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CONFUCIO, EL PRIMER MAESTRO Confucio es el nombre latinizado de la persona que se conoce en China como Kong Zi o señor Kong. Su apellido es Kong y su nombre personal, Qiu. Nació en el año 551 a.n.e. en el reino de Lu, en la parte sur de la actual provincia de Shangdon en el este de China. Sus antepasados habían sido miembros de la casa ducal del reino de Song, emparentado con la casa real de Shang, la dinastía que precedió a la Zhou. Debido a problemas políticos, antes del nacimiento de Confucio, la familia había perdido la categoría de nobleza y había emigrado a Lu. El más detallado relato de la vida de Confucio se halla en la biografía que comprende el capítulo XLVII del Shi Ji o Registros Históricos (la primera historia dinástica de China, compilada cerca del año 86 a.n.e.). Por esta biografía, sabemos que Confucio fue pobre en su juventud, que a los cincuenta años de edad entró al gobierno de Lu y más tarde llegó a ser funcionario de alto rango. Como resultado de una intriga política, sin embargo, pronto se vio obligado a renunciar a su puesto y pasó al exilio. Durante los trece años siguientes, viajó de un reino a otro, siempre con la esperanza de poder realizar su ideal de reforma política y social. Sin embargo, en ninguna parte tuvo éxito, y finalmente retornó ya viejo a Lu, donde murió tres años después, en el año 479 a.n.e. *La palabra “zi” o “señor” es un término de cortesía agregado a los nombres de la mayoría de los filósofos de la dinastía Zhou: como Zhuang Zi, Xun Zi, etc., que significan “señor Zhuang”, “señor Xun”, etc. TEMPLO Y RESIDENCIA DE CONFUCIO Confucio, fundador del confucianismo, es uno de los más grandes filósofos de la historia. El Templo, la Mansión y el Bosque o Cementerio de esta insigne figura de la antigua China se encuentran en Qufu, su pueblo natal, situado en el sur de la provincia de Shandong. Durante más de 2.000 años, estos lugares dedicados a la memoria de Confucio han sido testimonio de la veneración que hacia él sintieron los emperadores feudales y de la protección que estos dieron a su pensamiento. El complejo monumental de Qufu ocupa una posición preeminente no solo en la historia de China, sino también dentro de la civilización oriental. El conjunto formado por el Templo, la Mansión Familiar y el Cementerio de Confucio y sus Descendientes o Bosque de Zhisheng, se conocen abreviadamente como "las Tres Construcciones de Confucio". Este templo, considerado el primero de China en importancia, es también el mayor del país, dedicado a la celebración de ceremonias en homenaje a Confucio. En el 478 de antes de nuestra era (a.n.e) , es decir, un año después del fallecimiento del Gran Sabio, el rey del Estado de Lu ordenó reconstruir su antigua residencia y transformarla en un templo. En él, además de exponerse sus vestidos, su sombrero y sus vasijas sacrificiales, todos los años se celebraban ceremonias en su memoria. En aquel entonces, el templo solo constaba de tres salas. Pero a medida que el confucianismo iba afianzándose como pensamiento ortodoxo de la China feudal, los sucesivos emperadores fueron ampliándolo sin cesar, hasta convertirlo en uno de los complejos arquitectónicos más importantes del país. A comienzos del siglo XVIII, el emperador Yong Zheng, de la dinastía Qin, ordenó la mayor ampliación, con lo que el templo alcanzó sus dimensiones actuales. Su eje norte-sur mide más de un kilómetro, ocupa cerca de 100.000 metros cuadrados y cuenta con unas 500 habitaciones. Tales dimensiones, superadas únicamente por las del Palacio Imperial o Ciudad Prohibida de Beijing, convierten el Templo de Confucio en una excelente muestra de la arquitectura china antigua y, más concretamente, de los santuarios dedicados a la veneración de los antepasados. En general, las construcciones del templo se ciñen a las normas más exigentes de la arquitectura de la China feudal, es decir, al patrón del Palacio Imperial. La construcción principal se levanta en el eje norte-sur, a ambos lados del cual se distribuyen en elegante simetría las majestuosas construcciones complementarias. Además de la Sala Dacheng, en el recinto del templo hay 9 salones, 9 patios y 9 cámaras. En la china feudal, el uso del 9, la cifra impar más alta, estaba reservado exclusivamente al emperador, sobre todo en lo referente a construcciones. Quienes usurpaban ese derecho imperial se exponían a ser decapitados. Pero el Templo de Confucio constituye una excepción. Su sala principal, por ejemplo, tiene 5 puertas, símbolo de la máxima cortesía feudal. En efecto, ese número de puertas solamente podían tenerlo los edificios de la familia imperial, como los que se encuentran en la Ciudad Prohibida de Beijing. El centro del Templo de Confucio es la Sala Dacheng. De 30 metros de alto y 50 de ancho, está cubierta con brillantes tejas doradas. Incluida entre las "Tres Salas Antiguas de China", rivaliza con la Sala del Trono Dorado del Palacio Imperial. En su interior, lo que más llama la atención son las 10 columnas labradas con dragones enroscados de diferentes formas y en diversas posturas. Esas impresionantes columnas de 6 metros de altura están compuestas por 10 bloques de piedra de casi un metro de diámetro finamente esculpidos. Antes estos verdaderos tesoros de la antigua escultura en piedra, palidecen incluso las columnas de dragones del Palacio Imperial de Beijing. Las más de 2.000 estelas que pueden admirarse en el Templo de Confucio constituyen uno de los grandes "bosques" de estelas de nuestro país. Las más de 50 grabadas con inscripciones imperiales dan una idea de la eminente posición ocupada por el "Primer Maestro" en la sociedad china feudal. Sus descendientes en línea directa vivieron en la Mansión de la Familia de Confucio, situada junto al Templo. Su tamaño solo es superado por el de los palacios imperiales de las dinastías Ming y Qin (1368-1911). La Mansión comenzó a construirse entre los siglos 12 y 13. Se trata de una típica residencia para el uso de los aristócratas y los terratenientes feudales. Levantada sobre una superficie de unos 50.000 metros cuadrados, cuenta con alrededor de 500 habitaciones. Su disposición es bastante peculiar: en la parte anterior se despachaban los asuntos públicos, mientras que la posterior se utilizaba como vivienda. La arquitectura y la decoración de las salas y salones llevan el sello inconfundible de los yamen o sedes oficiales de los funcionarios de las dos dinastías citadas. En la mansión se conservan infinidad de documentos antiguos muy valiosos, así como accesorios de vestido, utensilios de uso cotidiano y diversas reliquias culturales de gran valor histórico. El Cementerio de Confucio y sus Descendientes, denominado también "Bosque de Zhisheng", es el más antiguo, el más extenso y el mejor conservado de los cementerios familiares existentes en el mundo. Sus orígenes se remontan a hace unos 2.500 años. En sus aproximadamente 2 kilómetros cuadrados hay más de 100.000 tumbas y se conservan unas 5.000 lápidas y estelas con inscripciones en memoria de los difuntos. El Cementerio de Confucio y sus Descendientes posee un valor inapreciable para el estudio tanto del desarrollo político, económico y cultural de la China feudal, como de la evolución de las costumbres funerarias a lo largo de ese dilatado periodo histórico. El Templo, la Mansión y el Bosque o Cementerio de Confucio conforman uno de los bienes más reputados y de más rico contenido del patrimonio histórico y cultural de la humanidad; pero su valor se extiende también al ámbito de la protección del medio ambiente. Los más de 17.000 árboles milenarios que se yerguen en "las Tres Construcciones de Confucio", además de testigos privilegiados de su historia, son materiales de interés excepcional para el estudio de la evolución del clima y el medio ambiente. Todo ello fue motivo más que suficiente para que en 1994 la Unesco las incluyera en su Patrimonio Mundial. CONFUCIO Y SU DOCTRINA Al hablar de la cultura china tradicional es obligado referirse a Confucio, el fundador de la escuela confuciana. En la década de 1970, un erudito estadounidense elaboró una lista de los cien personajes más influyentes de la historia y lo situó en el quinto lugar, por detrás de Jesús y de Sakyamuni, conocido también como Buda. Pero si esa lista la hubiera confeccionado un chino, es muy probable que lo hubiera colocado a la cabeza. Y es que en mayor o menor medida todos los chinos han estado y siguen estando influidos por la doctrina confuciana. Durante más de dos milenios, la influencia de esta doctrina se ha reflejado no solo en la vida política y cultural de China, sino también en el quehacer cotidiano y el modo de pensar de sus habitantes. Algunos eruditos han llegado incluso a considerar que el confucianismo es una religión. Pero de hecho, este cuerpo doctrinal constituye tan solo una de las numerosas escuelas filosóficas de la antigua China, no una religión. A lo largo de los más de dos mil años en que rigió el feudalismo, la doctrina confuciana dictó el pensamiento oficial chino y gozó de un respeto sin parangón. Lejos de limitarse a China, la profunda y prolongada influencia del pensamiento de Confucio se extendió a otros países asiáticos. Hoy en día, debido al gran número de chinos repartidos por todo el mundo, esa influencia ha traspasado las fronteras de China y de Asia. Confucio vivió unos cien años antes que el eximio filósofo griego Aristóteles. A los tres años quedó huérfano de padre y se trasladó con su madre al Reino de Lu, situado en el este de China, en la actual provincia de Shandong. Se llamaba Kong Qiu, pero su nombre honorífico era Kongzi —es decir, Confucio—, ya que antiguamente el carácter zi (子, maestro) se añadía al apellido como título de respeto. La vida de Confucio transcurrió en las postrimería del Período de Primavera y Otoño (siglos VIII-V a. de C.), convulsa época en la que se produjo la disolución del tradicional régimen estatal y el surgimiento de numerosos estados independientes. El apodado “Gran Sabio” vivió en uno de ellos, el Reino de Lu, que era el culturalmente más avanzado. A pesar de haber recibido una esmerada educación —algo que en la antigua China era una prerrogativa de la nobleza—, jamás desempeñó cargos oficiales importantes; y lo que es aún más significativo, abolió dicho privilegio a su manera, es decir, aceptando a discípulos a los que instruía personalmente. Cualquier persona, con independencia de su extracción social, podía ingresar en la escuela de Confucio tras haberle entregado cierta cantidad de artículos en concepto de gastos de estudio. El insigne maestro difundía sus ideas políticas, éticas y morales entre sus alumnos. Se dice que tuvo más de 3000, algunos de los cuales llegaron a ser estudiosos tan brillantes como su maestro y difundieron ampliamente sus enseñanzas. ¿Pero por qué la doctrina confuciana se elevó a una posición hegemónica en la China feudal? No resulta fácil explicarlo con pocas palabras. A grandes rasgos, cabe decir que sus teorías sobre la estricta ordenación jerarquía de la sociedad y las transformaciones políticas se correspondían con los intereses de la clase gobernante y favorecían la estabilidad y el desarrollo social de la época. Consecuente con su énfasis en las rigurosas normas de conducta y la inalterabilidad del orden, Confucio consideraba pecados graves tanto la desobediencia del súbdito a su superior como la del hijo al padre. Según sus doctrinas, el jefe del estado debía gobernar bien y sus subordinados debían serle fieles. En diferentes circunstancias todos desempeñaban determinado rol —hijo, padre o súbdito— y en cada caso había que mantenerse dentro de los estrechos límites dictados por el respeto y la humildad. El cumplimiento de dichas normas aseguraba la paz del estado y la tranquilidad del pueblo. Tras su surgimiento, el confucianismo no se convirtió de inmediato en la principal corriente del pensamiento chino, sino que tuvo que esperar hasta el siglo II a. C., momento en que China se convirtió en un poderoso país unificado con el poder centralizado. Fue entonces cuando los gobernantes, después de comprobar la idoneidad de la teoría de Confucio para el mantenimiento de la estabilidad de la sociedad feudal, decidieron adoptarla como doctrina oficial. El pensamiento y las enseñanzas de Confucio se recopilaron en sus Analectas (Lunyu), cuyos veinte capítulos recogen principalmente las máximas del “Gran Sabio” y las breves discusiones que solía mantener con sus discípulos. Este libro fue para la antigua China lo mismo que la Biblia para Occidente. A los civiles se les recomienda que se comporten de acuerdo con lo expuesto en esta obra; y a quienes desean ser funcionarios y dedicarse a la política, se les aconseja que la estudien a fondo. Un antiguo dicho chino reza así: “Con la mitad de las Analectas podrás gobernar el país”; eso quiere decir que para gobernar bien un país basta con dominar la mitad de la teoría expuesta en este libro. En realidad, las Analectas, dejando aparte sus máximas y enseñanzas referidas a la lectura, la música, los viajes, la amistad y otros muchos temas, es una obra de rico contenido expresado con un lenguaje vívido que rezuma sabiduría. En uno de sus diálogos, un discípulo llamado Zi Gong pregunta a su maestro qué habría que hacer si uno se viera obligado a renunciar a una de estas tres cosas: el ejército, los cereales y el pueblo. Sin la menor vacilación, Confucio le respondió que habría que abandonar el ejército. Buena parte de la doctrina confuciana, pletórica de contenido, ha conservado su vigencia hasta nuestros días. Muchas de las máximas incluidas en las Analectas se han convertido en proverbios de uso cotidiano, como el que afirma: “Uno de mis tres compañeros de camino será mi maestro”; es decir, todos tenemos nuestros puntos fuertes y podemos aprender unos de otros. CONFUCIO Y LAS “SEIS OBRAS CLÁSICAS” De acuerdo a lo mencionado hasta el momento, el surgimiento de las escuelas filosóficas se inició con la práctica de la enseñanza privada. Según las conclusiones de los estudios modernos, Confucio fue la primera persona en la historia china en enseñar, a título personal, a un gran número de estudiantes, quienes lo acompañaban durante sus viajes por diferentes reinos. Según la tradición, él tuvo millares de estudiantes, decenas de los cuales llegaron a ser famosos pensadores y eruditos. Esa cifra es sin duda alguna, una grosera exageración, pero es indudable que él fue un maestro de gran influencia, y lo que es más importante y singular, el primer maestro privado de China. Tal como se menciona, sus ideas son perfectamente conocidas a través del Lun Yu o Analectas de Confucio, una colección de sus dichos dispersos compilada por algunos de sus discípulos. Confucio fue un ru y el fundador de la escuela de ru, que es conocida en Occidente como la escuela confuciana. Liu Xi escribió respecto de esta escuela que “se deleitó en el estudio de los Liu Yu y prestó atención a los temas de la benevolencia y la justicia “. El término liu yu significa “seis artes”, es decir, las seis artes liberales; pero más veces se ha traducido como “seis obras clásicas”. Las seis obras son el Yi o Libro de los cambios, el Shi o Libro de las Odas (poesía), el Shu o Libro de la Historia, el Li o Libro de los Rituales o Ritos, el Yue o Libro de la Música (ha dejado de mantenerse como una obra independiente) y el Chun Qiu o Anales de Primavera y Otoño, una crónica histórica del Estado de Lu, que cubre el período entre el 722 y el 479 a.n.e., año en que murió Confucio. La naturaleza de estos clásicos es clara, con excepción del Libro de los Cambios. Esta obra fue interpretada en tiempos posteriores por los confucianos como un tratado sobre la metafísica, pero originalmente fue un libro de adivinación. En cuanto a las relaciones de Confucio con las seis obras clásicas, hay dos escuelas de erudición tradicional. Una sostiene que Confucio fue el autor de todas estas obras, mientras que la otra insiste en que Confucio fue el autor de los Anales de Primavera y Otoño, el glosador del Libro de los Cambios, el reformador del Libro de los Rituales y del Libro de la Música, y el redactor del Libro de la Historia y del Libro de las Odas. Pero, en realidad, Confucio no fue autor, glosador, ni redactor de ninguna de las obras clásicas. En algunos aspectos, ciertamente, él era un conservador que defendía la tradición. En los ritos y la música, sí que trató de rectificar todas las desviaciones de las prácticas o estándares tradicionales, y hay ejemplos de esta conducta en el Lun Yu o Analectas. A juzgar por lo que se dice de él en las Analectas, sin embargo, Confucio no tuvo nunca la intención de escribir algo personalmente para las generaciones futuras. Escribir libros a título privado, en lugar de hacerlo a título oficial, fue una práctica que no apareció sino después de la época de Confucio. Él fue el primer maestro privado de China, pero no su primer escritor privado. Las seis obras clásicas existían antes de la época de Confucio, y eran la herencia cultural del pasado. Habían sido la base de la educación de los aristócratas durante los primeros siglos del feudalismo de la dinastía Zhou. Cuando el feudalismo comenzó a desintegrarse, sin embargo, aproximadamente en el siglo VII a.n.e., los maestros de los aristócratas, e incluso algunos de éstos, que habían perdido sus posiciones y títulos pero eran versados en las obras clásicas, empezaron a dispersarse entre el pueblo. Ellos se ganaban la vida enseñando las obras clásicas o actuando como experimentados ´”asistentes” en los ritos con ocasión de funerales, sacrificios, bodas y otras ceremonias. Ellos eran los ru o literatos. CONFUCIO COMO EDUCADOR Confucio, sin embargo, fue más que un ru en el sentido común de la palabra. Es cierto que en las Analectas encontramos a Confucio descrito meramente como un educador. Quería que sus discípulos fueran “hombres perfectos”, útiles para el Estado y la sociedad, y por lo tanto les enseñaba diversas ramas de conocimientos basados en las obras clásicas. Su primera función como maestro, según sintió él, era interpretar para sus discípulos la herencia cultural antigua. Por esta razón, en sus propias palabras, según consta en las Analectas, él era “un transmisor y no un originador” (Analectas, VII, 1. ). Pero este es sólo un aspecto de Confucio. El otro aspecto es que, cuando transmitía las tradicionales instituciones e ideas, Confucio les daba una interpretación derivada de sus propios conceptos morales. Esto se manifiesta en su interpretación de la vieja costumbre de que, a la muerte del padre o de la madre, el hijo lleva luto durante tres años. Confucio comentaba: “El niño no puede salir de los brazos de los padres sino cuando tiene tres años de edad. Por esta razón, el luto de tres años es observado en todo el mundo.” (Analectas, XVII, 21). En otras palabras, el hijo depende totalmente de sus padres durante por lo menos los tres primeros años de vida; por lo tanto, a la muerte de sus padres, debe llevar luto por ellos durante un lapso igual para expresarles su gratitud. Cuando enseñaba las obras clásicas, Confucio les daba nuevas interpretaciones. Así, al hablar del Libro de las Odas, subrayaba su valor moral diciendo: “En el Libro de las Odas hay trescientos poemas. Pero la esencia de ellos puede resumirse en una sola frase: "No se debe tener pensamientos perversos". (Analectas, II, 2.) De este modo Confucio fue más que un simple transmisor, pues, al transmitir, creaba algo nuevo. Este espíritu de creación a través de la transmisión fue perpetuado por los seguidores de Confucio, los cuales, al transmitir las obras clásicas de generación en generación, les dieron innumerables glosas e interpretaciones. Una gran parte de las que más tarde se llamaron las “Trece Obras Clásicas” fueron glosas y comentarios agregados a los textos originales. Esto es lo que separó a Confucio de los literatos ordinarios de su época, y le convirtió en el fundador de una nueva escuela. Como los seguidores de Confucio fueron al mismo tiempo eruditos y especialistas en las “Seis Obras Clásicas”, esta corriente fue conocida como la “escuela de los literatos”. LA RECTIFICACIÓN DE LOS NOMBRES Además de las nuevas interpretaciones que Confucio daba a las obras clásicas, él tenía sus propias ideas sobre el individuo y la sociedad, sobre el cielo y el hombre. Con respecto a la sociedad, Confucio sostenía que, para que existiera orden en la sociedad, lo más importante era llevar a cabo lo que él llamaba “la rectificación de los nombres”. Es decir, lograr que las cosas reales estuviesen de acuerdo con el significado de sus nombres. Cierta vez, un discípulo le preguntó qué es lo que haría primero si fuera a gobernar un Estado, a lo que Confucio replicó: “Lo primero que se necesita es la rectificación de los nombres” (Analectas, XIII, 3). En otra ocasión, uno de los duques de la época le preguntó a Confucio por el correcto principio de gobierno, a lo que él respondió: “Que el gobernante sea gobernante, el ministro ministro, el padre padre, y el hijo hijo.” (Analectas, III, 11). En otras palabras, cada nombre tiene ciertos significados que constituyen la esencia de la clase de cosas a la que ese nombre se aplica. Tales cosas, por consiguiente, deben concordar con sus esencia ideal. La esencia de un gobernante es lo que idealmente debe ser el gobernante, según lo que en chino se llama “la vía del gobernante”, entonces es realmente un gobernante, tanto de hecho como de nombre. Existe un acuerdo entre el nombre y la realidad. Si no actúa así, no es gobernante, aun cuando pueda ser popularmente considerado como tal. Cada nombre en las relaciones sociales encierra ciertas responsabilidades y deberes. Los términos “gobernante”, “ministro”, “padre” e “hijo” son nombres de esas relaciones sociales, y los individuos que llevan estos nombres deben cumplir con las responsabilidades y deberes que les corresponde. Este es el significado de la teoría de Confucio sobre la rectificación de los nombres. BENEVOLENCIA Y JUSTICIA Respecto a las virtudes del individuo, Confucio subrayaba la benevolencia y la justicia, especialmente la primera. La justicia (yi) es el “deber ser” de una situación. Es un imperativo categórico. Cada uno en la sociedad tiene ciertas cosas que debe hacer y que deben ser hechas por ellas mismas porque es moralmente correcto realizarlas. Sin embargo, si esas cosas se hacen sólo por otras consideraciones no morales, entonces aun cuando se haga lo que se debe hacer, la acción deja de ser justa. Usando una palabra que solía ser despreciada por Confucio y los confucianos posteriores, en el segundo caso se está actuando por “provecho”. Yi (justicia) y li (provecho) son, en el confucianismo, términos diametralmente opuestos. El propio Confucio dice. “El hombre superior concibe el yi; el hombre pequeño concibe el li.” (Analectas, IV, 16.) Aquí reside lo que los confucianos posteriores llamaban “distinción entre el yi y el li”, una distinción que ellos consideraban de la mayor importancia en la enseñanza moral. La idea del yi es más bien formal, pero la de ren (benevolencia) es mucho más concreta. La esencia formal de los deberes del hombre en la sociedad es su “deber ser”, porque todos estos deberes son los que debe cumplir. Pero la esencia material de estos deberes es “amar a otros”, o sea, ren o benevolencia. Cuando el padre actúa en la forma en que debe actuar un padre, ama a su hijo; el hijo que actúa en la forma en que debe actuar un hijo, ama a su padre. Confucio dice: “La benevolencia consiste en amar a otros.” (Analectas, XII, 22). El hombre que realmente ama a otros es un hombre capaz de cumplir con sus deberes en la sociedad. Así, en las Analectas vemos que Confucio usa a veces la palabra ren no sólo para denotar un tipo especial de virtud, sino también para denotar todas las virtudes combinadas, de modo que el término “hombre de ren” se convierte en sinónimo del hombre de todas las virtudes. En tales contextos, ren puede ser traducida como “virtud perfecta” . ZHONG Y SHU En las Analectas encontramos el siguiente pasaje: ´Cuando Zhong Gong preguntó por el significado de ren, el maestro dijo: “...No hacer con otros lo que tú no quieras para ti mismo...”´ (XII, 2). En las mismas Analectas, Confucio dice: “El hombre de ren es uno que, deseando sostenerse, sostiene a otros, y deseando desarrollarse, desarrolla a otros. Ser capaz de sacar de sí mismo la medida para el tratamiento de otros: esto puede ser llamado el camino de la práctica del ren.” (VI, 28). El principio fue llamado por alguno de los confucianos posteriores: “principio de aplicación de un cuadrado de medición”. Ello se refiere a que uno se usa a sí mismo como patrón para regular su conducta. En el Da Xue o Gran Estudio, que es un capítulo del Li Ji (Libro de los Ritos), una colección de tratados escritos por los confucianos en los siglos III y II a.n.e., se dice: “No uses lo que no te guste en tus superiores al emplear a tus inferiores. No uses lo que no te guste en tus inferiores al servir a tus superiores. No uses lo que no te guste en las personas que están delante para preceder a las que están detrás. No uses lo que no te guste en los que están detrás para seguir a los que están delante. No uses lo que no te guste en la derecha, para mostrarlo hacia la izquierda. No uses lo que no te guste en la izquierda, para mostrarlo hacia la derecha. Esto se llama principio de aplicar un cuadrado de medición.” En el Zhong Yong o Doctrina del Justo Medio, que es otro capítulo del Li Ji, atribuido a Zisi, nieto de Confucio, se señala: “Zhong y shu no está lejos de la vía. No hagas con otros lo que no quieras para ti mismo...Sirve a tu padre en la misma medida en que exijas a tu hijo...Sirve a tu gobernante en la misma medida que exijas a tu subordinado...Sirve a tu hermano mayor en la misma medida que exijas a tu hermano menor...Da el ejemplo procediendo con tus amigos en la misma medida en que les exijas...” La ilustración dada en el Gran Estudio subraya el aspecto negativo del principio de zhong y shu; la de la Doctrina del Justo Medio subraya su aspecto positivo. En cada caso el “cuadrado de medición” para determinar la conducta está en uno mismo y no en otras cosas. El principio de zhong y shu es, al mismo tiempo, el principio de ren, de modo que la práctica de zhong y shu significa la práctica de ren. Y esta práctica conduce a cumplir con las responsabilidades y deberes de uno en la sociedad, en lo cual está comprendido el yi o justicia. Por tanto el principio de zhong y shu se convierte en el alfa y el omega de la vida moral de uno. En las Analectas, leemos el siguiente pasaje: “El maestro dijo: ´Shen (el nombre personal de Zeng Zi, uno de sus discípulos), todas mis enseñanzas están vinculadas por un principio.´. ´Así es´, respondió Zeng Zi. Cuando el maestro había abandonado el cuarto, los discípulos preguntaron: ´¿Qué quería decir él?´. Zeng Zi replicó: ´La enseñanza de nuestro maestro consiste del principio de zhong y shu, y esto es todo´.”(IV, 15.) Cada uno tiene dentro de sí mismo el “cuadrado de medición” para la conducta, y puede usarlo en cualquier momento. Así de sencillo es el método de practicar el ren; y Confucio dijo: “¿Acaso es verdad que ren está lejos? Si deseo el re, ¡el ren está a la mano!” (Analectas, VII, 29). EL CONOCIMIENTO DEL MING Desde la idea de justicia, los confucianos dedujeron la idea de “hacer por nada”. Uno hace lo que debe hacer, simplemente porque hacerlo es moralmente correcto, y no por ninguna consideración ajena a esta compulsión moral. En las Analectas, leemos que Confucio fue ridiculizado por cierto ermitaño como “uno que sabe que no puede tener éxito, pero sigue tratando de hacerlo” (XIV, 41). También leemos que un discípulo de Confucio le dijo a otro ermitaño: “La razón por la cual el hombre superior trata de consagrarse a la política es que considera que esto es correcto, aun cuando esté muy consciente de que su principio no puede prevalecer.”(XVIII, 7). Como veremos, los taoístas enseñaban la teoría de “no hacer nada”, en tanto que los confucianos enseñaban la de “hacer por nada”. Según el confucianismo, un hombre no puede no hacer nada, porque cada hombre tiene algo que debe hacer. Sin embargo, lo que hace es “por nada”, porque el valor de hacer lo que se debe reside en el hacer en sí, y no en el resultado externo. La propia vida de Confucio es precisamente un buen ejemplo de esta enseñanza. Vivió en una época de gran desorden social y político, e hizo lo imposible para reformar el mundo. Viajaba por todas partes e, igual que Sócrates, conversaba con todos y cada uno. Aunque sus esfuerzos fueron en vano, no quedó nunca decepcionado. Sabía que no podía tener éxito, pero seguía tratando. Respecto de sí mismo, Confucio dijo: “Si mis principios van a prevalecer en el mundo, eso es ming. Si fracasan, también eso es ming” (Analectas, XIV, 38). Hacía todo lo que estaba a su alcance, pero el resultado lo dejaba al ming. Ming suele ser traducido como hado, destino o mandato. En otras palabras, lo concebía como una fuerza con propósito determinado. En el confucianismo posterior, sin embargo, ming significa simplemente la totalidad de las condiciones y fuerzas existentes del universo entero. Para el éxito externo de nuestra actividad, la cooperación de estas condiciones es siempre necesaria. Pero esta cooperación esta totalmente fuera de nuestro control. Por tanto, lo mejor que podemos hacer es tratar de realizar lo que sabemos que es necesario, sin tomar en consideración si en el proceso tendremos éxito o fracasaremos. Actuar en esta forma es “conocer el ming”. Conocer el ming es un importante requerimiento para ser un hombre superior en el sentido confuciano del término, de modo que Confucio dijo: “El que no conoce el ming no puede ser un hombre superior”. (Analectas, XX, 2). Así, conocer el ming significa reconocer la inevitabilidad del mundo como existe y, por lo tanto, hacer caso omiso del éxito o fracaso externos. Si podemos actuar de esta manera, en cierto sentido no fracasaremos nunca. Por consiguiente si cumplimos con nuestro deber, este deber está moralmente cumplido a través de nuestra propia acción, independientemente del éxito o fracaso externos de nuestra acción. Como resultado, siempre estaremos libres de ansias de éxito y de temores ante el fracaso, y así seremos felices. Por esto Confucio dijo: “Los ilustrados están libres de dudas; los virtuosos, de la inquietud; los valientes, del miedo.” (Analectas, IX, 28). Y de nuevo: “El hombre superior es siempre feliz; el hombre pequeño siempre está triste.” (Analectas, VII, 36). EL DESARROLLO ESPIRITUAL DE CONFUCIO En el Zhuangzi, vemos que los taoístas solían ridiculizar a Confucio como uno que se limitaba a la moralidad de la benevolencia y la justicia, siendo así consciente sólo de valores morales, y no del valor supramoral. Ellos estaban en lo correcto en apariencia, pero se equivocaban en realidad. Así, al hablar de su desarrollo espiritual, Confucio dijo: “A los quince años de edad, me concentré en el estudio. A los treinta años pude sostenerme. A los cuarenta no tenía dudas. A los cincuenta conocí el mandato del Cielo. A los sesenta fui obediente (a este mandato). A los setenta pude seguir los deseos de mi mente sin cruzar los límites (de lo correcto)”. (Analectas, III, 4). El “estudio” al que se refiere aquí Confucio no es lo que ahora llamamos estudio. En las Analectas, Confucio dijo: “Conságrate al Tao” (VII,6). Dijo también: “oir el tao en la mañana y luego morir por la noche, eso sería magnífico.” (IV, 9). Aquí tao significa la vía o la verdad. Fue este tao al que Confucio se consagró a los quince años de edad. Lo que ahora llamamos “estudio” significa incremento de nuestros conocimientos, pero el tao es aquello que nos permite elevar nuestra mente. Confucio también dijo: “Sostente en el li (ritos, ceremonias, conducta adecuada). “(Analectas, VIII, 8). Dijo también: “No conocer el li es no tener medios para sostenerse.” (XX, 3). Así, cuando Confucio afirma que a los treinta años pudo “sostenerse”, quiere decir que él comprendió el li y por tanto pudo tener una conducta adecuada. Su declaración de que a los cuarenta años no tenía dudas significa que entonces había llegado a ser un hombre ilustrado. Por tanto, como se cita líneas arriba, “los ilustrados están libres de dudas”. Hasta este momento de su vida, Confucio conoció tal vez sólo valores morales. Pero, entre los cincuenta y los sesenta años de edad, conoció el mandato del Cielo y se sometió a él. En otras palabras, entonces también conoció valores supramorales. Confucio en este aspecto fue similar a Sócrates. Sócrates pensaba que él había sido señalado por una divina orden para despertar a los griegos, y Confucio tuvo una conciencia similar de una misión divina. Por ejemplo, cuando enfrentó una amenaza de violencia física en un lugar llamado Kuang, Confucio dijo: “Si el Cielo hubiera deseado que sucumbiera la civilización, las generaciones que han existido (hasta el presente) no habrían podido participar en ella. Pero, cómo el Cielo no ha deseado que sucumba la civilización, ¿qué puede hacer conmigo la gente de Kuang?” (Analectas, IX, 5). Uno de sus contemporáneos también dijo: “Desde hace mucho el mundo está sin orden. Pero ahora el Cielo va a emplear al maestro como una campanada de atención.” (Analectas, III, 24). De este modo, al hacer lo que hacía, Confucio estaba convencido de que estaba siguiendo el mandato del Cielo y contaba con su apoyo; estaba consciente de valores más altos que los valores morales. El valor supramoral experimentado por Confucio, sin embargo, no era, como veremos, el mismo que el experimentado por los taoístas. Porque los últimos abandonaron enteramente la idea de un Cielo inteligente y con propósitos, y colocaron en su lugar una mística unión con un todo indiferenciado. El valor supramoral que ellos conocieron y experimentaron, por consiguiente, estaba libre de los conceptos ordinarios de las relaciones humanas. A los setenta años de edad, como se ha señalado arriba, Confucio permitió que su mente siguiera todo lo que deseaba, y todo lo que hacía era en sí naturalmente correcto. Sus acciones no necesitaban más guía consciente. Actuaba sin esfuerzo. Esto representa la última etapa en el desarrollo del sabio. LA POSICIÓN DE CONFUCIO EN LA HISTORIA CHINA Confucio es mejor conocido en Occidente que cualquier otro individuo chino. Pero, en la misma China, auque siempre famoso, su lugar en la historia ha cambiado considerablemente de un período a otro. Históricamente hablando, fue en un principio un maestro, esto es, sólo un maestro entre muchos. Pero después de su muerte, llegó gradualmente a ser el maestro, superior a todos los otros. Y en el siglo II a..e. fue elevado a un nivel más alto. Según muchos confucianos de esa época, Confucio había sido señalado por el Cielo para comenzar una nueva dinastía que seguiría a la Zhou. Aunque sin corona ni gobierno, se había convertido, hablando idealmente, en un rey que gobernaba todo el imperio. ¿Cómo se había producido esta evidente contradicción? Según esos confucianos, la razón podía encontrarse estudiando el significado esotérico supuestamente contenido en los Anales de Primavera y Otoño. Este libro, a ojos de ellos, no era una crónica del reino natal de Confucio (como lo fue en realidad), sino una importante obra política escrita por Confucio para expresar sus ideas éticas y políticas. Luego, en el siglo I a.n.e., Confucio llegó a ser considerado más que como un rey. Según mucha gente de esa época, él era un dios viviente entre los hombres- un ser divino que sabía que después de su época llegaría la dinastía Han (206 a.n.e.-220 n.e.) y, de acuerdo con eso, en los Anales de Primavera y Otoño, formuló un ideal político que era suficiente para que lo cumplieran los hombres de Han. Esta apoteosis fue el climax de la gloria de Confucio y, a mediados de la dinastía Han, el confucianismo pudo ser llamado “religión”. El tiempo de la glorificación, sin embargo, no duró mucho. Ya a comienzos del siglo I n.e., los confucianos de un tipo más racionalista empezaron a imponerse. Así, en tiempos posteriores, Confucio dejó de ser considerado como un ser divino, aunque su posición de el Maestro se mantuvo alta. Hasta fines del siglo XIX, en verdad, hubo un breve renacimiento de la teoría de que Confucio había sido divinamente nombrado como rey. Poco después, sin embargo, con la llegada de la república de China, su reputación cayó hasta que pasó a ser considerado como algo menos que el Maestro; y, en la actualidad, la mayoría de los chinos diría que primero fue un maestro, y ciertamente un gran maestro, pero no el único maestro. Confucio, no obstante, fue ya reconocido en su propia época como un hombre de conocimientos muy amplios. Por ejemplo, uno de sus contemporáneos dijo:”¡El maestro Kong es realmente grande! Sus conocimientos son tan amplios que no puede ser llamado por un solo nombre.” (Analectas, IX, 2). En las citas dadas antes, podemos ver que él mismo se consideraba heredero y perpetuador de la civilización antigua, y fue considerado por algunos de sus contemporáneos como tal. Con su obra de creación a través de la transmisión, condujo a su escuela a reinterpretar la civilización de la época previa a él. Defendió lo que consideraba lo mejor en el pasado, y creó una poderosa tradición que fue seguida hasta en los últimos años cuando, como en la misma época de Confucio, China volvió a enfrentar grandes cambios económicos y sociales. Además, él fue el primer maestro de China. De este modo, aunque históricamente hablando fue sólo un maestro, a lo mejor no es irrazonable que en tiempos posteriores sea considerado como el maestro.

Hace cuatro mil años, los egipcios ya contaban con médicos especializados a su servicio, desde dentistas hasta oculistas, que combinaban sus conocimientos físiológicos con las invocaciones mágicas Por Manuel Juaneda-Magdalena. Sociedades Española y Catalana de Egiptología Un oculista cura el ojo de un artesano. Copia de una pintura de la tumba de Ipuy. Desde la primera infancia, las enfermedades acechaban a los habitantes del Egipto faraónico, cuya esperanza de vida era de unos treinta y nueve años para los hombres y de treinta y cinco para las mujeres. La brevedad de esta existencia se debía a todo tipo de dolencias, para las que los textos de los «papiros médicos» ofrecían un compendio de recetas o prescripciones. Los desórdenes internos se explicaban por las anomalías detectadas en una anatomía humana de concepción muy simple, plasmada en el Tratado del corazón contenido en el famoso Papiro Ebers, fechado hacia 1500 a.C. La larga práctica de observación había permitido descubrir muy pronto la red venosa subcutánea, lo que abrió el camino a una teoría de los conductos (met o metu) que surcaban el cuerpo humano. Se creía que éstos, dispuestos de forma radial, comunicaban los orificios naturales y las extremidades con el corazón, y transportaban gases y fluidos vitales –aire, sangre, bilis, moco, orina, semen– al resto del organismo. La existencia de metu se prestaba a confusión, porque en ellos, además de vasos sanguíneos y otros conductos, se incluían tendones y ligamentos. Las causas de la enfermedad Los oculistas invocaban a dioses cuyos mitos estaban relacionados con el ojo. El más importante era Toth, que había curado el ojo del dios Horus. En la imagen, ojo de Horus. Amuleto procedente de la tumba de Tutankhamón. hacia 1337 a.c. En los papiros médicos hay muchas referencias a taponamientos u obstrucciones de metu a causa de torsiones o rigideces; otras veces se describe la disminución de su número, asociada a la vejez. Todo ello impedía o entorpecía el paso del «soplo vital», verdadero alimento para los hombres y los dioses: «En cuanto al aliento que entra en la nariz, en el corazón y en los pulmones, son ellos los que lo dan al cuerpo entero», dice el Papiro Ebers. Existía la idea de que la enfermedad implicaba la ocupación del cuerpo por seres extraños. Había seres demoníacos que perturbaban la salud al inocular su aliento envenenado en el cuerpo o en el espíritu del ser humano. Entre ellos figuraban los ujedu, que surgían de los aaa, líquidos malignos y pestilentes, y se manifestaban como gusanos. A este respecto, el Papiro Ebers ofrece un remedio «para matar a los ujedu y echar los líquidos aaa de un muerto o de una muerta que está en el interior del cuerpo de un hombre o de una mujer». Otros espíritus, como los setet, debían ser expulsados antes de acabar con ellos, pues si perecían dentro del cuerpo podían causar males aún mayores. La existencia de estos entes malignos explicaba las enfermedades. El hecho de que fuesen concebidos con aspecto vermiforme, de gusano, posiblemente tenía relación con los múltiples casos de enfermedades parasitarias que inspiraron imágenes repugnantes asimiladas con la putrefacción del cadáver. No es de extrañar que, como refieren los historiadores griegos Heródoto (Historias, II, 77) y Diodoro de Sicilia (Biblioteca histórica, I, 8), los egipcios fuesen muy dados a purgarse con ricino o a administrarse enemas purificadores, lo que hacían mediante un cuerno vaciado. A veces, la propia sangre podía tener un comportamiento destructor, similar a los elementos referidos, cuando era contaminada por vientos que entraban en el interior del cuerpo y la trasmutaban en algo maligno: «La sangre que come». En este caso, la sangre no cumplía con su función de unir los elementos vitales del organismo, lo que daba lugar a la enfermedad. El centro del ser humano Posible prótesis que reemplazaba el dedo gordo de un pie, fue hallada en Tebas, en el año 2000. Museo Egipcio, El Cairo. El estudio de las dolencias contribuyó a un mejor conocimiento de la anatomía humana. En El libro de los secretos del médico, párrafo con que se inicia el Tratado del corazón (y su variante del caso número 1 del Papiro Smith), se desvela un conocimiento celosamente guardado para los iniciados: un intento muy logrado de describir las funciones o fisiología del corazón, adornado con un lenguaje poético: el corazón «habla» a través de los latidos en los puntos extremos del cuerpo; sólo la habilidad del médico sabe buscarlos en los pulsos, mediante la palpación con sus dedos. Según el texto, la fuente de vida es el corazón, donde tienen su sede la conciencia, los sentimientos, el pensamiento, las emociones y la rectitud. Mediante su latido se valoran las oscilaciones del carácter de la persona y todo lo que ésta alberga de divino. «Cuando todo médico, todo sacerdote de [la diosa] Sekhmet o todo mago aplica su mano y sus dedos sobre la cabeza, sobre el occipucio, sobre las manos, sobre el lugar del corazón, los brazos y los pies; es el corazón al que examina, pues todos los miembros tienen sus vasos y el corazón habla en los vasos de cada parte del cuerpo». A pesar de lo dicho sobre el corazón, los médicos egipcios no tenían conocimientos avanzados de fisiología y anatomía. La observación de la descomposición de los cadáveres, junto con su experiencia en accidentes laborales y heridas militares, les permitió dar nombre a diferentes huesos (cráneo, vértebras, costillas, mandíbula, clavícula) y vísceras, pese a que nunca intuyeron la función de la mayoría de ellas. Aunque los embalsamadores demostraron su pericia en el arte de la disección, se interesaron poco por las relaciones entre los distintos órganos. Sin embargo, comprendieron que el hígado, el estómago, los intestinos y los pulmones eran tan indispensables que había que conservarlos para vivir en el Más Allá, por lo que se depositaban en los vasos canopes. El tabú de no abrir el cuerpo humano para el estudio médico se mantuvo hasta época ptolemaica, cuando Herófilo de Calcedonia, entre los siglos IV y III a.C., obtuvo autorización para diseccionar cadáveres e incluso practicar vivisecciones en reos, según refiere Celso en el proemio a De medicina (23-24). Recetas y conjuros El templo de Kom Ombo: dedicado a Sobek y a Haroeris (Horus el Viejo), era el destino de miles de peregrinos que realizaban consultas sobre su salud a Haroeris, el sanador. Uno de los pilares en los que se asentaba la noción de enfermedad y curación en Egipto era el mito. Algunos dioses se ocupaban de un órgano concreto. El remedio se imploraba mediante rezos y cánticos, y la súplica del médico ante la divinidad constituía el preámbulo de un tratamiento. A veces, el sanador buscaba la protección de la magia para esquivar el mal y la contaminación de los efluvios nefastos: «¡Oh, Isis ,Gran Maga! Libérame, desátame de toda cosa maligna y roja causada por un dios, por una diosa, un muerto, una muerta, un hombre o una mujer que venga en mi contra». Gracias al conocimiento del nombre secreto del mal, y mediante la intervención ante la divinidad, se lograba rechazar los elementos productores del desorden físico o psíquico. El recitado de las plegarias escritas o su impregnación por el agua lustral (la utilizada en ceremonias religiosas) producían el mismo efecto terapéutico y benéfico. El médico, pues, recurría a la ciencia y le añadía elementos rituales –desde invocaciones mágicas hasta el empleo de talismanes o amuletos– para lograr la curación. En Egipto convivían sin estridencias el tratamiento farmacológico con el rito y la plegaria mágica, complementándose mutuamente. Así lo vemos en algunas recetas médicas, como en un remedio del Papiro Ebers que contiene un encantamiento para eliminar el «exceso de agua en los ojos». Para ello se invocaba a los dioses Horus y Atum, y la súplica dirigida a ellos se recitaba sobre mineral de cobre (malaquita), miel y una planta de la familia del papiro. Junto al mito, el otro pilar de la medicina egipcia fue la enorme experiencia práctica debida a la observación de los enfermos y la enfermedad. El arte funerario nos enseña cómo ejercían su oficio los sanadores. En la tumba de Ipuy, en Deir el-Medina, un médico se esmera en reducir una luxación de hombro con la misma pericia que lo hace un traumatólogo hoy en día; en la misma escena, otro médico vierte gotas en el ojo de un trabajador o le extrae un cuerpo extraño... El médico era experto en la preparación de drogas, para lo que empleaba sustancias de procedencia variopinta que la tradición había consagrado por su eficacia, y las dosificaba de forma muy precisa. En el Papiro de Berlín, por ejemplo, se menciona en varios casos la leche de mujer como ingrediente, que, entre otros usos, se emplea en enemas para enfermedades del ano: «Remedio para un hombre que tiene un mal que presenta un peligro: leche humana: 5 ro; aceite de moringa: 5 ro; grasa/aceite: 25 ro; sal marina: 1/16; mucílago: 20 ro será vertido en el ano durante cuatro días» (la medida ro equivale a 14 mililitros). Médicos y magos Un sacerdote llamado Rom realiza una ofrenda; su cojera podría ser el más antiguo testimonio de la polio. Copia de una estela fechada hacia 1403-1365 a.C. El médico, sunu o sinu, era quien cumplía con el acto de la curación. No sabemos con certeza si existían escuelas de medicina, aunque lo más probable es que los conocimientos se transmitieran de padre a hijo, como en el resto de los oficios. Instituciones como la Casa de la Vida (Per Ankh), normalmente anexa a un templo o a palacio, pudieron servir como lugar de perfeccionamiento del saber médico. Los médicos laicos contaban desde antiguo con una organización jerárquica muy estricta, destacando por su prestigio los de palacio; les seguían los destinados a necrópolis, canteras y expediciones militares. Existía la especialización, según dejó constancia Heródoto: «La medicina se distribuye en Egipto de esta manera: cada médico trata una sola enfermedad, no varias». No era extraño que un mismo profesional acaparase dos o más especialidades distintas, sin relación aparente entre sí. Estando la magia íntimamente relacionada con la medicina, la presencia del mago era habitual; los sacerdotes del dios Heka y la diosa Selkis, por ejemplo, intervenían en las picaduras de arácnidos o escorpiones y mordeduras de serpiente. Conscientes de los remedios materiales y espirituales a su alcance, y del carácter de cada dolencia, los médicos egipcios contemplaban tres posibilidades en su diagnóstico: «Una enfermedad que yo trataré», en aquellos casos en que se preveía la curación de la persona enferma; «una enfermedad contra la que lucharé», es decir, un caso grave en el que el resultado del tratamiento se adivinaba incierto, y «una enfermedad con la que nada se puede hacer», en el caso de un desenlace fatal.
El emperador lidera las tropas: Trajano dirige al ejército durante las guerras entre romanos y dacios, en la actual Rumania. Calco de la columna Trajana. Museo de Historia, Bucarest. DAGLI ORTI / ART ARCHIVE Durante los más de veinte años que duraba su servicio, los legionarios vivían en campamentos de frontera, sometidos a una dura disciplina Por Fernando Lillo Redonet. Doctor en Filología Clásica y escritor, Historia NG nº 104 Un hombre que se enrola en el ejército cambia de vida por completo. Deja de ser alguien que toma sus propias decisiones y emprende una vida nueva, dejando atrás la anterior». Así explica el escritor Artemidoro el drástico cambio de vida que experimentaba quien se convertía en legionario romano. Lo cierto es que eran muchos los que aspiraban a emprender esa carrera, no sólo porque la demanda de soldados era importante –se necesitaban entre 7.500 y 10.000 nuevos reclutas cada año–, sino también porque ofrecía numerosos alicientes a los candidatos. La vida en el ejército garantizaba comida, alojamiento y un salario que, si bien no era superior al de un trabajador libre, sí tenía la ventaja de ser fijo. Existían también posibilidades de promoción interna, así como ciertos privilegios a la hora de enfrentarse a procesos judiciales, en los que la condición de soldado era sumamente ventajosa. Durante el servicio, el soldado podía aprender un oficio, e incluso a leer y a escribir, y recibía asimismo mejor atención médica que la media de los demás romanos. Además, confiaba en que al licenciarse recibiría una cantidad de dinero o un terreno. Los puestos de legionario estaban reservados a los ciudadanos, pero los que no lo eran podían alistarse en las tropas auxiliares con la esperanza de obtener la ciudadanía al término de su servicio. Naturalmente, había contrapartidas: el legionario debía someterse a las órdenes de los mandos, y soportar castigos corporales e incluso la pena capital sin grandes opciones de defensa. Tampoco podía casarse legalmente, aunque en la práctica muchos soldados tenían esposa e hijos no reconocidos oficialmente. Expertos en sitiar fortalezas: En el año 73 d.C., las legiones sitiaron la fortaleza de Masada, último reducto de los rebeldes judíos, que fue tomada gracias a la construcción de una gran rampa. GEORGE STEINMETZ / CORBIS La vida en el campamento Para ingresar en una legión había que cumplir una serie de requisitos, que verificaba el oficial encargado del reclutamiento. Como el servicio duraba veinticinco años, el candidato debía ser joven, en torno a los veinte años. Se prefería a hombres procedentes del campo, porque habían vivido en condiciones más duras y se creía que aguantarían más fácilmente los rigores de la vida militar. La altura ideal para un recluta de la primera cohorte o un jinete de caballería oscilaba entre 1,72 y 1,77 metros, aunque no se rechazaba a los que fueran algo más bajos, pero de complexión fuerte; a finales del Imperio la altura mínima bajó a 1,65 metros. También se requería cierta simpleza e ignorancia, con vistas a tener hombres que no cuestionasen las órdenes recibidas, pero también se buscaba a reclutas con educación en letras y números que ocupasen los puestos administrativos. Se valoraba a aquellos que habían ejercido una profesión que resultara útil para la vida del campamento, como herreros, carpinteros, carniceros y cazadores. Algunos se valían de cartas de recomendación escritas por personas influyentes en las que se ensalzaban sus habilidades. Tras el reclutamiento, el legionario era destinado a su unidad, generalmente en un campamento estable de mayor o menor tamaño situado en las fronteras del Imperio, donde viviría en un ambiente totalmente distinto al de un civil. Estos campamentos tenían una estructura común, si bien cada uno podía presentar sus propias particularidades. Su forma era rectangular y su extensión, de unas veinte o veinticinco hectáreas. Había dos calles principales: la via principalis, que atravesaba el campamento de lado a lado con entradas en los lados mayores del rectángulo; y la via praetoria, que iba de la entrada principal hasta el corazón del campamento, donde se cruzaba con la principalis. En esa intersección se situaban los principia, el cuartel general, sede administrativa del campamento. En el mismo punto podía haber una plaza central porticada y una basílica, así como el templo (aedes), el espacio más prestigioso, donde se guardaban altares, estatuas y bustos de los emperadores, y los estandartes y el águila de la legión. Junto a los principia estaba el praetorium, residencia del comandante, donde vivía con su familia y su séquito. Los tribunos también tenían viviendas propias, de mayor calidad que los barracones de centuriones y legionarios. El hospital era un edificio imprescindible, en el que se atendía a los soldados afectados por heridas de guerra o, más comúnmente, por enfermedades o accidentes laborales producto de su rutina diaria. Solía tener un patio central, en torno al cual se disponían los habitáculos para los enfermos y otras dependencias, y estaba atendido por médicos militares de mayor o menor profesionalidad. Los hallazgos de instrumental médico y las informaciones de recetas creadas por los médicos militares indican una calidad de atención superior a la que recibiría un civil que no tuviera los recursos necesarios para pagarse un médico particular. Los graneros, llamados horrea, estaban construidos sobre pilares o muros elevados para que los cereales y otros alimentos se conservaran frescos y a salvo de animales dañinos. Los soldados vivían en barracones de forma alargada. Cada uno de ellos acogía a una centuria, unos ochenta hombres, que a su vez se dividían en diez grupos de ocho. Cada uno de estos grupos, llamados contubernium, tenían asignadas dos pequeñas habitaciones, de cinco metros cuadrados cada una: una para los enseres y armas y otra que hacía las veces de dormitorio. Aunque pudiera parecer un lugar pequeño para vivir, no reunía condiciones peores que las de los civiles y, además, la mayor parte del tiempo los soldados estaban realizando sus tareas diarias o las misiones encomendadas dentro o fuera del campamento. El centurión tenía su alojamiento en habitaciones más amplias, en un extremo del barracón. Su misión era gobernar la centuria, y a veces lo hacía con dureza y arbitrariedad. El centurión usaba a menudo la vara para mantener la formación y castigar al que no desfilara correctamente o hablara con su compañero. Tácito transmite la anécdota de un centurión llamado Lucilio al que llamaban «¡Vamos, otra!», porque cuando rompía una vara en la espalda de un soldado pedía otra con voz potente; su crueldad provocó que fuera asesinado en un motín. En consecuencia, era importante llevarse bien con el centurión para poder pasar la vida en el campamento lo mejor posible. Un soborno en el momento adecuado podía proporcionar el ansiado permiso, ampliar uno ya otorgado o hacer que el soldado resultara favorecido con las tareas más cómodas. En una carta de un soldado llamado Claudio Terenciano se da fe de que en el ejército «no se consigue nada sin dinero». Las compañeras de los legionarios: En época de Augusto, al legionario le estaba prohibido oficialmente casarse, y si ya lo estaba en el momento del reclutamiento su matrimonio era declarado nulo. A pesar de ello, cuando el ejército se estableció en campamentos permanentes se calcula que hasta el cincuenta por ciento de los soldados formaba familias que no estaban reconocidas por las leyes. En la imagen, Septimio Severo, con su esposa Julia Domna, que lo acompañó en sus visitas a los campamentos de siria. BPK / SCALA Tareas y maniobras La jornada de un legionario estaba marcada por las obligaciones militares. Después del desayuno y de pasar revista, se asignaban las tareas a cada soldado siguiendo las órdenes procedentes del cuartel general. Esta asignación se registraba minuciosamente en una hoja de servicios. Se ha conservado una perteneciente a una centuria de la III Legión Cirenaica de Egipto, fechada a finales del siglo I d.C., en la que consta qué hacían los soldados en activo los diez primeros días del mes de octubre. Entre los trabajos consignados se cuentan las guardias en diversos lugares del campamento, como la entrada, los parapetos y torres o los principia. Había legionarios que se encargaban del mantenimiento del calzado, las armas, las letrinas y las termas. Otros hacían de escolta de algún oficial o realizaban tareas fuera del campamento, saliendo de patrulla por los caminos. Además de las tareas individuales, los soldados debían adiestrarse con su unidad realizando marchas o entrenamientos en grupo. Los diversos ejercicios iban desde desfiles a simulacros de batallas o asedios. Las maniobras se llevaban a cabo con tal rigor que, en el siglo I d.C., el historiador judío Flavio Josefo decía con admiración que éstas no eran diferentes de la propia guerra y que cada soldado se ejercitaba todos los días con la mayor intensidad posible, siendo «sus maniobras como batallas incruentas y sus batallas como maniobras sangrientas». En la frontera del Imperio: Jalonado por catorce fuertes y ochenta fortines, el muro de Adriano fue erigido en 122 d.C. para separar la Britania romana de los pueblos pictos que vivían en Escocia. ROD EDWARDS / GETTY IMAGES Comida, ocio y religión Los legionarios hacían dos comidas al día: el desayuno (prandium) por la mañana, y la cena (cena), la principal, al acabar la jornada. La dieta básica del legionario era variada y consistía en cereales, sobre todo trigo, carne de cerdo o ternera, y vegetales y legumbres, básicamente lentejas y habas. La caza y la pesca en las cercanías de los asentamientos podían contribuir a una mejor alimentación. A veces, los soldados pedían en las cartas a sus familiares que les enviaran comida extra. Ni que decir tiene que la alimentación de los oficiales sería más variada e incluiría alimentos de mayor calidad. Para beber tenían agua, cerveza y vino agrio. Al no existir comedores comunes para los soldados, las raciones individuales que se entregaban para comer eran cocinadas en el ámbito del contubernium, en hornos y cocinas fijos o portátiles. El hecho de cocinar y comer juntos propiciaba la camaradería entre los soldados. El legionario tenía diversas opciones para emplear su tiempo libre. Una de ellas era acudir a las termas del campamento, que podían estar dentro o fuera de él. Era un lugar apto no sólo para la higiene y el descanso, sino también para la vida social y los juegos de azar. También se podía acudir a los asentamientos que surgían a la sombra de los grandes campamentos, que recibían el nombre de canabae. Allí había mercaderes ávidos de aligerar el bolsillo de los legionarios, tabernas para beber y jugar, e incluso burdeles. En este lugar vivían las familias de los legionarios, aunque parece que éstas podían haber vivido igualmente dentro del campamento. Estos lugares se convertían con el tiempo en vici (aldeas) e incluso daban lugar a ciudades. Algunos campamentos tenían en sus alrededores un anfiteatro, como en Caerleon (al sur de Gales), en el que, además de luchas de gladiadores o cacerías de fieras, podían realizarse desfiles militares o exhibiciones de lucha por parte de los propios legionarios. El ejército tampoco descuidaba la vida religiosa de sus soldados, que servía de aglutinante para gentes de procedencia diversa y propiciaba el equilibrio personal. Con el objetivo de lograr la adhesión de los legionarios a Roma y a su emperador se celebraban ceremonias religiosas en honor de los dioses y divinidades oficiales, como Júpiter Óptimo Máximo, Roma Eterna y Victoria Augusta. Otras estaban dedicadas a los emperadores romanos –por ejemplo, con motivo de su cumpleaños–, o a la celebración del día de la fundación de Roma. Incluso se estableció un culto a la disciplina militar, a través de una divinidad abstracta llamada Disciplina, que introdujo el emperador Adriano para potenciar la eficacia del ejército. Las fiestas religiosas eran también una válvula de escape a la rutina diaria y permitían un cierto relajamiento de las costumbres. Junto a los dioses oficiales los soldados podían adorar de forma privada a las divinidades propias de su región o participar en cultos orientales como el de Mitra, que prometía la salvación personal a sus iniciados. Como incentivo en su vida castrense, el legionario romano contaba con su paga regular, que en tiempos de Augusto ascendía a 225 denarios anuales, cantidad que aumentó progresivamente conforme avanzaba el Imperio. Aunque de esta paga se hacían deducciones para la comida, mantenimiento del equipo y otros gastos, parece que los soldados podían llegar a ahorrar el veinticinco por ciento de la paga anual. Además, el ascenso en el ejército conllevaba un aumento considerable de salario, de modo que un centurión podía cobrar unas quince veces más que un soldado raso. Como ingresos adicionales, los legionarios contaban con los donativos extraordinarios efectuados por los emperadores, bien por testamento, bien en ocasiones especiales, que se pagaban a las tropas de manera proporcional según el rango militar. Legiones amotinadas: A la muerte de Augusto, en 14 d.C., se rebelaron tres legiones acantonadas en Panonia (la actual Hungría). En sus Anales, Tácito explica que el motín se gestó cuando el comandante aflojó la disciplina y las tropas se entregaron al ocio y la maledicencia. En la imagen, estela funeraria de un jinete nórico de una legión. siglo I. Museo de la Civilización Romana, Roma. DEA / ALBUM El premio a una vida de servicio Había tres formas de dejar la legión. La primera era a consecuencia de una enfermedad o heridas graves que hicieran al legionario inútil para el ejército. En ese caso (missio causaria) era licenciado tras un riguroso examen de su condición. También era posible que el soldado cometiera acciones criminales que provocaran su licenciamiento con deshonor (missio ignominiosa), quedando inhabilitado para cualquier servicio imperial. Los demás legionarios, alrededor de la mitad, conseguían sobrevivir a los veinticinco años de servicio y eran licenciados con honor (missio honesta). Una vez licenciados, los legionarios disfrutaban de una serie de derechos y privilegios como ciudadanos y veteranos. Quedaban exentos de numerosos impuestos y recibían un trato preferente en su relación con la justicia. Si lo deseaban, también podían legalizar su situación matrimonial. Seguramente se les entregaba algún documento escrito en el que constaba su licenciamiento. Los auxiliares, por su parte, recibían un diploma de bronce donde se detallaba su condición legal de soldados veteranos. El licenciamiento permitía a los legionarios «volver a casa», pero no todos lo hacían. Muchos recibían un terreno en los asentamientos cercanos a su campamento o en la región en la que habían servido, sobre todo si se habían casado con mujeres locales. Las parcelas reservadas a cada licenciado, de forma cuadrangular, eran delimitadas por agrimensores en un proceso llamado centuriación. Los que habían sido centuriones podían gozar de una buena posición en la ciudad en la que decidieran fijar su residencia, e incluso llegar a los más altos grados de la magistratura local. Otros invertían sus ahorros en abrir un negocio; por ejemplo vendedor de cerámica o de espadas. El legionario que llegaba a veterano había tenido una existencia dura, aunque mejor que muchos civiles, y al término de su servicio podía recoger los frutos de su esfuerzo gozando de privilegios y de consideración social. Pero no todos tenían motivos para felicitarse. En el año 14 d.C. estalló una revuelta de legionarios en Panonia, dirigida por un cabecilla que clamaba ante sus compañeros: «Bastante hemos pecado de cobardía accediendo a servir durante treinta o cuarenta años hasta acabar viejos y, en la mayoría de los casos, con el cuerpo mutilado por las heridas», y se quejaba del miserable jornal que recibían a cambio de soportar «los golpes y heridas, la dureza del invierno, las fatigas del verano, las atrocidades de la guerra o la esterilidad de la paz». La columna vertebral de Roma: Desde su transformación en un ejército profesional, compuesto por hombres disciplinados y eficientes, las legiones de Roma fueron la punta de lanza del Imperio. En la imagen, broche con insignia de la X Legión. siglo I. Museo de Israel, Jerusalén. BRIDGEMAN La vida en el fuerte: Una legión era una eficiente máquina de guerra, pero también un disciplinado grupo de trabajadores capaz de construir carreteras, puentes, acueductos, diques, puertos y fuertes. Estos últimos podían ser permanentes o temporales, erigidos según el mismo esquema pero con materiales distintos. En esta ilustración de Peter Conolly, un legionario limpia y repara su armadura delante de su barracón. AKG / ALBUM
Estas máquinas tienen una misión trascendental: solucionar los grandes misterios del mundo. ¿Existe una segunda Tierra? ¿Es posible fotografiar los procesos de la vida? ¿Y controlar el fuego del Sol? Con ellas, la mirada de los científicos se adentra en la inmensidad del espacio exterior o en las dimensiones más diminutas de las partículas. Los grandes inventos de nueva generación son lo más complejo y caro que el hombre ha creado en su constante afán por aumentar sus conocimientos. La fisión nuclear, cambió el rumbo Era 1938, delante de una tosca mesa de madera. Al borde hay un bloque de parafina y una botella de filtración; en el centro, conectados con cables, amplificadores de alta tensión con tubos de electrones cuyo aspecto recuerda una bombilla. Delante, tubos de conteo de fabricación casera para captar la descomposición radioactiva. Encima y debajo de la mesa, una serie de baterías. Estos eran los aparatos con los que Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron la fisión nuclear durante los días previos a la Navidad de 1938, un hallazgo que cambió el mundo. El invento de Hahn (al principio repartido por varios laboratorios) era sencillo y abarcable. ¿Y hoy? La curiosidad de los investigadores sigue ardiendo. Pero las condiciones de trabajo de la mayoría han cambiado radicalmente, sobre todo, en astronomía, física y biología. “La ciencia pequeña ahora es la gran ciencia”. Así lo formuló el historiador de las ciencias Derek de Solla Price, que analizó en los años sesenta el aumento de los fondos para investigación, además del número de científicos y de revistas especializadas. En 2009 aún fue más patente: la individual “búsqueda de la verdad” se ha transformado en una industria del saber, con una amplia división de trabajo, legiones de colaboradores y una maquinaria del saber cuyo tamaño y complejidad le dejan a uno sin aliento. Hacemos un repaso de todos los grande inventos: Hito de este desarrollo fue el Proyecto Manhattan: a partir de 1942, Estados Unidos se volcó en construir la primera bomba nuclear. 130.000 científicos, ingenieros y técnicos colaboraron en el megaproyecto, obteniendo al cabo de pocos años plutonio y uranio suficiente para sus propósitos, construyendo mecanismos de detonación y combinando todo en una sola arma con un poder destructivo desconocido. La inversión en el proyecto, traducido a términos actuales de poder adquisitivo, fue de 23.000 millones de dólares. Los altos costes siguen siendo un rasgo característico de la “gran ciencia”. Igual que las modernas instalaciones industriales, los gigantescos aparatos requieren inversiones exorbitantes. Grandes inventos para grandes preguntas International Thermonuclear Experimental Reactor (ITER) se han presupuestado más de 11.000 millones de euros European X-Ray Free-Electron Laser (XFEL), mil millones de euros. (Conoce todos sus detalles) European Extremely Large Telescope (E-ELT) mil millones Large Hadron Collinder (LHC), acelerador de partículas elementales del centro de investigaciones CERN costó 6.000 millones de euros. (Conoce el LHC por dentro) National Ignition Facility, (NIF) el mayor láser del mundo en busca de energía limpia costó 2.700 millones de euros. (Conoce el NIF por dentro) En vista de la escasez de fondos, tales proyectos –sobre todo cuando se dedican a cuestiones “alejadas” del mundo– se enfrentan a la presión de justificar los recursos invertidos. ¿Vale la pena el esfuerzo? ¿Cuál es el provecho de una instalación para el individuo y la sociedad en su conjunto? El alto coste también es el precio del éxito. Los científicos han terminado de solucionar muchas tareas relativamente fáciles; ahora esperan las grandes preguntas: ¿En qué consiste la materia oscura? O ¿Existe otra Tierra en el espacio exterior, tal vez poblada por seres inteligentes? Los temas son complicados, y a algunos les parecen “esotéricos”. El esfuerzo necesario para dedicarse a ellos es inmenso. Pues en este campo rige la paradójica ecuación: cuanto más pequeñas son las partículas de materia estudiadas, mayores serán los aparatos y los costes. Ningún país es capaz de reunir por sí solo estas astronómicas sumas; para realizar un proyecto es necesario que se unan varias naciones. Mucho antes de la industria, la globalización se produjo en la ciencia. Así, China, la India, Rusia y Corea del Sur cooperan para traer la energía solar a la Tierra gracias al reactor ITER, y en el centro de investigaciones CERN (Visita la galería de fotos del CERN) físicos israelíes e iraníes trabajan codo con codo: todo esto, sin duda, son saludables efectos secundarios de la necesidad de cooperar, además de otro argumento a favor de estos mayúsculos experimentos. Sus dimensiones hacen que los grandes inventos experimentales acaparen la admiración pública; para sus protagonistas, sin embargo, la gran ciencia supone una pequeña humillación. En lugar de brillar como los héroes de la ciencia de antaño (Newton, Leibniz o Einstein), desaparecen entre un ejército de trabajadores casi siempre anónimos. El pequeño círculo de los buscadores de la verdad se ha convertido en un ejército de productores de conocimientos. Entrar a formar parte de la historia con un descubrimiento revolucionario es un sueño casi imposible de alcanzar para la mayoría de los investigadores. Por otro lado, este desarrollo permite a más personas que participen en la aventura de la ciencia y que dediquen sus vidas a resolver las preguntas de cómo es el mundo. La gran ciencia ha democratizado la ciencia.
Los peligros de la ciberguerra 3 de julio de 2012 Sergio G. Caplan, Rusia Hoy El Siglo XXI se está caracterizando por sus altos niveles de globalización e informatización, y el arte de la guerra no escapa a esa tendencia. La dependencia que existe de las redes cibernéticas, tanto por parte de los individuos como de los Estados, convierte al ciberespacio en un escenario estratégico, en igual o en mayor proporción que el propio territorio. Fuente: PhotoXPress. Teniendo en cuenta el carácter virtual que caracteriza el ciberespacio, su conquista resulta mucho más simple y económica que lo que supuso la de los mares, el espacio aéreo o el terrestre. Por ello, las Fuerzas Armadas de países como China, Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido e Israel ya se encuentran involucradas en lo que se conoce como la 'carrera ciber-armamentista'. Pero Rusia no es ajena a este fenómeno. El Ministerio de Defensa ruso ha publicado este año un documento titulado 'Criterios conceptuales sobre la actividad de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia en el espacio informático', en donde establece las tendencias que adoptarán sus fuerzas para el control, la prevención y la solución de los conflictos cibernéticos que puedan surgir. Además, este documento no sólo no menciona la posibilidad de realizar ataques ofensivos contra otros países, sino que propone que se extienda la costumbre del Derecho Internacional en materia de guerras interestatales -como el uso proporcional de la fuerza y la minimización de daños a civiles- a los conflictos en el ciberespacio. En primer lugar, los ciberataques habían sido concebidos con el objetivo de apoyar operaciones convencionales dentro una guerra clásica, es decir, intentar bloquear los sistemas informáticos del enemigo para realizar un golpe más efectivo, tal como hicieron las Fuerzas Armadas israelíes en un ataque a Siria en el 2007. Pero esta modalidad traspasó lo estrictamente estatal y diversos grupos de 'ciberguerreros' comenzaron a ejecutar ataques en Internet. Los más conocidos son los perpetrados por el famoso grupo Anonymous, que ha apuntado contra los principales sitios web de varios gobiernos, así como también de algunos bancos y empresas privadas. En general, la técnica que utilizan es la saturación de sus servidores mediante ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS, por sus siglas en inglés). Sin embargo, hoy ya se piensa en un tipo de ciberataque mucho más peligroso, que consiste en la posibilidad de atacar sistemas conocidos como 'SCADA'. Estos sistemas son los que administran las grandes infraestructuras de los Estados, tales como los aeropuertos, los trenes o las redes eléctricas de las grandes regiones. Un ciberataque de esta magnitud podría dejar fuera de funcionamiento a ciudades enteras en pocos segundos, o peor aún, provocar explosiones en centrales nucleares o en oleoductos, dejando un margen de respuesta prácticamente nulo. Allí radica la imposibilidad de los Estados para planear una ciberdefensa efectiva, además del hecho de que resulta sumamente difícil reconocer quién ha sido el agresor. Lo cierto es que, como vemos, las ciberguerras ya no son ciencia-ficción. Diversos 'ciberataques' han tenido lugar en los últimos años, entre los que se destaca el famoso virus 'Stuxnet' que atacó la planta nuclear iraní de Natanz en 2010 y que se cree que tiene origen en Estados Unidos e Israel. Además, este año se descubrió que en realidad formaba parte de un 'ciberarma' mucho más compleja, conocida como 'Flame' y que afectó los sistemas de varios países de Oriente Próximo, con el objetivo de recabar información para inteligencia. Este hecho fue denunciado por la empresa rusa líder en seguridad informática, Kaspersky Lab, que inició una investigación sobre el caso después de ser apuntado como uno de los posibles creadores del software. Evgueni Kaspersky, director de la compañía, es reconocido como uno de los mejores expertos en seguridad informática y asegura que las ciberguerras son inminentes y que su peligro radica no solo en la capacidad estatal de generarlas, sino en los grupos independientes o piratas informáticos, que con muy poca financiación pueden hacer que “esto sea el fin del mundo tal y como lo conocemos”. En una conferencia en Tel Aviv, Kaspersky sostuvo que el chino es el idioma más utilizado por el ciber crimen, seguido del español y del ruso, respectivamente. De cualquier modo, lo novedoso de las ciberguerras no pasa por los conflictos que puedan surgir ni por los daños que pueda causar -que finalmente serían similares a los convencionales-, sino por las consecuencias globales que tendrían. El ciberespacio no reconoce fronteras y maneja tiempos prácticamente imperceptibles para el hombre, lo que complica el reconocimiento del agresor y, sobre todo, la toma de decisiones por parte de los gobiernos.
Cirujano - $219,770 Los cirujanos tienen el empleo mejor pago en Estados Unidos y cobran, en promedio, más de 100 dólares la hora, lo cual lleva a un ingreso anual de 219.770 dólares. Anestesiólogos $211,750 Los anestesiólogos le vienen pisando los talones a los cirujanos, ya que pueden cobrar 90 dólares la hora por sus servicios y llevarse a casa la no despreciable suma de 211.750 dólares al año. Cirujano oral: $210,710 Por la boca muere el pez... y vive el odontólogo, y vive muy bien. Una hora de un cirujano oral puede costar más de 90 dólares, en promedio, y reportarle un ingreso anual al profesional de 210.710 dólares. Ortodoncista, $206,190 Los ortodoncistas ocupan el cuarto lugar en la lista de mejor pagados en Estados Unidos y pueden abrir un champagne el 31 de diciembre de cada año luego de haberse metido al bolsillo más de 206 mil dólares en el año transcurrido. Obstetras y ginecólogos: $204,470 Monitorear y traer bebés al mundo es un lindo trabajo, es como el origen de la vida... pero también de la fortuna familiar, ya que esa palmadita al bebé puede significarle al benévolo golpeador un promedio de 204.470 dólares anuales. Doctores a domicilio: $168,550 El hombre del que siempre tenemos el teléfono a mano siempre será un buen amigo... y siempre estará dispuesto a cobrar. En un país como Estados Unidos, la hora de tu médico de cabecera puede costarte hasta 85 dólares y, para él, a fin de año, unos 168.550 dólares en promedio. Pediatra: $165.720 Cuidar a nuestros hijos es una responsabilidad que debe ser bien paga, ¿con 80 dólares por hora te conformas? Quizás los pediatras sí, quienes se llevan a casa unos 165.720 dólares al año. Psiquiatras: $164,200 Érase una vez un país de locos... Donde es más barato no enloquecerse. Una cita promedio con un psiquiatra en Estados Unidos puede costar hasta 78,95 dólares por hora, lo que convierte a estos profesionales en personas que pueden llevarse, al año, hasta 164.200 dólares. Abogado: $129,440 Los hombres de las leyes están décimos en la lista de mejor pagos, ya que pueden cobrar hasta 65 dólares por hora y 129.440 dólares al año, sin incluír comisiones, por su experiencia representando clientes en cortes o simplemente firmando confusos documentos. Ingeniero de petróleos: $119,960 El mundo se mueve gracias a hombres como estos, quienes pueden ganar hasta 57 dólares al año por su experiencia para extraer gas y petróleo de las entrañas de la tierra. ¿Y al final del año cuánto hay en el bolsillo? Una suma para nada despreciable: 119,960 dólares en promedio.
Texto: Primitivo Garate Los mahus de la Polinesia son hombres educados como mujeres Las familias numerosas de las islas de Polinesia tienen una curiosa costumbre: si el primogénito nace varón, se le educa como si fuera mujer, y ayudará en las tareas del hogar y en la educación de los hermanos. Así se origina el tercer sexo y del fenómeno Mahu en Polinesia. © Patxi Uriz En las islas que salpican los Mares del Sur, incluso los niños saben qué es un mahu; todo el mundo conoce a uno por lo menos, pero en realidad nadie se interesa en saber por qué, o cómo llegan a serlo. La figura del mahu está tan presente en la vida cotidiana de Tahití, que no suscita ninguna curiosidad. La sociedad occidental trata de equiparar con evidente frivolidad esta figura del mahu con el sodomita europeo. Pero, la realidad no es tan sencilla. Éstos son hombres en apariencia externa, que parecen querer mostrarte que hay algo que los diferencia radicalmente no sólo en el cuerpo de un hombre o mujer, sino también en su conducta de género. También hay una razón genética para la existencia de los mahus: el vasto archipiélago de la Polinesia Francesa está formado por 118 islas pequeñas y muy a menudo distantes entre si, muchas de ellas escasamente pobladas por unas pocas familias de isleños, con múltiples matrimonios y relaciones sexuales entre parientes próximos, sin importarles –o quizás ignorando- las consecuencias genéticas. Cuando alguien ha nacido mahu, lo asume fácilmente y vive en consecuencia. En la actualidad los mahus están omnipresentes en el día a día de Tahití. Se les ve trabajando en hoteles y restaurantes, o simplemente paseando por la calle con o sin pareja. Su integración a la sociedad polinesia actual es total. © Patxi Uriz Este género está integrado por varones que visten y actúan como mujeres y que se dividen en dos grupos diferenciados: los mahus y los raeraes. Todos ellos están plenamente integrados en la sociedad, aunque los primeros gozan de un mejor estatus. Los raeraes son los mahus modernos y evolucionados. Los mahus jóvenes a veces permanecen mahus durante toda su vida: son los mahus propiamente dichos. Pero también podrían llegar a ser raerae (travestido), o incluso dar un salto atrás a su situación pre-mahu, casarse, tener hijos, y fundar una familia completamente normal. Diferencias entre mahu y raerae Si no se vive aquí no es siempre fácil distinguir quién es mahu y quien raerae. Por regla general el raerae es más contemporáneo, fruto de la sociedad de consumo. Es coqueto, orientado hacia el sexo, y llama la atención por su tipazo despampanante de mujer. A cualquier hora del día suele ir vestido de manera provocativa, por lo general con mucho gusto. “Demasiado para ser una chica normal” te preguntas. Pero en la luz tenue de una discoteca esta reflexión puede ser mucho más difícil. El mahu es realista, acepta su condición sexual incierta, trabaja, y vive lo mejor que puede, pero pisando tierra firme. Cuando se les pregunta cómo se llaman, el mahu siempre dará su nombre y apellido; un raerae dará un seudónimo femenino, mas bien “artístico”. El raerae desea casarse con un hombre no homosexual, y ser una esposa lo más mimada posible. Para ello necesita mucho dinero para el tratamiento médico, y comprar ropa cara, en boutiques a menudo propiedad de otro raerae, y cómo no, necesita someterse a todo tipo de cirugías, todas ellas terminadas con el sufijo “plastia”. © Patxi Uriz Patrick, taxista de Bora Bora, mientras el viaje a la cima de una montaña desde la que se domina la admirable laguna verdeazul, me dio su opinión sobre el tercer sexo, contrastando mahus y raeraes: “El mahu nace como tal, mientras que el raerae es un producto del progreso” alegó. En el bullicioso barrio “Cartier du Commerce” de Papeete, se encuentra el popular “Piano Bar”, un glamuroso local símbolo de la evidente tolerancia y pluralidad sexual de Tahití. Entre luces de neón, hombres y mujeres de todas las tendencias, mahus y raeraes se relacionan con total naturalidad y bailan al son de música local. Y es esta atmósfera de tolerancia social, étnica, religiosa y sexual, que continua siendo una constante en la vida cotidiana, la que quizás hizo posible la realidad, y sobre todo la sobrevivencia y aceptación social del fenómeno mahu en los Mares del Sur. ¿Habría sobrevivido este colectivo del tercer sexo de manera tan natural en un país occidental?
Los científicos dan con la tecla y acaban de confirmar la posible existencia del bosón de Higgs El Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) en Ginebra (Suiza) ha anunciado hoy el hallazgo de una nueva partícula que podría corresponder al bosón de Higgs, también conocida como la 'partícula de Dios'. El 4 de julio pasará a la historia por este hito científico, más allá de la fiesta de la Independencia de los Estados Unidos. Los científicos recordarán la fecha, ya que el CERN acaba de confirmar la posible existencia del bosón de Higgs, el único vacío que quedaba por cubrir en el Modelo Estándar de Partículas y Fuerzas, la teoría más ampliamente aceptada que describe el funcionamiento del Universo. En palabras técnicas "hemos confirmado que se ha descubierto una partícula que es compatible con la teoría del bosón de Higgs", ha resumido Aurelio Juste, investigador español que ha participado en el análisis de los datos, a través de los experimentos ALTAS y CMS. Ambos proyectos han observado una nueva partícula en el rango de masas de alrededor de 125‐126 GeV (gigaelectronvoltios, unas 134 veces la masa de un protón). Esta unidad de energía se utiliza para representar la masa de las partículas. La comunidad científica es cautelosa y no quiere afirmar que han encontrado la 'partícula de Dios' al 100%, como explica la portavoz del experimento ATLAS, Fabiola Gianotti: “observamos en nuestros datos claros signos de una nueva partícula, con un nivel de confianza estadística de 5 sigma (superior al 99,99994%), en la región de masas de alrededor de 126 GeV. El excepcional funcionamiento del LHC y ATLAS, y los enormes esfuerzos de mucha gente, nos han llevado a esta emocionante etapa, pero se necesita un poco más de tiempo para preparar estos resultados para su publicación”. El 4 de julio se ha celebrado la Conferencia Internacional de Física de Altas Energías (ICHEP 2012) en donde se ha presentado los últimos resultados obtenidos en los experimentos ATLAS y CMS del Gran Colisionador de Hadrones (LHC). La partícula hoy confirmada fue predicha por primera vez por el físico británico Peter Higgs en los años 60 del pasado siglo. Todas las demás partículas previstas por el Modelo Estándar se habían ido descubriendo una a una, pero el bosón se resistía. Como explican los científicos, sin el bosón no se puede explicar ni la existencia de las estrellas, ni los átomos, ni nosotros mismos, ni nada. Lo de la “partícula de Dios” o “divina” es el apodo que le dio el premio Nobel Leon Lederman. Esta fecha pasará a la historia como un gran hito científico pero, ¿por qué tiene tanta trascendecia el bosón de Higgs? ¿Por qué buscamos el bosón de Higgs? En palabras del director general del CERN, Rolf Heuer, “hemos alcanzado un hito en nuestro entendimiento de la naturaleza, el descubrimiento de una partícula consistente con el bosón de Higgs abre el camino a estudios más detallados, que requieren más estadística. Estos trabajos concretarán las propiedades de la partícula y probablemente arrojarán luz sobre otros misterios de nuestro universo”. Este descubrimiento supone la respuesta a mil de interrogantes. El ser humano siempre se ha preguntado de qué está formada la materia que nos rodea. La respuesta a esta pregunta ha ido variando a lo largo del tiempo. En el siglo XIX se pensaba que toda la materia se reducía a una serie de átomos de diferentes tipos, indivisibles, que se combinaban entre sí para dar lugar a la naturaleza. Años más tarde, a principios del siglo XX, se llegó a la conclusión de que los átomos no eran indivisibles y que éstos estaban formados de protones y neutrones, que daban lugar a los núcleos de los átomos. A su vez los electrones son los que da vueltas alrededor de los núcleos. Actualmente sabemos que los protones y los neutrones tampoco son indivisibles sino que son distintas combinaciones de unas partículas más pequeñas, llamadas quark, las únicas partículas fundamentales que interactúan con las cuatro fuerzas fundamentales. A todas estas formaciones de partículas hay que sumar las que no les hemos visto ninguna estructura interna, y por lo tanto consideramos partículas indivisibles. Muchas de éstas tienen una masa mayor que la de los quarks y los electrones, lo que hace que sean inestables y se desintegren rápidamente. Y la gran complicación de esta historia de la física es que dichas partículas que aunque se crearon al principio de la historia del universo, poco después de la Gran Explosión (Big Bang), ahora ya no queda ninguna y solo se producen de forma artificial en los aceleradores de partículas, como el LHC, y de forma natural en algunos fenómenos de muy alta energía en objetos astronómicos. ¿Por qué es tan díficil dar con la 'partícula de Dios'? La dificultad para encontrar el bosón de Higgs reside en que tiene un tiempo de vida muy corto y rápidamente se transporta en otro tipo de partículas. De hecho, lo que buscan los investigadores no es el bosón en sí, sino las partículas derivadas que se forman en las colisiones. El portavoz del experimento CMS, proyecto implicado en el descubrimiento, Joe Incandela, explica: “Los resultados son preliminares, pero la señal de 5 sigma alrededor de 125 GeV que estamos viendo es dramática. Es realmente una nueva partícula. Sabemos que debe ser un bosón y es el bosón más pesado jamás encontrado”. Para Incandela, “las implicaciones son muy significativas y es precisamente por esta razón por lo que es preciso ser extremadamente diligentes en todos los estudios y comprobaciones”. Los resultados presentados hoy, considerados preliminares, se basan en datos recopilados en 2011 y 2012, parte de los cuales aún se encuentra bajo análisis y cuya publicación en revistas científicas se espera para finales de julio. ¿Y ahora qué? El siguiente paso será determinar la naturaleza precisa de la partícula y su importancia para la compresión del universo. El Modelo Estándar considera que las partículas elementales son aquellas a partir de las cuales se compone cualquier objeto visible del universo, así como las fuerzas que actúan sobre ellos. Sin embargo, toda esta materia sólo representa un 4% del total. Una versión “exótica” de la partícula de Higgs podría suponer un puente hacia la comprensión del 96% restante que permanece en la oscuridad. La identificación de las características de la nueva partícula requerirá una considerable cantidad de tiempo y datos.

Comparativa de los 16 modelos de ereaders que se pueden conseguir en Argentina Un ereader no es una tablet, sino un dispositivo pensado especialmente para leer ebooks. Gracias a su pantalla de tinta electrónica (e-ink) cansa mucho menos la vista y se puede usar en la playa sin que el reflejo del sol impida la lectura. Y su precio promedio es más bajo que el de una tablet promedio (hay un modelo a 79 dólares). Aunque la mayoría de los ereaders puede navegar la web, reproducir audio o imágenes, son pocos los que usan estas características. Los ereaders, como los relojes de pulsera, van a contramano de los artefactos multifunción y nada más (ni nada menos) son un sustituto digital del libro de papel. Pero tanta simplicidad termina cuando llega la hora de elegir uno. No hay demasiada información disponible y los vendedores de las cadenas de electródomésticos ofrecen al modelo que tienen disponible sin dar demasiadas explicaciones. Por eso, la tabla comparativa de ereaders que armó Matías Fernández de El Club del eBook es una gran ayuda para los que quieren empezar en el mundo de los libros electrónicos. Ahí se listan los ereaders más populares (Kindle y Nook) en sus diferentes modelos y las marcas que se consiguen en la Argentina (Papyre la marca que más vende). 16 productos en total, con su precio y otras 23 características comparadas, como formatos que soporta, tipo de pantalla, peso o duración de la batería. Por eso, si tienen pensado comprar un ereader próximamente, los invitamos a visitar la Tabla comparativa de eReaders para decidir mejor. Los tips sobre qué atender y qué descartar cuando buscamos un ereader. Nunca es importante: - Tipos de archivo Aunque es bienvenido que el dispositivo tenga la posibilidad de leer muchas extensiones de archivos de texto (mobi y epub son las más importantes), no es determinante. La realidad es que programas como el Calibre o el Mobipocket permiten convertir en segundos cualquier formato de texto en otro. - Navegador de Internet Nadie se compra un ereader para navegar la web. O al menos no como objetivo principal. Los navegadores de estos dispostivos son mediocres y el contenido se ve en blanco y negro. Usarlo solo para emergencias y dedicar el aparato solo a leer libros y, como mucho, escuchar música. - Capacidad Los ereader con menor espacio arrancan desde los 2GB. Capacidad más que suficiente como para guardar una biblioteca entera en archivos de texto. Y, si además se va a hacer un backup en la computadora y guardar en el ereader solo el material que estamos leyendo, se verá que la capacidad no es un elemento que tenga incidencia en la compra. A veces es importante: - Precio Con los ereader no siempre se cumple el axioma de que "lo barato sale caro". A veces un lector económico puede ser mejor que uno más caro. Incluso el Kindle de Amazon ofrece todos sus modelos a dos precios diferentes: ambos tienen idénticas características, salvo que el de menor precio viene con avisos. - Teclado No todos los ereaders tienen teclado físico, algunos ofrecen un teclado virtual en pantalla. Si el usuario piensa escribir, además de leer, deberá sentirse cómodo con el medio de entrada para sus textos. Siempre es importante: - Tinta electrónica Como dijimos varias veces, una tablet no es un ereader. Y la clave está en la pantalla, de tinta electrónica (e-ink). Esta característica emula la lectura en papel, no cansa la vista y permite leer con la luz del sol, cosa que la pantalla de la tablet no. - Contraste Al igual que la tinta electrónica el contraste entre el texto y el fondo debería definir la compra de un ereader. Recomendamos comparar varios ereaders entre sí midiendo estos dos elementos, que harán que nos sintamos a gusto sustituyéndolos por un libro tradicional por algo lo más parecido posible a la apariencia visual de sus páginas. Y un corto para terminar (no es chivo ) link del corto: http://www.youtube.com/watch?v=-Ncx0CYTWtU
Holaaa gente, bueno, como hace poco adquirí un dispositivo con SO Android, me pareció bueno de una vez por todas sincronizar todas las cosas que tenia desparramadas entre varios servicios de correo y programas y dado que la mayor parte del tiempo utilizo mi celular, pero también se necesita la computadora para otras cosas decidí centrarme en las dos utilidades que mas utilizo. Para mí, el correo de Gmail (con el Android) y el Outlook en el Windows (cabe mencionar que también tengo otros correo configurados en el Outlook, como Hotmail y algunos privados por lo cual me resulta mas sencillo ingresar directamente al Outlook que andar abriendo uno por uno en internet, siendo que los privados no permiten integrarse con otros servicios). Así que bueno, acá les dejo los pasos que utilicé para sincronizar todo. Cómo habilitar IMAP Puedes recuperar los mensajes de Gmail a través de un cliente o dispositivo que sea compatible con el acceso IMAP, como Microsoft Outlook o Apple Mail. Para habilitar el acceso IMAP1 en Gmail: Accede a Gmail. Haz clic en el icono de la rueda dentada en la parte superior derecha y, a continuación, selecciona Configuración del correo en la parte superior de cualquier página de Gmail. Haz clic en Reenvío y correo POP/IMAP. Selecciona Habilitar IMAP. Configura tu cliente IMAP y, a continuación, haz clic en Guardar cambios. Nota: actualmente no se puede habilitar el acceso IMAP mientras se utiliza la interfaz HTML básico. Utiliza la vista estándar para poder visualizar esta opción. Si deseas configurar el cliente Outlook para que funcione con Gmail: 1. Habilita IMAP en Gmail. No olvides hacer clic en Guardar cambios una vez finalizado el proceso. 2. Abre Outlook. 3. Para las nuevas configuraciones, selecciona No actualizar. 4. Haz clic en Sí. 5. Introduce tu nombre de visualización, tu dirección de correo electrónico (incluido "@gmail.com" y la contraseña. Si eres un usuario de Google Apps, escribe tu dirección de correo electrónico completa como, por ejemplo, "nombreusuario@tu_dominio.com". 6. Selecciona la casilla de verificación "Configurar manualmente las opciones del servidor o tipos de servidores adicionales". 7. Selecciona Correo electrónico de Internet. 8. Configuración: nombre, dirección de correo electrónico completa (incluido "@gmail.com" o "@tu_dominio.com" En el menú desplegable Tipo de cuenta, selecciona IMAP; especifica los nombres de los servidores entrante y saliente: imap.gmail.com y smtp.gmail.com respectivamente. En el campo "Nombre de usuario", escribe tu dirección de Gmail completa, incluido "@gmail.com" o "@tu_dominio.com". Después de crear esta configuración, haz clic en Siguiente para pasar al final del proceso. 9. En el menú Herramientas, selecciona Opciones y, a continuación, Configuración de correo. Debajo de "Cuentas de correo electrónico", haz clic en Cuentas de correo electrónico. 10. Selecciona una cuenta y haz clic en Cambiar encima de la lista de cuentas. Haz clic en Más configuraciones y, a continuación, en la pestaña Opciones avanzadas. El servidor entrante debe utilizar el puerto 993 y la encriptación SSL. El servidor saliente puede usar el puerto 587 y la encriptación TLS. 12. Haz clic en la pestaña Servidor de salida. Asegúrate de que la opción "Mi servidor de salida (SMTP) requiere autenticación" esté seleccionada. El botón de selección "Utilizar la misma configuración que mi servidor de correo de entrada" debe estar también seleccionado. 12. Haz clic sucesivamente en Aceptar > Siguiente > Finalizar > Cerrar > Aceptar. 13. Realiza los ajustes en tu cliente según corresponda. Introducción a Google Calendar Sync Google Calendar Sync permite sincronizar eventos entre Google Calendar y el calendario de Microsoft Outlook. Podrás determinar la dirección del flujo de información, así como la frecuencia de sincronización. ¡Controlar los eventos de Google Calendar y del calendario de Microsoft Outlook nunca ha sido tan fácil! He aquí algunos datos que conviene conocer para empezar a utilizar Google Calendar Sync. Compatibilidad Actualmente, Google Calendar Sync solo es compatible con las versiones 2003, 2007 y 2010 (32 bits) de Microsoft Outlook y con los sistemas operativos Windows XP, Windows Vista y Windows 7. La edición de 64 bits de Windows XP no es compatible con Google Calendar Sync en este momento. Aplicaciones de sincronización de terceros Entendemos que a mucha gente le gusta mantenerse en contacto con varias aplicaciones de calendario. Desafortunadamente, no resulta recomendable utilizar Google Calendar Sync cuando se utilizan aplicaciones de sincronización de terceros que sincronizan entre Microsoft Outlook y Google Calendar. Ten en cuenta que hacer tal cosa puede dar lugar a la duplicación de eventos o a la pérdida de datos. Si actualmente utilizas un producto que sincroniza entre Outlook y Google Calendar, haz lo siguiente antes de instalar Google Calendar Sync: Inhabilita o desinstala el software de sincronización de un tercero. Comprueba qué calendario (Outlook o Google Calendar) contiene la mayoría de la información de referencia (es decir, las propiedades de eventos, los invitados y la información de recordatorio). Este será el calendario "principal". Una vez que hayas identificado el calendario principal, borra los datos del otro calendario. (Por ejemplo, si Google Calendar es el calendario "principal", elimina los datos de los eventos del calendario de Outlook). Instala y ejecuta Google Calendar Sync. Selecciona la opción de "un sentido de sincronización" del calendario "principal" al otro (podrás cambiar la dirección de la sincronización posteriormente). Realiza la sincronización. Los eventos volverán a aparecer tanto en Google Calendar como en Outlook. Nota: puedes guardar una copia de seguridad de los eventos de Google Calendar mediante la exportación de los datos del calendario. Sincronización de los recordatorios de eventos Los tipos de recordatorios de eventos que ofrecen el calendario de Microsoft Outlook y Google Calendar son distintos. Mientras que Google Calendar admite los recordatorios mediante ventanas emergentes, correos electrónicos y SMS, el calendario de Microsoft Outlook solo es compatible con los recordatorios de eventos mediante ventanas emergentes. Por lo tanto, entre Google Calendar y el calendario de Microsoft Outlook solo se sincronizan los recordatorios mediante ventanas emergentes. Además, el calendario de Microsoft Outlook solo admite un recordatorio de eventos mediante ventana emergente por evento. Por lo tanto, si los eventos del calendario de Google Calendar contienen varios recordatorios mediante ventanas emergentes, solo se transferirá un recordatorio de este tipo al calendario de Microsoft Outlook con esta opción habilitada. Sincronización de eventos en calendarios secundarios Google Calendar Sync solo sincronizará los eventos de tu calendario de Google Calendar principal y de tu calendario de Microsoft Outlook predeterminado por el momento. Si has programado eventos en un calendario secundario de Google Calendar que te gustaría sincronizar con tu calendario de Microsoft Outlook, puedes moverlos a tu calendario principal o exportar el calendario secundario en su totalidad y, a continuación, importar los eventos a tu calendario principal. Cómo empezar a utilizar Google Calendar Sync Para configurar Google Calendar Sync: 1. Asegúrate de que las versiones del sistema operativo y de Outlook que utilizas sean compatibles con la sincronización. 2. Descarga Google Calendar Sync (versión 0.9.3.6) en http://dl.google.com/googlecalendarsync/GoogleCalendarSync_Installer.exe. 3. Cuando aparezca el cuadro de diálogo, haz clic en Guardar. El archivo descargado se abrirá automáticamente. Si no lo hace, ábrelo de forma manual desde la ventana de descarga del navegador. 4. Haz clic en Aceptar para confirmar que eres consciente de que es un archivo ejecutable. 5. Lee las Condiciones del servicio de Google Calendar Sync y haz clic en I Agree (Acepto). 6. Avanza por las opciones de instalación y haz clic en Install (Instalar) para finalizar el proceso de configuración. Una vez que Google Calendar Sync esté instalado en el ordenador, aparecerá la ventana de configuración de Google Calendar Sync: En la ventana de configuración, introduce tu dirección de correo electrónico y la contraseña y selecciona la opción de sincronización que desees. Lee la información sobre cada opción de sincronización. También podrás configurar el intervalo de tiempo entre sincronizaciones. Ten en cuenta que 10 minutos es el intervalo de tiempo mínimo permitido. Tras la configuración inicial, se puede volver a acceder a la ventana de configuración de Google Calendar Sync haciendo doble clic en el icono de calendario de la bandeja del sistema de Windows. Opciones de sincronización. Existen tres tipos de opciones de sincronización disponibles entre Google Calendar y el calendario de Microsoft Outlook: Sincronización en doble sentido Todos los eventos del calendario principal de Google Calendar y el calendario predeterminado de Microsoft Outlook se sincronizan entre sí. Cuando hayas seleccionado esta opción, todos los cambios que realices en los eventos de Google Calendar o del calendario de Microsoft Outlook se reflejarán en ambas aplicaciones. Si modificas el mismo evento varias veces en ambas aplicaciones, la actualización más reciente se sincronizará entre el calendario de Microsoft Outlook y Google Calendar. Además, si eliminas un evento del calendario de Microsoft Outlook o Google Calendar, este evento también desaparecerá de la otra aplicación. Ten en cuenta que Google Calendar Sync sincroniza todos los eventos tanto del calendario predeterminado de Microsoft Outlook como del principal de Google Calendar. Actualmente es imposible sincronizar eventos dentro de un marco de tiempo específico en tu calendario. Un sentido: de Google Calendar al calendario de Microsoft Outlook Todos los eventos del calendario principal de Google Calendar se añaden al calendario predeterminado de Microsoft Outlook. En los ciclos de sincronización posteriores, las actualizaciones efectuadas en los eventos en Google Calendar se reflejan en el calendario de Microsoft Outlook. Ten en cuenta que los eventos creados o modificados en el calendario de Microsoft Outlook no se reflejan en Google Calendar. Un sentido: del calendario de Microsoft Outlook a Google Calendar Todos los eventos del calendario predeterminado de Microsoft Outlook se añaden al principal de Google Calendar. En los ciclos de sincronización posteriores, las actualizaciones efectuadas en los eventos del calendario de Microsoft Outlook se reflejan en Google Calendar. Ten en cuenta que los eventos creados o modificados en Google Calendar no se reflejan en el calendario de Microsoft Outlook. GO Contact Sync, sincroniza tus contactos de Google y Outlook GO Contact Sync es una pequeña utilidad para sincronizar tus contactos de Google y Outlook. Hemos visto en gContactSync, en Google Contacts o en iContact otras alternativas que se basan en ofrecernos siempre la sincronización de nuestros contactos a través de diversas aplicaciones y plataformas. Una vez que lo instalas y le indicas tus datos de login de Google, GO Contact Sync permanece en la bandeja del sistema. Desde allí la puedas iniciar para indicarle además los intervalos de actualización, que en teoría no debieran ser más que una o dos veces al día. Inicialmente una aplicación de sincronización bidireccional, GO Contact Sync puede sin embargo ser configurada para realizar la tarea de varias formas: bidireccional total, bidireccional pero con preferencia para los contactos de Outlook, bidireccional pero con preferencia para los contactos de Outlook, enviar contactos de Outlook a Google o enviar contactos de Google a Outlook. Ideal para quienes solo quieran respaldar online los contactos del cliente de escritorio. GO Contact Sync te brindará un completo “log” de todos los datos enviados en cada transferencia, como así también de los eventuales problemas que haya encontrado. Es una utilidad freeware, y compatible con sistemas operativos Windows. Link de descarga del programa: http://sourceforge.net/projects/googlesyncmod/files/Releases/3.5.8/GOContactSyncSetup_v3.5.8.msi/download Bueno eso es todo, cualquier duda consulten. Saludos