Mediterráneo oriental. Los griegos, aunque no practicasen la religión, conocían estas historias, las cuales formaban parte de su acervo cultural. Los dioses del panteón griego adoptaban figuras humanas y personificaban las fuerzas del Universo; al igual que los hombres, los dioses helenos eran impredecibles, por eso unas veces tenían un estricto sentido de la justicia y otras eran crueles y vengativos; su favor se alcanzaba por medio de los sacrificios y de piedad, pero estos procedimientos no eran siempre efectivos puesto que los dioses eran muy volubles. LA CREACIÓN SEGÚN HESÍODO (Mito clásico): Según Hesíodo en un principio sólo existía el CAOS. Después emergió GEA (la tierra) surgida de TÁRTARO, tenebroso de las profundidades y EROS ( El amor) Caos: fue lo primero que existió. Es cabeza de una genealogía de dioses asociados a lo incorpóreo: Nix (la Noche) y Érebo son sus hijos, Éter y Hemera (el Día) sus nietos. Gea: es la diosa primigenia que personifica la Tierra en la mitología griega. Es una deidad primordial y ctónica en el antiguo panteón griego, considerada la Tierra Madre. Tartaro: en la mitología griega, el Tártaro es tanto una deidad como un lugar del Inframundo, más profundo incluso que el Hades. Es hermano de Caos,Gea y Eros, y padre de Tifón con Gea. También asevera que un yunque de bronce caerá desde el cielo durante nueve días hasta alcanzar la Tierra, y que tardará nueve días más en caer desde ahí al Tártaro. Eros: es una deidad primordial que encarna no solo la fuerza del amor erótico sino también el impulso creativo de la siempre floreciente naturaleza, la Luz primigenia que es responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos. En la Teogonía de Hesíodo, el más famoso de los mitos de creación griegos, Eros surgió tras el Caos primordial junto con Gea, la Tierra, y Tártaro, el Inframundo. Descendientes de Caos: Nix: (la Noche) nació del Caos. Con su hermano Érebo (Oscuridad), la Noche concibió a Éter (Puro brillo, Luminosidad) y Hemera (Día). Más tarde, por sí misma y sin intervención masculina, Nix engendró a Moros (Destino), Ker (Perdición), Tánatos (Muerte), Hipnos (Sueño), Geras (Vejez), Oizís (Dolor), Apate (Engaño), Némesis (Castigo merecido), Eris (Discordia), Filotes (Amistad, Ternura), Momo (Burla), las Hespérides (Hijas de la Tarde), los Oniros (los Sueños), las Keres (Espíritus de la destrucción y muerte) y las Moiras (Hados), correspondiéndose estas dos últimas con Ker y Moros respectivamente. En Grecia, la Noche rara vez es destinataria de cultos. De acuerdo con Pausanias, tenía un oráculo en la acrópolis de Megara. Erebo: dios primordial, personificación de la oscuridad y la sombra, que llenaba todos los rincones y agujeros del mundo. También se le llamaba Skotos. Se decía que sus densas nieblas de oscuridad rodeaban los bordes del mundo y llenaban los sombríos lugares subterráneos. Era descendiente de Caos solo, hermano de Nix y padre con ésta de Éter y Hemera (según Hesíodo) Eter: es el aire superior luminoso, también llamado Akmon (El cenit) o Akmê (el incansable). Era un Protogenos (uno de los dioses elementales primogénitos), es el dios luminoso, brillando azul en lo alto del cielo. Sobre él estaba el domo sólido de Urano (el cielo estrellado), Debajo de él se encontraba el transparente aire (Kaos-Aer). Por la tarde su madre Nyx cubría con su velo de oscuridad separando a Éter y a Aer trayendo la noche a los hombres.En la mañana su hermana y esposa Hemera dispersaba este velo revelando el azul brillante del día. Hemera: Hemera era otra Protogenos, diosa prístina del día. Ella era una hija de Érebo (dios de la Oscuridad) y Nyx (diosa de la noche), la hermana y esposa de Eter (dios de la Luz). Por las tardes, su madre Nyx cubre la tierra con un velo de oscuridad impidiendo que la luz de la atmósfera brillante de su hijo Eter baje al aire de tierra, trayendo la noche al mundo. Cada mañana Hemera dispersa el velo de noche, bañando la tierra de nuevo en la luz brillante de cielo. En las cosmogologías antiguas, el concepto de la sustancia del día era distinto y bastante independiente del sol. Moro: personificación masculina del destino, la suerte y de la condenación inminente.Moros era invisible y oscuro.Se dice que todos los demás dioses estaban sometidos a Moros, y que era el único poder al que tenía que someterse Zeus, el más poderoso de ellos. Sus leyes estaban escritas en un lugar al que los dioses podían acudir a consultarlas. Sus ministras eran las tres Moiras, personificaciones femeninas del destino. Tanatos: personificación de la muerte no violenta. Su toque era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre, las Keres, asiduas al campo de batalla. Era una criatura de una oscuridad escalofriante usualmente representada como un joven alado con una tea encendida en la mano que se le apaga o se le cae. Hpinos: personificación del sueño.Era hermano gemelo (o hermanastro) de Tánatos, la muerte no violenta. Su palacio era una cueva oscura donde el sol nunca brillaba Geras era el daimon que personificaba la vejez y que era tenido como compañero y preludio inevitable de Tánatos, la muerte. Oizís era una daimon o espíritu que personificaba la angustia, la miseria y la tristeza. Apate: una de los daimones, que personificaba el engaño, el dolo o fraude. Fue, junto a su correspondiente masculino Dolos (el daimon de los ardides y las malas artes), uno de los espíritus que salieron de la caja de Pandora. Colgando de su cinturón (también cretense) estaban todos los trucos y artimañas que usaba la humanidad, sus perjurios, artificios y embaucamientos. Némesis (llamada Ramnusia, la ‘diosa de Ramnonte’ en su santuario de esta ciudad) es la diosa de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. Castigaba a los que no obedecían a aquellas personas que tenían derecho a mandarlas y, sobre todo, a los hijos desobedientes a sus padres. Recibía los votos y juramentos secretos de su amor y vengaba a los amantes infelices o desgraciados por el perjurio o infidelidad de su amante. Eris: es la diosa de la discordia. La leyenda mas famosa protagonizada por Eris, cuenta como inicio la guerra de Troya. Filotes: era una daimon que personificaba la amistad y el cariño, pudiendo ser también el físico, el sexo. Momo: la personificación del sarcasmo, las burlas y la agudeza irónica. Era el dios de los escritores y poetas, un espíritu de inculpación malintencionada y crítica injusta. Hespérides: Las ninfas del atardecer Oniros eran las mil personificaciones de los sueños. Moiras: eran personificaciones del destino. Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte Keres: (en singular, Ker) eran espíritus femeninos de la muerte. Eran descritas como seres oscuros, con dientes y garras rechinantes, sedientos de sangre humana. Sobrevolaban el campo de batalla buscando hombres moribundos o heridos. Descendientes de Gea Hijos de Gea: Urano: es el dios primordial del cielo. En la mitología griega era personificado como hijo y esposo de Gea, la Madre Tierra. Ambos fueron ancestros de la mayoría de los dioses griegos, pero ningún culto dirigido directamente a Urano sobrevivió hasta la época clásica Ponto: era un antiguo dios del mar preolímpico, hijo de Gea, la Tierra, y hermano de Urano. Hesíodo cuenta que Gea engendró a Ponto por sí misma, sin emparejarse. Para él, Ponto parece poco más que una personificación del mar. Higino afirmaba que fue hijo de Gea con Éter, el Aire. De la unión entre Gea y Urano Hecatónquiros: Los Hecatónquiros o Hecatónqueros, conocidos también como Centimanos (del latín Centimani), eran gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas, hijos de Gea y Urano. Su padre los arrojó al Tártaro, pero fueron rescatados por Crono, al que ayudaron a castrar y derrocar a Urano. Tras ayudar a Crono, éste les encerró de nuevo en el Tártaro, donde permanecieron guardados por Campe hasta que Zeus los rescató. Durante la Guerra de los Titanes, arrojaban rocas de cien en cien a los Titanes. Al terminar la guerra los Hecatónquiros se establecieron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde Zeus había encerrado a los Titanes. En la Ilíada hay una historia, que no se encuentra en ningún otro sitio, que cuenta que en algún momento los dioses estaban intentando derrocar a Zeus, y éste llegó a ser encadenado por Hera, Atenea y Poseidón, pero fracasaron cuando Tetis invocó a los Hecatónquiros y éstos acudieron en su ayuda. A veces se les considera deidades del mar, y puede que provengan de los pentekonter, barcos con cincuenta remeros. Los Hecatónquiros eran Briareo (‘fuerte’), Giges y Coto. Homero también se refirió a Briareo como Egeón (‘cabruno’), si bien éste era también el nombre de un dios del mar diferente. Cíclopes: Eran gigantes con un solo ojo en mitad de la frente y un temperamento horrible. Según Hesíodo eran fuertes, testarudos, y de «bruscas emociones». Con el tiempo, sus nombres llegaron a ser sinónimo de fuerza y poder, y se usaban para referirse a armas especialmente bien manufacturadas. Fueron tres: Brontes, Estéropes y Arges (aunque algunas fuentes cambian a Arges por Acmónides o Piracmón). Había también otros cuatro llamados Euríalo, Elatreo, Traquio y Halimedes, que presumiblemente eran hijos de los tres primeros. Urano temía su fuerza y los encerró en el Tártaro. Más tarde Crono, otro hijo de Urano y Gea, liberó a los Cíclopes, junto con los Hecatónquiros y los Gigantes. Le ayudaron a derrocar y castrar a Urano, pero Crono los volvió a encarcelar en Tártaro, donde permanecieron, guardados por Campe, hasta que Zeus los liberó. Forjaron rayos para que Zeus los usase como arma y le ayudaron en la guerra para derrocar a Crono y a los otros Titanes (Titanomaquia). Los rayos que se convirtieron en el arma predilecta de Zeus fueron forjados por los tres Cíclopes: Arges ponía el brillo, Brontes el trueno, y Estéropes el relámpago. Titanes: Los Titanes, cuentas Hesiodo, son doce: seis hombres (Titanes): Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Cronos; y seis mujeres (Titánides): Febe, Mnemósine, Rea, Temis, Tetis y Tea. A menudo llamados los antiguos dioses, fueron durante mucho tiempo los dueños supremos del universo. Cronos: Hijo último de los doce titanes. Cronos fue el único que acudió a la llamada de su madre, cuando Gea, para poner fin a su propia esclavitud, decidió revelarse contra Urano. Cronos se reveló contra su padre, lo decapitó, lo excluyó del poder y se apoderó de su sucesión. Desde ese momento se instala en el gobierno del mundo la raza de los Titanes. Cronos, con su hermana Rhéa, tendrá seis niños: tres chicas (Hestia, Déméter, Héra) y tres chicos (Hadès, Poseidón y Zeus). Pero Cronos, por miedo a ser destronado por uno de sus hijos, se los comía a todos ellos desde el mismo momento del nacimiento. Excepto Zeus que se escapó y que más tarde le destronaría obligándole a vomitar a sus hijos. Océano: El mayor de los Titanes, Océano, no debe ser confundido con Pontos, el dios Mar. Océano representa, más allá del mar, el flujo ancho, lo que los antiguos griegos imaginaban como “los torbellinos profundos". Jápeto: Según la Ilíada de Homero, Jápeto fue precipitado al Tartaro en el momento de la guerra de los Titanes contra Zeus. Hiperión: "el de arriba, el que mira desde arriba". Unido con su hermana Tea, tendrá de ella tres niños: Hélios (el Sol), Séléné (la Luna) y Eôs (la Aurora). Muchas veces se confunde a este Titán con el sol. Rea: "la de los bellos cabellos". Después de la castración de su padre Uranos, se une a su hermano Cronos. Ambos gobernarán el mundo. Temis: A veces se confunde con su madre, Gea, ya que como ella, es una divinidad nutricia y profética. Diosa de la justicia y que encarna la ley, fue la segunda esposa de Zeus. De este matrimonio nacieron tres Horas: Eunomia (la Disciplina), Diké (Justicia) y Eirene (la Paz) Mnémosine: Ella es la diosa de la Memoria y fue considerado mucho tiempo como la sola que controla el desarrollo del tiempo. Esposa de Zeus compartió su lecho nueve noches consecutivas y así engendró a las nueves musas. Febe: “la de la corona de oro”. Esposa de su hermano Ceo. Ella le dio a dos chicas: Asteria y Leto. En la tierra recibía los nombres de Diana o Delia, en el cielo se le daba el nombre de Luna o Febe. La llamaban Luna porque aparecía representada con una media luna en su frente Tetis: Se une con su hermano Océanos el mayor de los Titanes. Ella pondrá en el mundo los tres mil ríos y las tres mil ninfas de las aguas (Oceánides). De su nieto Atlas, Tetis concebirá a la ninfa Calipso, personificación de las profundidades marinas. Tea: era la Titánide de la vista y por extensión la diosa que dotaba al oro, la plata y las gemas con su brillo y valor intrínseco. Ceo: era el Titán de la inteligencia. Junto con su esposa, que representaba el centro de la Tierra (entendida como un disco plano), despuntó como uno de los primeros dioses proféticos, siendo Ceo el portavoz de la sabiduría de su padre Urano y Febe la de su madre Gea. En este sentido sus dos hijas representaban las dos ramas de la clarividencia: Leto y su hijo Apolo presiden el poder profético de la luz y el cielo, mientras que Asteria y su hija Hécate lo hacen del de la noche, la oscuridad ctónica y los espíritus de los muertos. Crío: Fue padre con Euribia, hija de Gea (la Tierra) y Ponto (el Mar), de Astreo y Palas, además de Perses. De la unión de Astreo con Eos (la Aurora) nacieron Eósforo, las otras Estrellas y los Vientos. Por extensión, se conoce también con el nombre de Titanes a algunos de los descendientes de los de primera generación: Asteria: hija de Ceo y Febe. Astrea: diosa de la justicia, predecesora de Dice. Astreo: padre de los vientos y las estrellas errantes. Atlas: castigado a sostener sobre sus hombros con los pilares que mantenían la tierra separada de los cielos. Eos: la aurora. Eósforo: la estrella de la mañana y de la tarde (Venus). Epimeteo: hermano de Prometeo, progenitores de la humanidad. Helios: el sol. Leto: madre de Apolo y Artemisa. Menecio: hijo de Jápeto y Asia. Palas: dios de la sabiduría. Perses: hijo de Crío y Euribia. Prometeo: el amigo de los mortales y creador de la humanidad (junto con Epimeteo) robó el fuego de los dioses para dárselo a los hombres. Selene: diosa de la luna. Titán: hermano de Helios y dios (quizá) del calendario anual. Otros miembros de la segunda generación no suelen ser llamados Titanes: Caanto: hermano de Melia. Dione y Metis: que se suelen considerar oceánides. Los Oceánidas o dioses-río. Las Oceánides, ninfas marinas. Pico: rey del Lacio. Quirón: el centauro. Generación incierta Hay algunos Titanes de los que no se sabe a qué generación pertenecen: Ánito: uno de los que criaron a la Señora, hija de Deméter. Lelanto: padre con la oceánide Peribea de Aura, una cazadora frigia. Titanis: considerada por algunos madre de Temis. Titanomaquia El marco para esta importante batalla fue creado después de que el titán más joven, Crono, derrocase a su propio padre, Urano (dios del Cielo y gobernante del universo), con la ayuda de su madre, Gea (la Tierra). Crono castró entonces a su padre, se apoderó de su trono y liberó a sus hermanos titanes, que habían sido encerrados en el Tártaro bajo el reinado tiránico y egoísta de Urano. Sin embargo, cuando era usurpado, Urano profetizó que los propios hijos de Crono se rebelarían contra su gobierno de la misma forma que él y sus hermanos habían hecho. Por miedo de que sus futuros hijos se rebelasen contra él, Crono se convirtió en el terrible rey que su padre Urano había sido, tragando enteros a sus hijos a medida que nacían de su esposa (y hermana) Rea. Sin embargo, según una leyenda arcadia recogida por el geógrafo griego Pausanias, ésta logró esconder a su quinto y sexto hijos, Poseidón y Zeus, diciéndole que había dado a luz un caballo y le dio un potro para que se lo comiera en lugar de Poseidón, y en lugar de Zeus le entregó una piedra envuelta en pañales. Rea llevó a Zeus a una cueva en la isla de Creta, donde éste fue criado por los Curetes y las ninfas Adrastea e Ida. Cuando Zeus se hizo mayor, Metis dio a Crono una poción especial, que provocó que éste vomitara a los hijos que se había tragado. Zeus los llevó entonces a la rebelión contra los Titanes. Entonces los Olímpicos, guiados por Zeus, declararon la guerra a la anterior generación de deidades, los Titanes. Éstos fueron encabezados por Crono e incluían a Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Atlas y Menecio. Los Olímpicos eran guiados por Zeus e incluían a Hestia, Hera, Deméter, Hades y Poseidón. Probablemente Estigia y sus hijos también lucharon en el bando de los Olímpicos. Además, los Hecatónquiros y los Cíclopes, que habían sido encarcelados por Crono, ayudaron a los Olímpicos. Se decía que los Hecatónquiros ayudaron a los Olímpicos arrojando enormes piedras a los Titanes, de cien en cien. Los Cíclopes ayudaron fabricando las famosas armas de Zeus, los rayos. Habiendo logrado por fin la victoria tras toda una década de guerra, los Olímpicos dividieron el botín entre ellos, otorgando el dominio del cielo a Zeus, el del mar a Poseidón, y el del inframundo a Hades. Procedieron entonces a encerrar a los derrotados Titanes en el Tártaro, las más hondas profundidades del inframundo. Sin embargo, dado que durante la guerra Océano y las Titánides, es decir, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis, habían permanecido neutrales, no fueron castigadas por Zeus. Algunos otros titanes que no fueron encerrados en el Tártaro fueron Atlas, Crono, Epimeteo, Menecio y Prometeo. Zeus dio a Atlas un castigo diferente: Urano, el cielo, casi se había derrumbado sobre la tierra tras la guerra debido a la enorme lucha que había ocurrido bajo él, por lo que Zeus dispuso que Atlas sujetase los cielos por toda la eternidad. Epimeteo, Menecio y Prometeo cambiaron de bando y ayudaron a Zeus en la guerra, por lo que no fueron castigados. Sobre el destino de Crono existen al menos dos variantes míticas: la tradición más antigua, reflejada en ciertas fórmulas homéricas y hesiódicas (Ilíada, xiv, 274; xv, 225; Teogonía 850ss) supone que Crono habita en el Tártaro rodeado por el resto de los titanes. Una tradición posterior señala que Crono fue luego liberado por voluntad de Zeus, y que quedó reinando en las islas de los Bienaventurados. Esta versión queda atestiguada en una interpolación a Trabajos y días (169b-e ó 173a-e según las ediciones), y en algunos versos de Píndaro (Olímpica II, 70ss). Los Hecatónquiros quedaron montando guardia sobre los prisioneros. Gigantes los Gigantes eran una raza de hombres de grandes dimensiones y salvajes, gobernados por Eurimedonte, que moraba en el lejano oeste, en la isla de Trinacia. Pero fueron exterminados por el propio Eurimedonte debido a su insolencia hacia los dioses. Eran seres divinos, que surgieron de la sangre que Urano derramó sobre la Tierra, siendo pues Gea su madre. Para ser más precisos, nacieron con sus hermanos y hermanas, las Erinias y las Melíades, cuando Crono castró a Urano, su padre, y la sangre de éste cayó sobre Gea. Gigantomaquia La Gigantomaquia es un episodio de la mitología griega, que sigue a la Titanomaquia. Zeus había encerrado a los Titanes en el Tártaro. Gea, su abuela, madre de Cronos y Rea, se enfadó y engendró, con Urano, a los Gigantes, que entablaron combate contra los dioses olímpicos. Los dioses olímpicos conocían un oráculo que decía que los Gigantes no podrían morir a manos de los dioses a no ser que un mortal luchara al lado de estos, por lo que Zeus hizo llamar, por medio de Atenea, a Heracles. A su vez, Gea fabricó un brebaje que impedía también que los Gigantes pudieran morir a manos de los mortales. Al saber esta situación, Zeus impidió que Helios, Selene y Eos se levantasen y consiguió destruir el brebaje La batalla se libró donde habitaban los Gigantes, en Flegra (‘tierra ardiente’). Los comandantes fueron Eurimedonte, Alcioneo y Porfirión. Los dioses reunidos sufrieron un primer asalto. Los Gigantes avanzaron esgrimiendo antorchas hechas de troncos de robles y arrojando picos y rocas. Heracles atacó primero a Alcioneo, atravesándolo con una de sus flechas envenenadas. El gigante sólo era inmortal sobre su tierra natal, por que Heracles lo arrastró lejos de ella. Se dice también que, al heredar la fuerza de Zeus, lo mató partiéndole el cuello con sus manos. Porfirión intentó violar a Hera. Zeus lo fulminó y Heracles lo remató con otra flecha envenenada. Efialtes murió de un flechazo en cada ojo, uno de Apolo y otro de Heracles. Cuando Encélado abandonaba el campo de batalla, Atenea lo aplastó con la isla de Sicilia, donde quedó encarcelado. Su aliento de fuego surge del Etna. Según otras versiones Encélado fue muerto por Sileno. Palas fue vencido por Atenea, quien lo desolló para usar su piel (la égida) como armadura. Mimas fue sepultado por Hefesto bajo una masa de metal fundido, en la que sigue preso (el Vesubio). Polibotes fue enterrado por Poseidón, quien le arrojó un pedazo de la isla de Cos, dando así lugar a la nueva isla de Nisiros. Hipólito fue derrotado por Hermes, llevando éste un casco que le hacía invisible. Gración fue abatido por las flechas de Artemisa. Dioniso noqueó a Éurito con su tirso. Hécate quemó a Clitio con sus antorchas infernales. Armadas con sus mazas de bronce, las Moiras mataron a Agrio y Toante. Cada Gigante fue rematado por las flechas de Heracles empapadas en el veneno de la Hidra de Lerna, excepto los que quedaron presos bajo las islas. Visita tambien: Mitología Griega - Primera Parte Mitología Griega - Segunda Parte Mitología Griega - Tercera Parte ( Inframundo ) Mitos Griegos 1º Parte ( Los 12 trabajos de Heracles - Jason y los Argonautas - Edipo y la Esfinge ) Mitos Griegos 2º Parte ( Prometeo, Pandora y la raza humana - Fineo y las Arpías - Teseo y el Minotauro - Dédalo e Ícaro) Mitos Griegos 3º Parte (La guerra de Troya) Mitos Griegos 4º Parte ( La Odisea ) Mitos Griegos 5º Parte ( Perseo - Belerofonte ) Mitos Griegos 6º Parte ( Pélope - Orfeo - Leda y el cisne - Electra y Oreste ) Mitos Griegos 7º Parte (Marsias, el Satiro que desafió a Apolo - El rey Midas - Meleagro - Artemis y Acteón - Europa - El mito del andrógino) Mitos Griegos 8º Parte ( Eco y Narcizo - Atreo y Tiestes - El centauro Quirón ) Mitos Griegos 9º Parte ( Eros y Psique - Eneas )

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Relatos Mitológicos - Perseo y la Medusa
Relatos Mitológicos - Perseo y la Medusa
InfoporAnónimo6/27/2012

PERSEO Y LA MEDUSA Acrisio, rey de Argos, tuvo una hija a quien puso por nombre Dánae. Como no tenía ningún hijo varón, el rey decidió preguntar al oráculo qué debía hacer para conseguirlo. El oráculo le dijo: -No tendrás hijos varones pero tendrás en cambio un nieto que acabará con tu vida-. Para evitar este destino, Acrisio decidió encarcelar a su hija Dánae en una celda subterránea con puertas de bronce y custodiada por perros salvajes. Pero Zeus Olímpico, el padre de todos los dioses, se enamoró de Dánae y se burló de las precauciones de Acrisio logrando entrar en la prisión. Zeus tomó la forma de una lluvia de oro y cubrió de este modo a la joven dejándola encinta. Poco tiempo después, Dánae dio a luz a Perseo. Acrisio, al ver nacer a su nieto, temió por su vida: -¡Oh, fieles servidores! ¡Encerrad a mi hija Dánae y al niño Perseo en un arca de madera y arrojadla al mar!, -ordenó. Acrisio esperaba que las aguas acabaran con la vida del niño que estaba predestinado a asesinarlo. Zeus impidió que la pequeña nave fuera devorada por las aguas. El arca fue a la deriva hasta llegar a la isla de Serífea. Allí, un pescador la descubrió y la condujo a la playa. Cuando halló en su interior a Dánae y al pequeño Perseo los llevó a presencia del rey Polidectes. El rey los acogió en su casa y tiempo después desposó a Dánae y adoptó al niño como hijo propio. Sin embargo, al cumplir veinte años, Perseo se destacaba por su belleza y su bravura ganándose hasta tal punto el afecto del pueblo que Polidectes sintió que su propia gloria se oscurecía. -¡Oh, Perseo, hijo mío! -clamó Polidectes-. Heredarás seguramente este reino. Deberías por tanto aprovechar los años de tu juventud para llegar a él cubierto de gloria-. Las palabras del rey halagaron las ambiciones de Perseo que deseaba obtener triunfos y fama. -Sé que eres valiente, oh Perseo, -insistió el rey decidido a alejar de Serífea a su hijo adoptivo. -Te encomiendo por lo tanto conseguir un regalo especial para tu madre. Ve, hijo mío, y trae para ella la cabeza de Medusa. La Medusa era una de las tres Gorgonas, hijas de Forcis, dios del mar, la única mortal de las tres hermanas. Las Gorgonas, en vez de cabellos, tenían serpientes y por su asqueroso aspecto convertían en piedra a todos los que las contemplaban. Por esa razón, la misión que Polidectes había encomendado a Perseo era para el joven una muerte segura. A pesar del peligro que significaba, Perseo aceptó sin titubeos semejante tarea. -Atenea, hija mía, -llamó Zeus- acude con tu astucia en ayuda del arriesgado Perseo-. La diosa aprestó su vuelo para descender frente al valiente joven: -Oh, Perseo, -le aconsejó- interroga a las Grayas, hermanas de las Gorgonas. Ellas te indicarán el camino para hallar a Medusa. Antes de partir a su encuentro, invócame. Las Grayas eran viejas de nacimiento; tenían entre las tres un solo ojo y un solo diente, que compartían por turnos. Se negaron a escuchar a Perseo hasta que el joven se apoderó del diente y del ojo; para recuperarlos, las Grayas le señalaron a Perseo el camino que conducía a las Gorgonas. Antes de emprender el viaje, Perseo recordó el consejo de Atenea y la invocó. La diosa de claros ojos apareció ante él: -¡Oh, Perseo! Has de llevar contigo este escudo que he pulido; su superficie es brillante como un espejo. Sólo en él clava tus ojos para observar a Medusa y cortar su cabeza; si en cambio la miras de frente, quedarás convertido en piedra de inmediato. Hermes, mensajero de los dioses, ofreció también sus obsequios a Perseo: -jOh, valiente Perseo! ¡Calza en tus pies mis sandalias aladas y carga mi morral para guardar en él la cabeza de Medusa! Pero, sobre todo, no dejes de atar en tu cinto esta hoz de bronce, dura como el diamante, que ha sido tallada por los mismos dioses-. Provisto de estas armas e impulsado por las sandalias aladas, Perseo se trasladó al otro extremo del océano, no lejos del País de los Muertos, hasta la morada de Medusa, a la que halló sumida en un profundo sueño. El héroe fijó sus ojos en el reflejo del escudo y allí divisó a las tres Gorgonas, Medusa y sus hermanas, entre formas de hombres y fieras de piedra erosionadas por obra de la lluvia. Sus largos cabellos eran serpientes palpitantes que se movían como rizos agitados por el viento; sus cuerpos estaban cubiertos de escamas de dragón y largos colmillos de jabalí asomaban por sus bocas entreabiertas; tenían, las tres, manos de bronce y alas de oro. Perseo observó atentamente el reflejo de las Gorgonas en el pulido escudo y pudo descubrir, en una de ellas, los restos de una antigua belleza que la había llevado a competir con la diosa Atenea: esa era Medusa. Perseo se cruzó el morral, se ajustó las sandalias a los tobillos y alzó la hoz de bronce dura como el diamante que había recibido de manos de Hermes. Atenea guiaba a Perseo cuando él, siguiendo la imagen de Medusa que se reflejaba en el escudo como en un espejo, la decapitó y, sin mirarla, ocultó la cabeza del monstruo en el morral. Un manantial de sangre brotó del cuello descabezado de la Gorgona y un inmenso caballo dotado de amplias alas ascendió hacia el cielo: era Pegaso. Despertaron entonces las otras Gorgonas. Esteno, la menor, poseía una fuerza extraordinaria; al ver muerta a su hermana Medusa, extendió sus manos de bronce para atrapar a Perseo y no logró alcanzado porque él ya alzaba el veloz vuelo. Euriale, la mayor de las tres, intentó elevarse e ir tras él, pero el peso de sus alas de oro la dejó atada a las rocas. Perseo voló de regreso a la isla de Serífea dispuesto a entregar al rey Polidectes la cabeza de Medusa. Su vuelo duró largos días y lo llevó a aproximarse a las costas de Etiopía. Cefeo y su mujer Casiopea reinaban por entonces en Etiopía. Se dice que Cefeo había sido uno de los argonautas que acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro. Cefeo y Casiopea eran padres de una joven llamada Andrómeda, la más bella de las mortales. La reina estaba tan orgullosa de su belleza que se volvió arrogante. -¡Ah, Nereidas, ninfas del mar!-clamaba Casiopea-. ¡Os lamentaréis al miraros en el espejo de las aguas por no ser tan bellas como Andrómeda, mi hija, y como yo misma! Las Nereidas se enfurecieron con la reina Casiopea: -¡Oh, Poseidón, rey de los mares! -rogaron a su padre-o ¡No permitas que una mortal se burle de tus hijas! -¡Nereidas, hijas mías!, -respondió Poseidón-. Casiopea será castigada por no agradecer a los dioses que la han bendecido con tan gran belleza. Poseidón envió un diluvio sobre las tierras de Etiopía y un monstruo marino llamado Cetus asoló sus playas. Cefeo y Casiopea temieron que las aguas del diluvio y la maldad del monstruo destruyeran a su pueblo y consultaron al oráculo. -¡Oh, rey justo de las tierras etíopes! -indicó el oráculo-, Las aguas cesarán y el monstruo retornará a las profundidades del mar si puede llevar consigo tu hija Andrómeda. -¡Oh, amados y nobles padres míos! -sollozaba Andrómeda-. No dudéis en entregarle mi vida a Cetus si es que de ese modo salváis al pueblo de Etiopía-. Los reyes, viendo que esa era la única forma de proteger su reino sumidos en el dolor, decidieron encadenar a la hermosa Andrómeda a unas rocas de la costa para que Cetus la tomara de allí y la llevara consigo. Pero un joven héroe atravesaba en ese momento los cielos del país de los etíopes. Era Perseo que regresaba de cortar la cabeza de Medusa. Desde lo alto escuchó los lamentos de Andrómeda, la vio encadenada a las rocas y observó el desplazamiento del monstruo marino que se acercaba a ella. Se lanzó hacia abajo en picada. -jOh, bella princesa encadenada, cesa lamentos y cierra los ojos!, -exclamó con fuerte voz e insistió en ordenarl -¡No lo dudes, cierra tus ojos! Perseo cerró él mismo sus ojos al tiempo que descendía un poco más para aproximarse a la superficie de las aguas del mar. Extrajo entonces de su morral la cabeza de Medusa y se la mostró al monstruo. La bestia se al zaba en ese momento para devorar a Andrómeda. A la vista de Medusa, quedó al instante convertido en piedra. El héroe introdujo de nuevo la cabeza en el morral teniendo cuidado de que Andrómeda no la mirara. Descendió aún más en su vuelo y atravesó con su dura hoz una y otra vez aquel bloque de piedra. Una sangre espesa manaba de las heridas del monstruo y teñía la piedra enrojeciéndola hasta convertirla en un gigantesco bloque de coral que se sumergió sin remedio en las claras aguas del Mediterráneo. Después, se acercó Perseo a la princesa para liberarla de sus cadenas. Ella reveló quién era y los motivos de su sufrimiento e interrogó de este modo a Perseo: -¿Quién eres tú, joven héroe? ¡Dime cuál es tu nombre ya que con tal valentía me has salvado de caer en las garras de Cetus, el monstruo marino!-. Perseo dijo su nombre mientras clavaba sus ojos en los ojos de Andrómeda que, a su vez, lo miró. Al cruzar sus miradas, sintieron ambos que el amor encendía sus corazones. Cefeo y Casiopea, en el colmo de su alegría, abrazaron a Perseo como su salvador. -¡Perseo, valiente como un dios! -saludó el rey Cefeo-. Has salvado nuestro reino y recuperado a nuestra hija. ¿Cómo podremos recompensar tu heroísmo?-. -¡Oh, noble rey!, -respondió Perseo-permíteme desposar a tu hija, la bella Andrómeda, por quien mi corazón siente el amor más profundo. Al día siguiente se celebraron las bodas. Mientras se realizaba el banquete, llegó al palacio Fineo, hermano de Casiopea, a quien Andrómeda había sido prometida en matrimonio. El cobarde Fineo no había hecho nada por salvar a la princesa de las garras del monstruo marino, pero ahora que la veía libre venía a reclamar el cumplimiento del compromiso. Fineo entró rodeado por sus amigos, se dirigió hacia Perseo y lo retó: -¡Escucha, extranjero! -le dijo-. Has salvado a mi prometida Andrómeda de la fuerza de Cetus. j Si quieres ahora hacerla tu esposa, deberás volver a demostrar tu valentía ante mí y mis compañeros!-. Perseo no dudó en enfrentar sin temor a Fineo y sus compañeros. Empuñó su brillante hoz y luchó con ellos. Sin embargo, pronto comprendió que estaba a punto de ser derrotado por la superioridad numérica de los enemigos. Fue entonces cuando recordó que poseía un arma invencible. Tomó la hoz con la mano izquierda para detener los ataques al tiempo que elevaba su brazo derecho y, sin mirar, extraía la cabeza de Medusa del morral que siempre llevaba sobre su espalda. Alzó el trofeo manteniendo los ojos fijos en la punta de sus propias sandalias y puso aquella horrible visión ante sus atacantes. Fineo y sus secuaces quedaron irremediablemente transformados en fría roca. Pero Casiopea, olvidando que Perseo era el salvador de su hija, sintió grandes deseos de vengar a su hermano e intentó conspirar contra la vida del joven. Zeus mismo protegió esta vez a su hijo de tan injusta traición salvándolo de la muerte. El padre de los dioses lanzó su aliento e hizo que el soplo elevara al cielo la imagen de la reina Casiopea. Al verl allí, Poseidón recordó la arrogancia de la reina y la colocó sentada en su trono de tal modo que, en algunas estaciones del año, se la puede contemplar cabeza abajo en los cielos, con un aspecto ridículo, como castigo por haber osado considerarse más bella que las Nereidas. Perseo decidió retornar a la isla Serífea acompañado por su esposa Andrómeda. Al llegar a las playas de la isla que consideraba su patria, sus amigos se acercaron a él en secreto: -¡Valiente Perseo, amigo nuestro! -le informaron-. En tu ausencia, la fama de tus hazañas llegó a oídos de Polidectes, tu padre adoptivo, el rey. Su odio hacia ti lo ha hecho comportarse como un cruel tirano. -¡Oh, amigos fieles!, -los interrogó Perseo-.¿Qué ha sido entonces de Dánae, mi madre?-. Los amigos de Perseo le revelaron la verdad: -Tu madre, oh Perseo, ha debido esconderse en uno de los templos; de ese modo, evita que Polidectes vengue en ella su odio. Perseo comprendió una vez más que debería recurrir al arma que él mismo había obtenido con ayuda de Atenea. Se dirigió decididamente al palacio a pesar de los consejos de sus amigos, que intentaban protegerlo de Polidectes. Ingresó allí y sin dudarlo puso la cabeza de Medusa delante del rey y de sus amigos. Todos los que la vieron quedaron de inmediato convertidos en piedra. Dánae corrió hacia su amado hijo y lo abrazó llorando. Ella y Andrómeda permanecieron junto a Perseo cuando el pueblo entero de Serífea se aproximó al palacio, feliz por la muerte del tirano, para agradecer a su salvador. -¡Oh, Perseo!, habló uno de los más ancianos de los pobladores de Serífea-. ¡Sé tú nuestro rey ya que el mismo Polidectes te había proclamado su hijo adoptivo! Al reencontrarse con su madre después de haber sido capaz de realizar tan formidables hazañas, Perseo decidió que ya era tiempo de retornar a Argos, su verdadera patria, y no aceptó ser coronado rey. -jOh, pueblo de Serífea!, -exclamó Perseo-. Vive entre vosotros un hombre sabio y bondadoso que podrá guiar vuestro destino-. Perseo propuso como rey al pescador que lo había salvado de la muerte al rescatar de las aguas del mar el arca en la que había sido encerrado junto a Dánae. Antes de partir, Perseo invocó a su protectora, la diosa Atenea, y a Hermes, dispuesto a devolver a sus dueños el brillante escudo, las sandalias aladas, el morral y la dura hoz. Perseo sentía en su corazón un gran agradecimiento hacia los dioses que lo habían guiado en tan tremenda empresa. Antes de poner el morral en manos de Hermes, sacó de él la cabeza de Medusa: -¡Oh, Atenea, mi protectora!, -exclamó Perseo, tendiendo hacia la diosa el trofeo mientras alzaba su vista a los cielos-. ¡Aquí tienes la cabeza de Medusa, te pertenece, pues fue ella quien en su juventud osó comparar con la tuya su mortal belleza!-. La diosa extendió su fuerte brazo, tomó la cabeza y la puso en su escudo donde aún permanece. Perseo, Andrómeda y Dánae pusieron rumbo a Argos, de donde madre e hijo habían partido contra su voluntad más de veinte años antes. En Argos, el rey Acrisio, padre de Dánae y abuelo de Perseo, había sido despojado de su trono por Preto, su hermano. En cuanto arribó a su patria, Perseo supo lo ocurrido y dijo a Dánae, su madre: -¡Oh, madre! Enfrentaré a Preto, el usurpador, y lograré vencerlo. Si lo hago, recuperaré la confianza de mi abuelo que tanto me teme-. Nadie en Argos esperaba el regreso del nieto del rey. Por eso, el ataque de Perseo tomó a Preto por sorpresa y el joven héroe pudo derrotarlo. Acrisio, conocedor desde tiempo atrás de las hazañas de su nieto, olvidó por un momento las profecías del oráculo y salió a recibirlo decidido a reconciliarse con él: -Oh, Perseo, vencedor de Medusa -le dijo. -Abraza a tu abuelo de quien los dioses te han mantenido alejado tanto tiempo. Perseo, conmovido por el reencuentro, abrazó a Acrisio y le juró solemnemente que, así como había logrado realizar grandes hazañas, podría vencer el vaticinio del oráculo: -Oh, rey Acrisio, los dioses inmortales te concederán una vejez feliz, -dijo Perseo a su abuelo-. Permaneceré a tu lado; puedes confiar en que mi fuerte brazo te librará de todo infortunio. El rey Acrisio decidió celebrar el triunfo sobre su hermano Preto y el retorno de su hija y de su nieto. Para hacerlo, ordenó que se sirvieran suculentos banquetes y que ese mismo día se celebraran en Argos grandes juegos. Perseo tomó parte en los juegos pues todo el pueblo deseaba conocerlo. Durante una de las competencias, Perseo lanzó con fuerza el disco pero un viento repentino lo desvió de su recorrido. El disco fue a dar involuntariamente en el pecho del rey Acrisio, su abuelo, que presenciaba los juegos. Acrisio murió en el acto y se cumplió de ese modo el vaticinio que el rey había recibido del oráculo hacía muchos años. Al morir su abuelo, Perseo debía tomar posesión del reino de Argos. Sin embargo, luego de haber enterrado a Acrisio con los honores de un rey, Perseo habló así a su madre Dánae y a su esposa Andrómeda: -¡Oh, madre amada! ¡Oh, esposa! He podido atravesar los cielos hasta llegar casi al reino de los muertos. Me he atrevido a enfrentar a Medusa ya decapitarla. ¡Pero no he podido evitar dar muerte a mi abuelo! ¡Como un pobre mortal, no he logrado detener a mi propia mano que ha cumplido con lo que los dioses habían previsto para mí! Dánae y Andrómeda trataron en vano de consolar el corazón del héroe. Pero Perseo se sentía avergonzado de reclamar la herencia del hombre a quien él mismo había asesinado y de ocupar el trono de Argos. Megapantes, su primo, rey de Tirinto, le propuso entonces un trueque. Perseo aceptó: Megapantes reinó en Argos y Perseo en Tirinto donde muchos años después fundó la gloriosa Mecenas junto a su esposa Andrómeda. Perseo y Andrómeda permanecieron uno junto a otro y tuvieron seis hijos: Perses, Alceo, Méstor, Helo, Electrión y Esténelo y una hija, Gorgófene. Atenea, conmovida por la hermosa historia de amor entre Perseo y Andrómeda colocó sus imágenes unidas en el cielo. Cerca de ellas, observando atentamente, se puede descubrir a Casiopea y a Cefeo, al Pegaso, el caballo alado, y a Cetus, el monstruo marino. Cuando se descubre en el cielo la imagen de Perseo, se puede ver una curiosa estrella que brilla y se oscurece alternativamente: es Algol, el demonio, que representa la terrible cabeza de Medusa. Adaptacion: Mirta Torres Visita también:

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