Nunca te diste cuenta… yo te hablaba de cualquier cosa sin importancia alguna, para que tú, ocupándolo todo, en orden cuadricularas mis palabras -como si fueran terrones de azúcar- sobre las blancas hojas infinitas . Tu voz, mis silencios, abrirme como tinaja en el correr apresurado de las horas, y tu rostro, tu rostro siempre mirándome, sembrando mi boca de palabras.
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