mamenluca
Usuario (España)
Nunca te diste cuenta… yo te hablaba de cualquier cosa sin importancia alguna, para que tú, ocupándolo todo, en orden cuadricularas mis palabras -como si fueran terrones de azúcar- sobre las blancas hojas infinitas . Tu voz, mis silencios, abrirme como tinaja en el correr apresurado de las horas, y tu rostro, tu rostro siempre mirándome, sembrando mi boca de palabras.
LA COSTUMBRE ME LLEVA A DECIRTE La costumbre me lleva cada día a recordarte, apenas despierto tu nombre despereza mi boca aún dormida, decirte, abrir los cerrojos de mi lengua y dejar que escapen ligeras las palabras como si fueran inesperadas gaviotas se ha convertido en mi primer hacer. Reconozco, será costumbre o quizás empeño el no olvidar cada uno de los ruidos que escuché en tus brazos, sus códigos crepusculares se atan a la almohada, vienen de lejos en mi busca, no, no es verdad, están aquí muy cerca ensordeciéndome los oídos: imprevistas campanas, tambores, inequívocos lenguajes recorren mi frente. Pausa estrecha. Soledad. Miedo. El peso del día llega ocupando el tronco de los árboles, qué absurda las tazas de café rebosando amargas cucharillas, el calendario circular clavado en el frigorífico, vestirme con desgana, qué inútil. Las calles intransitables reciben mis ojos oxidados, nada veo, ciega deambulo por aceras bebiendo el agua de las fuentes, a tientas me deslizo por tristes autobuses, equivocándome en las marquesinas, y limpio los escaparates del rastro que tu mirada abandonó en sus cristales. Después cuando el día avanza y el vacío sucede me despliego irremediable en otra, la que no soy, la que ya no existe, me son extraños los gestos que utilizo, las frases que pronuncio, la risa con que río, pero al cabo, puedo sobrevivir, muerdo un bocado de esperanza. Más tarde la noche me regresa a tu costumbre, vacío mis bolsillos de lo no importante (sólo quedas tú) y acomodo el cuerpo que nació en tus dedos, arrastro serpientes a tus cuevas conocidas, al desorden de tus manos a lo inevitable de tu voz, y me encuentro abierta para recibirte. Insisto en quererte, por costumbre, por empeño, sin hacer juicios, sin imponer sentencias, sin buscar culpas… Cómo olvidar este extraño amor que guarda por docenas azaleas en mi paladar.