nicolasricci
Usuario (Argentina)
AYER Aquí, en las tardes últimas, persiste el eco del ayer de mi memoria, que nunca ha de ser parte de la Historia que el hombre escribirá. ¡Me mira triste un niño desde el fondo de un retrato, pidiéndome perdón! Secretamente se fue transfigurando en el doliente que escribe la elegía que dilato. No puedo enumerar los desconsuelos, las lágrimas vertidas, los desvelos. ¿No ves que mi pasado me da miedo? Y no soy otra cosa que pasado. Soy un ayer fugaz, desconsolado, un verso de Francisco de Quevedo. AL BIBLIOTECARIO Los libros que celosamente amparas, acumulando polvo en las cubiertas, desbordan de elegías y reyertas, de pueblos, de jardines y de caras. Entre muros de ciegos universos Borges te fue. Caminas y disfrutas los versos que te muestran las mil rutas que nunca has recorrido, y esos versos te invocan para que les des abrigo. El hombre, cuando quiere ahogar su llanto, acude a ti, que guardas el encanto de Dante y de Verlaine. Tú eres testigo del lloro de Abélard. Tienes abierto un mundo donde Cristo aún no ha muerto. YO, ERNESTO SABATO El escritor, en su último minuto, se dice: No voy a llorar hoy, ya lo hice en vida. Con tanto desconsuelo he padecido la idea de la ausencia y del olvido, la idea del silencio en la partida. No temblaré, lo sé, pues reconforta pensar que dejaré en los anaqueles algún libro feliz. Esos papeles que forman la columna que soporta mis años… muchos años. Ya no temo el roce de la hoz que, seductora, fulgura con el brillo de la aurora. Cansado, llego al fin, al otro extremo. Mirando atrás, invoco algunos versos de Borges, que entendió este sentimiento. De fondo se oye el cuarto movimiento de un último Chopin. Los universos oscuros que labré en mis tres ficciones se están quedando atrás. Ya queda nada: los brazos de la Sombra aletargada se ciernen sobre mí, como prisiones. Yo he dicho muchas veces que la Muerte tendría que llevarme con la ayuda de la guardia civil. Pero, sin duda, los años debilitan al más fuerte. Nicolás Ricci -- Respecto de este último poema, recordaré tan solo las palabras de Mario Sabato cuando le preguntaron por la salud de su padre: Papá está yéndose. Más literatura aquí: http://www.taringa.net/perfil/nicolasricci/posts
El primer poema fue escrito en octubre de 2009. El segundo, a principios de 2008. Como verán, lo acontecido hoy es un hecho que me empezó a doler hace años. Ya en 2008, tenía la costumbre ir a la casa de Sabato y sentarme a leer en las escalinatas del club Defensores de Santos Lugares, que queda justo enfrente. Nunca lo vi, ya estaba muy perjudicado. EL INSTANTE Y sucedió que el escritor se nos moría; a nosotros que crecimos amándolo. Casi un siglo… Larga vida de tristezas y obsesiones. De lágrimas, filosofía y resistencia. Y haber sufrido la calumnia y el exilio. La cruel persecución. Después del juvenil placer de la desdicha. Después de atiborrar los palimpsestos de seres que pululan para siempre en mis recuerdos cenagosos. No sabe ya si es Sabato su nombre o su remedo. Los ojos dócilmente se le cierran. La Sombra aletargada en su sigilo penetra el corazón del impaciente. Un instante después, el mundo es un lugar más vil. YO, ERNESTO SABATO El escritor, en su último minuto, se dice: No voy a llorar hoy, ya lo hice en vida. Con tanto desconsuelo he padecido la idea de la ausencia y del olvido, la idea del silencio en la partida. No temblaré, lo sé, pues reconforta pensar que dejaré en los anaqueles algún libro feliz. Esos papeles que forman la columna que soporta mis años… muchos años. Ya no temo el roce de la hoz que, seductora, fulgura con el brillo de la aurora. Cansado, llego al fin, al otro extremo. Mirando atrás, invoco algunos versos de Borges, que entendió este sentimiento. De fondo se oye el cuarto movimiento de un último Chopin. Los universos oscuros que labré en mis tres ficciones se están quedando atrás. Ya queda nada: los brazos de la Sombra aletargada se ciernen sobre mí, como prisiones. Yo he dicho muchas veces que la Muerte tendría que llevarme con la ayuda de la guardia civil. Pero, sin duda, los años debilitan al más fuerte. Nicolás Ricci Tristeza, sólo tristeza.
Primero, el ensayito primigenio. Si ya ha sido leído, ir directamente a la Postdata. Buenas. Hace poco menos de diez minutos, iba yo por la calle cuando divisé a una rubia esperando el colectivo. Delante de mí, caminando con paso acelerado, iban dos muchachos de veintitantos años. Ellos también la vieron. Uno de ellos gritó, con toda la fuerza de su voz: ¡Perra! Basta. Estoy harto de este machismo decimonónico de muchachones sudados, de palillo entre dientes, de patotas. Este modesto, pero iracundo, ensayo aboga por la erradicación del piropo. Empecemos diciendo que el piropo es, ante todo, inútil. Nadie jamás se ha levantado una mina por gritarle “¿Todo eso es suyo?”. Y quisiera ir más lejos: los tipos que dicen piropos lo saben. Tienen muy en claro que no conseguirán nada de parte de la mujer. Pero ya volveremos a esto. Alejandro Dolina, un activista en esta causa, ha dado con la fórmula del piropo: Con semejante X, como no querés que Y. Esto significa que los muchachos no creen estar provocando, sino que creen estar respondiendo a una provocación. Para estas mentes básicas, la belleza es una provocación. Sólo cabe clasificar esto como locura. No sólo están viendo una provocación donde no la hay, están viendo una provocación dedicada. “Esta mujer”, piensan, “quiere recibir mis súplicas injuriosas; si no, no saldría a la calle con semejante lomo”. Como se ya se entrevé, esto no está lejos del machismo más peligroso. En el mejor de los casos, los piropos generan desprecio. En el peor, miedo. Ahora, volvamos a la idea anterior. Nada se consigue con gritarle a una mujer “¿Qué comés? ¿Bulones?”. O, más bien, nada positivo se consigue, no hay recompensa –y esto los piropeadores lo saben. Porque, el que agravia a las mujeres hermosas no está buscando seducirlas: está buscando seducir al que tiene al lado, al amigo. Con esto no quiero decir que la seducción de índole sexual (no lo sé). Lo que se está buscando es la aprobación y la admiración del amigo. Nunca fui testigo de piropos dichos por un tipo solo, siempre están en patota. Repito, pues, que el que dice piropos, aunque le grite a una mujer, está pensando en el amigo y hacia él están dirigidas esas palabras (de un modo indirecto, naturalmente). El piropo es una demostración ostentosa de la nada y tiene mucho de onanismo. No es práctica de valientes. El valiente no le grita cosas a la mina que espera el colectivo, está esperando junto a ella. Nicolás Ricci. -- Hasta aquí, como fue publicado el 31 de marzo. Postdata: Escribo unas líneas más, movido por algunos comentarios. Hay quienes dijeron que yo no hablaba de los piropos en general, sino de los más ofensivos. No los culpo. Acaso por alguna demagogia humorística, opté por citar los más agraviantes que conocía. Hubiese sido esclarecedor mencionar que todos esos piropos (agraviantes y "suaves" ), a opinión del autor, son de la misma calaña: del mismo distrito, aunque de barrios diferentes. No son mejores unos que otros. Tal vez podamos imaginar una mente tan simple que crea que los piropos "suaves" (del tipo "Se te calló un papel", "Se te calló un pétalo", etcétera) sean un intento legítimo de levante, pero eso también es indeseable. La clave está en que esas frases vienen prefabricadas y no apelan a una cualidad individual (admitámoslo de una vez, el problema que planteo es de índole filosófica). Un hombre va por la calle y es testigo de una de estas tristes escenas: unos gritos, una mujer agraviada. Pocos metros después de pasar al grupo de gritones, se acerca a la mujer y le dice: Tu vida debe ser un infierno. La mujer voltea y le sonríe. Esa sonrisa se justifica así: La mujer ha aprobado estas palabras por querer apelar a ella como la persona que es, a su individualidad, no a su mero género. Un caballero no usa piropos porque estos asumen que todas las mujeres ceden ante los mismos gestos. Ofrezco una extravagancia. Si piropos suaves lo fueran cabalmente, no sería una locura concebir un libro que reuniera varios centenares de ellos. Podríamos titularlo Cómo seducir mujeres. Ahora imaginemos un libro titulado Cómo seducir judías. Es aberrante, sí, tanto como el primero, pero no estamos acostumbrados a encontrar la aberración en todos sus escondites. Permítaseme explicar. Juzgar a una persona por su pertenencia a un grupo, más que por sus cualidades individuales, es la característica principal del fascismo. Repito: su pertenencia a un grupo, sea éste el de judíos o el de mujeres. Para levantarse a X, debemos -en todo caso, para no salirnos de la metáfora- leer Cómo seducir a X. Si usted quiere hablarle a Marilyn Monroe, debe articular palabras que apelen a Marilyn Monroe; no a las rubias, no a las actrices, no a las norteamericanas, no a las nacidas en 1926. Por cierto, Bernard Shaw decía Those who cannot do, teach. Anexo. Igualmente ofensivo, pero harto más ingenioso, es este anti-piropo de Macedonio Fernández: cuando vienen caminando dos mujeres feas, gritar: Me quedo con la del medio. -- Cualquier comentario (o recomendación) etcétera. Más y mejor literatura en mis posts: http://www.taringa.net/perfil/nicolasricci/posts