InicioArteEl piropo. Concepto y objeto. (Ampliado)

El piropo. Concepto y objeto. (Ampliado)

Arte4/5/2011



Primero, el ensayito primigenio. Si ya ha sido leído, ir directamente a la Postdata.

Buenas. Hace poco menos de diez minutos, iba yo por la calle cuando divisé a una rubia esperando el colectivo. Delante de mí, caminando con paso acelerado, iban dos muchachos de veintitantos años. Ellos también la vieron. Uno de ellos gritó, con toda la fuerza de su voz: ¡Perra! Basta. Estoy harto de este machismo decimonónico de muchachones sudados, de palillo entre dientes, de patotas. Este modesto, pero iracundo, ensayo aboga por la erradicación del piropo.

Empecemos diciendo que el piropo es, ante todo, inútil. Nadie jamás se ha levantado una mina por gritarle “¿Todo eso es suyo?”. Y quisiera ir más lejos: los tipos que dicen piropos lo saben. Tienen muy en claro que no conseguirán nada de parte de la mujer. Pero ya volveremos a esto.

Alejandro Dolina, un activista en esta causa, ha dado con la fórmula del piropo: Con semejante X, como no querés que Y. Esto significa que los muchachos no creen estar provocando, sino que creen estar respondiendo a una provocación. Para estas mentes básicas, la belleza es una provocación. Sólo cabe clasificar esto como locura. No sólo están viendo una provocación donde no la hay, están viendo una provocación dedicada. “Esta mujer”, piensan, “quiere recibir mis súplicas injuriosas; si no, no saldría a la calle con semejante lomo”. Como se ya se entrevé, esto no está lejos del machismo más peligroso. En el mejor de los casos, los piropos generan desprecio. En el peor, miedo.

Ahora, volvamos a la idea anterior. Nada se consigue con gritarle a una mujer “¿Qué comés? ¿Bulones?”. O, más bien, nada positivo se consigue, no hay recompensa –y esto los piropeadores lo saben. Porque, el que agravia a las mujeres hermosas no está buscando seducirlas: está buscando seducir al que tiene al lado, al amigo. Con esto no quiero decir que la seducción de índole sexual (no lo sé). Lo que se está buscando es la aprobación y la admiración del amigo. Nunca fui testigo de piropos dichos por un tipo solo, siempre están en patota. Repito, pues, que el que dice piropos, aunque le grite a una mujer, está pensando en el amigo y hacia él están dirigidas esas palabras (de un modo indirecto, naturalmente).

El piropo es una demostración ostentosa de la nada y tiene mucho de onanismo. No es práctica de valientes. El valiente no le grita cosas a la mina que espera el colectivo, está esperando junto a ella.

Nicolás Ricci.



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Hasta aquí, como fue publicado el 31 de marzo.

Postdata: Escribo unas líneas más, movido por algunos comentarios. Hay quienes dijeron que yo no hablaba de los piropos en general, sino de los más ofensivos. No los culpo. Acaso por alguna demagogia humorística, opté por citar los más agraviantes que conocía. Hubiese sido esclarecedor mencionar que todos esos piropos (agraviantes y "suaves" ), a opinión del autor, son de la misma calaña: del mismo distrito, aunque de barrios diferentes. No son mejores unos que otros. Tal vez podamos imaginar una mente tan simple que crea que los piropos "suaves" (del tipo "Se te calló un papel", "Se te calló un pétalo", etcétera) sean un intento legítimo de levante, pero eso también es indeseable. La clave está en que esas frases vienen prefabricadas y no apelan a una cualidad individual (admitámoslo de una vez, el problema que planteo es de índole filosófica).

Un hombre va por la calle y es testigo de una de estas tristes escenas: unos gritos, una mujer agraviada. Pocos metros después de pasar al grupo de gritones, se acerca a la mujer y le dice: Tu vida debe ser un infierno. La mujer voltea y le sonríe.

Esa sonrisa se justifica así: La mujer ha aprobado estas palabras por querer apelar a ella como la persona que es, a su individualidad, no a su mero género. Un caballero no usa piropos porque estos asumen que todas las mujeres ceden ante los mismos gestos.

Ofrezco una extravagancia. Si piropos suaves lo fueran cabalmente, no sería una locura concebir un libro que reuniera varios centenares de ellos. Podríamos titularlo Cómo seducir mujeres. Ahora imaginemos un libro titulado Cómo seducir judías. Es aberrante, sí, tanto como el primero, pero no estamos acostumbrados a encontrar la aberración en todos sus escondites. Permítaseme explicar. Juzgar a una persona por su pertenencia a un grupo, más que por sus cualidades individuales, es la característica principal del fascismo. Repito: su pertenencia a un grupo, sea éste el de judíos o el de mujeres. Para levantarse a X, debemos -en todo caso, para no salirnos de la metáfora- leer Cómo seducir a X. Si usted quiere hablarle a Marilyn Monroe, debe articular palabras que apelen a Marilyn Monroe; no a las rubias, no a las actrices, no a las norteamericanas, no a las nacidas en 1926.

Por cierto, Bernard Shaw decía Those who cannot do, teach.

Anexo. Igualmente ofensivo, pero harto más ingenioso, es este anti-piropo de Macedonio Fernández: cuando vienen caminando dos mujeres feas, gritar: Me quedo con la del medio.


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